Mi respiración agitada se detuvo de golpe.

La mirada que me dedico Yurio fue increíblemente confusa.

Acaba de decir que me gustaba.

No pensaba decírselo pero olvidé por completo todo y esas simples dos palabras salieron de mis labios.

—¿Estas jugando? —me dijo escéptico.

—No.

Ya no había marcha atrás, si no se lo decía ahora, nunca lo haría.

—Me gustas mucho.

Poco a poco las mejillas de Yurio comenzaron a volverse de un color carmín.

—¿Piensas que simplemente te aceptaré así como así?

—No.

—¿Sabes que estoy en una relación y que tú me obligaste a eso?

Torció los labios y se tragó lo que quería decir respecto a eso.

—Si.

—Maldito complaciente—le reclamó.

Yuri rodeo el cuello del castaño, se puso de puntillas y acercó sus labios a la oreja derecha del más alto.

—Así que ahora te gustó... —murmuró haciendo que escalofríos recorrieran al castaño—. Demuestramelo.

Al escucharle sonrió un poco.

—¿Como quieres que lo haga? —pregunto besando su cuello.

—¿Me dejarás ordenarte?—pregunto soltándolo y saliendo del elevador.

Yuuri le siguió sin dejar de verlo.

—De momento... Si, así que no lo desaproveches —aclaro.

—Tenemos el tiempo contado.

—Lastima.

—Además mañana competimos.

—No lo haré tan fuerte.

—¿Y quien dijo que te dejaría llegar al final?

Yuuri, por un momento adoptó la personalidad de Eros y acorraló una vez más a Yuri contra la pared.

—Se que lo harás y me contestaras ciertas dudas.

Yuri le sonrió.

—¿Y si me niego?—acaricio el pecho del castaño con el dedo índice sin dejar de verlo.

—Tendre que obligarte.

Y sin más ambos se besaron con urgencia.

Era un poco peligroso el hacer eso en el pasillo así que Yuuri busco la llave de su habitación de forma desesperada mientras Yuri tiraba de su cabello.

—Ugh... Yurio —gruño cuando esté le mordió el labio inferior.

Entre besos fueron avanzando hasta la habitación de Yuuri y cuando llegaron a esta, el castaño introdujo la llave y ambos ingresaron en el cuarto.

Con cada beso el calor iba aumentado, las ropas comenzaron a estorbar y para cuando rompieron el beso el deseo ya había corrompido cada parte de su cuerpo.

—¿Y Víctor? —pregunto cuando Yuuri le empujo contra la cama.

—Lo convencí de tomar habitaciones separadas—dijo admirando al Rubio en su cama.

—Increible.

Yuuri se sacó la camiseta y sintió un leve escalofrío por el clima de Rusia.

Se acercó al menor y se posicionó entre sus piernas.

—Primera pregunta.