N/A: La verdad yo no sé catalogar. Así que léanlo por ustedes mismos y me dan su opinión, si es que lo que escribí fue algo…Mmm…No sé, ¿picante? Sí, es algo jejeje… Lo siento, y espero que a nadie le escandalice lo siguiente. Es que he visto casos en otras fanfics en los que ha ocurrido tal hecho, aunque según comentarios, muchos esperaban algo de acción 7u7 …De igual forma, díganme y denme sus consejos sobre qué hacer en estos casos, si ya con esto se categoriza M o por el momento esta bien con T, please!. ¡Disculpen la larga nota!

Capítulo 54: Descontrol

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Él lo decía. Ahora él era suyo. ¿Qué significado podría tener eso? Mientras su rostro ardía, solo podía pensarlo a él en toalla. Todo él era de ella. ¿Entonces ella también era de él? ¿Realmente podía despertar tal sentimiento de amor y pasión en ese hombre? Era feliz solo cuando él le acariciaba, pero ahora que le decía todas esas palabras, no podía evitar sentirse escéptica, todo parecía un sueño, tan irreal… Verlo tan feliz por su confesión, tenerlo tan cerca, mirándola con esos ojos llenos de amor, tocándola, y tomando su mano. Todo ya no sería lo mismo, porque se amaban. No sería la angustia por creer que solo era ella quien lo hacía. No era así. Él también la amaba tanto como ella a él. Y lo sabía, porque lo demostraba, con sus ojos, su sonrisa, sus palabras, sus caricias. Todo ello, solo le causaba un tremendo sonrojo.

¿Besarlo? Moría por besarlo, ¿pero cómo podría decirlo tan fácil y a la ligera como él? La irritaba que él lo estuviera haciendo aposta. Decirlo y disfrutar de como se sonrojaba. Ni con actuación podría haberlo controlado. Su piel ardía por bochorno y agitación ante su cercanía.

Cuando las manos de él sostuvieron de sus mejillas, su corazón parecía querer salir de un sopetón de su pecho. Escucharlo decir todo eso no podía hacer que su piel ardiera más, porque estaba en su límite… ¿o tal vez no estaba en lo cierto?

Decidida, sus ojos clavaron la mirada de él en un intento de desafiarlo, pero poca era su certeza, porque parecía tener el efecto contrario…

Sí, no podría desafiarlo. Él ya había ganado tan solo la miró. Dejándola sin aliento y con la ansiedad de ser tomada por sus labios. Él lo seducía con esos ojos suyos, la hipnotizaban y reclamaban a que se entregará. Era él o era ella quien por su cuenta quería dejarse llevar por el fuego que aguardaba en su interior desde hace tiempo.

Se humedeció los labios en un acto reflejo. Ese hombre le sacaba de sus cabales. Aunque estuviese con el corazón a mil por hora, y con la cara más roja que tomate, quería besarlo. ¿Dónde había ido la inocente y pudorosa Kyoko? ¿Había existido en un principio? Se preguntaba si los años le habían vuelto más pervertida. Quería besarlo y mucho más…. Resistencia no habría, solo deleite.

Y así, en un suspiro, esos labios se encontraron con los de ella. Fue suave, dulce, seductor… Sin darse cuenta, ya tenía los ojos cerrados, buscando sentir más su contacto, su respiración, su calor. Sus manos habían caído hacia sus costados, perdida ante esa sensación. Flotaba en el aire. El mundo y el discurrir de los segundos eran inexistentes con él besándola. Él podía lograr esa clase de increíbles emociones que jamás hubiese creído verdad.

Cuando sus labios se separaron lentamente de los de ella, sintió desconcertarse. Aun no quería separarse de ellos, quería mucho más.

Abrió sus ojos, encontrándose con las de él, que la miraron ávidos y enardecidos.

— Preciosa… —Le susurró, haciendo que ella se estremezca al escucharlo — Eres muy preciosa… Si muriera hoy sería tu culpa... Demasiada felicidad puede causarme un paro cardíaco.

— ¿E-eso es un piropo? — Murmuró en lo bajo, avergonzada.

Le oyó reír entre dientes. Él esbozó una pequeña sonrisa, y acarició con su pulgar su mejilla — Tal vez… Creo que sí… —Asintió con la cabeza — Kyoko…

—… ¿Sí?

—… Si sigo besándote…yo… no sé qué haría…tal vez pierda el control…y eso—

Sin pensarlo, sin siquiera advertirse de lo que hacía su cuerpo, ella lo besó, y así lo calló. Fue un beso pequeño, rápido y tímido. Vertiginosamente se distanció, sus ojos se agrandaron al percatarse de lo que había hecho. Su cara podía llegar a ser un impecable rojo. Él también lo miraba sorprendido, y eso solo arrojaba más leña al fuego que era su rostro.

— Eso…Yo…solo…eso…quería… — Sus dedos agarraron y apretaron de la sábana con nerviosismo. ¿Cómo podía hallar las palabras correctas para decirlo? ¿Qué es lo que intentaba decir? Estaba por desmayarse, sin saber dónde mirar. Lo único que había pensado cuando él le decía que tal vez se detendrían con el beso, era que no quería que lo hiciera. Su cuerpo le había traicionado al tomar acción sin su permiso — E-e-eso…la..la…entonces… — Incoherencias fue lo único que pudo emitir.

Su boca fue callada imprevistamente. Jadeó cuando sintió sus labios ser posesionados por las de él, sus ojos lo miraban seductoramente mientras lo hacía, haciendo que su corazón diese un gran salto, que creyó sería su final. Y de repente, como si no tuviera suficiente, sintió como él entreabría su boca y tomaba su labio inferior en un movimiento incitantemente lento y devorador. Sus ojos —los de ella— se cerraron detenidamente. Podía ver las nubes del cielo, parecía volar, y… oh, santos cielos, él seguía moviendo esos labios de una forma tan provocativa y sensual.

Ella comenzó a imitar sus movimientos tímidamente. El calor que creyó antes estaba en límite, aumentó. Una de sus manos agarró fuertemente del costado de su camisa, estirándolo, para no caer atrás. Y cuando el aire le faltó, se distanció, con la respiración entrecortada y con los ojos aun cerrados.

— Kyoko…

Al oírlo, abrió sus ojos con lentitud.

Él la miraba intensamente, con las mejillas teñidas de un sutil sonrojo. Lo único que ella podía hacer, era quedarse muda, mirándolo, totalmente perdida.

— Es así como perderé el control…

Cuando él volvió a acercarse, ella cerró instintivamente sus ojos. Cautiva de unos dulces pero ardientes besos.

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No era quien para inmiscuirse en su decisión. Pero no podía guardar su disgusto tan solo mirarlo. Sabía bien que ellos volvieron, o mejor dicho se volvieron amigos desde ya hace unos meses. Ella le había comentado, como si de su deber fuera. Siempre un senpai. Se dijo internamente, seguida de una pequeña y sarcástica risa.

No es que no haya puesto oposición en lo que su "kohai" declaraba. Hubo pretextos que supo exponerlos bajo palabras de cautelosa expresión. Buscó con sutileza —pero con desespero oculto— hacerla cambiar de idea. No lo logró, en cambio ese día, hace unos meses, ella se distanció y no le volvió a hablar por más de una semana. Ella no lo hizo tan evidente, obviamente, él solo advirtió del caso pasado dos días. ¿Cuál sería su motivo? Tal vez no supo ocultar su disgusto, o tal vez fue algo más. Sus recuerdos solo eran un panorama de desaliento contra sigo mismo.

Cuando salieron del ascensor, fue que lo vio. El cantante logró captarlo después de unos segundos. Pensó que lo mirará con esa sonrisa engreída que lo caracterizaba, pero no lo hizo. Su mirada fue sobria, el ceño se había fruncido levemente, con la clara molestia de habérselo encontrado.

No es como si él fuese lo contrario, no se preocupó en forzarse a disfrazar su expresión. Adusto, fríamente lo miró, a pesar de las no tan disimuladas advertencias de su manager.

— ¡Ren! ¡Mira! ¡Allá viene Kyoko con su novio!

Y con esas palabras, los dos giraron velozmente hacia donde el susodicho miraba. Buscaron con la vista por todas partes, pero ella no estaba ahí, ni tampoco él.

Una carcajada resonó escandalosamente, haciendo que voltearan de nuevo al manager. Ambos le miraron con exasperación, avergonzados de sus propias reacciones.

El actor se adelantó, sin ya concernir la presencia del cantante. Su manager lo siguió a risotadas, haciendo que quienes se encontrasen a su alrededor mirasen aturdidos.

— Siquiera disimulaste — Decía aun entre risas —. Los dos fueron tan graciosos.

En este punto, Ren, no pudo controlar un imperceptible rubor en sus mejillas.

— ¿Y qué harás? — Le dijo Ichiro, volviéndose serio en solo instante.

— ¿De qué hablas? —Inquirió dando un suspiro de alivio, al no tener que escuchar más sus carcajadas.

— De la cita con Kyoko-san. Se supone que hoy deberían verse para que tú le ruegues por perdón, pero como ya lo has hecho… — El actor sonrió caballerosamente, y calló — Podrías aprovechar tu cita, y tratar de robárselo a Yashiro.

— La cita ya ha sido acordada, no hay motivo para cancelarlo — Respondió indiferente.

La sonrisa de Ichiro se amplió. — Entonces lo llamaré para recordárselo.

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Sus pequeñas manos se aferraron a su camisa en un movimiento frenético, ambas en cada costado de su cintura se empuñaron con fuerza, desfalleciendo así, con cada caricia de su ávida lengua. Sentía que se derretía lentamente, era lava ardiente entre sus manos, buscando con desesperación saciar una sed, que se volvía imparable e irresistible.

Cuando sintió su fuerte mano agarrar la suya, se detuvo en sus labios, conteniendo y rozando con lentitud su boca contra la de él. Con vehemencia, él la atrajo de nuevo en un arrebato lleno de apetencia y necesidad. Sus bocas se unieron, intensos, apasionados. Embriagados por un creciente placer que les encendían por dentro y fuera.

Él arrastró la mano de ella sobre su pecho, justo en su tumultuoso y ferviente corazón. Un suspiro se escapó de la fémina, su mano apretó más de su pecho, gustosa de sentirlo acelerado y abrasador. Con sus dedos podía sentir la calidez de su piel que traspasaba esa tela, lo cual le pareció complaciente y arrebatadora.

Sus varoniles manos vagaron sobre su cintura, atrayéndola más hacia su cuerpo para tenderla con él sobre la cama. Sus bocas se detuvieron por un instante, pero luego continuaron y se separaron después jadeantes.

Ella alzó su rostro, y con la respiración entrecortada lo miró a los ojos fijamente. Se preguntaba cómo había acabado sobre él sin advertirse de sus movimientos. Tardamente, se percató de que estaba casi pegada a su cuerpo. Sus piernas se acomodaron con rapidez y mucho bochorno. Callaron. Ambos mirándose a los ojos profundamente, y él deleitándose con la vista de su amada en esa posición, de sus muy sonrojadas mejillas y de su pecho que se movía rítmicamente con cada respiración.

Su mano alcanzó su mejilla y se deslizó a su nuca, trayéndola con ligereza de nuevo a su boca. Suave, lento, y voraz, hasta convertirse en algo desenfrenado. La apretó entre sus brazos, y la rodó para que quedará bajo él. La besó con intensidad, mientras ella extendía sus brazos sobre su espalda, y con una mano acariciaba su cuello, hasta llegar y enredar su cabello entre sus dedos, vacilante, pero luego con una firmeza que a él le prendió. Se demoró un poco más en su boca, y luego bajo sobre su barbilla y llegó a su cuello, en dónde inhaló su aroma y besó primero con delicadeza, para catar su tersa y exquisita piel por vez primera. Cuando su lengua probó ese manjar, ella se aferró más a su espalda, arqueándose y llevando su cabeza hacia atrás, como si su solo contacto quemará. Él recorrió con su boca cada milímetro de su cuello, hasta que la oyó jadear en cierto punto. Sus labios se detuvieron ahí, en ese punto sensible, el cual disfrutó un largo momento sacando de ella pequeños y reprimidos suspiros. Bajo en su clavícula, y con una mano apartó la tela que cubría su hombro. Su boca fue desplazándose lentamente, hasta que algo le interrumpió.

El tono de llamada se oyó a más de un metro.

Él se detuvo, respirando dificultosamente sobre su hombro desnudo.

— Yu…Mm…Yuki… — La oyó jadear su nombre. Sabía que lo mencionó para advertirle sobre el celular, pero el sonido de su voz le dio ciertos problemas abajo, aunque también lo ayudó a despertar una pequeña parte de su raciocinio.

Se incorporó sobre ella, y lo que vio solo lo encendió más. Era una imagen demasiado sensual, que tuvo que tragar grueso y resistirse a no lanzarse para devorarla entera. Muy a pesar, la beso por última vez, y se levantó con mucha dificultad para bajar y salir de la tortuosa cama.

Con gran esfuerzo se aproximó a la mesita de luz. El celular había dejado de sonar, pero igualmente fue a su encuentro. Respiró profundamente tratando de sosegarse, agarró el celular, y de repente, sobresaltado dejó caerlo al darse cuenta que no traía guantes. La carcasa y la batería se desarmaron en su descuido. Bajo de inmediato, pero luego se paralizó, y se levantó de nuevo, dando otro suspiro.

Quitó del cajón sus guantes y cuando sus ojos se encontraron con el reloj, otro gran shock lo sacudió.

— ¡Oh…oh….No! ¡Tenemos que salir en cinco minutos!

El alarmante anuncio, despertó a medias a Kyoko, quién también se alteró y trató de levantarse de su posición. Se impulsó con sus brazos, quedando sentada sobre la cama. Más no pudo bajar y pararse, las fuerzas la habían abandonado con lo ocurrido anteriormente.

Yukihito volteó para mirarla, y se dio cuenta de su situación. Sus mejillas se enrojecieron, y Kyoko percatándose de su mirada se volvió completamente roja de pies a cabeza.

— ¡Ah…no…no mires… — Dijo con una débil voz, que la avergonzó más.

Él lo intentó, pero sus ojos recorrieron ese camino, en donde el tirante de su vestido y de su sostén caía sobre su delgado brazo y dejaba expuesto gran parte de su suave y exquisita piel. Inconscientemente entreabrió su boca, lo cerró de nuevo y se relamió los labios.

Kyoko miró lo que veía, y escandalizada, se puso los tirantes de nuevo en su lugar. Comenzó a chillar totalmente abochornada y se tiró a un costado, cubriéndose con ambas manos su rostro, mientras se agachaba y encogía su cuerpo sobre la cama.

— ¡Lo…Lo siento!...Kyo… ¡Kyoko! — Se reprendió mentalmente, pero también trató con afán quitarse esa imagen de su mente que solo hacía que el "problema" quiera presentarse. — Soy un idiota…— Continuó — Lo siento, lo siento… Por favor... Perdón… Solo golpéame…

Se acercó, y se sentó frente a ella, mirando su rostro enterrado entre sus brazos. — Lo siento — Repitió.

—…Idiota — Fue un murmullo casi inentendible, pero él supo interpretarla.

— Lo…lo sé…Lo siento…yo solo… — Agachó su cabeza, arrepentido y apesadumbrado — Lo siento…

— Idiota… ¿por…por qué te disculpas? —Farfulló.

Él alzó su rostro, ella todavía se cubría.

— Por lo que…te hice… no supe controlarme… y tú…

— No…no lo hagas — Murmuró.

— ¿Eh?

— No...no...no lo hagas… So-solo estoy muy a-avergonzada…

— Kyo…

— Yo…ta-ta-ta-ta-tampoco te..te…te detuve…y ta-también…

Él se sonrojó y sacudió su cabeza — ¿Y por la mirada? —Se le escapó sin pensarlo.

— ¿Mi-mirada?

— Eso…no fue mi intención…pero estabas muy…sexy…

La respuesta fue un silencio, y una mano que lo empujo débilmente el pecho.

—… ¿Pie-piensas que estaba…se-sexy?

Él carraspeó, y rascó su nuca avergonzado —…Demasiado…sexy —Concluyó.

— Te-te-tenemos que prepararnos… — Dijo ella, y alzó su rojo rostro sin mirarlo, bajó sus pies al piso y se levantó, aunque inmediatamente perdió el equilibrio, y él con sus manos la atajó para que no cayera.

— Tal vez debas esperar más — Le dijo, mientras la giraba hacia él y envolvía su cintura con sus brazos.

Kyoko jadeó de sorpresa al sentirlo, más miró como él pegaba su rostro en su vientre… Como si fuera un niño pequeño, pensó.

— Se nos va a hacer…tarde… — Musitó colorada al despertar de su ensimismamiento.

— En tres…— Dijo alejando su rostro para mirarla — No, en dos minutos podemos estar listos…No vamos a llegar tarde, solo salimos a esta hora para asegurarnos.

— Uhmm… — Sus ojos se agrandaron al verlo demasiado despeinado. Apresurada, trató de peinarlo con sus entorpecidas manos.

— ¿Qué ocurre? — Dijo él, sonriendo.

— Na-nada… Solo…deberíamos prepararnos… — Murmuró aún enrojecida.

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N/A: Espero que les haya gustado, es la primera vez que escribo algo así, y me dio penita jejeje Este capítulo va más para ustedes, quienes me pidieron más acción XD Y sí, yo también quería escribirlo desde hace un buen rato.

Pamela Nolasco: Muchas gracias , super feliz que te haya gustado (*´▽`*) Y al fin la confesión (ni yo puedo creer que lo haya escrito XD, pensé que tardaría más). Pero ahora sí hubo algo de acción, en serio me has impulsado a escribir esto, espero que te guste.

Zakura Kinomoto: Mucho gusto Leyla, y muchas gracias por comentar (≧◡≦). Mi nombre sigue en el anonimato, lo que si te digo, es que soy mujer y tengo veinte. Me alegra que te gusto, y en absoluto, no es poco, me ha hecho muy feliz.

Ns: Muchas gracias, me alegra que te haya gustado (o˘◡˘o)

Luka Gottchalk: Jajaja Algún día ya vendrán los niños (─‿‿─) . El temor es algo que impide avanzar, pienso que si Kyoko supera el temor al amor, será grande, aprenderá mucho, siempre que el hombre le haga sentir segura, hermosa y única. Eso es importante en una relación, la ayudará a ser más sincera con sus sentimientos y a valorarse más. Siempre gracias por comentar.

Carla: No termina jejeje, aún falta más capítulos. Espero que te haya gustado los besos (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄) (Se sonroja) Gracias por el comentario.

NatmL: El amor te vuelve tonto jajaja Se atrevieron a dar un gran paso, y con eso pudieron sacarse un gran peso de encima. Las cosas terminaron…demasiado bien para ellos XD. Muchas gracias, me alegra que te guste (*´▽`*)