Love Live Sunshine!
El deber de familia
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: ¡Nuevo capítulo! Tres semanas de espera, creo, pero es que me puse a escribir un YouChika que simplemente no camina. Ahora que termine este capítulo iré a pelearme de nuevo con él, que ya está casi terminado pero tendré que cambiar varias cosas. Después de eso empiezo mi fic del reto.
~•~
—Kanan-dono —se presentó el mensajero haciendo una reverencia para presentar sus respetos—, han llegado noticias de la capital —extendió el pergamino que fue tomado por la mayor de las Kazuno quien se dispuso a leerlo.
—¿Qué ha pasado ahora? —exclamó de mal humor Kanan mientras esperaba a que terminaran de curar algunas de las quemaduras que cubrían su espalda.
—Dia-san, su esposa y el resto de los que la acompañan están en Shinjuku, en la casa Sonoda —Sarah volvió a plegar el pergamino haciéndolo a un lado—. Si eso es así irá con el emperador en poco tiempo.
—¡Estoy rodeado de una banda de imbéciles! —se levantó enojado empujando al que estaba haciendo su tarea de curación—. ¡No sé cómo lo van a hacer pero quiero a Dia muerta antes de que llegue con el emperador!
—Es casi imposible llegar a ella ahora, no sin provocar a los hombres del emperador… está en la casa Sonoda —tragó saliva Leah, que también estaba en la habitación.
—Estás a cargo ahora Sarah-san —Kanan ignoro lo que Leah acababa de decir y fue sobre la hermana de esta—. Mito no puede atender esto pero tú sí, y quiero la cabeza de Dia… o acaso el honor de los Kazuno no vale lo suficiente para cumplir las órdenes de su señor.
Sarah quiso responderle, sin embargo se contuvo e hizo callar a su hermana que también intentó responder a su ofensa. No era tarea suya el contradecir al señor de la casa Kurosawa, aún cuando esté fuera un bastardo canalla. La familia Kazuno se había unido a ellos junto con los Takami para obtener de vuelta lo que consideraban les había sido arrebatado y en honor a eso tenían que cumplir sus órdenes.
—Estamos para servirle y aunque usted dude de nuestra capacidad una y otra vez, haremos lo que desea —dijo entre dientes casi mordiéndose la lengua.
—Más les vale no fallar en esta ocasión —Kanan llamó a su sirviente para que cubriera su cuerpo, pues estaba desnudo del torso y este con cuidado colocó su túnica para no lastimar las partes heridas—. Toma los recursos necesarios y no regreses con las manos vacías.
Sarah y Leah hicieron una reverencia y salieron con rumbo a la salida de la casa, irían a buscar Mito para informarle lo sucedido y buscar consejo. Llegaron con ella, la mujer se encontraba postrada en cama aún convaleciente por sus recientes heridas de bala. Chika permanecía a su lado cuidando de su hermana.
Las hermanas Kazuno hicieron una reverencia y comenzaron a hablar sobre la nueva petición de Kanan. Mito rabió al oírlas, su pacto con el nuevo señor Kurosawa comenzaba a hacerse insoportable, aunque apenas lo había tolerado desde un inicio. Eran enemigos que se habían unido por causa de un enemigo común, solo que se preguntaba si los beneficios superaban realmente los problemas que estaban teniendo.
—¿Podrás hacerlo sola? —preguntó Mito—. Lleva contigo a Leah y a los hombres que creas necesarios —le ordenó aún con cierta dificultad, las emociones fuertes y exaltarse le producían dolor.
—Eso haré —se inclinó para agradecer que tuviera confianza en ella.
—Iré contigo también —se ofreció Chika de inmediato pero ni Sarah ni Mito aceptaron su propuesta.
—Tú te quedas aquí —dijo Mito—, necesito que seas mis ojos en la casa Kurosawa. Así como estoy no puedo velar por nuestros intereses. Deja que ellas se encarguen de lo demás.
—Pero Mito-oneechan… no puedo… Sarah —apeló a la que era su esposa y está no se inmutó.
—Es mejor que te quedes aquí —Leah fue la que habló.
Sarah hizo una reverencia y sin querer oír más de hacia la puerta para irse.
—¡Sarah-san! —le gritó Chika pero esta no le hizo caso.
—¡Dejala! Entiende que ella no quiere exponerte a ese peligro —Mito le llamó la atención para que dejara ir a su esposa—. Cumple tu parte también y asume mi lugar frente a Kanan —con dificultad se incorporó levemente—. Como tanto has deseado, ahora tú llevarás por unos días la responsabilidad de ser la cabeza de la familia Takami mientras me recupero.
—Pero…
Quiso replicar de nuevo, decir algo pero ya Sarah había dejado la habitación y Leah lo estaba haciendo ahora. No se suponía que era así cómo debían ser las cosas, tal vez por un tiempo lo habría querido de ese modo, pero todo había cambiado ahora. No podía decir que amaba a Sarah pero ciertamente había aprendido a quererla de algún modo, aunque a Leah le tenía un cariño especial como su mejor amiga. Conocía la gravedad de lo que iban a hacer, desafiar a los Sonoda era desafiar al emperador mismo y la muerte era el menor de los castigos si las atrapaban.
~•~
Prepararon todo para partir lo más pronto que pudieron. Llevaron consigo a una cuadrilla de los mejores que estaban en la familia Kazuno y Takami, aquellos que conocían el ancestral arte de la muerte silenciosa, los guerreros de las sombras, ninjas. Necesitaban discreción para su tarea y era el momento de que sus verdaderos talentos salieran a flote.
Era un grupo discreto de siete guerreros más ellas dos. Con lo cual esperaban pasar desapercibidas como unos simples viajeros errantes. Tardaron apenas unos tres días en alcanzar la pequeña Shinjuku, al pie de la capital. Se quedaron a las afueras esperando a camuflarse con los que a diario pasaban o visitaban el pueblo en su camino a la ciudad.
La guardia que cuidaba la muralla que rodeaba el pueblo se notaba de una gran capacidad bélica. No se parecían en nada a las improvisadas guardias de los daimyō de los alrededores de Fuji. Sus armaduras eran mucho mejores, sus armas eran más cuidadas y de mejor calidad, además de que se notaba la disciplina en cada uno de sus movimientos. Los habían estado vigilando por al menos un par de días desde que habían llegado.
Disfrazarse de simples campesinos parecía una treta que no resultaría tan fácil de llevar a cabo, aunque escabullirse trepando el muro era más complicado de realizar aún. Sólo que ellas conocían los artes del engaño y gracias a ello y a su paciencia estudiando a sus oponentes lograron encontrar la manera de entrar sin levantar sospechas. Por separado fueron ingresando. Los primeros en entrar se aseguraron de ir por noticias de sus contactos en el pueblo y fue así que se enteraron de que Sonoda Umi-dono había detenido a sus visitas posponiendo su encuentro con el emperador.
Por lo que averiguaron, además de lo anterior, el emperador estaba atendiendo asuntos personales, algunos especulaban por su salud, y había pospuesto toda entrevista hasta comienzos del verano, lo cual no sería hasta dentro de unas semanas. Con lo cual tenían el tiempo suficiente para poder llevar a cabo su empresa.
Estudiaron los movimientos entre los sirvientes de la casa Sonoda e incluso lograron ver a su presa principal. Al parecer Sonoda-san gustaba de llevar a Dia-san a sus recorridos matutinos por el pueblo y la capital y estaban ausentes buena parte del día. La joven esposa de Dia-san por su parte pasaba su tiempo en compañía de Kotori-sama, la esposa de Sonoda-san. Ellas salían frecuentemente al mercado del pueblo a escoger lo más fresco de la comida y algunas mercaderías que eran adquiridas para gusto de la señora de la casa, telas, hilos, artículos extranjeros que llegaban solo para ella desde Osaka.
También habían logrado ver a la hermana menor de los Kurosawa, Ruby, ella acompañaba en ocasiones a su cuñada y a la anfitriona de la casa en sus paseos. Aunque la mayor parte del tiempo estaba a solas evitando a todos a su alrededor, solo había ocasiones en que la chica que les había tomado el pelo en Subashiri se encontraba con ella y discutían de manera aguerrida para al final decirse que no volverían a verse o hablar y en otras solo se besaban para separarse e irse diciendo que eso no se iba a repetir.
Todo esto lo habían logrado saber al colarse entre los sirvientes de la casa. Aunque no estaban entre los de la línea principal, que eso era mejor para no delatarse y exponerse a ser descubiertas si alguna las llegaba a reconocer. A pesar de que habían cambiado sus peinados, modos e incluso su acento. Había alguien que podía reconocerlas aún con sus artilugios y esa era Sakurauchi Riko. La chica servía a la esposa de Dia-san y cuando no estaba con ella estaba con Watanabe-san. Este último solía estar siempre junto a Dia-san y por consiguiente acompañaba a los amos en sus tareas.
Era conveniente mantener un perfil bajo siendo sirvientes de segunda línea, estos eran ignorados la mayor parte del tiempo aunque Kotori-san se tomaba su tiempo para acercarse a cada uno y saber de sus problemas y sus necesidades, muchos amaban su amabilidad y su gran corazón por eso eran leales hasta la muerte por convicción y no por obligación, lo cual hacía aún más fuerte su lazo con la familia a la que servían.
Por lo que supieron, la pareja de esposos Sonoda tenía dos herederos. Un chico un poco menor que Leah que en ese momento estaba estudiando en el extranjero, está en Korea, y una joven un año menor que él que estaba al cuidado de unos amigos muy preciados para la familia Sonoda en Osaka.
Todo aquel teatro les había tomado su tiempo, poco más de dos semanas y pronto recibieron un mensaje de Fuji, Kanan exigía resultados a la brevedad. Tendrían que actuar pronto.
La oportunidad vino a ellas con la festividad de inicio de mayo. Una de las deidades del pueblo celebraba en esas fechas y la mayor parte estaría tan ocupado en los preparativos y en la celebración que podrían hacer su tarea sin grandes obstáculos. Estaba decidido.
~•~
Los días en Shinjuku eran buenos y tranquilos y Hanamaru apreciaba eso. Podía descansar de saber que Dia estaba en peligro y ahora solo disfrutaba de los días a su lado en esa apacible calma. Todo estaba perfecto entre ellas. Dormían juntas por las noches y Maru había dejado atrás las pesadillas hasta casi volverse un recuerdo que ya no le preocupaba. Amaba estar en los brazos de su esposa pero había algo que empezaba a ganarse terreno en su mente y su corazón, un nuevo y extraño sentimiento que la hacía sonrojar y sentir un calor raro surgiendo de su cuerpo.
No entendía del todo lo que pasaba pero una cosa era segura, anhelaba volver a besar a Dia como en aquel día que habían salido de paseo a ver los cerezos en flor. Sólo había un problema, no sabía cómo iniciar de nuevo una situación así y comenzaba a desesperar cada vez que Dia la besaba en la frente para dormir o si corría con suerte la besaba en los labios en apenas un beso casto. Al parecer estar en la casa Sonoda la había vuelto recatada a un grado que Hanamaru empezaba a odiarlo.
No ayudaba el hecho de que su primo, You-chan, y Riko-san tenían sus escarceos amorosos en casi cualquier lugar sin importarles nada. En más de una ocasión había interrumpido su sesión de besos en las mañanas antes de que partiera You a cumplir sus deberes. Hanamaru envidiaba un poco a Riko y no es que Dia no fuera linda con ella en sus despedidas, solo quería un poco de ese deseo que parecían desbordar aquellas dos.
Fue peor cuando una noche cuando aún Dia estaba con Sonoda-san discutiendo sobre filosofía y poesía, que a ambas apasionaba, Hanamaru pidió permiso para retirarse aprovechando que Kotori-san lo había hecho. Iba camino a su dormitorio, aunque había desviado un poco sus pasos para saludar a You-chan y las otras chicas, cuando un ruido llamó su atención. Era un ruido bastante escandaloso que la hizo sonrojar por la naturaleza del mismo. Aún así sintió curiosidad y tratando de no delatarse se acercó hasta donde creyó provenía aquel extraño sonido.
Se vio llegando a la que era la habitación de You y Riko y supo cuál era la razón de aquellos ruidos. Su corazón latía con rapidez y su piel se enchino cuando por una rendija de la puerta de entrada vio esa escena. You estaba completamente desnudo sobre Riko, que también estaba desnuda. Está aprisionaba sus caderas con sus piernas y sus manos hacían lo mismo alrededor de su espalda. Riko tenía los ojos cerrados pero su boca estaba abierta gimiendo sin control pidiendo a You ir más profundo y más fuerte.
Hanamaru no entendió cómo es que estaba pasando aquello y no quiso quedarse a averiguarlo. Ya era bastante vergonzoso haber visto lo que había visto que arriesgarse a ser descubierta como una pervertida que miraba cosas privadas.
Sus mejillas, su rostro completo, estaban rojos al máximo y ese color permaneció por mucho tiempo en su cara, ni que decir de la imagen que parecía haberse grabado a fuego en su mente. Tenía el corazón acelerado, el pulso agitado y sus manos temblaban de un modo que jamás había sentido. No era algo que hubiera experimentado antes.
Pensó en lo que había sucedido con Kanan, creyó que aquel temblor podía ser causa del miedo por su mala experiencia pero desechó la idea. Riko no sufría como ella lo había hecho, no, Riko lo estaba disfrutando. Sintió avivarse su sentimiento de envidia y una pequeña ambición se abrió paso en su corazón. El único beso apasionado que Dia le había dado comenzó a acosarla y solo empeoró cuando Dia llegó al poco tiempo al cuarto para dormir.
Hanamaru quiso fingir su sueño pero sentía que su respiración agitada la delataría y apretó los ojos con fuerza dándole la espalda a Dia, quién estaba ajena a lo que sucedía con su pequeña esposa. Maru la oyó cambiarse de ropa y poco después acomodarse a su lado en el futón. Hanamaru dejó de respirar cuando las manos de Dia su colocaron en su cintura y la atrajeron a su cuerpo. El calor de Dia la rodeo y creyó que moriría en ese instante. Sentir el aliento de su esposa en su cuello y el suave movimiento de su pecho cuando se quedó dormida, casi al instante, la hicieron imaginar cómo sería…
No, se negó a llevar su mente a esos terrenos. Aquello le traía malos recuerdos. Pudo oír claramente la voz de Kanan diciéndole que pensara en él como si fuera Dia. Lo había intentado en aquel momento pensando que así sería más llevadero pero ahora esa imagen la acosaba y no sabía si podría olvidarla con facilidad. Sin embargo no se daría por vencida. Hizo a un lado ese recuerdo y deslizó su cuerpo más cerca de Dia. Sintiendo su cercanía, su esposa atrajo todavía más sus caderas y acarició su cintura. Ese gesto hizo que Maru gimoteara apenas audible.
Pensó en cómo se sentiría que esas manos la tocaran de manera lasciva. Las manos de Dia eran suaves aunque tenían algunas cicatrices que volvían irregular su piel. Se preguntó cómo sería eso. Sentir ese tacto.
El calor la invadió, o tal vez solo era el calor de la primavera, y buscó abrirse un poco el vestido que traía puesto para dormir. Su pecho sobresalió libre dejando que el fresco de la noche pudiera calmar su calor. Dia se revolvió para darse la vuelta pero Maru se lo impidió y tomó sus manos y sin pensar mucho en lo que hacía, las llevó hasta sus pechos. Se mordió los labios cuando los dedos de Dia la tocaron y trato de callarse pero un leve jadeo salió de su boca.
—¿Es… estás bien? —oyó la voz adormilada de Dia y soltó sus manos alejándola con rapidez cubriéndose el pecho.
—S… si… ~zura —dijo casi sin voz.
—¿Tienes calor? —Dia se incorporó aún con los ojos medio cerrados tratando de abrirlos para ver a la pobre Maru que solo quería desaparecer por lo que había estado haciendo.
—Un poco ~zura —habló insegura.
—Procuraré no abrazarte para no sofocarte —le dió un beso en sus cabellos castaños y se giró dándole la espalda para caer en el sueño enseguida.
Maru respiro tranquila pero aún podía sentir su rostro ardiendo, así como el resto de su cuerpo. Se tocó los pechos y de regaño de nuevo. Tenía que dejar eso, era demasiado atrevido. Con dificultades y luego de dar muchas vueltas pudo dormir, aunque ni en sus sueños pudo estar tranquila. Sólo estaba Dia y sus manos recorriendola por todo su cuerpo.
~•~
La mañana siguiente y la que le siguió a esa fueron bastante malas para Hanamaru. El calor no parecía querer irse aún cuando tomaba baños de agua fría y trataba de mantenerse serena y tranquila con la costura y las manualidades que hacía con Kotori-san. Sólo que no podía concentrarse en nada. Sus manos sufrieron con la aguja que en más de una ocasión logró colarse hasta su piel y herirla con su punta. Al final se dió por vencida y solo suspiró sonoramente.
—¿Está todo bien? —levantó la vista para mirar a Kotori-san preocupada por ella.
—Zura~... Si, está todo bien —se sonrojo y desvió la mirada, no quería que descubrieran la razón de su desasosiego.
—Quizás un poco de aire fresco vendría bien, los calores han empezado a ser más duros en estos últimos días —Kotori dejó a un lado su costura y se levantó de su lugar.
Hanamaru hizo lo mismo casi por inercia y la acompañó hacia uno de los patios de la casa. Caminaron por algún tiempo solo con el sonido de los pájaros que solían visitar aquel jardín y Maru aún con los nervios a flor de piel en cada paso. Era bastante penoso, pero sentía la necesidad de hablar esto con alguien. Tal vez Kotori-san comprendería, de entre todas las personas, lo que le pasaba, después de todo ella también estaba casada con una mujer.
—Este… —se revolvió jalando la manga de su yukata sin saber cómo iniciar la conversación.
—Estás preocupada Hanamaru-san —habló la mujer mayor y le señaló una pequeña banca en un rincón del jardín—, tomemos asiento y platiquemos de lo que te tiene contrariada.
—¡Eh! Si… ~zura —asintió yendo hasta donde se le había indicado.
Kotori dejo que el silencio volviera a plantarse entre las dos, Maru seguía nerviosa y sus manos la delataban demasiado, pues no podían estar quietas por un momento. Quiso hablar pero al abrir la boca las palabras murieron en la punta de su lengua. No sabía cómo plantear de manera correcta sus dudas.
—Yo… eh… —pasó saliva con pesar—, zura~... —su cara estaba roja—. Yo… quería saber… ¿cómo fue la primera vez que… cuando usted y Sonoda-san? —se calló de golpe al oír la leve risa provenir de Kotori.
—Recuerdo cuando tenía tu edad —la interrumpió Kotori de su pequeño dilema—, estaba igual o más nerviosa de pensar en mi noche de bodas —sonrió evocando el momento mientras veía en la distancia—, y creo que estás actuando como yo en aquel entonces —volvió a reír esta vez viendo a Maru—. ¿Qué es lo que te preocupa? Tenía la idea de que esa parte ya la habían pasado —señaló lo obvio, su vientre.
—Bueno… no, Kotori-san, usted sabe lo que pasó sobre ello ~zura —agachó la cabeza y la mujer mayor tocó su hombro.
—Es verdad, disculpa mi falta —acarició un mechón de su cabello—. Umi-chan no me dijo mucho al respecto, solo lo necesario. ¿Quieres hablar sobre eso? —una sonrisa cálida y benevolente salió del rostro de Kotori y Maru obtuvo la confianza que necesitaba para contarle todo.
Kotori-sama la dejó hablar tanto cuanto quiso, Hanamaru no se limitó y dejo salir todas y cada uno de sus temores, angustias y también de sus esperanzas y las cosas buenas que había compartido con Dia. Sólo que llegó el momento de hablar de eso que estaba atormentando su corazón en los últimos días.
—Podría decirte muchas cosas, consejos sobre ello, pero creo que el mejor que puedo darte es que hables con tu esposa —Maru suspiró a lo que dijo Kotori.
—Solo que… es complicado ~zura —volvió a suspirar—. ¿Cómo hablar de eso cuando apenas podemos tomarnos de las manos y besarnos? Ella no quiere lastimarme ni traerme malos momentos por lo sucedido con su hermano ~zura, ¿así cómo puedo decirle que la necesito de esa manera?
—De la misma manera en que me lo has dicho a mí —le sostuvo la mano para darle ánimos—. Tal vez descubras que ella está en la misma situación que tú.
—No lo creo, ella es tan… serena ~zura —dijo sin ganas.
—Son jóvenes, están en la flor de la vida, es normal que sientan esos deseos —se río de manera discreta—. Umi-chan era tan apasionada en ese tiempo, aún lo es, pero antes no podíamos contenernos de estar juntas.
—Realmente no sé si podamos hacer algo así Dia y yo —siguió con sus ánimos por los suelos—. Tal vez lo intente pero no estoy segura ~zura.
—Tomense su tiempo —sugirió Kotori—. Si Honoka-chan y Nozomi-chan estuvieran aquí seguramente armarían un plan para hacer que ustedes puedan estar juntas —puso una mano en su boca para reír con discreción pues esta sonrisa era aún más sonora que las anteriores—. Ya pensaremos en algo —dijo más para sí que para Maru.
Después de esa conversación, Hanamaru pudo estar con un peso menos encima aunque no había logrado resolver su problema. No cuando se topó con Riko y Yohane que la buscaban para atender algunos pendientes. Ver a Riko le traía a su mente ese momento privado y no podía con la vergüenza que le daba el recordar todo aquello.
—¿Estas bien Maru-chan? —preguntó Yohane al ver su cara colorada, desde el día anterior Maru se había estado comportando extraño y aún no sabían la razón de esto.
—¡Si, estoy bien ~zura! —exclamó exaltada, cansada de que todos solo le preguntarán eso.
—Esta bien —la miró con extrañeza Yohane—, solo era una pregunta, no tienes que alterarte.
—¡No me alteró ~zura! —reaccionó en el mismo modo que antes.
—¿Hanamaru-san? —Riko la llamó por su nombre pero la chica evitó mirarla—. Ya sé que no quiere que le digamos esto, pero al parecer no está bien.
—Solo… solo vayamos a… hacer lo que tenemos que hacer ~zura —dijo echándose a andar y las dos chicas solo se vieron sin entender nada.
La tarde pasó sin pena ni gloria, ni aún leyendo sus preciados libros pudo conseguir la tranquilidad, tanto como en el día anterior como en este, solo daba miradas furtivas a Riko que se entretenía pasando algunos apuntes de Yohane a un tomo sobre sus tratados de herbología. Sólo que la mirada de Maru no había pasado desapercibida para Riko que podía sentir sus ojos miel perforandola todo el tiempo. Lo dejo pasar el primer día pero ahora era bastante difícil ignorarlo.
Aprovechó un momento en el cual Yohane tuvo que salir de la habitación donde estaban para hablarle a Hanamaru. Tenía que parar aquello.
—Hanamaru-san, ¿qué es lo que sucede? —preguntó tomándola por sorpresa pues prácticamente había saltado en su lugar al oírla.
—Nada ~zura, nada sucede. ¿Por qué habría de suceder algo? —contestó nerviosa.
—Ha estado rara desde ayer —entrecerró los ojos y Maru se revolvió inquieta.
—Yo… bueno es que… —se levantó de su lugar y fue hasta la puerta para cerciorarse de que nadie estuviera cerca y cerró con seguro para evitar que alguien entrara—. Lo siento Riko-san —se inclinó para disculparse.
—¿Por qué se disculpa? —la chica se alarmó y de inmediato fue a levantar a Maru, pues no entendía a qué venía aquello.
—Por error… yo… les ví ~zura —aún con sus palabras, Riko siguió sin entender, era muy vago—. A… a ti y a You-chan haciendo… cosas.
—¡Oh! —dijo escueta ahora sí entendiendo a qué se refería—. En ese caso la que debe disculparse soy yo.
—No ~zura, fue mi error —se apresuró a decir—. En realidad… hay algo que me gustaría saber.
—¿De You y de mí? —parpadeó avergonzada y Maru también se avergonzó.
—No… no de ese modo ~zura —agitó las manos con vehemencia—. Es solo que tengo algunas dudas.
—¿Qué clase de dudas? —la miró curiosa ya que la vergüenza inicial estaba pasando.
—Es sobre… ¿Cómo lo hacen dos chicas ~zura? —lo dijo directo sin rodeos porque pensó que de ese modo sería menos complicado recibir una respuesta aunque estaba sumamente apenada por su comportamiento poco recatado.
—¡Oh! —exclamó de nuevo extrañada—. ¿Ustedes aún no? —habló de Dia y Maru y ésta lo negó—. Bueno, entonces, hay algunas cosas por hablar.
Se compuso para que pudieran charlar con seriedad y calma, era un tema que podía llegar a ser muy delicado pero esperaba poder ayudarle de algún modo. Cosa que Maru apreció. Poco a poco su conversación fue haciéndose más amena y los nervios del principio fueron disminuyendo en favor de la emoción de conocer nuevas cosas. Sólo que no tuvieron mucho tiempo para hablar, Yohane regreso y tuvieron que callarse. Si ya era penoso hablarlo con Riko, no se imaginaba haciéndolo con Yohane, aunque dudaba que esta última tuviera algún tipo de experiencia.
Las conclusiones a las que había llegado al final de ese día, durante la cena en compañía del resto, fue que:
Primero, buscar la forma de que hubiera un encuentro entre las dos y que pareciera algo casual y no planeado o rebuscado para que no se sintiera cohibida u obligada, en el caso de Dia. Aún estaba pendiente la cuestión de su embarazo que podría ser una razón para que Dia no la hubiera tocado hasta entonces, por lo que había dicho Riko.
Segundo, debía buscar la manera de hablar sobre ello con Dia, esperaba que su nivel de confianza fuera suficiente para abordar este tema sin que su esposa la tachara de pervertida, en caso de que lo primero no funcionara.
Así que con convicción, cuando se retiraron a su habitación después de la cena, Hanamaru tomó la iniciativa de dar el primer paso.
Dejó que Dia leyera por algún rato mientras ella peinaba su cabello y cambiaba sus ropas, solo que no lo hizo como acostumbraba, detrás de un biombo que servía como división y como vestidor para que Dia no viera su desnudez. Con algo de temblor fue despojándose de sus prendas, aunque no era como si Dia no la hubiera visto desnuda antes.
Su esposa parecía estar más interesada en su libro que en verla. Se quitó su yukata quedando en su ropa interior que sustituyó por una nueva para dormir. Se llevó su tiempo para que Dia pudiera apreciar su cuerpo pero no tuvo ningún tipo de reacción. Dia solo se mantenía viendo su libro sin levantar la vista. Eso le bajo los ánimos pero no se rindió.
Fue a la cama retirando las mantas, pues hacía calor y antes de entrar en ella, tomó un paño que humedeció con agua de un cuenco que estaba al pie y comenzó a pasarlo por sus brazos, pecho y piernas dejando que el agua goteara por su piel, incluso sujeto su cabello en una cola de caballo para que el paño pasará por su nuca y refrescará su cuello. Se giró para ver si Dia tenia sus ojos en ella, pero esta no levantaba la vista de su libro.
Eso más que desanimarla en esta ocasión la hizo enfadar.
—Dia —la llamó, aunque está pareció no escuchar—. Dia —de nuevo la llamó y ahora sí los ojos de su esposa estaban en ella—, podrías ayudarme —le pidió mostrándole el paño mojado y señalando su espalda.
—Si, claro —dijo y dejo su libro a un lado yendo hasta Maru.
Agarró el paño y viendo cómo Hanamaru se quitaba la parte superior de su ropa para dejar al descubierto su espalda y su pecho en consecuencia, aunque esté lo cubrió con sus brazos. Maru no podía observar a Dia a sus espaldas pero está tardó un poco en comenzar su labor. Con cuidado, Dia paso el paño procurando mojar lo más que pudo su piel. No tardó mucho, en realidad no tardó casi nada,
—Está listo —pronunció dejando el paño en un costado—. Debo cambiar mi ropa para dormir.
Dicho eso, se levantó sin esperar una respuesta y fue hasta la habitación contigua para cambiarse. Maru la espero en la cama, aún tenía una última cosa por hacer y después de eso tal vez lo dejaría por la paz.
Dia tardó en regresar y meterse a la cama. Cuando Maru al fin sintió su peso sobre el futón y espero su abrazo, este no llegó. Por lo que se giró para saber porqué razón, Dia estaba dándole la espalda. Cosa que se le hizo extraña, así que fue ella quién se pegó para abrazarla. Sintió un ligero temblor y luego las manos de Dia tomando las suyas para girarse boca arriba y verla.
—¿No tienes calor? —habló con dificultad y carraspeó al final.
—No tanto si duermo ligera —dijo y Dia se dió cuenta de que su torso estaba parcialmente desnudo.
—El… el frío de la noche podría hacerte enfermar —se levantó para buscar las mantas y cubrir su cuerpo solo que Maru también hizo el mismo movimiento quedando las dos sentadas y Maru sosteniendo sus manos.
La tenue luz de una vela iluminaba ligeramente la habitación y los ojos de Dia se habían acostumbrado ya a la escasez de luz y pudo ver los grandes senos de su esposa frente a ella. Trago pesado pero empeoró todo cuando los brazos de Maru rodearon su cuello empujandola al futón de nuevo.
—¡¿Hanamaru?! —se alarmó—. ¿Estas bien?
La chica solo quería ignorar esa pregunta pero al final no lo hizo y solo recargo más su peso sobre su esposa.
—No, yo… Dia, yo solo quiero…
—¡Dormir! Necesitas dormir —dijo con voz temblorosa al fin teniendo una reacción.
—¡No! ¡Te necesito a ti! —dicho eso, busco los labios de Dia.
Con sorpresa Dia la recibió y aunque en un inicio no respondió, pues estaba todavía petrificada, sus manos fueran las que respondieron primero. Sujetó la cintura de Maru quien sintió sus dedos oprimir sus costados yendo poco a poco hacia arriba. En algún punto la rigidez de los labios de Dia cedió y comenzó a moverlos para corresponder el beso. No solo eso, empujó a Maru para ponerla contra el futón siendo ella quién quedó encima. Esa era la reacción que quería Hanamaru.
El beso fue subiendo de tono, llegando al punto en el que sus lenguas eran quienes hablaban por ellas. La respiración se fue volviendo pesada y la piel de Hanamaru estaba tan caliente que todo lo que había hecho antes para refrescarse simplemente parecía no haberse hecho en realidad. Gimió cuando sintió los dedos de Dia rozar con el borde de sus pechos y fue ese gemido el que pareció volver a la realidad a Dia.
Se separó aún con la agitación en su respiración y su cara roja por lo que estaba haciendo. Maru la sujeto esperando que continuara con lo que hacían pero Dia solo hizo más grande la distancia.
—¡Espera por favor! —se sentó tratando de no mirar más de la cuenta.
—¡Dia! —Hanamaru quiso abrazarla pero se contuvo.
—Estamos cruzando una línea que no deberíamos hacerlo aún —explicó para que Maru comprendiera—, estás embarazada y luego de lo que pasaste, no quiero que sufras por lo que sucedió con... con él. No quiero lastimarte.
—No lo vas a hacer —Maru sujetó la tela de la ropa de Dia en un gesto caso de mendicidad—, esto es algo que quiero.
—¿Estás segura? —Dia buscó sus ojos y acunó con su palma la mejilla de Maru.
—Si —recargo su rostro en la mano de su esposa cerrando los ojos para dejarse llevar por el sentimiento de su caricia.
—Podemos ir poco a poco, no hay porque apresurarnos —insistió pero Maru se negó enérgicamente.
—No, esto es algo que quiero, aunque…
—Podemos parar cuando te sientas incómoda o algo no te guste —completó Dia sabiendo que probablemente eso sería algo que sucedería—. Sólo, si esto es lo que deseas, te pido me des un poco de tiempo, quiero que esto sea especial.
—¿Tiempo? —la miró extrañada, tiempo era algo que no estaba en sus deseos.
—Si, he estado conversando con Sonoda-san y Watanabe-san sobre esto y quiero que nuestra primera vez juntas sea una buena experiencia para las dos, en especial para ti —la beso en un pequeño toque de sus labios—. Quiero hacerlo bien y que disfrutes de ello sin que tengas un mal recuerdo que venga a arruinar las cosas.
Maru desvío la mirada y sus ojos se llenaron de lágrimas y su cara de vergüenza. Sabía que estaba presionando a Dia y ahora se daba cuenta de su proceder. Estaba actuando mal.
—¿Hanamaru? —la llamó con preocupación.
—No, tienes razón —intentó contener su llanto—. Perdón por obligarte a hacer algo que no quieres con una persona como yo ~zura. Fui tonta al creer que…
—No Hanamaru, no digas eso —Dia la atrajo para abrazarla—. Te lo he dicho antes, nada de lo que pasó disminuyó ni un poco tu valor como persona, por el contrario, para mí eres lo más valioso que podría tener nunca. Te amo, te amo tanto que tengo miedo de dar un paso y alejarte de mi con mi descuido —la apartó un poco para que pudieran verse a los ojos.
Maru aún gimoteaba con sus ojos rojos por la irritación de sus lágrimas. Eso partió el corazón de Dia que lo que menos deseaba era darle algún motivo para sufrir de esa manera.
—Quiero que el desastre que fui la primera vez que me acerque a ti no empañe lo nuestro, mucho menos que el fantasma de la atrocidad que cometimos en tu contra se interponga en nuestra felicidad —esta vez fue Dia quién luchó por mantener sus ojos libres de humedad—. Sabes que voy a dedicar mi vida entera para resarcir ese error y no por la culpabilidad, sino porque te amo. Por eso quiero hacerlo bien y no forzar las cosas contigo.
—Pero… tú no lo estás haciendo, soy yo quien está forzando las cosas —gimoteo entre sollozos—. Yo… en verdad quiero intentarlo…
—Lo haremos entonces y no estás forzando nada —se acercó a besarla en la frente—, yo también quiero esto tanto como tú, no sabes cuánto, solo permite regalarnos algo hermoso para que podamos recordar ese momento para el resto de nuestras vidas como algo único y especial, que yo también lo quiero atesorar del mismo modo.
Maru asintió limpiando sus mejillas y recargo su cara en el pecho de Dia, que solo subió su ropa hasta cubrir su torso por completo, quería evitar la tentación. La acunó en sus brazos y la llevó a recargarse en la cama para conciliar el sueño. Cuando sus sollozos menguaron liberó su abrazo pero Maru no la soltó a ella. Dejó que poco a poco el cansancio se hiciera presente y que las emociones se fueran calmando hasta que el sueño fue lo único que prevaleció.
Mañana sería un día distinto.
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Muy temprano, al día siguiente, se levantó. Hanamaru aún dormía y procuro no molestarla, así que en silencio dejó la habitación para ocuparse de ese asunto importante. Tenía que apresurarse, por el bien de sí misma tenía que hacer los arreglos necesarios lo más pronto posible. Otro día de provocaciones de Hanamaru no podría sobrevivirlos sin atentar contra su salud. Había tenido que hacer uso de todo su autocontrol o de lo contrario habría terminado cediendo a sus propios deseos carnales.
Quién podía culparla. Hanamaru era hermosa, solo pensar en ella le producía un calor interno que no se iba tan fácilmente. Recordar la suavidad de su piel, las formas de su cuerpo y el olor que desprendía solo la hacían desear con más ganas el ir y querer besarla, tocarla, amarla.
—¿Así que eso pasó anoche? —You la miró con cierta gama de echarse a reír pero luchando por mantener una cara de seriedad.
—Si —la miró con una ceja levantada—, iba a ir con Sonoda-san para hablar de esto únicamente pero creí que podrías ayudarme también —la siguió mirando con un poco de mala cara—. ¡Podrías no reirte de mí!
—¡Oh lo siento, lo siento! —se golpeó el pecho y las mejillas para calmarse, lo que menos quería era hacer enfadar a Dia—. Sólo me sorprende, no pensé que Maru-chan fuera tan osada.
—Bueno, el punto no es ese —tosió para calmarse—, el punto es que tengo que hacer algo.
—Entiendo —You se cruzó de brazos pensando profundamente, tanto que su cara se volvió un gesto gracioso—, ¿exactamente qué quiere hacer?
—Pues… —se sonrojo furiosamente y los nervios se hicieron presentes—, tú sabes…
You la vió, los gestos que hizo con las manos y tuvo que contenerse de no reír. Era hilarante ver a Kurosawa Dia sufriendo por un tema como ese.
—Yo sé —agitó la cabeza afirmando—, aunque lo que sé no le va a gustar quién me lo enseñó —hizo una mueca con los labios—. Aunque eso no tiene que afectar ahora, si sirve de algo que así sea.
Eso último Dia no entendió a qué se refería pero lo dejo pasar, puesto que You lo había dicho más para sí que para ella.
—¿Entonces? —retomó el tema.
—¡Oh sí! —tronó los dedos regresando a la plática—. ¿Usted ha tenido algún encuentro antes? No es que sea chismoso, es para saber si tiene alguna experiencia y no partir de cero —aclaró rápidamente.
—Bueno —giró los ojos, no quería decir esa parte vergonzosa—, un poco, pero no precisamente con una mujer y no del modo en que se espera que cumpla un papel masculino en esta relación.
You volvió a fruncir el ceño pensando profundamente mientras ponía una mano en su mentón y sacaba la lengua, verla hacer esas caras era realmente grandioso, concluyó Dia.
—No es como que deba interpretar un papel establecido, usted puede hacer lo que desee —le explicó aún manteniendo el ceño fruncido—. Con lo que esté cómoda y con lo que ella también se sienta bien. Tocarla, dejarse tocar, amarla o dejarse amar. ¿Quién pone las reglas? Sólo ustedes.
—Eso me ayuda y a la vez no —dijo sincera—. Ahora tengo más dudas sobre todo, aunque tenemos toda la mañana para resolverlas, no creo que a Sonoda-san le moleste que hablemos de eso —You la miró con escepticismo.
—Sonoda-san es un poco más… recatada en esos temas —se rascó la cabeza—. No creo que sea tan buena idea pero podemos pedirle su ayuda para otras cosas.
—¡Eh! ¿Qué cosas? —tuvo que darle la razón en eso y no lo discutió.
—¡Tengo algunas ideas! —dijo emocionado—. Que la última vez no fue tan mal ese paseo por los cerezos. ¡Así que vamos a por ello! ¡A toda máquina, Yousoro!
Guiño un ojo y ambas fueron a hacer sus deberes con Sonoda-san.
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—¿Y bien? ¿Está listo? —pregunto Leah a su hermana que regresaba de atender su tarea matutina.
—Es tiempo —dijo colocando su katana delante de ellas—, aprovecharemos cuando esté vulnerable.
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