La maldición del verdadero amor
Cuarenta y nueve: Nunca nos separaremos
Su cabeza fue introducida dentro de una cuerda, siendo ésta apretada fuertemente alrededor de su cuello. Johan tenía las manos atadas en su espalda con firmeza y no veía nada, gracias a una venda. Aún así podía oír los gritos y abucheos de la multitud, pero mantuvo la cabeza erguida.
"¡Hechizero! ¡Mentiroso! ¡Depravado! ¡Fornica con demonios!"
Un incubo. Juudai. ¿Dónde estaba Juudai? Johan se rehúsaba a decir una palabra.
Él fue consciente, sólo por un momento, de caer y también del dolor agudo que se extendió por todo su cuerpo antes de ser reemplazado por la oscuridad, unas envolventes alas y los labios que le eran tan familiares.
"Bienvenido al infierno, Johan." Susurró Juudai.
