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Nota: Este fic ha sido editado, porque una Fan de Rice me ha denunciado. No habrá muchos cambios, solo nombres y una de otra cosa minúscula. Después de todo, solo uso los vampiros y la historia es toda mía ñ.ñ
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Un Ángel entre Vampiros.
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Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner BROS. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno. Me olvidé de ponerlo antes, pero Eriol Hiiragizawa tampoco me pertenece, todo lo que reconozcan del mundo de CCS son de las geniales CLAMP.
Sumario: La noche de Halloween de 1981 Vernon Dursley se encontró con que habían abandonado un bebé en su puerta. Cuando descubrió que era su sobrino fenómeno, sin importarle la suerte del pequeño, lo abandonó en el parque más cercano. Esa misma noche, León Le Rond vagaba por Little Winning y un llanto de bebé llamó su atención. ¿Como será la vida de Harry Potter viviendo entre vampiros? ¿Podrá este ángel ganarse un lugar entre los Inmortales?
¡¡Les presento al tierno chibi-Harry!!
Parejas: Lancelot Leuchtenberg/León Le Rond, Esteban Englert/Darío Zallio, Lucius Malfoy/Remus Lupin, Atón/Rodolphus Lestrange, Ethan Nott/Arthur Weasley, Ángelo/Sirius Black, Máximo/Rabastan Lestrange, Severus Snape/Bill Weasley.
Harry Leuchtenberg/Eriol Hiiragizawa, Ron Weasley/Neville Zallio, Draco Malfoy/Ginny Weasley, Theodore Nott/Hermione Granger.
Aclaraciones: El fic contendrá embarazo masculino, muchos personajes OOC (sobre todo Harry) y es un Universo COMPLETAMENTE Alternativo.
Aclaraciones de lectura:
-Letra normal: dialogo, relato.
-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.
-N/A: notas de autora.
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Capítulo 54: Otra pérdida para el ángel.
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-Esto no me gusta nada, Harry –Eriol frunció sus labios y miró con un ceño a su novio-. ¿Por qué tienes que ir?
Harry suspiró y abrochó mejor la chaqueta de cuero que le había regalado su padre. Era cómoda y ajustada, la ropa que necesitaba para esta misión que estaba a punto de hacer.
-Ya te lo dije, Eriol –suspiró, esta era la cuarta vez que se lo decía-. No va a pasar nada, ¿ok?- Se acercó y le dio un pequeño pico en los labios-. Te prometo que vuelvo sano y salvo.
El Ravenclaw suspiró con renuencia.
-¿Le dijiste lo de Pettigrew?
-¡Auch, mierda!– restregó su cabello-. Lo olvidé –frunció el ceño-. Dumbledore no va a estar esta noche en el colegio y si esa rata asquerosa está en Hogwarts con malas intenciones, sería la ocasión perfecta para atacar –mordió su labio inferior-. Voy a llamar a Hermione, Ron y Neville. Espérame aquí.
Harry no tardó mucho en rastrear a sus amigos y luego los reunió a todos, para darles una breve explicación de lo que iba a hacer hoy. Además, les contaron de sus sospechas de que Wormtail estaba dentro del colegio y les dejó instrucciones para que vigilaran la Sala de los Menesteres. Después de ello, se retiró al despacho del director.
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-.En otro lugar.-
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-Hoy, mis Mortífagos, he encontrado la forma de cumplir un deseo que hace años que tengo en mente –Voldemort les dio una sonrisa fría, pero feliz. Era en verdad espeluznante-. La rata que tengo como sirviente ha probado a mí su valor y esta noche nos dará acceso a Hogwarts.
Varias aclamaciones y gritos de alegría se pudieron escuchar. Rabastan, que estaba en una esquina, comenzó a aterrarse. ¡Esto no podía ser posible! ¿Entrar a Hogwarts? Pero Dumbledore les había asegurado a todos que las entradas que salían en el Mapa del Merodeador estaban vigiladas o cerradas, así que por allí el anterior animago no podría entrar. Además, si es que el ataque iba a ser en este momento, no tendría tiempo de avisar a nadie.
La sonrisa del hombre se volvió más rapaz.
-Y no es un entrada cualquiera, –Acarició a Nagini, quien estaba enredada en su cuello-sino una que nos llevará directamente al interior de Hogwarts.- Hubo gestos de sorpresa entre los seguidores-. ¡Así que prepárense mis Mortífagos! ¡Esta noche nuestra mayor piedra en el zapato caerá!
Los Mortífagos mostraron su satisfacción con un par de alabanzas más, antes de empezar a abandonar la sala donde estaban e ir a prepararse.
-Rabastan.- El espía congeló al escuchar la voz siseante que lo llamaba.
-¿Sí, mi Señor?
-Quédate, tú no vas a ir –sus ojos se angostaron-. No te quiero fuera de mi vista.
El muchacho tragó saliva.
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Si bien la aventura estaba predestinada a ser muy buena, Harry no fue feliz de tener que zambullirse en esa agua helada. Aquello le recordaba vagamente a la segunda prueba del Torneo de los Tres Magos y eso a la primera muerte que fue testigo. Sin embargo, siguió en ello, mirando aterrorizado las rocas puntiagudas que los rodeaban.
Si mi papá se entera que estoy haciendo esto, me matará.
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-.Mansión de los Vampiros.-
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León sonrió y acarició la cabecita de su bebé, antes de dejarlo en la cuna. Por alguna razón, Benjamín estuvo inquieto todo el día. Él no se explicaba la actitud del pequeño niño, sin embargo, se podía imaginar que, al estar casi todo el día con él, este comportamiento debería ser por la misma inquietud que León estuvo sintiendo.
-¿Lancelot?
El rubio terminó de acomodar los pañales en la pañalera (¡Sí, él hacía bien su papel de padre!) y giró para mirar a su amante.
-¿Oui?
-¿No me dijiste que hoy hablarías con Máximo?
-Sí, lo hice, temprano esta mañana.
-¿Te dijo algo de Harry?
-No, nada nuevo –se encogió de hombros-. Me dijo algo de una pequeña pelea que tuvo con Eriol, pero ya está todo solucionado. También me habló de que lo ha visto un tanto desanimado.
-¿Desanimado? –exclamo con alarma.
-Él dice que puede deberse al entrenamiento que le está dando el viejo director.
León frunció los labios.
-Le dijimos que él todavía no está preparado para eso.
-Ya hablamos de esto –suspiró-. Quedamos de acuerdo de que no vamos a ocultarle más cosas que se refieran a su destino. ¿Quieres otra repetición de lo que sucedió por lo de la profecía?
-¡Claro que no! –exclamó, pero después hizo un gesto de dolor y se asomó a la cuna de su bebé; por suerte, éste todavía dormía pacífico-. Por supuesto que no –dijo en voz más baja-. Es solo que…
-¿Qué, qué pasa? –Se acercó para acariciar la mejilla de su pareja.
-No puedo decirte con exactitud –Lancelot comenzó a preocuparse cuando vio que su amante se fregaba el brazo donde estaba aquella marca-. Pero me he sentido extraño todo el día, tengo un mal presentimiento. Con todo, no es tan doloroso o angustiante como para que sepa que tiene que ver con nuestro hijo.
-No entiendo qué tratas de decirme –masculló, frunciendo el ceño.
-Ni yo mismo me entiendo, Lan. Es como si fuera que… como si fuera que va a pasarle algo a nuestro hijo, pero no directamente a él.
-¿Deseas que vaya a Hogwarts para averiguar si todo está bien?
-Sí, me sentiría más tranquilo si haces eso.
-Está bien –besó su mejilla-. Voy a pasar por Atón para que me acompañe y luego iremos, ¿ok?
-Sí –asintió-. Te agradecería que me dieras noticias bien las tengas.
-Claro, mi amor.
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-.Hogwarts.-
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Sirius estaba contra la pared de su habitación, con la camisa completamente desprendida, mientras su vampiro mantenía ocupada su boca con sus propios labios y las manos de este recorriendo todo su cuerpo.
-Dios, Ángelo –gimió, agarrando al vampiro de la cabeza, para que este clavara sus colmillos con más fuerza en su carne. Después de acostumbrarse al tener al Inmortal alimentándose de él, la experiencia llegaba a ser placentera y adictiva para el animago-. Esta semana has estado fuera de control.
-Es tu culpa –gruñó inentendible, porque no dejó el cuello nunca-. Esta semana has estado dejando salir un olor que me enloquece.
Sirius sonrió.
-Ese olor indica que soy un mago en plena edad reproductiva –ronroneó.
-Mmmhhh –tarareó-. Eso me tienta mucho, ¿sabes?
-¿Te tienta para qué?
Ángelo dejó de lamer el cuello de su pareja, para mirarlo a los ojos.
-Me tienta para dejarte pre…
El hombre no pudo terminar lo que estaba por decir, porque en ese mismo momento se escuchó una explosión proveniente desde el mismo centro del castillo, tan fuerte que algunos de los marcos de fotos que tenía Sirius en su pared temblaron.
-¡Merlín! ¡¿Qué mierda fue eso?! –maldijo el animago, separándose de golpe de su amante.
-Una explosión y vino desde dentro.- No hacía falta afirmación, pero ambos necesitaban escuchar decirlo en voz alta.
-¡Maldita sea! –volvió a maldecir-. ¡Vamos enseguida a buscar a los otros profesores! ¡Sea lo que sea, no debe ser nada bueno!
Los dos salieron corriendo de las habitaciones de Sirius, que quedaban muy cerca de las de Máximo, así que por el camino se encontraron con él. Entonces, los tres juntos comenzaron a correr y podían escuchar a lo lejos un par de gritos y luces de maldiciones.
-¡Oh, no! –exclamó de repente el único mortal.
-¿Qué, qué sucede? –quiso saber Ángelo.
-Mira allí.
Bastante alejado de donde ellos estaban arriba, de una de las torres más alta que había en el castillo, la Torre de Astronomía, brillaba intensamente la Marca Oscura.
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El sentimiento de victoria que Harry había sentido después de encontrar el medallón se esfumó cuando llegaron a Hogsmeade y vieron que la Marca Oscura estaba encima de Hogwarts. Ni siquiera lo consolaba que sus sospechas sobre que Pettigrew estaba tramando algo se confirmaban. Sino que todo lo contrario, lo aterraban porque había dejado instrucciones a su novio, primo y amigos de que actuaran si algo llegaba a pasar.
Porque hasta donde él sabía, esa calavera verde significaba que una muerte había ocurrido allí.
Se inclinó más sobre su escoba, para intentar buscar más velocidad, sin importarle su Dumbledore lo seguía o no, solo quería llegar rápido y comprobar que todos ellos estaban bien.
Con tanta presura, Harry fue el primero en aterrizar, aunque nadie pudo notar esto, puesto que a pedido del director, él llevaba su Capa de Invisibilidad. Impaciente por ver si su novio, sobre todo, estaba bien, caminó a pasos apresurados hacia la puerta, pero se detuvo al escuchar un pequeño jadeo. Giró su cabeza y vio que Dumbledore se llevaba aquella mano negra hacia su pecho y tenía problemas para respirar. Se sintió muy mal por estar pensando en los demás siendo que tenía tan cerca una persona que estaba evidentemente mal.
-¿Prof…?
Pero no pudo terminar de llamar la atención del hombre, puesto que la puerta voló abierta y se escuchó un grito de:
-¡Expelliarmus!
Harry congeló al ver que la varita del director volaba por los aires y como este retrocedía hasta quedar apoyado contra la pared. Para Harry no fue sorpresa que después de aquello, la figura temblante y pálida de Pettigrew se revelara detrás de la puerta.
-Ah, Peter –suspiró Dumbledore, luciendo pálido pero tranquilo-. Siempre pensé que traicionaste a tus mejores amigos por presión, porque tuviste miedo, que es considerable, pero aquí estás hoy –negó con la cabeza-. Apuntándome con esa varita y dejando entrar a personas que sabes que van a hacer mucho daño a este colegio.
-¡No tengo opción! –chirrió el traidor-. Ne-necesitaba redimirme. Era conseguir esto o la muerte.
-¿Pero estás preparado? Has lanzado la maldición antes, pero nunca a una persona que conocías, ¿verdad? –su voz era tranquila y apacible-. Todavía creo que hay dentro de ti algo de aquel pequeño muchacho que adoraba a Sirius Black y James Potter. Aquel que no era capaz de matar ni una mosca.
Durante la charla, Harry se había movido estratégicamente, metiendo una mano en su bolsillo, para sacar aquel galeón que servía como mensajero y le escribió a su mejor amiga para que avisara a quien esté cerca de ella que viniese a la Torre para ayudar. Él no era estúpido, si bien tenía el elemento sorpresa de la Capa, Pettigrew era un mago experimentado que podría lastimarlo mucho si algo pasaba.
-¡No tengo opciones! –El grito del animago lo trajo de nuevo a la realidad. Hermione le había dicho que alguien iba en camino-. ¡Remus y Sirius me odian! ¡Toda la gente sabe que traicioné a los Potter! ¡No hay lugar en su mundo para mí!
-Es cierto –asintió-. No puedo prometerte el perdón de tus amigos ni de los magos y brujas que están del lado de la luz, pero puedo darte algún lugar seguro donde vivir, donde puedas comenzar de nuevo.
-No puedo –La mano de la rata tembló-. Tengo que hacer esto.
Harry se aterró y tuvo una maldición en su boca lista para salir, cuando vio los ojos de Wormtail tomar una actitud decidida. Sin embargo, pudo suspirar tranquilo cuando escuchó unos pasos apresurados venir hacia donde estaban y él no fue el único. Los ojos del animago miraron hacia allí y su cara drenó todo color cuando vio que nada más y nada menos que Severus Snape estaba allí parado.
-Al fin te tengo donde te quería, sucio traidor –siseó Severus-. Es irónico que hayas venido aquí, para que tome mi venganza por lo que le hiciste a Lily.
-¡¿Me culpas a mí?!– chilló el hombre, entrando en histeria-. ¡Fuiste tú el que le dijo la profecía al Señor Oscuro!
-Exacto –angostó sus ojos-. Pero yo tengo a mi favor que no sabía quiénes podrían ser los niños que señalara la profecía, tú, sin embargo, vendiste a tus amigos sin contemplaciones –levantó su varita-. Prepárate para morir.
-Oh, no creo que vayas a hacer eso, Snape –dijo una voz con desprecio, desde atrás.
Harry tensó al ver que más Mortífagos habían llegando a la Torre.
-Ah, Amycus, buenas noches –habló Dumbledore-. Y has traído a Electo también... encantador...
-Estás en tu lecho de muerte y aún tienes ganas de chistes, ¿eh? –lo miró con desprecio.
-Esto no puede ser mejor –dijo una mujer que se parecía al hombre anterior-. Tenemos a Dumby y al traidor Snape. Creo que esta noche podremos matar dos pájaros de un tiro. Nuestro señor está muy feliz, de hecho.
-¡Ya dejen de perder tiempo! Encárgate de Dumbledore, pequeña rata. Yo me encargaré de Snape –gruñó un hombre que apariencia muy desalineada.
-Eres demasiado confiado si crees que puedes tocarme siquiera, lobo pulgoso –siseó Severus. Se veía tan tranquilo como Dumbledore, pero la forma apretada con que agarraba su varita decía lo contrario.
-Tengo una especial ganas de acabar contigo, pocionista –sonrió malicioso, mostrando sus dientes tan llenos de sangre, como su barbilla-. Ni mis amigos y yo estamos felices de que hayas ayudado tanto a esos sucios vampiros –dijo la palabra con todo el desprecio que pudo reunir-, ¡Ayudar a reproducirse a un sucio Inmortal!– rió macabramente y después fulminó con la mirada a Snape-. ¡Pagarás por eso, maldito!
-Entonces hagámoslo.
Severus se preparó para el ataque, pero Harry fue más rápido y dejó salir la primera maldición que se le vino a la mente.
-¡Sectusempra!
Ante sus ojos incrédulos, el pecho del hombre lobo explotó en miles de gotas de sangre, haciendo que todos lo miraran con sorpresa. El encanto debería ser muy oscuro y poderoso si es que podría lastimar así a un licántropo, quienes eran más resistentes a los hechizos.
Severus miró con frenesí para todos lados y luego a Albus, pero éste lucía demasiado cansado como para responderle.
-¡Él no está solo! –dijo Harry, en un momento de valentía.
Al escuchar esa voz, él fue el único que lo reconoció. Entonces todo chascó en su mente. Ser tan bueno en pociones, esquivarle cada vez que quería ver su libro y la actitud inocente de sus hijos cuando le preguntó dónde estaba el libro de su madre. Leuchtenberg tiene mi maldito libro, esos gemelos van a vérselas conmigo, si es que salgo vivo de esto.
-¡¿Quién está allí?! –gritó la mujer, mirando para todos lados con frenesí.
-Me temo que ha llegado la ayuda –dijo Dumbledore.
-¡Pero trabamos la puerta!
Justo en ese momento, como para confirmar sus palabras, unas voces se pudieron escuchar abajo.
-¡Maldita sea! ¡No podemos abrirla! –Era Sirius.
-¡Yo lo intentaré! –Ese era tío Ángelo-. Soy un vampiro y tengo más resistencia a los hechizos y más fuerza como para derribarla.
-¡Maldición, no contábamos con esto! ¡Malditos vampiros! -gritó Amycus y miró como Fenrir se levantaba tambaleante desde el piso-. ¡Allí tienes unos con los cuales querías luchar, licántropo! ¡Ve y detenlo!
-¡Lo haría si pudiera! –gruñó, mirando con enojo la sangre que todavía salía a borbotones de su pecho.
-¡No hay tiempo, Pettigrew! ¡Nosotros trataremos de detenerlos mientras te encargas de Dumbledore!
Así, los Mortífagos bajaron dejando a Peter, Severus, Dumbledore y un escondido Harry arriba.
Pettigrew miró aterrado a Snape, su mano temblaba.
-Tendrás que matarme primero, antes de llegar a él –siseó Severus.
-Y a mí –dijo Harry, sacándose la Capa, ahora que estaban solo ellos solos.
Los ojos del animago se abrieron como platos al verlo y, en un momento típico ya de él, se transformó en su forma de rata y salió huyendo del lugar. Enseguida, Severus se puso en acción, sacó un frasco de su bolsillo y se arrodilló junto a Dumbledore.
-Beba esto, director –pidió con una amabilidad no característica de él.
-Sería inútil, Severus, mi muchacho –sonrió cansadamente-. No solo la maldición está deteriorándome, sino que nuestra aventura de hoy, está acabando conmigo más rápido de lo esperado.
-¿Qué? –susurró Harry, llegando al lado del director. Abajo se podían escuchar los sonidos de la batalla que se estaba llevando a cabo-. ¿Qué quiere decir con eso, director?
Albus sonrió, mientras Severus cerraba sus ojos con dolor.
-Estoy muriendo, Harry. De hecho, creo que no me quedan más de dos días de vida. Pero, ah es tan doloroso.
-Pe-Pero…- tragó saliva-. ¿Puedo hacer algo? ¿Llamo a Madame Pomfrey?
-No hay nada que se pueda hacer, Harry. Solo –Sus ojos azules se posaron en Severus-, solo ayudarme a terminar con el dolor, antes de tiempo.
El pocionista lo entendió enseguida.
-No.
-Me lo prometiste, Severus. Por favor, por favor, Severus.
-¿Por qué tengo que ser yo? –Parecía casi desesperado.
-Confío en ti, mi muchacho y eres el único que puede comprenderme tanto como para saber que necesito esto. Por favor…
Snape cerró los ojos.
-¿Qué, qué quiere? ¿Puedo hacer algo por usted?
-No, Harry. No podría pedirte algo así.
Severus se levantó de su lugar al lado del mago más grande desde Merlín, su cara contorsionada por la revulsión y el odio, aunque las lágrimas que había en su rostro traicionaban esos sentimientos. Levantó su varita y antes de que Harry se pudiera imaginar qué estaba por pasar a continuación, Snape dijo las palabras.
-¡Avada Kedavra!
El de ojos esmeraldas solo pudo ver con fascinación mórbida como la luz verde salió de la varita del pocionista y conectaba con el cuerpo de Dumbledore, que estando tan cerca de la ventana, cayó hacia abajo.
-¡No!– gritó Harry-. ¡¿Qué hace?! ¡¿Por qué hizo eso?!
-¡¿No lo escuchaste, Potter?! –rugió Severus, sus ojos negros brillando por las lágrimas no derramadas-. ¡Él me lo pidió! ¡El maldito me lo tuvo que pedir a mí de todas las personas en este mundo!
El chico no podía pensar claramente. Su director y último mentor acababa de ser asesinado en frente de sus ojos, pero no era un asesinato en sí, puesto que él mismo lo había pedido. Sí, Dumbledore acababa de pedir lo que los Muggles conocían como eutanasia, y el elegido para darle su alivio era nada más y nada menos que Severus Snape, que estaba a punto de entrar en un ataque de histeria en frente de sus ojos.
-¡Harry! –El grito aliviado de su padrino lo trajo a la realidad, Ángelo venía entrando con los puños ensangrentados, muy seguido de Sirius-. ¡Oh, gracias a los dioses que estás bien!
-¿Dónde está Dumbledore? –preguntó Sirius, al ver que su ahijado estaba bien. Él tenía un ligero corte en su párpado derecho.
-Dumbledore, él…
-Acaba de ser asesinado por Peter Pettigrew.
Sorprendentemente, la voz firme de Harry Leuchtenberg tapó la vacilante de Severus Snape.
-¡¡Qué?!– chilló Sirius-. ¿Muerto? ¡¿Estás seguro?!
-Yo mismo lo vi –agachó la mirada para no ver la incrédula que su profesor de pociones le estaba dando y para que tampoco Ángelo notara la mentira-. No pude pararlo.
-¡Maldita rata asquerosa!– vociferó el animago-. ¡No puedo creerlo! ¡Primero James y ahora Albus! ¡¿Cómo...?! ¡¿Cómo pude ser amigo de alguien así?!
Al ver que Sirius estaba a punto de hiperventilar, Ángelo se apresuró a secarse a él y encerrarlo en un abrazo.
-Ven, bajemos para ver si todavía hay más de esos aquí.
-¡No! ¡Ahora mismo me transformo en Padfoot y busco a esa rata de mierda! ¡Debe estar cerca!
-¡No, Sirius! ¡Haremos lo que te digo! ¡No tiene sentido que vayas en busca de venganza ahora! ¡Eres profesor y aún puede haber alumnos en peligro!
Al escuchar esas palabras, el animago se obligó a respirar varias veces, para tranquilizarse, después miró a su pareja y asintió.
-Está bien, está bien. Vayamos a la Sala Común que esté más cerca para ver si todos están bien –se giró para mirar a su ahijado-. Ven con nosotros, Harry.
-No –negó con la cabeza-. El profesor Snape y yo iremos por el cuerpo del director, ustedes vayan a hacer lo que tienen que hacer.
Vacilante, Sirius se acercó a su ahijado y lo abrazó.
-Me sorprende y me da orgullo tu entereza ante esta situación –besó su cabeza-. Entonces te dejamos con Snape.
El animago cabeceó en dirección del pocionista y luego procedió a bajar, seguido muy de cerca por su "amo".
-Tío Ángelo.
-¿Sí, Harry?
-Si vez a Eriol, hazle saber que estoy bien y dile que utilice las monedas para hacer saber si él se encuentra bien.
Santino le dio una sonrisa al chico, antes de asentir y comenzar a bajar.
-¿Por qué?
La voz suave de Snape asustó un poco a Harry, pero él entendió enseguida.
-Ahora la guerra al fin ha llegado a su auge y el enemigo es otro. Sé que mi padrino y muchos otros jamás entenderían sus razones para matar a Dumbledore, ni siquiera estando yo como testigo. Sirius nunca se lo perdonaría y sé que puede ser odioso cuando tiene a alguien entre ceja y ceja –suspiró-. Era mejor echarle la culpa a otro. Él ya hizo algo malo una vez, no pasa nada con ponerle otra carga. Además, yo pude verlo en sus ojos, estaba decidido a matar a Dumbledore un segundo antes de que usted intercediera. Entonces, después de todo, por un par de segundos de diferencia, hubiese sido él.
-Las mentiras tienen patas cortas, Leuchtenberg.
-Pero la verdad solo la sabemos usted y yo –miró por la ventana-. Y creo que el año que viene no estaré aquí ni rodeado de muchas personas como para que la verdad se filtre.
-¿Qué quieres decir con eso?
-¿Usted sabe de mi misión, verdad?
-Lo sé.
-Hoy encontramos uno –murmuró con dolor-. Él hizo mucho y eso acabó terminándolo –cerró los puños con furia-. Así que yo debo buscar los que me faltan, solo que no sé dónde empezar. Pero eso no será un problema.
-Eres un muchacho valiente, Leuchtenberg. Cuenta con mi ayuda en cuanto la necesites.
No es hora de decírselo todavía, pensó Severus, recordando la conversación sobre los Horcruxes que había tenido con el director no hace mucho. Primero debo encontrar la forma en que él no deba sacrificarse. Entonces, sí se lo diré.
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Al final, ambos bajaron con las escobas por la ventana de donde había caído el director, evitando el enfrentamiento con cualquier enemigo que estaba todavía en pie. Sin embargo, el corazón de Severus y Harry se volvió pesado al ver que el medallón que habían recuperado no era ni siquiera parecido al que el chico había visto en el Pensadero. De hecho, adentro traía una nota que declaraba su inautenticidad.
-No es verdadero –murmuró en incredulidad, mientras Snape conjuraba una manta para cubrir el cuerpo del director-. Pasamos por todo eso y no es verdadero. ¡Maldita sea!
-¿Harry?
El muchacho cerró el medallón en su puño y giró la cabeza hacia la dirección de donde había venido la voz suave. Allí estaba Eriol, acompañado de Hagrid, y venía cojeando.
-Eriol –Su voz fue mitad susurro, mitad lamento. Metiendo aquel Horcrux falso en su bolsillo, Harry se levantó y casi corrió hacia donde estaba su novio, para encerrarlo en un abrazo.
-¿Harry? ¿Estás bien?
-Era falso –murmuró incoherente-. Era falso. Él murió por nada.
-No entiendo, mi amor. ¿De qué me hablas?
-Dumbledore está muerto –fue la voz de Snape que respondió, dibujando enseguida la atención tanto del mitad-gigante como del Ravenclaw al cuerpo tapado por la manta blanca.
Eriol abrazó con fuerzas a su novio cuando éste dejó salir un sollozo, al mismo tiempo que el perro Fang comenzaba a aullar y su dueño corría hacia donde estaba el cuerpo.
Harry no supo cuando tiempo estuvo así, apenas se enteró que tanto Ginny como Draco llegaron hacia donde estaban ellos y entre los dos ayudaron a Eriol a caminar hasta la enfermería, mientras él era abrazado por su padre Lancelot, que había aparecido de improviso, después de que Máximo le comunicara que Hogwarts estaba siendo invadido.
-¿Están todos bien, papá? –susurró, cuando estaban entrando a la enfermería.
-Están todos bien –aseguró el rubio-. Aunque creo que el amigovio de tu tía Jesse fue herido por ese licántropo alfa que sigue a Voldemort –agregó con desprecio.
Harry asintió y miró a la cama donde esta Charlie Weasley, acostado en una cama, con severas heridas en su rostro. Su hermano Bill estaba a su lado, cargando a su pequeña hija que miraba todo con los ojos muy abiertos.
-Oh, gracias a Merlín que están bien –Sirius se acercó a su ahijado mirándolo ansioso-. Se tardaron mucho en regresar.
-Lo sentimos, es que…
Harry no terminó de hablar, solo miró como Snape entraba a la enfermería, con el cuerpo de Dumbledore tapado con la manta blanca.
-¿Quién es? –preguntó la enfermera, con mirada preocupada.
-¿Black no se los ha dicho?– siseó Severus, más recobrado de su casi perdida de control que tuvo en la Torre-. Es Albus Dumbledore.
Jadeos de sorpresa y sollozos se escucharon en el lugar, al oír aquello. Bill miró ansiosamente a su esposo, él sabía, por supuesto, la misión que le había dado el viejo director a su marido.
-Llévalo a mi oficina, Severus –dijo con voz firme Madame Pomfrey, entrando en su modo profesional y obligándose a no reaccionar en frente de tantos pacientes que la necesitaban.
El pocionista obedeció y Bill hizo señas a su hermano Ron para que viniera junto a Charlie, mientras él iba tras su amante. Al entrar a la oficina, el pelirrojo se obligó a no mirar el cuerpo que estaba sobre la camilla que estaba allí y caminó hacia Severus, para acariciar su mejilla.
-¿Cumpliste tu promesa? –fue lo único que preguntó.
-Sí –suspiró atrayendo a Bill para un abrazo, cuidadoso de no aplastar a la niña-. Pero Lioncurt hizo gala de otros de sus momentos Gryffindor y le dio mi gloria a la rata.
-Oh –pestañeó varias veces-. Entiendo, supongo que es lo mejor.
-Nada será mejor aquí sin Albus, Bill.
Isabela lloriqueó un poco y pidió que su padre la sostuviera. Severus sonrió vacilante, antes de tomarla, justo en el momento que el canto de Fawkes se escuchaba a lo lejos. No era un canto como los otros, era afligido, de belleza terrible. Que anunciaba todo el dolor que tanto el ave como los magos y brujas en todo el Mundo Mágico que apreciaban al viejo mago que acababa de partir se iban a sentir con su pérdida.
-¿Bill?
Ginny metió su cabeza en la oficina y también se obligó a no mirar el cuerpo del director.
-¿Qué pasa?
-Papá está aquí con Nott, dice que quiere verte. Ya le dije que estás bien, pero está histérico después de ver a Charlie –hizo una mueca-. ¿Ven, sí? Solo será un momento.
-Ve, yo estaré aquí –animo Severus, entregándole a su hija de nuevo al pelirrojo.
-Regreso enseguida –prometió, besando quedamente los labios de su amante, antes de salir tras su hermana.
Severus suspiró y sus ojos volvieron al cuerpo que todos estaban tratando de evitar. Afuera, escuchó un par de sollozos y gritos, sobre todo de Black, que si no es equivocaba, estaba en una lucha con Remus.
-Severus –La voz sedosa y la aparición de Lucius confirmaron sus suspicacias.
-Han venido ustedes también –fue el saludo del pocionista.
-Sabes que muy a mi descontento, mi esposo forma parte de la Orden –miró el cadáver de Dumbledore-. ¿Quién fue?
-La rata.
-¿Pettigrew?– enarcó una ceja e hizo una mueca maliciosa-. No puedo creer que ese mago patético haya encontrado las agallas para matar al mago más prestigioso de los últimos tiempos.
-El mundo está lleno de sorpresas, Lucius.
-Supongo –se encogió elegantemente de hombros y después frunció el ceño-. Me preocupa saber qué va a pasar a partir de ahora. Si bien era un viejo irritante, tenía la capacidad para guiarnos a todos y era de algún modo tranquilizante. Pero ahora…
-A muchos nos ha entrenado bien como para ocupar su lugar –dijo Severus-. Sobre todo Ojoloco. Así que no estamos del todo desamparados.
Hubo unos ligeros golpes a la puerta. Era la profesora McGonagall
-Severus, te necesitamos aquí afuera. Estamos por decidir cómo seguiremos a partir de ahora –su voz tembló un poco y miró con pena el cuerpo que descansaba en la camilla-; ahora que Albus ya no está con nosotros.
-Enseguida estoy contigo.
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-.Al día siguiente.-
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Finalmente, se decidió que el colegio seguiría abierto y que ahora Minera y Severus serían directora y subdirector respectivamente; debido a que la bruja tenía mucha más experiencia en esto de administrar el colegio.
Por otro lado, también fue consenso absoluto que Dumbledore sea enterrado allí mismo, en un lugar estratégicamente escogido en el patio del colegio. Por el funeral, las clases fueron suspendidas, muchos alumnos abandonaron el colegio y llegaron a Hogwarts muchas figuras importantes del Mundo Mágico, para darle su último adiós al Director.
La noticia que el mismo Pettigrew había sido el asesino ya se había transmitido, y Harry pensaba en qué cara estaría poniendo la rata al saber eso.
-¿Te sientes bien?– preguntó Eriol, mientras desayunaban y acariciaba una mejilla de su novio-. Porque no luces bien.
-No he podido dormir para nada bien.
-Ni yo –aportó Ginny, quien estaba enfrente de la pareja-. Casi no pego el ojo desde, bien… ah… ustedes saben.
-Le hubieses dicho a Draco que te ayude, el sexo cansa bastante.
Ron se atoró con el pedazo de tostada que estaba comiendo, mientras Neville, Eriol y Hermione le daban una mirada desaprobadora.
-Ni siquiera en estos momentos evitas dar unos de sus comentarios pervertidos, ¿verdad?- gruñó Neville, mientras palmeaba la espalda de su novio.
Harry se encogió de hombros y sus ojos viajaron hacia la entrada. Una sonrisa de lado se formó en su rostro al ver llegar a su papá, con su hermanito en brazos. Él se levantó, dio un pequeño beso a su novio y fue al encuentro del vampiro.
-Lamento no poder haber venido antes –murmuró León, abrazándolo con un solo brazo-. Pero tuve que esperar a que el sol no estuviera tan fuerte.
-Está bien, papi Leo. Estoy alegre de volver a verte al fin aquí.
-¿Cómo te sientes? –preguntó, repitiendo el gesto anterior que tuviera su novio.
-Siento como que quisiera volver a ser tan pequeño como Benjamín –miró al bebé y acarició la pequeña cabeza rubia-, cuando no tenía preocupaciones por nada.
-Oh, mon ciel. No sé por qué la vida se empeña con ser tan dura contigo.
-Ni yo.
-Hola, Monsieur León –saludó Eriol, llegando al lado de su novio-. Harry, ya es hora de salir al patio.
El chico asintió y, después de darle un beso a la mejilla a su papá, se reunió con sus compañeros de casa, que fueron en grupo, guiados por su Jefa de Casa. Eriol y Neville pidieron permiso para caminar al lado de sus novios en esta oportunidad y Flitwick se los concedió. Afuera pudo ver a muchos personajes conocidos, lastimosamente algunos que le caían muy mal entre ellos, pero Harry se obligó a no amargarse por ello. Este mundo estaba lleno de hipocresía y lo importante era que las verdaderas personas que amaban a Albus Dumbledore estaban allí.
-¿Por qué pasó esto papá?
Remus suspiró y acarició la cabeza de Lucas, antes de darle un beso. A su lado, Lucius sostenía a Lucien, mientras Camila y Derrick habían ido a sentarse con los gemelos Snape, de los cuales sentían mucho gusto desde que frecuentaban su casa.
-No yo mismo lo sé, mi amor. Ojala hubiese sabido antes qué pasaba por la mente de ese asesino, para poder impedirlo. Pero no pude, y ahora hemos perdido a un gran hombre.
-Pero igual voy a venir a Hogwarts el curso que bien, ¿verdad?
Lucius frunció el ceño.
-Si es eso lo único que te preocupa, tienes un pensamiento muy egoísta –siseó.
-No digas eso, Lucius –regañó Remus-. Es normal que se preocupe, sin embargo…- suspiró-. Este no es momento de preguntar eso, Lucas. En casa responderé a todas tus dudas.
Un silencio se apoderó de repente de todo el lugar y los ojos viajaron hacia donde estaba la tumba blanca que sería el lugar de descanso eterno del director. Un pequeño hombre en túnica negra se había levantado de su lugar y se paraba frente al cuerpo de Dumbledore. Ese mismo personaje comenzó a hablar sobre las grandezas del director.
Casi a mitad de discurso, las sirenas, los centauros y hasta el gigante hermano de Hagrid aparecieron para dar sus últimos respetos a Dumbledore. Ganando muchas miradas escandalizadas.
Así que hasta aquí llegaste, Harry. Tu destino ha sido trazado y estás solo. Tu única ayuda fuerte se ha ido, solo dejándote instrucciones de que tus amigos pueden ayudarte, no así los adultos. Irracional, debería pensar, pero honraré ese pedido.
Una lágrima volvió a caer de su ojo, pero éste no llegó a su ropa, porque un beso suave de Eriol la detuvo a mitad de camino. El mismo Ravenclaw tenía el rostro empapado y Harry no tuvo que mirar más allá para ver que sus amigos estaban igual de destrozados.
-¿Cómo te sientes con respecto al matrimonio, Eriol?
Su novio pestañeó, secándose las lágrimas.
-¿Disculpa?
-¿Has pensado alguna vez en casarte?
-P-por supuesto –tartamudeó un poco-. Muchas veces.
-¿Conmigo?
-Bien, sí –respondió incómodo-. ¿Por qué me sales con eso justo ahora?
-Tengo una misión ahora, ¿sabes?– miró hacia un costado y vio que Scrimgeour intentaba acercarse a él, pero fue rápidamente detenido por un Sirius que tenía cara de mala leche. Gracias padrino, lo que menos necesito es ser molestado por ese hombre, ahora.
-¿Y qué con eso?
-No sé lo que me depara el destino, Eriol –apretó su mano y lo miró con tanta intensidad que el de anteojos jadeó-. Pero sí sé que quiero que seas mi esposo antes de morir.
-P-p-pero Harry, eso…
-Ssshhh –puso un dedo sobre los labios temblorosos del otro-. Hablaremos de esto cuando estemos en casa.
Continuará…
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X3X3X3X3X3X3X3X3X3UnÁnGeLeNtReVáMpIrOsX3X3X3X3X3X3X3X3X3
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-.-Importante: fíjate que te molestó en mi fic y que te agradó. Dímelo. Pero trata de mantener la cortesía y hazlo de una manera que pueda entender.-.-
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Notas de Uko-chan: ¡¡Hola!!
Solo tengo una idea vaga de cómo seguir con esto y, como habrán visto, mi idea vaga se refiere al final de este capítulo.
Hubo muchos cambios con respecto al final del libro en este capítulo. Entre ellos, que Dumbledore no inmovilizara a Harry cuando llegaron a la Torre, básicamente, eso sucedió porque Dumbly sabía que Harry es un chico más maduro y que va a pensar antes de actuar.
Severus mató a Dumbledore, pero se sabe el por qué y Harry le echó la culpa otro XD
Y como Bill estaba encerrado cuidando de su hija, tuve que poner a Charlie como el atacado por Fenrir. Poshito
¡¡Gracias Angeli por betear este fic!!
¡¡Nos leemos!!
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¡Hey, espera! Si ya has leído todo, por favor, pásate por mi LiveJournal, donde encontrarás divertidos retos que he estado escribiendo.
Aquí: h t t p : / / utenapuchiko. livejournal. com (solo recuerda quitarle los espacios ;D)
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Atte: Uko-chan!
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Este capítulo ha sido editado para seguir las reglas decretadas por Rice.
Si se les hace un lío, Lancelot sería Lestat y no es un príncipe de los Vampiros, sino un Noble de alto renombre. Louis pasó a ser León... me pareció perfecto para él que es una mamá gallina XD
Armand/Daniel son Esteban/Darío en el segundo chap explico su historia y Khayman es Atón. A las gemelas y Jesse les he puesto nombres de flores y he reinventado su historia. Ellas son Alelí y Azalea. Alelí (Maharet) es madre de Jazmín (Jesse) Al igual que Gabrielle que ahora es Graciela (como mi mami!) y es hermana mayor de Lancelot ñ.ñ Y tenemos Santino que es Ángelo y a Marius que es Máximo.
Si te sientes con ganas de decirle algo a la denunciante, al igual que yo, su nick es Juneau Minnet, en ffnet.
Y agradezco a mi beta por ayudarme a encontrar nuevos nombres y apellidos para estos personajes. Es divertido editar XD PERO si se les hace complicado, ustedes imagínense que son los personajes de Rice y ya. Nadie podrá denunciarlas por usar su propia imaginación X3
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