Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.

Parte 3

"Encrucijada"

Capítulo 5 (43)

La puerta de la casa se abrió de par en par y la pareja de esposos entró en ella observándola de arriba abajo.

-Es realmente bonita.

-Supuse que te gustaría algo sencillo.

Kaiba conocía los gustos de Tea, así que compró una casa grande pero sencilla. Un lugar cómodo donde vivirían durante su estancia en Japón.

-A veces eres tan considerado conmigo que creo que no te correspondo como se debe.

Kaiba miró a su mujer seriamente.

-Quiero consentirte. Tú lo haces todo el tiempo conmigo.

Tea le sonrió y comenzó a recorrer toda la estancia revisando cada rincón de ella.

-Compraste algunos muebles, por lo que veo.

-Sólo lo básico para nosotros dos.

El chofer entró con las maletas en mano y las llevó arriba siguiendo las indicaciones de Kaiba. Tranquilamente, Tea caminaba por la sala, el patio y las recámaras. Llegó a una habitación con un hermoso balcón que daba al jardín.

-¿Te gusta?-preguntó Kaiba pasando sus brazos por detrás de ella.

-Escogiste un gran lugar y con una excelente vista.

Tea le acarició los brazos suavemente.

-Si vamos a vivir aquí por quién sabe cuánto, debía ser un lugar agradable.

Tea giró hacia él mirándolo a los ojos directamente.

-¿Sabes con quienes trabajaras además de con el empresario Schroeder?

-Aún no. Supongo que lo descubriré cuando nos reunamos.

Tea arqueó una ceja.

-¿No te han dicho quienes trabajaran contigo?

-Sigfried comentó que llamó a varios, pero había que esperar a que aceptaran.

Algo no le convencía a Tea de que fuera muy confiable ese tal Sigfried.

-Bueno, ya veremos quienes serán tus compañeros.

Kaiba sonrió de lado y acarició el rostro de su mujer con las yemas de los dedos.

-Verás que nuestra estancia aquí será grata.

Ella le devolvió la sonrisa. Confiaba en su marido, pero no en los otros empresarios. Abrazó a su hombre y él la estrechó en sus brazos.

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Con naturalidad, como si se tratara de su propio hogar, Serenity abrió la puerta de la oficina de Yami y lo descubrió absorto del mundo, con la mente dentro de los papeles que examinaba.

-Yami, es mi hora de retirarme. Te espero en mi casa como quedamos.

-Sí, Serenity.

El tono seco e indiferente del joven llamó la atención de Serenity y se hizo para atrás sorprendida y extrañada.

-¿Sucede algo, querido? ¿Estás bien?

Yami levantó la cabeza mirando a su chica.

-Sí, lo estoy.

-No te ves bien.

Guardaron silencio inspeccionándose mutuamente. Había aprendido a conocerse y a saber lo que pensaban el uno del otro gracias a sus gestos.

Yami se irguió en su asiento.

-No, no lo estoy.

-¿Qué pasó?

Serenity entró cerrando la puerta tras de sí, llegó al lado de Yami y se agachó para estar a su altura.

-No estoy convencido, pero hay una gran posibilidad de que KC trabaje conmigo en la empresa de Schroeder.

-¿Y eso en qué es malo?

Serenity conocía poco sobre KC, pero sabía que era una compañía con prestigio. Lo que desconocía completamente era sobre el pasado de su prometido con el actual dueño de aquella compañía.

-Digamos que la idea de trabajar con el CEO Seto Kaiba no me es muy grata.

Serenity dedujo, por la expresión de su novio, que Kaiba no era del agrado de Yami.

-Bueno, será temporal el trabajo así que sólo da lo mejor. Además, no es seguro que sea tu compañero.

-Mai dice que KC es una empresa grande y eso puede hacer que lo llamen a asistir a la reunión.

-Mientras no sea seguro sólo te estas preocupando por un futuro incierto. Mejor espera a cuando te toque la reunión con ellos y ya vemos que hacemos.

Pero Yami seguía teniendo un extraño presentimiento en su corazón.

-Tienes razón. Es tonto que me altere ahora.-le sonrió-Y estarás tú conmigo cuando trabajemos.

Yami acarició el cabello de Serenity con cariño. La pelirroja esbozó una sonrisa y luego te dio un beso en la mejilla.

-Me voy, debo llegar antes. Ahí te espero.

-Claro, iré.

Serenity salió de la oficina despidiéndose con la mano. Pero Yami continuaba intranquilo, porque en su corazón algo le decía que pronto su vida daría nuevos giros que cambiarían todo el rumbo de ella.

Volvió a concentrarse en la ventana y respiró hondo.

-¿Por qué me siento mal cada que pienso en la reunión?

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La pareja comía gustosa manteniéndose en silencio. El primer día en Japón había sido agradable para ambos y anhelaban que el resto de los días allí fueran igual de buenos.

-Hace rato hablé con Sigfried.

-¿En serio?-preguntó Tea con euforia-¿Qué dijo?

-Dice que la reunión será mañana en la empresa Schroeder.

-Qué rápido.-comentó Tea sorprendida.

-Dice que tiene mucha prisa porque iniciemos la discusión y las propuestas.

Kaiba entrelazó sus dedos y recargó su barbilla en ellas sin dejar de mirar a su esposa.

-¿Quieres venir conmigo?

-No estoy segura. Lo más probable es que sea aburrida la reunión.

-Tú eres muy trabajadora. Te aburrirás más si te quedas sin hacer nada.

-Puedo limpiar la casa.

Kaiba puso los ojos en blanco.

-¿Recuerdas nuestras discusiones cuando recién nos casamos?

Tea bajó la mirada.

-¿Por qué nos peleábamos antes?-pregunto Kaiba reprochándole.

-Porque yo quería trabajar fuera del hogar como era mi costumbre antes de conocernos. Mientras que tú querías que estuviera en la casa o que saliera y me divirtiera ya que antes no tenía tiempo.

-Te conozco perfectamente y sé que será pesado para ti estar todo el día aquí encerrada. Por eso creo que lo mejor será que trabajes a mi lado como cuando nos conocimos.

Tea analizó lo dicho por su marido. Al no saber cuándo regresarían a Japón significaba que si se quedaba en su casa todo el día se fastidiaría mucho; en cambio trabajando al lado de su pareja le daría apoyo y se sentiría útil.

-Está bien. Volveré a ser tu secretaria.

-Serás mucho más que eso. Tienes un papel muy importante en mi empresa y confió en tu inteligencia.

Aunque era su marido, eso no impidió que Tea se pusiera roja por el elogio.

-Vas a ser mi asistente personal, querida.

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El edificio de la corporación Schroeder era inmensamente grande y alto. La majestuosidad relucía en él de tal forma que imponía al resto de edificios de la zona. Kaiba descendió de su limusina y contempló aquella empresa con notable asombro.

-Veo que esta empresa tiene bastante presencia no sólo como inversionista.

Subió las escaleras de entrada y cruzó la puerta entrando al lugar dirigiéndose a la recepción donde mostró su identificación oficial.

Afuera, Yami apareció en la acera de enfrente y quedó anonadado mirando el edificio que representaba la corporación.

-Creo que será interesante trabajar aquí.

Caminó hacia allá, entró y también fue directo a la recepción a presentarse. Tras recibir una tarjeta de invitado, fue al elevador y subió por él hasta llegar al piso correspondiente. Una vez allí, se detuvo en seco al reconocer en la puerta de la oficina principal al hombre que estaba esperando a que permitieran el paso al despacho.

Seto Kaiba.

No podía estar equivocado. Era idéntico; mismos ojos, mismos cabellos. Su cuerpo comenzó a temblar.

-Ka…kai...kaiba.

El aludido volteó al escuchar su apellido. Tardó varios segundos en reconocer esa cabellera y esos rasgos. Al principio sólo se le hacía conocido, ligeramente familiar, hasta que sus recuerdos evocaron a ese niño de cabellos tricolores difíciles de olvidar. Sólo había alguien en el mundo con ese peinado puntiagudo y tricolor: Yugi Moto.

-Yu…Yugi.

El silencio calló; un silencio incómodo y pesado. Mientras las miradas azules y amatistas de Yami y Kaiba se conectaban, porque habían logrado reconocerse. En las memorias de ambos estaban esos recuerdos; aquellos momentos en que peleaban y se odiaban.

Yami y Kaiba sólo podían contemplarse en medio de aquel silencio sin quitar sus ojos de encima el uno del otro.

La pesadilla había comenzado.

Continuará...