Éxito bajo la nieve
El farol que emitía su luz anaranjada iluminaba bastante bien el pequeño lugar adoquinado en medio del jardín, parecía un punto de claridad inmerso en la penumbra que estaba instalada el resto del mismo. Anthony había permanecido estático en el lugar mirando a la muchacha que parecía bastante satisfecha de sí misma.
- ¿Por qué no me dices nada? – preguntó ella tratando de emitir una ligera sonrisa.
- Lo siento – respondió muy serio – no se…
- Soy yo Elisa… ¿acaso he cambiado tanto?
¿Cuántas veces tendría que pasar por lo mismo… empezaba a odiar ese sentimiento de estar con alguien a quien sabía que conocía, pero no sabía de donde, o como se llamaba, o tan siquiera que tipo de relación tenía? Tomó aliento, mientras se forzaba a si mismo a recordar algún detalle que le dijera quien era ella. Después de pensar durante varios minutos logró recordar algo.
- ¿Elisa? ¿Elisa Leegan? - preguntó Anthony con extrañeza, teniendo una ligera imagen de una fotografía que estaba impresa en el libro de genealogía de los Andley.
Elisa sonrió complacida, sin embargo Anthony frunció un poco el entrecejo, la muchacha que estaba frente a él, difícilmente podía ser la misma, esa Elisa de la foto se veía muy diferente. Con el cabello muy bien arreglado, con las mejillas sonrojadas, y la expresión; si, no era tan sencillo olvidar esa cara de la fotografía que iba cargada por esa expresión altanera.
- Pues claro que soy yo – mencionó ella endulzando la voz – Hace tanto tiempo ¿no?
Anthony estuvo a punto de decir que no lo recordaba, lo que era verdad, pero prefirió bajar un poco la mirada pensando en que decirle a la joven que parecía estar perdiendo la paciencia.
- No sabría decirlo – dijo finalmente Anthony.
- ¿Acaso no recuerdas la última vez que nos vimos? – preguntó ella con evidente incredulidad.
- Yo… - balbuceó Anthony mientras negaba con la cabeza.
Elisa abrió la boca pero en ese momento se escuchó la voz de Albert que provenía desde un punto a la izquierda de Anthony.
- Anthony... ¿estás allí?
Anthony giró la cabeza rápidamente hacía su tío que sin esperar respuesta se había reunido con ellos, de no haberlo hecho se habría percatado de cómo el poco color que tenían las mejillas de Elisa se había esfumado por completo. Albert le sonrió pero inmediatamente vio que Elisa estaba con él.
- ¿Elisa? – preguntó extrañado el muchacho.
- Buenas noches – contestó ella alzando la cabeza, tratando de fingir indeferencia
- ¿Qué haces aquí? – preguntó más alarmado que a forma de regaño.
- He venido de visita…
- Elisa – le reprendió su tío – sabes muy bien que no deberías estar aquí…
Elisa lo miró fríamente y volteó su cara, Anthony se quedó paralizado, no entendía que sucedía allí, de hecho no sabía porque hasta ese momento nadie le había mencionado a Elisa, ni el tipo de relación que habían llevado. En cierta manera le molestaba que ella lo tratara con tanta familiaridad, cuando él no tenía ni idea de quien era ella, salvo su nombre que estaba estampado en ese libro que tanto hincapié le había hecho la tía Elroy que leyera. Albert parecía muy disgustado, y si bien no era un experto en las emociones de su tío, sabía que había muy pocas cosas que lo hacían enojar. Las mejillas de Albert estaban encendidas, sus labios fruncidos y la expresión ceñuda. Elisa por su parte, parecía un tanto asustada, pero no había bajado la mirada. De alguna manera Anthony supo que lo estaba retando.
- Vamos a mi despacho – le dijo el joven heredero de los Andley.
- No me apetece – refutó con desdén la muchacha.
- No es una petición, es una orden – respondió Albert determinantemente.
- ¿Tío? – mencionó Anthony.
- Anthony, lo siento, olvidé que estabas aquí… te están buscando en la fiesta.
- Ah – dijo el muchacho sin mucho entusiasmo.
- Si alguien te pregunta, diles que tuve que atender algo importante – le pidió Albert.
- Ésta bien – contestó Anthony sin mirarlo a la cara.
Albert esbozó una débil sonrisa, después tomó del brazo a Elisa quien aún antes de entrar a la suntuosa mansión, dio un ligero vistazo hacía donde estaba Anthony, el muchacho se miraba triste, y Elisa sintió un tenue pinchazo en el corazón. Sin embargo no se detuvo mucho tiempo a pensar en eso, en ese momento estaba siendo prácticamente arrastrada hacía dentro de la casa. Tanto Albert como ella entraron al despacho del muchacho.
El lugar, como siempre lucía impecable con los libreros repletos de las colecciones de libros más interesantes y en sus mejores ediciones; sobre el escritorio, descansaba una carpeta de piel y todo lo demás en su lugar, el muchacho se cercioró de que la puerta hubiera quedado cerrada antes de comenzar a hablar.
Sin embargo Elisa no se sentó en vez de eso se dirigió hacía el enorme ventanal que daba hacía la terraza, desde allí se alcanzaban a ver las luces y llegaban las notas del vals que bailaban en ese momento. Albert la observó, la muchacha estaba más delgada de lo que siempre había estado, su cabello lucía desvaído y sus ojos sin vida. Sus elegantes vestidos de siempre habían sido cambiados por unos muy modestos. Sin embargo aunque el cambio externo era mucho Albert sabía que dentro de la muchacha había ocurrido un cambio aún más importante. Se acercó a ella, quería saber que pasaba, quería conocer la razón del porque había llegado a Chicago sabiendo que la tía Elroy no quería verla. Pero al estar a unos centímetros de ella pudo percatarse de que ella estaba llorando.
- Elisa – murmuró Albert.
- Extraño mucho eso – dijo la muchacha con voz temblorosa.
Albert no pudo decirle nada y se limitó a abrazarla. Sabía que algo grave sucedía, pero sabía también que no podía comenzar una perorata por su comportamiento, siempre habría tiempo para ver otro tipo de aspectos, creía que era más importante estar allí con ella.
Una semana después de la fiesta Albert almorzaba con Candy en uno de los restaurantes más lujosos de Chicago.
- ¿Entonces todavía no ha dicho nada?
- No, y eso me preocupa…
- En serio que no puedo comprenderla… ¿Qué le habrá traído aquí?
- Eso Candy, es lo que yo quisiera saber
- Me sorprende que no haya temido a lo que la tía Elroy pudiera hacerle…
Es por eso que me intriga más su comportamiento… La tía Elroy estaba dispuesta a correrla en cuanto la vio, de no haber sido porque prácticamente le rogué que no lo hiciera, Elisa estaría sabrá Dios donde.
- Es muy raro… y más que no haya dicho algo aún.
- Si, aunque de serte sincero me sorprende más que no hayan dicho nada su madre o Bryant…
- ¿Aún no se comunican contigo?
- No, y no he querido decirles nada… porque tengo la esperanza de que Elisa hable conmigo…
- ¿No crees que estas siendo demasiado optimista?
- ¿Por qué no habría de serlo? Tú siempre piensas de esa manera…
- Créeme con Elisa tengo mucho más cuidado después de lo que hizo…
- No has logrado perdonarla ¿verdad?
- Mira Albert, no esta en mi perdonarla o no, de hecho a mi no me hizo realmente nada tan grave, sin embargo sigo sintiéndome mal por Patty, ella y Bryant…
- Quizá ellos estaban predestinados al desastre… ¿no has pensado en eso?
- Pero él la amaba, de eso puedo estar segura…
- Linda, el amor a veces no es suficiente, pensé que eso ya lo sabías…
Candy lo miró con un dejo de reproche, sabía que Albert ya no se estaba refiriendo a Patty, sino a ella misma y lo que había pasado con Terry. Albert la miró sin cambiar el semblante.
- En fin, ahora que Archie le ha anunciado a la tía Elroy que hará una boda sencilla, ella me culpa de todo, y dice que soy yo el que le esta metiendo ideas raras en la cabeza.
- En realidad también eso es raro… Archie es todo menos sencillo.
- Supongo que quiere resarcirse con Shelry por la fiesta de compromiso que les hizo sin su consentimiento…
- Si, Sherly estaba muy preocupada por todo, pero al final resultó grandioso, ella se lució mucho, es una chica muy linda y educada
Albert sonrió ligeramente.
- Archie escogió bien… creo que necesitaba a alguien así para sentar cabeza, ella le hace entrar en balance… ella es muy reservada y seria…
- Es todo lo contrario a él
- Si, supongo que los opuestos se atraen ¿no?
Albert se encogió de hombros y pensó apesadumbrado que Elisa y Bryant se parecían demasiado.
- ¿En que piensas? – preguntó Candy al ver que se guardaba silencio el muchacho levantó la mirada.
Delante de él estaba la mujer a la que amaba, tantos problemas, tantas cosas le desviaban de lo que en realidad quería. Hacía unos días la tía Elroy lo había interrogado sobre su boda. "Ya tienes mucho tiempo comprometido, ¿es que piensas pasarte así el resto de tu vida?", le había reprendido. Pero aunque la tía se lo había dicho, era algo que él también se repetía internamente, durante su noviazgo con Candy había sucedido demasiadas cosas, demasiados problemas. En cierta manera a veces le sorprendía que hubieran superado ya tantas cosas juntos.
- Con todo esto no había tenido tiempo de platicar contigo... – dijo dubitativamente el muchacho.
- ¿A que te refieres?
- A que – Albert se miraba un poco indeciso – Pues, he pensado…
- ¿En que?
- En que sería bueno poner una fecha para la boda… - terminó finalmente al tiempo que se ruborizaba un poco.
- Oh – exclamó la muchacha mientras sus mejillas también se encendían.
El joven Andley tomó la mano de Candy y comenzó a acariciarla. Ella sonrió, y lo miró con sus expresivos ojos verdes.
- ¿Estas de acuerdo? – quiso saber el muchacho
- Si, me parece bien – dijo ella sin dejar de sonreír.
- ¿Has pensado en alguna fecha?
- No, en realidad no una en particular… hay muchas fechas que me gustan… siempre quise casarme rodeada de flores, pero… no se, creo que para la boda sería mejor casarnos en invierno…
- Albert sonrió un poco.
- ¿Por qué te sonríes?
- Porque pensaba sugerirte el 1 de Enero
- ¿El primero de enero? – inquirió Candy algo sorprendida.
- Pensé que sería agradable comenzar juntos el año…
- Pues me parece fantástico – exclamó Candy – creo que es una magnifica idea…
- Solo que me preocupaba que pensaras que falta muy poco tiempo.
Candy suspiró y se dio cuenta de que ya estaban en Noviembre, tan solo les quedaría un poco más de un mes para preparar todo.
- Tienes razón – dijo algo apesadumbrada.
- Pero si estas de acuerdo podemos hacer uso de toda la pericia de la tía Elroy y te puedo asegurar que ella con gusto te ayudará a preparar todo…
- ¿Eso crees?
- Claro… a ella le gusta celebrar cosas importantes… de hecho ella fue quien me dio a entender de que ya va siendo hora de poner una fecha…
- Entonces yo no tengo inconveniente de que así sea…
- El primero del año…
- Si, en realidad es algo emocionante… eso quiere decir… que tengo mucho que hacer…
Diciendo esto Candy se levantó abruptamente. Albert la miró sorprendido.
- ¿Es que acaso piensas comenzar en este momento?
- Tengo que avisarle a mamá… y a Annie, ella me mataría si no le informó, Patty también tiene que saberlo…
- No puedes esperar un rato más… - le dijo mirándola dulcemente.
- En realidad tengo que ir… es muy poco el tiempo…
- ¡¡Vaya!! – exclamó el muchacho con aire divertido – Nunca pensé que llegaría el día en que despreciarás la comida por algo más.
Candy giró la cabeza y notó que apenas y había probado su desayuno.
- ¡Oh!, perdón… - dijo ella un poro avergonzada – creo que primero terminamos el almuerzo…
La muchacha se sentó y Albert comenzó a reír.
Mientras tanto en la mansión Andley, Elisa miraba con impaciencia hacía la calle, a pesar de lo mucho que había gritado la anciana tía, le había permitido quedarse unos días a petición de Albert, con la condición de que no participara de ninguna actividad social. El requisito que podría haber sido un gran castigo unos años antes, en ese momento le parecía cualquier cosa a Elisa, esa mañana había despertado temprano y avistaba por la ventana de vez en vez hacía el gran portón que daba a la calle. Cuando ya llevaba como media hora, vio una figura a lo lejos que abría el portón y ella sonrió en cuanto reconoció de quien se trataba. Siguió con la vista todos los movimientos que hacía, hasta que llegó al umbral de la puerta. Entonces ella se dirigió al vestíbulo.
- Anthony – saludó con voz muy efusiva.
- Hola Elisa – le devolvió el saludo.
- Te he estado esperando…
- No debiste hacerlo – dijo él – el tren pudo haber tardado mucho y habrías perdido mucho tiempo…
- No me importa – aseveró la muchacha.
- Bueno, he cumplido mi promesa…
- Gracias – dijo ella – hubo momentos en que pensé que me dejarías plantada…
- Jamás rompo una promesa – señaló el muchacho…
- ¿Podemos ir al lago? – le pidió Elisa
- Esta bien, yo almorcé en el tren... – dijo el muchacho al tiempo que dejaba su maleta en el piso.
Sin quitarse el abrigo que llevaba puesto salieron hacía el lago, el frío comenzaba a sentirse con más fuerza, los dos caminaron por unos minutos hasta que se sentaron sobre unas piedras a orilla del lago. Anthony miraba el agua, siempre le había gustado ese lugar, le transmitía cierta calma.
- Este lugar no ha cambiado nada – mencionó Elisa
El muchacho no dijo nada y siguió mirando como el fuerte aire formaba ligeras ondulaciones sobre el agua.
- ¿En serio no recuerdas nada? – preguntó Elisa de nuevo, ya que esa pregunta se la había hecho antes de que saliera hacía la escuela una semana anterior.
- Elisa... ¿en realidad crees que me gusta mentirles a todos y decir algo que no es cierto? – le preguntó un poco enfadado.
- No, no, yo no me refería a eso – dijo un poco asustada la muchacha.
- ¿Entonces?
- No se – respondió ella encogiéndose de hombros.
- Elisa... ya me dijiste que nos conocíamos bien antes... sin embargo nadie te había mencionado.
Elisa no contestó y solo desvió la mirada.
- Pensé que Archie estaría más que dispuesto a contarte…
- Si he de serte sincero, no se lo pregunte a él…
- Me sorprendes – dijo Elisa abriendo un poco los ojos.
- ¿Por qué? – inquirió el muchacho mirándola.
- Porque antes es lo primero que habrías hecho, ir a preguntar a los demás…
- No lo se… en realidad ignoro si eso lo habría hecho antes, pero si tienes razón en eso, creo que he cambiado mucho…
Elisa no supo que decir y Anthony continuó.
- No creí que fuera muy caballeroso de mi parte preguntarle a Archie sobre una dama…
- Sin embargo me lo preguntas a mí…
- Pensé que tú me tratas con familiaridad así que supuse que tenemos la suficiente confianza como para hacerte este tipo de preguntas – señaló con amabilidad el muchacho.
La muchacha sonrío, quizá por que en el fondo siempre había querido que Anthony le dijera que era una dama, nunca había estado segura de que él hubiera pensado eso de ella. Por un momento tuvo un ligero sentimiento de tristeza.
- Quizá después de que te diga el porque nadie me menciona dejes de pensar que soy una dama.
- Creo que no soy nadie para juzgarte, pero por lo que a mi consta, eres una dama… te has portado como tal en estos días que he tenido trato contigo.
Elisa buscó en la mirada de Anthony ese destello de burla que a veces solía utilizar con ella. Sin embargo se encontró con unos ojos medio velados que solo denotaban seriedad en lo que decía.
- Cometí un grave error – dijo finalmente ella – Un error que he tenido que pagar muy caro
- La vida esta hecha de errores y de aciertos, nadie es perfecto, todos cometemos errores – apuntó Anthony mirándola seriamente.
- Pero hay errores que no son fáciles de perdonar ¿sabes?
- No me imagino que pueda haber ese tipo de errores…
- Pues los hay – dijo dando un suspiro.
- Entonces… si hay ese tipo de errores todos estaríamos predispuestos a caer en alguno de ellos aunque sea una vez en nuestra vida… me niego a creerlo.
- No pensarás lo mismo una vez que te lo diga…
- Elisa – le dijo calmadamente – No pienso obligarte a que me lo digas, no quiero que te sientas presionada, eso depende de ti… a veces uno quisiera que los demás no presionaran y hay cosas que uno prefiere guardar para si…
- Si, lo se, pero lo que sucedió lo sabe mucha gente y preferiría decírtelo yo, porque tarde o temprano lo sabrás y al menos así podré ver tu cara de decepción, no pienso darle el gusto a aquellos que quieren desprestigiarme aún más.
Anthony miró a Elisa, aún no podía deducir a donde iba con todo eso, lo único que le quedaba claro es que la muchacha le recordaba más a un ratón asustado a punto de ser comido por un gato que a otra cosa, algo le decía que esa Elisa que estaba a su lado no era la misma que había visto en esa fotografía…
- Yo, me escapé con un hombre…
- ¿Eso es todo? – preguntó Anthony con despreocupación.
- ¿Te parece poco?
- Elisa, a veces uno comete locuras por amor… - dijo pensando en si mismo, ya que muchas veces había pensado en escaparse con Candy.
La muchacha se sintió mal, sabía que de haber sido por amor no le pesaría tanto, pero no era el caso y simplemente desvió su mirada.
- ¿Qué ocurre? – quiso saber el joven cuando vio que ella había volteado su cabeza hacía otro lado.
- Se que después de que te diga esto cambiarás tu percepción sobre mí. Pero supongo que así son las cosas...
Anthony la miró, Elisa estaba teniendo un mal rato y era algo que él no se había propuesto y en cierta manera se sentía un poco culpable por haberle hecho esa pregunta.
- La persona con quien escapé, era el prometido de otra chica y estaba a punto de casarse con ella – confesó Elisa – a mi no me importó, yo simplemente lo hice...
El muchacho abrió los ojos y pensó que era algo similar a lo que él estaba pasando, si... Candy estaba comprometida, pero también sabía que si se daba la oportunidad él podría hacer lo mismo. ¡Cuántas veces no se contuvo de ir a darle un beso! Esa era la razón por la que había huido de Chicago, entendía a esa chica, lo hacía como quizá ella no se imaginaba.
- Elisa, a veces uno actúa por impulsos
- Yo no – dijo ella apesadumbrada – yo lo planee todo, yo lo hice todo sabiendo que era algo incorrecto... sabiendo que él no me amaba realmente, que él la amaba a ella.
Al decir eso Elisa apretó los puños de sus manos, si, ella lo sabía, ella sabía que Bryant amaba a Patty, y que al verla la culpaba de haberla traicionado.
- Elisa, las cosas no son tan fáciles como uno quiere o como uno piensa – mencionó Anthony después de varios minutos de un incomodo silencio que se había hecho entre los dos – es muy difícil que a alguien se le obligue a hacer algo que no desea, uno siempre busca la manera de hacer lo que se desea.
- Hablas así porque es fácil que alguien que no ha cometido esta clase de errores lo diga.
- ¿Qué te hace pensar que soy una especie de Santo? – preguntó el muchacho
- Siempre has sido así, siempre has pensado en los demás... siempre considerado, siempre siendo amable con todos... incluso conmigo.
- A veces es más fácil pensar en los demás, porque si pienso en mi mismo no siempre encuentro las respuestas que busco, o se que no siempre puedo obtener lo que deseo... tú sin embargo...
- Yo, estoy fuera de la familia – añadió Elisa con dolor – Ya no puedo ser considerada una Andley...
- ¿Y eso es tan horrible? – inquirió el muchacho con un dejo de sorna – Ser parte de esta familia, conlleva demasiadas obligaciones, demasiadas pretensiones, por el bien familiar uno tiene que contenerse de decir lo que quiere, de hacer lo que quizás uno más desea.
- Pero...
- ¿Te sorprende que piense así?
- Si he de ser franca... si, me sorprende que el perfecto de Anthony Brown este en desacuerdo con la familia...
- No soy perfecto, disto mucho de serlo, soy tan humano como el resto... y estoy propenso a cometer errores tal como los demás.
- Pero tú...
- Si, yo siempre muestro la imagen que se espera de mi ¿no? Incluso ahora que no recuerdo mi niñez tengo esa responsabilidad... ¿acaso no parece absurdo? Pero es lo que se espera y no solo de mi sino de todos, creo que todos en la familia tienen esa carga... en cambio tú...
- Yo que...
- Te han dado el regalo ideal, el regalo que cualquiera de nosotros quisiera en cierta manera... tú hiciste lo quisiste, tú huiste de todo esto, de las expectativas que de ti se tenían...
- Pero el precio ha sido demasiado caro...
- Creo que es normal... la libertad cuesta demasiado, hay gente que ha muerto por esa libertad... ¿crees que el precio que pagaste en realidad es caro?
- Yo... es que él.
- Hablas del hombre con te fugaste ¿verdad?
- Si – dijo ella bajando la mirada
- ¿Qué sucede con él?
- Pues nos casamos y ahora vivimos muy lejos.
- ¿Y se caso contigo? – preguntó Anthony alzando las cejas.
- Si, así es...
- ¿Ves? Allí tienes la respuesta.
- ¿A que te refieres? – inquirió la muchacha.
- A nadie se le puede obligar a hacer lo que no desea, él huyo contigo, él se casó contigo, ¿dónde puede estar el problema?
- Es que a veces...
Elisa guardó silencio unos segundos, Anthony la miraba expectante, finalmente se atrevió a decir lo que guardaba su alma.
- Es que a veces creo que no me soporta, que él hubiera preferido casarse con ella... y me hace pensar que todo es un gran error.
A pesar de que Elisa estaba al borde de las lágrimas Anthony no pudo evitar soltar una carcajada.
- ¿Es que te estás burlando? – interpeló la muchacha
- No, lo siento, no fue mi intención... pero es que estas obcecada por tus propios temores...
- No te entiendo.
- Elisa, él te eligió, no importa como haya sido, no importa que las circunstancias no fueran lo que todos esperaban que se dieran, él al final se casó contigo ¿no? Entonces ¿por qué pensar en lo que crees que él siente? ¿Por qué mejor no se lo preguntas?
- No podría hacerlo...
- Entonces Elisa, lamento decírtelo pero el problema radica en ti y no en los demás.
- ¿qué quieres decir?
- Quiero decir, tú eres libre de la familia pero solo en apariencia, por dentro sigues atada a ella, tienes el orgullo familiar en tus venas, y eso solo conseguirá amargarte la existencia... ¿por qué insistes en volver a la jaula de oro?
- Pero yo...
- Si, Elisa, tú estas aquí ¿no? Tú, que podrías estar lejos, estas aquí
Elisa se quedó callada, miró a Anthony quien tenía una expresión de ansiedad en su cara. La muchacha inconscientemente sonrió y Anthony dibujó una pequeña sonrisa en su cara antes de girar la cabeza para mirar hacía el lago.
- ¿Sabes? Nunca había podido hablar así contigo – dijo Elisa - ¿crees que cuando recuperes tu memoria te olvidarás de esta platica?
- No lo sé – contestó él encogiéndose de hombros.
- Siempre te he querido, y siempre lo haré, y aunque olvides esta platica yo la recordaré... y tienes razón tengo que regresar a mi vida, tal vez no vuelva a verte...
- Tal vez si – observó Anthony – eso no lo sabemos ¿verdad?
Elisa asintió con la cabeza aunque en sus adentros sabía que ahora si estaba diciéndole adiós a quien durante mucho tiempo fue a quien había amado, sin embargo también sabía que ese Anthony que estaba a su lado era muy diferente al que había conocido. Llevaba una tristeza inmersa en él, algo similar a lo que ella cargaba en ese momento, algo que ella no había esperado ver nunca en él. No obstante también pensó que él era alguien excepcional.
Esa tarde cuando le comunicó a Albert su decisión de regresar, tomó por sorpresa al muchacho, sabía que tarde o temprano tomaría esa decisión, pero no sabía que sería tan pronto. Asimismo sabía que la plática que había sostenido con su sobrino había sido determinante, jamás conocería sobre que habían charlado, porque no pretendía preguntarle a su sobrino, y mucho menos a Elisa. Pero a sus adentros sabía que Anthony era el único que podría haberla convencido. Más aún le alegró verla de mejor ánimo e incluso alcanzó a detectar una actitud un poco desdeñosa hacía las atenciones que le estaba prodigando.
Tres días después Elisa partía rumbo a California, mientras que Anthony había regresado a sus estudios y Albert a las cotidianas preocupaciones pero con la inusual alegría que le traía su próxima boda con Candy.
Candy a su vez, se sentía muy emocionada, cada día era preparar algo nuevo para la próxima boda, Annie de repente la abrumaba con sus sugerencias y estaba dispuesta a compartir cada una de las experiencias que había tenido al preparar la suya. Sin embargo Annie parecía olvidar que ella misma la había acompañado durante ese largo proceso, Patty por su lado aprovechaba sus ratos libres para ayudarlas. Charlene también estaba muy agitada y acompañaba a Candy para muchos pendientes.
El tiempo sin embargo se sintió con más velocidad de lo que en su vida había sentido Candy, factor que no estaba tan fuera de la realidad, esta tarde del 14 de diciembre, el frío viento azotaba la ciudad y amenazaba con nevar de un momento para otro. La muchacha se fundía con el grueso abrigo que la cubría, mientras caminaba aprisa por una de las calles más concurridas de Chicago, en la cara tenía reflejado el nerviosismo, tropezó con una joven que tiró unos paquetes que traía en la mano, Candy se detuvo para ayudarla a recogerlos al tiempo que balbuceaba unas disculpas.
Desde dentro de un café dos muchachas miraban la escena y se apresuraron a tomarse lo que les quedaba del café para salir unirse a ella.
- Candy – dijo una de ellas - ¿se puede saber a que juegas?
- ¡¡Annie!! – exclamó Candy un poco azorada – yo, no, ando de prisa…
- ¿De prisa dices? Más bien creo que quieres ganar una maratón.
- Patty, es que en serio que mi vida no podía ser más caótica…
- Candy, te lo dije – mencionó Annie con aire de suficiencia – No debes de estresarte, eso solo te hará preocuparte más.
- Es fácil decirlo… no puedo creer que estemos ya a 14 de diciembre… el tiempo ha pasado volando.
- Si, creo que Albert te puso en un predicamento al darte tan poco tiempo para prepararte para la boda.
- Yo también acepte…
- Todavía no entiendo porque no quisiste casarte en primavera, o en verano…
- Si lo pensé – confesó Candy – pero luego pensé que sería mejor en invierno… un cambio ¿entiendes?
- Es mejor así. El invierno tiene su encanto ¿sabes?
- Si… así es – dijo la chica rubia mirando a sus amigas…
- Navidad, año nuevo, son festividades hermosas, creo que tienes razón – terminó diciendo Annie.
- Navidad – mencionó Candy con desánimo
- ¿Qué ocurre con la Navidad? – preguntó Patty
- No he comprado ningún regalo…
- Bueno todavía faltan 10 días para Navidad, tienes tiempo suficiente para hacer las compras… ven, hay que empezar, porque si nos quedamos aquí paradas en medio de la calle creo que solo conseguiré congelarme
- Tienes razón Annie, mejor será que asaltemos las tiendas – dijo riendo…
Después de varias horas de compras las tres muchachas comían en un restaurante al lado de su mesa descansaba un gran número de paquetes y Annie seguía mostrándoles uno de los tantos obsequios que había comprado.
- Es hermoso, a tu madre le encantará…
- Mi madre se la ha pasado llorando todo este tiempo – comentó Annie – dice que no tenerme en casa será triste…
- ¡Vaya! ¿Quién la entiende? – observó Patty – recuerdo que era la que más insistía en que te casaras…
- Pues si, supongo que es normal…
Las tres chicas se quedaron calladas un momento y luego Annie se quedó mirando a Patty.
- Por cierto Patty… hay algo que quería preguntarte.
- ¿A mi? – preguntó Patty
- Si… ¿Qué es lo que ocurre entre Logan y tú?
- ¿A que te refieres? – inquirió extrañada…
- Pues a lo que todo el mundo dice…
- Realmente no se de que hablas Annie… así que tendrás que ser más específica…
- Dicen que son novios…
Patty soltó una sonora carcajada.
- ¡No te rías! – le reprendió Annie – No le veo la gracia.
- Claro que si – dijo la chica de lentes – es que según todo el mundo dice eso… y yo ni siquiera lo sabía… ¿Podrías decirme quien es todo el mundo?
- Me lo dijo la Señorita Falls – respondió Annie un poco enojada.
- ¿En serio? – le preguntó Candy alzando una ceja
- Si – respondió Annie al tiempo que asentía con la cabeza.
- ¿Por qué haces esa cara Candy?
- Es que tú no conoces a la Señorita Falls, es la mujer más chismosa que puedes encontrar en Chicago… entra tan fácilmente a la alta sociedad como a todos los demás círculos, y si fue ella la que esta esparciendo el rumor quiere decir que en este momento lo sabe medio Chicago.
- Pero ¿Qué rayos podría decir? Entre Logan y yo no hay nada, solo somos amigos…
- Pues ella aseguró que ambos salen juntos, que los ha visto ya cuatro veces en el último mes paseando por el parque.
- ¡Vaya! Supongo que se la pasa siguiéndome entonces…
- ¿Es cierto? – preguntó Candy.
- Pues si – asintió Patty – pero no tiene la menor importancia…
Candy frunció un poco el entrecejo y después sonrió
- A ver si entendí… lo has visto cuatro veces en el último mes…
- Si, me lo he encontrado por casualidad…
- Patty, una vez es casualidad cuatro no… - dijo Annie.
- Es que ustedes quieren ver lo que no existe…
- Es que es muy raro – mencionó la chica de los ojos azules – lo has visto cuatro veces y dices que no hay nada entre ustedes.
- Porque no lo hay – aseveró Patty – Logan ha tenido que venir por cuestiones de la escuela de Ewan.
Eso quiere decir que ha viajado desde New Heaven hasta Chicago cuatro veces en el mes… ¿es que esta faltando a clases?
¡Claro que no! – dijo Patty con una cara de exasperación – Logan ha venido los fines de semana y da la casualidad que la escuela de Ewan esta cerca de la biblioteca, y es por eso que me lo he encontrado…
- Es que es muy raro… bien sabe que estamos organizando la boda de Candy, porque no nos aviso, un par de manos extra nos caería muy bien ¿no crees?
Patty volvió a reír, mientras que Annie abría la boca un tanto indignada.
- Si, y tú misma has dado en el clavo, dudo mucho que su plan sea venir a ayudar con detalles de la boda… él viene porque así se lo han pedido, pero creo que prefiere ir y venir antes que quedarse en la Mansión Andley que es todo un caos en este momento…
- Candy miró a Annie y sonrió.
- Es cierto Annie, Patty tiene la razón, a ningún muchacho le gustaría pasar la tarde amarrando listones a las invitaciones o escogiendo flores y vestidos…
- Todo es un malentendido, Logan y yo nos llevamos bien desde que trabajamos juntos en la Institución, de hecho me ha comentado que vendrá a ayudarte en las vacaciones… me dijo que la semana que viene ya salen de vacaciones.
- Si, estaría muy bien que nos ayudara y más en este momento en que no puedo estar allí todo el tiempo.
- ¡Vaya! – exclamó Annie
- ¿Qué sucede? – preguntó Candy.
- Es que – se encogió de hombros – Yo esperaba escuchar que se habían enamorado y que eran novios, pero resulto ser…
- Mi misma aburrida vida de siempre ¿No? – dijo Patty sonriendo.
- No, Patty, yo jamás pensaría que es aburrida…
- ¡Vamos! No me mientas, se que no solo tú lo piensas, sino todos, pero esta bien, yo admito que mi vida carece de emoción.
- Eso no es cierto – le refutó Candy – Tu vida es interesante… todos esos libros y tus estudios. Debe de ser todo eso fascinante…
- Gracias Candy, se que dices eso porque eres mi amiga… y tu Annie también lo dices porque lo eres… se que deseas que yo sea feliz.
- Si Patty, no deseo otra cosa para ti
- Me alegra saber que tengo buenas amigas, pero Annie, no todas buscamos el mismo tipo de felicidad, he comprendido que no necesito a un hombre a mi lado para serlo… si se da sería genial, pero no voy a basar mi vida en algo que al final no depende realmente de mi.
- Entonces, perdóname por mi indiscreción, no debí preguntarte eso sobre Logan…
- Logan es un buen amigo, y es un buen muchacho, pero no tengo porque mentir, y es mejor que sepas eso por mi que por la demás gente… somos amigas, no necesitas pedirme perdón por querer saber sobre mi vida.
Annie sonrió y miró su reloj.
- Las ocho de la noche, ¡que rápido pasa el tiempo!
- Si, muy rápido. Ya siento como si mañana fuera Navidad – dijo alegremente Patty
- Si pero faltan todavía días…
Candy se quedó callada unos segundos.
- ¿Sucede algo Candy?
- No Patty, solo que recordé algo, hoy es 14 de Diciembre ¿No?
- Si, ¿Por qué lo preguntas?
- Se me había olvidado por completo…
- ¿Qué? – preguntó intrigada Annie
- Hoy era el estreno…
- ¿Estreno? – inquirió Patty alzando una ceja.
- Si, hoy era el estreno de Sabrina…
- ¿Sabrina Lingwood?
- Si Annie, ¿no sabías? Se fue a New York para seguir estudiando, y hace unos meses le dijo a Albert que iba a presentarse por primera vez en el Metropolitano…
- ¡En el Metropolitano de New York! – exclamó Annie
- Si – dijo Candy
- ¡¡Debe de ser buenísima!! No cualquiera puede presentarse allí…
- Que lindo debe ser ver a alguien realizar sus sueños ¿no creen? – comentó Patty.
- Si, de hecho nos invitó…
- ¿Y no van a ir?
- Annie – dijo Candy alzando una ceja – estamos aquí creo que es evidente que no iremos…
- Que lástima – mencionó con desazón Annie.
- Ni tanta, no creas que estará sola… Los chicos irán a verla, todos estaban apuntadísimos para ir, es más creo que se alegraron de saber que Albert y yo no iríamos…
- ¡Que emocionante! – exclamó Patty – me encantaría estar allí…
- Si, también a mi, pero ya iremos mas adelante a verla…
- Me imagino que deben de estar en el teatro en este momento.
- Si eso me imagino… - contestó Candy
A varios kilómetros de allí en la nevada ciudad de New York la gente se arremolinaba en la entrada del teatro Metropolitano. Los muchachos Andley estaban ya resguardados del frío en el palco familiar. Allen caminaba de un lado para otro.
- Allen, haz el favor de sentarte, me estas mareando – le espetó Archie, mientras se acomodaba el pañuelo de el bolsillo de su saco.
- ¿Creen que me alcanzará a ver?
- Si Allen… tu cabezota es tan grande que la podría ver a mayor distancia – dijo riendo Archie.
Allen miró enojado a Archie.
- Ya cállense, parecen un par de niños. – espetó Anthony de mal humor
- Que últimamente tu humor este de perros no quiere decir que los demás tengamos que ser unos amargados…
- ¿Me estas diciendo amargado?
- Ya basta… - gritó Allen – de haber sabido que se iban a estar comportando así no los habría traído.
- ¿De cuando acá los boletos de los Andley los repartes tú? Yo fui quien los consiguió…
- ¿Y que te hace pensar que yo no tenía un lugar asegurado?
Logan simplemente torció los ojos antes de salir del palco. El mal humor de Anthony parecía haberse dispersado entre todos, desde que se había enterado de la boda de Candy y Albert, su nivel de tolerancia había disminuido considerablemente. Archie por su parte parecía disfrutar haciendo rabiar a Allen y a Anthony por igual. A Logan sus comentarios no le afectaban tanto, en gran medida porque siempre se mantenía ecuánime ante sus sentimientos, después de la fiesta de compromiso de Archie le habían tratado de hacer pasar un mal rato con burlas referentes a Patty, pero eso en lugar de molestarle provocaban un efecto contrario en él, solía sonreír y dejarlos extrañados, por lo que habían desistido, "No tiene gracia si no te enojas" había dicho Archie. Sin embargo Allen y él siempre estaban igual, aunque cuando se trataba de cosas serias siempre se aliaban inmediatamente.
La tercera llamada se dio y Logan tuvo que regresar al palco donde ya todos estaban sentados y habían guardado silencio.
El teatro estaba a rebosar, la expectación causada por la opera era mucha, la obra Gianni Schicchi era de uno de los más reconocidos compositores de Opera, Giacomo Puccini, y solo se podía esperar que la Opera fuera un éxito, Logan se sentó en su lugar y miró hacía el escenario, la música comenzó a sonar, la orquesta tocaba maravillosamente y cada nota era magistral.
Todos observaban con atención, cuando Sabrina salió a escena Allen contuvo el aliento, lucía hermosa, y no solo él lo había notado, más de la mitad de los caballeros del público parecían arrebatados por la asombrosa belleza de la muchacha.
Y si su presencia había sido suficiente para despertar esa admiración, durante el momento de su solo de no haber roto con su vibrante voz el silencio podrían haberse escuchado los latidos de todos.
O mio babbino caro,
mi piace è bello, bello;
vo'andare in Porta Rossa
a comperar l'anello!
Allen parecía extasiado al escuchar esas notas que salían de la voz de la bella muchacha. Archie se mostraba bastante sorprendido, nunca había tenido oportunidad de escuchar a Sabrina cantar y en ese momento le pareció que si pudiera escuchar cantar a un ángel sonaría de la misma forma que la muchacha.
Sì, sì, ci voglio andare!
e se l'amassi indarno,
andrei sul Ponte Vecchio,
ma per buttarmi in Arno!
Mi struggo e mi tormento!
O Dio, vorrei morir!
Anthony se miraba emocionado, la voz de Sabrina llegaba a su cabeza y le hacía conmoverse ante la interpretación de la muchacha. Cada palabra que salía de su boca parecía llenar el teatro completo. Logan por su parte había asistido a suficientes operas para saber que la interpretación de Sabrina era una de las mejores que había presenciado.
Babbo, pietà, pietà!
Babbo, pietà, pietà!1
Sabrina terminó su solo ante un estruendoso aplauso que hacía que su piel se estremeciera. Sin duda alguna Sabrina había resultado un éxito.
Al término de la opera, la gente salió al vestíbulo y solo se podían escuchar los excelentes comentarios de la opera, pero sobre todo de la maravillosa Sabrina Lingwood, que había conmovido a todos en el teatro, su belleza no había pasado tampoco desapercibida y muchos asistentes también lo comentaban.
Allen se había perdido de vista, Anthony, Archie y Logan estaban participando del cóctel que estaba siendo servido en el vestíbulo, mientras que Allen se había logrado colar hasta los camerinos para poder ver a su amada.
Sin problemas gracias al pase que Sabrina le había dado antes de la presentación, había conseguido llegar hasta el camerino de la muchacha donde más de media docena de ramos de flores estaban dispersos. Ya se había quitado el disfraz de la presentación, estaba sentada frente al espejo usando un lindo vestido color vino que resaltaba su blanca piel y hacía juego a su largo cabello que caía como cascada sobre su espalda. El muchacho se quedó estático unos segundos ante semejante visión.
- Allen – exclamó Sabrina al verlo a través del espejo, giró la cabeza y sonrió – lo has conseguido, estas aquí.
- No me lo habría perdido por nada en el mundo… - le dijo después de besar su mano.
- Estaba tan nerviosa – dijo ella – todavía lo estoy, mira como tiemblo… el director me ha dicho que he estado muy bien…
- ¿Te ha dicho eso? – preguntó un poco extrañado
- Si… - respondió la muchacha - ¿no te lo ha parecido?
- Muy bien, pero que palabras tan secas… yo diría que has estado magistral… lograste conmover hasta el corazón más duro… te lo puedo asegurar.
- Gracias – dijo la muchacha ruborizándose.
- ¿Quién más ha venido de los Andley? – Preguntó Sabrina.
- Anthony, Archie y Logan…
- Supongo que William no tuvo tiempo de venir ¿verdad?
- Eso creo – dijo el muchacho – la boda lo debe de traer loco…
- Entonces es cierto… ¿se casa con Candy?
- Si, se casan el primero de Enero – apuntó Allen.
- ¡¡El primero de Enero!! – exclamó la muchacha.
- Si, creo que a todos nos ha tomado por sorpresa, pero ya tienen todo preparado para ese día…
- Sabrina frunció un poco el entrecejo, pero no comentó nada, y se dio los últimos toques en su arreglo.
- Tengo que ir a la fiesta que se dará a donde todos van a asistir…
- ¿Es necesario?
- Es imprescindible – dijo ella…
- Quería pasar más tiempo contigo…
- ¿Por qué no vienes?
- ¿Estás segura? ¿No habrá más reporteros por allí?
- Es lo más probable, pero créeme, el día de hoy no me importa…
Allen sonrió, y tomó el abrigo de Sabrina para colocárselo en los hombros.
- ¿Vendrás a la boda?
- Si, nos darán el primero, para descansar… así que puedo salir el 31 después de la función esperando que el tren no se dilate y llegar a tiempo para la boda…
- Entonces aquí estaré el 31…
- ¿Estás loco? – preguntó Sabrina un tanto exaltada.
- ¿Por qué dices eso?
- Podrías no llegar a la boda…
- Y eso que, no es mi boda ¿o si? Lo único que quiero es que estés allí a mi lado, y si tengo que perderme la boda, no es nada…
- Espero que tu familia piense lo mismo…
- Somos demasiados, nadie notará mi ausencia…
Sabrina sonrió, con esa sonrisa que solo Allen le conocía.
- Esta bien, te esperaré el 31 para salir de aquí hacía Chicago.
- Gracias, eres maravillosa…
Los dos salieron al vestíbulo, el cóctel se estaba terminando, y la gente estaba empezando a retirarse, de allí los cantantes y el resto de personal del teatro, tenían una fiesta en casa de uno de los patrocinadores de la compañía. Todos parecían contentos, incluso Sabrina, pero una parte de ella solo podía pensar en que tenía que comunicarse con cierto actor que estaba viviendo al otro lado del país.
1 Aria de la Opera de Giacomo Puccini, Gianni Schicchi… O mio Babbino Caro. La opera en realidad si fue estrenada el 14 de Diciembre de 1918 en el Metropolitano de New York
