Secuela #1
Julien, se veía al espejo una y otra vez en el espejo, se acomodaba el traje, el cabello; caminaba de un extremo a otro repitiendo en voz baja las palabras que tenía que decir. Marianne, su mejor amiga, desesperada de verlo tanto caminar lo detuvo jalándole de los hombros.
-¡Basta ya, Julien! ¿No me digas que estas nervioso? – Lo conocía demasiado bien que sabía que pegándole a su orgullo pararía – Es solo el discurso de graduación – Se vieron fijamente a los ojos. Julien, pudo verse reflejado en aquella tierna mirada miel. Soltó una gran bocanada de aire y se desplomó en un sofá.
-No, Marianne, ¿Cómo crees? no es eso lo que me tiene preocupado… lo que me angustia es, amm… no sé cómo explicarlo- Se cubrió las manos con el rostro. Esa era una ocasión memorable, pocas veces en la vida Julien no estaba desesperado o inseguro de sí mismo – Vendrán o mejor dicho ya están aquí la tía Gabrielle, su prometido y la abuela y, pues,… ni papá mucho menos padre se llevaban bien con ellos, al menos papá es amable pero, padre y no quiero imaginarme al resto de la familia, bueno excepto Scarlet.
-Entiendo a lo que te refieres Julien, pero descuida, como dije anteriormente solo es la graduación, no tiene porque pasar nada de otro mundo – La chica se dejó caer al lado de Julien, sin importarle si se despeinaba o se le arrugaba su hermoso vestido blanco.
-Es que tú no sabes cómo es padre…- Dijo estresado con un tono rígido. Marianne, lo cogió con fuerza de la mano – Luego, todos le hacen caso y Gabrielle tampoco se queda cayada, lo sé. Fue horrible la ocasión cuando me fueron a dejar a mi año de intercambio a Beuxbatons, hubieras… - Volteó a ver a la chica, un par de mechones de cabello habían caído por su cara Julien, los volvió a poner en su lugar, sonrió agradecidamente. No tenía idea de que haría sin Marianne, ella siempre estaba allí en las buenas y en las malas, soportaba sus estupideces, era su hermana del alma. Aquel año en Beuxbatons había sido difícil sin ella a pesar de cartearse a diario y visitarla cada quince días – Tienes razón no debo preocuparme tanto.
-Hasta que al fin entiendes ¡Aleluya! – Rió la chica. Julien, se levantó y le ofreció la mano a Marianne, para ayudarla a levantarse. Cuando ambos estuvieron de pie se dieron un gran abrazo.
-No sé qué haría sin ti… -Murmuró Julien.
Una muchacha, desde el otro extremo de la habitación, observaba con ojos llorosos la escena anhelando ser ella la que ocupa los brazos de Julien. Un joven de cabello rubio oscuro, alto y fornido, de facciones masculinas se acerca a ella.
-Paulina, si te aproximas más tendrás mejor vista – Dice el joven con un ligero toque de sarcasmo.
-Lo siento, Lucian, es que se ven tan adorables – Responde apartando de inmediato la vista.
-Lo sé, lo sé – Dijo burlonamente Lucian – Pero hay que ser más discretos.
La puerta de la habitación se abrió, para dar paso a un hombre bajito y calvo.
-Muchachos, ya está todo listo, es hora de comenzar – avisó el hombre que desapareció de inmediato.
-¿Por qué tanto circo, Julien? – Lucian, no se esmeraba en disimular su molestia e impaciencia.
-¡No es ningún circo! – Respondió Julien ofendido – Sencillamente, como organizador de la graduación quise hacer de nuestra generación algo inolvidable – Tomo a Marianne, del brazo y se apresuró a salir. Lucian, lo imitó.
Ambas parejas atravesaron los terrenos de Hogwarts hasta llegar al lago negro; donde se encontraba una elegante recepción: sillas vestidas, hermosos arreglos de tulipanes, un par de fuentes. Julien, vio su reloj marcaba las 8:55, sonrió satisfactoriamente le gustaba la puntualidad; el resto de sus compañeros ya estaban sentados adelante, los familiares ocupaban en las sillas posteriores y el Presídium en el estrado. Los cuatro estudiantes tomaron lugar en el estrado.
A las nueve en punto la ceremonia dio comienzo. Una chica que usaba un vestido color rosa palo se puso de pie y avanzó hacia el pulpito.
-Buenos días, es un honor para mí Anna Oberheimer, miembro de la casa de Slytherin dirigir nuestra ceremonia de graduación. Ahora, por favor, permítanme presentarles a las autoridades que esta mañana nos acompañan: el señor ministro Harry Potter – Harry se levantó, estaba a unas plazas de distancia de su hijo, le guiño el ojo y se volvió a sentar – La profesora…
Cuando Anna, hubo terminado de nombrar a todas las autoridades nombro a Lucian. El muchacho se aclaró la garganta y se dirigió al pulpito.
-Buenos días, soy Lucian Klaus Black, miembro de la casa de Gryffindor y es un placer para mí decir unas palabras en nombre de mi casa y de mis hermanos pertenecientes a ella – Lucian distinguió a su familia entre el público. Su padre lo miraba orgulloso y no se avergonzaba en derramar lágrimas mientras que, su madre permanecía apacible, ella siempre había sido mucho menos sentimental.
Al finalizar Lucian de hablar, le siguió Marianne quien representaba a la casa de Hufflepuff. Remus y Tonks, estaban sentados al lado de los Black; Sirius, también lloro durante las palabras de su «sobrina». Después de Marianne, hablo Paulina, la chica que representaba Ravanclaw y para terminar fue Julien quien se dirigió al pulpito.
-Julien James Potter Malfoy, para quienes no me conocen, miembro de la casa de Slytherin – Entre en público, en las filas más próximas pudo ver a su padre Draco, su hermana Scarlet, sus abuelos Lucius y Narcisa, y su abuela Bella; una hilera detrás de ellos estaba Gabrielle Delacour, junto a su prometido y su abuela Apolline- … Slytherin es mi también es mi apellido, Hogwarts ha sido otro hogar para mí y a pesar de que me marche lo seguirá siendo - Concluyó Julien, su emotivo discurso. Narcisa, Apolline y Sirius (lo consideraba también su abuelo) no pudieron evitar derramar lagrimas.
Tras los discursos de los miembros de las distintas casas, se nombraron a los alumnos con alguna mención honorifica que, a propósito, todos los representantes de las casas a excepción de Julien, eran el promedio más alto de su casa. Julien, había cambiado de lugar con Anna, pues a él le gustaba dar largos y emotivos discursos, a lo contrario de su compañera.
La ceremonia concluyó con unas pocas palabras del ministro. Harry, dirigió a felicitar cariñosamente a Marianne y Lucian, pues eran como de la familia, obviamente también felicito a la otra chica. Julien, no se despegaba del lado de su padre, no quería bajar solo con la familia y menos ahora que se habían acomodado en mesas de diez para el desayuno.
-El evento a quedado espectacular – Animó Harry, a su hijo mientras caminaban a la mesa- Descuida no pasara nada.
Al llegar a la mesa Gabrielle y Apolline, se levantaron apresuradas para saludar afectuosamente a Julien. Ambas mujeres parloteaban velozmente en francés con Julien. Draco puso mala cara, no le gustaba en lo absoluto el idioma y menos cuando era hablado por aquellas. Entendiendo que los demás también querían felicitar al muchacho se apartaron.
-Felicidades hijo – Dijo Lucius. Beso al muchacho en la cabeza como acto solemne. Narcisa, lo abrazo con fuerza y lo beso en ambas mejillas.
-Congratulaciones Julien – Se limitó a decir Bellatrix, al ver como el chico se sentía agobiado entre tanto afecto.
No muy lejos de allí se encontraba la mesa que compartían los Black y los Lupin. Lucian, tomo asiento al lado de su padre pues, quería evitar que cuando empezara a decir sus palabras cursis llorara o al menos tratar de que no lo hiciera demasiado.
-Hace mucho que no te veía Klaus, te has convertido en todo un hombre – Comento Ted Tonks, solía llamar al chico por su segundo nombre.
-Sobre todo por esa voz - Añadió Andrómeda. Lucia, se sonrojo un poco, ya le habían dicho eso otras veces, su voz era demasiado grave – Marianne, no busques más aquí tienes un excelente partido – Ahora fue Marianne, quien se sonrojo tremendamente, volteo a ver al chico y ambos rieron de forma divertida.
-Desde hace años queremos arreglar ese matrimonio, pero, ninguno de los dos se dejan, están de necios con otros prospectos ¿Verdad, chicos? – Dijo Sirius, maliciosamente al notar que ambos muchachos tenían la vista en la mesa de los Potter Malfoy.
-Pero, aun conservamos la esperanza de que terminen juntos, algún día se cansaran de esperar entonces, seremos familia – Le siguió el juego Tonks.
-Vale, vale ya entendimos pero, dejen a los chicos en paz por 5 minutos – Detuvo Sara, el malicioso juego. Remus, le agradeció con un gesto – Marianne, ¿Qué es lo que piensas estudiar?
-Administración de Empresas o Relaciones Públicas e Internacionales, ya tendría que haber decidido, pero, aun no lo sé – Se encogió de hombros – En fin, entrare a la facultad de Economía.
-¿Y tú Klaus, también vas por algo de economía? – Preguntó Ted.
-¡Dios me libre!… -Exclamó Lucian, iba a contar de su futura carrera cuando Tonks lo interrumpió.
-Déjame presumirte papá que mi ahijado Lucian, fue admitido en La Sorbona de París en el grado de periodismo mágico actual –
Las futuras profesiones de los alumnos era el tema de conversación en todas las mesas obviamente la mesa de Julien, no era la excepción. El muchacho estaba sentado al lado derecho de su padre Draco, y al izquierdo de Gabrielle, así era más fácil controlarlos.
-¿En qué piensas matricularte Julien? – Preguntó Jean-Baptiste, el prometido de Gabrielle.
-Diseño y confección de modas – Respondió Julien. Lucius, puso una expresión de disgustó, seguía creyendo que esa no era una profesión propia para un joven como él; hijo del ministro de magia y de miembro de la prestigiosa familia Malfoy, que prácticamente era dueña en cuestiones económicas de Inglaterra, Julien, debía de estudiar algo relacionado con la política o los negocios. Bellatrix, pensaba lo mismo que Lucius, sin embargo, sabía que una mala cara no iba hacer cambiar la decisión de Julien, y mucho menos la de sus padres de no obligarlo a estudiar algo «decente».
-En París, por supuesto, es el lugar idóneo para… - Declaró Apolline.
-En Milán- Corrigió Draco – Hemos visto opciones y últimamente Milán, supera por…
-Este… Ya vengo, me llama mi abuelo Sirius- Dijo Julien, que salió corriendo hacía la mesa de los Black- Abuelo – Respiraba agitadamente cuando se poso al lado de Sirius - ¡Sálvame!- El animago volteo a ver la mesa y soltó una carcajada.
-Lo veo muy difícil Julien – Volvió a reír – Pero, ¿Por qué quieres huir de tan grata compañía?
-Sí, todos parecen divertirse tanto – Se unió Tonks a la broma.
-No es gracioso – Sollozó Julien.
-Si te parece tan divertido Nymphadora ¿Por qué no vas allá con tus tías? – Reprendió Andrómeda a su hija.
-Tú madre tiene razón cariño, deberías ir a divertirte un rato con tú familia – Dijo Remus.
-De acuerdo, me calló –
-Lo siento, disculpen mi mala educación, no los he saludado- Se mostro un poco angustiado, jamás se perdonaba los malos modales - Buenos días señores Tonks, señores Lupin – Saludo con un beso en la mejilla a las damas y un apretón de manos a los caballeros - ¿Y Sara? – Preguntó a no ver a la esposa de su abuelo.
Hace unos momentos la abogada se había levantado a contestar su localizador, su esposo, odiaba que no bloqueara aquel aparato del trabajo, pero, justamente ahora no podía, tenía varios casos muy complejos a la vez.
-Fabiola, ya te he dicho que hoy me es imposible ir al despacho, es la graduación de mi hijo, suficiente hago con tener el localizador prendido – Caminaba de un lado a otro cuando casi le pega un rayo verde – No me hables a menos que sea de vida o muerte – Terminó la llamada. Volteo hacia todos los lados para averiguar la procedencia del hechizo, lo había lanzado su hijo – Lenier, cuidado ¡Ven acá!
Algo temeroso caminó el niño hasta con su madre. Sirius Lenier, el segundo hijo del matrimonio: cabello negro, tez pálida, ojos grises, físicamente era muy parecido a su padre; sin embargo, su personalidad era tímida y retraída, le faltaba aquel brillo y simpatía de Sirius, no, eso no lo había heredado él, sino, su hermano Lucian. Lenier, acababa de terminar el 2° curso en Hogwarts, pertenecía a la casa de Hufflepuff y le encantaba probar todo lo que había aprendido; ahora que podía y estaba con su mejor amiga no iba a desaprovechar la oportunidad.
-¿Qué demonios estabas haciendo? – Preguntó Sara, enfadada. El niño, se mordió los labios, nervioso, no era aficionado a meterse en problemas.
-Lo siento, señora, fue mi culpa – Contestó una niña menuda, de cabello largo, marrón chocolate, ligeramente rizado, ojos grandes, color miel. – Yo fui la que le insistió a Lenier, que practicáramos un duelo.
-Galathea, ¿Qué haces aquí? – Sara, estaba extrañada al ver a la mejor amiga de su hijo allí, ella era la mayor de sus hermanas y de sus primos.
-¡Thea! – Grito una mujer pelirroja que se acercaba - ¿Ahora qué hiciste hija? Te dije que anduvieras con cuidado.
-No te preocupes Ginebra, afortunadamente no hicieron nada. El encantamiento de uno de estos dos – Volteó a ver a los niños – estuvo a punto de pegarme, pero, no lo hizo y era yo, y no un desconocido. A propósito ¿Qué hacen aquí?
-Una ahijada nuestra se graduó, Irina Dishman – Dijo Ginny
-Hola señora Nott ¿Cómo esta?, disculpe no haberla saludado antes – Saludó Lenier, a la madre de su amiga.
-En fin, debo regresar a la mesa, niños tengan más cuidado. Un placer haberte visto, me saludas a Theodore – Sonrió falsamente y caminó de regreso a su mesa.
-Julien, creo que te están buscando – Dijo provocativamente Lucian, al notar como los franceses buscaban con la mirada a Julien.
-Vente Julien, te acompaño a que te pierdas – Dijo Marianne, tomando a su amigo de la mano.
-Será un placer – Contestó Julien, que juntó con Marianne, desaparecieron corriendo.
- Así que, mi nieta está enamorada de ese muchachito ¿Y, el de ella? – Preguntó Ted Tonks, al notar la relación entre esos dos y como Marianne, miraba a Julien. Todos los presentes se voltearon a ver antes de responder.
-No – Fue Lucian quien se atrevió a hacerlo – Nos conocemos de toda la vida, pero, bueno más que nada desde que estamos aquí en Hogwarts. Puedo asegurar que él la quiere como su amiga, hermana, lo conozco pero… Julien, es un caso especial.
-Eso es lo que me preocupa – Habló Lupin- Marianne, nunca lo ha visto como su amigo, tiene esperanzas de que cambie, de que se fije en ella, eso lo ve un padre. Julien, es un buen muchachito, pero, es como su papá y eso…
-¡¿Gay?! – Dijeron asombrados Lucian y Ted a la vez. Julien, era delicado, distinto pero según él, Lucian, no era gay, no, todo lo contrario.
-No, un Don Juan ¿O lo niegas Lucian, tú que lo ves a diario? – Aclaró Sirius, Lucian movió negativamente la cabeza, eso es lo que quería decir – Julien, no es gay. Remus y yo, le dimos clases a Harry, así que, sabemos cómo eran sus relaciones con sus compañeros. Harry, era un encanto con todos igual que Julien, bueno, un poco menos tenía muchas cosas en la cabeza – Lucian, rió aquello daba a entender que Julien, era un cabeza hueca – Las chicas, los chicos, estaban locos por él; si los volteaba a ver, no pasaban 5 minutos cuando ya los olvidaba y les rompía el corazón, no es que fuera malo simplemente, no podía estar en paz. Malfoy, lo domo.
-A eso le temo, a que Julien, se dé cuenta de que Marianne, existe – Dijo Lupin.
-Quizás, Marianne, sea quien lo dome – Animó Andrómeda.
-Julien, ya tiene su domadora. Anda con cinco a la vez, mas, cuando ella lo llama manda todo al demonio y va corriendo con Charlotte – Lucian, fulminó la pocas esperanzas que pudiera haber.
Se miro otra vez en el espejo, se sentía como Julien. Él, no era muy afín al arreglo personal: su cabello rubio oscuro lo llevaba hasta lo hombros, normalmente a excepción de cuando usaba el uniforme, vestía ropa demasiado holgada e incluso raída, a pesar, de los reproches de su madre.
La puerta del baño estaba medio abierta, Sara, permaneció tranquila observando cómo su hijo se arreglaba con esmero - ¿A dónde vas? Supongo que has de salir a un lugar importante, estas vestido decentemente – Le preguntó al muchacho cuando salió del baño.
-Voy a la fiesta de graduación, será en el yate de Julien, lo menciono en la mañana ¿No lo recuerdas? – Respondió Lucian, tratando de disimular su enfado, a veces, era imposible no enojarse con el carácter de su madre, les hablaba como si estuvieran en un juzgado; y por eso mismo era mejor que no se diera cuenta que se había enfadado.
-Lo recuerdo, sin embargo, no entiendo porque te arreglas con tanto esmero, pensé que no te gustaban… - Empezó a hablar Sara, pero, fue interrumpida por su esposo que llevaba una niña en brazos.
-Sí, mujer, pero, hoy es su fiesta de graduación además allí estará Scarlet – Justifico Sirius, a su hijo.
-¡Wiiiiiiii! Scarlet… - Se burló maliciosamente la niña. Lyra, era la menor de los Black, apenas había cumplido 5 años pero ya era todo un diablillo. Físicamente era muy parecida a Sara: ojos grandes y grises, nariz afilada, labios delgados, pómulos altos; su cabello era entre negro y castaño oscuro, lo llevaba en una pequeña melena. Bueno, también había heredado un poco el carácter de su madre, pero, mayormente el de su padre; era una niña juguetona, bromista, sumamente inteligente, muy bella, tenía la carisma y ese no sé que de Sirius, que los hacía tan simpáticos.
-¿A qué hora piensas regresar? – Preguntó cortante Sara, al entender por completo el motivo del arreglo personal de su hijo.
-Sara, es su fiesta de graduación, ya es grande, por lo menos hoy puede llegar a la hora a que quiera – Defendió a su hijo – Anda, Lucian, ya vete o se te hará tarde.
-Nos vemos mamá, papá – Los beso en la mejilla y se apresuro a salir – Ni una palabra Lyra – Dijo a su pequeña hermana mientras salía.
-Sirius, necesitamos hablar, es algo importante relacionado con Lucian – el animago puso cara de duda, no tenía idea de que podía tratarse- Lleva a la niña a dormir y luego, hablamos.
Marianne, estaba en su habitación, ya llevaba el pijama puesto. Se encontraba hojeando una de esas revistas para chicas, la mayoría de los artículos le parecían estúpidos, sin embargo, venían unos muy buenos de moda y Julien, era el culpable de haberla convertido en una fanática del buen vestir. Tocaron dos veces a su puerta y a la tercera se abrió.
-Annie ¿Podemos pasar? – Eran sus padres. Annie, así le decía de cariño su papá.
-¡Oh! Sí, adelante, lo siento, tenía los audífonos puestos – Dijo la muchacha quitándose los audífonos.
-Hija ¿No piensas ir a la fiesta? – Preguntó Tonks.
-No, mamá, sabes que no me gustan ese tipo de eventos – Contestó desganada, sus padres voltearon a verse con preocupación – Ya sé a dónde van, quieren que conviva más con mis compañeros, bueno, con los que realmente me importa convivir los seguiré viendo. Para empezar; me iré con Julien, dos semanas a Francia, Irina y Enikce, entraran conmigo a economía – Marianne, continuo leyendo su revista como si no le hubieran dicho nada, odiaba que le dijeran que debía salir más.
La noche era preciosa; las estrellas adornaban el firmamento, soplaba una suave brisa de verano, el relajante sonido del agua se podía apreciar lejos del centro del yate, donde estaba el bullicio de la fiesta.
Una muchacha alta, delgada, de buen porte corría, buscaba un lugar donde esconderse. Julien, iba tras ella, cuando la hubo atrapado, la sujeto con fuerza por la cintura. Permanecieron callados un instante, el rostro de ella reflejaba un falso enfado, cosa que la hacía lucir un tanto graciosa, es difícil imaginarse a una muñeca de porcelana enojada; sí, Charlotte, era una muñeca de porcelana tamaño natural: Tez pálida, rostro ovalado, mejillas rosadas, labios finos, nariz respingada, ojos enormes color plateado, su cabello era largo y castaño claro, por lo regular lo usaba lacio, sin embargo, aquella noche lo llevaba en unas definidas ondas. Sin duda, era una niña hermosa, pero, a pesar de todas sus cualidades físicas, desprendía un fulgor que hacía que todas las miradas se posaran en ella.
-Estoy enojada contigo Julien James – Cruzó los brazos en señal de resistencia – No me invitaste a tú ceremonia de graduación.
-Por favor, Charlotte, fuiste tú la que no te apareciste allí. No me puedes reprochar que no te invite, si tú y yo la organizamos juntos –
-El hecho que te haya ayudado a organizar no significa que estuviera invitada, y mucho menos por ti. Yo nunca escuché las palabras: Charlotte, ¿Quieres acompañarme en mi ceremonia de graduación? – Julien, se sintió un poco culpable, había sido algo grosero respecto a eso.
-Pero amor, tú sabes que todo lo mío es tuyo; a donde yo vaya, tú puedes ir sin siquiera preguntarme – Charlotte, miró tiernamente a su novio – Además ¿A que querías ir? ¿A escuchar pleitos familiares? Sabías que aquí iban a venir Gabrielle y la abuela, no es nada agradable sentarse a la mesa con ellas y con Padre – La besó finamente en los labios.
-Por eso Julls, yo quería apoyarte, estar allí contigo… - Dijo Charlotte.
-No, no Lottie, todo sería peor para ti, porque Gabrielle y tú madre son primas, así que, ella te pediría que te pusieras de su parte, pero, no es nada bueno que te eches de enemigo a mi padre o al abuelo Lucius – Charlotte, hizo una mueca de desagrado, sabía que su novio tenía razón, desanimaba recargo su cabeza en el hombro de Julien – No estés triste, princesa ¡Ya sé! Te tengo una propuesta ¿Quieres venir conmigo a…Montecarlo?
De mala hora se le ocurrió ir por ese camino. Lucian, observó con fastidió la escena, allí estaba la domadora de Julien, Charlotte Diggory. Bueno, al menos, supo que Scarlet, debía de andar por otro lado.
Subió al segundo piso del yate, el aire empezaba a soplar con fuerza. Una chica estaba parada de espaldas, observaba el agua. Usaba un sencillo vestido negro al igual que su cabello, que ahora suelto era despeinado por el viento. Lucian, respiro profundamente antes de acercarse, buscaba las palabras adecuadas aunque en realidad estas venían sobrando.
-Lucian, pensé que no vendrías – Habló primero Scarlet, no había volteado, sin embargo, conocía las pisadas del muchacho.
-Hola Scarlet, este… si… pues, es la última noche con la generación, así que… pero, no soporto la música muy fuerte… - Se acercó nervioso Lucian
-Lo mismo opino – Parecía tranquila, inexpresiva, como de costumbre, sin embargo, en sus ojos se notaba un brillo especial.
-Encontré algo que pensé que te gustaría – Saco su varita, hizo un par de movimiento y en su mano apareció una orquídea negra, se la dio a Scarlet.
-Impresionante ¿Dónde la encontraste? – Preguntó la chica un poco emocionada.
-En tus labios – Murmuro Lucian besando a la chica en los labios. Scarlet siguió aquel cálido e inesperado, pero, deseado beso - Scarlet – Pronunció su nombre al separarse - ¿Quieres ser mi novia?
-Sí – contesto débilmente, estaba muy sonrojada
Sara, caminaba por el salón principal, observaba las fotografías en la pared; 18 años se pasaban volando, nunca imagino que pasara algo así. 18 años y Él nunca había dicho nada, Ella tampoco, ninguno de los dos, quizás pensó que era una broma, quizás, quizás…
-Sara, cariño ¿Qué pasa con Lucian? – Sirius, entraba en el salón. Era evidente que algo pasaba con su esposa, algo grave, aquella mirada perdida, una actitud demasiado agresiva y al mismo tiempo inseguro no era normal en ella, pero ¿Qué tenía que ver Lucian en esto?
-Sirius, ¿Estoy vieja? - La pregunta era ridícula. Era una mujer vanidosa, apenas contaba con 43 años y aparentaba mucha menos edad, además de que disfrutaba el glamour, el buen vestir. El tema solo era una excusa para evitar la realidad.
Abrazó a su esposa, la beso en la mejilla y la llevó a sentar al sofá – Sara, eres preciosa, bella, sensual lo sabes, estas más buena que nunca – dijo con una sonrisa picara – Yo soy el viejo aquí, a veces me pregunto ¿Me merezco a esta hermosa mujer?- Sonrió sutilmente ante el cumplido de su esposo.
-Soy estúpida, evito, trate de detener lo que siempre supe que algún día tendría que suceder aunque nunca pensé que fuera así, si tan solo lo hubiera dicho antes…
-No eres estúpida, eres una excelente abogada, una madre perfecta sin ti nuestros hijos serían un desastre, una esposa…
-No, no soy una buena madre – Detuvo a Sirius – Aunque nunca discutimos el tema sabes que Lucian no es tú hijo biológico…
-Sí, lo sé, pero eso no importa ¡Por favor! Amo a Lucian, es una parte de mí, tenemos…
-Sé que Lucian es tú adoración, incluso se parece más a ti que Lenier o Lennox, sin embargo, eso no es algo… como decirlo, pero; por el propio bien de Lucian, antes de que haga algo que no debe o que dañe a alguien más tiene que conocer quién es su padre biológico… - Sirius, permaneció en silencio, pensativo ¿Quién podría ser ese hombre? ¿Por qué iba a afecta a su hijo y a otros? – Malfoy, Malfoy, es su padre y no sé como decírselo.
-¿¡Malfoy!? ¿¡Draco!? – Casi grita Sirius, anonadado.
-No, Lucius Malfoy ¿Ahora entiendes porque estoy preocupada? Lucian anda detrás de Scarlet, ella es su sobrina – Sirius, sonrió por un segundo Lucian, definitivamente era su hijo, los Malfoy únicamente iban a Slytherin y Lucian, era todo un Gryffindor. La noticia no le parecía tan grave, era extraño que Malfoy, fuera el padre biológico de su hijo y que este estuviera enamorado de su sobrina, sin embargo, era un romance adolescente pasaría. Además no era extraño que familiares se casaran el mundo mágico.
-¿Malfoy lo sabe? – Preguntó Sirius
-No, bueno, sí. Se lo dije o mejor dicho se lo grite, pero…
-Hemos tenido una cerca relación con los Malfoy durante estos 18 años, él tipo nunca ha dicho nada, quizás ni siquiera lo escuchó, con lo patán que es no me extrañaría y nunca lo ha buscado, no le importa – dijo Sirius.
-¿Y qué hay con la niña? Con Scarlet, es su sobrina –
-Cómo bien lo sabes en el mundo mágico son comunes los matrimonios entre parientes, además es un romance adolescente no pasara de eso – Trataba de tranquilizar a su esposa.
-Sí, pero, no de parientes tan cercanos y ya no son muy comunes por todas las enfermedades que hay. Sirius, ¿Cómo se lo diremos a Lucian? –
-No te preocupes por eso amor, hay que dejar las cosas como están, no tenemos porque alterarnos o decir nada, no hay porque hacerlo. Los chicos ni siquiera son novios – En cierta forma le dolía decirle la verdad a Lucian, era su hijo, suyo y de nadie más.
-De acuerdo, pero, tengo un presentimiento extraño… está bien, no diremos nada mientras no sea necesario.
La luz que se filtraba por la venta hizo que Julien, despertara. Charlotte, dormía a su lado, no era su primera vez pero, si la primera que dormían juntos. No deseaba despertarla, no obstante, debía de irse tenía cosas importantes que hacer.
-Lottie, amor, tengo que irme – Dijo Julien, al oído de su amada, le beso el cuello.
Charlotte, despertó lentamente observaba a Julien, de pies a cabeza: su cuerpo escultural tan parecido al David, su cabello rubio platino estaba algo despeinado, su rostro ovalado de finas facciones, pero, a la vez varonil, tierno, encantador, y sus ojos verdes que te hacían perderte en ellos.
-Un ratito más ¿Sí? Y luego nos vamos juntos – Dijo Charlotte.
-Lo siento Charlotte, no puedo tengo que hacer esto solo, nos veremos pronto lo sabes – La beso en los labios y se levantó para irse.
Julien, siempre había tenido muchas dudas, por lo regular nunca estaban presentes, sin embargo, de un tiempo para acá lo venían persiguiendo demasiado. Su papá Harry, jamás le hablaba de su madre, lo único que había que le había dicho es que murió en una peligrosa misión, murió pensando que sus padres y hermana habían muerto en un accidente cuando todo fue un error. Pero no sabía como él Julien, llegó a ser. En cuanto a su familia materna, le hablaban de cómo era su madre, que le gustaba y que no, más, no tenían las respuestas que él buscaba. Esto no se traba de que no quisiera a Draco o a Narcisa o a Lucius, no, los adoraba, eran su familia. Él era Julien James Potter Malfoy, pero, necesitaba saber más de su pasado o mejor dicho del pasado de su papá Harry.
Hace un par de días había conseguido las llaves y conjuros necesarios para poder entrar a su vieja casa, a la casa donde vivió su primer año, donde vivió su madre. Tenía entendido que estaba intacta desde que se mudaron, quizás allí podría encontrar algo acerca de su madre.
La casa era muy bella, elegante, espaciosa; todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, había telarañas en las paredes y los adornos. Si toda aquella suciedad desapareciera, la casa estaría lista para habitar, nada se había cambiado simplemente daba la impresión de que había sido abandonada de una forma súbita.
Las pisadas de Julien se escuchaban por el eco. El muchacho iba abriendo puertas, echando un vistazo a las habitaciones, aquel lugar no le traía recuerdos, era lógico. Entro al cuarto principal, reviso todo superficialmente antes de introducirse en el vestidor, había mucha ropa de mujer, era de su madre, tenía excelente gusto para su época.
-Veamos que hay aquí – Dijo para sí, mientras escudriñaban las gavetas - ¡Excelente! Un álbum de fotos.
Se sentó en el piso, sin importarle ensuciar su traje. Las fotos eran casi todas de la boda de sus padres, no tenía idea de que se hubieran casado. Fleur, siempre lucia hermosa, radiante y feliz, mientras que Harry se notaba fastidiado o sin humor alguno. Aquella habitación era la última que había visitado, en la que más había indagado y su éxito había sido casi nulo.
Estaba a punto de irse cuando al momento de levantarse, una luz blanca y cegadora ilumino la habitación Julien, sintió una fuerza que lo aventaba y antes de caer desmayado pudo vislumbrar la silueta de una mujer.
¡Hola! Aquí les traigo la secuela que hace mucho les prometí. Siento haber tardado tanto pero, diversos factores influyeron para que no escribiera. En fin, espero que les guste, que la sigan y sobre todo que no me odien mucho por los líos y amoríos que estoy armando.
Saludos
Eliza
