Corrió con ella en brazos hasta la casa de Eliza, preocupado, sin estar seguro de que había pasado, pues ella tan solo había perdido el conocimiento en sus brazos.

Insistió en la puerta siendo recibido por Alex, quien les observó preocupada.

- ¿Qué ha pasado?- preguntó dejándole entrar antes de llamar a su hermana- Hay que llevarla arriba- le guió hasta una habitación, donde depositó a Kaelah sobre la cama.

- ¿Qué ha pasado?¿Qué la has hecho?- le preguntó verdaderamente enfadada y preocupada a la vez.

- No lo sé, se ha desmayado en mis brazos- respondió confundido.

- Zyan, ¿puedes salirte fuera?- le pidió Alex, por lo que asintió sin querer hacerlo, pero sabiendo que era lo mejor para ella, así que se salió de esa habitación.


Abrí los ojos confundida, bastante la verdad, pero era consciente de lo sucedido, lo sabía a la perfección, hecho que me asustaba, pues a penas había empezado con esto como para tener que desaparecer tan rápidamente.

No pude evitar sollozar, necesitaba desahogarme, sin embargo, no me sorprendí al escuchar a mi hermana hablar mientras acariciaba mi pelo.

- Shh, cálmate- pidió secando mis lágrimas.- ¿Qué pasa?

- Mis... mis poderes..., se han ido- terminé por sollozar.

Mi hermana me abrazó contra ella en un intento de calmarme, pero la verdad es que tenía miedo, demasiado, ¿iban a volver?

Me separó de ella para observarme, mirándome durante un par de segundos, pasando a sonreírme.

- Kaelah, ¿sabes que eso me pasó a mi cuando empecé como Supergirl?- dijo- Y a Clark, muchas veces, por lo que puedo asegurarte que vuelven- afirmó acariciando mi cara.

- Tengo miedo, ¿y si es como en Krypton?- expliqué entrando en pánico.

- No, no es así- me negó- Puedo asegurarte de que van a volver- acarició mi pelo- Pero primero tienes que calmarte y terminar de relajarte- sonrió.- Vente, creo que ya han llegado- comentó consiguiendo que la mirase extrañada, pero que la siguiese sin poner muchas objeciones al respecto.

Cuando llegué a salón y vi a Kal-el, no pude evitar correr hasta él para abrazarle, consiguiendo que me abrazase de vuelta.

- Hey, ¿me has echado de menos?- asentí ante su pregunta- ¿Has crecido, Kaelah?- cuestionó levantándome del suelo- Hmm, yo creo que no- sonrió dejándome de nuevo en suelo, antes de revolver mi pelo- Yo también te he echado de menos, Keaks- me abrazó de nuevo.

- Clark, ten cuidado con en ella- le dijo, quien supuse que era Lois.

- Lo estoy teniendo- se quejó acariciando mi pelo.- Bueno, Kaelah ella es Lois, y Lois ella es la pequeña de la familia- nos presentó.

- Encantada- susurré tímidamente.

- Igualmente, cielo- me sonrió.

La devolví la sonrisa, teniendo la sensación de que iba a querer huir pues mi primo estaba estaba por comentar algo que no me iba a apetecer escuchar o responder.

- Hey, estás haciendo un gran trabajo como Kryptogirl- dijo observándome- Estoy orgulloso de ti, Keaks- sonrió a la vez que yo apretaba la mandíbula.- ¿Qué pasa?- preguntó preocupado.

- Nada- agaché la cabeza.

- No, algo ocurre, ¿qué pasa?- preguntó de nuevo.

- No tengo poderes, se han ido...- respondí tratando de evitar las lágrimas- Tengo miedo..., no sé si es como en Krypton- le miré alterada.

- Hey, Kaelah, a mi me ha pasado eso muchas veces, incluso a Kara- dijo- No te preocupes, volverán- me sonrió acariciando mi pelo.

No pude evitar sonreírle de vuelta, luchando por creer sus palabras, pero la verdad es que tenía miedo a que no volviesen, a que la realidad que había vivido anteriormente volviese a ser presente.

Sacudí la cabeza al ser llamada por mi hermana para comer, sentándome al lado de ella, queriendo evitar mirar a Mon-el, pues nos estaba observando a Zyan y a mí.

Cerré los ojos en el momento que mi vaso cayó al suelo, escuchando como se resquebrajaba en miles de pedazos.

- Lo siento- susurré agachándome para recogerlo.

- Kaelah, cielo, vas a cor...- fue a hablar mi hermana, pero ya era tarde.

La sangre cubrió la palma de mi mano en apenas unos segundos, haciendo que la mirase atentamente.

- Yo me encargo- dijo Alex acercándose a mí- Vente, Kaelah- me llamó.

Me levanté aturdida, siguiéndola hasta el baño para que limpiase el corte, parpadeando para evitar las lágrimas, pues dolía.

Alex observó concentrada mi mano, limpiando la herida con detenimiento.

- No es muy profundo- me miró a la vez que yo cerraba los ojos, mareándome- Hey, ¿estás bien?- preguntó, por lo que negué con la cabeza- Vale, hey, vamos a la habitación, así te tumbas mientras te vendo la herida- comentó.

Me ayudó a levantarme para llegar allí, tumbándome en la cama justo en el momento que Maggie entraba en la habitación, arrodillándose al lado de Alex, pero dirigiendo su mirada a mí.

- Hey, Kaelah- me sonrió como si tratase de calmarme.

- Cielo, sé que duele, pero tienes que dejar la mano quieta- pidió Alex en el momento que tiré de ella, haciendo que las lágrimas volviesen a ser presentes.

- Está permitido llorar, peque- susurró Maggie acariciando mi pelo, en ese momento me derrumbé, empezando a sollozar- Está bien, cielo, hoy has pasado por mucho, pero ya está- habló calmándome- Tienes que desahogarte, shh, ya está- susurró a la vez que acariciaba mi cara.

Cerré los ojos empezando a adormilarme mientras ella continuaba hablando, relajandome lo suficiente como para que pudiese terminar por dormirme.


- ..y está fuera- dijo Maggie aún acariciando el pelo de la joven.

- ¿Cómo lo has hecho?- la miró completamente sorprendida.

- Es fácil, es solo una niña, necesita alguien que la calme- la respondió- Bueno, en realidad es un superpoder- se rió causando su propia risa.

Terminó de tapar el corte, pasando a acariciar la mejilla de la joven y besar su frente, sorprendiéndose de que Mon-el entrase en la habitación.

- Kara me manda a saber cómo está- se explicó.- Oh, Rao, ¿va a casarse?- preguntó alterado, asustandola a ella también.

- ¿Quien es Rao?- Maggie preguntó, pero en estos momentos estaba mucho más preocupada en intentar entender lo que Mon-el había dicho.

Observó las manos de Kaelah en confusión, sin embargo, se fijó en como él agarraba el colgante de la joven para observarlo.

- Llama a Kara- le pidió, observando como él asentía levemente y se marchaba en su busca.

- Sigo perdida, ¿quién es Rao?- preguntó Maggie de nuevo.

- Es su sol- la respondió nerviosa, sobre todo al ver la cara de su hermana, quien se acercó a la joven agarrando el colgante para observarlo.

- No puede ser cierto- susurró acariciando la cara de la joven- No creo que Kaelah sepa lo que significa- comentó para confusión de los demás- Es la forma de comprometerse en Krypton, el momento en el que la chica renuncia al símbolo y nombre de su padre- explicó lo más calmada que pudo.- No creo que ella sepa eso, se iba a casar con Mon-el quisiese o no, así que, ¿para qué explicarla esto?- les miró encogiéndose de hombros.- No sé qué hacer- la miró cómo si la pidiese ayuda al respecto.

- Y si hablas con él- apuntó consiguiendo que ella asintiera convencida.

- Mon-el, quédate con ella para explicárselo- le pidió antes de girarse hacia ellas, estaba segura de que su hermana no se fiaba mucho de dejarle solo con la joven, por lo que estaba dudando en qué hacer- Verinos conmigo, no me fío mucho de mi misma, ni de Clark- explicó, así que, sin más remedio, regresaron al salón.- Zyan, ¿se puede saber por qué le has regalado un colgante con el símbolo de tu familia a mi hermana de diecisiete años?- le preguntó bastante seria.

- Yo..., el colgante...- empezó a hablar.

- No, solo tiene diecisiete años, es una niña...- le interrumpió- Ni siquiera sabe que significa, no ha podido rechazarlo, ni aceptarlo, la has obligado- le espetó.

- ¿Qué pasa?- preguntó Clark verdaderamente confundido.- ¿La ha propuesto matrimonio?- cuestionó, pero únicamente pudo asentirle, pues Kara continuaba hablando.

Observó la escena con detenimiento, el chico parecía querer explicarse, pero, con la presión de su hermana, era bastante difícil.

Su madre trató de calmar el ambiente que había, sin embargo, a pesar de la confusión de prácticamente todos, la discusión continuó.

- ¿Puedo hablar con ella?- les pidió.

- No- negó Kara- Dudo que te deje acercarte a ella otra vez- comentó, observando como el chico asentía sin querer pronunciar nada más al respecto.


Abrí los ojos aturdida, girando la cabeza hacia la persona que estaba allí conmigo, topándome con sus ojos grises.

- Hey- me sonrió apartando el pelo de mi cara- ¿Estás mejor?- preguntó, por lo que asentí sin estar muy segura de ello- ¿Vas a casarte?- cuestionó haciendo que arquease una ceja confundida- Tu colgante, Kaelah, en Krypton cuando un chico le entregaba un colgante a una chica era la forma de comprometerse, el momento en el que ella renunciaba al símbolo de su familia y al nombre de su padre- me explicó consiguiendo que le mirase sorprendida.

- ¿Por qué sabes tú algo que yo no sé de mi cultura?- le pregunté confundida.

- Porque se suponía que tenía que hacerlo yo cuando nos conociésemos antes de la boda, Kaelah- me respondió- No fuiste educada para elegir a tu pareja, sino para casarte con alguien que no conocías, quisieses o no, ibas a hacerlo, no tenías opción- explicó a la vez que yo cerraba los ojos.

- ¿Puedo hablar con él?- susurré cuando me atreví a abrir los ojos de nuevo.

Mon-el asintió levemente, por lo que me dirigí a la planta de abajo en su busca, observando la escena que se vivía en el salón con detenimiento, sin sorprenderme por que mi hermana y mi primo estuviesen en la puerta sin permitir el paso. Sin embargo, ambos se giraron hacia mi, observándome, pero finalmente dejarme pasar.

- ¿Por qué me has hecho esto?- le pregunté, lágrimas amenazando con salir de mis ojos- Sabías que no iba a negartelo, que no iba a decir nada al respecto y aún así, sin explicarme nada, lo hiciste- parpadeé permitiendo que las lágrimas saliesen al exterior- Mis padres me iban a casar con alguien que no conocía de nada y ahora tú me haces esto...- agaché la cabeza.

- Kae, a mi me conoces, soy tu novio- comentó como si fuese suficiente para excusarse.

- No, no lo hago, Zyan, no te conozco lo suficiente- le negué.

- Kaelah, no hay que ponerse así...- empezó.

- No- le interrumpí quitándome el colgante- Dame tiempo- le pedí antes de girarme y correr hasta la habitación, escuchando como mi hermana me llamaba, pero sin detenerme, pues en estos momentos los sollozos eran incontrolables.

Me tiré en la cama llorando, queriendo estar sola durante un tiempo, pensar sin tener nadie que pudiese condicionarme, sin embargo, la puerta se abrió de golpe, asustandome.

- No quiero hablar, Kara- dije sin ni siquiera levantar la cabeza.

- No soy Kara- se quejó Mon-el.

Suspiré, esto era lo último que me apetecía, que estuviese él en la habitación.

Me giré para mirarle, observando como se sentaba en el borde de la cama mirándome, a la vez que la conversación de esta mañana se repetía continuamente en mi cabeza.

- ¿Qué haces aquí?- le pregunté secandome las lágrimas.

- Calmarte, estar contigo- respondió encogiéndose de hombros- Acerca de lo de esta mañana..- trató de hablar, pero no le dejé continuar.

- No, lo pillo- me incorporé- Tu vida, mi vida, nada más- dije haciendo que él asintiera.- Mon-el, no estoy diciendo que no te quiera en mi vida, pero..., amigos, ¿vale?- estiré mi mano para alcanzar la suya.

- Amigos- sonrió agarrando mi mano para estrecharla.- Y ahora deja de darle vueltas a lo de Zyan- dijo abrazándome por los hombros.

Permití que me abrazase, relajandome, haciendo caso a sus palabras, tratando olvidarme de todo.

Cuando me separé de él escuché como vibraba mi móvil, por lo que dejé de prestarle atención para ver quién me había escrito. El mensaje era de parte de Zyan, una fotografía de momentos anteriores cuando Mon-el me había abrazado, acompañado de un mensaje, "Ahora veo el problema", hecho que me rompió de nuevo, sin embargo, me contuve.

-...¿qué te parece, Kaelah?- preguntó Mon-el sacándome de mis pensamientos.

- Lo siento, ¿qué decías?- le pregunté.

- Que nos están esperando abajo, ya que esta mañana no ha habido Navidad, vamos a hacerlo ahora, ¿te parece?- me explicó de nuevo.

Asentí levemente, dejando el móvil de nuevo, para seguirle, decidida a dejar todo aquello de lado, por lo menos por esta tarde.

Gracias por leer,

Ayrin