Capitulo LII
"Una Cruda realidad"
-¿Y como sigue la historia Tía? –Pregunto Mitzuko al notar el largo silencio producido en la sala.
-Bueno lo que vino después fue una seguidilla de mala racha para mamá.
-¿Aún más? –Kasumi y Mitzuko se miraron con melancolía.
Hinata fue dada de alta cuatro días después de dar a luz. Kurenai y Azuma fueron los encargados de conducirla, y a su bebe, a su hogar. Sasuke la había evitado casi todo el tiempo; sabía que estaba enojado pero aún tenía fe en que el chico recapacitaría.
La pelinegra llegó expectante a su hogar, las ansias la consumían ¿Estaría él allí? Si Sasuke había reflexionado en los últimos cuatro días seguramente estaría esperándola.
Bajo con rapidez del coche, tomó a Minato entre sus brazos y lo deposito con cuidado en el cochecito, que Azuma le había preparado, y se asomó tras la cerca.
-¡Hinata! – grito con euforia una voz femenina que corrió a recibirla abrazándola con fuerza.
-¿¡Tenten! –La pelinegra no lo podía creer. -¿Eres Tú? –Mirándola con detenimiento. –Te has dejado suelto el cabello y te ves distinta.
-¿Me veo bien? –inquirió dando una vueltita frente a ella.
-Te ves preciosa –dándole un fuerte abrazo –lamento lo que ocurrió con Shikamaru. –Le susurro al oído
-Descuida Hinata se que él siempre me acompañará a donde quiera que vaya.
-Claro que si amiga. –Mirándose ambas a los ojos.
-¿Me dejarás saludarla o tengo que empujarte? –Pronunció una voz masculina sobresaltando por un momento a Hinata.
-¡Neji! No lo puedo creer ¿eres tú?
-Claro que si no podía perderme este acontecimiento. –abrazándola con fuerza.
-¿Cuándo llegaste?
-Esta mañana y decidimos venir a verte
-¿Decidieron?
-¡No me perdería por nada del mundo la oportunidad de conocer a mi sobrino! –Hanabi y Kiba también aparecieron tras la puerta y la abrazaron con felicidad.
-Hermana, Kiba me alegra tanto verlos. –abrazándolos a ambos.
-¡Felicidades Hinata! –Exclamó Kiba quien fue el ultimo en saludarla. –Te lo mereces… -Secándole una lagrimilla que se había fugado de sus ojos.
-Gracias a todos por venir a verme ¿Y están solos? –relojeando desde lejos buscando la posible presencia de Sasuke.
-Papá no quiso venir… pero dale tiempo Hinata. –Dijo Hanabi con ingenuidad.
-Si eso haré. –comento disimuladamente.
-¿Y donde esta mi ahijadito? –buscando en el cochecito a espaldas de la chica. -¡Ahh es precioso! –sentenció la castaña haciéndole morisquetas.
-¡Nosotros también queremos verlo! –repitieron al unísono acomodándose frente al cochecito.
Todos notaron la azulina mirada en el pequeño pero ninguno de los presentes se atrevió a preguntar absolutamente nada.
Por fin después de un rato ingresaron a la casa de Hinata donde habían colocado un gran cartelón, varios globos de colores y cocinado una deliciosa cena para festejar la ocasión.
-¿Dónde esta Sasuke Uchiha? –Inquirió Hanabi después de varias horas.
-Esta trabajando. –Dijo Hinata con avidez. –Así que no creo que pueda venir hoy.
-No entiendo ¿no deberían darle licencia a él también para que te acompañe en estos primeros días?
-Es que el clan Uchiha es muy estricto con sus deberes y no pueden ser tan liberales como en otros trabajos. -Afirmo la ojiperla con tranquilidad.
-Comprendo… ¿Y que hay de tus suegros y de Itachi y Lara?
-Supongo que ellos estarán algo ocupados… -sonriendo con dificultad.
-No seas molesta Hanabi. –Exclamó Kiba quien tomó una copa de vino y pidió que celebraran por el recién llegado.
-Bueno Hinata, nosotros nos vamos. –Sentenció Kurenai.
-¿No se quedarán otro rato?
-Es que Azuma debe levantarse mañana temprano para hacer los pasaportes.
-¿Pasaportes? –Hinata los miró asombrada.
-Si, con todo este revuelo no tuve tiempo de decirte, pero Naruto decidió que Azuma ocupara el puesto de jefe de seguridad en una de las compañías de Sunakagure así que nos mudaremos allí en unas semanas.
-¿Naruto? ¿Espera te irás? –Hinata la contemplo estática.
-Sí, pero estaremos siempre en contacto te llamaré todos los días y vendré a visitarte una o dos veces por mes te lo aseguro. –Exclamó Kurenai sonriendo.
-Me alegro por ustedes Kurenai
-Gracias Hinata, aun que extrañare tus galletas dulces. –Dijo Azuma haciendo puchero.
-Bueno les hornearé unas cuantas para que se lleven en el viaje y cuando Kurenai venga a verme te enviaré unas cuantas más Azuma. –Dijo con satisfacción.
-Gracias Hinata-chan –Abrazándola con fuerza. –Me alegró mucho de haberte conocido.
-Y yo también Azuma. –Hinata los acompaño hasta a salida.
-No te preocupes por Sasuke, el regresará, te ama demasiado. –Dijo Kurenai besándole la frente.
-Estoy segura que lo hará. Cuídense mucho y me avisas antes de irte. –Saludándolos con la mano.
-Adiós Hinata… -Grito Kurenai desde el coche.
-Adiós Kurenai…
-Nosotros también nos vamos. –Dijo Hanabi apareciendo a sus espaldas.
-¿En serio?
-Si, estamos organizando algunas cosas de la boda y mañana tengo prueba de vestido así que me gustaría que fueses Hinata ¿Si puedes claro está?
-Si me encantaría y felicidades nuevamente por su boda.
-Gracias, cuñada. –Kiba volvió a abrazarla y se despidieron subiéndose al coche y perdiéndose en el horizonte.
-¿ustedes se quedarán otro rato? –Dijo con picardía Hinata al ver a su primo concentrado en la castaña y a la chica sonreír contenta.
-Yo no tengo problemas de horarios no estoy trabajando ahora. –Dijo con firmeza Tenten.
-Más bien deberías decir que estás cubriéndome las espaldas. –Neji sonrió.
-¡No! es mi día libre. –Tenten le guiño el ojo con picardía.
-¿Qué esta pasando aquí? –Inquirió Hinata arrastrándolos por los brazos a ambos hasta ingresar a su casa.
-Después de que Itachi fue a verme a casa sus palabras me hicieron recapacitar; realmente actué muy mal contigo y con los chicos Hinata, así que una de las maneras de resarcirme fue ir a ver a Hanabi y pedirle que me reincorporará de inmediato; la mejor manera de honrar a Shikamaru es tratar de ser feliz como él me lo pidió.
-Realmente tus palabras me hacen muy feliz Tenten estoy segura de que lo lograrás –afirmo la ojiperla
-Más bien dirás que lo lograremos. –Contesto la castaña sonriendo más la chica la observó con un dejo de aflicción lo que hizo que Tenten le apretase fuertemente la mano como intentando consolarla.
-¿Y tú Neji? –Mirando con curiosidad a su primo.
-Yo, nada… es decir vine a verte a ti… -Tragando saliva.
-Neji me pidió que fuese a trabajar con él y acepte. –Dijo Tenten sonriendo.
-¿Te irás también? –Hinata cambio su expresión a tristeza no pudiendo disimular su semblante.
-Si, pero no debes preocuparte Hinata yo estaré aquí cuando me necesites solo debes hacer una llamadita a mi celular y estaré aquí para ti.
-Si lo sé…
-Además las cosas con Hanabi han mejorado y seguro que tú papá reflexionara, ya verás; además estará aquí Sasuke. –Dijo Neji despreocupadamente.
-Si, claro tienes razón. -Hinata sonrió forzadamente. -¿Y cuando se irán?
-Nos iremos después del casamiento de Hanabi dentro de dos semanas.
-Bueno… no les diré que no me siento triste, por que les mentiría, pero estoy contenta de que continúes con tu vida Tenten y jamás olvidaré todo lo que hiciste por mi ¡Te quiero mucho!
-¡Yo también te quiero amiga!
Finalmente la ojiperla preparó su hogar para que sus dos huéspedes repentinos se alojaran esa noche. Neji ocupo una de las habitaciones de arriba y Tenten durmió esa noche con Hinata pues aún había algunas cosas que la castaña necesitaba aclarar con la chica antes de marcharse.
-Sasuke vino a verme a casa hace unos días.
-¿De verdad?
-Se veía muy alterado y me pregunto…
-¿Qué cosa?
-Quería saber si tú y Naruto estuvieron juntos después de que ambos se separaron.
-¿Qué le dijiste? –Dijo Hinata quien pegó un salto de su cama.
-Que no… pero pregunto si cuando eran novios tú y él… ya sabes…
-¿En verdad te pregunto eso?
-No le dije nada a ciencia cierta pero…
-¿Pero que?
-Le dije que hablará contigo… y que tú y Naruto habían sido novios… -Creo que por eso saco su deducción.
-Ya veo…
-Me insinuó que el bebe no era suyo… realmente lo vi muy enojado. – la castaña se puso el pijama.
-¿Y te habrás dado cuenta de eso como todos verdad? –mirándola fijamente.
-Hinata…
-Pero lo cierto es que todos son muy educados y evitaron preguntar más de la cuenta.
-¿Entonces Minato es?
-Es hijo de Naruto…
-Vaya… eso si que es un problema… -formulo entre suspiros.
-Sasuke se fue muy ofendido del hospital y no me ha llamado ni respondido mis mensajes desde hace cuatro días. Intenté comunicarme con Itachi pero al parecer esta en una misión. Lara dijo que cuando pudiera pasaría visitarme pero no sabía nada de Sasuke.
-A lo mejor él también está en una misión…
-Tal vez… o tal vez solo esta evitándome…
-Pues deberías dejar que se le pase el enojo, Sasuke te quiere.
-Si, eso me sugirió Kurenai pero ¡sabes! lo vi demasiado herido. Además ya revise y su ropa no está Tenten.
-¡Rayos! –Tenten se levantó con rapidez y abrió de par en par el placar de la habitación solo para confirmar la afirmación de Hinata.
-Supongo que solo puedo esperarlo… -Dándose vuelta en la cama he intentando cerrarlos ojos.
-Hinata ¿Qué harás con respecto a Naruto? Si él es el padre de Minato tiene derecho a saberlo.
-No no le diré nada y te prohíbo que le hables a Naruto de esto Tenten.
-¡Pero Hinata!
-No le dirás nada… Naruto jamás debe regresar a nuestras vidas no quiero que me quite a mi hijo. –Dijo cerrando los ojos he intentando dormir.
-¡Naruto jamás te apartaría de Minato! –Exclamó la castaña sorprendida.
-Eso no lo sé Tenten, él vive en otro país y seguramente querrá estar con él y eso significaría que vuelva a mi… a nuestras vidas entiendes que me traería más problemas con Sasuke.
-Realmente no entiendo la actitud de Sasuke, sus ataques de celos son demasiado extremos.
-Es por eso que no sería prudente decirle nada a Naruto.
-¿Pero algún día se lo dirás verdad?
-No lo creo…
-Hinata, Minato tiene derecho a saber quien es su verdadero padre, y ya le has mentido a Sasuke quieres seguir mintiéndole a dos personas más, por que cuando tú hijo crezca no te perdonará el que le hayas ocultado la verdad.
-Lo sé Tenten lo sé… pero necesito algo más de tiempo… -acurrucándose en su cama.
-Es una situación complicada Hinata… pero debes ser clara con Naruto y con Sasuke, el problema no son ellos eres tú y solo espero que tu necedad no te lleva a cometer otra locura. –Tenten se recostó a su lado he intentó dormir; pero para Hinata estas últimas palabras de la chica resonarían en su cabeza mucho tiempo después.
De a poco, y en un mes y medio, Hinata pudo ir retomando su antigua vida. Cada mañana se levantaba bien temprano para hornear deliciosas galletas de chocolate, vainilla, canela, miel y otros tantos sabores. Su ronda comenzaba al despuntar el sol en el horizonte y llegaba a la casa pasado el mediodía. Minato a pesar de ser muy pequeño la acompañaba en sus rondas diarias, como el clima era más bien cálido no había problema en que el niño se enfermara.
Tenten ya había partido a su nuevo hogar junto con su primo Neji. Hanabi y Kiba estaban en plena luna de miel; Kurenai y Azuma, junto a su pequeño hijo, se habían marchado hacia tan solo una semana a Suna. Itachi apenas la visitaba pero no permanecía a su lado más de unos cortos minutos, inventado alguna extravagancia para marcharse con rapidez, y evitar una lluvia de interrogantes con respecto a su hermano menor y Sasuke no había respondido a ninguna de sus llamadas ni mensajes.
La situación económica de la chica no era de lo más favorable, ahora se veía en graves apuros para poder mantenerse y encargarse de los requerimientos básicos de Minato.
Hinata intentó nuevamente arreglar su hogar para poder alquilar alguna de las habitaciones disponibles en la planta alta, pero con un niño pequeño que lloraba a todas horas espantaba a la mayoría de la clientela.
Nuevamente volvía a sentirse sola. Quizás Tenten tenía razón y debía hablar con Naruto, explicarle como estaban actualmente las cosas, confesarle que era padre, pero eso también significaba darse por vencida y clamar a gritos que era una verdadera inútil.
Los meses pasaban unos tras otros. Las cuentas y las deudas de la casa eran impagables. Ni Sasuke ni ninguno de sus familiares, excepto Itachi que la visitaba esporádicamente, venía a verla ¿Acaso todo el mundo se había olvidado de ella?
Las ventas habían mermado. Las leyes en Konoha se habían vuelto más estrictas con respecto a la venta callejera. Los negocios, que usualmente le compraban, habían dejado de hacerlo o solo dejaban muy pocas cajas de sus galletas, y el buscar ahora nuevos mercados en donde disponer sus productos no era una tarea sencilla.
Parecía que una larga racha de mala suerte la había tomado de punto y la perseguía sin descanso. Cartas de intimación llegaban casi cotidianamente y el banco había iniciado una orden de desalojo expelida hacía unos pocos días.
A pesar de todos los problemas suscitados, no perdía las esperanzas de reiniciar su vida y que Sasuke la perdonara. Pensó varias veces en ir a buscarlo pero tampoco quería apresurarlo o precipitar una decisión que más adelante le resultase dolorosa.
-Haber Minato debes quedarte quietito si quieres quedar bonito. –Exclamó besándole la pancita con ternura.
La muchacha lo baño y vistió con calma mientras el niño se entretenía babeando un patito de juguete que se había convertido en una especie de fetiche para el pequeño.
Alguien llamó reiteradas veces a la puerta de entrada. Hinata deposito al bebe en su corral y acudió con prisa a la puerta.
-¿Quién es? –Inquirió sin abrirla.
-Señora Hinata Yugi.
-Sí…
-Necesito hablar con usted; mi nombre es Omoi y soy el abogado personal del clan Uchiha.
-¿Abogado del clan Uchiha? –Interrogó con curiosidad entreabriendo un poco la puerta de la casa avistando tras la misma a un hombre moreno de cabellos oscuros y ojos grandes, vestía de traje y traía consigo un portafolio de color negro.
-Aquí tiene mi tarjeta señora –entregándole aquella identificación.
-¿En que puedo ayudarle señor Omoi? –devolviéndole la identificación la cual guardo en el interior del saco.
-Vengo aquí para tratar su divorcio señora.
-¡DIVORCIO! ¿Qué divorcio, de que habla? –Inquirió sorprendida
-¿No esta usted casada con el señor Sasuke Uchiha? –dijo el hombre con curiosidad.
-Bueno… si… pero no vamos a divorciarnos –Hinata pudo sentir claras palpitaciones en su pecho.
-Tengo aquí –sacando del interior del maletín una carpeta, la cual, abrió –unos papeles provenientes del juzgado en donde su esposo le pide el divorcio acusándola principalmente de infidelidad y…
-¡Un momento que! –Abriendo la puerta de par en par y con algo de enfado ¿Acaso todo eso era verdad?
-Me gustaría hablar con usted señora solo me tomará unos minutos.
-Si, pase… -Hinata sintió un profundo dolor socavar su corazón ¿de verdad Sasuke quería separarse de ella? Después de todo lo que había tenido que vivir en su vida, las calamidades continuaban persiguiéndola.
-Estos papeles son para usted. –Expreso el sujeto tras haber apoyado las cosas sobre la mesa.
-¿Qué es esto?
-Son los trámites de divorcio; como ve ahí su esposo, mejor dicho, el señor Sasuke Uchiha ya ha firmado; solo falta que usted haga lo mismo para que se haga efectivo.
-Pero… Sasuke… -La firma era la de su valiente paladín de eso no había duda ¿entonces para Sasuke no había vuelta atrás?
-Usted sabrá que el clan Uchiha no son gente vulgar y que estas situaciones para ellos se resuelven con rapidez. También entiende señora que su ex marido alega buenas causas a su defensa para pedirle a usted que firme el divorcio.
-¿Qué causas? ¿Qué dice? –La chica lo miró confusa y triste ¿acaso estaba teniendo otra de esas pesadillas que la asaltaban habitualmente?
-Principalmente –abriendo algunas fojas de su carpeta –el niño que usted tiene y que ha alegado ser hijo del joven Uchiha no comparte su mismo ADN; por ende no esta confirmada su paternidad sobre el pequeño. También tengo aquí una orden expelida desde el mismísimo líder del clan para evitar que usted solicite colocar el apellido Uchiha a ese infante. –Entregándole el documento –Esto se hace para que no sea capaz de reclamar ningún tipo de resarcimiento u manutención por parte del señor Sasuke Uchiha. Por ultimo esta orden es para solicitarle una restricción de acercamiento durante el periodo de tiempo que dure el divorcio y hasta que el joven decida cancelarlo.
-¿Sasuke hizo todo esto? con habérmelo pedido bastaba… –profirió con tristeza.
-Bueno eso es todo; le dejo la carpeta y los papeles para que los firme, pasaré por ellos en dos semanas o puede usted misma acercarlo al juzgado si se decide antes. La dirección figura al final del edicto. –Dijo incorporándose. –Esta demás decir que si usted se rehúsa a firmar irán a un juicio donde, por su bien, le pido que reconsidere o no le alcanzara la venta de su casa para pagarlo.
-Ya veo… -tomando la carpeta entre sus manos.
-Le pido firme aquí –sacando otra hoja del portafolio –y firme al final de la misma dejando asentado mi asistencia a su residencia.
-Bien… -Firmando aquel papel.
-Queda debidamente notificada que tenga buenas noches. –Retirándose con rapidez.
-Adiós… -Exclamó al verlo perderse tras la cerca exterior de la casa.
Hinata cerró la puerta de calle he ingreso al salón para ver a su pequeño hijo quien ya se había dormido hacía un buen rato. La chica se apoyo contra el umbral de la puerta y se dejó caer con pesadez hacia el suelo; sujetándose ambas piernas con sus brazos.
Nuevamente las lágrimas se acumularon en sus ojos perdiéndose inconteniblemente en sus mejillas; pero que podía hacer, al parecer Sasuke estaba decidido.
Al día siguiente de aquella inesperada visita, la muchacha retomó su trabajo diario; era necesario comenzar a pagar las cuentas de su morada o tendría algo más de que ocuparse además de su desdichado divorcio. Para empeorar la situación, Minato, comenzaba a quedarse sin pañales. La ropa comprada hacía unos meses atrás le quedaba sumamente apretada y necesitaba algo más amplio, la comida se había extinguido en la alacena y en su billetera solo había dos billetes de cinco; y para completar su mala racha, la escasa alimentación ingerida a diario había generado una deficiencia en su leche materna reduciendo la cantidad producida; lo cual, hacia que el pequeño Minato no quedará para nada satisfecho.
Si algo le podía salir peor era que se encontraba sola en medio de todo aquel revuelo suscitado. Pensó en hablar con Kurenai o Tenten pero la línea del teléfono había sido cortada por falta de pago. Quizás si hablaba con Hanabi, pero no le había sido tan fácil contactar con ella en el último mes. Sus recursos estaban llegando a su final al igual que sus mermadas fuerzas.
La ojiperla se dispuso a preparar, la mañana del sexto día, con lo que había quedado de ingredientes, la última tanda de galletas. Se propuso hacer hasta el último esfuerzo para mejorar su situación actual, a pesar, de no haber dormido nada la última noche debido a una intimación del banco.
Horneo y coloco las galletas en sus respectivas cajas. Necesitaba optimismo y empuje para sobrellevar el día. Se acercó a uno de los aparadores de la sala y recogió con sumo cuidado aquella foto extraída del diario, en donde con su familia, posaban felices en un distante pasado; en el cual ella, pertenecía a una de las estirpes más importante de Konoha y en donde la miseria, la tristeza, la soledad y la desesperación no eran parte cotidiana de su vida.
La chica volvió a dejar la foto en su lugar, tomó a Minato y lo recostó en su cochecito y salió a realizar su reparto diario.
Las ventas en la calle seguían escasas. La plaza de Konoha comenzaba a verse desierta. El invierno ya había arribado en el calendario y el frio comenzaba a sentirse cada vez con más intensidad. Intentó alimentar a Minato pero al parecer la leche en su pecho se había acabado ¿Acaso era posible que en diez meses su vida se fuera al tacho?
Pasó por una tienda y compró con el poco dinero ganado, una lata de leche en polvo y una bolsa de pañales. Al salir del supermercado recorrió dos cuadras encontrando un pequeño letrerito en la puerta de una peluquería. La muchacha no lo dudo ni un instante. Esa fue la primera vez en su vida que perdía su precioso cabello pero en ese momento no había tiempo para lamentaciones o dudas.
El peluquero emparejo el corte lo mejor que pudo pero un arreglo de cabello costaba unos cuantos billetes que no podía darse el lujo de gastar. Regresó al supermercado y compró algunas cositas más para hornear una última tanda de galletas que vendería en la mañana después de ir al juzgado.
Esa noche volvió a acostarse llorando. Sus fuerzas se habían acabado, sus recursos estaban completamente extinguidos y aún no había podido reencaminar su descarriada vida.
No podía hacerse cargo de Minato y tampoco era justo que alguien más se hiciese cargo de los dos. Los empleadores no tomarían una mujer con un hijo acuestas y tampoco contaba con el dinero suficiente como para pagarle a una niñera. Tenten tenía razón, necesitaba hablar con Naruto y rogarle por que se hiciese cargo del niño hasta que ella pudiese restablecerse, buscar un lugar donde vivir y terminar de pagar las deudas pendientes, a pesar del intenso dolor que esa separación le provocaría.
Sabía que Naruto la quería y quizás aún podía suplicarle por un ultimo favor, aun que no estaba segura de cómo tomaría el chico esa espontánea realidad en donde él era "padre".
Al día siguiente, después de cumplir con su rutina, firmó entre lágrimas los papeles de divorcio. Cargo las galletas y a Minato y partió. Camino unas cuantas cuadras hasta al edificio de justicia de Konoha. Al llegar una amplia escalinata la conducirían al interior de aquella enorme edificación.
La muchacha miró a su alrededor hasta dar con un camino ascendente hecho para sillas de ruedas. Se deslizo con cuidado hasta allí, cargando el cochecito, una mochila a sus espaldas con los pañales, leche y otros objetos del bebe y dos bolsos repletos de cajas de galletas colgando en cada hombro.
-¡Señora Yugi! –Exclamó una voz masculina proveniente desde la parte más alta de la escalera.
-¡Si! –Grito con fuerza para ser escuchada.
Tres figuras se dibujaron en lo alto de aquella subida. Una era Omoi el abogado de Sasuke, el otro era Fugaku Uchiha y para su martirio el mismísimo Sasuke la contemplaba impávido y taciturno.
-¿Qué es lo que decidió? –Sentenció el robusto sujeto acercándose a su posición.
-Le he traído la carpeta firmada –intentando capturar la misma dentro del interior de su bolso.
-Déjeme ayudarla… -Exclamó el sujeto sosteniendo el cochecito.
-Gracias… -Contesto con tristeza ¿Sería capaz de contenerse de llorar frente a Sasuke? –¡Aquí esta! –tras apoderarse de la carpeta.
-Permítame ver… -Ojeando la misma –Bien todo parece estar en orden… con esto puede usted considerarse un mujer libre señora Yugi.
-Más bien esto significaría que nunca fui querida… -Profirió en voz baja y mirando por última vez al pelinegro quien no le había quitado la vista de encima.
-Le deseo mucha suerte y me alegra que sea una mujer sensata.
-¿Puedo pedirle un ultimo favor? –Inquirió ella.
-Si, claro.
-Dígale a Sasuke… que lo lamento… que no soy buena para hacer feliz a las personas, que no lo culpo y que deseo que algún día encuentre la verdadera felicidad… y dígale también que estoy apenada de que haya malgastado su tiempo conmigo… pero espere a que me haya ido señor Omoi. –Dijo liberando algunas lagrimillas de aquella prisión creada casi artificialmente en sus ojos.
-Si como guste… -Contesto el sujeto mirándola con atención.
-Gracias… y disculpe toda esta molestia -dijo girando el cochecito con cuidado y descendiendo aquella empinada cuesta.
Bajó con dificultad, se acomodó mejor los dos pesados bolsos y volvió a contemplar en lo alto la resplandeciente figura de Sasuke junto a Fugaku. La pelinegra sonrió y elevo su mano saludándolo por última vez. Tomó el cochecito y comenzó a caminar con rapidez, si permanecía un minuto más allí, no estaba segura de lograr soportar, en pie, aquella dolorosa y solitaria despedida.
La tarde continuo con tranquilidad. Caminó más de lo acostumbrado pero pudo vender hasta la última caja de galletas, si lograba seguir con ese ritmo podría mejorar su producción y con ello su economía.
Transitaba silenciosa las frías calles de Konoha. Minato dormía tapado con unas cuantas frazaditas pero tosía de vez en cuando lo que hizo que la chica acelerara el paso.
El atardecer y un intenso crujido en su estomago le recordaba que no había comido en todo el día. Paró frente a un kiosco y compró unos chocolates; sin duda, esa era la mejor y la más económica cena de la cual podía disponer. Pagó y mientras esperaba su vuelto pudo distinguir, una imagen de Naruto en una revista exhibida en los aparadores.
"Multimillonario y su nueva novia ¿Acaso habrá casamiento?"
La leyenda en la tapa parecía decirlo todo. Abrió la revista, buscó la pagina, y hallo en ella varia fotos de Naruto con una muchacha muy bonita ¿Acaso serían novios verdaderamente?
-¡Ehh! ¿Va a comprar la revista? –Expreso el empleado de mal humor.
-No solo estaba mirando.
-Pues no se mira si no se compra.
-Lo siento mucho. –Depositando la revista en el mismo lugar.
¿Qué rayos haría ahora? Naruto había rehecho su vida, no sería nada justo caerle con un problema de esas dimensiones.
La tarde llegaba a su fin y el cielo ruborizado perdía su tierno encanto a manos de una tenebrosa oscuridad. La ojiperla llegó hasta las puertas de su hogar donde un enorme cartelón le daba la bienvenida
"Rematado"
Exhausta y débil, saco las llaves de su mochila intentando abrir la puerta de su casa pero la situación fue completamente inútil. Lo había perdido todo, incluso, su hogar. Se sentó en el porche y comió una barra de chocolate mientras derramaba los últimos vestigios líquidos que le quedaban por llorar.
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-Pobrecita Hinata-sama ¿en verdad paso por todo eso? –Inquirió Kasumi mientras Mitzuko lloraba desconsoladamente.
-Así fue… digamos que fue un periodo bastante difícil para mamá y cuando uno se ve tan perdido te es muy difícil hallar la solución. –Aseveró Minato.
-No tenía idea de que Hinata había tenido una vida tan dura. –Acoto Sakura.
-Nosotros perdimos contacto con ella después de aquel problema con Orochimaru. –Gaara abrazo a su esposa quien se acurruco en su hombro.
-¿Pero que paso con la abuela? –Kasumi lucía realmente preocupada.
-Pues… todos tenemos nuestro periodo malo pero dice el dicho "siempre que llovió paró". –Contesto Sayuri.
Hacía frio y Minato respiraba con dificultad; había estado varias horas a la intemperie y lo más factible era que hubiese pescado un resfriado. Desesperada intento forzar alguna de las ventanas pero estaban trabadas desde dentro. Tomó una piedra y la arrojó contra el cristal. Un estruendoso sonido ensordeció por unos instantes la solitaria noche. Se introdujo con rapidez cortándose la mano derecha con una astilla. Se dirigió a la puerta de calle he intentó forzar la cerradura pero no disponía de tanta fuerza como para abrirse paso por allí. Al notar lo infructuoso de aquel acto probó con la puerta de la cocina hasta que finalmente logró abrirla.
Volvió al frente de su casa y recogió sus cosas y a Minato quien lloraba desconsoladamente. Le tocó con suavidad la frente, ardía en fiebre ¿Qué haría ahora?
Lo baño con agua casi fría para intentar bajarle la temperatura. La desesperación y la angustia crecían en su corazón ¿que sería de ella si algo le sucediese a Minato?
Eran casi las dos de la mañana, y todos sus trucos caseros se le habían esfumado bajo la manga. Lo envolvió en una Mantita y volvió a ponerlo en su cochecito y comenzó a correr con desesperación.
Ni un alma pululaba por Konoha, los autobuses eran escasos y el hospital estaba a más de diez kilómetros. Jadeaba y le costaba respirar pero aún así corría con todas sus fuerzas casi hasta desfallecer. Minato dejó de llorar súbitamente. Su corazón se paralizo de terror.
-Minato ¿Qué ocurre? –Tocándolo con suavidad. –Resiste ya veraz que llegaremos pronto y el doctor te curará.
La chica lo alzó entre sus brazos; el niño sollozo con pocas fuerzas pero ese acto basto para devolverle a Hinata la vida al cuerpo.
-Hinata… -Dijo una voz masculina llamando su atención. –Hinata Hyuga
Un coche negro con vidrios polarizados se paró a su lado. A la chica le costo distinguir a su ocupante. Se aproximó a la ventanilla del mismo con el niño entre sus brazos.
-¿Me recuerda? Soy Madara, Madara Uchiha.
-Señor Madara… -tratando de rememorar aquel rostro visto solo una vez.
-Si, nos conocimos en el desagradable incidente ¿recuerda? Después de que todo acabase.
-Señor Madara… por favor le pido llévame al hospital… Minato… mi bebe esta muy enfermo… -grito con desesperación.
El hombre le abrió la puerta con rapidez y recogió el cochecito que coloco en el baúl del coche.
-¿Qué ocurrió señora Hinata? –Pregunto mientras manejaba.
-Estaba bien… esta mañana estaba… y… -llorando –tomó frío caminamos mucho yo fui muy desconsiderada… ¡Si algo le pasa a Minato por mi culpa me moriré! –Mirándolo con desconsuelo mientras aferraba al pequeño contra su cuerpo.
-Tranquila él se repondrá…
-Lamento tener que molestarlo… -aun sollozando.
-Descuide es lo menos que puedo hacer y además me dirigía al hospital uno de mis hombres tuvo un accidente.
-¿Uno de sus hombres? –Pregunto preocupada.
-Descuide no es su esposo…
-Mi… me alegro… -Dijo intentando sonreír al parecer su divorcio aún no era oficial.
Madara la acompaño un buen rato y luego se ausento para ocuparse de sus deberes. Hinata espero varias horas hasta que los médicos pudieron estabilizarlo.
La ojiperla caminaba intranquilamente por toda la sala, una enfermera había querido asistir el corte en su mano pero la chica se hallaba tan alterada que se rehusaba a que la tocaran. Por fin después de la larga espera una de las enfermeras la condujo a verlo.
La sala de terapia permanecía aislada. Minato se encontraba dormido en una pequeña camita. Hinata pudo divisarlo con tristeza detrás de un cristal; mientras el niño, parecía respirar con dificultad.
-¿Usted es la madre? –Inquirió un medico acercándose a la muchacha.
-Si doctor ¿que tiene Minato? –Inquirió preocupada.
-El niño tiene un fuerte resfriado…
- ¿Pero se va a recuperar verdad? –aprisionando con sus manos su corazón.
-Si, tranquilícese… lo estamos tratando por suerte lo trajo a tiempo por que podría haber sido peor. Se ve que no tiene buenas defensas, dígame ¿El niño se ha estado alimentando bien?
-Bueno… es que mi cantidad de leche ha mermado y he comenzado a darle leche en polvo para suplirla.
-Lo más indicado es que la madre pueda amamantar al recién nacido sobre todo en los primeros años de vida, pero hay ocasiones, como en esta, en donde por falta de leche materna, el bebe no queda correctamente inmunizado, lo que puede generar complicaciones con su salud; pero no se preocupe le daremos unos suplementos y algunos refuerzos que usted podrá comprar aquí en la farmacia del hospital con facilidad y con eso su hijo no tendrá estos inconvenientes. Por supuesto evite exponerlo a bajas temperaturas durante un tiempo ¿Esta bien?
-Si doctor… -Contesto angustiada.
-Ya veremos como va evolucionando a lo largo de la semana y si todo va bien le daremos de alta antes de lo que espera.
-Muchas gracias… -Profirió a media voz.
-De nada y aquí están las recetas. –Entregándole aquel papel.
-Es muy amable…
Eran casi las ocho de la mañana. La pelinegra no había pegado un ojo en toda la noche y aun que se sentía físicamente exhausta y decaída hacía notables esfuerzos por mantenerse en pie.
Se dirigió a la farmacia en la planta baja del hospital, allí seguramente los medicamentos le saldrían mucho más económicos.
-Disculpe –mirando a la mujer que atendía el local. –Necesito estos remedios. –Enseñándole la receta.
-Un momento por favor… -Dijo la mujer mientras se perdía en uno de los estantes posteriores.
Hinata tomó su cartera, solo tenía un billete de cien, que era su única ganancia del día anterior. Cerró los ojos y suspiró cuando…
-¡Hinata! –Exclamó una voz masculina a sus espaldas.
-¡Itachi! ¿Qué haces aquí? –Mirándolo con sorpresa.
-Estoy en una investigación ¿Y tú? Estas más delgada ¿Y que le has hecho a tu cabello? –Mirándola con detenimiento mientras le tocaba la cercenada cabellera.
-Minato esta enfermo… -Dijo con aflicción.
-¿El bebe? –Itachi contempló con tristeza el dejó de angustia en el rostro de la chica pero además pudo percibir las pronunciadas ojeras y los ojos enrojecidos.
-Pero ya esta bien… se repondrá solo tengo que comprar algunas cosas y…
-Señora aquí tiene. –La farmacéutica coloco ambos medicamentos en una bolsita y se los entregó. –Son 159,60 –entregándole el ticket.
-159… -Hinata la miró estupefacta. Tomó su billetera y saco el billete de 100 y se lo entregó. Buscó en los bolsillos y en cada rincón de su cartera pero por más que lo hubiese deseado no encontró ni un céntimo de más. –¡Ahh!
-Aquí tiene… -Sentenció Itachi pagando la cuenta.
-Muchas gracias… -Exclamó sollozando.
-Es lo menos que puedo hacer por mi sobrino. –Itachi sonrió.
-Itachi… Minato…
-No digas más quieres… ¿Tienes problemas económicos? –Inquirió el joven.
-Un poco… pero mientras Minato este aquí buscaré un buen trabajo. –Dijo tratando de sonreír.
-¿Cuánto dinero necesitas? –mirándola fijamente.
-Yo… -guardando silencio –no puedes ayudarme Itachi, trataré de hablar con mi padre y ver si me da un trabajo en la casa aún que sea para disponer de un lugar en donde vivir y que al bebé no le falte cobijo y luego ya veré. –bajando la cabeza.
-Hinata tú padre y tú no se han hablado desde que te marchaste de tu casa ¿Acaso crees que él te ayude?
-Pues hablaré con Hanabi si hace falta y si es necesario que me humille ante todo el estúpido clan Hyuga lo haré pero no permitiré que le pase nada a Minato. –Sentenció con severidad.
-Sasuke no ha querido verme… -Dijo Itachi con decepción cambiando el tema. –He intentado hablar con él pero o yo estoy en una misión o lo esta él y además se ha encerrado en su departamento últimamente.
-Ayer le firmé el divorcio Itachi… -Dijo Hinata con tranquilidad mientras caminaba por los pasillos del hospital.
-¡¿DIVORCIO? –Deteniéndose de sopetón. -¿De que hablas Hinata?
-Hace unos días vino un abogado del clan Uchiha con una orden del juzgado para iniciar los tramites.
-Pero… -Itachi la miró desconcertado.
-Cuando fui tú papá y él… no me dirigió la palabra Itachi… supongo que las cosas no tienen solución.
-Espera un momento ¿papá estaba con él? –Pregunto el pelinegro molesto.
-Debo irme Itachi cuídate mucho y saluda a Lara de mi parte. –Dándole un beso en la mejilla.
-Espera…
–No le digas nada a Sasuke… -Suplicó antes de marcharse.
-¡ESTUPIDO SASUKE! –tras observarla perderse en el corredor.
Bueno aquí vamos con los capítulos finales mil disculpas por el retraso pero no me he sentado en la maquina hasta hoy jejejje muchísimas gracias a todos los que dejan comentarios.
Lady
