- ¿Encuentras algo?
- Mis amigas no tienen el número entre sus contactos, pero van a preguntar a más gente. – Lily levantó la vista del móvil y suspiró. – Espero que puedan encontrar algo.
- Eso facilitaría mucho las cosas desde luego. – Leo, con la vista fija en la carretera, suspiró. Menos mal que Scorpius le había prestado al coche y no había hecho demasiadas preguntas. – ¿Les has dicho a tus padres que vas para allá?
- No, ¿crees que debería?
- Así al menos pueden ir haciéndose una idea y preparándose para lo que viene. – Contestó. – ¿Vas a contarle lo mismo que me dijiste a mí?
- ¿Lo de toda esa gente dices?
- Sí.
- Supongo que tendré que hacerlo. – Se removió un poco incómoda en su asiento y bajó la mirada. – No me siento orgullosa de ello, ¿sabes? Es que estaba acostumbrada a que todos hicieran lo que yo quería y a que nunca hubiera consecuencias y jamás creí que esto podría pasarme. Era invencible cuando estaba en el instituto, pero ahora…
- ¿Vas a decirme que este chantaje ha hecho que abras los ojos de repente?
- No ha sido solo eso. – Se giró hacia él y suspiró. – He suspendido dos asignaturas y, si no las recupero, no podré entrar al programa de química. Jamás me había pasado antes, yo siempre fui una pequeña genio. Iba a las clases avanzadas y aprobaba con buenas notas, pero ahora… Al parecer ya no soy la reina del mundo.
- No lo sabía.
- Nadie lo sabe. A mis padres les he dicho que todavía estoy esperando notas y he evitado el tema cada vez que he hablado con James y Albus.
Leo la miró de reojo y apretó los labios al ver su expresión seria. Parecía realmente preocupada y arrepentida por todo lo que había sucedido, pero él no estaba dispuesto a darle la razón y compadecerla. Se había comportado como una niñata egoísta y, en parte, se merecía que el karma le estuviera devolviendo parte del daño que había hecho aunque, cada vez que se fijaba en sus ojos llorosos, solo quería ayudarla. Lily siempre le había parecido una chica decidida, lanzada y muy alegre y le chocaba verla así. Esperaba que todo pudiera arreglarse pronto.
La pelirroja cogió entonces el móvil, llamó a su madre y le dijo que estaba de camino.
- Te lo explicaré cuando llegué. – Murmuró. – Sí, mamá, ha pasado algo grave. (…) Sí, necesito que papá esté delante, creo que voy a necesitar su ayuda. (…) No, James y Albus no lo saben, no quería preocuparlos. (…) No, no vengo en autobús. Leo le ha pedido prestado el coche a Scorpius. (…) Porque es mi amigo, mamá. (…) No, no estoy embarazada. ¡Por Dios, siempre uso condones! (…) Sí, ahora nos vemos y os explico.
Colgó y suspiró y Leo aceleró un poco. Lo mejor sería llegar cuanto antes.
Harry y Ginny pusieron el grito en el cielo cuando su hija les contó que había copiado en una de las partes de la prueba de acceso y ahora la estaban amenazando con denunciarla.
- ¿Cómo has podido ser tan irresponsable? – Harry negó con la cabeza. – ¡Te expulsarán de Berkeley si se enteran!
- ¿Crees que no lo sé? – La chica se mordió el labio. – Por eso he venido, necesito ese dinero para poder pagar.
- Ni hablar, no vamos a ceder a chantajes.
- ¡Pero me echarán, papá!
- No si podemos hablar directamente con esa persona. – Extendió la mano. – Dame el teléfono.
Ella se lo dio y él leyó la conversación. Fuera quien fuera esa persona no tenía foto de perfil, pero el número era claramente visible y dudaba que fuera difícil descubrir a quien pertenecía. Si su hija no se enteraba a través de sus amigas, podrían hacerlo gracias a las bases de datos a las que tenía acceso la policía.
- Parece bastante descuidado, no creo que sea difícil localizarlo.
- ¿Y entonces qué haremos?
- Decirle que lo que ha hecho es delito y que su condena siempre será más grave que la tuya.
De repente, el móvil vibró y Lily lo cogió, ansiosa. "¡Lo tengo! Un amigo de mi primo tenía el número. No sé quién es, pero quizás te suene: Jim Jones".
- ¡Sé quien es! – Dio un pequeño salto, emocionada. – Jim Jones, iba a mi clase de química. Apenas tenía amigos, por eso me ha costado localizarlo, pero una vez hicimos un trabajo juntos y creo recordar dónde vive.
- Pues vamos, no hay tiempo que perder.
Harry cogió las llaves del coche y se dirigió rápidamente hacia la puerta seguido de su hija, su mujer y de Leo, que estaba un poco incómodo y no sabía muy bien qué hacer. Se subieron al vehículo y, siguiendo las indicaciones de la chica, se dirigieron hacia la casa del tal Jim.
No tardaron en llegar, estaba en un barrio cercano, y Lily, armándose de valor, bajó del coche y se dirigió hacia la puerta. Llamó varias veces hasta que el chico abrió. Se quedó petrificado en la puerta y la miró con los ojos muy abiertos al reconocerla.
- ¿Creía que no me enteraría de que eras tú? – Enarcó una ceja y se esforzó por usar el mismo tono y la actitud que había utilizado durante todos sus años de instituto. – Menudo aficionado.
- No… No sé de qué me hablas. – Contestó, aunque supo que el temblor de su voz lo estaba delatando.
- No me hagas reír, por favor. – Puso los ojos en blanco. – ¿Tienes pruebas de que, supuestamente, copié en la prueba de acceso? ¿Y qué? No pienso darte los mil dólares.
- Las llevaré a la policía y las mandaré a Berkeley.
- Y yo te denunciaré entonces y, créeme, las condenas por extorsión son peores. – Sonrió levemente. – Vamos a dejarlo estar porque, al final, tú perderás más que yo, Jim.
Se giró y comenzó a andar hacia el coche, segura de su victoria, pero la voz de él la detuvo.
- ¡No entré por tu culpa! – Le gritó.
- ¿Perdona? – Volvió a darse la vuelta y lo miró con el ceño fruncido.
- Me quedé en lista de espera en Berkeley y tú no te merecías esa plaza.
- ¿Y también es mi culpa que no entraras en ninguna otra universidad? – Negó con la cabeza. – Disculpa, pero creo que eso es solo culpa tuya. Todos nos buscamos la vida como pudimos. No supiste jugar tus cartas en su momento, aunque todavía tienes la posibilidad de entrar este año. Pero no lo harás si te han denunciado por extorsión. Yo siempre puedo repetir el examen sin hacer trampas y entrar otra vez pero, ¿crees que a ti te darán una oportunidad siquiera teniendo antecedentes?
- Eres…
- Ahórrate los insultos, Jim. – Negó con la cabeza. – Y borra lo que sea que tengas si no quieres acabar en la cárcel.
- ¿Siempre tienes que conseguir lo que quieres?
- Lo intento al menos.
Se encogió de hombros y, aliviada, volvió al coche. Estaba segura de que el chico no diría nada –tenía demasiadas ganas de entrar a una buena universidad y no podía desperdiciar su oportunidad–, aunque con la sensación de que, a partir de ese momento, tendría que tener más cuidado. Al parecer todo tenía sus consecuencias y ella no quería tener que pasar por aquello jamás.
James estaba tumbado en su cama, cambiando de canal de forma distraída. Parecía que solo echaban episodios repetidos o series malas en general. Suspiró y cerró los ojos unos instantes. Quizás debería buscar cualquier película en el ordenador o leer un libro. Hacía bastante tiempo que no leía por placer. Se incorporó y se dirigió a la estantería de su cuarto pero, de repente, el sonido de su móvil lo sobresaltó. Lo cogió y su corazón se saltó un latido al ver el nombre que acababa de aparecer en la pantalla. ¿Aquello podía ser verdad?
- ¿Lizzy? – Preguntó, descolgando rápidamente.
- Hola, James. – Sonaba nerviosa y él tuvo que sentarse al notar cómo sus piernas empezaban a temblar. – ¿Tienes un minuto?
- Sí, claro.
- Me gustaría hablar contigo. ¿Podemos vernos?
- Por supuesto. – Asintió. – No estaba haciendo nada. Si quieres, voy a la hermandad a por ti y vamos a tomar algo.
- No hace falta… - Carraspeó. – Asómate a la ventana, anda.
- ¿Qué?
- Tú solo hazlo.
Se acercó y no pudo evitar fruncir el ceño al verla parada en el pequeño jardín delantero de la casa. Lizzy colgó y suspiró antes de volver a hablar.
- ¿Me escuchas bien?
- Sí, claro. ¿Qué haces aquí?
- Quería hablar contigo e iba a llamarte a gritos, pero al final me ha dado vergüenza. – Se encogió de hombros. – Así que allá voy. James, lo siento. Siento mucho haber salido corriendo de esa forma, pero es que me asusté muchísimo cuando me invitaste a la boda de tu prima y me dijiste que me querías. Entré en pánico y solo pude pensar en huir. No me porté bien, debería haberte dado, al menos, una explicación.
- Habría estado bien…
- Lo sé y lo siento muchísimo, de verdad. Le he estado dando muchísimas vueltas a esto y culpándome de todo y cuando me enteré de que estabas mal por mi culpa… No sé, me sentí como la mayor mierda sobre la faz de la Tierra, pero entiéndeme, no sabía hacia dónde íbamos y no creía que las bases sobre las que se asentaba nuestra relación fueran suficientes. Me daba mucho miedo no ser capaz de tener una relación sana. – Tomó una bocanada de aire. – Pero he estado pensado y esto no ha sido justo para ninguno de nosotros y… Joder, había ensayado esto antes de venir…
- Habla con el corazón.
- Eso intento, pero estoy muy nerviosa. – Suspiró. – Lo que te quiero decir es que, joder, James yo también estoy enamorada de ti y, si todavía quieres, iré a la boda de tu prima contigo encantada. Dame solo otra oportunidad y te prometo que te lo explicaré todo, que no volveré a callarme nada.
- ¿Callarte algo?
- Te lo explicaré cuando no haya tanta gente mirándome. Es muy personal.
- Está bien. – Asintió. – ¿Quiere subir y terminar aquí esta conversación?
- Sí, pero antes tengo que hacer otra cosa. – Cerró los ojos y sacó un pequeño altavoz de su bolso. – Es un poco locura, pero creo que me vendría bien mortificar un poco a mi orgullo y, bueno, ya sabes que siempre me han gustado los grandes gestos románticos y, ya que no me los hacen a mí, tendré que hacerlos yo.
- ¿Lizzy?
- No te muevas de ahí, ¿vale? – Buscó algo en el móvil y suspiró. – Allá vamos.
De repente, comenzó a sonar música y la chica empezó a cantar:
- "When I look into your eyes, it's like watching the night sky or a beautiful sunrise. There's so much they hold".
Siguió cantando y él sonrió sin poder evitarlo. Aquella canción era preciosa y le había gustado mucho desde siempre. Le encantaba el mensaje que transmitía, el no rendirse, el luchar por una relación y por la otra persona.
- "Well, I won't give up on us, even if the skies get rough. I'm giving you all my love. I'm still looking up".
Lizzy sentía las miradas de todo el mundo clavadas en ella pero, aún así, se obligó a mantener la calma. Hacía aquello por James, para que las cosas mejoraran entre ellos y él se diera cuenta de que no iba a volver a rendirse. Siguió cantando, sin apartar los ojos de James, que parecía bastante emocionado.
- "We had to learn how to bend without the world caving it. I had to learn what I've got and what I'm not and who I am".
El chico amplió su sonrisa al ver un brillo de determinación en su mirada a pesar de la distancia. Aquel gesto era lo más bonito que ninguna chica había hecho por él.
- "Well I won't give up on us. God knows I'm tough enough. We've got a lot to learn. God knows we're worth it". – Miró hacia el cielo y suspiró. – "I won't give up on us, even if the skies get rough. I am giving you all my love. I'm still looking up".
La canción terminó y los curiosos espectadores empezaron a aplaudir haciendo que ella se pusiera completamente roja y carraspeara.
- Bueno, ¿qué me dices, James?
- No te muevas de ahí.
Salió corriendo del dormitorio, atravesó los pasillos, bajó las escaleras y, apenas unos instantes después, estaba en el jardín. Se acercó a ella, que sonrió con nerviosismo, y entrelazó sus dedos.
- Ha sido precioso.
- ¿Te ha gustado?
- Mucho, pero… ¿Podrías cantar otra cosa?
- ¿Otra cosa? – Enarcó una ceja.
- Sí. Cierta canción sobre lo maravilloso que soy simplemente como soy y que cantaste en la prueba de canto de la competición de hermandades.
- ¿Cómo no? – Puso los ojos en blanco y rió. – "When I see your face, there's not a thing that I would change, 'cause you're amazing just the way you are". – Él le acarició la mejilla con delicadeza y ella cerró los ojos. – "And when you smile, the whole world stops and stares for a while, 'cause you're amazing just the way you are".
Terminó de cantar y, antes de que pudiera decir nada, el pelinegro la besó con dulzura.
- Te quiero. – Susurró ella cuando se separaron.
- Y yo, Lizz. – La abrazó y comenzó a murmurar en su oído. – Sigo queriendo que vengas a la boda y me encantaría darnos otra oportunidad.
- Menos mal… Habría sido horrible que, después de esto, me hubieras dicho que no.
- ¿Quieres subir y terminamos esta conversación?
- Sí, claro. Vamos.
Ella asintió y, cogidos de la mano, los dos subieron hasta el dormitorio del chico. Pasaron al interior y se sentaron en la cama. Lizzy estaba muerta de nervios y no sabía muy bien por dónde empezar, pero sabía que había llegado la hora de la verdad. Tenía que contarlo todo de una vez.
- ¿Por qué te asustaste tanto? – Preguntó él antes de que ella pudiera decir nada.
- Es muy complicado, James. – Suspiró. – Nuestra relación se ha basado siempre en el sexo y en ti cuidando de mí y… Me daba miedo anularte como persona.
- ¿Cómo ibas a hacer eso?
- No es tan difícil como muchos creen. – Bajó la mirada y se mordió el labio. – James, no quiero que esto se base solo en eso. Quiero poner más de mi parte, quiero que la relación sea más sana.
- No creo que estés poco involucrada. – Él se encogió de hombros. – Yo soy así.
- Lo sé, pero aun así… Necesito poner más de mi parte. Y no quiero que nos acostemos en un tiempo. Quiero que hablemos, que nos conozcamos mejor y no sé si pasarnos todo el día en la cama nos ayuda a eso.
- Claro, si crees que así nos irá mejor podemos estar un tiempo sin hacer nada. Unas semanas, un mes… Lo que veas mejor.
- Un mes creo que estará bien. – Él acarició su mejilla y descendió lentamente hasta su cuello y ella suspiró. – Aunque podemos no contar esta noche.
- ¿Quieres una reconciliación por todo lo alto?
- Si seguimos teniendo ánimo después de lo que viene ahora. – Cogió su mano y la apartó de su cuello, aunque no la soltó. Necesitaría toda la fuerza del mundo para lo que venía a continuación. – Tengo que contarte algo.
- ¿Sobre qué?
- Sobre por qué me dan tanto miedo las relaciones, por qué no confío en los tíos y por qué entré en pánico al pensar que lo nuestro se estaba volviendo serio. Sobre por qué me aterra la posibilidad de que uno de los dos acabe anulado. – Contestó. – James, voy a contarte todo lo que pasó con Giorgio. Absolutamente todo.
James asintió, un poco nervioso, y Lizzy tomó una bocanada de aire. Sabía que había llegado el momento de la verdad y que aquello sería lo mejor tanto para ella como para su relación si es que iban a darse otra oportunidad.
- A ver, mi abuela Charlotte nos presentó a Giorgio y a mí un día en la parroquia. Yo tendría unos 14 o 15 años y él 19 o 20 y me llamó muchísimo la atención. Parecía una persona decidida, que sabía lo que quería y, no sé, tenía un aura de poder y de "puedo conseguir lo que quiera cuando quiera" que me dejó deslumbrada. Él, por aquel entonces, salía con una chica, pero rompieron poco después. Según él, la distancia fue demasiado y ella le engañó con otro, aunque ahora no me lo creo. No después de todo lo que pasó. – Se removió un poco incómoda y James le dio un pequeño apretón de ánimo en la rodilla, animándola a seguir. – Poco antes de mi decimosexto cumpleaños nos liamos. Recuerdo que me estaba acompañando a casa, me cogió del brazo, me pegó contra una pared y simplemente me besó con fuerza, sin darme opción a replicar. Supongo que me lo busqué yo sola…
- Lizz… - Le volvió a dar un leve apretón y ella intentó forzar una pequeña sonrisa, aunque no lo consiguió.
- La cuestión es que poco después me pidió salir y yo acepté encantada. Era un universitario guapísimo y me costaba entender qué había visto en mí, pero nunca quise preguntar. En mi casa estaban encantados, sobre todo mi abuela Charlotte, porque era un buen chico, tenía las cosas claras en la vida, venía de una buena familia… Era el chico perfecto para mí según todos y mis amigas se morían de envidia. Todo parecía perfecto, pero… - Guardó silencio y cerró los ojos y James se tensó.
- ¿Pero qué? – Murmuró. – Lizzy, me estás asustando.
- A ver cómo lo explico… Giorgio era muy controlador y nunca, jamás, aceptaba un no por respuesta. Siempre teníamos que hacer lo que él quería: si quería ir al cine, íbamos al cine; si no quería que yo fuera con mis amigas, yo no iba con ellas. Tuvimos una pelea enorme porque él no quería venir conmigo al baile de graduación, aunque al final conseguí convencerlo para que lo hiciera.
- Espera un segundo, cuando dices lo que él quería, ¿te refieres a todo? – La miró con preocupación, cada vez más alarmado.
- Sí… Decía que era demasiado pequeña y que no entendía de la vida, que tenía que hacerle caso a él y dejarme de tonterías. Se enfadó muchísimo cuando se enteró de que me habían admitido en Berkeley. Quería que me quedara en Seattle y nos casáramos pronto. El reverendo de nuestra iglesia sigue deseando que llegue ese momento y creo que mi abuela también. Él siempre dijo que aquello sería lo mejor para mí, que era demasiado pequeña para tomar decisiones por mí misma y que tenía que hacerle caso. Que él sabía lo que era bueno para mí y yo… yo tenía solo 16 años, le creí desde el primer momento. Creía que él tenía razón, que yo no sería capaz de tomar buenas decisiones y me aterraba que él o su familia creyeran que era poca cosa así que hacía todo lo posible para ninguno de ellos tuviera ninguna queja conmigo.
- Elizabeth, - Ella levantó la vista al escuchar su nombre completo y lo miró fijamente a los ojos. – eso es maltrato psicológico.
- No creo que fuera para tanto…
- Sí, lo era, y no fue tu culpa. Tú no pudiste imaginarte aquello en ningún momento, solo te dejaste llevar por lo que sentías. – Insistió y le acarició la mejilla con delicadeza. – Eras pequeña y se aprovechó de tu vulnerabilidad e inexperiencia. El muy cabrón…
- Me anuló como persona. Venir a Berkeley me salvó y eso que al principio hacía todo lo que podía para que él no se pusiera celoso y estuviera bien. Pero cuando me enteré de los cuernos… Eso fue imperdonable.
- Menos mal que al final te diste cuenta. – Suspiró. – Imaginaba que había sucedido algo grave por lo que Rose comentó un día, pero no pensé que sería tanto.
- Ahora ya sabes por qué me aterra salir con alguien, dejar que me conozcan, no poder tener una relación sana.
- Claro, ahora todo tiene más sentido. – Asintió. – Pero, Lizzy, yo no soy Giorgio y te prometo que tendremos una relación sana, que nadie anulará a nadie.
- ¿De verdad? Me da mucho miedo convertirme en él o volver a acabar como acabé.
- Te juro que eso no pasará. – Le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja con dulzura. – Todo irá bien, Lizz.
- Sí. – Ella asintió lentamente. – Sé que no eres como Giorgio. Me lo has demostrado.
- ¿Eso es todo? – Preguntó. – ¿Hizo algo más? ¿Te pegó alguna vez, te… te forzó?
La morena apartó la mirada y él sintió todo su cuerpo tensarse.
- No… no lo sé. – Cerró los ojos y, sin poder evitarlo, comenzó a llorar. Demasiadas confesiones para una sola noche.
- Eh, tranquila. – Él la abrazó y comenzó a acariciar su pelo. – ¿Qué quiere decir que no lo sabes?
- Ya te he dicho que a él no le gustaban los no y al final siempre acababa haciendo lo que él quería. – Murmuró. – A veces yo no tenía ganas de hacerlo, no me apetecía nada, pero él empezaba a insistir e insistir así que, para evitar una pelea, yo me abría de piernas y, simplemente, me dejaba hacer.
- Joder…
James sintió cómo el mundo se le venía abajo al escuchar aquello. No podía ni imaginárselo, no quería ni imaginárselo. Su pobre e inocente Lizz con solo 16 años…
- James…
- ¡Yo lo mato!
Se puso de pie rápidamente y cogió su ordenador, dispuesto a coger su ordenador y comprar el primer billete a Seattle que encontrara. No podía consentir que se fuera de rositas después de todo aquello. No después de saber que ese despreciable había maltratado psicológicamente y abusado de Lizzy.
- Espera, espera. – Ella lo agarró del brazo, con la ansiedad reflejada en su mirada. – No es para tanto, James.
- ¿Que no es para tanto, Lizz? ¿Eso crees? – La miró incrédulo. – Ese cabrón abusaba de ti.
- Yo… Yo me dejaba, no eran abusos, yo consentía…
- ¿Consentías? ¿Eso crees? – Negó con la cabeza. – Abrirse de piernas y cerrar los ojos no es consentir. Decir que sí para evitar una pelea no es consentir.
- Yo…
- Una vez me dijiste que tu primera vez fue horrible. – La cortó. – ¿Lo hiciste porque quisiste o porque él te… te obligó?
La chica bajó la mirada y él supo su respuesta.
- Tendría que haber esperado un poco más. No estaba segura, pero él decía que era lo que hacían las parejas y, entiéndeme, él tenía 21 años y yo solo 16. Me manipulaba como quería. – Murmuró, con lágrimas corriendo de nuevo por sus mejillas. – Estaba muy nerviosa y asustada y eso empeoró cuando empezó a dolerme. Le pedí que parara, pero él me dijo que pasaría pronto y siguió, pero yo cada vez estaba más nerviosa y… Yo solo quería que parara, pero él no lo hizo.
- Voy a matarlo.
- James, por favor.
- Es que no puede irse impune después de todo lo que te ha hecho, Lizzy.
- Por favor. No quiero que nadie lo sepa.
La miró fijamente a los ojos y no pudo evitar abrazarla. Lizzy comenzó a sollozar y se aferró con fuerza a su espalda, tratando de alejar de su mente todos aquellos malos recuerdos.
- Tranquila, no pasa nada. Estás a salvo ahora, no volverá a tocarte un pelo.
- Es que yo le quería tanto y… - Murmuró, entre sollozos. – Jamás había dicho esto en voz alta, nadie lo sabe. Rose solo tiene una vaga idea y a Miranda jamás se lo conté.
- ¿Por qué?
- Si lo dices, lo vuelves real, ¿no? Y yo no quería que fuera real.
- Anda, ven conmigo.
La condujo esta la cama y ambos se tumbaron sin separarse. James acarició su pelo con dulzura hasta que, poco a poco, la chica fue calmándose.
- Lizz… Elizabeth. Te prometo, te juro, que ahora estás a salvo y que no pasarás de nuevo por eso. Ahora mismo da mucho miedo aceptar lo que ha pasado porque, bueno, es muy grave, pero no tendrás que enfrentarte a ello nunca más. Yo no te haría daño jamás, preferiría cortarme un brazo antes que hacerte un pequeño corte a ti en un dedo.
- Lo sé. – Asintió lentamente y suspiró. – Lo siento.
- Eh, ¿y eso a qué viene? – Negó con la cabeza. – Lizzy, no fue tu culpa, ya te lo he dicho. El único culpable es ese desgraciado al que te juro que mataré si me lo encuentro algún día.
- No merece la pena…
- No hablemos de eso ahora, ¿vale?
- Vale.
- Ahora entiendo muchas cosas.
- Ya imagino. Me marcó mucho todo eso, ¿sabes? La gente más cercana a mí sabe que me controlaba mucho y que siempre se metía en mi vida privada, pero no saben lo demás.
- Me alegra que hayas confiado en mí.
- ¿Quieres seguir saliendo conmigo después de escuchar eso? – Preguntó en un murmullo.
- ¿Y por qué no iba a querer?
- No lo sé. – Se encogió de hombros. – Siempre me ha dado miedo que, si alguien lo descubría, me rechazaría.
- ¡Por supuesto que no! – Exclamó antes de besar su frente. – Lizzy, de verdad, créeme: no fue tu culpa, tú no te lo buscaste en ningún momento. Te quiero y vamos a superarlo juntos, ¿de acuerdo?
- Yo también te quiero, James.
Él la abrazó con más fuerza y continuó con sus caricias hasta que se quedó dormida entre sus brazos. Aunque él no fue capaz de pegar ojo en toda la noche. Y se prometió a sí mismo que, tarde o temprano, le daría a ese malnacido de Giorgio su merecido.
Pues ya sabemos qué pasó entre Giorgio y Lizzy :(
Debo confesaros que iba a dejarlo para el siguiente capítulo (me parecía un poco largo), pero no quería manteneros más con la duda así que ya tenéis la historia completa... Pobre Lizzy :( Aunque, por suerte, parece que las cosas han mejorado entre ella y James y van a darse una oportunidad.
Y Lily... Bueno, parece que lo ha solucionado y que, al menos, se ha dado cuenta de que todo acto tiene su consecuencia.
Muchos besos y nos leemos prontito (mañana tengo, ¡por fin!, mi último examen así que tendré más tiempo para escribir),
María :)
