Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia le pertenece a AngstGoddess003. Y está siendo traducida por varias personas en el Blog de A.P.

Capítulo 38: Impasses de Fresa. SEGUNDA PARTE.

Traducido por: Kat.


*Carlisle*

Treinta y cuatro días después del cumpleaños de Edward, yo estaba ocupado en la sala del hospital trabajando sin parar en las últimas tareas de mi día y con una taza caliente de café en mis manos cuando oí mi nombre siendo anunciado en el altavoz.

Doctor Cullen a la recepción. Doctor Cullen a la recepción.

La suave voz era dulce y profesional y reconocí la punzada de fastidio en el tono de Linda cuando me llamó. Con un suspiro, me levanté de mi asiento y metí mis carpetas bajo el brazo, equilibrando el café en la otra mano mientras salía del salón y me acercaba al mostrador de recepción.

Linda tenía los dedos picoteando rápidamente en un teclado cuando deposité las carpetas con indiferencia. Ella no me ofreció una mirada, y yo reprimí poner mis ojos en blanco a su inmadurez juvenil, antes de que me diera cuenta que alguien estaba de pie delante de ella.

Esme.

Ella me miró a los ojos con una pequeña sonrisa que me hizo tragar grueso a la vez que vacilantemente forcé una propia. Se veía impresionante, perfecta e indecentemente petulante por molestar a la recepcionista, que había hecho más avances hacia mí de los que me importaría realmente admitir.

Esme caminó alrededor del escritorio hasta mi lado, apoyando su codo sobre la superficie y volviéndose hacia mí.

—¿Estás libre para cenar? —Susurró, y no pude pasar por alto la profunda tristeza que penetró sus ojos mientras nerviosamente jugueteaba con los pases de visitante que estaban alineados sobre el escritorio.

Apreté los labios y entrecerré los ojos hacia mis zapatos a la vez que incliné mi cabeza y reflexioné sobre las posibilidades de lo que ella buscaba al pedir ese compromiso. No me permitiría volver a ser engañado, y no quería invitar a la tentación que la ocasión traería. Pero de alguna manera me sentía como si le debiera una explicación de mis actos; una que pudiera otorgar sobrio y sin estar emocionalmente contaminado por la decepción ante la indiferencia de Edward hacia mí. Así que estuve de acuerdo con un asentimiento y la conduje fuera del hospital en silencio.

Tomamos autos separados hasta una pequeña cafetería en la ciudad, permaneciendo callados cuando entramos y elegimos una ubicación apropiada y privada en un reservado del fondo. Estaba empezando a detestar toda la idea, pero el café mediocre estaba caliente y con cafeína y yo estaba arrastrando los pies por los largos turnos y las largas noches que pasaba investigando.

—¿Cansado? —Me preguntó, mientras bebía su café y fruncía el ceño.

Asentí, relajándome en mi cabina y preguntándome cuándo iba a simplemente... «cortar la mierda», como diría Edward.

—La semana fue larga. —Fijé mis ojos en las baldosas del piso y esperé. Después de todo, esperar era lo que mejor hacía.

Cuando la camarera nos preguntó por nuestras órdenes, los dos declinamos. Y entonces me sentí ridículo por incluso entrar en un restaurante, cuando ninguno de los dos teníamos intención alguna de comer. Habíamos venido para participar en una conversación privada y nada más, y eso me molestó. Eso es para lo que estaban destinados los hogares. Por supuesto, Esme nunca vino a mi casa, a menos que fuera en relación a Bella.

—¿Cómo están Alice y Bella? —Le pregunté educadamente mientras bebía mi café, aunque ya sabía la respuesta que buscaba. Alice era una adolescente que funcionaba perfectamente, y yo había aprendido lo suficiente sobre el TEPT y la privación del sueño durante el último mes para saber exactamente cómo Bella lo afrontaba.

Ella sonrió y juntó las manos sobre la mesa.

—Alice está bien. Pasando mucho tiempo con Bella... —Su voz se desvaneció y sus ojos se abatieron. Noté el ceño fruncido que le siguió—. Bella está igual, supongo. No hay cambio —susurró a sus manos flotando sus palmas.

Quería decir algo increíblemente pomposo, como... te lo dije. Te dije que estabas ahogándola y simplemente harías que te resintiera. Te dije que esto estallaría en nuestras caras. Te dije que no estabas atacando el problema desde su raíz.

Pero apreté los labios y mantuve mis opiniones para mí mismo. Ella no las querría de todos modos. Si alguna vez las hubiera querido, no estaríamos aquí, ahora, en esta cafetería, sintiéndonos torpes y yéndonos por la tangente en vez de con los verdaderos problemas vigentes.

—Lamento escuchar eso —ofrecí, porque parecía el método más eficiente de decir que lo sabía sin parecer condescendiente y mostrarle que yo había tenido la razón, lo cual era justo como me sentía.

Ella asintió y frunció sus labios hacia la mesa, y luego nos quedamos de nuevo en silencio. Parecía bastante inútil, traerme aquí a hablar de nuestros hijos como si no tuviéramos nuestros propios problemas. No podía decidir sobre sus intenciones, y la observé mientras pasaba su dedo por el gran tazón de condimentos.

—Te extraño —susurró casi inaudiblemente, sus dedos comenzaron a juguetear con los sobres de edulcorante artificial.

Y ahí estaba.

Permanecí en silencio bebiendo mi café, porque a pesar de que la extrañaba terriblemente, no haría ningún bien declarar mis sentimientos ahora y mostrar mi evidente debilidad. Era posible que yo estuviera disfrutando mucho más de lo que cualquier caballero respetable debería sobre tener la ventaja. No que eso en verdad me importara.

Ella suspiró, y aunque me quedé estoico en el exterior, mi estómago se retorció porque esta conversación era o nuestra absolución o el final de todo lo que teníamos. Por una vez, no me iba a conformar con nada menos, y como siempre, la decisión era suya.

—¿Tiene que ver con Edward? —Preguntó, su voz de repente dura y suplicante, mientras mi taza calentaba mis manos.

Me encontré con su mirada y estaba bastante seguro que mis ojos se habían vuelto más anchos que dos platillos.

—¿Perdón? —Le pregunté con incredulidad. Por supuesto, nunca había explicado la razón exacta para irme, y cuanto más pensaba en ello, nuestras últimas palabras estuvieron relacionadas con Edward y Bella, pero... ¿en verdad ella no podía aceptar que teníamos problemas propios?

Vi como Esme apartaba su cabello ondulado de su hombro y ponía las manos sobre su regazo, inclinándose hacia mí, con los hombros rígidos, anticipando mi explicación.

—Esto no tiene nada que ver con Edward. Esto es sobre nosotros. —Levanté las cejas de forma deliberada y me sentí ligeramente más frustrado al ver su expresión confundida. Decidí probar mi punto con el método más eficaz posible—. ¿Cuál es tu posición con respecto al matrimonio, Esme? —Le pregunté llevando mi taza caliente a mis labios. Y justo como esperaba sus ojos se desviaron de mi mirada y se apartó. Alejándose—. Eso —dije simplemente, mientras mi taza se reunía con la mesa con más fuerza de lo que había previsto—. De eso es de lo que se trata esto.

Y entonces aparté la mirada. Quería sentirme presumido por ser tan preciso acerca de sus reacciones, pero no pude. Me sentí avergonzado y ridículo, casi como un niño de la escuela tratando de preguntarle a su novia por qué ella no lo acompañaría al baile. Y tanto que hablaba de liberación.

No respondió durante mucho tiempo, y mi café se fue enfriando a la vez que contemplaba las consecuencias de otra descontenta salida apresurada de un asiento reservado. Justo cuando comenzaba a justificarlo, ella habló:

—Nunca te hable sobre el padre de Alice, ¿verdad? —Caviló con tono triste, aún jugando con los paquetes de edulcorante, evitando mi mirada. Casi respondí a su pregunta, lo cual era francamente absurdo, porque era de conocimiento común entre nosotros que él nunca fue mencionado. Me sentía muy poco dispuesto a escuchar de los hombres pertenecientes a su pasado. Ya estaba lo suficiente asqueado de mis propias aficiones como para sacrificar otro pedazo de mi dignidad sobre algo tan mezquino como los celos.

Suspiró profundamente, luciendo decidida cuando se encontró con mi mirada y levantó su barbilla.

—Su nombre era Charles. —Pronunció su nombre como si fuera un insulto, y como lo esperaba mis celos se encendieron sobre este hombre que ahora podía ponerle un nombre. Gracias. Otro fragmento de dignidad perdida a mi naturaleza melancólica. Continuó con su mandíbula apretada y ojos distantes—. Nos casamos cuando yo era una estúpida chica de diecinueve años... —comenzó resuelta y luego pareció de repente cansada.

Yo me quedé bastante sorprendido porque nunca había sabido que ella estuvo casada. Y esto... no ayudaba a nuestra situación de ninguna manera. Algo que hizo que mi estómago se revolviera con más fervor. Siguió hablando después que recuperó su determinación.

—Él era… una especie de tirano. Cuando tuve a Alice, todo empeoró. —Negó con la cabeza y desvió su mirada hacia el edulcorante antes que su voz se hiciera más baja y grave—. Era un hombre horrible. Me mandaba como si fuera su criada. Nunca me permitía dinero o amigos que no aprobara, y si yo lo desafiaba, entonces yo era... —Hizo una pausa y arriesgó una mirada hacia mí a través de sus largas pestañas, pero yo estaba demasiado paralizado y aturdido para ofrecer la reacción apropiada—. Castigada. —terminó en un susurro, evitando mi mirada.

Ella todavía se sentía muy distante, y aunque estaba haciendo todo lo posible por parecer tranquilo, estaba interiormente enfurecido con este Charles. Quería encontrarlo y usar en abundancia mis diligentes habilidades de bisturí. Me mantuve en silencio, sin estómago para el café y esperando a que continuara. Siempre esperando. Su rostro se transformó de repente en una expresión melancólica.

—Cogí a Alice y me fui el día que cumplió un año. Charles se negó a darme el divorcio, pero al final... lo persuadí. —Una de las comisuras de sus labios se elevaron en una sombra de sonrisa—. La traje aquí e hice una nueva vida. La construimos juntas, y me volví independiente ya que me sentía a salvo —susurró, finalmente encontrando mi mirada y dejando caer los paquetes de edulcorante—. Nunca fue mi intención proyectar mis propios miedos en ti, Carlisle —rogó con sus ojos y tomó la mano que había quedado congelada alrededor de la taza. Dejé que lo hiciera. Probablemente no debería haberlo permitido—. Amo mi independencia y aunque la deseo mucho, yo sí quería estar contigo. Todavía lo hago —dijo las últimas palabras con una voz pequeña y tímida que vagamente me recordaba a Bella en mi mesa de comedor.

Estaba tratando de procesar toda la información posible y aplicarla a sus reacciones durante todo este tiempo, porque como individuo clínico, era la única manera en la que posiblemente podía comprenderlo… y todavía no estaba ayudando. Tuve la tentación de decirle que tenía una novia en la escuela secundaria que poseía una afición obsesiva a la cleptomanía. ¿Puedo revisar tu bolso, Esme?

Pero cuanto más me ponía en la posición de Esme, más terrible me sentía por ella. Sentí sus dedos alrededor de los míos, fríos y delgados, su carne tierna me recordó que Esme había estado probablemente a través de casi tanta agonía como Edward y Bella. Ella había sido objeto de abuso domestico, o al menos eso parecía, a pesar de que por suerte, no me ofreció los detalles. Había perdido a su hermana en un homicidio violento y dado refugio a su sobrina traumatizada y...

Yo estaba rodeado de tanta desesperación y miedo que me sentí sofocado y mi bilis subió a mi garganta. Nunca fue mi deseo o intención rodearme de tales daños. Estaba cansado por mis interminables intentos de penetrar las barreras que siempre permanecían impermeables. Entre ellos tres y solo Emmett, yo simplemente no podía soportar más heridas. Temí entrar en crisis antes de Edward.

—Yo no soy ese hombre —le contesté con voz ahogada, y pude sentir la sangre abandonar mi rostro mientras la miraba a los ojos. Ella asintió con un movimiento rápido.

—Lo sé, lo siento —respondió apresuradamente, luciendo bastante desesperada cuando me agarró la mano con fuerza—. No tenía ni idea de que querías más, y tal vez estaba simplemente haciendo caso omiso de las señales para mi propio beneficio, pero yo solo... lo siento —declaró, acercándose más y tirando de mi mano hacia su cuerpo.

Me senté en silencio y sin expresión, porque jamás quise una disculpa, y ella miró con remordimiento mi expresión en blanco durante mucho tiempo. La camarera se detuvo en la mesa con una sonrisa brillante que podía ver desde mi periferia y nos preguntó si estábamos bien.

Nos quedamos en silencio mientras la miraba fijamente a los ojos, y la pregunta de repente pareció ridículamente significativa, ya que se quedó en el aire entre nosotros. La camarera esperó, de pie en una pose incómoda y escrutando nuestras miradas fijas antes de marcharse en silencio.

—Supongo que nunca he considerado el matrimonio de verdad. —Esme frunció los labios, pensativa, y yo arqueé una ceja, bastante escéptico de que estuviese mostrando de pronto un interés simplemente para tranquilizarme. Pareció pensativa durante muchos minutos, mordiéndose el interior de la mejilla como hacía normalmente cuando se encontraba en una profunda cavilación. Y luego su pie comenzó a golpear debajo de la mesa, y reconocí el gesto como lo que hacía a menudo cuando tomaba decisiones importantes. Finalmente, su pie se detuvo, y sus labios se elevaron con lentitud en una pequeña sonrisa—. No estaría del todo opuesta a esa idea. —Sonrió con una suave caricia de su pulgar en mi mano.

Mis ojos se estrecharon y podría haberla llamado mentirosa. Podría haberle dicho que no lo creía y que me negaba a seguir atrapado en una relación sin salida por tres años más mientras ella me engañaba descaradamente. Yo podría haberle dicho que mi confianza requería más que únicamente sus reflexiones en voz alta.

Pero sus ojos y su sonrisa eran curiosamente brillantes a la vez que hablaba a la ligera y me agarraba la mano en su aquiescencia. Ella no estaba distante, y no se apartó, y de repente sentí una hinchazón de esperanza de que pudiera conseguir acceder a través de una barrera en este lío de personas con problemas. Si pudiera avanzar con Esme, entonces seguramente tendría esperanza de hacerlo también con Edward.

Quería (necesitaba) la esperanza que su compromiso me concedería. Yo había sido desprovisto de ella durante tanto tiempo que estaba irracionalmente dispuesto a darle otra oportunidad, y encontrar la fe en que ella sería la prueba de que mi amor y persistencia lograrían algo.

No podía negar que mi escepticismo se mantenía, pero si me negaba, entonces yo no era mejor que ella; albergando viejos dolores, dudas, y permitiendo que afectara mi presente y futuro. Un Cullen jamás era un hipócrita.

Pero incluso si ella estuviese siendo sincera y se encontrara dispuesta, aún habían dos personas en este mundo que yo nunca dudaría en poner encima de mi deseo por ella. Porque ellos fueron mi familia primero. Y a pesar de que Emmett y ella podría congeniar a las mil maravillas...

—¿Edward? —Le pregunté secamente mientras mi mano yacía lánguidamente entre las suyas. Si hablaba en serio sobre profundizar su compromiso conmigo, Edward estaría involucrado. Y también Bella.

Ella exhaló profundamente, desviando sus ojos de los míos con una mueca, e instintivamente supe que la barrera que habíamos superado no estaba relacionada con sus problemas con él.

—Cuéntame —ordené apartando mi mano, porque este era el momento para una genuina honestidad. Tenía que conocer su justificación sobre ser tan firme en su posición en contra de la relación de Edward y Bella.

Los ojos de Esme se desviaron a mi mano retirada, frunció el ceño y se recostó contra su asiento reservado.

—Renée —susurró en un tono extrañamente derrotado y sus dedos comenzaron a agitarse de nuevo con su dobladillo de la camisa sobre su regazo—. Algunos días Bella me recuerda tanto a Renée. Son completamente diferentes, por supuesto, pero tan parecidas en sus ambiciones e independencia. Fue una de las cosas que siempre admiré de ella.

Sonrió a su regazo y se volvió triste y nostálgica de nuevo. Nunca podía hablar de su hermana sin ponerse emocional, y me preparé para las lágrimas. Ella se encontró con mi mirada de nuevo, y me quede atónito por un momento ya que no vi que hubiese lágrimas, solo creciente amargura silenciosa.

—Pero Renée tenía un defecto. Siempre perdía la cabeza por los hombres equivocados. Por lo general, no eran más que... dependientes o aburridos, pero a veces... —Hizo una pausa y me miró con una expresión ansiosa a la vez que sus dedos continuaban sus movimientos sobre su dobladillo de la camisa—. A veces eran hombres con problemas, y su compasión y curiosidad la cegaban, y esa falla la mató. —Su voz se redujo a un susurro nervioso e inclinó la cabeza—. Si Bella permite alguna vez...

—¿Qué estás insinuando? —La interrumpí en una mueca de furioso desprecio, francamente indignado por la dirección de su explicación, y retándola a admitir su propia asunción en voz alta frente a mí presencia. Yo abandonaría esta mesa, y esta cafetería, y todo este maldito pueblo si ella lo hacía.

Evitó mi mirada mientras yo me enfurecía y apretaba los puños bajo la mesa, dándome cuenta que no lo diría. Cobarde.

—¿Estabas a punto de comparar a mi hijo con un asesino psicópata desquiciado? —Le espeté, más como una declaración que como una pregunta, porque era evidente que lo estaba haciendo. De la misma manera que me estaba comparando con un misógino abusivo. Luché para ignorar el hecho de que por primera vez me había referido verbalmente a Edward como mi hijo.

Ella palideció ante mi tono y sus ojos se abrieron cuando finalmente reunió el coraje de mirarme a la cara.

—No, yo solo no lo conozco Carlisle, y... —Se apresuró a defenderse cuando mis dientes rechinaron en moderación en vez de lanzar una cadena particularmente vulgar de blasfemias aprobadas por Edward—. ¿Puedes honestamente decirme que lo conoces? ¿Qué realmente lo conoces ? —Preguntó en voz baja y sugerente.

—Sí —contesté sin vacilar—. Él nunca... jamás... —Hice una pausa y sacudí la cabeza porque era simplemente demasiado terrible para siquiera pensarlo—. Ni siquiera puedo terminar esa declaración, ya que es totalmente insultante siquiera decir las palabras. —Aparté la vista, amargado y enojado con Esme, de nuevo.

—Lo siento, no era mi intención dar a entender... —susurró después de unos segundos de tenso silencio. Tomé otro sorbo de mi café para ocupar mi mano.

—Pero lo hiciste. Lo estás haciendo de nuevo con él, y no es justo. Él no ha hecho nada para merecer tales presunciones… —Me detuve cuando me di cuenta de su ceja arqueada. Puse los ojos en blanco con exasperación al ver su expresión escéptica—. Por favor, Esme. Ha sido arrestado dos veces por delitos menores. —Aludí a su historial criminal conocido y, vergonzosamente, le resté importancia a los delitos de drogas—. Y si esto es sobre el sexo... ¿cuántos chicos y chicas adolescentes de su edad hacen lo mismo? ¿Con qué frecuencia crees tú que Alice y Jasper…?

—¡Carlisle! —Interrumpió con una expresión de pánico antes que pudiera dar a entender que su propia hija era sexualmente activa. Yo le recetaba su control de la natalidad después de todo. Se relajó visiblemente cuando retiré mi defensa y su rostro se suavizó—. Lo sé. Es una doble moral, y no es justo para Bella. Lo siento. —Se disculpó de nuevo y era frustrante. Yo no quería una disculpa, quería ver acción.

Ella rogó con sus ojos una vez más, mientras se inclinaba más cerca.

—Solo no puedo... Si algo le sucede a ella porque yo estaba actuando de forma negligente... me mataría. —Su rostro se puso serio y sombrío, y yo realmente entendía su feroz necesidad de proteger a Bella. Pero iba más allá de su deber. Continuó con un profundo suspiro—. No hay un manual de instrucciones aquí, Carlisle. Estoy haciendo lo mejor que puedo y aun así, no es suficiente. —Parecía desesperada y… agotada cuando desvió la mirada hacia su regazo. Me di cuenta de que realmente se sentía perdida.

Yo conocía la sensación de fracaso y pérdida porque la había sentido con Edward durante mucho tiempo. No era mi lugar, y no era ciertamente un experto en crianza de hijos o de familias mezcladas, pero mi juicio no estaba nublado por sus circunstancias atenuantes personales.

De alguna manera sentí como si mi orientación pudiera ser apreciada.

—Tal vez estás siendo negligente en estos momentos al tratarla como a una niña incapaz. —Luché para mantener la voz calmada y fallé cuando sus ojos se elevaron hacia los míos y se ampliaron.

Odiaba ser duro con Esme, pero que me aspen si ella no lo necesitaba. Tenía la cabeza inclinada hacia un lado y frunció el ceño.

—¿De verdad crees que Bella pasaría por esa terrible experiencia solo para ponerse en una situación donde sería dañada tan negligentemente? —Le pregunté, alzando las cejas con expectación.

Esme negó lentamente con la cabeza y frunció los labios de nuevo, pareciendo muy interesada en mi opinión, su atención claramente fija en mí. Casi resoplé. Si ella hubiera estado así de interesada meses atrás, podríamos haber evitado tanta agitación indebida.

Procedí mientras me inclinaba más cerca de su cara sobre la mesa, obligado a ser de gran beneficio por una vez.

—¿No te parece que, a pesar de que ella requiere de atención especial, su juicio no ha sido dañado de ninguna manera? —Le pregunté conocedor. Si acaso, Bella sería un mejor juez del carácter que la mayoría como resultado de sus tribulaciones. Como era de esperar, Esme negó con la cabeza, todavía pensativa en consideración de estas verdades.

Y luego tuve que añadir mi pensamiento final para su derrota, a pesar de que sabía que iba a alterarla en demasía.

Aspiré profundamente y me preparé para un río de lágrimas mientras hacía mi última pregunta con voz baja y con remordimiento.

—¿Renée actuaría en esta situación de la misma manera?


El auto estaba cálido, oscuro y cómodo mientras salía de la cafetería, sintiéndome... más ligero. Fue más liberador que la noche que había dejado a Esme, porque esta vez, yo había hecho algo constructivo. Ella se quebró como había previsto y aunque me sentía muy mal por haberla alterado, no me arrepentía de los progresos que hizo. Pude verlo en sus ojos cuando se rindió a la constatación de que se había equivocado. No se había equivocado del todo, pero ella dejó que sus emociones abrumadoras condujeran sus acciones, y ahora le correspondía reparar las relaciones que había destruido. La nuestra y la de ellos.

Y lo haría, porque a pesar que sus muros con Bella eran más altos que los suyos propios, ella sería incapaz de soportar la posibilidad de decepcionar a su hermana. Así que haría todo lo posible para ayudarla a encontrar el equilibrio adecuado con ambas relaciones.

Mientras conducía a casa completamente aliviado, comencé a hacer las estrategias de las listas y los requisitos para estas nuevas circunstancias. Esme debería acercarse a Edward y observar entre ambos lo que yo vi en su cumpleaños. Ellos tendrían que actuar con responsabilidad y aplacar sus miedos al permanecer menos dependientes. Él tendría que ganarse su confianza, y yo solo podía rezar que no arruinara la oportunidad de regresar su buena voluntad. Sonreí cuando me di cuenta de que probablemente él haría casi cualquier cosa para estar con Bella.

Me gustaría aún actuar con mi instinto secundario sobre llevarlos apartes y educarlos sobre la forma correcta de desarrollar sus relaciones dadas sus circunstancias especiales. Y tal vez cuando todo esto se haya calmado, Esme y yo podríamos convencer a Bella y Edward de buscar tratamiento para por lo menos solucionar sus problemas de sueño.

Eran casi las nueve cuando entré al estacionamiento y la casa parecía extrañamente oscura. Me había pasado la mayor parte de mi día en el hospital, y mi regreso a casa se retrasó por mi encuentro con Esme, que terminó durando casi tres horas.

Cuando aparqué y salí del coche, el suave resplandor de la luz de la sala de estar iluminaba el patio y caminé por el porche oscuro ligeramente visible. Fruncí el ceño cuando me acerqué a la puerta y me limpié los pies. Fue desconsiderado no dejar la luz encendida del porche ya que ambos sabían que yo llegaría después del anochecer.

La casa estaba en silencio cuando entré y cerré la puerta detrás de mí. Aún se encontraba de alguna forma... oscura. Fruncí mis cejas con curiosidad y deposité mi bolso en el vestíbulo antes de hacer mi camino hasta el primer tramo de escaleras, encendiendo los interruptores de luz mientras subía.

Estaba de verdad bastante exaltado sobre hablar con Edward acerca de los eventos de esta noche. Quería informarle sobre el comportamiento adecuado frente a Esme y ver la sonrisa en su cara cuando le contase que nos invitaron a cenar al día siguiente con Bella y ella. Todos necesitábamos desviarnos de la atmósfera sombría y tensa ahora común entre los dos hogares.

Mientras me acercaba al segundo tramo de las escaleras, algo crujió bajo mis pies. Di un paso atrás y examiné el marco roto, confundido. Decidiendo que se había caído de la pared, empecé a recoger los pedazos rotos de vidrio y los arrojé en un bote de basura del baño del segundo piso, antes de continuar por las escaleras hasta la habitación de Edward.

Cuando llegué al pasillo silencioso que conducía a su puerta, encendí la luz y fruncí el ceño de nuevo. Él no había salido de su habitación desde la puesta de sol. No era particularmente raro, por lo que no le di mucha consideración y me acerqué a la puerta y llamé suavemente.

La puerta estaba lo suficientemente entreabierta para que mi golpe la abriera, y me sentí nervioso por entrar sin permiso verbal expreso. Finalmente decidí, mientras me asomaba a la cinta negra que la puerta abierta había creado, que mi noticia sería suficiente para distraerlo de mi intrusión.

Tentativamente, empujé para abrir la puerta y usé mi mano para buscar el interruptor de la luz. Cuando mis dedos encontraron el interruptor y lo giré, mi mandíbula se abrió lentamente con horror a la vez que miraba desconcertado la gran sala de delante de mí.

Era destrucción total.

Había ropa y papeles dispersos por el piso, tan desordenados que la alfombra de oro era apenas visible. Los agujeros y marcas cubrían las paredes, cuando entré mi pie de repente se encontró con el sofá de cuero negro volcado. Mis ojos se abrieron como platos al verlo cuando me acerqué. A medida que mi mirada absorbía más, me di cuenta que la estantería había sido volcada, y ahora yacía completamente plana en el suelo boca abajo; los libros esparcidos al azar por el perímetro.

Y la cama...

La cama fue arrasada y las sábanas llevaban rasgaduras distinguibles y harapos deshilachados y derramados sobre el piso desordenado revelaban el colchón azul pálido de debajo. Mi primera reacción al ver los restos destrozados fue alarma inmediata y preocupación. Yo estaba atónito, preocupado, enojado y Edward no estaba a la vista.

Revisé el cuarto de baño y estaba vacío, aunque había que admitir que en mucho mejor estado que el dormitorio. Tuve que casi saltar por encima de la estantería para llegar a las puertas del balcón, pero cuando lo hice, lo encontré vacío.

Mientras iba hacia la puerta y me preparaba a barrer la casa para buscarlo, no podía decidir si debía empezar a decidir los castigos, o simplemente sentir pánico por su seguridad. Pero al encontrar vacía y oscura cada habitación a la que entraba quedó asentando el pánico en lugar de la ira.

La cocina estaba oscura y vacía. Como el comedor y sala de estar. La televisión en la sala de estar estaba apagada, pero las luces estaban encendidas, y empecé a buscar un teléfono para llamar a las autoridades porque no tenía ni idea de lo que había pasado en mi casa mientras yo estaba fuera y los chicos se habían ido.

Subí las escaleras de nuevo para buscar el teléfono en mi estudio y traté de calmarme cuando me acerqué a la puerta y la abrí. El estudio estaba oscuro también, pero ya lo esperaba. Cuando entré en la habitación, de repente me vi sorprendido por una forma en el sillón de cuero frente a mi escritorio.

Busqué el interruptor de luz en la pared y titubeé hasta que la habitación estuvo iluminada. El sillón estaba enfrentado al lado opuesto de la habitación, pero una vez que vi el pelaje familiar de color bronce que sobresalía por encima de la silla de cuero, me sentí abrumado por el alivio.

Y... ahora que sabía que estaba vivo y respirando, me sentí cómodo con la irritación y la ira que había presionado antes.

Fruncí el ceño en confusión de lo que posiblemente podría estar haciendo sentado en mi estudio en la oscuridad.

—¿Te importaría explicarme qué diablos pasó arriba? ¿Y dónde diablos está Emmett? —Le pregunté cruzando la habitación con la voz más complaciente que pude lograr emular. Él no respondió y yo no me encontré con su mirada mientras rodeaba el escritorio y me acercaba a la silla detrás de él.

Me senté con un suspiro de alivio, aún desconcertado por la condición tan extraña en la que encontré la casa, cuando mis ojos finalmente se concentraron en su cara.

—Dios mío, Edward... —susurré levantándome de la silla de nuevo y el pánico volvió a mi pecho—. ¿Qué te pasó? —Le pregunté, el terror golpeando cuando miré su rostro herido.

Su mejilla estaba roja y parecía golpeada y magullada, su labio inferior estaba lacerado y aunque al parecer ya parecía mayormente cerrada la herida, no me alivió en absoluto. Al mirar más de cerca, me di cuenta de que tenía en el cuello una marca en forma de mordida profunda y mullida, que me hizo tragar nerviosamente, mi mirada concentrándose en la inflamación y en la herida sangrienta donde desaparecía debajo de su cuello.

Mis ojos viajaron desde su cuello hasta el cabello despeinado que parecía enredado e inusualmente desaliñado ¿y por qué no estaba hablando?

Lo miré a los ojos y estaban enrojecidos, irritados e imposiblemente oscuros, como si hubiera estado...llorando. Pero lo más alarmante de todo era la expresión que tenía mientras se mantenía sentado en la silla y me miraba en silencio.

Sereno y tranquilo.

Su cara estaba relajada y plácida y su frente y ceño inusualmente suave, su cabeza descansaba lánguidamente contra el cuero de la silla. Yo había estado vigilando tan de cerca desde el mes pasado que me había familiarizado con todas sus expresiones. Esta nunca fue una de ellas.

Parecía extrañamente tranquilo entre cientos de señales perturbadoras y era simplemente perturbador. Poco a poco, me senté en la silla de nuevo, y sus ojos verdes siguieron a los míos en una pendiente extrañamente fluida, a pesar que el resto de su cuerpo permanecía completamente inmóvil.

—¿Te metiste en una pelea? —Inquirí en un susurro ahogado absolviendo más detalles de su aspecto descuidado. Pero yo sabía que no lo había hecho. Había sido testigo de los post altercados de Edward en el pasado, y él no había actuado sereno y tranquilo. Esto era diferente y él solo me miraba con la misma expresión peculiarmente sedada.

Me senté por muchos minutos en silencio examinándolo, grabando sus heridas en la memoria para su tratamiento, hasta que me volví irritado y ansioso por su completa falta de comunicación y movimiento.

—¿Podrías por favor decir algo? —Pedí y la desesperación debió haberse filtrado en mi tono porque él finalmente, de forma casi imperceptible, se movió. Vi su mano contraerse en el reposabrazos acolchado desde mi periferia y observé expectante mientras sus labios comenzaban a separarse y hablaba en voz baja y ronca.

—Necesito tu ayuda.


Muchas gracias por los reviews y alertas.

Muchas gracias a Kat por traduciré este capítulo.

Ah por Dios, este capítulo es una montaña rusa de emociones, volvió Esme, Carlisle defensor de Edward, me llenó de orgullo cuando se puso todo papá gallina y por Dios ese final… recuerdo que cuando lo leí estaba al borde de la crisis desesperada por leer el siguiente.

Nos leemos en el siguiente (El Martes). Si les gustó o no, dejen reviews.