Epílogo 1 - Alexander Masen Cullen.

La vida en la Universidad era genial. No, Dartmouth era lo genial. O quizás Nueva Inglaterra. La casa también, así que ahora sabía por qué Edward había puesto tanto empeño en que se mudaran allí o el dinero que los Cullen habían utilizado para que les aceptaran en el college: El nivel era muy alto y las exigencias máximas pero el tiempo que pudo acudir a clase lo disfrutó un montón e incluso cuando tuvo que dejarlas por requerimiento médico lo hizo con gran pesar.

Se matriculó en todos los grados de Literatura que había, después se apuntó a clases de apoyo y como todos sus deberes y exámenes eran sobre leer libros o escribir ensayos ni siquiera podía quejarse.

Edward estaba más que exultante. ¿La Escuela de Medicina en menos de dos años? Le admitirían al acabar el siguiente semestre. Cualquier asignatura que hubiera con el apellido de "avanzada" allí estaba él y aún faltando semanas para los exámenes estaba segura de que ya era el primero de su clase.

Y después llegaba a casa, la ayudaba con sus deberes, se repartían las tareas - cuando no las hacía el sólo - y se acabó de gritarle al hombre con quien compartía vida que recogiera las latas de cervezas arrugadas de la mesa del salón tras ver los deportes en la tele porque Edward ni veía deportes no bebía cervezas… por lo menos en casa.

Eso era una ironía. Edward era perfecto.

La casa era todo lo que se podía imaginar o incluso un poco más. Estaban a las afueras del campus y debían de moverse en coche para asistir a las clases, pero estaban muy cerca del Hospital y de incluso la Biblioteca. Era una zona bonita, con casas similares en el barrio, jardines y gente que paseaba sus perros. Bella nunca creyó que encajara en un sitio así porque en todos los que había vivido con sus padres había estado un tanto alejada de la vida comunitaria pero todo el mundo era muy amable, de esos que te saludan cuando te ven sacar la basura o te ofrecen sal si se te acaba al cocinar. Era un sitio perfecto.

Como todo lo de su interior. Esme había hecho sin duda el mejor trabajo de decoración de su vida: una cocina moderna y funcional, un salón enorme donde estaba el piano de Edward, una habitación de invitados y un baño en el piso inferior. En el piso de arriba estaba una preciosa habitación para Alexander con todo su mobiliario y las paredes de color azul con el nombre escrito en divertidas letras, un estudio que compartían ella y Edward, otro baño y su habitación principal con también su propio baño. Cuando la vio se quedó de piedra porque era la habitación de la isla con una cama hasta similar, lo que pasa que sin mosquiteras y las patas nuevas. Estar allí era hasta mágico y sólo faltaría el ruido del mar proveniente de su terraza.

Edward parecía también feliz pero no cesaba de decir que cuando Alexander fuera un poco mayor se mudarían porque allí no había espacio para los tres - la adquirieron cuando sólo vivirían los dos - pero Bella hacía oídos sordos porque le encantaba.

Por el resto de la vida Universitaria… no podía mentir que había sido un pelín duro estar bajo el escrutinio de las miradas de sus compañeros los primeros días. ¿Qué creía? Era la chica embarazada. Nueva y embarazada. Pero enseguida le dejó de importar. Como en Forks. Quizás ya lo había superado. Nunca fue muy pródiga en eso de hacer amistades pero compartía clases con un par de chicas muy agradables así que cuando tuvo que abandonar por prescripción médica se alegró mucho cuando se ofrecieron a llevarles los deberes o a quedar con Edward para que les entregara los trabajos. Esa parte no mucho. Edward en Dartmouth levantaba tanta expectación como en Forks y eso que siempre tenía la cabeza metida en un libro y llevaba un anillo muy brillante en su dedo que le encantaba lucir.

Sobre el desarrollo del embarazo: si pensaba que su máxima complicación habían sido las nauseas que le acompañaron hasta el cuarto mes, qué equivocada estaba. Quizás por el ajetreo, por la mudanza, por el comienzo de las clases o por el ritmo que se había impuesto al octavo mes le diagnosticaron peligro de desprendimiento de placenta así que no le quedó más remedio que hacer caso a los médicos si no quería discutir con Edward cada vez que intentaba despegar el culo del sofá.

Pero todo fue bien. Tras Acción de Gracias - donde se reunieron todos, y Charlie - en Forks, Esme y Carlisle se mudaron a Nueva Inglaterra así que cuando no estaba estudiando o en la clases de apoyo y Edward en clase, no se sentía tan sola. Las chicas eran muy agradables pero no le apetecía contarles sus problemas de embarazada primeriza, y estaba segura que a ellas tampoco les apetecía escucharla. Se mudaron a su propia casa a quizás unos 10 minutos de la suya pero en el momento de las complicaciones Esme no tuvo ningún tipo de problema a acampar en la habitación de invitados para echarle una mano.

Y ahí sí que sentía lástima que Renee no hubiera decidido hacer algo así y que siempre fueran los Cullen los que la apoyaban en sus momentos más delicados.

Charlie por el contrario estuvo a punto de tomar un avión. Quién lo diría, con lo mal que le había sentado la noticia en primera instancia. En Acción de Gracias ya había traído el prometido guante y bate de baseball minúsculo - no fuera que alguien se le adelantara, como anunció - y contaba los segundos para que naciera. Parecía emocionadísimo. Hablaban constantemente por teléfono y a veces hasta le pedía que se pusiera el auricular en el vientre para que su nieto fuera acostumbrándose de su voz. Así que cuando supo de las complicaciones sólo Carlisle le detuvo diciendo que era algo bastante normal en un embarazo de una chica de su edad, que estaba todo controlado y que su presencia sólo generaría estrés en Bella. Así que a regañadientes, el jefe de Policía no abandonó Forks sólo ante la promesa de que cuando pasara algo no perdieran tiempo en llamarle.

Así que así estaban a punto de entrar en la semana 37, anclada en la cama por obligación y con unos dolores de espalda tremendos porque el bebé era feliz recostándose en su nervio ciático que le hacía que se le durmieran las piernas.

El despertador sonó y como cada mañana Edward lo apagó de un manotazo para después suspirar, rascarse los ojos y bostezar. Encendió la lamparilla, miró el reloj como si el aparato se pudiera haber equivocado y dejó la cabeza caer de nuevo en la almohada con un quejido. Las 6 y media. Tenía clase a las 7 y media. Y volvería como poco a las 5 de la tarde. ¡Y estaba tan calentito en la cama con Bella! Además, estaba seguro que no había pegado ojo en toda la noche porque cada vez que se movía le despertaba y eso había sido un montón de veces. La pobre estaba desesperada. Pero nunca perdió la sonrisa y siempre se dejaba para el último lugar, típico de Bella. Todo el mundo debía de estar cómodo antes que ella y feliz antes que ella. Y no podía decirle nada porque era la persona más testaruda del planeta y sólo le contestaba diciendo lo feliz que era llevando su bebé en su vientre lo que a veces le exasperaba. No es mi bebé, es nuestro bebé, le respondía él. Pero hacer cambiar de opinión a Bella era muy complicado y por eso ni siquiera había protestado cuando se tuvo que quedar de reposo absoluto. Lo veía como su don, ¿irónico, verdad? Ser la madre de su hijo era su don, cuando él era el único afortunado de poder haber creado un ser maravilloso con alguien tan increíble. Pero eso estaba presente en su mente cada vez que se la había podido leer. De lo que ya hacía…

No, era muy temprano para agobiarse.

Se giró en la cama y le acarició la nariz con la suya. Bella sonrió con los ojos cerrados pero no se movió por lo que él aprovechó para besarle en los labios, luego en el cuello y más tarde bajar por el escote destapándola para llegar al vientre. Era enormemente perfecto, enormemente redondeado y albergaba aquella cosita tan fascinante. Tenían un montón de ecografías que le encantaba mirar e incluso una en cuatro dimensiones donde se veía su carita a la perfección. Bella decía que era igual que él, por lo menos el perfil y la forma de los labios. Para él era un ser increíble.

-¿Cómo estás?- le susurró entre beso y beso.

Y como siempre Bella contestó.

-Bien- y bostezó.

-¿Has dormido?- añadió.

-Algo. No se ha parado de mover. Parece que está nervioso.

-Lexie- dijo en un beso en el vientre posando hasta los labios- Tienes que dejar dormir a mamá. Ella está haciendo mucho por ti, para que crezcas y te pongas muy fuerte.

Bella se rió y le acarició los cabellos dejando que le resbalaran entre los dedos. Edward se incorporó con una sonrisa para repetir el beso en los labios.

-Sigo sin ver eso de "Lexie". Creo que es muy cursi para un niño. Parece la marca de un coche.

-Entonces- un nuevo beso- sólo se lo llamaremos nosotros. Y la marca del coche es "Lexus".

Bella volvió a reír y se incorporó para besarle también, aunque ahora para que durara más que un leve roce de labios que Edward respondió encantado para terminar resbalando hasta su cuello.

-Puedo saltarme la primera clase y quedarme aquí contigo- murmuró contra su piel.

-¿Para hacer, qué? Porque ya lo dijo Carlisle: nada de relaciones sexuales.

Sí, había sido bastante humillante que entre los consejos para llevar mejor el riego de desprendimiento de placenta la abstinencia hubiera sido uno de ellos. Y que a ambos se le sonrojaran las mejillas no se lo hizo pasar mejor. Aunque con este volumen no le apeteciera tampoco tenía que ser por prescripción médica.

-No me lo recuerdes- refunfuñó- Y sólo me refería a quedarme aquí, contigo y velar para que descanses.

-Tienes prácticas. Y Esme está abajo- respondió Bella- Ella me ayudará, no te preocupes.

-¿Seguro?

-Seguro. Ve y déjales alucinados.

La volvió a besar y después se incorporó. Se revolvió los cabellos antes de levantarse y así fue hacia la ventana para correr las cortinas. Hacía un día un tanto gris, pero no el gris de Forks, un gris muchísimo menos deprimente. Por la noche parecía haber llovido y el jardín estaba húmedo. Mejor, así no habría que regarlo. Sin más le apagó la lamparilla con el vano deseo que se quedara dormida y entró en el cuarto de baño.

Bella suspiró sola en la habitación y miró desde su ángulo de la cama lo que podía ver por la ventana. Nubes. Esponjosas y altas. Llovería. Genial. Se giró para quedar boca arriba y mirando ahora a la lámpara se acarició el vientre. Ese niño era tan hiperactivo como Alice, llevaba horas moviéndose. ¡Horas! Sentía como la barriga se le deformaba con cada patada. Quizás con sus piececitos o con sus codos. Y ese le repercutía en la espalda y en el nervio ciático que le dejaba sin sentido.

Si se lo decía a Edward no se movería de su lado en todo el día y sus clases eran lo primero. Cuando salió del baño - ya vestido- se hizo la dormida y así bajó a la cocina a desayunar, antes incluso corriendo la cortina para dejarla a oscuras.

En cuanto encendió la cafetera y puso la televisión en un canal de noticias, la puerta del cuarto de invitados se abrió para que Esme saliera ya vestida y con su gran sonrisa. Le encantaba tenerla en casa. Más que eso. Saber que estaba con Bella le daba una paz increíble y sabía que las dos se entendían muy bien. Con Esme, Bella no discutía y hacía caso a todos sus sabios consejos y cuando no lo hacía que tomara el móvil para decir que si se lo preguntaba a Carlisle hacía a Bella obedecer sin protestar.

-Buenos días, hijo- le besó la mejilla- ¿Qué tal noche habéis pasado?

-No muy bien. Pero ahora parecía dormida. Le debe de doler mucho y ha estado toda la noche despierta.

Esme le acarició la espalda con su sonrisa tranquilizadora y se quedó allí mirando mientras él acababa su café. Antes de soltarlo ya pronunció algo con la boca llena y señaló el planning sujeto con imanes en la nevera.

Desde que Bella estaba de reposo absoluto y con riesgo de padecer cualquier tipo de hemorragia que la llevara directa al Hospital, había trazado un planning donde decía en qué momento estaba del día, a qué hora, si disponía de teléfono móvil o por el contrario tenían que llamar a la centralita de qué edificio del campus donde estuviera dando clases.

-Lo sé- respondió Esme- Ve tranquilo, yo cuido de Bella.


Cuando Bella abrió los ojos el despertador de la mesilla marcaba las 9. ¿Se había dormido? Que maravilla. Apenas un par de horas pero así tiraría todo el día. El bebé estaba en el más absoluto de las tranquilidades así que si no fuera porque tenía que hacer pis se quedaría allí otro par de horas más, por mucho que estuviera escuchando la aspiradora en el piso de abajo porque Esme se había empeñado en hacer limpieza porque así se sentía menos estorbo de estar ocupando una habitación en su casa, cuando lo único que hacía era ayudar y darle compañía.

Se deslizó por la cama para salir por el lado de Edward en dos tiempos: primero estirando las piernas para saber si las sentía o no - medio dormidas pero la sujetarían - y después incorporándose cual ballena varada para quedar sentada. Ahí sintió un tirón en la espalda y una presión horrible en los riñones pero cuando se quedó en cuclillas, algo fue terriblemente mal: sintió un líquido correrle muslos abajo y un dolor tan agudo en el vientre que casi la hizo caer.

-¡Esme!- fue lo único que acertó a decir- ¡Esme!

El ruido de la aspiradora cesó y medio segundos después la puerta del cuarto se abrió. Esme primero tenía gesto curioso, quizás preguntándose qué la hacía llamarla a voces cuando no quería que hiciera nada por ella pero después de terror cuando la vio doblada de dolor.

-¿Qué va mal, cariño? ¿Qué es?

Corrió a su lado para sujetarla, pero Bella no pudo ni contestar. El bebé dio una patada tremenda dentro que le hizo doblarse más de dolor a la vez que notaba más líquido caer.

-Creo que estoy sangrando- exhaló.

Esme la ayudó a sentarse y la examinó. De la cara, blanca como el papel, a los labios secos y por último la ropa que llevaba: una camiseta de Edward e incluso unos calzoncillos suyos. Era absurdo discutir con ella cuando estaba tan incómoda como para que pusiera algo más apropiado.

-No es sangre- le contestó- Acabas de romper aguas.

-¿Qué? ¿Va a nacer?

El cerebro se le desconexionó. Había pasado tanto miedo desde estas semanas que llevaba encerrada en casa pensando que haría algo mal que dañaría al bebé y le haría sufrir una hemorragia que le pusiera en peligro de muerte - Carlisle se lo había dejado muy claro desde asfixia donde habría que hacerle una cesárea de urgencia hasta daños irreparables - que de su mente se había quitado cualquier tipo de situación donde todo ocurriera normalmente. Por eso se había prometido ser la enferma perfecta, no moverse y no cansarse para que el bebé creciera sano y fuerte porque era lo único que le quedaba en su mano.

-¡Sí!- exclamó Esme emocionada- Todo saldrá bien. Llamaré al Hospital ahora mismo. Tiene que localizar a Carlisle y…

-Llama a Edward- exhaló de nuevo- Tienes que llamarle. Tiene que…- ahora sopló- Creo que tengo contracciones.

-No hay tiempo que perder- dijo convencida.

A Bella no le dio tiempo ni a abrir o cerrar los ojos cuando Esme ya no estaba a su lado. Abría el armario para sacar la bolsa que llevaba semanas preparada de ropa para Alexander y después salió del cuarto. El planning, el planning, se repitió Bella pero cuando volvió a aparecer llevaba su móvil en la mano junto con las llaves, el abrigo puesto y el bolso en el otro.

-Vamos al Hospital, ya he llamado. Están localizando a Carlisle, ha tenido una urgencia y no responde a su móvil. Y en el edificio de Ciencias ya están llamando a Edward por megafonía.

La cargó con cuidado por los hombros y caminaron despacio hacia el armario de nuevo. Se calzó las primeras zapatillas que encontró y dando tumbos salieron escalera abajo. En el hall, Sparkles apareció para despedirse con un maullido, Esme incluso le contestó al gatito que todo iría bien, que pronto volverían con Alexander y salieron a la calle.

Hasta el coche estaba fuera. Seguro que era otra parte invisible del planning de Edward donde había trazado un mapa de los caminos más cortos, con menos baches y menos semáforos para llegar al Hospital, que habría hasta ensayado con Esme. La ayudó a subirse por la puerta del copiloto, rodeó el coche para subir en el del piloto y antes de arrancar el nuevo SUV - su coche familiar aunque no se había despendido del Volvo porque como él decía tenía muy buenos recuerdos con él - la miró para sonreírla.

-Todo irá bien- repitió- ¿Lista?

Solo asintió y se recostó en el asiento. Estaba más lista que nunca antes. Y más muerta de miedo también.


Esas explicaciones eran soporíferas y tener que aguantar una clase de Anatomía cuando era lo único que no había cambiado desde la última vez que había acudido a la Universidad sin bostezar lo era aún más. Y aquel profesor era un patán. Empezaba a hablar y no dejaba que nadie le interrumpiera aunque blandiera el bisturí delante de su cara como si de un mondadientes se tratara.

Les indicó que se acercaran a los cuerpos en grupos de cuatro y a él poco le importó quién estuviera en el suyo. No había hecho demasiados amigos en clase y apenas hablaba con media decena de chicos porque tampoco le interesaba: tenía que ser el primero para entrar en la Escuela de Medicina y mientras ellos planeaban salidas a fiestas, él volvía a casa con Bella. Además, sabían que estaba casado. Debían de parecerle más bicho raro que cuando iba al instituto de Forks y desaparecía en los días soleados.

Uno de los chicos - el engominado que hablaba de las pertenencias de sus padres y que era la cuarta generación que acudía a Dartmouth - le tendió el bisturí a él porque sabía que sería el primero en hacer la práctica e incluso se hizo a un lado. Todos parecían revueltos por el olor a formol de la sala y en la primera práctica de esa semana algunos habían salido a vomitar por la impresión de estar delante de los cadáveres. Pero a él ni le incomodaba, ni le asqueaba así que hizo el primer corte antes incluso de que el profesor diera la orden. Vale, seguro que el engominado vomitaría de nuevo. Sería divertido cuando eso lo hicieran en una sala de urgencias de verdad.

-Te están llamando, tío- le dijo otro de los chicos dándole un golpecito en el hombro.

Le miró como si no supiera a qué se refería. Ese le caía bien. Era de la zona centro y también había venido allí con su novia, de la que hablaba constantemente. Era amable. Sabía que Bella estaba embarazada y le preguntaba por ella, y siempre se ponía en el grupo que estaba él. Nunca había sido muy pródigo en eso de hacer amistades pero con él lo intentaría.

-¿Cómo?

Y entonces lo oyó. Un chirridito por los altavoces de la sala para que después una voz nasal dijera:

-Edward Cullen, por favor. Póngase en contacto con su familia, es muy urgente. Edward Cu…

Lo siguiente ni escuchó. Tiró el bisturí sobre la mesa y se quitó la bata y los guantes en bloque para salir de la sala. Antes de llegar a las puertas ya conectaba su teléfono móvil y antes de que éste tuviera cobertura ya marcaba en el dial rápido el número de Bella.

Buzón de voz. ¡Mierda! Marcó el número de Carlisle y también fue al buzón de voz y cuando se percató de que Esme sería la que se puso en contacto con la Universidad ya estaba a punto de sufrir una taquicardia.

-Que esté bien, que esté bien…- murmuró mientras se sucedían los tonos.

-¡Edward!- exclamó la voz de Esme desde el otro lado.

-¿Qué ocurre? ¿Dónde estáis?

-En el Hospital, cariño. Se llevan a Bella a la sala de dilatación.

El cerebro de desconexionó. ¿La sala de dilatación? Se imaginaba que le diría algo terrible: que estaría sangrando, que le esperaban para que diera el consentimiento para la cesárea o que su presión era tan alta que los dos estaban corriendo peligro, no que…

-¿Está de parto?

-Sí, ha roto aguas en casa. Tienes que darte prisa. No deja de preguntar por ti.

Bajó las escaleras tan deprisa que todos sus pasos resonaron en el edificio de Ciencias para plantarse en el aparcamiento de estudiantes antes posiblemente de que Esme colgara al otro lado. Desbloqueó la alarma del coche para que la ráfaga de luces y pitiditos le indicaran donde lo había dejado porque ahora ni lo recordaba y puso en marcha el motor antes siquiera de cerrar la puerta para ponerse rumbo al Hospital.

Estaba apenas a unas manzanas de la Universidad, pero le pareció que tenía que cruzar la maldita ciudad más cuando le tocó un camión de reparto más lento que una tortuga delante. Lo sobrepasó incluso poniendo dos ruedas en la acera y cuando llegó a la entrada del Hospital aún le seguían pitando por su temeridad.

Dejó el coche entre un jardín y unos contenedores con peligro de que se lo llevara la grúa y accedió al centro por la zona de residentes. Conocía aquel Hospital ya como conocía el de Forks, pasaba todo el tiempo que podía allí con Carlisle pero en aquel momento no sería capaz ni de encontrar el cajón de los cubiertos en su cocina.

-Hola- le dijo a una recepcionista que mascaba chicle mientras tecleaba algo en un ordenador- Soy Edward Cullen, me acaban de llamar de que mi mujer está de parto.

La chica le miró y frunció el ceño para estallar la bomba del chicle.

-¿Cuál es su nombre?

-Bella. Isabella Cullen. Es paciente del doctor Cullen. Soy su hijo.

-Oh…- musitó la chica- Un momento, por favor- explotó una nueva bomba del chicle y cogió un auricular con micrófono para decírselo- Doctor Cullen, por favor, su hijo…- sonó la voz de la chica megafonía.

-¡No!- exclamó casi saltándole a la chica encima- ¡Estará con ella! La llevaban a la sala de dilatación.

-Entonces, tercera planta. Coja el ascensor y…

Echó a correr haciendo que sus zapatillas chirriaran para parar el ascensor antes de que se cerrara sin él dentro.


-¿Estás mejor así, cariño?- preguntó Esme.

Bella asintió pero no emitió sonido más que no fuera dejar escapar el aire entre los dientes por el dolor. Compungió el gesto, apretó los ojos, se cogió a la baranda de la cama y hasta unos 10 segundos después no se relajó.

Esme le frotó la espalda, le echó el pelo hacia atrás y sólo se mantuvo a su lado hasta que la contracción pasara, cosa que llevaba haciendo desde la última media hora.

-Esa ha sido fuerte- suspiró exhausta.

-Lo estás haciendo muy bien, cariño. Estoy muy orgullosa de ti- le volvió a acariciar la espalda- ¿Estás mejor? ¿Más cómoda de lado?

-Sí, gracias. ¿Dónde está Edward? ¿Por qué tarda tanto?

-Quizás había tráfico. Estará aquí enseguida.

-¿Has avisado a Alice y a Rosalie? Quiero que estén aquí. Rosalie se enfadará mucho si no la avisamos.

-En cuanto llegue Edward, las llamaré.

-¿Y a Charlie? ¿Has llamado a mi padre?

-Cariño- dijo Esme- Es el momento de que te ocupes de ti. ¿Por qué no te relajas ahora que no tienes contracciones?

Iba a decir que tenía razón pero toda la gente que quería ser partícipe del nacimiento de Alexander no se le iba de la mente. Rosalie, con todo lo que la había ayudado. O Alice. ¡Echaba tanto de menos a Alice! ¿Por qué Austin estaba tan lejos? Y su padre y Renee. Renee no parecía exultante con la inminente llegada de su primer nieto pero así eran Renee y sus trivialidades.

La puerta de la habitación se abrió de golpe chocando incluso con la pared contraria para que Edward apareciera como si le fueran persiguiendo por el pasillo: con las mejillas encendidas, el pelo más revuelto de lo habitual e incluso jadeando por el esfuerzo. El rostro se le iluminó cuando vio a Bella en la cama y voló hacia ella para abrazarla.

Y entonces ese fue el momento en el que Bella se derrumbó:

-Oh, Edward- gimió- Tenía tanto miedo de que no pudieras venir.

-Ya estoy aquí, amor- le besó la frente- ¿Cómo te sientes?

-Ahora bien, pero hace un segundo no tanto. Las contracciones duelen mucho.

-Enseguida te podrán dar algo- y levantó la vista para mirar a Esme- ¿Dónde está papá? ¿Por qué no está monitorizada ni tiene una vía cogida?- preguntó como si fuera ya el médico y se desenvolviera en un parto a cada minuto.

-Bella no quiso hasta que llegaras. Carlisle está en una urgencia y aún no ha podido venir, pero ha mandando a una matrona muy amable.

-Iré a hablar con ella, entonces. E intentaré que me pongan en comunicación con él sea en el quirófano que sea- dijo en su tono calculado.

Se incorporó de la cama y a punto estuvo de girarse pero Bella le sujetó por el brazo. Le miró con ojos suplicantes e incluso le tembló el labio inferior mientras lágrimas le seguía corriendo por las mejillas así que no le quedó más remedio que quedarse a su lado. Al diablo con el planning. Al diablo con todo lo que había estudiado estas últimas semanas: procedimientos hospitalarios y medidas de urgencia ante un parto. Bella le necesitaba a él, no a alguien que diera órdenes y le pusiera más nerviosa de lo que probablemente estaba.

-Por favor…- musitó.

-Está bien, está bien- la volvió a abrazar- No me moveré de tu lado. No me moveré de aquí hasta que Alexander haya llegado.

-Lexie al fin y al cabo no está tan mal- sonrió Bella.

Él también y le besó en la frente para acariciarle los cabellos, revueltos así que esa mañana ni se habría peinado. Por la hora en la que le había llamado Esme habría roto aguas a primera hora así que su presentimiento de haberse quedado en casa había sido totalmente acertada, así al menos Bella no se habría asustado tanto, Esme no se tendría que haber ocupado de todo y él no tendría que haberse subido a una acera con el coche con peligro de matar a alguien.

-¿Quieres un poco de agua, cariño? La matrona dijo que debías de mantenerte hidratada hasta que te pusieran la vía.

-No, necesitaría ir al baño, por lo menos antes de que me venga la siguiente contracción. Me desperté con ganas de hacer pis y he recordado que aún no lo he hecho.

Esme se incorporó de la silla junto a la cama y le levantó la sábana para ayudarla así que le quedó claro que ella la acompañaría. Bella se cogió a su cintura y dando un tumbo saltó de la cama. Esme le besó la mejilla cuando quedó de pie y le miró a él para decir:

-¿Qué te parece si llamas a Alice, a Rosalie y al padre de Bella para decirle que estamos en el Hospital? Yo no he tenido tiempo.

Hasta que Esme no cerró la puerta del cuarto de baño no sacó su teléfono del bolsillo para marcar el número de Alice. Sonó un tono, luego una musiquilla en espera estridente como Alice y después su gritito:

-¡Edward! ¡Hasta ahora has esperado para llamarme! ¡No sabes cómo me defraudas!

-¿Lo has visto? ¿Has visto a Bella ponerse de parto?

-No sabía lo que era. La vi doblarse de dolor y a Esme corriendo por la casa, así que en ese mismo momento, por si acaso mis visiones eran pasadas y no futuras, hice la maleta y me vine al Aeropuerto. Mi vuelo sale en unos minutos.

-Genial, Bella quiere que estés aquí. Espero que vengas antes de que haya nacido.

-No sé- murmuró- Tu hijo no colabora mucho, nunca me deja ver nada respecto a él. Signo inequívoco del legado de tu herencia- se rió.

-Muy graciosa- replicó él.

-Ya he avisado a Rosalie, ella ya ha embarcado. Jasper y Emmett se reunirán con nosotros en cuanto puedan. De nada- añadió sin tomar aire.

-¿Y al padre de Bella, le has avisado también?

-Oh, no- se rió- Eso te lo dejo a ti. Porque yo le caigo bien y no quiero darle la noticia de que su única hija se está retorciendo de dolor por no haberte dado cuenta de lo que habían avanzado los métodos anticonceptivos desde 1918.

-¿Te gusta torturarme, verdad?

-¡Me encanta!- se volvió a reír- Nos vemos en el Hospital. Dale un beso a Bella. Y dile que todo irá bien. ¡Y que la echo de menos!- exclamó antes de colgar.

Miró la pantalla de su móvil donde le indicaba la duración de la llamada de Alice y como con ella no podía contar y su hiperactividad le cansaba en exceso respiró hondo para buscar el número de Charlie Swan en su agenda. Pulsó el botón de llamar y esperó mientras carraspeaba.

Buzón de voz. ¿Qué pasaba con todo el mundo hoy? Aunque era de esperar en Charlie. Apenas usaba su móvil para hablar con Bella y seguro que estaba trabajando, así que buscó el número de la estación de Policía de Forks:

-¿Podría hablar con el jefe Swan, por favor?- le dijo a su intercomunicador.

-Está ocupado en este momento, ¿quiere dejarle un recado?

Y ahí activó el protocolo de emergencia: el que le dijo Charlie que usara si pasaba algo y su ayudante no le dejaba hablar con él.

-Soy Edward, Edward Cullen, es de parte de su hija. Estamos en el Hospital y…

-Un momento, señor Cullen, le paso la llamada- le interrumpió.

El ayudante le transfirió a una música de espera y al instante apareció la tosca voz de su suegro.

-¡Edward! ¿Qué pasa, chico?

-Bella está de parto, señor.

-¿De parto?- repitió- ¿De parto… normal?

-Si, ha roto aguas. La han llevado a la sala de dilatación y ahora sólo esperamos el ritmo normal de la naturaleza.

-¡Dios mío! ¡Que buena noticia! Cogeré un avión lo antes posible. Tengo que llegar a Seattle y… Dile que voy para allá y que todo saldrá bien. Aunque… seguro que tú cuidas de ella.

-Eso téngalo por seguro. ¿Podría llamar a la señora Dwyer? A Bella le gustaría verla.

-Por supuesto. Nos vemos pronto, chico.


-Oh, que alivio- suspiró Bella volviéndose a recostar en la cama- Echaba de menos estar de pie, pero no sabes lo que pesa esta barriga ya.

Esme le tapó de nuevo con la sábana y Edward le colocó las almohadas mientras ella se acariciaba el vientre una y otra vez. Le había puesto un camisón de hospital de florecillas y con él parecía con un tamaño mucho mayor, además de que su barriga se había deformado considerablemente; era como si el bebé estuviera en diagonal. Al menos no daba patadas, parecía cómodo, se había olvidado de apretar su vejiga y del nervio ciático.

-¿Crees que perderé todo este volumen?- añadió.

-Claro que sí, cariño.- respondió Esme- En cuanto le empieces a dar el pecho al bebé, lo perderás todo.

-¿El pecho?- repitió- Podré darle el pecho.

Era una idea que había descartado desde que le habían hablado de las complicaciones dado que posiblemente alumbraría por cesárea y por la anestesia se lo desaconsejaban, así que le gustó poder tener esa posibilidad. Lo haría, por seguro. Le habían regalado un montón de biberones bonitos pero parecía que tenían que esperar a ser usados.

-He hablado con Alice y ella y Rose vienen de camino. Y tu padre tomará el primer vuelo. Él hablará con tu madre- dijo Edward.

Renee. ¿Renee allí? Era algo difícil de conseguir. Y estaba enfadada con ella. ¡Muy enfadada! Siempre había comprendido y respetado a su madre con sus ideas erráticas y hasta se había acostumbrado a estar por detrás de lo que fuera la moda del mes, pero ahora no se trataba de ella. Se trataba de Alexander. No había mostrado ningún entusiasmo por el embarazo - aunque lo esperaba - pero tampoco Charlie y ahora estaba emocionadísimo. No barajó la posibilidad de acudir a ayudarle cuando lo necesitaba y eso la enfadó aún más. Siempre había sentido lástima porque compartía más cosas con los Cullen que con ella y cuando tuvo la oportunidad de cambiarlo lo desaprovechó así que Esme se merecía ocupar su lado de la cama por méritos propios.

-Pero no vendrá- musitó.

-Claro que vendrá, amor. ¿Quién se querría perder conocer a Lexie?

Iba a contestar su madre que seguro que no querría pasar de una clase de yoga por la cabeza de chorlito de su hija con 19 años casada y de parto cuando el dolor volvió. Le apretó desde los pulmones, la cabeza hasta los tobillos e incluso gimió para volver a cogerse a la baranda de la cama como si fuera su única salvación.

-Ya está, amor, ya está- oyó la voz de Edward entre el dolor mientras le acariciaba su espalda dolorida- Es una contracción y enseguida pasa.

¿Enseguida pasa? ¡Y un cuerno! ¡Él no había estado allí en las anteriores y cada vez eran peores, más fuertes y más largas! Con razón las mujeres lloraban, gritaban y maldecían a sus maridos porque ese suplicio no se pagaba con nada más que con poder ver la carita de su bebé.

-Ya está- repitió- Lo has hecho muy bien, eres muy fuerte, estamos muy orgullosos de ti.

Asintió con la cabeza e incluso cerró los ojos. Quizás hasta se le estaba cayendo la baba pero ni podría limpiársela. Para colmó el bebé la pateaba. Le clavaba los tobillos, parecía enfadado. Intentó ponerse de lado, algo que Esme insistía, pero la puerta se volvió a abrir con el mismo brío que Edward hizo con su entrada.

-Lo siento mucho, me ha sido imposible salir de quirófano- dijo Carlisle- ¿Cómo estás, Bella?

Cruzó la habitación a paso firme con un solo objetivo: Bella. Aunque ella bien podía haberse tirado a sus brazos porque él era más su salvación que la baranda de la cama. Carlisle le diría que todo iría bien y que en minutos tendría allí a su bebé, que no hacía falta agujas, ni cortes ni nada por el estilo y que incluso los partos no dolían, que era imaginaciones suyas.

La única noticia mala que les había dado Carlisle era lo de la abstinencia por el desprendimiento de placenta.

Llevaba aún su pijama de quirófano y ni siquiera se había quitado el gorro, aunque lo llevaba desatado haciendo que las tiras se movieran por debajo de las orejas. Había aceptado un puesto en cirugía de urgencias - que era dar un paso atrás sobre su puesto en Forks ya que coordinaba todo el servicio - para poder mudarse allí con ellos, pero parecía feliz de realizar el trabajo, así tuviera que hablar con el mismo jefe de obstetricia para que le dejaran atender el caso de Bella como un favor personal.

Nunca sabría cuánto del dinero de los Cullen había hecho falta para eso también.

-Dolorida- admitió.

-¿Cada cuánto son las contracciones?

-10 minutos, quizás- respondió Esme- Pero lo pasa realmente mal.

-Miraremos de cuánto estás dilatada y te pondremos la epidural en cuanto sea posible.

-¡No!- exclamó Bella- ¡Nada de agujas!

-Bella, es lo mejor para ti y para el bebé- dijo Edward- Lo habíamos hablado y…

-No, tú lo hablaste, pero yo no quiero. ¿Sabes lo que dicen? Que no sientes nada de cintura para abajo, yo no quiero que nuestro hijo nazca así. Me tienen que pinchar con una aguja enorme en la espalda. Y no voy a poder soportarlo.

-Está bien- suspiró él- ¿Qué otras opciones hay?- respondió mirando a su padre.

-Veamos de cuánto está dilatada.- insistió- ¿Me permites?

Asintió con un suspiro y flexionó las rodillas separando las piernas. Hoy parecía que aquella parte de su cuerpo era la más importante para todo el personal de ese Hospital: La matrona que las había recibido también lo había hecho y esperaba que le diera mejores noticias que ella, pero sólo le bastó como Carlisle se ponía unos guantes y levantaba la sábana para palparla para ver en su cara…

-Unos tres centímetros.

… que aquello se iba a alargar más de lo necesario.

-¿Sólo?- preguntó Edward.

-Pediré que la monitoricen para saber cómo está el bebé y que le inyecten oxitocina para favorecer la dilatación. Es sólo una vía intravenosa, te prometo que no te dolerá y es lo mejor para que el bebé no sufra con las contracciones.

-Está bien- suspiró dejando las piernas caer.

Dos horas después, ni un centímetro más.

Tres horas después, cuatro centímetros.

Seis horas después, apenas cinco centímetros.


Esme estaba sentada junto a la ventana y Carlisle había tenido una llamada de urgencias así que había tenido que salir. Edward se había recostado en la cama con Bella porque así le daba mejores masajes en la espalda porque con eso era la única manera que parecía que le consolaba cuando Bella se retorcía con cada contracción.

-¿Y si no le gusto?- musitó mientras se acariciaba la porción de vientre que le quedaba entre las correas que iban al monitor.

-¿A quién?- preguntó él sin dejar de frotarle la espalda.

-A Lexie- sonrió al identificarle por primera vez así- Quizás no le guste.

-¿Cómo no vas a gustarle? No hay nadie en el mundo a quien no le gustes, mi amor. Eres extraordinaria y como madre ya eres insuperable.

-Tu opinión no cuenta- dijo con su rubor de mejillas- Y sabes que eso no es verdad. Nunca se me ha dado bien hacer amigos, por ejemplo.

-Fuiste mi amiga antes de ser mi novia, mi prometida o mi esposa, sí se te da bien. Contigo ha sido la primera persona del mundo con la que he sido yo realmente y con quien no tengo nada que ocultar.

-No soy una estudiante brillante, como tú- insistió.

-Porque he acudido dos veces a la Universidad- replicó.

-Ni soy una atleta, como Emmett.

-Y afortunadamente tampoco eres una camorrista como él- añadió.

-Edward, estoy hablando en serio.

-Lexie te ama por encima de todo, como yo. Como tú nos quieres a nosotros. No querrá separarse de tus brazos. Tendré que rogarte que me lo dejes coger un minuto.

Sonrió a la idea de tenerle ya allí entre ellos y cerró los ojos, lo que Edward respondió besándola en la frente donde posó sus labios largo rato. Ahora estaba cómoda y si la próxima contracción no se repitiera en menos de tres minutos intentaría echarse a dormir aunque la mitad de su cuerpo estuviera desmembrada y abriéndose a la mitad. Respiró hondo y relajada e intentó centrarse aparte de los pitidos que salían de la máquina que registraba los latidos de Alexander en la respiración y el corazón de Edward.

-Quiero que tengamos otro bebé.

-¿Qué?- dijo él para reírse.

-En dos años como mucho.

-¿Qué estás diciendo?- se rió- ¿Tanto efecto te hace la oxitocina?

-No, lo digo de veras. En todo este tiempo en casa he pensando más que nunca que para esto he nacido, éste era mi destino: ser la madre de tus hijos.

-Bella, ¿y tus clases? ¿y…?

-Para eso vine a este mundo,- insistió- por eso me fui a vivir a Forks; para conocerte, que volvieras a ser humano y crear otra vida contigo. Así que quiero que tengamos más bebés.

Edward reflexionó unos segundos, sonrió y le volvió a posar los labios en la frente. Y contra ellos dijo un "" así que cuando al segundo siguiente comenzó otra contracción, ni siquiera le importó.

Ocho horas después, el monitor indicaba sufrimiento fetal.


-Tenemos que ir a quirófano. Si sus signos vitales siguen así, tenemos que hacer una cesárea- dijo Carlisle.

Esme la sujetó con una mano y la otra no se separó de Edward. Estaba tan cansada que apenas pudo pestañear o patalear para negarse y durante un segundo le pareció una buena idea porque así Alexander ya estaría sano y con ellos. Pero el rostro de Carlisle, que parecía tan cansado como ella, no comunicaba nada de tranquilidad porque no se separaba de los monitores.

-¿No queda otra opción?- preguntó Edward.

-No, hijo, lo siento mucho. En estos casos se interpone el bienestar del feto y está sufriendo innecesariamente.

-Entonces, vamos- exhaló ella.

-Llamaré para que lo vayan preparando. Enseguida vendrán a buscarte. Edward, tienes que firmar unos formularios. Esme, puedes esperar en la sala de espera de los paritorios.

-¡No!- exclamó Bella aferrando más su mano- Esme tiene que estar presente. Tiene que estar a mi lado.

¿Hace eso sin Esme? ¡Jamás! Habían hablado del parto durante estas horas tantas veces que ya lo había visualizado en plan película si todo salía bien, con ella soplando, Edward cogiéndole una mano y Esme la otra. De toda las personas presentes en su embarazo, era la única que lo había experimentado y la necesitaba como apoyo psicológico. Ella le decía cuando tumbarse, girarse o relajarse y seguro que sabía cuando empujar o cuando parar. Esme tenía que estar allí.

-En el quirófano sólo puede entrar una persona- explicó él.

-Estaré bien- respondió ella besándole incluso la mano- Esperaré a que Edward salga a darme las buenas noticias. Carlisle y él cuidan de ti.

-Pero…- balbuceó.

-Alguien tiene que estar aquí para recibir a Alice, Rosalie y a tu padre- dijo con una lágrima en la mejilla- Están al llegar. Os vemos pronto, a ti y a Alexander.


-Por aquí, señor Cullen-le indicó la enfermera.

Agradeció y pasó por la zona no estéril que le indicó hasta llegar a la camilla de Bella cogiéndola de la mano en el momento en el que estuvo cerca. Le sorprendió su temperatura porque estaba helada ya que en la habitación hasta parecía tener fiebre, pero no obstante parecía haber llorado y estar teniendo otra contracción así que la reconfortó con besos.

-Estás guapo- dijo- Te queda bien el uniforme- añadió.

Se miró de arriba abajo. Carlisle le había dejado uno de sus uniformes mientras él se preparaba para entrar en quirófano. Nunca creyó que se pondría por primera vez un uniforme o entraría por primera vez en un quirófano para asistir al nacimiento de su hijo porque en todos sus plannings anteriores esa posibilidad nunca había cabido. Así que le hizo gracia que en toda esa tragedia, ella la viera el lado divertido. Típico de Bella.

-Quizás no sea buena idea que seas médico, las enfermeras te verán muy sexy- insistió.

-Pero todas sabrán que estoy felizmente casado y con un montón de hijos.

Iba a sonreír pero compungió el gesto así que él le recordó que respirara. El movimiento comenzó al otro lado del quirófano donde dos enfermeras más entraban, una de ellas con una incubadora y otra con una bandeja de neonatología. Tras ella entró Carlisle para en la zona estéril otra enfermera la pusiera unos guantes.

-Enseguida bajará el anestesista, Bella- dijo con su voz de profesionalidad- En 10 minutos Alexander estará con nosotros. Y Edward incluso podrá cortar el cordón.

-Quiero que le coja el primero. Si yo voy a estar colocada y no me voy a enterar, prométeme que le cogerá él el primero.

-Eso no importa, amor.

-Te lo prometo- respondió Carlisle ignorando a su hijo con una sonrisa- Se ha documentado mucho, está totalmente preparado.

El "más le vale" se quedó entre sus dientes porque volvió otra contracción. Ahora se le escapó un gemido e incluso levantó la cabeza de la camilla porque así quizás sobrellevaba el dolor mejor. La espalda parecía que le iba a reventar y el bebé hacía cada vez más fuerza a la vez que los pitidos de las correas que indicaban sus signos vitales aumentaban de intensidad.

-¿No puedes darle nada?- preguntó Edward, preso del pánico- ¡Sufre mucho!

Carlisle se volvió para mirar a su equipo y la enfermera que colocaba la bandeja con todo lo necesario para la cesárea negó con la cabeza para decir:

-El anestesista está con otra cesárea, tardará aún un rato.

-Pero puedes aplicarle la anestesia tú- insistió Edward.

-No puedo, hijo, es la política del Hospital.

-A la mierda la política, Bella tiene mucho dolor.

-Que te pongas nervioso no ayuda a Bella, Edward- insistió- ¿Cómo estás? ¿Va pasando?

-No- sollozó ella- Ésta es la más fuerte que he tenido.

Carlisle miró a la enfermera y esta volvió a negar. Se aproximó a la camilla, le palpó el vientre como si con eso la reconfortara y no apartó la mirada de los monitores.

-Se nos acaba el tiempo- murmuró- Tengo que hacerte una pregunta, que siempre se hace en estos casos, sobre todo con el riego de desprendimiento de placenta como el de Bella.

-Dispara- escupió Edward.

-En el caso de peligrar la vida de la madre y del bebé…- exhaló- ¿A quién debemos salvar primero?

-Al bebé- musitó Bella- A Alexander. Edward, dilo, que le salven a él.

-Bella…- meneó la cabeza.

-¡Dilo! ¡Que le salven a él!- exclamó- Que lo saque antes de que se asfixie, que lo haga sin anestesia, pero él es el primero de todo.

Carlisle clavó los ojos en su hijo y esperó hasta que él meneó la cabeza, suspiró y le acarició los cabellos a Bella. Ella seguía insistiendo, apretando los dientes y gimiendo de dolor hasta que finalmente dijo:

-Que salven al bebé- añadió con la voz apagada.

-Está bien- respondió Carlisle- Estonces, vamos a intentarlo.

-¿Intentar?- repitió Edward- ¿Intentar, qué?

Carlisle no respondió, rodeó la camilla para ponerse a los pies de Bella y le indicó algo a la enfermera. Ésta asintió, apartó la bandeja que preparaba y sacó los estribos de debajo de la camilla. Edward repitió una vez más qué iban a intentar, volvió a acariciar el pelo a Bella que seguía gimiendo de dolor y cuando vio que le posicionaban los pies sobre los estribos para elevarle la camilla, le quedó muy claro lo que pretendían hacer.

-No nos queda otro remedio si tenemos que seguir esperando al anestesista. Bella, hija, ¿empujarás con la siguiente contracción? Estoy seguro que lo harás muy bien.

Bella asintió y estiró la mano para que Edward se la cogiera, pero éste seguía con la mirada clavada en su padre.

-No ha dilatado lo suficiente y no tiene ningún analgésico. Estará deshidra…

-¡Oh, Edward! ¡Cállate!- exclamó Bella- Desde el principio de la historia las mujeres han dado a luz de forma natural, sin drogas. Tu madre te alumbró así, del mismo modo que Esme hizo a su bebé. ¡Así que déjate de preocuparte por mí y céntrate en ayudar a Carlisle porque tienes que coger a Alexander el primero!

Dio un saltito mirándole con ojos desorbitados que no se quitaron cuando además a Carlisle le dio la risa, así que sólo le quedó sujetarle la mano. Los pitidos anunciaron de otra contracción así que Carlisle le ordenó que empujara y que no olvidara de respirar. Obedeció, Edward le susurraba que lo estaba haciendo muy bien, volvió a repetir y le mandó descansar.

-Perfecto, hija, muy bien. En otro empujón podemos verle la cabeza. El ritmo cardiaco le está bajando así que tenemos que ser muy rápidos, ¿de acuerdo?

Edward meneó de nuevo la cabeza. No le estaba gustando aquella situación en absoluto. Bella estaba corriendo peligro. Alexander estaba corriendo peligro. Los pitidos del monitor eran erráticos y ya registraban más de sufrimiento fetal. No necesitaba terminar la carrera de nuevo para saberlo. Se sentía impotente de estar de ese lado, estaba exhausto, Bella estaba exhausta y maldecía a aquel horrible hospital por no tener más de un anestesista de guardia para impedir que Bella se estuviera partiendo a la mitad haciéndole que escogiera entre su hijo y ella.

-Carlisle…- dijo Edward entre dientes.

-Todo va bien, hijo. He hecho esto miles de veces, lo sabes. Antes incluso…- bajó el tono- de que el mundo de la farmacología avanzara tanto. Sólo una vez más. ¿Lista?

Bella asintió y apretó los dientes en el siguiente quejido. Quiso apartarle el pelo mojado de la cara, aferrarle mejor la mano pero que Carlisle le gritara le hizo hasta bloquearse. ¿Algo iba mal? No. La enfermera se acercó a él y no llevaba nada en las manos más que un par de guantes y los monitores ni indicaban parada ni nada por el estilo así que le llevó quizás dos segundos para darse cuenta de que decía:

-Ven aquí y podrás cogerle el primero. Ya tiene la cabeza fuera.

¿Lo había hecho? Claro que Bella lo haría. Tenía que recriminarse por dudarlo. Una persona que sobrevive a ataques continuos de vampiros y viaja a la guarida de otros para salvar a otros más podía con un parto de alto riesgo y mucho más. La soltó dándole un beso en la frente y rodeó la camilla, incluso poniéndose delante de la enfermera.

Él también había presenciado partos antes. Varios. Y antes de que existiera toda aquella maquinaria, monitores e instrumental. Y quizás era lo único que podía presenciar porque el olor era de lo menos agradable para los sentidos de un vampiro. Nunca se había atrevido a ayudar pero desde una distancia prudencial observaba a Carlisle ejercer como lo hacía ahora: salvando el cordón umbilical para que no se le enredara a su hijo al cuello y tirando de la cabecita para que los hombros salieran.

Y así, cuando él puso las manos debajo para que fuera lo primero que tocaran fuera del cuerpo de su madre, Carlisle tiró para que él lo recogiera.

-Alexander…- musitó.

El bebé se revolvió, movió las manitas y las pieriecitas y emitió una especie de tosido antes de romper a llorar. La enfermera le tendió una toalla para secarle, se lo envolvió sin quitárselo de los brazos y le dio la enhorabuena. Aunque todo eso quedó en una especie de neblina. Bella lloraba, quien sabe si por el esfuerzo y estiraba las manos para que se lo dejara.

-Dámelo, dámelo- repetía.

Y así hizo, se lo tendió sobre el vientre y Bella rompió a llorar más que nunca. Lo acunó contra su regazo, le besó repetidas veces y le cogió la manita que movía.

-Oh, Alexander, qué guapo eres.

-Tenemos que llevárnoslo para comprobar que está bien- dijo la voz de Carlisle trayéndole a la realidad.

Levantó la mirada empañada y asintió besándole de nuevo. Antes, le dio órdenes precisas a Edward por dónde cortar el cordón y por donde clampar y la enfermera de antes volvió a aparecer con intención de llevárselo dónde las demás esperaban en torno a la incubadora.

-No- respondió Bella aferrándolo contra ella- Que lo lleve Edward.

Supuso que sabrían que discutir con una madre que acabada de dar a luz y además por primera vez era perder el tiempo así que la enfermera ni protestó y le indicó que la siguiera. Él tomó con gusto al bebé de los brazos de Bella, incluso la besó en los labios y comenzó a caminar con él.

Caminar con él en brazos. ¡Estaba caminando con su hijo en brazos! Quiso mirarle detenidamente para no olvidarse nada de aquella carita tan perfecta pero cuando se dio cuenta tenía los ojos también empañados, como Bella. Era más que guapo, era más que perfecto… ¡era suyo! Era una realidad, una realidad gracias a Bella. No era su don ser la madre de sus hijos, era el regalo que le había hecho la vida después de 90 años de soledad.

Las enfermeras se lo tomaron de los brazos y empezaron a hacer su trabajo, aunque él ni siquiera se apartó: le comprobaron las vías respiratorias, el corazón, la temperatura, le midieron, le pesaron…

-Enhorabuena, hijo.

Carlisle le tocó la espalda y si no llega a hablarle ni siquiera hubiera podido apartar los ojos de la actividad de la sala. Se volvió y como le vio también los ojos empañados, le abrazó.

-Lo habéis hecho muy bien, los tres. Terminarán de curar a Bella y enseguida les podremos llevar a la habitación. ¿Por qué no sales y le dices a tu madre y a tus hermanas que todo ha ido bien? Estoy seguro que no podrán con la impaciencia. Yo cuido de Alexander.

Asintió aún en su grado de sonambulismo para volver hacia la camilla de Bella. Una enfermera estaba con ella curándole aunque Bella ni siquiera le prestaba atención por mucho que cargara una aguja a dos palmos de su cuerpo porque no apartaba su mirada de donde atendían a Alexander. Se acercó a ella para abrazarla y besarla.

-Está bien, amor, respira y el corazón le late con normalidad.

-¿Seguro?- sollozó.

-Seguro. Lo has hecho fenomenal. Más que fenomenal. Eres la persona más valiente que conozco.

-Eso no es verdad, estaba muerte de miedo.

La volvió a besar y le limpió la lágrima que le cruzaba el rostro pero cuando lo hizo se dio cuenta de que no era de ella, era suya. Estaba llorando de felicidad. Era precioso.

-No quería que nadie le cogiera. Esta gente no saben lo que Alexander significa de verdad.

-Es el bebé más especial del mundo porque es hijo tuyo, mi amor- la besó- Saldré un momento a hablar con Esme y a ver si ha llegado tu padre, Rosalie y Alice, ¿de acuerdo? Carlisle se queda con vosotros y nos vemos en un minuto.

-No tardes, papá.

El corazón le revoloteó de felicidad al oír esa expresión y se giró para mirar a Alexander y el trabajo que tenía alrededor o a Carlisle que lo supervisaba todo. No había comprendido la grandiosidad de esa palabra hasta ahora, desde que Esme y Carlisle habían vuelto a ser humanos sintió la imperante necesidad de identificarles así pero no sabía cuán felices les podía hacer. Más que nada. No tenía explicación.

Era la palabra más bonita de la tierra porque albergaba la sensación más increíble.

Y era lo que él era gracias a Bella.


Nota de la autora: Muchísimas gracias por las últimas reviews. A mí también me da mucha pena que esta historia se acabe porque me ha encantado jugar con esta Bella y este Edward. Pero aún quedan unos epílogos más además de que estoy preparando unos outtakes. ¿Seguirás ahí?

Noe.