Afortunadamente Hans no había insistido más en quedarse, y a partir de entonces había procurado tenerla cerca al momento de tomar decisiones que involucrarán a ambos o a ella.

Harry se había ofrecido a llevarlos en su barco; aceptaron sin pensarlo dos veces, no querían más problemas relacionados con conseguir transporte.

— Es raro, pensar que iremos a Arendelle. — Sabía que seguramente Hans sentía frustrado por no entenderla; siendo honesta ella a veces no se soportaba a sí misma. —, me refiero, a que se siente muy sencillo de repente, ¿Por qué no me mencionaste que conocías a alguien con barco desde el principio?

— Era difícil pensar en nuestras distintas opciones en aquel momento, ¿No crees? — Cuestionó el pelirrojo. El hombre colocó su mano en la espalda de ella, sobresaltándola. — Oye, ¿Qué ocurre? — Preguntó sinceramente preocupado, debido al miedo reflejado en la mirada de Elsa.

La rubia parpadeó varias veces tratando de eliminar de su mente aquella pesadilla en donde su acompañante la arrojaba por la borda. — Solo me tomaste por sorpresa, es todo. — Dijo tratando de permanecer serena. — No esperaba que lo hicieras. — Se acomodó algunos cabellos rebeldes que se habían escapado de su peinado y no pronunció ni una palabra más.

— Llegaremos en pocas horas a Arendelle. — Apareció Harry para informarlo a ambos. —, aún puede cambiar de opinión si lo desea. — La rubia puso los ojos en blanco, empezaba a cansarse de que todos cuestionaran sus decisiones como si ella fuese una tonta niña que no sabe nada.

— Sabes que no la convencerás. — Habló Hans. —, si algo he aprendido del tiempo que llevamos conviviendo; es que cuando algo se le mete a su cabeza no hay forma de sacársela. Enserio.

— Agradezco la preocupación de ambos. — Dijo ella. —, pero estoy segura de querer hacer esto, y Hans, enserio no tienes porque acompañarme, tu parte del trato era llevarme a Arendelle y una vez allí podrías irte a cualquier otro lado.

— Preferiría observar cómo le rompes la cara a tu hermanita, si no es mucha molestia. — Dijo Hans. — No me decepciones, Copito.

— ¿Siempre ha sido así? — Le preguntó a Harry. El hombre le mostró una sonrisa traviesa a la Reina de las Nieves.

— En fin, Hans ¿Qué te parecería revivir los viejos tiempos ayudándome revisando el mapa con la ruta? — Propuso Harry, para la rubia no pasó desapercibido el brillo en los ojos de Hans que pareció aparecer debido a la emoción que eso le provocaba. —, Elsa, si gusta descansar el camarote está...

— ¿Sabes Harry?, creo que esta vez pasó. — La respuesta del pelirrojo tomó por sorpresa a los otros dos. — En otra ocasión será.

Harry asintió y se alejó dejándolos solos. — ¿Por qué dijiste que no? — Preguntó Elsa sin entender. —, era evidente que querías hacerlo.

— Dejarte sola en un barco, no lo creí conveniente.

— Estamos en el mismo barco, no es como si fueses a bajar. — Dijo ella. —, yo creo que deberías hacerlo, no voy a morir por estar sola en un camarote, de hecho me harías un enorme favor al dejarme descansar de ti. — Dijo eso último con un toque de humor.

— ¿Arriesgarme a que su Majestad crea que cambiaré el destino?

— Confiaré en ti, no vuelvas a arruinarlo. — Respondió Elsa. —, no siempre tienes la oportunidad de jugar a los mapitas del tesoro, ve. — Insistió, el pelirrojo finalmente la besó en la frente y se alejó rápidamente. La rubia no pudo evitar sonreír al verlo.

Elsa fue al camarote y allí estuvo un rato, en momentos se recostaba en la cama, luego caminaba en círculos buscando la manera en la que el vaivén del barco fuese menos molesto para ella. Horas después tocaron a la puerta y ella no demoró en abrir.

— ¿Y bien? — Preguntó ella recargándose en el marco de la puerta. Sonriendo como si se hubiese salido con la suya.

— No estuvo mal — Respondió. — ¿Y lograste descansar de mi presencia?

— Creo que no lo suficiente. — Bromeó. —, ¿Falta poco para llegar?

— Si, pero aún tenemos tiempo. — Contestó. —, pensé que preferirías pasar tiempo con tu pelirrojo favorito a seguir encerrada en un camarote, eso es prácticamente desperdiciar un viaje, ¿Lo sabias?

— No hay mucho que ver en medio de la nada, ¿O si? — La tomó del brazo y la guió hasta cerca del borde del navío, no hacía falta que le señalara el horizonte o el cielo; pintado de colores pastel. Había visto atardeceres muchas veces en su vida, pero quizá no los había apreciado lo suficiente o tal vez no había punto de comparación con el que estaba frente a sus ojos.

Pronto se fijó llevada hasta la orilla, la rubia se resistió un momento. — Tranquila, no te voy a dejar caer. — Le dijo, tomándola con firmeza por la cintura. — Hecha un vistazo.

Las olas no estaban muy agresivas, más la espuma que se formaba cuando chocaban contra la madera del barco lo hacían algo impresionante para alguien como ella, que aunque hace años había salido definitivamente de su encierro aún no conocía muchas cosas.

— Hay zonas donde pueden verse muchos peces, incluso delfines. — Le dijo Hans. —, si quieres algo más emocionante, también conozco ciertas zonas donde los tiburones salen a la superficie. — Hizo una pausa. —, si sobrevivimos en Arendelle, quizá algún día te lleve a verlos.

— ¿Por qué me muestras esto? — Cuestionó con genuino interés. Se alejó un poco del borde, pero sin soltarse del agarre del pelirrojo.

— ¿Acaso no es mejor que el camarote? — Ella lo miró con una ceja alzada. —, lo admitas o no, no encuentras los viajes en barco placenteros; en lo absoluto. — Dijo él. —, pero realmente jamás les has dado una oportunidad, se que lo de tus padres debe afectarte, pero no puedes privarte de ver las cosas buenas solo porque algo te asusta, irónicamente es como tu caso.

— ¿Perdón?

— Bueno, se que no ignorabas lo que los demás pensaban de ti, incluso sé que seguramente muchos hombres no estaban interesados en cortejarte por el miedo que tenían a tus poderes, nunca había quien realmente dejara todos los rumores de lado y se diera la oportunidad de conocerte realmente, ¿O si? — Ella negó. —, tú tienes un lado lindo, justo como el océano, simplemente tienes que estar dispuesta a verlo.

— ¿Te gusta mucho, cierto?

— Creo que es algo que jamás deja de sorprenderme. — Dijo Hans. — lo predecible es aburrido, pero he de admitir que la peor parte del castigo de mi padre fue alejarme de esto, quizá a ti te haga sentir aterrada, pero a mi me hace sentir libre, además créeme cualquier cosa que me sacara de las Islas era increíble para mi.

— Dudo que alguna vez esto me llegue a gustar del todo. — Comentó ella. —, es lindo y todo, pero ¿Cómo puedes sentirte cómodo cuando no sabes que puede pasar exactamente?

— No lo se, no creo que pueda darte una explicación, simplemente me gusta. — Dijo él. —, ¿Sabes? Tú eres mucho más agradable cuando no te esfuerzas por ser irritante, no sé qué ha ocurrido estas horas, pero me agrada.

— Bueno, tú no me has hecho perder la paciencia, así que...

— ¿Puedo hacerte una pregunta? — Ella asintió. —, ¿Cuál es tu plan?, me refiero a que, si todo termina, ¿Qué harás después?, ¿Reclamarás es trono, irás a vivir a otra parte?

Ella suspiró con pesadez antes de intentar responder a su pregunta. — Creo que es la parte complicada, no sé si yo pueda o quiera volver a usar una Corona y tolerar las reuniones del consejo y toda la presión, ya sabes. — Hizo una pausa. —, pero no sé qué haría si no fuese así, ni siquiera estos años me ocupé en descubrir para que soy buena, trabaje arreglando joyería y no es algo que me haya apasionado en ningún momento, pero fuera de eso, toda mi vida me dijeron que seria la Reina y jamás tuve elección en cuanto a eso.

— Cuando me fui de Arendelle me sentía una completa inútil. — Agregó. —, y creo que no soy buena para nada, supongo que era una Reina...aceptable, no dire que la mejor, pero...

— No te gustaba. — Ella negó.

— Tenía sus partes buenas; claro. — Dijo ella. —, la cosa es que sabía toda la teoría, las leyes y se me había como debía actuar en ciertas circunstancias, pero es muy diferente saberlo que hacerlo, todo el tiempo algo salía mal y no importaba lo que hiciera; nunca era suficiente y claro, los ancianos del consejo no dejaban de compararme con mi padre y tratarme como si fuera tonta.

— Una mujer a cargo, obvio todos tenían sus preocupaciones y supongo que la idea del matrimonio no terminaba de sentarte bien.

— ¿Por qué crees eso? — Cuestionó confundida. —, yo estaba más resignada que ilusionada a que algún día sucedería, no negaré que después del incidente en mi coronación las propuestas disminuyeron, pero aún tenía pretendientes que estaba considerando, ¿Acaso olvidaste que mi prometido supuestamente me asesinó?

— Es extraño imaginarte comprometida.

— ¿Auch? — Fingió ofenderse. —, realmente quería esperar más, antes quería, no lo sé; ¿Demostrar que si podía hacerlo?, no tanto a los demás, sino a mi misma. — Suspiró. —, pero ya sabes, la presión del consejo, de Anna, del reino en general. Él parecía ser la opción menos mala y el consejo lo estimaba demasiado.

— Supongo que considerando eso, lo que hizo Anna te salvo de muchas cosas. — Dijo Hans, haciendo que Elsa lo mirara un poco molesta. — No digo que lo que te haya hecho no fue una mierda; evidentemente lo fue, pero también pasaron cosas buenas, ¿No?, no casarte con alguien a quien no amabas; por ejemplo.

— Si. — Desvió la miraba mientras pensaba en cómo cambiar el tema de conversación. —, ¿Y como conociste a Harry?

— Servicio militar. — Respondió rápidamente.

— Oh. — Bajo la mirada incómoda al no saber cómo continuar con la conversación. — Hans, yo...

— ¡Estamos a punto de llegar! — Exclamó Harry uniéndoseles. La rubia se sobresaltó al escucharlo, más rápidamente le agradeció por informarle. —, aún podemos dar marcha atrás. — Elsa negó. — De acuerdo, prepárense para desembarcar.

El hombre se alejó y Elsa se giró a mirar a Hans. — Bueno, creo que estoy nerviosa. — Comentó ella. — es ridículo, ¿Cierto?

— Me preocuparía si no lo estuvieras. — Respondió Hans tomándola de la mano. —, ¿Ibas a decirme algo antes?

— Nada importante. — Contestó restándole importancia. — una tontería realmente.

Llegaron al muelle de Arendelle, parecía como si el navío hubiese llamado demasiado la atención y varias personas estaban atentas esperando ver quien descendía de este.

La rubia se puso aún más nerviosa e incluso consideró la oferta de Harry de dar marcha atrás, Hans colocó una de sus manos en uno de sus hombros. —, Tomate tu tiempo, no hay prisa. — Le dijo. Ella retiró la mano del pelirrojo de su hombro y lo miró con desconfianza. — ¿Todo bien? — Ella lo observó como si estuviera analizándolo. — Elsa...

La rubia no dijo nada, simplemente se apresuró a bajar del barco, pero las cosas no fueron mejores cuando algunas personas parecieron reconocerla. — Esto no pasó la última vez. — Pensó ella al borde de un ataque de pánico. Estaba temblando sin saber muy bien que hacer, ni siquiera podía saber si acaso sus poderes se estaba liberando o si lo harían pronto.

Alguien la tomó de la mano con fuerza; Hans. Él parecía tan tranquilo y seguro, eso de alguna manera la reconfortó, aunque le incomodaba un poco que la tomara de la mano en público. El pelirrojo la guió por el muelle, sin decir nada a nadie. — ¿Me puedes decir qué pasa contigo? — Preguntó una vez que estuvieron lo suficientemente alejado de las personas.

— Yo...¡Tu eres el problema! — Exclamó confundiendo a su acompañante. —, ¡Intentaste decapitarme!, ¡Antes de eso planeabas que muriera en un supuesto accidente!

— ¿Volvemos al inicio? ¡Eso pasó hace años! — Exclamó él. — ¿Quieres que me disculpe? ¡Bien!, ¡Lo lamentó!, pero supéralo Elsi, ya quedó atrás.

— ¡Ese no es el punto! — Exclamó la rubia desesperada. —, tú actuaste como el chico Perfecto con mi hermana y todo el tiempo mentiste y...

— ¿Y a quien demonios le interesa tu hermana? — Cuestionó él.

— ¡Ese no es el punto!

— ¡Entonces dime el maldito punto, Elsa! — Exigió el pelirrojo.

— ¿Como podría yo confiar en ti? — Preguntó finalmente. —, eres un mentiroso, manipulador y un buen actor, enserio. — Continuó. —, no quiero ser Anna.

— ¿Ahora a que viene eso? — Cuestionó ahora un poco más tranquilo.

— Dices que te importo, te comportas tan bien conmigo y solo puedo pensar que es demasiado para ser verdad. — Dijo ella. — ¡No confió en ti!, trate de hacerlo, enserio, pero...¿Cómo se que no mientes justo ahora?

— Yo tampoco quiero ser como Anna. — Dijo él. —, ¿Quién querría serlo, Dios?

— ¡Habló enserio imbécil!, ¡Déjate de bromas tontas!

— Eres desconfiada, por razones obvias que no dire. — Comentó Hans acercándose a la rubia. —, pero te repito, si te quisiera muerta ya te hubiese matado hace mucho. Además, ¿Qué ganaría yo con traicionarte?

— No lo se. — Respondió. —, es solo que..., tuve una pesadilla...

— Debes estar bromeando, ¿Estas molesta conmigo ahora porque tuviste una pesadilla? — Cuestionó al borde de la desesperación. —, disculpa, pero yo no tuve nada que ver.

— En mi sueño tu y yo... — Hans la miró curioso, pero ella se sentía tan avergonzada que no estaba segura de que decir a continuación, seguramente sus mejillas ya estaban bastante coloradas. —, yo te decía cosas y...

— Al grano Elsa.

— Dije que te quería, ¿De acuerdo? — Lo dijo rápidamente y luego apartó la mirada, apenada y un tanto vulnerable. —, luego tú solo te reías y...

— ¿Te digo algo, Elsa? — Preguntó tomándola de las manos. —, hace años cuando vine aquí y Anna nos presento, tú sabías que no planeaba nada bueno, tú no eres ninguna tonta y eso lo sé. — Dijo. —, no caerías ante los trucos baratos que utilice con tu hermana, no perdería mi tiempo fingiendo ser un Príncipe encantador ante ti.

— Aún así, no esperes que confíe ciegamente en ti. — Dijo ella.

— Sería bastante estúpido de tu parte si lo hicieras. — Seguido de esto emprendieron su corto camino hasta palacio. — Así que...¿La Reinita de hielo me quiere?

— Cierra la boca, Westergaard. — Rió ella.

Una vez llegaron a su destino todos parecían acabado de ver un fantasma, a excepción de Gerda; quien ya había visto anteriormente a Elsa. Algunos sirvientes y nobles que estaban en palacio o gobernantes de otros reinos que habían acudido por motivo de la boda de Anna no parecían creer lo que sus ojos veían.

— ¿Reina Elsa? — Cuestionó un miembro de la guardia real. La mencionada pareció no inmutarse ante la sorpresa de todos los presentes.

— Necesito ver a mi hermana. — Dijo con firmeza.

— La Princesa Anna y el joven Kristoff no han aparecido desde hace días. — Le informó el mismo guardia. — Salieron sin dar explicaciones a nadie, no han vuelto desde entonces.

— Vaya, un problema menos. — Comentó Hans ganándose una mirada severa por parte de Elsa.

— Y supongo que ya iniciaron una búsqueda. — Comentó la rubia, todos se miraron entre sí dejando en evidencia la poca importancia que le habían dado al asunto. —, bien, yo misma la buscaré.

— Espera, ¿Qué? — Intervino Hans desconcertado. —, si yo fuera tú...

— El asunto es que tú no eres yo. — Lo interrumpió. — Se lo que hago, así que no me cuestiones. Mañana mismo iré a buscarla, si es que no regresa antes, puedes apoyarme en esto o quedarte aquí, me da igual.

— ¿Desea que les prepare un par de habitaciones? — Cuestionó Gerda. Elsa asintió y la mujer se retiró.

— ¿Podemos charlas a solas? — Cuestionó Hans, ella asintió y lo guió hasta el que solía ser su despacho. — ¿Por qué te pondrás en riesgo por Anna?, ¿Perdiste la cabeza? ¡No lo vale!

— No me interesa el bienestar de Anna. — Dijo ella. —, pero quizá fue al valle de trolls y finalmente era a donde planeaba ir de igual forma, la otra opción es que quizá huyo de Arendelle antes de que las cosas se pusieran feas, es decir, es Anna. Pero si esta muerta o en peligro me tiene sin cuidado.

— Ahora, ¿Hay un plan?

— Eso lo arreglaremos en un momento, antes, necesito algo de ti. — Hans la miró con atención. —, necesito que duermas conmigo.

— ¿Disculpa? — Cuestionó sorprendido. — no es que me moleste la oferta. — Dijo de forma pícara acercándose a ella.

— No me entregaré a ti si es lo que piensas. — Dijo ella. —, no confió del todo en ti Hans, pero a comparación de las personas allí fuera...

— ¿Quieres que cuide de ti?

— Es mejor estar cerca uno del otro en estos momentos. — Dijo ella.