Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación.


52

Carlisle Cullen salió a pasear con su mujer por su trecho de playa favorito, el que quedaba frente a Recuerda. Eran las seis y cuarto cuando vieron a Jasper

y Alice con la niña junto a la orilla. Se pararon a hablar.

—Acabo de regresar de Nueva York —explicó Jasper—, y sentí una necesidad imperiosa de llenarme los zapatos de arena. Suban a tomar un vaso de vino.

Esme había pasado mal día. Después de regresar de casa de Edward Masen con Carlisle y Jan Paley, había estado muy nerviosa. Entró en el despacho y se puso a buscar sus papeles, acusando a Carlisle y a Jan de habérselos robado. Carlisle pensó que tal vez sería buena idea que viera dónde estaban ahora y que Alice le volviese a explicar por qué los tenía. Y quería contarle a Jasper que había hablado con Edward.

Aceptó la invitación y siguieron a los Whitlock hasta la casa. Mientras cruzaban el jardín, Carlisle le explicó a Alice lo que pretendía hacer.

Alice escuchó con el corazón en un puño, rezando para que Esme no insistiera en llevarse los papeles.

Pero una vez en la cocina, Esme Cullen pareció complacida de ver los pulcros montones de papeles, carpetas y libros. Los acarició cariñosamente y bajo la mirada de su marido, de Alice y de Jasper, su rostro se iluminó. La nublada expresión de sus ojos desapareció.

—Quiero contar su historia —murmuró al tiempo que abría la carpeta de ilustraciones.

Alice se dio cuenta de que Esme pretendía mirar todos los dibujos. Cuando llegó a los que ella había hecho, los levantó y gritó:

—Los has copiado del cuadro que tengo de Mehitabel y Andrew en el barco. Hace tiempo que no lo encuentro. Pensaba que lo había perdido.

«Menos mal que existe un cuadro que pude haber copiado —pensó Alice—. Con esta maldita medicación, no acabo de tener la cabeza en su sitio.» Esme se quedó quieta un momento, estudiando el rostro de Mehitabel. Notaba que retrocedía, que se veía arrastrada de nuevo a la confusión, que volvía a perderse. Hizo un esfuerzo para seguir adelante. «Su marido la quería —pensó—, pero no le creía. Por eso murió. Tengo que advertir a la mujer de Jasper que eso mismo le va a pasar a ella.»

Trató de aferrarse a esa idea, pero de pronto perdió todo significado. Mehitabel. Andrew. ¿Quién más?

Antes de que su mente se tornara nuevamente borrosa, gris y vacía, consiguió susurrarle a Alice:

—Mehitabel inocente. Tobias Knight. Respuesta en carpeta «Saqueadores nocturnos».


Me encanta la Esme de esta historia ;D

Besos,

Christina.