NdA: Bueno, penúltimo capi de Extremos, este miércoles se termina. Sigo escribiendo el séptimo y ya sabéis, cuando lo acabe empezaré a subir el sexto. Intentaré que sea lo antes posible ^^
¡Muchas gracias por comentar!
Capítulo 54 Homenajes y TIMOS
A la mañana siguiente, tras despertar junto a Draco, completar la tercera ronda prometida en la ducha y desayunar abundantemente, Harry pasó por Grimmauld Place a por su túnica de auror antes de ir al ministerio. Normalmente un auror gastaba tres o cuatro túnicas al año; era fácil que se desgarraran o quemaran durante las peleas con los magos oscuros. Aquella estaba en el punto perfecto: era lo bastante nueva para estar presentable y lo bastante vieja como para resultar cómoda. Cuando Harry se la colocó, casi tuvo la sensación de notar de nuevo el peso de la seguridad del mundo mágico cayendo sobre los hombros.
El ministerio estaba como siempre. Llegar a su despacho fue una pequeña odisea, pues tuvo que pararse a saludar a todo el mundo, a agradecer las calurosas felicitaciones.
-Ah, Harry, me alegra verte –dijo Kettleburn, acercándose a él con su pata de palo-. ¿Cómo estás?
Harry le estrechó la mano.
-Bien, gracias.
-Ya he oído lo de Hagrid –dijo, con expresión apenada-. Qué pérdida más triste… ¿Cómo sucedió?
-Unas gárgolas que habían tenido un encontronazo serio con los Parásitos pensaron que íbamos con ellos y nos atacaron. Hagrid murió en combate con una de ellas.
-Qué terrible… ¿Es por eso que ahora tienes una gárgola? ¿Se dieron cuenta de que habían cometido un error?
-Sí.
Kettleburn se quedó pensativo unos segundos.
-Las gárgolas son criaturas muy nobles. Debió de dolerles saber que habían matado a un inocente. Tu gárgola no te dejará hasta que esté segura de haber reparado el mal que causó.
-Sí, eso me ha dicho.
-¿Crees que podría hablar con ella?
-Le preguntaré cuando vuelva a casa, pero no creo que le importe.
-Fantástico –dijo Kettleburn, asintiendo-. Hace mucho tiempo que no hablo con una.
A Harry no le daba la impresión de que Krant tuviera una conversación especialmente interesante, pero claro, él tampoco era el Jefe del Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas. Tras prometerle a Kettleburn que también le enviaría un informe detallado sobre todas las criaturas que se habían encontrado en Ávalon, Harry entró por fin a la Oficina de Aurores. Los agentes que había allí, que habían estado pendientes de su conversación con Kettleburn, rompieron en aplausos y la joven Robards se acercó a él para darle una caja enorme de golosinas de Honeydukes y un beso en la mejilla.
-Bienvenido, jefe Potter.
-Gracias, gracias –les dijo a sus agentes, feliz por la bienvenida. El trabajo y la responsabilidad podían ser duros a veces, pero Harry se sentía orgulloso de los magos y brujas que tenía bajo su mando-. Yo también me alegro de veros a todos.
-Jefe, ¿es verdad que os tuvisteis que enfrentar a toda una manada de dragones? –preguntó Wood.
-No, sólo los vimos pasar.
-¿Es Titania tan guapa como dicen? –preguntó McGuire.
-Sí, pero tiene más peligro que un nido de acromántulas. –Miró a su alrededor-. ¿Está Chloe?
-Se ha ido a dormir hace un rato, Williamson estaba al mando. Ahora está con Tambourine.
Harry se acercó un momento a las salas de interrogatorios para ver cómo estaba todo y tras asegurarse de que todo marchaba con normalidad, se encerró en su despacho y se puso a leer informes lo más rápido que pudo, tratando de enterarse de una vez de todo lo que había pasado desde que había cruzado el portal hasta que había llegado al ministerio aquella mañana. Todos los Parásitos de Ávalon estaban ya identificados gracias a sus recuerdos, los de Draco, los de Ron. Algunos eran antiguos muggles, ahora convertidos en magos. Otros, el habitual contingente de silenciosos magos senegaleses. Entre los prisioneros y fallecidos de la playa también podían encontrarse ejemplares de los dos grupos.
Estaba leyendo un informe del ministerio de magia senegalés cuando Shacklebolt entró a hablar con él. Quería asegurarse de que no había sorpresas en la rueda de prensa, para la que no faltaba mucho. Harry tuvo que reprimir una sonrisa, preguntándose qué pensaría el ministro si él y Draco anunciaran su relación en ese momento, y le dijo que ya estaba al corriente de lo más importante.
-¿Sabes? Tienes buen aspecto. Un poco delgado, pero se te ve relajado. Feliz.
-Bueno, el viaje muy relajante no fue –dijo Harry, que sabía perfectamente a quién le debía ese mejor aspecto del que hablaba Kingsley. Si no por otra cosa, los agradables pinchazos que sentía de vez en cuando en el culo se lo recordaban-. Pero me alegro de que me haya sentado bien. Supongo que el hechizo que nos lanzó Titania también nos hizo recuperarnos mentalmente de todo.
Kingsley asintió, sin sospechar para nada la verdad, y poco después fueron a la sala en la que se iba a llevar a cabo la rueda de prensa. Draco y Luna ya estaban allí y Harry fue inmediatamente a saludarlos y a preguntarle a ella por Lysander.
-Ya está en casa –dijo Luna, sonriendo-. Pasado mañana lo llevaremos a Hogwarts, si todo va bien.
-Estupendo.
Harry intentó no hablar más con Draco, ni mirarlo, para que no le pillaran con cara de embobado y Ron no tardó en llegar con Hermione.
-¿Dione no ha cambiado de idea? –preguntó, mientras los saludaba a todos.
-No, no va a venir.
Una de las jefas de prensa del ministerio les dijo que ya podían pasar a la sala principal y los cuatro cruzaron la puerta acompañados de las exclamaciones de los periodistas y los flashes de las cámaras. Había mucha más prensa de la que había esperado, considerando que la Cuarentena seguía en pie, y no tardó en darse cuenta de que había magos ingleses en representación de medios extranjeros, a modo de corresponsales.
Harry ocupó un asiento entre Ron y Luna y esperó pacientemente a que las cosas se calmaran y empezaran las preguntas. El primero, como era habitual, fue el periodista del Profeta.
-Antes que nada, bienvenidos todos a casa y enhorabuena por su éxito. ¿Pueden contarnos cómo consiguieron impedir que los Parásitos se hicieran con Excalibur?
Así comenzó el relato, lleno de interrupciones, preguntas y algunas bromas. Harry se aseguró de recalcar el papel de Hagrid y de Betty y le alegró que los demás también expresaran su admiración y respeto por ellos. Los periodistas no paraban de escribir, de indagar tras los detalles. La historia del paso de Malinai les gustó, igual que el hecho de que ahora tuviera una gárgola a su servicio, pero lo que hizo brillar todos los ojos fue la batalla final. Cuando Harry contó que se había enfrentado a Excalibur con la espada de Gryffindor reaccionaron casi como si fueran fans viendo una película.
-Entonces, ¿la espada de Gryffindor es más poderosa que Excalibur?
-No. En Ávalon, Excalibur no es más que una espada normal y corriente, como la de Gryffindor. Por eso Key no pudo vencerme con ella.
La rueda de prensa se prolongó casi dos horas y podría haber durado todo el día si ellos se hubieran prestado a tal cosa. Pero todos tenían cosas que hacer y Harry estaba ya deseoso de vérselas con los detenidos. Todo había vuelto a la normalidad. Aunque la mirada que le dirigió Draco antes de marcharse le recordó que su nueva normalidad tenía un componente nuevo y muy deseado. Tenía ganas de volver al caso, sí, pero aún tenía más ganas de volver a Draco al final de la noche.
Querido Harry,
Siento haberme marchado tan bruscamente. Fue la sorpresa. Por supuesto, os deseo lo mejor y espero que coincidamos pronto en La Madriguera.
Un abrazo.
Ginny.
Ginny observó cómo la lechuza se llevaba su mensaje, consciente de que pocas veces había puesto por escrito una mentira más gorda. No les deseaba lo mejor, por supuesto. Deseaba que Harry se diera cuenta de que era imposible que pudiera ser feliz con Malfoy y rompiera con esa relación demencial. Y quizás, sólo quizás, deseaba que después Harry volviera con ella. Pero independientemente de lo que pasara, se había dado cuenta de que la única reacción sensata que podía mostrar era apoyar la decisión de Harry. Si rompía con Draco, que era lo más probable, la recordaría como una buena amiga. Si no rompían, al menos no crearía tensión y mal ambiente en casa, algo que no quería hacer. Los niños lo habían pasado mal con el divorcio, al notar la frialdad entre Harry y el resto de la familia, y ahora no quería que pasara lo mismo a causa de Malfoy.
Pero iba a ser duro. Ginny no podía entender cómo Harry había hecho algo así. Draco Malfoy en La Madriguera… Seguro que a Bill le encantaba tener allí al responsable de sus cicatrices. George también adoraría la nueva incorporación familiar tanto como ella. Y Harry esperaba que nada de eso importara porque él había decidido que estaba enamorado de un maldito ex mortífago y el resto del mundo tenía que plegarse a sus deseos.
Ginny suspiró. Tendría que olvidarse de él. Habría dado cualquier cosa por ser capaz de borrarlo de una vez para siempre de su corazón. Al fin y al cabo, se había acostado con Broderick cuando aún estaba casado con ella. ¿Por qué iba a querer ella un marido infiel? Pero la cruda realidad era que había amado a Harry Potter desde que podía recordar y los hábitos de toda una vida eran difíciles de romper.
Cuando Minerva había propuesto celebrar una pequeña ceremonia en honor de Hagrid al terminar las clases, Blaise había aprobado la idea. ¿Por qué no? Él nunca había sentido demasiada simpatía por el guardabosques de Hogwarts, pero había muerto luchando por el mundo mágico y un poco de agradecimiento nunca había matado a nadie.
Como muchos otros, Arcadia estaba bastante apenada por la muerte de Hagrid, con quien en alguna ocasión se había bebido una botella de whisky de fuego mano a mano. Blaise se sentía extrañamente consternado al verla tan triste y deseó ser capaz de animarla. Era lo mínimo, ¿no? Ella le había ayudado tanto…
-¿Quieres venir a tomar algo al Duende Borracho? –preguntó, saliendo ya del salón de actos.
Ella vaciló y luego negó con la cabeza.
-No, gracias, tengo un montón de trabajos que corregir y Eloise necesita que le prepare más poción contra las pesadillas.
Blaise puso los ojos en blanco.
-No me hables. No han aprendido nada con mi sustituta. Necesito preparar clases extras para los de quinto y séptimo y ejercicios de refuerzo para los que van más retrasados. Pero, ¿qué tal si antes de ponernos a ello nos tomamos un trago en tu cuarto?
Arcadia esbozó una pequeña sonrisa.
-¿A la salud de Hagrid?
Blaise le puso un momento la mano en el hombro y le sorprendió un poco darse cuenta de que le habría gustado darle un abrazo.
-Hecho.
Mientras se iban hacia allí, Blaise adelantó a Deliciosa Bobbin, que iba parloteando sobre los gratos recuerdos que guardaba de sus clases con Hagrid y sobre lo mucho que lamentaba no haberlo visto desde entonces. McGonagall había pensado que era mejor dejarla dando clases a los de primero hasta que terminara el curso para que él no estuviera tan cargado de trabajo nada más regresar. Blaise pensaba que una jornada laboral de ochenta horas semanales habría sido menos estresante que convivir con Bobbin. Merlín, sólo llevaba dos días escuchando su cháchara y ya tenía ganas de lanzarle una Cruciatus.
-Me pregunto en qué estaba pensando McGonagall… -murmuró.
-Creo que eso se lo pregunta hasta McGonagall –replicó Arcadia-. Morrigan me contó que tardaron un montón en hacerle comprender que debía llamar a los aurores.
Un lado ecuánime de Blaise que no solía aparecer muy a menudo le dijo que, en teoría, la rapidez en llamar a los aurores no era precisamente lo que distinguía a un buen profesor. Pero no se molestó en defenderla. En primer lugar era una mujer bastante pesada y en segundo lugar, considerando todo lo que pasaba en Hogwarts, no dejaba de ser práctico contratar a profesores que supieran cómo reaccionar ante un ataque.
Tras la ceremonia, Scorpius se fue con Albus y el resto de la gente a dar una vuelta. Estaban bastante alicaídos. Los Potter habían apreciado mucho a Hagrid y los Scamander habían estado rondándolo desde que habían puesto el pie en Hogwarts por primera vez. El guardabosques nunca había sido su persona favorita del colegio, pero Scorpius también sentía que hubiera muerto. Todavía no se había acostumbrado a ver al tío de Albus en su lugar, no era lo mismo.
-Yo me acuerdo de cuando fuimos aquel verano a visitar a Hagrid a su cabaña, ¿os acordáis? –le decía Lily a sus hermanos-. Nos enseñó aquel bebé unicornio… ¡No debía de tener más de una semana de vida! Era la cosa más mona que he visto nunca.
Seren hizo el ruidito que uno podía esperar de una Hufflepuff que acababa de oír hablar de bebés unicornio.
-Me encantaría ver uno.
Scorpius intercambió una sonrisa con Albus. Chicas… Pero luego se dio cuenta de que Britney y Amal se habían quedado algo retrasados e iban hablando entre ellos en voz baja. Desde allí no podía escuchar cuál era el tema de la conversación, pero al menos que él supiera, era la primera vez que habían hablado así, los dos solos, desde que Damon había roto con Britney. Sabiendo que Amal probablemente aún sentía algo por ella, no pudo dejar de preguntarse qué pensaría Damon al respecto. Estaba de mal humor desde la batalla y Scorpius sospechaba que era porque Britney y Amal habían estado allí y él no.
A lo largo de los días siguientes Scorpius se dio cuenta de que los dos seguían pasando más tiempo juntos que antes. Nadie tenía tiempo de paseítos y de largas charlas sin hacer nada, pero solían sentarse juntos para estudiar o se emparejaban para practicar Defensa o Encantamientos. Damon, por supuesto, también lo había notado y las pocas veces que había dicho algo había estado teñido de desprecio. Scorpius, que se sentía entre los dos, odiaba que Damon estuviera actuando así.
-Dime una cosa, ¿por qué eres tan borde con ella? –le preguntó un día, harto-. Has sido tú el que has cortado con ella, Britney no te ha hecho nada. ¿Por qué tienes que tratarla así?
-No la trato de ninguna manera –replicó Damon, sin mirarlo a los ojos-. Quizás tú deberías recordar que no es sensato juntarte con cierta clase de gente.
Scorpius necesitó un par de segundos para asimilar lo que acababa de escuchar.
-Lo que recuerdo es que Britney se jugó la vida para ayudar a salvar a mi padre y a los demás.
Damon saltó, dolido.
-¿Crees que yo no habría ido contigo si me lo hubieras dicho?
Scorpius suspiró.
-No, claro que no, sé que habrías venido. Pero eso no es lo que quiero decir. Britney es de los nuestros. Me importa una mierda lo que sean sus padres; ella es nuestra amiga y lo ha demostrado un millón de veces. Si no quieres salir con ella, no salgas con ella, pero deja de hablar de ella como si fuera una mierda, joder. ¿No te acuerdas de cómo daba la cara por nosotros al principio?
Una emoción indescifrable pasó por un momento por los ojos de Damon.
-Sí.
-¿Y se merece esto ahora?
Damon, que había bajado la vista, tardó unos segundos en contestar. Scorpius lo miraba sin entender absolutamente nada, pero decidido a seguir defendiendo a Britney todo lo que hiciera falta.
-Oye, en serio, me da igual lo que haga. –Hizo un gesto vago con la mano-. Me voy a estudiar Herbología.
Scorpius observó con frustración cómo se marchaba, pero al cabo de un par de días se dio cuenta de que Damon había aflojado bastante respecto a Britney. No sabía si era porque cada vez tenían los exámenes más cerca o porque aquella conversación había servido de algo, después de todo. Damon se limitaba ahora a ignorarla la mayor parte del tiempo, como si no existiera. A Scorpius todavía no le parecía la actitud correcta, pero era mejor que la anterior y él también estaba agobiado de tanto estudiar y practicar. Por culpa de los Parásitos no llevaba el curso tan bien como otros años. Se había desentendido bastante de todo. Pero ahora estaba dispuesto a hacer un buen papel por simple orgullo.
El día que empezaban los TIMOS, Seren se sentía tan nerviosa que justo antes de entrar en la clase para su primer examen, de Transformaciones, pensó que iba a desmayarse. Aquel año los exámenes prácticos iban antes que los teóricos y en el tribunal la esperaban los examinadores. Eran cinco y total y Seren sólo reconoció a madam Saltycracker, que vivía cerca de su casa. La cabeza le iba a mil por hora, como si estuviera tratando de acordarse de todos los hechizos a la vez y las palmas de la mano le sudaban. Seren trató de tranquilizarse, pero sólo lo consiguió cuando se dio cuenta de que los miembros del tribunal la observaban con abierta simpatía.
-Señorita Carmichael, nos alegra ver que está totalmente recuperada de su último encuentro con los Parásitos.
Seren esbozó una sonrisa.
-Gracias, señor.
-No hay razón para estar nerviosa; comparado con lo que hizo hace un par de semanas, esto es pan comido. Por favor, lance un Episkeyo.
Oh, eso sabía hacerlo sin problemas. Seren obedeció y se animó un poco más al ver que le salía a la perfección. Los profesores le pidieron después que lanzara un Engorgio con el que también quedó contenta. Los hechizos que le pedían que hiciera eran cada vez más difíciles y al final necesitó dos intentos para hacer el Flagrate, pero se sintió optimista. Lo había hecho mucho mejor de lo que esperaba.
-Muy bien, señorita Carmichael. ¿Desea añadir algo? -Seren se mordió los labios un momento y asintió. Al momento dudó. ¿Y si no le salía?-. ¿De qué se trata?
No, debía decirlo. Como poco le saldría el escudo, ¿no?
-Sé convocar un patronus corpóreo. Bueno, me sale casi siempre.
Los examinadores se miraron unos a los otros, alzando las cejas con sorpresa.
-¿En serio? Bien, demuéstrelo.
Seren respiró hondo y se concentró, buscando sus recuerdos más felices. Sus amigos y ella, riendo, la carta de Hogwarts, los dragones de James.
-¡Expecto Patronus!
Un hilo plateado salió de su varita y a Seren se le escapó un gritito de éxito al ver que tomaba claramente la forma de un ganso. ¡Lo había conseguido! Los miembros del tribunal parecían muy impresionados y no se molestaban en ocultarlo.
-Magnífico, señorita Carmichael –dijo una bruja, mientras su compañero tomaba notas.
-Sí, enhorabuena. Si eso es todo, ya puede marcharse.
Seren se sintió casi tan aliviada como si hubiera esquivado un peligro mortal y salió rápidamente de allí antes de que decidieran pedirle algo más que no supiera hacer y estropeara la buena impresión que había dejado. Al otro lado le esperaban sus amigos para ver cómo le había ido.
-Creo que bien, muy bien. –Casi no se lo creía-. Mejor de lo que esperaba.
-¿Qué te han pedido?
Aunque era inevitable que algunos hechizos salieran más de una vez, Seren sabía que los examinadores le pedían cosas distintas a cada alumno, así que les contó los hechizos que había hecho simplemente para que los demás tuvieran una idea de lo que les esperaba. Después sacó su libro de Cuidado de Criaturas Mágicas, el siguiente examen, y se dispuso a repasar allí mismo mientras esperaba a sus amigos para ver cómo les iba a ellos.
Criaturas no le salió tan bien como Encantamientos, pero tampoco le salió mal del todo, y por la tarde se enfrentó a su examen de Defensa, donde no falló una sola prueba y donde los examinadores llegaron a felicitarla de nuevo por sus victorias sobre los Parásitos. A Albus y a Scorpius también les estaba pasando. Albus incluso juraba que una bruja del examen de Criaturas había empezado a decirle cuánto se alegraba de que hubieran podido sobrevivir Scorpius y él al secuestro y había terminado llorando de la emoción y todo.
Un par de días más tarde comenzaron los exámenes teóricos. Seren albergó esperanzas de que su examen de Pociones compensara por lo mal que le había salido la parte práctica (aunque al menos no había hecho estallar su caldero, como Paltry) y en Historia de la Magia estuvo escribiendo sin parar durante las dos horas que duró el examen. Scorpius, que aseguraba que en la parte práctica de Transformaciones a los examinadores sólo les había faltado levantarse y aplaudir, canturreaba en voz baja mientras escribía líneas y líneas sobre el hechizo permutador. Él y Albus estaban tan tranquilos comparados con ella… Seren se sentía como esa pobre chica, Diana, que parecía a punto de enfermar. O terminaban pronto los TIMOS o más de un alumno de quinto terminaría, pero en la enfermería.
El último examen era el de Estudios Culturales. Albus colocó el punto final en la última pregunta del examen –nombra los medios de transporte muggles y explica cómo usarlos- y lo repasó. Tras colocar una coma que se le había pasado por alto, miró a Scorpius, que todavía estaba escribiendo. Bueno, pues él ya había terminado. Estaba harto de exámenes y feliz por haberlos perdido de vista, así que entregó su pergamino, recogió sus cosas y salió del aula.
-¿Cómo te ha salido? –preguntó Amal, que había acabado antes que él y le estaba esperando fuera.
-Creo que muy bien.
El examen de Criaturas le había salido fatal, y sabía que algunas de sus transformaciones no habían sido perfectas, pero estaba contento con el resto. Y era sencillamente maravilloso pensar que ya no tendrían que preocuparse de nada hasta el curso que viene. Oh, no sabía qué le apetecía más, si ir a darse el lote con Scorpius o irse a la cama y dormir dos días seguidos.
-¿Cuál es la obra de Shakespeare que habla de fantasmas: Macbeth o Hamlet? –preguntó Pandora Silvermoon, desesperada, saliendo del aula.
-Hamlet –contestó Albus, sin vacilar. Haber sido fan del Rey León debía de servir para algo.
Pandora se dejó caer contra la pared, visiblemente aliviada.
-Oh, menos mal… Menos mal… He estado dudando hasta el final.
Poco a poco fueron saliendo el resto de los alumnos, Scorpius incluido, y por fin todo quinto pudo declarar por unanimidad el final de los TIMOS. Algunos aún estaban nerviosos o deprimidos, pensando que les había ido fatal, pero Albus no se encontraba entre ellos.
Aún quedaba una hora para que sirvieran el té, así que fueron a tomar un poco el sol y relajarse. Las conversaciones estaban divididas entre los exámenes y lo que pensaban hacer en vacaciones. Scorpius se había tumbado sobre el césped, apoyando su cabeza en su regazo, y Albus sonrió, divertido, cuando poco después se dio cuenta de que se había quedado dormido.
-Podemos pintarle un bigote –sugirió Amal, sonriendo también.
-Ni se te ocurra –replicó Albus, aun sabiendo que habría sido gracioso.
-Amal, ¿vas a pasar el verano con los Longbottom? –preguntó Rose.
-Sí, qué remedio. O sea, allí estoy bien, lo que pasa es que me gustaría pasar un tiempo con mi familia. Los echo de menos.
Albus le miró con simpatía mientras Urien le daba una palmadita en la espalda.
-Seguro que a mi padre o a mi madre no les importa que pases unos días con nosotros, si quieres –dijo, sabiendo que se divertirían juntos.
-Claro, sería genial.
-Y también iremos a verte al Caldero –añadió Rose.
-Nevi… El profesor Longbottom me ha dicho que si quiero puedo trabajar unas horas a la semana allí y así tener algo de dinero extra.
A Albus le sonaba bien, a él tampoco le habría importado trabajar un poco en verano y ganar su propio dinero. Habría ido a la tienda de sus tíos, pero en vacaciones era Fred el que solía estar por allí. Morrigan, sin embargo, hizo una mueca de aprensión.
-¿Sirviendo mesas y lavando platos?
Britney le dirigió una mirada de censura.
-No seas tan pija, no tiene nada de malo trabajar en el Caldero. –Miró a Amal-. Yo creo que es genial.
Morrigan se dio cuenta de que su comentario no había sido muy afortunado y pareció arrepentida de haberlo hecho, pero Albus estaba aún un poco ofendido en honor a Amal.
-No, claro, no tiene nada de malo –dijo Morrigan torpemente-. Pero seguro que hay trabajos más divertidos, ¿no? Lo decía por eso.
-No quiero trabajar en el Caldero el resto de mi vida –dijo Amal, con amabilidad. Albus supuso que se acordaba más de la rápida defensa de Britney que del comentario que la había provocado-. Pero ya que estoy ahí… Y hacerlo un par de veranos mientras ganas dinero puede ser entretenido.
Los exámenes podían haber terminado, pero Albus se dio cuenta de que aún quedaban muchas cosas en las que pensar. Observó a Scorpius, que seguía apaciblemente dormido. Bouchard debía de odiarlo, ahora que había perdido una mano enfrentándose a él. Albus tenía muchos planes. Quería sacarse los ÉXTASIS, aprender a Aparecerse, convertirse en un buen rompedor de maldiciones… Pero por encima de todo, quería asegurarse de que Scorpius llegaba sano y salvo al final de la guerra.
Cuando Hector salió de su entrevista con Zabini, Scorpius entró en el despacho de su Jefe de Casa un poco de mala gana. No tenía ganas de tener esa conversación, no sabía qué decirle.
Zabini estaba sentado en su silla y esbozó una sonrisa al verlo entrar. Scorpius ocupó una silla frente a él, pensando que Zabini estaba un poco más suave, más relajado, desde lo que fuera que le había pasado. Seguramente no era nada malo, pero resultaba un poco extraño.
-¿Qué tal, Scorpius? ¿Cómo van esos entrenamientos?
-Bien, creo que ganaremos sin problemas.
La Copa de Quidditch era lo único a lo que podían aspirar ese año porque Gryffindor iba a ganar la Copa de las Casas con toda seguridad. Slytherin había perdido demasiados puntos entre las pequeñas gamberradas de Cainan Pucey y sus secuaces, algunos encontronazos con Bobbin y cosas así.
-Me alegro. ¿Cómo te salieron los exámenes?
-Muy bien. Los más flojos fueron el de Criaturas y el de Herbología.
-¿Qué pasó?
-Bueno, la parte práctica de Criaturas me salió bien, creo, pero en la teórica me dejé cosas. No recordaba cuántas crías solían tener los mooncalf ni la dieta del quintaped. Y en Herbología me preguntaron sobre el ajenjo, y aunque puse bien todas las cualidades de la planta, me confundí sobre cómo cuidarla y todo eso. Y también puse que la rosa de cinco colores se encuentra en Afganistán, cuando es de Pakistán. Pero todos los demás me han salido muy bien, creo que habré llegado al Extraordinario.
Zabini asintió.
-Fantástico. Sé que este ha sido un curso especialmente difícil para ti, pero por lo que veo al final has podido ponerte a tu nivel de siempre. Puedes estar orgulloso.
Scorpius sonrió. Desde el regreso de su padre se había sentido como liberado, capaz de todo. No se había dado cuenta de hasta qué punto le había pesado la preocupación por él hasta que no lo había visto volver.
-Gracias, señor.
-Bueno, como comprenderás esta conversación es un poco orientativa porque todo depende de las notas, pero me gustaría saber cuáles son tus planes. ¿Qué ÉXTASIS quieres cursar? ¿Qué te gustaría hacer cuando termines el colegio?
Ah, ahí estaba, la pregunta que tan pocas ganas tenía de contestar.
-No estoy seguro aún, señor. La verdad es que pensaba hacer casi todos los ÉXTASIS para no cerrarme caminos y decidir más tarde.
Zabini frunció un poco las cejas.
-¿Casi todos los ÉXTASIS?
-Aritmancia, Runas, Pociones, Defensa, Transformaciones, Encantamientos y Estudios Culturales.
-Siete EXTASIS… ¿Y planeas seguir en el equipo de quidditch?
-Seguramente, sí.
-Considerando que vas a seguir siendo prefecto también, no va a quedarte mucho tiempo libre.
Scorpius parpadeó, pensativo. No quería estar tan sobrecargado de cosas que no pudiera pasar tiempo con Albus.
-Bueno, si es demasiado puedo dejarme Estudios Culturales. Pero creo que sí podré con todo lo demás. Al fin y al cabo en Transformaciones no tengo que esforzarme mucho.
-Hm, no cantes victoria demasiado pronto –murmuró Zabini, haciendo que Scorpius se preguntara qué había querido decir con eso. Sabía la clase de Transformaciones que se llevaban a cabo en ese ÉXTASIS y ya era capaz de hacer algunas de ellas. ¿Por qué iba a tener problemas?-. Pero escucha, Scorpius, debes tener algunas ideas sobre lo que te gustaría hacer cuando dejes Hogwarts. Aunque no necesitas trabajar, algo te interesará, ¿no? Sé que los negocios, no, pero algo debe haber.
El problema era que cuando pensaba en el futuro, lo único que podía ver era Albus. Se imaginaba dando la vuelta al mundo con él, despertando en Malfoy manor a su lado, bailando juntos en una discoteca o en una elegante fiesta para sangrepuras. Después del secuestro, se había sentido descolocado, descarrilado. Pero Albus siempre había estado allí, sólido y real. Eso era lo que sabía. Eso era lo que ambicionaba. Asegurarse de que Albus y él estarían juntos durante toda una larga vida.
-Bueno, no me importaría seguir estudiando –dijo, porque era algo en lo que había pensado alguna vez, aunque con poco entusiasmo.
-¿Pociones?
-Quizás, no sé. O quizás me especialice en Defensa. Podría ser rompedor de…
-Scorpius, no puedes ser rompedor de maldiciones sólo para seguir a Albus como un perrito.
-No hago eso –mintió, disimulando su vergüenza.
Zabini meneó la cabeza.
-No tienes ni idea de qué hacer, ¿verdad? –Scorpius se encogió de hombros, pero su atención se distrajo cuando llamaron a la puerta-. Adelante.
Para su sorpresa, era McGonagall.
-Buenos días.
-Buenos días, profesora. Señor Malfoy, la directora desea hablar un momento con usted. Quizás con esta charla se abran nuevos caminos en los que no había pensado.
-Claro –dijo, curioso, preguntándose qué querría.
Ella le sonrió amablemente.
-Señor Malfoy, los miembros del tribunal que le examinaron de Transformaciones se sintieron muy impresionados con sus habilidades. ¿Podría hacerme una demostración?
La directora sacó un simple trozo de madera del bolsillo y lo dejó sobre la mesa. Scorpius asió su varita, observó el trozo de madera un par de segundos y empezó su exhibición. Primero convirtió la madera en hierro y luego en cristal. Después lo convirtió sucesiva y rápidamente en un vaso, en un florero y en una manta. Hasta ahí, era tan fácil como respirar. Lo siguiente fue más complicado: primero en calabaza, luego en ratón, un ratón vivito y coleando que llegó a dar unos pasos antes de que Scorpius lo dejara convertido en una rana. De ahí volvió al bloque de madera y una vez más al ratón, para terminar y para que McGonagall comprendiera que había hecho todos esos pasos intermedios para demostrarle lo que sabía hacer, no porque los necesitara. Y se sintió aún más orgulloso cuando McGonagall no se molestó en ocultar lo impresionada y complacida que se sentía.
-Fantástico… Hace muchos años que no veo una habilidad semejante para transformaciones.
-Gracias, profesora.
-Tengo entendido que mejoró en esta área a raíz de lo que sucedió con James Potter.
-Sí, señora. Y por eso pude salvarme cuando los Parásitos me quitaron la magia.
Ella asintió, con un brillo de simpatía en la mirada.
-Algo de lo que todos nos alegramos mucho, señor Malfoy. Pero en fin, ahora no tiene importancia si sus habilidades son naturales o adquiridas accidentalmente, el caso es que existen. Tengo una propuesta que hacerle. Considerando que ante todo depende de que su padre nos dé permiso para seguir adelante, ¿estaría dispuesto a recibir clases particulares conmigo el curso que viene y convertirse en animago?
Scorpius abrió los ojos como platos. ¡Animago! Eso sería lo más genial del mundo. Podía terminar convertido en tigre o en pantera o algo así.
-Sí, claro…
McGonagall sonrió.
-Hablaré con su padre y con el profesor Davies. No creo que sea necesario que asista a todas las clases del ÉXTASIS de Transformaciones, dado su nivel. Repartirá su tiempo entre el profesor Davies y yo.
-De acuerdo. Muchas gracias, profesora McGonagall.
-No hay de qué, querido.
Animago… No podía esperar a salir e ir a contárselo a Albus.
