Disclamer: Los personajes de Frozen y Enredados pertenecen a Disney, qué queréis que os diga, ojalá fueran de mi propiedad pero bueno, me conformo.

Que empiece el espectáculo...


Life's too short
Capítulo LIII


~La reina de Corona y mi esposa~

Desperté con mis dulces labios favoritos y el cuerpo de Elsa tumbado sobre el mío, no podía empezar mejor el día.

— Buenos días princesita~

— Estoy durmiendo.— continuó besándome con cariño en medio de una tranquila mañana que quería disfrutar.

— Es hora de desayunar~

— No quiero.— abrí un poco los ojos para ver su cara juguetona.

— ¿Por qué? Hoy para desayunar tienes un poco de Elsa rellena de amor y cubierta de azúcar, ¿no tienes hambre?

— Ahora sí.

Nos derretimos con toda la pereza mañanera, acariciándonos lentamente como si aún estuviéramos soñando, entre bostezos y gruñidos, rodando por la cama con roces sugerentes.

Bajamos a desayunar de verdad cuando el hambre pudo con nosotras. Nos encontramos a Kristoff en el jardín haciendo ejercicio, los niños aún debían estar durmiendo.

Poco después de empezar a comer, escuchamos tres golpecitos en la puerta.

— Entra, está abierto.— era Lara, más madrugadora que nadie, con su ardilla correteando por el comedor.

— Buenos días… ¿Llego muy temprano?

— Qué va, llegas justo a tiempo para despertar a Jack.

— ¿Puedo?

— Claro.— Elsa se aguantó la risa.

[Jack]

Sentí un peso en la cama, debía de ser mamá despertándome.

— Déjame dormir un rato más…— se metió en la cama y cuando sentí sus manos me di cuenta de que no era mamá.

— Vale pero sólo cinco minutos.— yo sin camiseta y ella abrazándome por la espalda. Mi corazón dio un latido de más.

Di la vuelta para verla. Se hacía la dormida con una sonrisa. Me acerqué a sus labios y abrió los ojos.

— Buenos días.— nos empezamos a besar, ella recorriendo mi cuerpo y yo haciendo imposibles para mantener la compostura. Entonces se estiró encima de mí, rozándome con su cuerpo.

— ¿P-podrías… dejarme respirar?

— No. Ahógate.— profundizó los besos excitándome con su movimiento, despertando algo más que mis neuronas.

— L-Lara…— la separé un poco de mí cogiéndola de las caderas y entonces se sentó sobre mis calzoncillos.

— Aivá…— entonces se dio cuenta que sólo llevaba puesto eso— ¿No duermes con pijama?

— Me da calor, ¿podrías-

— No~— apoyó sus manos en mi pecho y se empezó a mover, haciéndome imposible aguantar mi erección. Me estaba deshaciendo por dentro y empecé a hiperventilar.

La cogí de las manos y la hice caer sobre mí, besándola, abrazándola y ladeándome para dejarla a mi lado antes de que fuera demasiado tarde.

— Están mis padres en casa, los tres, ¿sabes lo raro que sería si nos vieran así?

— A mí no me parece tan raro.— continuó besándome, acercándose a mí, haciéndome perder la cordura. Olvidé el control y me hice con sus nalgas llevado por el momento. Volvió a echarse encima de mí, inmovilizándome.

— ¿Alguna vez habías hecho algo así?— le pregunté.

— No…— me cogió las manos y se las llevó a sus pechos, dándome libertad para tocárselos mientras seguíamos besándonos.

— D-deberíamos parar…

— Aha…— pero siguió, haciéndome desvariar, alimentado un fuego interior que no sabía que tenía, llevándome a un punto preocupante de excitación, hasta que escuchamos que alguien subía las escaleras.

— Mierda.

— Corre, vístete.— me apresuré en ponerme unos pantalones cualquiera rápidamente, con mi corazón a punto de estallar. Por suerte, cuando terminé de vestirme, los pasos pasaron de largo. Debía de ser Anna yendo a la habitación de Mandy.

— Por qué poco…— se quedó sentada en el borde de la cama, sonrojada— ¿No te va el corazón a mil?

— Compruébalo tú mismo.— me acerqué a ella, puse la mano en su pecho y entonces se dejó caer hacia atrás cogiéndome el brazo, quedándome encima de ella, besándonos con mi muslo entre sus piernas.

No quería ni podía parar, creí que empezaría a echar vapor de lo caliente que me sentía por dentro. Se hizo con mis manos para agarrármelas con fuerza, soltando ligeros gemidos que me hacían vibrar los oídos. La notaba oprimiéndome contra mi muslo, acompañada de sus agitadas e irregulares respiraciones.

La habitación desapareció para mí hasta que…

— Vamos chicos, no os entretengáis tanto.— Anna dio un par de toques a la puerta, dejándonos sin respiración.

— Y-ya vamos…— Lara se ocultó la cara con las manos.

— Dios mío…— cuando la vi estirada en la cama, despeinada, con su camiseta descubriendo su ombligo y tratando de recuperar el aliento, me volví loco por ella.

— ¿Vamos?

— Un segundo…— fue increíble, sin palabras. Respiró hondo y se sentó, bajando de las nubes— Sí, vamos.

Le cogí las manos para levantarla y se puso a besarme de nuevo, agarrándome de las nalgas para echarme hacia ella.

— L-Lara…— se separó de mí entonces.

— Perdona…— respiró hondo, tratando de calmarse, mirando hacia abajo con una sonrisa.

— ¿Se puede saber qué miras? Vamos anda.— me encerré en el baño antes de bajar, primero para recuperarme y segundo para mear. Cuando salí la vi algo preocupada.

— ¿Qué tal…?— me hice una idea de lo que se refería.

— Acabo de tener el mejor despertar de mi vida, ¿y tú?— sonrió, ya más tranquila.

— Tengo que ir al baño.

— Claro.

[Rapunzel]

No paramos en toda la mañana, teníamos que terminar de prepararlo todo para partir hacia Arendelle y estaba más nerviosa que de costumbre. Llevaba ocho meses sin ver a Elsa y no podía aguantar más, necesitaba estar con ella, la ansiaba como el agua en Mayo.

Eli también estaba emocionada por ver a sus queridos primos, Mandy en especial, y Eugene… bueno, recé para que no se volviera a meter en un lío como la última vez, no se le puede dejar sólo.

Mis padres vendrían esta vez, por lo que nos sería más complicado estar a solas, pero no me preocupaba demasiado porque siempre encontrábamos la forma. Dejamos algo a medias que teníamos que terminar, fuera como fuera, y ya me envió una carta hace meses recordándome las ganas que tenía.

Comimos en el barco para zarpar cuanto antes y así poder llegar antes del miércoles. Por suerte me llevé un buen puñado de libros para leer durante el trayecto, la mayoría para compartir con Eli, de esa forma se nos haría más corto el viaje.

Mis ganas de volver a estar con ella eran demasiado grandes como para abarcarlas dentro de mí. Pensé en escaquearme a la bodega del barco por la noche para dejar volar mi imaginación y así calmarme un poco.

Me pasé los últimos meses buscando una excusa para volver a Arendelle, pero por desgracia gobernar un gran reino como el nuestro no nos daba para muchas vacaciones.

Empezamos el viaje y le dije al capitán en secreto que le pagaría una generosa cantidad de dinero por cada hora que acortáramos del trayecto.

Aún así y pese a que el barco iba más rápido que nunca, me parecía que no avanzaba, era frustrante. Aburrí al reloj de tantas veces que lo miré, no podía concentrarme en nada de lo que hacía y llegó un momento en que me volví histérica, la tarde se me estaba haciendo eterna.

Eugene logró tranquilizarme distrayéndome, excusé mis nervios al hecho de dejar Corona en manos de nuestros fieles delegados aunque en realidad era al revés. Me moría de ganas de volver a estar con ella aunque fuera sólo por unos días, teníamos que aprovechar el tiempo al máximo.

Llegada la noche, no logré pegar ojo. Pasadas unas horas con ella en mente, le dije a mi esposo que iba a dar una vuelta por la cubierta. Tal y como tenía planeado, fui a la bodega donde nadie excepto nosotros podía acceder, y me escondí en un rincón para satisfacer mis necesidades.

Volví al camarote más a gusto que después de un baño caliente en invierno, y tras dar un par de vueltas por la cama, conseguí dormir.

Elisabeth me despertó por la mañana, cuando apenas estaba saliendo el sol. Quise haber despertado al mediodía, pero tenía que cumplir con mis obligaciones como madre.

Nos entretuvimos jugando al escondite por el barco, haciendo imposibles castillos con piezas que se caían con el balanceo de las olas y dibujando todo tipo de cosas con sus pinceles.

Poco después de comer, el capitán nos informó que faltaban aproximadamente un par de horas para tocar tierra, todo un récord de viaje. Me hice la sorprendida con la excusa de que cada vez hacían los barcos más rápidos, aunque sabía que ese tenía más de cinco años.

Dos horas, ciento veinte minutos, siete mil doscientos segundos para llegar a Arendelle. No me podía pasar el tiempo más lento, era horrible.

Una hora y tres cuartos…

Una hora y dos cuartos…

Una hora y cuarto…

Una hora…

Empezamos a prepararlo todo para desembarcar.

Media hora…

Vimos tierra con nuestros propios ojos, no podía estar más nerviosa. Ojalá pudiera decirle a Elsa que habíamos llegado, así podría esperarnos en el puerto.

Tardamos unos minutos pero cuando pudimos bajar del barco fuimos directos hacia nuestros caballos.

— Eugene, ¿puedo pedirte un favor?

— Sí, sí… venga ve, ya me encargo yo de hablar con los presidentes del consejo.

— Gracias, eres el mejor.— subí con Eli y galopamos rápidamente para ver al resto de la familia.

Llegamos en unos diez minutos, mi corazón pasó de palpitar a vibrar, siempre me pasaba cuando pasábamos tanto tiempo separadas.

— Venga, ve a darles una sorpresa.— al parecer nadie nos escuchó llegar, así que dejé que se colara en casa para sorprenderlos mientras dejaba el caballo en el establo. Me quedé congelada al ver un dragón de hielo durmiendo en el patio trasero, intenté no hacer ruido por si acaso. No tardé en escuchar gritos de emoción dentro de casa.

Tampoco tardé en ver a Elsa saliendo al jardín con prisas.

— ¡Punzi!— corrió hacia mí y dejé que me abrazara. Echaba tanto de menos su olor, su tacto, su cuerpo…— Te he echado muchísimo de menos…

— Yo también…— le di un beso en la mejilla, muy cerca de sus labios al ver que se acercaba Anna.

— ¿Cuándo habéis salido?— tuve que separarme de ella para saludar a su esposa.

— Ayer por la mañana.— le di un abrazo rápido— ¿Qué tal? ¿Todo bien por aquí?

— Sí, bueno, lo típico, una guerra por aquí, dragones por allá, ya sabes.

— ¿Está viva esa cosa?— entonces aparecieron los demás, también estaba Kristoff.

— Sí, al parecer Jack es capaz de hacer cosas con vida propia. Se llama Kero, por cierto.— dijo Anna. Elsa me cogió de la mano, abrazándose a mi brazo.

— Vaya… O-oye, ¿quién es esa lindura? ¿Habéis tenido otra hija?— dije bromeando.

— Claro que no, es una amiga de Jack.

— Es su novia.— rectificó la pequeña Mandy, que ya estaba jugando con los pelos de Elisabeth.

— Encantada de conocerte, soy Rapunzel, su tía.— se quedó pasmada mirándome— ¿Cómo te llamas?

— L-Lara, también es un placer para mí, majestad.

— Oish, no tienes que ser tan formal, ahora eres de la familia, puedes llamarme Punzi si quieres.

— Vale…

— ¿Dónde has dejado al rey de la casa?— preguntó Elsa.

— Está en el castillo hablando de cosas aburridas.

— Tú sí que sabes. Bueno, entramos en casa ¿no? ¿Quieres tomar algo?

Nos pusimos todos al día mientras los niños jugaban y correteaban por todas partes. Habían pasado un montón de cosas desde que me envió una carta la última vez.

Pasaron unos largos minutos antes de que Elsa hiciera de las suyas.

— Casi se me olvida, tengo que enseñarte el vestido que te compré, es precioso, cuando lo vi no pude resistirme.

— No hacía falta que me compraras nada…— dije levantándome con una sonrisa.

— Anna, ¿puedes preparar un poco de chocolate caliente de mientras?

— Claro.

— Vamos.— me cogió de la mano y subimos corriendo hacia su habitación como si volviéramos a tener dieciocho años.

Entramos, cerramos la puerta con seguro y nos pusimos a besar, sintiendo la delicia de sus labios como si fuera el mayor placer de la vida, acariciando mi cuerpo con ansia de más.

— Teníamos algo pendiente ¿no?— le recordé.

— Por supuesto, no sabes lo mucho que necesitaba esto…— respondió, deshaciéndose de mi ropa lentamente entre sus malvados e irresistibles besos. Me llevó a la cama cuando me dejó completamente desnuda, devorándome con la mirada.

— No podemos retrasarnos mucho o vendrá alguien.

— Lo sé.— aún así se puso encima de mí, inundando mi boca con su lengua mientas usaba su mano izquierda para volverme loca, obligándome a abrirme para ella.

— E-Elsa~— siguió sus vampiros besos por mi cuello, luego por mis pechos, hasta que me levantó las piernas para devorarme la entrepierna. Tuve que morderme varios dedos para no hacer ruido, su forma de dar placer escapaba de lo normal, se me hizo imposible controlarme.

Dejé mi cuerpo en sus manos, dejándome llevar por las intensas sensaciones que me provocaba con sus labios, su lengua e incluso sus dientes, que me daban fuertes latigazos de placer. No tenía nada que ver con Eugene, ella se sabía mis gustos a la perfección, hacía justo lo que quería en todo momento.

Fue tan buena y preciosa, que llegué al orgasmo en pocos minutos, con mi cuerpo a punto de fundirse con la cama. Si el paraíso realmente existía, Elsa era la única que podía llevarme.

Me dio unos besos más, abrió la ventana para ventilar y me preparó la ropa encima de la cama, luego volvió a mis labios para deleitarme con su sabor.

— Déjalo todo y ven a vivir conmigo.— le dije, sabiendo de sobras la respuesta.

— Ya te lo he dicho mil veces, y ojalá pudiera, de verdad… Venga, vístete.— me puse la ropa interior rápidamente y luego el vestido. Era precioso, largo, elegante, de color castaño que terminaba con un bordado de lana blanca perfecta para el frío del fiordo.

— Es precioso. Muchas gracias, eres una delicia.

— Y tú exquisita.— me besó dejándome sin saliva y me dio un pequeño azote en el trasero para que espabilara.— Vamos. ¿Te gusta el chocolate?

— No~ qué va~— no podía ser más feliz a su lado.

[Anna]

Pasamos una tarde genial, qué menos después de pasarnos el día limpiando la casa a fondo de arriba a abajo. Merendamos chocolate caliente con churros, vinieron los vecinos y más tarde vino Eugene con los padres de Elsa también. No cabía más gente, era genial, éramos yo, Elsa, Mandy, Jack, Thomas, Primrose, Rapunzel, Eugene, Elisabeth, Lara y sus padres, esquimala y el dragón, todos esparcidos por aquí y por allá.

Era genial verlos a todos tan contentos, me llenaban de vida y me recordaba lo mucho que quería a mi familia. Ese día reímos más que nunca y fuimos a dormir tardísimo.

A la mañana siguiente, como Jack se fue con Lara a dar un paseo por la ciudad, nosotros decidimos hacer una ruta por la montaña. Cuando vinieron Punzi y su esposo, nos preparamos para irnos pero entonces a Elsa se le ocurrió hacer unos sándwiches para el camino y me pidió que fuera tirando con Mandy y Eugene. Se me hizo raro que no dejara que les ayudara, pero he de reconocer que su hermana también cocina muy bien.

Andados unos minutos y viendo el sol que hacía, pensé ir a buscar un sombrero para mí y para Mandy, así que volví rápidamente a casa.

Cuando pasé por la ventana que daba al comedor, las vi, en la cocina. Me reí porque por un momento parecía que se estaban besando. Retrocedí un paso y mi corazón se rompió en mil pedazos. No me lo podía creer, se estaban besando de verdad, no podía verlas del todo por culpa del marco de la puerta, pero se estaban enrollando.

Me quedé unos segundos sin saber qué hacer, quise que la tierra me tragase en aquél momento.

Al final entré en casa, dando un buen portazo, con mi sangre a punto de ebullición.

— Hola. Voy a por unos sombreros, que hace mucho sol…

— A-ah, muy bien. Nosotras ya terminamos…— subí las escaleras como si cada escalón me destrozara más y más por dentro. ¿Por qué? ¿Desde cuándo? ¿Por eso siempre querían estar a solas? ¿Por eso siempre se alegraba tanto cuando venía?

Un fuerte dolor en el pecho me hizo inundar en lágrimas cuando llegué a la habitación, cayendo desconsolada de rodillas al suelo. Sentí que su hermana me había arrancado el corazón, había estado viviendo engañada, Elsa me había estado mintiendo. Tantos años juntas creyendo que lo compartíamos todo y ahora…

Levanté la cabeza sin ganas de nada, llorando por dentro y por fuera, enrabietándome conmigo misma por creérmela. Cuando las escuché subiendo por la escalera me levanté. Me quedé tan impactada que no supe ni cómo reaccionar.

Abrí la puerta y me limité a cruzármelas mirando al suelo para que no me vieran llorar.

— ¿Y tu sombrero?— como si eso fuera importante.

— Qué más da…— una fuerte rabia empezó a generarse en mi interior.

— Anna, ¿estás bien?— ni siquiera tuve fuerzas para mirarle a la cara.

— Claro, vamos.— me paró agarrándome de la ropa.

— Anna.

— ¿Hay algo que quieras contarme?— pregunté, con todo mi dolor en mi voz, dándole una oportunidad antes de que mi alma se hiciera pedazos por completo.

— ¿D-de qué estás hablando?— y en ese momento, quebré.

— Da igual, vamos.— Rapunzel se puso entre nosotras.

— ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que-

— Cállate. Por favor, no hables.— di unos pasos encadenados cruzando el comedor.

— ¿Qué te ocurre ahora? Me estás preocupando.— no contesté— ¡Anna!— me detuve.

— ¿Sabes? Voy a hacer como que no he visto nada… A diferencia de ti, yo no quiero romper la familia…

— ¿Q-qué has visto?— con una rabia inmensa dentro de mí, abrí la puerta repicando contra la pared y salí. Entonces Elsa se puso a correr hacia mí, me abrazó por la espalda y eso fue la chispa encendió mi hoguera— Ann-

— ¡Déjame! ¡SUÉLTAME!— la aparté— ¡Quédate en casa enrollándote con ella si eso es lo que quieres! Ya da igual…

— No no no Anna escucha-

— ¡Cállate! ¡No te acerques a mí!— no me hizo caso— ¡Como des un paso más no vuelvo a hablarte en la vida!— y se congeló.

— Deja que te lo explique…— sus lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.

— ¡No! ¡Me da igual! ¡Paso de que me vuelvas a engañar! ¡TE ODIO!— di media vuelta y me fui.

— Anna espera…


Elsii: Lo que me hubiera gustado a mí es que Anna hubiera tenido gemelas, eso hubiera sido delicioso *-* Pero bueno, ya es tarde para eso.
Mandy: Lo sé, yo también echaré de menos escribir esta historia, pero todo tiene que tener un final. Cuando la termine, me pasaré un tiempo sin escribir y luego no sé muy bien qué haré, pero lo que sí sé es que tarde o temprano volveré a escribir ElsAnna :)

Y esto no ha hecho más que empezar...