Niñera
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"Él se deshizo de tu molestia en casa".
No sabía ni porque eso seguía dándome vueltas por la cabeza, sabía que se preocupaba por mi, pero ¿no fue muy excesivo? Creí que sólo quería saber si tuvo algo que ver con que Neji se fuera pero ahora quería cuestionarlo aunque era obvia la respuesta y no tuviera otras preguntas que hacerle.
Me tire en el sofá, había ocasiones en que no entendía a Itachi, tal vez sea porque soy menor o quizá sólo porque no lo entiendo, lo amo realmente lo amo pero en ocasiones quisiera saber en que piensa, saber si realmente me extraña tanto como yo a él cuando dejamos de vernos por un tiempo; le daba vueltas al anillo en mi meñique.
Después de que Kisame me dijera aquello, cualquier cosa que cambiaba o cambio a mi alrededor mi cerebro lo relacionaba con Itachi; Kakashi-sensei dejo la escuela, Itachi, Naruto dejo de molestarme, Itachi, me toco el último postre de chocolate en la cafetería, Itachi. Perdía la cabeza y no sabía si era por temer a que él me alejara de mi padre para irme a vivir con él o simplemente porque Itachi no me decía nada de esto.
Teníamos momentos donde nos sincerábamos, donde le mostraba mi parte más vulnerable y él siempre me ayudaba a darme cuenta de lo valiosa que era, pero había jugado por tanto tiempo con tantos que, en momentos, sentía que él jugaba conmigo aunque sabía que no era así. Odiaba esta inseguridad.
Pase la tarde echada en el sofá viendo películas, era mejor mantener a mi mente ocupada y el sueño ya me ganaba. Le extrañaba, yo siempre extrañaba estar apegada a Mi Itachi.
-Deberías dormir en tu cuarto- la voz de mi padre sonó.
Tenía un rato de haber llegado del trabajo, sólo había salido de su oficina para servirse un poco más de café.
-¿Qué tal las cosas con Itachi?- no entendía porque últimamente esa pregunta era tan frecuente.
-Bien- ¿Itachi le habrá dicho algo o mi padre lo intuía? -¿Itachi te ha dicho o comentado algo a futuro?- mi padre me miro por unos instantes.
-¿Hay algo de lo deba hablarme, Hinata?- pregunto entre preocupado y severo.
Negué, mi padre mi miro como sí buscará decifrar mis palabras y expresiones.
-Recuerda que aún eres muy pequeña para muchas cosas- era un pequeño regaño, o así lo sentí, después de todo yo ya hacia cosas "inapropiadas" con mi bello novio de ojos negros.
-Lo se- conteste bajo -me iré a dormir- me levanté del sofá y le bese la mejilla.
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Tenía los pies sobre el sofá, sus brazos me rodeaban sin moverse, sentía su calor en mi espalda y el como se propagaba por todo mi cuerpo, pero no así me sentía tranquila, estábamos solos y quería hablarle, quería decir lo que tenía rondándome por la cabeza, preguntarle porque no me dice lo que hace. Suspire, no me sentía con confianza para sacar el tema sólo así y no sabía como llevarnos a esa atmósfera de sinceridad.
Su móvil sonó, saqué el aire en cuanto se levantó a contestar, ni siquiera sabía que lo estaba reteniendo, odiaba esas llamadas pero en este instante me alegraba que fuera a contestar. Necesitaba un respiro, camine a la cocina, yo sola me estaba volviendo loca, tome un vaso de agua. La puerta del departamento se abrió dejando entrar al par de amigos espeluznantes de Itachi, por un segundo mi imaginación voló viéndolos como gente de Al Capone.
-El borregito esta listo para su luna de miel, con esos lindos gemidos- no importaba cuantas veces la viera la sonrisa morbosa de Hidan me incomodaba.
-Deja en paz a Hinata- dijo Kisame de camino a su habitación.
-Si te aburres de Itachi conozco un buen abogado- él -que te hará el favor- doble favor.
-Pues claro que eres buen abogado- dije recargando los brazos en la barra de la cocina enmarcando mis pechos -hasta yo me declararía culpable de homicidio con tal de que cerraras la boca en la corte- su rostro mostró molestia levantando una ceja.
-¡Jajajajaja! a alguien se le está pegando lo Uchiha.
Él comentario de Kisame me hizo girar la cabeza y ver a Mi Itachi con media sonrisa en el rostro recargado en la pared, ese comentario me habría hecho sonreír como boba hace unas semanas pero ahora mi mente no estaba en posición de creerse nada.
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Itachi saboreaba mi cuello, dejaba mi espalda recargada en su fuerte pecho, sus manos paseaban por mi abdomen buscando subir más, la satisfacción que solía tener mi cuerpo ante su tacto no estaba presente, buscaba dejar de pensar, que mi mente se apagará por un instante pero no lo lograba.
-¿Qué pasa?- me sorprendí -llevas varios días distante nena- sus caricias no cesaban ¿era tan evidente?
Me empujo al sofá, se puso sobre mi, sin tocarme y me miro con esos profundos ojos negros.
-Esperaba que me lo dijeras pero ya no tengo más paciencia, ¿qué sucede?- tenía miedo pero no de él, tenía miedo de alejar lo más de lo que ya lo hacía ahora y no poder volver a atraerlo.
-Nii-san- frunció el ceño -¿por qué? Itachi- mi voz salió y mis lágrimas igual.
Se quedo en silencio por un momento, que no contestará dolía, que no me contara lo que hacía o hizo dolía, yo quería ser parte de él pero no confinaba en mi, dolía.
-¿Qué hizo ahora?- su voz era autoritaria, firme y enojada.
-Hablo de ti- dije en un susurro, me temblaba la voz -tú lo hiciste, lo alejas...- se me acabo la voz.
Itachi se levantó, "no te alejes", mi voz no salía demoro en su habitación antes de salir de nuevo, en cuanto lo vi mi cuerpo reacciono por sí mismo, me levanté y lo abrace, odiaba estar así con cosas dando vueltas en mi cabeza, sentir que lo perdía al saber que no hablaba conmigo de algunas cosas, que no confiara en mi. Un pensamiento grito en mi interior sin podría salir "¡TE AMO!"
