Wizengamot
Era Viernes treinta y uno de Agosto del dos mil uno, Hermione estaba apunto de dar el cierre a su audiencia. Ya habían pasado dos años desde que había entrado a trabajar en el ministerio y sabía que este era el momento que había esperado. Tenía cada detalle preparado, ya habían pasado todos los testigos y contactos clave, tenía el apoyo de la gente. Si no lograba aprobar la reforma en esa audiencia, significaría que Remus tenía razón y que el mundo mágico no estaba listo para cambiar, que debía esperar décadas para hacer cambio.
Sujetó sus carpetas y suspiró pensando en todo lo que había pasado para que ella estuviera ahí.
Había pasado un poco más de un año desde la entrevista que Harry hizo al El Profeta y el mundo mágico estaba conmocionado. En los primero meses cada mago y bruja de la comunidad sintió la necesidad de sumergirse en el debate sobre la reforma de Hermione.
Si Harry Potter la apoyaba, tenían que por lo menos considerarlo.
Las nuevas generaciones la apoyaban, quizá no tan vocalmente, pero había gente que la defendía. Alguno de verdad creían en la propuesta, otros tenían familiares, amigos, conocidos infectados con licantropía y otros apoyaban por ser parte del trío que los salvó que Quién-no-debe-ser-nombrado.
Pero no todos tenían una visión positiva de su trabajo. Muchos llamaban a la reforma una falta de respeto a los daños causados por hombres lobo durante la historia. Decían que era una falta de criterio de parte de Hermione y desestimaron sus argumentos por ser una hija de muggles, por no ser criada bajo los valores de una familia mágica.
La bruja no le interesó lo que pensaban de ella por la reforma, ya llevaba una cicatriz en su antebrazo que le recordaba todos los días que era una hija de muggles, así que un par de palabras por lechuza o en columnas del diario no le parecieron importantes, así que que decidió responder sumergiéndose en su trabajo.
No hubo vacaciones y pocos días Hermione descansaba, fue así como, sin dejar de lado sus responsabilidades en la división de Bestias, logró poner en marcha sus proyectos paralelos. En agosto logró colocar en marcha la primera ley que protegía a los Elfos Domésticos contra la violencia de sus amos y como regalo de navidad recibió la aceptación de cada una de sus evidencia en contra de Dolores Umbrige.
- Doscientos treinta y siete años en Azkaban - sentenció el juzgado en enero.
El mundo mágico celebró que la horrorosa bruja maltratadora de niños y bestias, separadora de familias y trepadora social, por fin iba a pagar por sus actos. Hermione se encargó de desestimar su defensa, que estaba basada en el hechizo Imperio y recopiló cada transgresión que la bruja había hecho desde mucho antes de la segunda guerra mágica.
Pero su proyecto principal era la reforma de los hombres lobo y por ella trabajaba sin parar, sin vacaciones y a veces sin medir su cansancio. Estaba completamente agradecida de sus amigos, que estuvieron a su lado siempre. Ya se había convertido en una rutina para Ron ir a su departamento después de su turno en Sortilegios Weasley, para encontrarla sobre la mesa durmiendo sobre sus apuntes. Cada vez Hermione balbuceaba sobre todo el trabajo que aún le quedaba por hacer, mientras el pelirrojo la llevaba en brazos a su habitación y se encargaba de cubrirla con el cobertor, apagar las luces del comedor y pedirle a Croockshanks que la cuidara.
El gato le maullaba y saltaba a los pies de la cama, siendo por primera vez civilizado con el pelirrojo.
Los Weasley le celebraron cada festividad del año, hicieron una pequeña cena sorpresa en honor a sus veintiún años y no la dejaron poner excusas para saltarse la fiesta de navidad o la comida de pascua. Siempre la recibían con los brazos abiertos a pesar de que se saltase juntas y que a penas había visto a Victoire Weasley dos veces desde que nació.
Harry por otro lado era su contacto con el mundo muggle y la única distracción que Hermione aceptaba sin demasiada discusión. El mago la convenció de pasar su cumpleaños en Thorpe Park junto a Ron y Ginny, a pesar de que le tenía terror a las montañas rusas. La llevaba a almorzar en el ministerio por lo menos tres veces por semana y era el único que podía pedirle cambiar sus planes.
Pero más importante, él era el único que podía hablarle de Remus Lupin.
- No quiere que pases años atrapada con una ley que, según él solo te traera problemas - le recordó Harry luego de comentarle cómo estaba Teddy - no quiere que estés marcada por apoyar a los hombres lobo. Dice que no vale la pena arriesgar tu reputación en lo que es simplemente imposible.
- Como si mi reputación fuera intachable - comentó Hermione irritada - ¿Y tú piensas como él, Harry?
- ¿Pensar como él?
- ¿Crees que es simplemente imposible?
Hermione lucía preocupada, estaba perdiendo las esperanzas y sabía que Harry no le iba a mentir.
- Si hay alguien que puede lograr lo imposible, Hermione, eres tú.
Era exactamente lo que Hermione necesitó escuchar para seguir a pesar de todo los meses de trabajo sin éxito. Porque ya se había tenido otras cinco audiencias frente al Wizengamot, cada una mejor que la anterior, pero todas negativas al final.
Marceline había sido ascendida después de una de las audiencias, pero a pesar de todo el nuevo trabajo, seguía trabajando en el proyecto incluso más que antes, pasaba casi todos los sábados en el departamento de Hermione o recopilando material histórico en la biblioteca del ministerio.
Bran era otra historia. El mago era experto en los detalles de las leyes y los había salvado de pequeñas tecnicalidades que hubiesen terminado en grandes problemas para la reforma. Era la persona con experiencia en el equipo y a pesar que por su cargo no trabajaba tanto con las brujas en la oficina, podían encontrarlo casi todas las tardes en el departamento de Hermione.
La bruja se acostumbró a tenerlo cerca y aprendió a confiar en él. Era un mago muy perceptivo, siempre sabía cómo se sentía y qué decir para hacerle sentir mejor. Un don que según él había adquirido por tener dos hermanas y que le fue útil cuando Hermione tuvo un inesperado ataque de pánico en su departamento. En marzo la bruja quería cortar un trozo de pan y al sacar el cuchillo su mente solo pensó en la daga de Bellatrix, su antebrazo empezó a arder, empezó a escuchar la risa descontrolada de la mortífaga y gritó con fuerza sin dejar de ver el cuchillo.
Bran estuvo en menos de cinco segundos a su lado. Por primera vez el hechizo que cubría su cicatriz dejó de funcionar frente al mago y pudo verlo en vivo y en directo.
- Hey, estoy aquí - le aseguró Bran quitándole el cuchillo de la mano y colocándose frente a ella - no es nada, no está pasando nada, estoy aquí.
Cinco minutos pasaron hasta que Hermione dejó de sentir que le dolía el pecho y avergonzada se disculpó con su colega, quien le dijo que no tenía por qué disculparse y sin hacer ninguna pregunta, guardó el cuchillo y movió la varita para cortar el pan.
Hermione no tardó en darse cuenta de que Bran no solo era bueno en su trabajo, era inteligente y con él podía compartir conversaciones y debates con facilidad, lo que siempre agradecía porque aunque Harry y Ron eran sus mejores amigos, a veces solo hablaban de quidditch y misiones con los aurores. Percy siempre fue una salvación en las juntas de los Weasley.
Aunque nunca dejaban de trabajar, siempre encontraban momentos para discutir temas que leían en alguna revista o discutir las nuevas políticas de Kingsley. Bran ya tenía asignado un sillón en el departamento de Hermione y había aprendido como ella tomaba el té.
En retrospectiva Hermione sabía que no debió haberle sorprendido tanto cuando Bran le dió un beso.
Estaban despidiéndose frente a la chimenea, cuando Bran se acercó y la besó. Había pasado más de un año sin besar a nadie y sin ni siquiera pensarlo, Hermione se quedó estática.
- Lo siento, Bran - se disculpó la bruja separándose del brujo - no puedo.
Una parte de ella quería aceptarlo, decir que sí podía, porque él era todo lo que se podía esperar de una pareja. Lo conocía lo suficiente como para saber que no era perfecto, era algo obsesivo con el orden, muy competitivo, no le gustaba equivocarse y le frustraba desconocer datos, necesitaba un plan y horario para todo, además tenía manías para ordenar su escritorio y fruncía el ceño cada vez que Hermione doblaba una página en un libro en vez de usar un marcapáginas. Pero a pesar de todas esas cosas, Hermione veía que era genuino, que se sentía segura a su lado y que no la juzgaba.
Y sobre todo, Bran no había sido su profesor, no tenían casi veinte años de diferencia, él no era viudo, ni tenía un hijo. Si decidía estar con él, nadie se opondría.
Pero decirle que si era terriblemente aterrador, no importaba si era una decisión lógica. Hermione temía que si aceptaba tener algo con él, Remus iba a desaparecer completamente de su vida y no estaba lista para dejarlo ir, aunque sea como recuerdo.
- Lo entiendo - le dijo Bran con una sonrisa incómoda, notando como la bruja tocaba su propio antebrazo - supongo que leí señales que no estaban en realidad, espero me perdones y que podamos seguir trabajando juntos.
- No hay nada que perdonar, Bran - le aseguró Hermione - y yo también espero que podamos seguir trabajando juntos.
Una parte de ella todavía se preguntaba si había hecho lo correcto al rechazar a su colega, pero si no lo hacía hubiese sido injusto para ambos, así que estuvo de acuerdo con no hablar del tema y seguir trabajando junto a Marceline para la reforma.
Bran siguió apareciendo cada tarde en su departamento para trabajar y cuando llegó la conmemoración de la batalla final la acompañó junto a Marceline.
Hogwarts recibió igual que los años anteriores al ministro de magia y a todos los que perdieron a alguien durante la guerra. Hermione no había estado segura de ir, pero Kingsley le insistió en que se vería como símbolo de unidad y aunque no le gustaba tratar a la conmemoración como un evento político, todos acordaron que lo mejor para la reforma era asistir.
Y ahí, mientras Kingsley pedía un minuto de silencio y Bran le sujetaba la mano, Hermione vio al otro extremo a Remus, cargando a su hijo con un brazo y con la otra mano en el hombro de Andrómeda. Su corazón se aceleró y una lágrima cayó por su mejilla al ver lo grande que estaba el pequeño Edward Lupin. Su corazón se apretó y solo desvió la mirada cuando vio que Remus iba a girar su cabeza hacia ellos.
Hermione dio un planeado discurso después del de Ron Weasley y evitó hablar con los asistentes. Luego se dirigió directamente a su departamento para seguir trabajando en la audiencia que tenían planeada para cinco semanas después.
- Yo también quiero que esta reforma funcione, Hermione - le dijo Bran en junio, en la última audiencia - pero ya nos han rechazado muchas veces, quizá Marrytought tenga la razón y este no es el momento para una reforma de hombre lobos. Quizá debemos posponerlo y colocar otras leyes, ¿No querías sacar a los dementores de Azkaban?
- No tengo tiempo para que no sea el momento - insistió Hermione, dejando todos los papeles sobre su mesa - ya lo hemos hablado, los hombres lobo no deberían esperar.
- ¿Los hombres lobos, o el hombre lobo? - preguntó Bran desafiante.
- ¿ A qué te refieres? - preguntó la bruja, perpleja.
- No estoy enojado, Hermione - le explicó Bran con calma - pero me gustaría saber la verdad. No soy estúpido, estuve hablando con mi hermana, tú le ayudaste en Hogwarts con sus E.X.T.A.S.I.S., cuando supo que estaba trabajando contigo lo primero que me preguntó fue si había visto al profesor Lupin cerca tuyo, al parecer hace un año le había apostado diez galeones a una amiga que tú y el profesor Lupin terminarían juntos.
- Remus es mi amigo - se defendió Hermione - solo un amigo.
- Y eso es lo que yo le dije y es lo que yo pensaba - sonrió Bran acercándose a Hermione y tomándole la mano- sé muy bien que tienes una relación muy estrecha con las personas de la Orden del Fénix, se puede ver en tu cara que son las únicas personas en que en realidad confías y después de todo lo que pasaste ese año, lo entiendo, por eso nunca he creído las especulaciones de las revistas sobre si estás en una relación con Harry Potter, con Ron, con cualquier Weasley, ¡Por Merlin! hasta me rio cuando me hablan de Shacklebolt. Pero con él todo es distinto, te pones nerviosa cuando pedimos que él hable frente al Wizengamot o cuando lo viste en el atrio del ministerio.
Hermione se quedó muda, había olvidado el incidente en el atrio.
- Pero cuando fuimos a Hogwarts, para la conmemoración de la Batalla Final, no me quedaron dudas, la forma en que lo mirabas…
- Bran…
- Y como él te miraba.
Así fue como Hermione terminó confesando la verdad, con lágrimas en los ojos y evitando la mirada de Bran, quien la escuchó con calma mientras le contaba cómo todo había pasado inesperadamente y de la misma manera había terminado. Como Andrómeda amenazó con la custodia de Teddy y eso empezó la reforma de hombres lobos.
- Pero quiero que sepas que no es solo por Remus - le aseguró Hermione - Si ganamos, no significa que Remus vaya a volver conmigo, pero sí significa un cambio en la política mágica, sería el primer paso para que otras reformas puedan salir adelante.
Era la verdad, a pesar que todo había comenzado por él y por la que necesitaba que no se demorara un década, hace mucho que la reforma se trataba de mucho más que Remus Lupin.
- Por favor créeme que nunca ocuparía tu tiempo y trabajo por un capricho - insistió Hermione - espero esto no afecte en nuestro trabajo.
- De ahora en adelante, nada de mentiras, Hermione - le dijo Bran con seriedad- y eso incluye no ocultar información.
- Te lo prometo, Bran.
- Y cuando seas ministro de magia, podré elegir en qué departamento me pondrás como jefe.
Hermione pasó casi tres meses preparando la presentación, en la que llamaron a todos sus contactos a declarar. Newt Scamander desestimando sus propias leyes sobre hombres lobos; Medimagos que desmintieron mitos sobre licantropía; cuatro infectados que perdieron sus trabajos a pesar de nunca haber tenido problemas antes de sus mordeduras; Bill Weasley y Lavender Brown como atacados, pero no infectados; madres que buscaban ayuda para financiar la poción matalobos.
Y los más importantes, los niños.
Marceline consiguió el permiso de padres para que niños de diversas edades atestiguaran frente al Wizengamot. Dos alumnos que tuvieron que dejar Hogwarts hablaron de cómo habían sido mordidos en las vacaciones de pascua cuando Lord Voldemort aún controlaba el ministerio. Temblorosos hablaron sobre sus transformaciones y cómo tenían que encerrarse en jaulas cada mes. Tres menores de diez años que no esperaban recibir su carta del castillo subieron uno por uno al estrado, en sus mejores ropas, pero con unos ojos de cansancio.
- Y hay muchos más - finalizó Marceline cargando un bebé de menos de dos años - en frente de ustedes pueden encontrar una lista con los afectados que hemos podido contactar, desde recién nacidos, hasta magos de cien años, cada uno esperando que sus derechos se cumplan.
Se escucharon suspiros de sorpresa de casi todos los asistentes, Hermione había contado por lo menos tres ojos llorosos y un sin fin de desviaciones de la mirada. Marceline y Bran habían tenido razón, la mayoría de los magos pensaba en los hombres lobo solo como adultos.
Y ahora le tocaba a ella.
Hermione caminó al estrado y abrió su carpeta. Por un momento sintió que no estaba preparada, que iba a arruinar todo, pero recordó a Remus. Él le había dicho que solo necesitaba confiar en sí misma, que ella había descubierto el basilisco, que él era un hombre lobo, planeado el medio de comunicación del Ejército de Dumbledore.
Ella había sobrevivido a una guerra.
Sus palabras retumbaron entre sus oídos y la llenaron de confianza y empezó a dar cierre a su discurso, resumiendo cada uno de sus argumentos y como cada uno de los puntos de la reforma asegurarían el bienestar de la comunidad mágica. Que permitir trabajo, entregar pociones matalobos y quitar restricciones era la única manera de disminuir los contagiados.
- Y quiero agradecerle a cada una de las personas que se atrevieron a venir - comentó Hermione mirando a los hombres lobos, adultos y menores que la escuchaban - ninguna de estas personas cuentan con nuestra protección al salir del ministerio, probablemente los medios expondrán sus caras y se convertirán en blanco de todos los prejuicios de nuestra comunidad. Es hora de decir la verdad: el Ministerio no los protegió de sus atacantes y ahora los deja de lado.
Hermione tomó una pausa, todos la estaban escuchando, sintió los flashes de algunas cámara y miró otra vez a los pequeño niños que habían hablado, con sus caras llenas de cicatrices. Como reflejó miró la piel donde debería verse la cicatriz que Bellatrix le había dejado, pero que estaba oculta bajo hechizos. Sintió otra vez el nerviosismo, pero sin pensarlo sacó su varita y apuntó a su propio antebrazo, levantando el hechizo glamour que ocultaba su cicatriz.
- Hace unos años - improvisó Hermione sin dejar de ver su cicatriz- yo me sentí igual que ellos, me quitaron mis derechos, quisieron quitarme mi varita, me acusaron de haber robado mi magia, no quisieron que volviera a Hogwarts. Esa vez ustedes no hicieron nada para impedirlo, pero hoy ustedes pueden detener la injusticia que muchos están viviendo, pueden hacer algo al respecto, sin excusas, sin decir que hay otros temas que trabajar, porque los hombres lobo no piden un tratamiento especial, no piden financiamiento, no pide que los victimicen, simplemente esperan ser tratados como lo que son, magos y brujas como cualquier otro, que por la inseguridad de nuestro sistema, fueron atacados y relegados de la sociedad.
Hermione levantó la vista y miró a cada uno de los miembros del Wizengamot.
- No esperemos una nueva guerra para hacer lo correcto, muchas gracias.
Aun me dan ganas de no subir este capítulo porque hay muchas relaciones, escenas y acciones que me gustaría alargar, hacerlos capítulos po si mismo, pero siempre tuve planeado que este capítulo fuese así, como un recuento. Espero les guste y como ya ven queda muy poco para el final. Quiero agradecerles por los comentarios y mensajes, que son los que me dan ganas de escribir, espero escuchar que piensan.
Compren churros, corten su cabello, dibujen en los márgenes de sus cuadernos.
Simona Polle
