Capítulo 52
Alma Toran
―Maldición ―se quejó Erix― que sermón nos dieron ―agregó llegando con Agar.
―Estamos en problemas ―agregó él suspirando.
―Los esclavos escaparon, eso sí es malo ―dijo Maia mirando al suelo.
― ¿Son muy importantes? ―preguntó Tsuna.
―Claro ―le respondieron― ellos son los que hacen trabajos pesados, sin contar que saben cosas de Jahat que los del pueblo no ―explicaron.
―Ya veo… ―se quedó pensativa― oigan, ¿Y si vemos ya los recuerdos? ―les ofreció.
― ¡Vamos, que la curiosidad me está matando! ―dijo la jefa con entusiasmo.
―Que entusiasmo Erix-chan ―comentó la maga de pelo anaranjado.
― ¡Claro! ¡Cómo no hacerlo! ―dijo con más entusiasmo.
Todos se sentaron, la de ojos rojos puso su báculo sobre el frasco y una luz blanca inundó la habitación. Al cabo de unos momentos unas imágenes comenzaban a plasmarse, una tierra solitaria en la comenzaban a aparecer diferentes criaturas. Acompañando estas imágenes una voz introducía y explicaba lo que se iba presentando ante ellos. A medida que lo hechos avanzaban, el semblante de los presentes mostraba cada vez más y más una gran sorpresa. Tardaron dos horas en ver todos los recuerdos, cuando los mismo finalizaron ellos quedaron plenamente impactados.
―N-no puede ser, Jahat es... Una de las marionetas del Al-Thamen ―murmuró Tsuna.
―Todo este tiempo nos mintieron, esos malditos ―bufó la de pelo negro.
―Hermano ―dijo con la voz temblorosa― ¿Lo que hemos estado haciendo hasta ahora realmente estuvo bien?
―Creo que no ―suspiró.
―Oigan, estos nos prometieron que el mundo por fin estaría en paz, nos dijeron que ellos eran los que amenazaban con destruirla… Al final les creímos ―dijo decepcionada la jefa.
―Por eso no me gustaba estar en este lugar, no puedo creer por lo que Aladdín y los demás pasaron… ―entrecerró los ojos.
Un silencio brutal se coló en el lugar, pero perduró poco.
― ¡Vamos a rebelarnos!
― ¿De qué hablas Erix?
―En este lugar somos los más fuertes ―explicó― por eso podemos rebelarnos contra Jahat, ganarnos el apoyo del pueblo ¡Podemos ganarles!
― ¡Pero sería una guerra civil! ―se levantó la de ojos turquesas con apuro.
―No necesariamente ―sonrió con satisfacción.
― ¿Y si nos aliamos con Balbadd? ―propuso Agar― los reyes y su magi nos echarán una mano seguro.
―No suena mal ―Maia subió la mirada― de pasada podemos reconciliar a Tsuna y Aladdín-san e incluso reunirla con su hermano ―sonrió.
Ella se puso roja al oírlo.
―Pero él ya no… Además yo lo rechacé.
― ¡SABES CUÁNTO NOS IMPORTA! ¡POCO Y MENOS! ―alzó la voz la comandante de la élite.
―Me contactaré con los demás miembros de la élite ―se propuso Agar.
―Bien Agar, yo hablaré con el rey Alibaba ―acotó Maia.
―Chicos, tengan en cuenta que Kayson está en Jahat ―advirtió Tsuna.
―Pero seguro que traman algo a sus espaldas ―le aseguró Erix.
Después de eso comenzaron a platicar sobre esta rebelión que tenían en mente, mientras que en Balbadd, estaban a punto de mandar a Kougyoku con la excusa de visitar a Tsuna al reino de la organización. Estaban todos en el puerto despidiéndose de ella. Entonces Alibaba recordó una conversación que habían tenido hace rato:
― ¿Estás segura de esto Kougyoku? Sobre ir a Jahat y hablar con… ―le preguntó preocupado.
Ella asintió tranquilamente.
―Después de todo, está mal odiar ―dijo entrecerrando los ojos― se dice que el amor puede transformarse en odio muy rápido ―suspiró.
―Lo he escuchado, pero nunca lo sufrí ―apoyó su mano debajo de su mentón.
―Es algo inquietante, aún hoy siento tanto odio como amor por Sinbad ―trató de sonreír― es hora de superarlo, lo miraré a la cara y le diré todo… Después de eso podré sacarme esta carga ―puso sus manos en su pecho.
―Pero ten cuidado, no sabemos si David lo está controlando o no ―le advirtió.
―Oye Alibaba-chan ¡Tengo a Vinea! ¿Acaso lo olvidas? ―dijo emocionada señalando su broche.
―Es cierto ―suspiró― realmente te agradezco que nos des una mano con esto, sobre todo porque tendrás que atravesar algo muy difícil.
Ella se levantó.
―Claro que lo haría, nunca, nunca abandonaré a mis amigos ―juntó sus manos― siempre estaré a sus servicios ―se inclinó.
La princesa subió al barco y asomando la mano de su kimono los saludó a todos con una gran sonrisa. Desde abajo, gritaban s nombre, le deseaban suerte y la saludaban con las manos. Ella miró el horizonte aun sonriente y pensó:
―Sinbad, ahí voy ―sus ojos rosas se iluminaron.
Unos días más tarde…
―Así que estoy en Jahat ―pensó mientras recorría en un carruaje el sendero al palacio―. Que nervios ―dijo viéndose las manos.
Al cabo de un rato llegan a la entrada y escoltada por otros guardias de su imperio. Allí la recibió una persona muy familiar para ella.
― ¡Tsu-chan! ―gritó corriendo a abrazarla.
― ¡Kou-chan! ―exclamó ella― ¡Qué alegría de verte!
― ¡Nos preocupaste Tsu-chan! ¡Me tienes que contar todo!
― ¿T-todo? ―preguntó nerviosa.
Se supone que la octava princesa de Kou tiene estrictamente prohibido preguntarle información sobre Jahat y lo que pasó con ella… Esto es para no levantar ni la más mínima sospecha de las autoridades del país.
― ¡Todo sobre lo que pasó entre Aladdín y vos! ¡Me vas a contar todo! ―exigió.
La maga accedió a hacerlo.
―Tenemos que ponernos al tanto de todo ―rio un poco la de Kouga.
La de ojos rosas miró a su amiga, notó que tenía un brazo cubierto de vendas.
― ¿Estás bien? ―le preguntó señalando la herida cubierta.
―S-sí ―dijo algo sobresaltada.
― ¿Pasó algo extraño en este lugar? ―se puso seria.
―No, no ―agudizó su voz un poco y sacudió la cabeza―. Solo ha sido un accidente en un entrenamiento, ya me repondré del todo ―sonrió cálidamente.
La comenzó a guiar por el palacio. Kougyoku se encontraba detrás de ella a unos pasos de distancia.
―Ojalá no me mintieras Tsu-chan ―frunció el ceño― pero no te debe quedar otra… Como cuando Aladdín-san se te declaró ―pensó con lástima.
Luego de mostrarle el lugar, evitando presentarle a los miembros de la élite por precaución. Ambas fueron a la habitación de la princesa, para charlar tranquilas.
―Karissa está enojadísima, ¿sabes?
Rio con nerviosismo.
―Me la esperaba, me fui de tal manera ―desvió la mirada.
Hubo un breve silencio en el que la de pelo rosa miró la habitación con disimulo. En el escritorio notó dos papeles, por arriba un frasco y un colgante. Sorpresivamente se levantó y puso en una de sus manos la cadena en la que quedó colgando la gema roja.
―Esto lo dejaste en Jahat ―afirmó― te lo han enviado, pero ¿Por qué no lo usas?
La muchacha se levantó y le respondió:
―Porque tengo miedo que se rompa ―lo puso entre sus manos y lo miró con tristeza― además esa persona me lo dio ―lo dejó en el escritorio―. Me trae demasiados recuerdos difíciles ―suspiró.
De inmediato se percató de que ella no quería hablar demasiado del tema.
―Bueno, bueno ―dijo Tsuna tratando de alivianar el ambiente― Alanna me contó algo sobre la persona que te gusta ―se sentó en una silla.
― ¿E-en serio? ―tartamudeó.
― ¿Quién es?
―Oh vamos… No tiene que ser todo sobre mí ―dijo la princesa intentando dejar de lado el tema.
Ella frunció ligeramente el ceño.
―Pero desde que llegamos no me parabas de preguntar lo que pasó con Aladdín ―replicó― nunca me contaste nada sobre la persona a la que quieres.
Se escuchó escapar de sus labios un hondo suspiro, entrecerró sus ojos rosas.
― ¿Recuerdas al rey de Sindria que desapareció?
Ella asintió.
―Su nombre era Sinbad ―agregó la maga.
―La cosa es que yo…. Estoy enamorada de él, a pesar de todo lo que pasó.
― ¿Todo lo que pasó?
―Él me usó para llegar a mis hermanos, me dio falsas ilusiones… Llegué a odiarlo, pero con el tiempo, me di cuenta que aun así lo quería y que nada lo cambiaría.
