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Love,
NG
Capítulo XLVIII:
Alcanzando las estrellas:
"Así como tomamos el tren para ir a Tarascon y a Rouen, así podemos tomar la muerte para alcanzar otra estrella."
Vincent Van Gogh.
Peter observó a Nowe con una mezcla de suspicacia y alivio. No confiaba todavía en el pirata, y no le gustaba encontrarse desarmado y en evidente desventaja frente a él.
Pero, por otra parte, se alegraba de no ser el único ser vivo en ese lugar.
-¿Cómo llegaste hasta aquí? –preguntó, y Nowe enarcó una ceja.
-Igual que tú, supongo.
Lo dudo. Peter, al que aun le dolía todo el cuerpo por la caída, prefirió no dar muchas vueltas al tema.
-¿Por qué no puedo ir por allí?
-Sí puedes –corrigió el peliblanco- Pero yo no lo haría.
-… ¿Y por qué no?
-Por qué moriría –lo dijo con toda la tranquilidad del mundo- Y no quiero morir.
El chico contuvo el impulso de poner los ojos en blanco.
-¿Adivina? Yo tampoco.
-Entonces, no vayas.
-¡Claro que no iré! –explotó, y su grito rebotó en las paredes y sumió la habitación en silencio cuando cesó.
Luego…
-Bien. Buena decisión.
Peter respiró profundo, y se dijo que no era buena idea estrangular a su única compañía.
-¿Cómo sabes que no debemos pasar? –preguntó entre dientes, señalando el arco con la palma abierta.
-El grabado - dijo Nowe- Allí lo dice.
El rubio se dio la vuelta.
-Pues yo no veo nada que diga "No pase o morirá." –Terció, acercándose para distinguir mejor el ornamentado grabado alrededor- Créeme que de ser así me ahorraría bastante tiempo.
Escuchó pasos, y Nowe se detuvo frente al arco, señalando uno de los diseños con el dedo.
-¿Ves esa figura? La que parece un cisne con una rosa en la boca.
Peter forzó la mirada, luchando por distinguir la figura en la esquina derecha, mal iluminada por las antorchas. Ahora que lo decía, bien podría ser un tipo de ave (Quizás un pato, o un pingüino deforme) y aquello que sujetaba en el pico podría ser un montón de hierba o una rosa muy fea…
-¿Qué tiene? –preguntó- Sí, parecen los dibujitos que hacía en preescolar, pero aparte de eso… -se encogió de hombros.
-Los arcos que lo tienen llevan a una trampilla, y creo que escuché agua al otro lado, pero es imposible saberlo después de tantos metros.
"Después de tantos metros." A quien fuera que diseñara ese lugar le gustaban las grandes caídas. Peter asintió con un escalofrío.
-Evitamos esos caminos, entonces. ¿Alguna otra adverten… -su voz se apagó de golpe, y con un mal presentimiento, el chico giró la cabeza hacia el peliblanco- Aguarda, ¿Cómo descubriste eso?
El presentimiento pasó a pánico cuando Nowe bajó la mirada.
-De la manera más difícil.
Una parte de Peter se preguntó si quería saber la respuesta. Si debía realmente hacer la pregunta que daba vueltas una y otra vez en su cabeza.
Pero tenía que saberlo.
-¿Quién fue? -su voz sonó ronca cuando habló, pero fue clara, y Nowe alzó la mirada entonces, enfrentando la mirada del chico. Era la primera vez que veía alguna expresión en su rostro.
-Marlene. La encontré unos túneles más atrás. Acababa de despertar, decía, y había encontrado unas escaleras que la habían llevado hasta allí. Seguimos adelante en busca de una salida, pero cada túnel nos llevaba a una habitación similar a esta, y no sabíamos si estábamos siguiendo el camino correcto.
Peter asintió, imaginando el resto de la historia.
-Y luego se equivocaron.
-Fue mi idea -musitó el peliblanco- Elegí el camino, y ella me siguió. El suelo se abrió bajo nuestros pies. Conseguí retroceder, pero ella estaba más adelante, no pude sujetarla...
El chico suspiró, abatido. No conocía tanto a la amiga de Jane, pero recordaba su expresión amable, y como había tratado de ayudarlo, a pesar del pánico que aquella tierra tan distinta a la suya le producía. Si tan solo se les hubiera ocurrido un mejor plan…
Era demasiado tarde para eso. No podía traerla de vuelta, pero sí podía salvar a los demás.
Quiso decirle algo al mago, algo que demostrara que lamentaba su pérdida, pues era obvio que la chica había significado algo para él (o que, al menos, se culpaba por su muerte), pero no tenía idea de cómo hacer eso. ¿Qué se le decía a alguien que apenas se conocía en un momento así?
Y era probable que él no quisiera oírlo, en cualquier caso.
-Tenemos que encontrar a los otros -dijo en su lugar- Advertirles, y sacar de aquí a tantos como podamos.
Nowe asintió, y le pareció que agradecía el cambio de tema, la tristeza abandonando su rostro, reemplazada por aquella expresión inescrutable que usaba el resto del tiempo.
-Creo que es este camino -dijo después, y echó a andar hacia la pared de los tres arcos, señalando el del centro. - Las flores, Marlene... -su voz se apagó- Ella fue quien notó las flores.
Veía a qué se refería: Tres flores, justo en el centro, en medio de un revoltijo de hojas. Asintió, extendiendo el brazo hacia el camino.
-Después de ti.
El techo del túnel no era tan alto, apenas unos centímetros por encima de su cabeza, y las paredes eran toscas y redondeadas, más tierra excavada y compactada que piedra y cemento como tal. La única iluminación venía de las antorchas en las paredes, cada tantos metros.
Caminaron en silencio, la incomodidad bastante palpable en el aire, y Peter se preguntó si el silencio de Nowe se debía aunque aún estaba dándole vueltas a la muerte de Marlene, o si se trataba de su estado natural actuar melancólico y pensativo.
No que le pareciera imposible. Parecía ser la actitud natural de los magos en ese mundo.
-¿Qué crees que sea este lugar? -preguntó finalmente, su voz retumbando en el túnel en penumbra.
Nowe tardó en responder, pero sabía que lo había escuchado.
-No estoy seguro -dijo- Parece algún tipo de ilusión, pero la única manera de saberlo es encontrando la salida y rompiéndola.
-La bruja, Odette. Tiene que ser obra de ella ¿no?
Nowe asintió.
-Es algo más elaborado de lo que la creía capaz -admitió- Pero sí, es la única explicación lógica. Al entrar en la habitación, caímos directo en su trampa.
Peter odiaba admitirlo, pero Nowe tenía razón.
-¿Y cómo encontraremos la salida? -preguntó.
-No lo sé. Uno de los caminos debería llevarnos hasta ella.
-Si no hemos encontrado a los demás para entonces, ¿se quedaran atrapados aquí?
-Tampoco lo sé.
Hubo otro silencio, mientras el muchacho meditaba lo que eso podría significar. ¿Y si al romper la ilusión, dejaba a los demás encerrados en el laberinto?
-Tenemos que encontrarlos- dijo, y Nowe asintió, consciente a lo que se refería.
-O quizás ellos nos encuentren a nosotros.
Fuera cual fuera, esperaba que estuvieran bien. No quería pensar en Jane, perdida en la oscuridad, como lo había estado él. Menos en lo que pasaría si tomaba la puerta equivocada.
…
-Seka, no la escuches –musitó Jane con un hilo de voz- Esa no es mamá, no lo es.
No podía serlo. Su madre, ella… Ella no pediría su muerte para usar su cuerpo. Ella no lo haría…
-Seka –la voz de Wendy era dulce como el caramelo- Querías salvarme. Jamás te perdonaste el no poder hacerlo. Tienes una nueva oportunidad ¿Acaso no quieres hacerlo ahora?
Seka seguía inmóvil como una estatua, tan pálido que Jane creyó que se desmayaría.
Pero ¿no debía tener ella el mismo aspecto?
-W-Wendy, yo... -los ojos del príncipe fueron de ella a su madre, desesperados, y culpable, negó con la cabeza, rogándole con la mirada que comprendiera- No puedo hacerlo, Wendy.
La expresión de su madre cambió drásticamente, y la mano que sujetaba el cuchillo fue descendiendo despacio.
-¿No puedes -comenzó, frunciendo el ceño- O no quieres hacerlo?
-Wendy...
-Es por ella ¿no es así? -Ella. La manera en que lo dijo causó una punzada de dolor en su pecho. Los ojos de Wendy brillaban, pero no se trataba de la calidez maternal de antes, sino de ira- La única razón por la que siquiera pensaste en ella fue porque te recordaba a mí. Sólo querías mantener la promesa que me habías hecho, decirte a ti mismo que eras capaz de hacer algo, lo que fuera, para enmendar tu impotencia frente a mi muerte... ¿Y ahora me dejarás morir por ella?
-Es tu hija...-murmuró Seka. Había vuelto a moverse, retrocedía.
Jane no podía, sin embargo, miraba a Wendy, a aquella mujer que simplemente no podía ser su madre, sin poder creérselo.
-Y has logrado protegerla, como me dijiste que lo harías -ladeó la cabeza, y una pequeña sonrisa cruzó sus labios, infantil y fría al mismo tiempo- ¿Siquiera le dijiste por qué? Apuesto a que no querías que se enterara. Que supiera que sólo intentabas ayudarla porque estabas obligado a hacerlo, porque te recordaba a mí...
¿Era cierto? ¿Había sido un reemplazo, nada más? ¿Un intento desesperado de redención por aquella que no había podido salvar?
No, no es cierto, no la escuches...
Era un truco. Buscaba convencerlo, eso era todo. Se aprovechaba de su dolor para conseguirlo.
Bueno, no la dejaría.
-¡Seka! -corrió hacia él, que había retrocedido tanto que casi llegaba al borde del río, y sujetó su brazo con fuerza, tirando de él y forzándolo a romper el contacto visual con aquella extraña ilusión- No es mamá, es un truco. No la escuches.
Seka parecía aturdido. Sus ojos se llenaban de dolor cada vez que miraba a Wendy de reojo, su expresión expectante, el cuchillo en su mano, y frunció el ceño, buscando palabras que no venían.
-Yo...
-Debe de ser obra de Odette -siguió ella, sin soltarlo- No la escuches. Sólo intenta ponernos en contra del otro.
-Sólo pido que me ayudes, Seka -dijo Wendy, y la tristeza volvió a su expresión, mientras alzaba el cuchillo y volvía a mostrárselo- ¿Es mucho pedir, un poco de ayuda?
-Seka... -El peliazul volvió a mirarla, y Jane sabía que tenía que decir algo, algo que lo despertara de algún modo de aquel extraño trance, pero todo lo que le vino a la mente fue- Ella miente.
-¿Qué? -dijeron él y Wendy al mismo tiempo. Jane tomó aire, consciente de que era la única oportunidad que tendría:
-Miente. Dijo que sólo me ayudabas por cumplir tu promesa, pero sé que no es así. Sé que no mentías cuando me dijiste que éramos amigos, porque de hacerlo por obligación no habrías intentado acercarte a mí. No me habrías hablado de Laramet, de Lya, de Dorian y Kase y de las cosas horribles por las que pasaron. Si sólo te preocupara mantenerme con vida por una promesa, no te habrías molestado en traerme de vuelta cuando el hechizo de Dorian me encerró en algún lugar de mi cabeza, ni me habrías ayudado a salvar a Peter, ni te habrías asegurado de que cuidaran al tío John. Sé que hiciste todas esas cosas porque querías hacerlo. Sé quién eres, no quién ella quiere convencerte que seas, y sé cuánto quieres que en serio se trate de Wendy, pero Seka... -las palabras se atoraron en su garganta, y tuvo que tomar aire varias veces para decirlas, conteniendo las lágrimas que amenazaron con salir al hacerlo- Mamá no va a volver.
Seka la había observado en silencio mientras hablaba, y un pensamiento pareció formarse en su cabeza. La vulnerabilidad desapareció de su rostro, y asintió despacio, parpadeando tan rápido que Jane se preguntó si estaba conteniendo las lágrimas también.
Pero le creía.
Jane casi suspira de alivio. Había resultado.
-¡No! -el grito los sobresaltó, y los dos giraron la cabeza al mismo tiempo. El rostro de Wendy estaba distorsionado por la rabia, y la mano que sujetaba el cuchillo lo hacía con tanta fuerza que sus nudillos se habían puesto blancos.- ¡Eres un mentiroso, un cobarde! ¡Me hiciste creer que me ayudarías! -gritaba, andando hacia los dos con pasos apresurados- ¡Y no eres capaz de salvarme por miedo de herirla a ella!
-¡Jane, cuidado! -La chica apenas y distinguió el brillo metálico del cuchillo mientras volaba por los aires, y en un segundo, Seka se abalanzó sobre ella, apartándola del trayecto de este. Ambos cayeron sobre la hierba con fuerza.
Wendy gritó, furiosa, y cuando el muchacho se apartó, arrodillado en el suelo, vio que la expresión de su madre, más que furiosa, era casi inhumana. De pie junto al río, con los cabellos despeinados y batidos en todas direcciones por la brisa, había dejado de parecer el ángel de antes, como si un demonio hubiera ocupado su sitio.
-¡Tú! ¡Siempre lo echas todo a perder! -le gritó, señalándola con un dedo acusador. Caminando hasta estar a su nivel- ¡Siempre tienes que arruinarlo todo!
Jane ignoró el dolor que sus palabras le causaban (seguía teniendo el rostro de su madre, y seguía siendo su voz), y en su lugar sonrió entre dientes.
-Así que al fin te decides a hablarme. Me estaba preocupando de que no pudieras verme.
La mujer se abalanzó sobre ella con un alarido, y Jane hizo lo primero que se le ocurrió: Sujetó sus brazos, y con toda la fuerza que pudo la arrojó al río.
Algo extraño pasó entonces. Escuchó que Wendy gritaba, vio como su rostro se llenaba de horror, como extendía los brazos en un intento desesperado de frenar su caída.
Pero todo parecía ocurrir mil veces más despacio de lo normal, como si se tratara de un truco del tiempo.
El río, ahora inmóvil, reflejaba la escena como un espejo: El cielo azul intenso, los árboles rosas, las hojas caídas congeladas a medio camino del suelo, la hierba verde esmeralda. La expresión sobresaltada de la pelirroja y la figura en el aire de su madre, con su vestido de encaje y sus rizos despeinados.
La figura en el río no tenía rostro. Su cara era lisa como la de un maniquí. Inhumana.
Luego, Wendy alcanzó las aguas. Pero en vez de sumergirse, como había esperado, la superficie se rompió en pedazos como el cristal. El río entero se desmoronó, los fragmentos cayéndose al agujero debajo, de un blanco cegador.
Y Wendy fue tragada por la luz, su silueta desapareciendo junto al resto del río.
A su caída siguió el silencio, y Jane observó boquiabierta el agujero por el que había caído aquella Wendy. No podía ver nada al fondo, nada aparte de la luz blanca, y aunque recordaba haber visto algo parecido antes, por más que lo intentaba, no podía dar con el momento en concreto.
-¿Crees que esto baste para romper la ilusión? -ironizó, rompiendo el silencio sonriendo para sí misma.
Seka no respondió, y la chica se dio la vuelta, esperando verlo de pie junto a ella, afligido por lo que acababa de ocurrir─ No, no era su madre, pero era Wendy.
Lo que vio, sin embargo, la dejó aterrada. Una mano helada apretó su corazón, y el aire abandonó sus pulmones de golpe.
Él seguía arrodillado en el suelo, sus facciones marcadas por la sorpresa y la confusión, su respiración irregular y ruidosa. Sus ojos iban a un punto en su pecho, y sus manos fueron a este, al mismo tiempo que la tela se teñía de rojo.
La punta metálica del cuchillo se asomaba a través de la tela.
...
-Eres el niño que vivió en Nunca Jamás años atrás ¿no es así? -Preguntó Nowe, sacando al chico de su ensimismamiento.
El que estuviera tratando de entablar conversación lo sorprendió.
-Lo soy -dijo- Aunque eso fue hace mucho tiempo.
-No para las hadas -comentó el peliblanco- O para los fantasmas de la isla. Muchos esperaban tu regreso.
Peter evadió su mirada, sus ojos yendo a las antorchas en las paredes del túnel, y escondió sus manos inquietas en los bolsillos de su pantalón.
-Quizás esperaban por la persona equivocada -musitó, y se alegró cuando Nowe no preguntó más sobre el tema- ¿Y tú?
-¿Yo qué? -preguntó él, ladeando la cabeza.
-¿Por qué estuviste en el barco de Garfio por tantos años? Se ve que no eres un pirata.
-Y no lo soy -dijo, mas no dio muestras de querer responder al resto.
-Dijiste que no eras un mago, tampoco -siguió Peter, y Nowe sonrió a medias.
-Es complicado. Podría decirse que empecé siendo alguien, y luego fui alguien más. En parte fue por eso que vine a Nunca Jamás, buscaba una explicación. Tenía el presentimiento de que la encontraría aquí.
-¿La encontraste?
-No del todo.
Llegaron al final del túnel, y no le sorprendió encontrarse en una habitación casi igual a la anterior, esta vez con 4 caminos diferentes.
-Tengo entendido que hay una maldición en el barco de Garfio -dijo Peter, mientras revisaban los grabados en los arcos, en busca de las flores- ¿Te afecta también a ti?
-No -el peliblanco señaló un camino en la pared derecha, las tres flores de antes en el mismo sitio del centro- Por aquí.
Siguieron adelante, en un túnel igual al de antes, y al anterior a ese. No supo si era genuina curiosidad o un intento de vencer el silencio que le oprimía los oídos, pero Peter se vio continuando la conversación.
-¿Por qué no te fuiste, entonces? ¿Cómo podía un barco maldito darte la respuesta que querías?
-No era el barco -respondió Nowe, con el mismo tono inexpresivo de antes- Era una persona dentro de él. Aunque nunca tuve la oportunidad de preguntarle.
-¿Sobre qué? -preguntó sin pensar, y se reprendió mentalmente, pues sabía que se estaba pasando de la raya.
Pero Nowe respondió de todas formas, y si le molestaba el interrogatorio, no dio muestras de que así fuera.
-Un sueño que tuve cuando era niño. Bueno, algo que había tomado por un sueño, pero que había comenzado a creer que era más que eso.
-¿Y hay alguien en el barco que pueda ayudarte con eso? ¿No fue hace mucho tiempo?
Para su sorpresa, Nowe rió.
-No soy tan viejo como crees. Puede que sólo un poco mayor que tú.
Tomando en cuenta que Peter iba ya por su segundo siglo, no era que fuera muy joven, tampoco.
-¿Y volverás a Nunca Jamás? -preguntó Nowe, justo cuando alcanzaban el final del túnel.
El chico negó con la cabeza.
-Ya estuve demasiado tiempo -explicó- Además, hay algo que quiero hacer en Londres.
-¿Qué cosa? -Se preguntó si debía decírselo, y ocultó su vacilación mientras revisaba los arcos (8 esta vez).
Pero Nowe había respondido a sus preguntas, lo justo era responder también.
Además, ¿qué podía haber de malo en hacerlo?
-Quiero encontrar a mi familia -explicó- Mi madre y mi hermano murieron cuando era pequeño, y nunca supe nada de ellos mientras estaba aquí. Quiero volver y buscarlos, visitar sus tumbas, de ser posible -dio finalmente con el arco, el sexto desde la derecha- Es aquí.
Ante el silencio que siguió se dio la vuelta, sorprendiéndose al ver la expresión de Nowe: El peliblanco lo miraba con los ojos muy abiertos, y se había puesto pálido.
-¿Qué ocurre? -preguntó, dándose la vuelta nuevamente y buscando qué era lo que lo había alarmado- ¿Viste algo?
No dio con nada, sin embargo, y al volverse una vez más, vio que la expresión de Nowe no había cambiado.
-Tú...
Antes de que pudiera seguir hablando, sin embargo, llegó el ruido de pasos, procedentes de uno de los túneles. Los dos callaron, girando la cabeza al mismo tiempo y esperando.
Tres figuras surgieron de uno de los túneles del centro, de tamaños y contexturas diferentes, y las luces de las antorchas revelaron que se trataba de Simon, Arthur y Bloodtooth.
Los tres parecieron sorprenderse al verlos, pero antes de que pudieran hablar, varias siluetas más pequeñas salieron zumbando del túnel, volando hasta él y rodeándolo con sus luces doradas.
-¡Peter! ¿Estás bien?
-¿Estás herido?
-Pero, ¿qué te pasó? Tienes un aspecto terrible.
Tardó más de cinco minutos en convencer a las hadas de que estaba bien, y estas pasaron el doble de tiempo bombardeándolo con preguntas hasta que, finalmente, la voz de Bloodtooth puso fin a la conversación.
-Ya, el chico está bien, ¿podemos seguir andando? -espetó, y Simon rió entre dientes.
Cuando las preguntas cesaron, los tres pasaron a explicarles como se habían encontrado uno por uno, pero no tenían la menor idea de a dónde se dirigían, y las hadas habían tenido que salvarlos más de una vez cuando tomaron el túnel equivocado y estuvieron a punto de precipitarse al vacío. Cuando les tocó su turno de explicar, Peter tuvo que decirles de la muerte de Marlene, y vio como las expresiones de Simon y Arthur cambiaban drásticamente.
-No… -murmuró Simon- No puede ser.
-Es cierto –corroboró Peter- Lo siento mucho.
-No pude hacer nada para salvarla, lo siento -dijo Nowe también.
Vio la tensión en los hombros de los dos, la manera en que asentían, la ira en sus miradas, y supo que, si bien no culpaban a Nowe de lo ocurrido, sí planeaban cobrar venganza.
Eso, como todo lo demás, tendría que esperar a que salieran de allí.
Siguieron adelante, el aire a su alrededor pesado como una entidad propia. Anduvieron en silencio, exceptuando las preguntas esporádicas de las hadas, casi todas respondidas por Peter y Simon, ya que nadie más parecía querer hacerlo.
Se dio cuenta de que Nowe había pasado a ignorarlo. Supuso que tenía que ver con el cambio drástico en su actitud momentos antes de que llegaran los demás, pero seguía sin saber por qué.
Y ya que había dejado de ser su único compañero de viaje, se dijo que era algo que podía esperar.
...
-¡Seka!
Jane corrió hacia él, arrodillándose a su lado en el momento justo en que sus fuerzas parecieron abandonarle, y se desplomó hacia adelante con un gemido entrecortado.
Consiguió sujetarlo, frenando su caída, y con horror vio el cuchillo plateado de Wendy, el mismo que había lanzado hacia ella, clavado en su espalda.
-No... -recostó la cabeza Seka en su regazo, apartándole el cabello de la frente con manos temblorosas- No, Seka...
El peliazul sonrió con ironía.
-Admito que no me lo esperaba -dijo con un hilo de voz, y el esfuerzo pareció aumentar el dolor que sentía. Hizo una mueca, su respiración más trabajosa que antes.
Parecía más pálido con cada segundo, y Jane contuvo las lágrimas mientras se forzaba a mantener la mente despejada, recordando lo que había aprendido en su entrenamiento como enfermera.
Hacer presión en la herida. Frenar el flujo de sangre.
Retirar el arma.
-Seka -comenzó, consciente de que tenía que advertirle- Voy a sacar el cuchillo, tengo que hacerlo, pero te causará bastante dolor. Lo haré lo más rápido que pueda, pero va a dolerte de todas formas, ¿e-está bien?
Claro que no estaba bien. Era horrible, y lo sabía, pero estaba a dos pasos de desmoronarse y llorar a gritos, y era lo mejor que se le podía ocurrir a su mente aterrorizada. Él apenas y asintió, demasiado débil para intentar hablar de nuevo, y Jane contuvo la respiración, sus dedos cerrándose en tono al mango plateado al tiempo que su otra mano buscaba la de Seka.
El metal era frío y liso, y la pelirroja cerró los ojos cuando tiró del arma hacia afuera lo más rápido que podía, el estómago retorciéndosele al escuchar los gritos de dolor del peliazul, que había apretado su mano por reflejo.
No había terminado, sin embargo, y soltó el cuchillo y su mano a toda prisa para presionar con fuerza la herida, lo que sabía también le dolería. Seka cerró los ojos con otra mueca, la frente perlada en sudor y su figura sacudida por temblores.
-Lo siento, lo siento, lo siento...-No tuvo respuesta, y el pánico le atenazó el pecho al ver su mirada ausente- ¿Seka? ¿Puedes oírme?
Oh, Dios mío, ¿Qué hice?
-Resiste –suplicó- Encontraremos la salida, no debe de estar muy lejos. Te pondrás bien, lo prometo. Sólo tienes que aguantar un poco… -no podía dejar de hablar, las palabras dejando sus labios casi de manera automática. Su visión se nubló, y no fue hasta que su voz se tornó entrecortada y aguda que comprendió que estaba llorando.
Aunque ¿qué importaba ya?
- No puedes rendirte, Seka, no cuando ya estamos tan cerca...
-Jane -fue tan quedo que, por un momento, creyó que se lo había imaginado. Los labios de Seka apenas y se movieron, y sus ojos desenfocados buscaron su mirada- Jane, lo siento, lo intenté…
-Chist, está bien –murmuró, forzando una sonrisa que le dolió en las mejillas- Está bien.
-Intenté salvarlos. Kase… Kase me dijo donde estarían, y yo… -otra mueca, y su voz bajó aun más de volumen- Era demasiado tarde. La maldición…
Hablaba de su madre, se dio cuenta. De su madre y sus hermanos.
-No fue tu culpa –le aseguró, sacudiendo la cabeza frenéticamente- Nada de esto fue tu culpa, Seka.
Él sacudió la cabeza también, y sonrió a medias.
-Tu madre estaba embarazada de ti. No podía salvarla, no podía… Pero le prometí que nada te pasaría. Que mientras viviera estarías bien, y fallé. Jane, lo siento, fallé…
-No fallaste –lo interrumpió- No fallaste. Me has salvado más veces de las que puedo recordar. Acabas de salvarme ¿Cómo puedes decir que fallaste?
Él hizo una mueca, y vio como sus manos caían pesadamente sobre la hierba, sin fuerza.
-Te dejé sola en contra de Odette. Debí darme cuenta de que era un engaño, debí darme cuenta de que era obra suya, pero quería creer…
Jane sonrió con tristeza.
-También quería creerlo. Por un momento, pensé que podría ser cierto, que en serio podía estar de vuelta. Nos engañó a los dos.
-Se supone que yo tenía que protegerte…
-Y lo hiciste –la chica no pudo evitar fruncir el ceño- ¿No te das cuenta de que estamos en esta situación precisamente por eso? Quizás me protegiste demasiado.
Seka rió entre dientes, y el dolor marcó sus facciones, haciéndola sentirse culpable.
-¿Crees que la vea? –preguntó, su mirada lejana una vez más.
No supo si se refería a Wendy o a Kase, pero se preguntó si, en su estado febril y delirante, no eran las dos la misma persona. ¿No era el dolor de Kase el que lo había llevado a intentar salvar a los niños Darling?
-Estoy segura de que está esperándote –murmuró, su voz quebrándose a la mitad de la frase. No, por favor, no te vayas…
Seka sonrió.
-Sí, quizás…-calló de golpe, y Jane, lejano, se escuchó llamarlo nuevamente. Se vio a sí misma apartando la mano de su pecho y sujetando su barbilla, girando su rostro hacia ella y tratando de encontrar su mirada perdida.
-¡SEKA! ¡Seka, no lo hagas, por favor! –No sabía cuándo había comenzado a gritar, pero ya no importaba. Sus lágrimas cayeron sobre el rostro pálido del peliazul, y aunque sabía que era demasiado tarde, siguió sacudiéndolo con fuerza, gritándole que volviera.
Seka no volvió a contestar. El brillo en sus ojos se apagó, y el aire dejó sus labios en un último suspiro, quedando completamente inmóvil.
Los sollozos le quemaron la garganta, y Jane recostó la cabeza en su hombro, rodeando su cuerpo con sus brazos y sacudiendo la cabeza sin poder evitarlo.
-No quiero perderte –musitó- No quiero perderte…
Pero era consciente de que ya lo había hecho.
…
Marlene abrió los ojos pesadamente. Sentía que se balanceaba, como una hoja mecida por el viento. Los oídos le zumbaban…
Algo espeso y de un sabor amargo subió a su garganta, y escupió el agua salada a borbotones sobre el suelo borroso, el líquido quemándole la boca y produciéndole arcadas que no mejoraban la situación. Se inclinó hacia adelante, apoyándose en los codos para mantenerse incorporada.
La superficie debajo de sus brazos era dura, rasposa, y desprendía un hedor rancio, una mezcla de sudor, sangre, polvo y salitre. Su mente era un torbellino. ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba no tenía mucho sentido, fragmentado como en un sueño: Oscuridad, una habitación enorme y vacía, una escalera, un túnel…
Un chico de cabello blanco.
Un camino, flores, un arco con un ave de piedra. El suelo se abría bajo sus pies. Alguien gritaba su nombre, el agua la engullía…
Y luego, volvía a flotar en la oscuridad.
¿Había flotado hasta la orilla, acaso? ¿Había corrido con tanta suerte?
Su visión se fue aclarando, mas el ardor en sus ojos hizo que se le llenaran de lágrimas. Parpadeó, frotándose los ojos con el dorso de la mano, y poco a poco, las figuras borrosas a su alrededor comenzaron a tomar forma: Un maltrecho suelo de madera, una baranda baja, gris y descascarada, una cuerda amarillenta llena de hilos sueltos…
Un par de botas negras, desgastadas y mugrientas.
Conteniendo la respiración, fue subiendo la mirada: A las botas siguieron las perneras de un pantalón desvaído, lleno de parches y tierra; una camisa desarreglada y manchada, una especie de chaleco sin mangas que había visto mejores días…
Una mota de despeinado y empapado cabello verde, y un rostro tosco de expresión indescifrable.
Marlene quiso gritar, pero él reaccionó más rápido, cubriéndole la boca con la mano. Luchó por soltarse, intentó morderlo, incluso, pero el pirata sólo gruñó de frustración, sujetándola por la cintura y atrayéndola hacia sí.
-¿Quieres morir? –gruñó en su oído. Marlene lo fulminó con la mirada- Quédate quieta y has silencio, entonces.
Sus ropas estaban frías, y fue entonces que se dio cuenta que no era sólo su cabello: El hombre estaba empapado de la cabeza a los pies, igual que ella.
La rubia se congeló, y no pudo evitar fruncir el ceño. ¿Acaso había…?
-¡Ya están aquí! –gritó uno de los piratas.
La mirada del peliverde fue bruscamente a la izquierda, hacia algo que ella no podía ver. El barco comenzó a sacudirse con fuerza, como en una tormenta, y el hombre maldijo ruidosamente y echó a andar, mitad cargando, mitad arrastrando a Marlene con él.
-¿Qué haces? ¡Suéltame! ¡Déjame i─
-¡Te dije que hicieras silencio! –gritó, ignorando sus patadas y sus intentos de escapar.
Se detuvo en medio de la cubierta y abrió una trampilla en el suelo. La chica apenas y distinguió un compartimiento estrecho, lleno de sacos de papas, antes de que el hombre la arrojara dentro sin miramientos, mascullando un rápido "Quédate allí" antes de cerrar la trampilla de nuevo y dejarla en la oscuridad.
-¡No! ¡No, sácame de aquí! –gritó, pero era demasiado tarde. Golpeó el techo bajo con los puños, intentando abrir la compuerta, pero el hombre debía de haberla cerrado desde afuera- ¡Déjame salir! ¡Déjame salir! ¡Déjam─
El barco se sacudió con fuerza, ahogando sus palabras, y escuchó gritos y pasos que venían de todas partes. Luego, otro ruido, uno que le produjo un escalofrío, semejante a cientos de piedras que golpeaban los costados del barco al mismo tiempo.
Marlene sabía que era algo mucho peor.
El mar picado se mecía de un lado a otro debajo de la embarcación. Los gritos aumentaban, el ruido de los pasos el doble de fuerte en la estrecha habitación; un estallido descomunal resonó en medio de la batalla…
Marlene gritó, su voz ahogada por el barullo, y sentada sobre los sacos, se llevó las rodillas al pecho, cubriéndose los oídos con las manos, y encogiéndose lo más que podía en la oscuridad.
