Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.
Barely Breathing
Capítulo 45
BURLAR
Sólo aguanta.
Huesos rotos, visitas canceladas. La ausencia del amor de madre. Bella ha vivido todas esas cosas, ha sentido el dolor, lo ha soportado. Pero nada la preparó para lo que le dijeron.
Sólo aguanta.
Cuando finalmente exhala, suena como un sollozo: áspero, lamentoso, un grito de misericordia. Una imagen de Edward se quema en su cerebro: riendo, sonriendo, besando a su esposa. Bella intenta parpadear para quitársela, pero es obstinada. Se burla de ella. Se aferra a sus pensamientos como el atormentador sonido de un niño llorando.
Aguanta.
Cuando las lágrimas caen, ella apenas lo nota. De todas formas, no las puede ver. Está cegada por él, por sus mentiras, por darse cuenta de que ella no fue nada más que un remplazo. Una pobre imitación de su verdadero amor.
Y duele, duele.
Le corta hasta el alma.
Todas esas miradas, todas esas caricias, las suaves palabras susurradas en su oído, nunca fueron dirigidas hacia ella. Ella era meramente una sustituta, la suplente llegando en el último momento. Alguien inferior, una segunda opción, el último recurso.
Tiene que luchar para inhalar. Es como si su cuerpo ya se hubiera rendido. Hubiera cerrado sus vías respiratorias, liquidado el negocio.
—Me parezco a tu esposa. —Lo dice de nuevo, intentando obligarse a entenderlo, a creerlo—. A tu esposa muerta.
—Podrías ser su copia a carbón. —La voz de Alice. Suena como si se regocijara con ello.
—Bella, por favor, escúchame. —Finalmente, él avanza un paso. Estira una mano hacia ella. Pero es demasiado tarde. Todo lo que ella puede ver es la verdad.
La dolorosa y amarga verdad.
Esta vida nunca fue suya.
—Tengo que irme. —No sabe a dónde, no sabe cómo. Pero necesita salir de esta casa. La casa de Maggie. El hogar de Edward y Maggie. Lejos de las paredes que se cierran sobre ella. Bella se para, retrocede, dejando a Edward de pie ahí con la mano estirada y la cara suplicante.
Porque ella se parece a Maggie.
—No me toques. —Ella sigue retrocediendo—. No puedo soportar que me toques.
—No lo haré. No te tocaré. Por favor, quédate.
—¿Siempre fue por ella? ¿Es por eso que me pediste que estuviera contigo? ¿Porque la extrañabas? —se seca el torrente de lágrimas. Este no es el momento para ellas—. ¿Es ella a quién veías cuando estábamos…?
A pesar de que ella no puede decirlo, él lo sabe. Ella puede verlo en la mirada de sus ojos.
—Nunca la vi a ella cuando te tocaba. Sólo eras tú.
Mentiras, todo. Él se las ha estado dando como a un bebé. Ha dejado que ella las engulla, se las trague, creyendo que son buenas. Cada una de ellas arde en su estómago; recordándole lo bajo que ha caído. Lo espantoso que saben en realidad.
—Eres un bastardo.
Ella tiene que morderse los labios para detener los gritos que quieren escapar. Ya no puede soportar seguir viéndolo. Se da la vuelta, corre por el pasillo, sale al porche.
El frío la golpea incluso antes de que baje las escaleras. Se curva a su alrededor como un amante enojado, helando su piel, haciéndola temblar. Su delgado suéter de estambre no es suficiente para la nieve. Los copos se pegan a las ásperas fibras, mojando la tela.
Sólo un idiota se quedaría afuera cuando hay una casa cálida justo frente a ella. Sólo alguien loco se alejaría del calor. Pero eso es lo que ella hace, corre por el camino de entrada, sus zapatos dejan huella en la media pulgada de nieve.
Cuando llega a la banqueta, ve la puerta del carro de él abierta. Las llaves siguen colgando del encendedor debido a su apresurada salida. Edward grita su nombre, corre tras ella, y ella sabe que sólo hay una salida.
Una manera de escapar.
Se mete en el carro de él, las llantas patinan por el camino antes de que Edward pueda detenerla.
