Snape suspiró en su despacho. Dumbledore, parecía más dedicado que nunca, a enterarse de la verdad. Lo sabía. Él entendía que el señor director, ya sabía muchas cosas de antemano. Con mucho cuidado, meditó lo que iba a hacer. Sabía, que Hermione no lo perdonaría, pero era lo mejor. Con una mueca de concentración, abandonó el despacho y comenzó a subir las escaleras, a través de la gárgola.
Dumbledore estaba allí, simplemente contemplando la nada en su despacho. Sin decir nada, le miró con sus ojos azules eléctricos, posados de una forma inquisidora. No podía soportarlo más. tenía que decirlo, por el bien de todo esa loca historia.
- Señor director, hay algo que debo decirle- dijo y las palabras, en su garganta, se sintieron duras. Complicadas.
- Pues dímelo- respondió el anciano, alzando la cabeza y continuando con su análisis de su propio despacho.
- Es acerca de Granger.
- Sí.
- Yo...
- Sé que la amas- dijo el hombre, de pronto y Severus, se sorprendió fuertemente. Con una mueca de sorpresa, perdió el poco color de su rostro. ¿Cómo era capáz de saberlo, sin siquiera haberlo oído de sus labios?- Sé como la miras, como la protejes y estás a su lado. No crees que a mis años, las cosas se me escapan mucho ¿O sí? Seré viejo, pero sé como es el amor- sonrió y por segunda vez, le desconcertó.
- Sí sabías que... ¿Por qué en la enfermería...?
- Prefería que uno de ustedes, o ambos, me lo dijera. Sinceramente, esperaba poder oírlo de alguno de ustedes.
- Granger se expone a muchos riesgos, si hablase. Iclusive...
- Inclusive tú, sí. Eso, está penalizado y podría conllevarte a una expulsión sin derecho alguno. Por que, supongo que ambos han estado íntimamente unidos.
No necesitó meditar mucho, para entender lo que él le estaba preguntando. Suspiró y trató de pensar las palabras correctas. De todas formas, Dumbledore ya entendía el concepto. Severus estaba enamorado y eso, no iba a cambiar. El problema era, Hermione. Era demasiado joven para poder ser una pareja potencial. Con una sonrisa suave, Dumbledore miró a su joven pupilo y ladeó la cabeza con delicadeza.
- Dime, Severus. ¿Acaso, esto ha ocurrido más de una vez?
Quiso preguntar a qué se refería, pero sería muy estúpido de su parte. Ladeó la cabeza y asintió, casi imperceptiblemente. Dumbledore, asintió a su vez y continuó meditando.
- Minerva me lo dijo. Me dijo que Hermione se había mareado en su clase y tú, habías acudido a verla. Supuse que...
- Sí, que pudo haber quedado embarazada- meditó Snape. Era ligeramente deprimente, tener que decir eso. Que pudo haberse equivocado y haberla embarazado.
- No sé, cómo llegaron a ese tipo de situación- mencionó Albus y Snape, decidió no responder a eso- pero un embarazo a su edad, es muy contraproducente.
- Lo sé- le indicó él con una mueca de ligero disgusto- realmente, no tienes que recordarme lo que estoy haciendo mal. Ya he pasado suficientes problemas...
- Y sin embargo, te enamoraste.
- ¿Puedes culparme?
- Pensé que la odiabas.
- Y así era. Sin embargo, todo empezó con una poción de amor. Bueno, una poción de obsesión. ¿Puedes culparme?
- No, creo que ya sería muy tarde.
Severus se levantó del asiento y sin decir nada más, comenzó a caminar hacia la salida del despacho. Suavemente, Dumbledore carraspeó y Snape, se detuvo en silencio aún. Ladeó la cabeza para mirar y Albus, alzó la suya.
- Será mejor, que tengan más conciencia de lo que hacen. No solo ustedes, pueden salir perjudicados, con sus acciones.
- Lo tengo en cuenta- confesó Snape y desapareció del despacho, con un movimiento raudo. Sin duda alguna, se sentía mejor, el haber dicho la verdad. Sin embargo, aún quedaba la mordida de la conciencia. Hermione, era una jovencita, comparada con él. ¿Acaso, podría afectar tanto su vida, como mencionaba Dumbledore? Bueno, de a momento, lo haría. Cuando le dijera lo que había hecho. Seguramente, ella lo mataría por haberle contado a Albus, sobre su relación.
Decidió buscarla, luego de descansar un poco. Con una sonrisa suave, se imaginó a su maniática Hermione, quejándose de lo que había hecho. Sin pensarlo más, se dejó caer en su cama y cerró los ojos para mirar. Muy pronto, se quedó dormido de tanto pensar. Su cama, en momentos de tensión, se hacía muy acogedora.
