Invader Zim es propiedad de Jhonen Vasquez y Nickelodeon. Esta obra es sin ánimos de lucro.


-Eres mi favorita-


[Alice P.O.V.]

Solo otra parada, solo otra parada y estaremos en la ciudad, desde este pueblo puedo ver el brillo en el horizonte, es brillo que solo puede ser causado por edificios y electricidad. El pequeño pueblo en el que nos quedaremos esta noche está bien protegido, patrullas, gente amistosa, dejo que una sonrisa se forme en mis labios mientras saludo y camino entre la gente.

Nunca pensé que este planeta terminara asi, cuando llegue tenían guerras, eran menos que perfectos. Pero esto es diferente, no esperaba que sucediera nada de esto. Distraigo mi mente con una extraña visión, "tréboles"

Detrás de las cosas, en la arena, unos cuantos tréboles en el suelo, es extraño pero fascinante, aún tengo la necesidad de aprender y comprender cosas nuevas, mi especie la tenía. No quiero pensar que él decía la verdad, que ne realidad soy la última.

Me arrodillo y corto uno con facilidad, lo observo de cerca, puedo olfatear ese olor tan único de los tréboles, tan fresco y debido a falta de mejores palabras… tan encantador. Me pierdo en su olor, en su color, en su textura, en las pequeñas venas entre las hojas. Esas típicas tres pequeñas hojas.

-¿Extraño no?- me estremezco y chillo por el susto, miro a mi espalda de dónde provino esa voz algo ronca y con asentó, no sé si es inglés o irlandés.

Es un hombre algo más alto que yo, su pelo es de un color castaño obscuro, anteojos con el cristal izquierdo algo agrietado. Chaqueta negra, camisa café debajo, pantalones azules vaqueros y botas marrones. No sé a rasurado en un tiempo.

-Los tréboles querida… nunca he visto algo así en el desierto- dice señalando mi mano con el Trevor el cual acerco a mi pecho, me siento incomoda, temerosa, intento mirar a otra dirección pero no puedo evitar dar miradas así el.

-S… si… es raro…- es lo único que logro decir, desearía que Gaz estuviera aquí, ella le alejaría, desearía que Dib estuviera aquí, el me hacía sentir segura… estoy tan desesperada que desearía tener a David para que le dijera que se largara, siempre fue amable, incluso después de nuestro primer encuentro, ojala no hubiera sucedido lo que paso con él.

Cuando me doy cuenta me sorprendo ya que él está justo frente a mí, con una rodilla en la arena, su mano toma uno de los tréboles, este tiene cuatro hojas.

Mi corazón late más rápido, tengo miedo, su sonrisa no me da confianza y sus ojos verdes son extraños, es como si viera lo que soy. Él toma una de mis manos, no puedo resistirme y no le toma nada de esfuerzo guiarla y abrirla poniendo el trébol en ella.

-Sabes una cosa querida, tengo tiempo buscándote- comienza, mis manos tiemblan, su agarre se hace más fuerte cuando tomas mis muñecas -…veras, tus amigos son difícil de hallar, pero tu…- el libera una de mis manos y con uno de sus dedo toca mi nariz como si fuera una niña -…tu eres especial tu destellas en este mar de humanos como un faro, con el equipo apropiado claro- vuelve a tomar mi muñeca y me ala hacia el, puedo sentir su aliento frio en mi rostro y escucho su corazón que palpita de manera irregular, lento y sin ningún ritmo.

Lágrimas escapan de mis ojos, el miedo me ha superado, no puedo ni darle un choque eléctrico por el terror de lo que él quiere. Cierro los ojos, no quiero verle, entonces siento sus dedos en mi rostro, liberando mis muñecas que pongo contra mi pecho, sus dedos limpian mis lágrimas y empieza a tararear una tonada, una canción de cuna.

No puedo contener los sollozos, el tacto con su piel es frio, abro un poco los ojos, su sonrisa es más normal, incluso tranquilizadora.

-Tranquila, no te sucederá nada… te lo prometo…- no sé si aterrarme o creerle, con una mano toma mi barbilla y la otra termina de limpiar mis lágrimas -... vine por ti querida, siempre fuiste mi favorita…- sin darme tiempo de decir nada me entrega un beso corto en los labios, mis ojos se abren por completo y luego su boca se coloca tan cerca de mi oreja que me estremece su aliento.

-…incluso después de haberme freído el cerebro en Nuevo México- entro en pánico, quiero correr, quiero regresar con Gaz pero no puedo moverme, siento sus brazos tomándome y levantándome como novia, él sonríe, solo puedo mover mis ojos y mi cuello un poco.

Comienzo a perder la conciencia, el latido de su corazón se convierte en un ritmo casi arrullador, como si de repente hubiera cambiado a un compás lento y constante. Quiero gritar, quiero huir pero mi garganta no funciona, mis cuerdas bocales simplemente se han quedado mudas.

-Bueno, esto salió mejor de lo que pensé- su voz zumba en mis oídos, casi no puedo entender sus palabras -…pensé que tendría que matar a alguien para esto… es una lástima- suspira y su pecho se infla y adelgaza, siento sus brazos sostenerme con más fuerza -…supongo que será mejor irnos, mis amigos en vegas no hubieran sido tan amables… ¿ya te dije que eres mi favorita?- su pregunta suena una más como una burla.

Siento sus labios en mi frente, entregándome un beso corto y aspirando la esencia de mi cabello, pudo sentir como empezamos a movernos, no puedo mirar a mi alrededor y mis ojos empiezan a cerrarse, un guardia nos ve, se acerca, grito en mi cabeza pero el solo se queda a unos cuantos pasos.

-¿Qué sucedió?- pregunta, yo sigo gritando a mis adentros, quiero que haga algo, que le dispare, que me libere.

-Oh… bueno, mi pequeño melocotón bebió demasiado esta noche, resulta que…- se quedó en blanco, el guardia parece alterado, no se está tragando esto, me alegro e ignoro las náuseas de cuando me llamo "su melocotón" -…bueno… ella se emocionó mucho con nuestro compromiso- quiero abofetearle, el guardia le habré paso y deja escapar una risa "¡NO! Has algo, detenlo" intento gritar.

-Felicidades amigo, es una linda chica- quiero llorar pero ni eso puedo, el me sostiene con más fuerza y nos marchamos, no puedo más con el cansancio y termino cerrando mis ojos, tengo miedo, le temo a esta obscuridad, quiero despertar y que todo sea una pesadilla.

Nos detenemos y eso me hace abrir los ojos, el me deja en el suelo, se gira y regresa con el guardia que esta de espaldas, intento hacer algo pero no sucede nada, no puedo evitar cuando él toma un cuchillo de su chaqueta y lo clava justo en la nuca del pobre hombre.

El regresa después de tomar el cuchillo, me toma en sus brazos, algo de sangre de sus manso cae en mi frente, creo que lo que me tenía congelada está pasando pues siento mis lágrimas escapar de mis ojos.

-Ya, ya querida. Todo estará bien, pronto tendremos mucho de qué hablar- sin decir otra cosa continuamos, el efecto regresa y mi cuerpo se paraliza y mi mente se nubla.

-Por cierto, puedes llamarme David- ríe durante unos minutos, puede que más, ya que finalmente me rindo ante el cansancio.


Espero les haya gustado, sé que es corto, pero estuve ocupado pero ahora espero ponerme al corriente, gracias por su comprensión y recuerden dejar sus comentarios.