Historias de Hogwarts

Por Cris Snape

Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a JK.Rowling y sus asociados. No tengo ánimo de lucro al escribir estas historias, así que no me demandéis por violar los derechos de autor, por favor.

Resumen: Evan Rosier, Myrtle la Llorona, la profesora Sprout, Ritchie Coote... Los personajes olvidados de Harry Potter se dan cita en una serie de relatos breves. Porque ellos, también existen. Aunque, por supuesto, no podemos olvidarnos de Ron Weasley, Blaise Zabini o Sirius Black. Todos ellos están juntos, pero no revueltos. Espero que os guste.

54

Vernon Dursley

Una vida perfecta

Vernon Dursley llegó bastante cansado del trabajo, pero se encontraba muy feliz. Había logrado endosar una partida de taladros defectuosos a un comerciante imprudente, obteniendo, de paso, una cuantiosa cantidad de dinero que le permitiría irse con su familia de vacaciones a, digamos, Mallorca. ¡Oh! Eso sería maravilloso. Hacía mucho tiempo que Petunia quería ir a un lugar cálido y agradable a pasar el verano, y acababa de surgir la oportunidad perfecta para cumplir sus deseos.

Vernon cerró los ojos y se golpeó su abultada barriga con satisfacción. El viaje de regreso había sido un poco molesto, por el tráfico y todas esas cosas de su vida cotidiana, pero el hombre no dejaba de verle el lado positivo a ese hecho. Había tenido ocasión de lucir su nuevo, lujoso y carísimo coche nuevo. ¡Oh! Sus vecinos se morirían de envidia, y todos esos empleados de la fábrica también. Le había costado cinco años ahorrar para poder comprarse el vehículo, pero había merecido la pena. A Petunia le encantaba e, incluso, Dudley estaba contento. Vernon le había prometido que heredaría el coche viejo y, aunque el chico podría aspirar a cosas mejores con el tiempo, a su edad era el único que podía presumir de tener a su disposición un automóvil. Era maravilloso.

Vernon agitó una mano, buscando ese botoncito del sillón que le haría recibir un reconfortante masaje en su maltratada espalda. El susodicho sillón también era nuevo. Petunia se había encaprichado de él una semana antes, en el centro comercial y ¡Qué demonios! Podían permitírselo. Tenían dinero, no iban pasarse la vida como si fueran mendigos o algo así. Y era tan cómodo... Vernon ronroneó, acomodándose un poco mejor, y encendió la televisión. La mejor del mercado, por supuesto. Él y su familia se merecían lo mejor. Tenían lo mejor.

Vernon suspiró, pensando en el pasado. No era algo que hiciera muy a menudo, siendo como era un hombre que vivía aferrado al presente y que siempre velaba por el futuro. Pero ese día, por alguna razón, se sintió melancólico y recordó al chico de veinte años que un día fue. Un joven que soñaba con tener una esposa educada y complaciente, un hijo que fuera el mejor en todo y una casa enorme en uno de los mejores barrios de la ciudad. Un chico que había querido tener una vida perfecta, como de película, y que la había conseguido trabajando mucho. Quizá demasiado.

Pero había merecido la pena. Tenía todas las cosas que pudiera necesitar o pagar. Tenía un hijo encantador, que aspiraba a ser un auténtico triunfador. Y a Petunia. No podría haber encontrado una mujer mejor. Buena cocinera, confidente fiel y apoyo incondicional en cualquier circunstancia. No era un tipo sentimental, pero Vernon Dursley sentía que la quería. No había entrado en sus planes eso de estar enamorado de su mujer, pero le agradaba estarlo. Eso sólo contribuía a hacerlo más feliz.

Así pues, ahí estaba Vernon, recostado en su sillón de cuero negro, viendo un divertido programa en televisión, esperando a que Petunia preparara la cena y pensando en lo maravillosa que era su vida. No le faltaba nada. Ese verano, incluso, se habían animado a poner el aire acondicionado. Era un gran invento, sí señor.

Pero, cuando Vernon Dursley más disfrutaba regodeándose de su buena fortuna, escuchó un ruido procedente de la planta superior y sus ojos se abrieron con alarma y disgusto.

Otra vez ese chico.

Vernon gruñó. No le faltaban cosas. Le sobraban.

Como movido por un resorte, se puso en pie y se acercó a la escalera.

-¡Deja de armar tanto escándalo, muchacho!

Sólo había necesitado saber que Harry Potter estaba vivo, respirando bajo el techo de su casa, para sentir una ira ciega contra él. ¡Cómo lo odiaba! Desde el día en que lo encontraran en la puerta de su casa, siendo un bebé, Vernon había comprendido que el maldito chico sólo les traería problemas. Y no se había equivocado. Esa gente se paseaba por su casa con total impunidad, despertando la curiosidad de los horrendos vecinos, diciéndole lo que debía hacer en su propio hogar. Amenzándole con quién sabía qué cosas si no hacía lo que ellos le ordenaban.

¡Maldito chico!

Vernon apretó los puños. El ruido cesó, aunque el hombre podía ver a Potter tirarse con enojo sobre la cama, y él regresó a su sillón, intentando olvidarse del chico nuevamente. Antes, estuvo a punto de lograrlo. Cuando volvió del trabajo y vio el número cuatro de Privet Drive, y pensó en su maravillosa familia, en lo bien que le iban los negocios, en su coche nuevo y en sus futuras vacaciones. Pero Él estaba allí, estropeándolo todo, recordándole que su vida no era tan perfecta como había creído, destruyendo todas las ilusiones que se había forjado en su juventud.

Desesperanzado al pensar en que, tal vez, nunca podría librase del chico, ni lograr que su vida fuera totalmente perfecta.



Hola a todo el mundo (bueno, a los que no estéis leyendo HP7 :)) Pues sí. Hoy he decidido colgar la viñeta de Vernon Dursley. Quizá no sea un buen día, pero hay que aprovechar la inspiración, digo yo. Además, no es muy larga, así que no os quitará mucho tiempo echarle un ojo y, de paso, prepararos para la siguiente historia, que será para Zacharias Smith... (¡Oh, qué ganas!)