Advertencias

Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.

Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.

La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.

Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea y al que comente

Capítulo 50

En aquel preciso instante el sol comenzaba a ocultarse dejando tras de sí un halo de color anaranjado en el cielo londinense, mientras el grupo de nuevo en la casa, se lamentaba de su fallido plan. La desesperación y la impotencia comenzaban a apoderarse de los presentes mientras recogían sus pertenencias de la gran casa alquilada.

-Tenemos que marcharnos de aquí, esto no es seguro. –Dijo Damon mientras entraba en la habitación de Sally de forma brusca y sacaba la maleta de la joven de debajo de la cama, posicionándola sobre la misma para después, comenzar a sacar la ropa de la joven y meterla en la maleta de mala forma.

-Irnos no nos valdrá de nada. Ya has visto que nos encontrará aunque vayamos al fin del mundo. Es más fuerte y más lista que nosotros, Damon. –Habló con malhumor mientras volvía a saca las prendas y las dejaba en el armario sin ningún orden.

-Vale, pero quedarse aquí no es la mejor opción.

-No voy a huir, tenemos que pararla, si no morirá más gente inocente ¡Es nuestro problema!

-Deja de pensar tanto en los demás y piensa en ti.

-No, deja tú de pensar en mí, Damon. Sólo yo puedo pararla, no voy a ningún lado, la esperaré y acabaré con ella con o sin tu ayuda.

-Sólo quiero mantenerte viva, Sally, ella irá a por ti después de lo que ha pasado esta mañana, te quiero ¿No lo entiendes? No puedo dejar que te ocurra nada, te lo debo.

-Le debes a todos a los que les ha salpicado el asunto de Héctor. Y si realmente te importo tanto como dices, afronta el problema; No hay otra opción.

Ambos se quedaron mirando con seriedad durante varios minutos. Los ojos azules de Damon buscaban con desesperación en los de la bruja algún ápice de lo que fue en el pasado, algún resquicio de aquella personalidad jovial, de aquella chica sin preocupaciones, feliz y ácida, pero ya no quedaba nada de aquel pasado, todo era diferente y sabía que él había sido el responsable ¿Acaso algún día Sally conseguiría superar la muerte de sus familiares y confiar de nuevo en Damon? ¿Podría amarlo sin resquemor ni desconfianza, como hacía cinco años?

El moreno volvió a mirar con intensidad los ojos de la joven en busca de la respuesta a aquellas preguntas, y de forma instintiva, besó a la joven con pasión agarrando su nuca pero la castaña se separó del vampiro empujándolo del pecho con suavidad y cansancio.

-No es el momento, Damon. Déjalo, por favor.

Acto seguido, la chica salió de su cuarto sin decir nada más, dejando al hombre clavado en el mismo lugar, pensando que aquello ya había respondido a sus preguntas. Nada volvería a ser como antes, ni siquiera sus sentimientos hacia él. La había perdido.

-Damon, he encontrado un vuelo para dentro de unas horas... ¿Qué te ocurre? –Preguntó Stefan entrando en el cuarto mientras vislumbraba el triste semblante de su hermano.

-No nos vamos, Sally no se moverá de aquí sin haber zanjado el tema. Fróside nos perseguirá a donde vayamos. Saca a Elena de aquí y prepárate para luchar, hermano.

Damon salió del cuarto sin cambiar la mueca compungida de su rostro, dejando a Stefan pensativo e inquieto ante tal comportamiento. Sabía todo lo que su hermano sufría, aunque este no lo dijera.

El castaño suspiró mirando a su alrededor, para después, salir en busca de su novia y contarle el cambio de planes.


La madrugada había llegado y la humedad se palpaba en el ambiente. A aquellas horas apenas se encontraba un alma en la calle, ya que, además, era un lunes y la gente debía trabajar al día siguiente.

Damon y Sally se hallaban solos en la casa esperando a que Stefan regresara de dejar a Elena en el aeropuerto y verla embarcar, ya alejada de todo el peligro. De nuevo, el plan volvía al principio; Buscarían a alguien que no conocieran y fuera a morir próximamente para terminar el hechizo, y de ese modo, no poner en peligro a ningún conocido ni inocente.

La castaña apareció en el salón y sin decir nada, se sentó juntó al moreno, quien desanimado bebía de un vaso lleno de Whisky. Sally se lo quitó de las manos sin media palabra y bebió un leve sorbo.

-Siento que he sido un poco borde contigo esta tarde, lo siento. –Dijo mientras ambos miraban al frente, sin ver nada en concreto.

-No tiene importancia, la situación es dura, ninguno pensamos con claridad.

-Me alegra que lo entiendas. –La joven volvió a beber y el moreno, está vez, fue quien le arrebató el vaso sin mirarla, llevándoselo a los labios, para después de unos minutos silenciosos, mirar a la joven.

-Está vez todo saldrá bien. –Dijo mientras esbozaba una leve y triste sonrisa torcida que Sally le devolvió después de unos minutos.

-Espero que tengas razón. Ya va siendo hora de que las cosas nos vayan bien.

Ambos se observaron sonriendo de la misma manera, y tras unos segundos ambos se abrazaron tiernamente dejando que el silencio lo embriagara todo. Sólo el sonido de sus respiraciones perturbaba aquella paz.

-Tengo que ir a mi habitación. –Se excusó Sally después de separarse lentamente de Damon, con temor de que volvieran a caer en la pasión y los sentimientos.

La joven trató de levantarse pero el vampiro la detuvo agarrándola del brazo con suavidad mientras ella reculaba lentamente hasta sentarse de nuevo a su lado, entonces, Damon, muy despacio volvió a unir sus labios con los de ella.

Sally esta vez dejó que él fuera quien se separase, para después desaparecer de la sala con algo de vergüenza y contrariedad en su fuero interno. Nunca se daría por vencido.

No había paso ni medio minuto cuando un repentino golpe se escuchó provinente del cuarto de la joven. Damon se levantó alarmado y se dirigió hacia el lugar con rapidez nombrando a la chica, quien no contestaba a su reclamo.

Al abrir la puerta, Fróside se abalanzó sobre el moreno con una enorme estaca de madera empotrándolo contra la pared del pasillo. Damon, que reaccionó de forma rápida, logró escabullirse del agarre de la mujer antes de que la estaca tocara su pile.

Sally se puso en pie con una brecha en la frente de la cual manaba sangre con ganas, y observó agarrada al armario como los dos vampiros peleaban por el estrecho pasillo de la casa, derribando cuadros a su paso, y levantando la moqueta.

La vampiresa agarró a Damon del cuello y lo lanzó hacia la otra punta del lugar para después, correr hacia él e intentar clavarle la estaca una vez más, pero su ataque se vio frustrado por manos de Sally, ya que esta, murmurando unas palabras, hizo que la mujer volara hacia el otro extremo y cayera al suelo de forma estrepitosa.

Fróside se incorporó rápidamente y volvió a blandir la estaca corriendo hacia la bruja con aquella sonrisa desquiciante en su terso rostro. Damon al observarlo se lanzó contra ella, pero la vampiresa fue más rápida y consiguió herir al hombre en la espalda con el arma haciendo que cayera al suelo dolorido.

Sally, llena de terror, intentó concentrarse para volver a murmurar aquellas palabras, pero en apenas un segundo, la mujer se puso frente a ella y hundió la estaca en el pecho de la joven, dejándola clavada en su carne.

-Sally... –Susurró Damon observando como la chica resbalaba contra la pared y caía al suelo aún con la estaca clavada, mientras su sangre comenzaba a surgir en torno a la gran herida.

-Ahora estamos en paz. –Dijo Fróside con total serenidad para después, desaparecer vertiginosamente por la ventana de Sally, dejando a Damon incorporarse con dificultad y correr torpemente hacia la chica.

El moreno se dejó caer junto a la bruja y notó como su corazón inerte se paraba de verás, el miedo se apoderó de su ser mientras llamaba a la joven sin obtener respuesta.

Rápidamente retiró la estaca de su pecho y agarró la cara de la castaña mentando cada vez más alto su nombre, pero comprendió que no respondería ya que su corazón se había parado. Sally había muerto y no sabía si la sangre que había bebido hacía ya varias horas aún corría por su organismo. Ante tal pavor, el hombre mordió su muñeca y la arrimó a la boca de la joven dejando que varias gotas derramaran por su garganta mientras sus ojos se empañaban.

Stefan apareció en ese momento por el pasillo con un semblante lleno de pánico, y al observar al escena desgarradora al otro lado del pasillo, se quedó paralizado unos minutos; Aquello debía ser un mal sueño.