Capítulo 48

Planes y venganzas.

Cuando Harry regresó al número 12 de Grimmauld Place tenía la cabeza a punto de explotar. Había pasado horas en casa de Byron y aún no sabía que pensar de todo aquello.

Se planteó seriamente la posibilidad de acudir de nuevo a Phineas para hablar con Dumbledore, o con Snape… a esas alturas le daba francamente igual quien fuera el que acudiera a hacerle el psicoanálisis.

Se dejó caer en el sillón, hundiéndose en él y apoyando la cara en su mano con gesto cansado. No sabía que pensar, en quien creer o confiar. Había escuchado a Byron y a Kate contarle su historia y una parte de él, una parte imposible de controlar había sentido compasión por ambos hermanos.

Horatio Maidlow fue un mortífago que intentó, como todos, arrastrar a sus hijos a la vida de oscuridad que él había adoptado como propia. A veces el ser humano era una aberración de la naturaleza, una vergüenza, pensó Harry.

Cada persona debería tener la libertad de decidir por sí mismo, el libre albedrío para elegir el camino por el que andar durante su vida. Un padre no debería atentar jamás contra esa libertad. Harry, allí sentado, contemplando las llamas de la chimenea que ardían con intensidad ante él, recordó a los niños de su sueño y se juró que nunca obligaría a sus hijos a seguir la senda que él había marcado con sus decisiones y sus actos. Les educaría con amor y comprensión, enseñándoles todo cuanto estuviera en su mano. Pero de ellos dependería aprender cosas como el valor, la amistad o el coraje. Amaría a sus hijos fueran magos o squib, fueran Gryffindors o Slytherins.

Recordó a Malfoy, a Nott, a Zabinni… Y ahora a Kate y a Byron ¿Cuántos niños habían visto sus vidas condenadas solo por las decisiones que sus padres habían tomado hacia ellos? Sirius se había rebelado, incluso a sus once años luchó con valor para ser diferente, para forjarse su propio camino lejos de la senda oscura que su apellido le había legado. Pero Harry, a diferencia de su padrino, tenía una comprensión hacia la naturaleza humana que había heredado de la abnegación de su madre hija de muggles. Los niños solo eran eso, niños, protegidos en senos de familias adineradas, sin preocupaciones más allá del modelo de escoba que pedirán las próximas navidades o el juego de Gobstones que vieron para su cumpleaños. ¿Cómo van a rebelarse niños así en una sociedad que les trata como miembros de la misma realeza? ¿Cómo van a hacerlo sin saber cómo es la vida de aquellos menos afortunados? Lo cómodo, lo natural para ellos sería continuar con la tradición que les proveía de aquellos caprichos y aquellos lujos.

Pero cuando el yugo de la vida apretó a esos niños, algunos se levantaron a luchar encontrando el valor donde siempre hubo vanidad y egoísmo, hallando el coraje dónde solo había miedo.

Harry creía ahora en la redención, había conocido la historia de Regulus Black, la historia de Severus Snape, la de Draco Malfoy… mortífagos desertando de lo que se vieron abocados a ser, para luchar por la libertad de un mundo mágico que probablemente nunca les perdonaría o alabaría sus actos.

Harry siempre sería recordado en los libros de Historia de la Magia. Su apellido estaría cubierto de honores y gloria y una parte de él se sentía orgullosa de haber conseguido aquello, de ser recordado no como el niño que sobrevivió, sino como el niño que vivió para derrocar al mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos. Pero sabía que no había estado solo, se había quedado ronco de contar una y otra vez que nada habría podido hacer sin la inestimable ayuda de Albus Dumbledore, de Severus Snape, incluso de Regulus Black, un mortífago desertor que había dado su vida para redimir sus actos, que había seguido a su hermano con una valentía propia de un león, pese a que éste hubiera muerto pensando que solo fue un cobarde.

Los hijos no siempre eran el reflejo de lo que habían sido sus padres y esos ejemplos le habían dado a Harry la posibilidad de comprender aquello sin juzgar los orígenes. Al igual que los hijos de muggles no debían ser marginados, los hijos de mortífagos tampoco debían ser condenados sin más.

Aún recordaba reverberando en su cerebro las palabras de Byron, la forma en la que se había sincerado por lo que era, seguramente, la primera vez en su vida. Había sido como si hubiera abierto un grifo imposible de cerrar hasta que quedó vacío de todo recuerdo, pensamiento o sentimiento del pasado.

Nymphadora había sido mi mejor amiga durante años. Cuando acabamos Hogwarts ambos terminamos en la academia de aurores, teníamos ganas de hacer algo por la comunidad mágica y queríamos seguir juntos. Pero para mi todo había cambiado en sexto curso, los roces y los abrazos dejaron de ser casuales, mi cuerpo respondía al suyo y mi mente no podía alejar su recuerdo cada vez que no estaba ella a mi lado… Me enamoré, sin saber cómo o por qué. Así que un día, saliendo de la academia la invité a un helado en el Callejón Diagon y me declaré. Ella se quedó tan sorprendida que jamás olvidaré su cara, el helado se cayó al suelo medio derretido mientras solo me miraba sin saber qué decir. Finalmente sus palabras taladraron mi corazón cuando me dijo que erámos demasiado jóvenes, que tenía que probarse a só misma, volar y conseguir sus propias metas antes de pensar en el amor. Por aquel entonces Ojoloco Moody decía que ella sería la mejor de la promoción, aunque tenía problemas con el sigilo. Era un poco torpe ―Llegado a aquel punto Byron paró a tomar aire con una sonrisa triste ―Aquella fue la última vez que la vi. Al día siguiente abandoné Londres dejándole únicamente una carta de despedida y me juré a mí mismo que no volvería hasta haberla olvidado. Me temo que no hubiera vuelto nunca, porque no he sido capaz de hacerlo ni siquiera ahora que ya no está. Me fui a en Francia porque allí estaba Kate estudiando en Beauxbatons, era la única familia que me quedaba. Supe que Voldemort había regresado pero yo no podía volver, de hecho recibí una carta de Nymphadora, en realidad recibí muchas durante, diciéndome que no se me ocurriera poner un pie en Londres, que los mortífagos estaban reclutando de nuevo un ejército y obviamente iban a buscarme en cuanto supieran dónde me encontraba ―Byron suspiró ―Tenía que haber vuelto, debí haberme unido a la Orden junto a ella, tal vez podría haberla salvado… Cuando tras la batalla de Hogwarts una lechuza me trajo una carta de Andrómeda Tonks supe que ella estaba muerta y todo dejó de importarme, todo salvo la venganza. Volví a Londres y me costó poco entrar en el departamento de aurores, siempre he sido un experto en Artes Oscuras desde niño ―Dijo con una sonrisa ladeada ―Kate vino conmigo y se puso en contacto con Rabastan, su padrino, alegando que quería seguir los pasos de nuestro amante padre ―Espetó con asco ―Consiguió pasar la prueba y en menos de un mes estaba dentro. Era mi caballo de Troya, mi arma para entrar y destruirles desde dentro, pero algo ha salido mal. Han matado a Lestrange e Ivanova se ha erigido como líder de un movimiento de resurrección de Voldemort. Mis informaciones son claras. Bellatrix tuvo una hija, una hija que si no me equivoco lleva la sangre de su señor y de los Black. Pero Ivanka alega que la niña, criada por los Parkinson desde que nació, es suya. No descansaré hasta vengar a Nymphadora, mi Juramento inquebrantable se mantendrá en pie mientras un solo mortífago siga con vida. Así que Harry, como ves, mi único objetivo es destruir a los siervos de Lord Voldemort, aunque mis motivos no sean tan nobles como los tuyos.

¿Así que es verdad? ―Preguntó Harry en cuanto le quitaron el encantamiento silenciador ―¿Parkinson en realidad es hija de Voldemort?

No lo sé en realidad ―Aquella vez había hablado Kate ―Rabastan decía que la niña debía tener entre diecisiete y diecinueve años, es imposible que tuviera más ya que Bellatrix fue enviada a Azkaban. Según me dijo estuvo durante meses en una misión por Europa lejos de los Lestrange.

¿Y qué hay con Ivanka? ―Preguntó Harry ―Por lo que sabemos es posible que viniera desde Bulgaria buscando a Voldemort, Karkarov decía que no podía competir con él, pensamos que estaba de alguna manera obsesionada o… enamorada de su señor.

Byron soltó una carcajada cínica y sin humor.

Esa gente no conoce el amor Harry, no te engañes, les mueve el deseo de poder, la promesa de la grandeza que Voldemort les prometía.

Como sea ¿No creeis posible que ella sea la madre de Pansy?

Kate negó con la cabeza.

No ―Confirmó su hermano ―Si esa es, como dicen, la hija de Voldemort, su madre solo pudo haber sido Bellatrix Lestrange, la única bruja a la que él admiraba lo suficiente como para concederle el "honor" de su semilla.

¿Entonces Ivanka?

No tenemos todas las respuestas, Harry. Si las tuviéramos habríamos acabado con el problema hace mucho tiempo. Lo que si sabemos es que buscan la piedra de la resurrección.

¿Para qué? Esa piedra no les servirá para devolver la vida a Voldemort

Es posible que crean que sí le traería de regreso.

Pero no es así ―Insistió Harry ―¿Acaso no han leído el cuento de Beedle el bardo?

Byron se encogió de hombros restándole importancia.

Hay un grupo de Slytherins peinando el boque cada noche en buscad de la piedra, Harry ¿Es cierto que está allí?

¿Cómo podían saber aquello? Él no le había contado a nadie más que a Dumbledore donde había dejado caer aquella reliquia.

No la tengo yo ―Era todo lo que pensaba decir.

Pero la tuviste ¿Verdad? Dumbledore tuvo que dártela, era uno de los horrocruxes del Señor Tenebroso ―Añadió Kate.

Harry se encogió de hombros

Todos los horrocruxes están destruidos, incluido el anillo que llevaba la piedra de los Gaunt.

Creo que por eso te buscaban esta noche ―Murmuró Kate ―Ivanka fue una inefable, tiene acceso a información confidencial a la que muy poca gente puede acceder, además hizo grandes amigos en el Ministerio.

Todo son mentiras ―Harry se horrorizó al pensar en Kingsley, en los Weasley, en toda la gente que se preocupaba por aquella mujer y la apreciaba, a una loca ávida de sangre que solo buscaba el regreso del mago más despreciable de todos los tiempos.

De nuevo en el presente, Harry apoyó los codos en las rodillas y hundió la cara entre las manos. Tenía que hablar con el ministro, con la Orden… tenía que decirles todo lo que había averiguado pero ¿Sería prudente? Todos apreciaban a aquella bruja de dos caras y no sabía muy bien como enfrentar aquella situación.

Hermione…

Ella le escucharía y su consejo siempre era más que bienvenido. Se levantó y se acercó a la chimenea tomado del recipiente que había sobre ella un puñado de polvos flú.

Hermione tomó la cara de Draco entre sus manos y lo miró fingiendo una sonrisa.

―Todo irá bien. Confío en ti.

Malfoy la abrazó con fuerza apoyando la barbilla en su cabeza y miró el fuego. Era él quien no confiaba en sí mismo, no deseaba a Pansy, no quería absolutamente nada de ella, ni siquiera verla de nuevo en la distancia. Pero haría cualquier cosa para salvar su vida y la de Hermione, incluso acostarse con Parkinson si el momento lo requería, aunque ahora sabía que era posible que aquella menuda chica de pelo castaño, con su espíritu Gryffindor como estandarte pudiera perdonarle, él no sería capaz de hacerlo. No quería verse en esa posición, no quería tentar al destino más de lo que ya le habían tentado.

De pronto un movimiento extraño en la chimenea llamó su atención y fijó la vista en las llamas cuando una cabeza apareció flotando entre ellas.

―¿Potter?

Hermione se separó de él y le miró interrogante. Draco solo señaló con la afilada barbilla hacia la chimenea y arqueó una ceja.

―¿No sabes lo que es la privacidad cara rajada?

―Corta el rollo, Malfoy, necesito hablar con Hermione.

Draco hubiera seguido metiéndose con él si no hubiera notado el tono preocupado en su voz. Hermione también debió de darse cuenta porque se desasió de sus brazos y se acercó a las llamas para ver mejor.

―¿Harry?¿Qué haces?¿Ha ocurrido algo?

Era muy extraño que su amigo invadiera de aquel modo su privacidad sin avisar antes. Nunca lo haría si no existiera una causa más que justificada.

―Necesito hablar contigo, Hermione.

―Iré arriba ―Dijo Malfoy con voz hastiada dándose la vuelta aún con la nota de Pansy arrugada entre los dedos.

―Puedes quedarte ―Respondió Harry para asombro de los otros dos ―No es algo personal, tiene que ver con todo lo que está sucediendo, es posible que tu punto de vista también nos venga bien, Malfoy.

―¿Entonces Ivanka es la madre de Pansy? ―Preguntó Draco que estaba mareado ya con toda aquella información ―Lo cierto es que aquella voz… tenía un acento marcado, en cierto modo me recordaba a Krum en la pronunciación, claro que mucho más suave. Es curioso que no lo hubiera recordado hasta ahora.

―Seguimos pensando que su madre fue tu tía, Malfoy.

Draco apretó los dientes ante aquella frase. Deseaba no tener nada que ver con aquella loca, sobre todo cada vez que recordaba las marcas que Hermione tenía en el brazo, aquellas líneas que cortaban la suave piel de su antebrazo.

―Ya envié una lechuza a mi madre, Potter. Le pedí que dejara la mansión Malfoy pero no le pregunté acerca de Bella. No creí que fuera seguro hacerlo, al menos si, como dices, están vigilándola.

―Sí, tienes razón, será mejor esperar a que ella esté en un lugar seguro para poder hablar de ese tema ¿Sabes ya dónde irá?

―No, nuestros amigos no estarán deseosos de acogerla… salvo Pansy al parecer, claro ―Masculló con irritación.

―Déjamelo a mí ―Dijo de pronto Harry ―Haré que la Orden se encargue, si puedes dile que no se resista si alguien va a buscarla ¿De acuerdo?

Malfoy gruñó algo que Harry quiso interpretar como un sí y se sentó cómodamente en el sillón.

―Creo que realmente no van a conseguir nada ―Hermione seguía sentada en la alfombra mirando sin ver la cabeza de Harry ―La idea de utilizar la piedra de la resurrección me parece realmente absurda y el que piense que puede encontrarla en el Bosque Prohibido me parece aún más descabellado.

―Sí, yo tampoco creo que Voldemort sea un peligro.

―El peligro es la locura ―Apuntó Draco ―¿Hasta dónde está dispuesta a llegar en su empeño? Puede que no logre resucitar al Señor Tenebroso pero mientras lo intenta está desestabilizando el equilibro del mundo mágico y eso, tras una guerra, es algo que hay que erradicar o los problemas nunca van a terminar.

―Tienes razón ―Dijo Harry ―Si no terminamos con esta sublevación es posible que acaben encontrando otro líder capaz de dividir de nuevo a la sociedad que apenas empieza a levantarse.

―¿Y cómo vamos a hacerlo? Kate ya no está dentro porque Rabastan ha muerto y se nos acaban los hilos de los que tirar.

En el silencio de la Sala Común solo se escuchaba el crepitar de las llamas y las respiraciones de los chicos.

―Pansy quiere verme ―Soltó Draco de pronto consciente de que él sí tenía un hilo por el que empezar a deshilachar aquel tapiz que no conseguían desentrañar.

―¿Cómo? ―Harry parecía de pronto interesado y algo más animado.

―Me ha mandado una nota, en dos días en Godric´s Hollow. ―Draco alisó el papel y lo leyó.

Harry miró los ojos de Hermione, en cuyos orbes castaños se veía perfectamente lo poco que le gustaba aquella idea y se odió a sí mismo por no poder negarse a lo evidente, por no poder darle las palabras que ella quería oír, pero sabía que Hermione no era una cobarde, ella era consciente de que las cosas tenían que ser así y haría cuanto estuviera en su mano para erradicar el mal que trataba de cernirse nuevamente sobre ellos.

―¿Puedes ir? ―Preguntó finalmente.

Draco miró a Hermione y vio como la chica se mordía el labio pero asentía manteniendo su mirada con firmeza.

―Sí ―Respondió finalmente el Slytherin.

―Bien, aun así… ―Harry se quedó pensativo ―no me da buena espina que te pida que vayas a Godric´s Hollow ―sonrió levemente ―No solo porque es donde yo nací ―Y donde vive Byron, pensó para sí ―Si no porque esta vez no habla de ningún traslador… Creo que lo mejor será que no vayas solo, Malfoy. Iré contigo, Byron y yo. Tal vez Kate pueda acompañarnos también. Si es una trampa iremos preparados.

―Entonces yo también voy ―Hermione se levantó y habló con serenidad.

―Hermione…

―Granger…

Ella los fulminó a ambos con la mirada y se cruzó de brazos.

―Soy mejor que vosotras en hechizos, he luchado en la misma guerra de la que ambos habéis salido vivos y también estoy aquí, soy miembro del ED y de la Orden tanto como tú, Harry y sabes que si quisiera ser auror tendría una mesa justo al lado de tu cubículo solo con decirle una única palabra a Kingsley.

Harry se colocó las gafas y se quedó callado pues sabía que su amiga había ganado y que no sería él quien le impediría ir. A fin de cuentas gracias a ella había salido vivo de unas cuantas.

Draco por el contrario no era como Potter, las palabras de la chica no solo no le convencían sino que además amenazaban con cabrearle.

―Tú te quedas ―Dijo con un siseo que arrastraba las palabras.

―Yo voy ―Soltó ella enfrentándole con un brillo peligroso en los ojos.

―El que se va soy yo ―Harry pensó que una huida a tiempo era una victoria ―Me mantendré en contacto ―Añadió aunque sabía que ninguno de los dos le estaba escuchando, envueltos como estaban en aquel duelo de muradas furiosas.

―No puedes venir. Es más no quiero que vengas, iré con Potter y con los otros dos ―Seguramente que si fuera algún Gryffindor estúpido habría dicho algo noble como Iré yo solo, pero Draco no era ni Gryffindor ni estúpido y un par de aurores cubriendo sus espaldas le parecían algo genial. Pero no podía decir lo mismo de Granger. Ella no podía estar cerca, no cuando no sabía que iba a suceder con Pansy, no cuando cabía la posibilidad de que… era mejor no pensar en ello ― pero no contigo.

Supuso que aquello dolería a Granger pero se equivocó. Ella le devolvió una sonrisa que era la viva imagen de la suya propia y se encogió de hombros.

―Pues es una pena, Malfoy, porque voy a ir quieras o no.

Draco parpadeó, confundido. ¿Por qué tenía que haberse enamorado, aún le asqueaba esa palabra, de la única mujer capaz de exasperarlo hasta la desesperación? No estaba acostumbrado a que le desobedecieran o a que cuestionaran sus órdenes y deseos, pero Granger o no era capaz de acatar una orden o le daba completamente igual. Draco apostaba por lo segundo, pero encima, para más vergüenza, en lugar de enfadarle, aquella indocilidad hacía que su sangre hirviera y que el deseo por ella creciera hasta hacerse insoportable.

―Ya veremos ―Dijo con un gruñido animal mientras se levantaba y la cargaba al hombro como un saco de patatas.

―¿Malfoy que crees que estás haciendo? ―Pataleó Hermione agarrándose a su túnica cuando quedó boca abajo.

Ni siquiera él lo tenía muy claro, Draco nunca había sido un chico de arrebatos tan animales, pero ella le llevaba al límite y de algún modo tenía que desahogarse.

No contestó, pero cuando la llevó al dormitorio y cerró la puerta a sus espaldas tumbándola en la cama y mirándola con aquel brillo depredador en sus ojos, Hermione tampoco necesitó la respuesta.