Planetarium del Cometa - Capítulo 52: El cumpleaños de Ike
Si no fuera por que decidimos cenar todos juntos, solo veríamos al otro grupo cuando nos vamos a dormir. Esta prueba nos obliga alternar nuestros turnos para superarla y eso implica que mientras nosotros estemos en la planta baja, ellos se pasarán las horas en el ático y viceversa.
—¿En qué día estamos? —pregunta Kirby pretendiendo encontrar respuesta en Lucario
—Hoy estamos en once de diciembre.
—Martes, ¿verdad? —se suma Peach mientras pela una gamba.
Afirmamos gran parte.
—Pronto es fin de año —ríe Pit—, a ver quiénes seremos.
—Si ahora somos diez… La noche de las uvas seremos siete solo.
Muchos nos impactamos ante la sorprendente habilidad de Lucario para el cálculo. Si solo seremos siete significa que el concurso está en las últimas.
—¿Tan pocos? —pregunto yo—. Entonces el concurso acaba el mes que viene, ¿verdad?
—Si todo va bien sí. La gala final es entre cuatro personas; si lo pensamos bien quedan sobre unos cuarentaiséis días de programa.
Alucinamos. Parece mucho, pero llevar tantos meses aquí provoca que este número sea un tanto escaso para nosotros.
—Esto de que seis de nosotros deban quedar fuera de la gran final me parece repugnante —Samus tira la servilleta en la mesa en señal de indignación.
Aun así, Ike se trata de consolarla:
—Así es el juego, guapa —le dice antes de besarla.
—¿Y si propusiéramos de quedarnos aquí a vivir después de que acabase todo?
La idea que ha propuesto Kirby no es mala si la analizamos objetivamente. Por desgracia, no es así a ojos de los demás y ellos mismos se encargan de demostrárselo con ruidos de despecho.
—Estela no nos aceptaría.
—Yo creo que sí, Link —Samus sonríe con ironía entre sus dientes.
—En tus sueños.
Ambos ríen y provocan que alguno de los demás suelte una pequeña risa.
—Bueno, yo me voy a dormir, que ahora que nos han puesto camas hay que aprovecharlas. Seguro que ya no podré después del sábado.
Sonic se retira seguido por Lucario, Peach, Kirby y Pit. En la mesa nos quedamos Ike, Samus, Link, Midna y yo.
—Mejor que recojamos esto… —Samus se levanta sin esfuerzo y empieza a apilar platos. Me fijo en que ya no lleva muletas que le sirvan de soporte para andar con su pierna rota y casi que apoya el pie con total normalidad en el suelo.
—¿No te haces daño ya? —Link se sorprende como yo.
—No —se gira—, este vendaje que me han puesto tiene función sanadora progresiva. Mañana si todo va bien me lo quitan.
—Eso es una buena noticia —responde él.
Midna bosteza como nunca ha bostezado en su vida.
—¿Vamos a dormir o qué?
—Yo me quedo —vuelve a hablar Link.
—¿Aún?
—Sí —dice frotándose los ojos. La twili ríe.
—¿Ves? Si es que tienes sueño.
—Pero me quiero quedar aquí…
—Yo que tú iba a dormir —se añade Ike.
—Ya, pero si ahora me quedo no molestaré a nadie con la luz encendida; tenemos dormitorio, vosotros podéis dormir y yo estar despierto.
—Mañana te levantarás tarde entonces, y nos toca el primer turno en las máquinas —sigue Samus.
—¡Que me quedo aquí despierto, y punto!
Todos se callan ante el genio que Link ha mostrado. Nadie lo ha visto nunca con este carácter y los ojos rojos que ahora fija en nosotros. Ike y Samus se van a la habitación sin opinar y nos quedamos los tres solos. Midna se encarga de romper el silencio:
—¿A ti qué mierda te pasa, tío?
—Nada, simplemente quiero hacer una cosa y vosotros no me dejáis.
—No me gusta tu actitud últimamente, ¿eh?
—No es de mi incumbencia eso —le responde desganado.
—Sabes más que nadie que aquí los cambios drásticos son los que te pueden tomar de la mano y acompañarte a bajar la trampilla de la biblioteca.
—Parece una amenaza.
Tras eso Link mira a Midna de reojo.
—Lo sería, pero hay gente que me importa demasiado como para liderar a todos los que están ahí durmiendo e ir a por ti.
La chica me pasa la mano por el hombro mientras señala con la otra mano el dormitorio. Él tan solo retira su plato y se encierra en la biblioteca, seguramente para decir ahí todo lo que no se ha atrevido a soltar ahora.
—¿Vamos a dormir nosotras? —me mira la chica.
—Me parece bien.
La sigo hasta la bóveda sin hacer nada, como siempre. ¿Por qué no actúo cuando es necesario? Siempre me dedico a observar mi entorno a modo de espectador aun cuando el tema que se está hablando me involucra, ya sea directa o indirectamente.
Parezco estúpida. Con esta afirmación termino el día y caigo rendida en la cama.
La noche que paso es, junto con la de la expulsión de Saria, la peor hasta ahora. Creo haberme levantado en cinco ocasiones cuando abro los ojos por última vez y me encuentro con Kirby a un palmo de mi nariz.
—Despierta —dice flojito.
—¿Eh?
Mi confusión es aún mayor cuando intenta arrastrarme fuera de la cama, al igual que Lucario intenta sacar a Sonic. Obedezco sin saber qué está pasando y dejo a Ike y a los dos nombrados en el dormitorio. Fuera nos esperan Samus, Midna, Link, Peach y Link de brazos cruzados.
—Venga, que se despertará —señala Samus.
—¿Qué pasa?
—Hoy es el cumpleaños de Ike. Ahora queríamos ir a la biblioteca para ver si nos podían dar globos o algo para decorar el Planetarium un poco antes de que se levante.
Levanto las cejas al oír eso; es el primer cumpleaños que celebramos. Seguramente haya habido concursantes que ha sido su aniversario desde que empezó el programa, pero ya no están entre nosotros. Entramos ordenadamente en la biblioteca una vez Sonic y Lucario se han incorporado a nosotros y nos sentamos alrededor del sofá para empezar nuestra feliz solicitud:
—Buenos días —nos dice la Voz cuando estamos todos atentos.
—Buenos días —devolvemos el saludo—. Hoy Ike cumple veintiséis años y hemos decidido prepararle algo similar a una fiesta de cumpleaños —explica Samus después.
—¿Una fiesta?
—Hace tiempo que no disfrutamos un día entero y nos quedamos hasta altas horas de la noche riendo. Nos parece que podemos aprovechar esto y volver a pasarlo bien —dice Sonic.
—Sí, además que ya estamos muy estresados de tantas semanas aquí dentro. Queremos evadirnos un poquito y de paso celebrar lo de Ike como se merece —complementa Link.
—Entonces… ¿Qué necesitáis?
—¡Oh, sí, espera!
La novia del protagonista del día saca un papel del bolsillo de su pantalón de pijama, emocionada. Empieza a leer la lista de la compra.
—Muchos globos, gorros de fiesta, cintas para colgar, una corona, un pastel, una piñata, y demás decoración varia —dice feliz para luego añadir—. Todo de temática militar.
Preguntamos por eso último.
—Ike es mercenario. Si le ponemos globos de colores y una piñata de unicornio se va a quedar a cuadros.
Nos parece lógico, así que seguimos. Sonic interrumpe la compra para dirigirse a Samus.
—Me sorprende que sepas organizar un cumpleaños.
—No, si esto lo ha hecho Peach. Donde yo vivo no se celebra que cumples años, sino que sobrevives un año más.
Este comentario nos deja lo suficientemente fríos como para seguir callados hasta que la Voz rompe el silencio:
—Se han aceptado todos los productos de la comanda excepto el pastel. El programa solo lleva comida los domingos, al inicio de cada nuevo ciclo del concurso.
—No pasa nada —dice Kirby—, si me perdonáis lo de inflar globos me pongo ahora en la cocina e improviso una tarta para el cumpleaños.
Nos parece bien la propuesta. Nos indican que los materiales solicitados llegarán a la astronave en veinte minutos y Kirby se dirige a su puesto de trabajo. Hasta ahora no me he percatado de la hora: son cerca de las ocho y media. Si dejamos dormir al peliazul hasta que nos convenga tenemos bastante margen para los preparativos.
Aun con esas Samus nos indica que no hagamos excesivo ruido por si acaso, aunque ya debe conocer que Ike es de sueño profundo.
Un buen rato después vamos a nuestra nueva olla balancín que ocupa parte de la zona de césped y nos tumbamos ahí algunos de nosotros. Apilándonos, cabemos seis personas, dejando a Samus y a Lucario de pie esperando.
—Me estás pisando el riñón con el codo, Sonic.
—Es que esto es para dos o tres personas como máximo, parecéis estúpidos —nos dice Samus a lo que Lucario se limita a asentir callado.
—Samus, por favor, acude a la biblioteca.
—¡Voy!
La nombrada se va corriendo a por los materiales que hemos pedido hace menos de media hora y Lucario la sigue calmado. Los demás tratamos de salir del nido, pero nos es imposible:
—Link, aparta.
—¡Está Midna en medio!
—Yo saldría si no fuera porque Sonic me sigue presionando los riñones.
—¡Ayuda!
Parecemos algo similar a un monstruo contrahecho, inmóviles y con las extremidades pidiendo socorro mediante torpes movimientos. Afortunadamente llega la caza-recompensas y nos ayuda mientras Lucario sostiene todo y lo empieza a abrir con la ayuda de cada rescatado. Midna se pone a contar.
—Los globos, las cintas… Está todo.
—¡Pues empecemos!
Tras el grito de guerra de Pit nos ponemos a inflar los sesenta globos de colores un tanto apagados pero muy compatibles con Ike. Seguidamente y con varias complicaciones conseguimos colgar cintas con su nombre en las partes más altas de la planta inferior de la astronave. La piñata es una granada de un tamaño considerable, lo que no sabemos es qué es lo que hay dentro.
—Con esto bastará, ¿no? —pregunta Pit intentando no ahogarse por la falta de aire que ha empleado en soplar.
—Sí, supongo. Ahora queda que estemos atentos para cuando…
—¡Felicidades! —grita Peach.
—Exacto, cuando se despierte Ike gritamos eso —aprueba Samus.
—Es que está aquí —dice la otra rubia.
Ike permanece delante de la biblioteca con una expresión que refleja el cruce entre el sueño y la felicidad.
—Así que os habéis acordado —dice.
—¡Felicidades Ike! —conseguimos decir los ocho a la vez.
Kirby se asoma por una pequeña ventana de la cocina para hacer lo mismo. El peliazul empieza a observar cada detalle que hemos preparado, se sorprende por la piñata e incluso se emociona, aunque trata de que no se vea mucho. Si fuera mi cumpleaños tampoco me esperaría esta colaboración entre mis rivales y el concurso por el simple motivo de mi día especial.
—Tengo hambre —comenta una vez ha desaparecido el rojo de sus mejillas, en un fallido intento de ir a la cocina.
—Tú siéntate, no puedes subir.
Samus lo conduce a la mesa en contra su voluntad y este se sienta. Pronto le trae una bandeja con un generoso desayuno en ella.
—¿Y esto? —nos sorprendemos los demás mientras Ike se frota las manos anunciando su atracón.
—Lo he preparado yo antes de despertaros.
—¿Pero a qué hora te has levantado tú, hija de mi vida? —Midna mira sorprendida a Samus.
Cierto es que Samus es la persona más seria que hay aquí junto con Lucario, pero siempre que tiene que sacar su lado más sensible lo hace sin ninguna dificultad y con la ternura más grande del mundo. Yo la escuché sufrir por Ike en su momento y me enteré de lo de su ex novio Snake, y lo que ha hecho hoy de lograr despertarse la primera dice mucho de ella.
No sé qué pasará con su relación una vez termine el programa, ya que la chica vive en una colonia espacial e Ike en uno de los reinos de Nintendo. Espero que el futuro les depare un buen lugar.
La mañana sigue sin tomarnos la prueba muy a pecho, ya que es su turno en las máquinas de peluches y van cada cierto tiempo para no perderse la celebración. Saben que esta tarde nosotros haremos lo mismo, pensamos estar todo el día cubiertos con la excusa del cumpleaños de Ike.
—Así que veintiséis años —dice el ángel en tono curioso—, qué viejo.
—¡Oye niño —Midna pega a Pit por el comentario—, que yo tengo su misma edad y aún somos bien jóvenes!
—Ya lo sé, era una broma —ríe él.
—Jóvenes o no…
Todos nos giramos para dar atención a la voz que estábamos esperando:
—…aquí está la tarta.
Kirby baja por las escaleras con una obra de arte. La pone en medio de la mesa para darle la presentación que se merece y todos nos vemos obligados a ahogar un grito para no romper la gran pantalla con el impacto de nuestra voz ante el metro y medio de comida que tenemos enfrente.
El pastel se basa en una montaña detalladísima de cadáveres que alza a una figura humana que representa a Ike, el cual sostiene su espada cara al viento, vestido con unas sangrientas ropas y una capa roja ondeando. Detrás de él y de sus víctimas hay unas figuras hechas de azúcar que simbolizan los últimos rayos de sol del día.
Kirby pulsa el botón que activa unas pequeñas llamas que surgen de entre los cuerpos derrotados por el mercenario.
El silencio que se crea halaga al pequeño cocinero, que responde a la pregunta que, por lo menos yo, me repito mientras repaso cada detalle:
—Sí, se come absolutamente todo —dice feliz.
—Kirby… Te quiero tan malditamente tanto…
Ike toma a Kirby y lo achucha hasta hacerle cosquillas.
—¡Nunca me habían hecho un homenaje de este calibre, tío!
—¡¿Pero cómo has hecho todo esto en una mañana?! —pregunta Sonic.
—Amo esto —Peach lo mira desde todos los ángulos posibles.
—Eso sí, no he hecho comida, así que solo comeremos postre hoy —dice el cocinero.
—Como si lo comemos todo el concurso, no me importa —Link curiosea los cráneos que representan haber caído de la montaña de cadáveres.
—Anda, exagerados. A comer, que no quiero acaparar todos los cumplidos. Es el día de Ike, no el mío.
El peliazul sopla las llamas a modo de velas y nos servimos una porción de la figura principal cada uno de nosotros. Nadie aparenta tener regalo hasta que Samus nos sale con una cajita.
—Felicidades, amor —se lo entrega a media comida y sin avisar.
—¿Y esto?
Ike deja de comer y se centra en abrir el regalo.
—Lo he hecho yo, como ya debes suponer.
Aquí no nos dejarían comprar cosas de fuera del concurso, pero Samus ha sabido tener un bonito detalle haciendo a mano un collar con las pequeñas piezas de los relojes que teníamos que arreglar en la prueba de los Infectados. La joya principal es una pequeña manecilla que, si no recuerdo mal, marcaba los segundos en dichos aparatos.
Ike se estremece y abraza a Samus, agradeciéndole con besos el detalle. Seguidamente se pone el colgante y se extraña por el momento en que Samus pudo confeccionarlo.
—Me lo pusiste fácil. No me vigilabas cuando te pasabas la semana en el ático haciendo la torre de naipes —le guiña la rubia.
El día se resuelve envuelto en una armonía que, francamente, creo que tardará en romperse y resistirá por días.
