¡Lloraré! ¡Es el último capítulo! ¡El último! ¡No puedo creer que sea el último! ¡Uwaaaaaaaaaaaaaaah! Bien… seré fuerte… aún me queda Academia Sanctuary… pero nunca será lo mismo, ¡Uwaaaaaaaaaaaaah! Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecerles a todos ustedes mis queridos lectores, por seguir esta historia por dos años, y por aceptar el Milori, reír, llorar, y sentir un mar de emociones con esta historia de la cual estoy muy orgulloso. Aquí acaba una era, la era de Guerras Doradas, ahora a contestar reviews… puede que sea la última vez que lo haga… sniff… quiero llorar T_T.

TsukihimePrincess: ¡Princesa Tsuki! ¡Te extrañaré mucho! T_T. Este es el último capítulo, perdona si estoy emotivo hoy… sniff… Shiryu es uno de mis personajes favoritos, claro que le iba a dar un buen papel, aunque estoy seguro de que se desempeñaría igual o mejor en la realidad. No tuve el valor de matar al trio de novatos, además, necesitaba conectar bien toda la profecía de Delfos así que, su intervención fue muy valiosa. Cronos es mi enigmático manipulador de eventos, espero haberle dado un buen papel, lo de Cheshire lo siento mucho, yo tampoco pensé matarlo, eso simplemente pasó por mi dramatismo. No te preocupes por las expresiones, no hay nada que puedes decir que me moleste, jajaja. ¿Quieres que mate a Mu? Tengo planes muy especiales para él, espero sea de tu agrado. Por cierto, en la parte de la profecía de Aioria, él no entregaba su armadura, aunque por conectar la profecía que me inventé de la nada puede que se me hayan pasado algunos detalles por alto, jajaja. Muchas gracias por todos tus reviews T_T.

Liluz de Geminis: ¡Liluuuuuuuuuuuuz! También estoy muy agradecido contigo, aunque llegaste tarde en la historia, fuiste recurrente y llegaste hasta el final, muchas gracias por ello. T_T no me odies, yo soy bueno sniff. Lamento lo de Isaac, y Cheshire, necesitaba ponerle emoción a la historia a mi estilo muy particular, y la participación de ellos ya escaseaba, por lo que decidí hacerlo. A mí también me encantó la frase de despedida de Cheshire T_T ya lo extraño. Shaula sigue viva, no te preocupes, y Kanon, la edad lo alcanzó, como a todos, aunque creo que te lo imaginaste algo exagerado, jajajajaja. Aunque sí pensé en ponerle barba, jajaja. Espero que te emociones con este capítulo también, está algo largo, pero según yo, no he dejado cabos sueltos, espero lo disfrutes. T_T, te voy a extrañaaaaaaar T_T.

dafguerrero: Mi querida panameña Dafne, si mal no recuerdo casi desde el principio vienes dejándome reviews con nombres diversos. Espero que el capítulo final no te afecte en tus exámenes, esfuérzate mucho por favor. Orfeo no ha muerto aún, perdona por defraudarte, pero el molesto seguirá molestando un poco más. Daf, esos tiempos son nuestros tiempos, solo que con otro calendario, jajaja, el divorcio sí existe. No planeaba hacer a Artemisa mala, pero al final, simplemente ocurrió por la desesperación de los dioses, espero se entienda bien en este capítulo. No hay forma de que Academia Sanctuary pueda ser secuela, Daf, jajajajaja. Ouch… creo que te enojarás conmigo… jajaja, solo lee y no me mates por favor. Mi cerebro no a regresad, consiguió un mejor trabajo y me abandonó T_T, es un maldito. ¿Cómo se te puede olvidar el nombre de Heracles? Jajajajaja. Sí, soy malo, estoy seguro que llorarás como nunca en este capítulo también T_T. Por cierto, puedes usar el nombre de Shaula, no hay problema. Saori como diosa puede verse de la edad que quiera, jajaja. Muchas gracias por todos tus reviews Daf, sé que nos seguiremos viendo en otras historias, pero esta simplemente debe de ser la mejor que jamás he escrito, muchas gracias por seguirla y aceptar el Milori.

DaanaF: T_T llegaste, estaba preocupado porque no estuvieras presente en la última mención. Me alegra que estés tan conmovida por la participación de Milo, en este capítulo culminará su personaje a niveles que no te esperabas. Cronos no es malo, es un dios que siempre ha tenido que jugar al chico malo, pronto lo entenderás. La razón por la que no pueden ser felices es la misma por la que me has seguido todo este tiempo diría yo, porque no todo es color de rosa, pero veré qué puedo hacer al respecto. Por cierto… no tienes perdón de Athena por ver Omega… yo lo sigo odiando… es broma, pero… no… Omega jamás estará a la altura de la original o Lost Canvas, en fin, muchas gracias por todos tus reviews, gracias, espero verte en otras historias.

Y a todos los demás que no alcanzaron a dejar su review, o de plano se perdieron en las actualizaciones, Mil GRACIAS A: Crystal Blue Butterfly, Roygvid, Diego, Isagamboa7, Igneoplus, Miriam, Minako, Auristela Morgan, shaoran-sagitario, Zimba Mustaine, Y0-hanna, Ghiinii, saori kido, Sayuri Moon, Scorpio-26, andromedaaiorossayita, Lizi, InatZiggy-Stardust, Neroxius, saoriwook, princessvirgo, akcres, KIMIKO IVANOV, Sanathos Ananke, Metis-Domo. Leidy otaku, ScorpionMar, fatyvilla, Dama de los hielos, RedHood941, cuatecatl88, ozzy, NEKO NO GIN, Diana de Acuario, Kaguya Tsukihime, ato, Cedricata de Lyrou, Sherry-Yuuki, Lyrou, Lunarie Midnight, Princesa Nike, MelandradeGeminis, y a todos los lectores que no se animaron a dejar review, jajaja.

¿Qué sigue ahora? Pues me concentraré en: "Academia Sanctuary", "Guerras Atlantes", y "Guerras Vikingas", ninguna saga será tan extensa como está pero bueno, espero verlos allí.

Por último, quisiera hacer una mención especial, hay una lectora de nombre de fanfiction: Crystal Blue Butterfly, que desde hace una semana comenzó a leer la historia y ha estado dejando review en todos los capítulos. Espero que esto sea una grata sorpresa para ti, muchas gracias por darle una oportunidad, y pese a que hoy: 01 de Abril del 2014, esta historia llega a su fin, cuando por fin llegues al último capítulo quiero que sepas que agradezco mucho tus reviews, y te felicito por el largo trayecto, gracias.

¡Los extrañaré a todos mis lectores y lectoras!

EDITADO: 30/05/2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya).


Prólogo:


Inicia Tema: Arrow of the Sun.

Atenas, Grecia. Templo del Sol. 21 de Marzo de 25 N.G.

3 constelaciones jóvenes brillaban en un mundo cubierto en la oscuridad y en el hielo, 3 héroes veteranos eran bañados por sus cosmos, y arropados por la fuerza ancestral de 3 grandes héroes que habían luchado y sacrificado sus vidas en el nombre de Athena hace ya 5 años.

3 armaduras de poderes superiores a las de los Caballeros Dorados descendían, y rugían con fuerza, desafiando a la nueva diosa tirana del Sol que repudiaba a estás armaduras, y les temía. Los caballeros que habrían de vestirlas ya habían desafiado a los dioses en varias ocasiones, y habían salido triunfantes en su larga carrera de batallas interminables y sufrimiento.

Ahora, como lo habían estado haciendo durante años, los 3 Caballeros de los milagros, los héroes legendarios de 5 Guerras Santas, elevaban sus cosmos, tan alto como el de los héroes que les habían obsequiado sus armaduras, y volvían a traer esperanza a un mundo moribundo y congelado por la tiranía de los astros en el cielo. Dispuestos a llevar sus vidas al límite, por el deseo desinteresado de devolverle la paz y la esperanza a la tierra, incluso si eso significaba darle muerte a la diosa que amaban tanto con sus propias manos, este era el nivel de su verdadera devoción a Athena, devoción de 3 quienes habían superado tantos imposibles y que hoy pretendían abofetear a los dioses una vez más.

—Se ha sellado tu destino, Apolo —mencionó Milo, acercándose al cuerpo de su esposa, profanado por la maligna esencia del Collar de Harmonía que la había transformado en una diosa tirana a la fuerza. En el momento en que Milo se encontraba frente a ella, imponente, vistiendo su Armadura de Aquean Tigris, y con el cosmos de la constelación de Escorpio nuevamente respaldándolo, Saori realmente comenzó a temer por su vida—. Ya he pasado por esta desgracia una vez —y Milo colocó su aguja sobre el pecho de Saori, apuntando a su corazón, no creas que no lo haré de nuevo —desafió Milo, y Saori creó un Muro de Cristal entre ellos, mismo que fue derribado de un movimiento de la mano de Mu.

—El Muro de Cristal no te servirá de nada —agregó Mu tranquilamente, arropado por la Armadura de Argonian Pantheira—. Nuestras constelaciones, que se habían extinguido cuando renunciamos a ellas por aceptar el derecho a convertirnos en Héroes, de Vermellon, de Oricalco, y de Mythrilo, nuevamente vuelven a brillar de nuestro lado. Las técnicas que nosotros mismos hemos usado no funcionarán en nuestra contra —y Saori retrocedió, incluso escondiéndose detrás de Artemisa, demostrando su verdadera naturaleza cobarde.

—Mírate, Apolo. Indefenso, y escondiéndote detrás de la diosa de la luna como el verdadero cobarde que eres —apuntó Aioria, que portaba con orgullo la Armadura de Heraclian Leonis—. Desde la era del mito no has hecho más que ser un malcriado, haciendo tu voluntad a la fuerza, manipulando la mente de los mortales. Zeus tomó la mejor decisión al desterrarte del Olimpo. ¡No tenías madera de dios Olímpico! —apuntó Aioria a Saori, que enfureció, y encaró al trio con desprecio.

—¡De nada te sirven las miradas de desprecio, Apolo! —aseguró Milo, elevando su cosmos, junto al de Aioria y al de Mu, los hermanos de cosmos comenzaban a fusionar sus cosmos, creando una fuerza superior a la Exclamación de Athena o a la Apollon Arukeim, un poder al que Apolo podía temer, un poder con el que los 3 fueron capaces de desafiar a Zeus, y abrir la puerta a la victoria de Athena. Apolo no era siquiera la mitad de fuerte que era Zeus, su mejor arma era su intelecto, y este le había brindado un Dunamis, pero de nada le servía si no podía levantar su puño contra ninguno de esos 3 por el profundo amor que sentía Saori por el trio que había sacrificado tanto por ella. El unirse a Athena con el apoyo de Collar de Harmonía, había traído consigo una tremenda desventaja que el dios del Sol jamás habría pensado en encontrar, que el corazón de Saori era tan puro y noble como para dejarse consumir en su totalidad.

—Terminaremos contigo, libraremos a Saori de su tiranía divina, y el Ciclo Infinito de los dioses habrá terminado para siempre —desafió Milo—. El corazón de Saori volverá a ser gentil y lleno de luz. Para nosotros es un consuelo el saber que es por tu mano el que se ha vuelto una tirana, nos facilitaste las cosas, Apolo —sentenció Milo.

—Dentro de ti aún existe la Saori que conocemos —comenzó Aioria—. Sabemos que nos observa, y que llora por el conocimiento de saber nuestra resolución final —lloró Aioria, sorprendiendo a Saori—. No es la primera vez que nos levantamos en su contra. Nunca será sencillo pero no nos dejaremos doblegar —insistió Aioria.

—Es la ruta que elegimos seguir desde el día en que fusionamos nuestros cosmos en la Exclamación de Athena en contra de Hyperión —continuó Mu, con los ojos ahogados en lágrimas—. En ese entonces, sabía que las Pleyades eras quienes habían trazado el tapis de nuestro destino, uniéndonos como hermanos de cosmos —terminó Mu.

—¿Lo entiendes ahora, Apolo? —comenzó Milo—. La fuerza de saber que por el bien de Athena somos capaces de convertirnos en grandes pecadores. Esta es la lealtad incondicional de la que somos capaces por el amor de Athena —y Milo lloró también—. Ahora terminemos con esto, los 3 nos volveremos a reunir en Elysium, arrodillados y suplicando el perdón de nuestra diosa Athena. Lo que comenzó como una afrenta al dios del Ébano la primera vez que usamos la Exclamación de Athena termina aquí en contra del dios del Sol —apuntó nuevamente Milo su aguja. Pero el Dunamis de Saori se incineró de un rojo intenso.

—¿Piensan que estoy derrotado, Héroes de Athena? —preguntó Saori, y su Dunamis creció, empujando al trio—. ¿No entienden nada? Me habrán sorprendido momentáneamente por la fragilidad del corazón de Athena que me inspiró miedo, pero no cambia el hecho de que este no es mi cuerpo, y que si es destruido no afecta mi verdadero poderío —y Saori alzó sus manos, y estas se llenaron del fuego del sol—. El Dunamis de Athena es simplemente una herramienta que alimenta las llamas del fuego del Sol. Podría decirse que he creado mi escudo como los de Poseidón, Hades, y Zeus. Para llegar a Apolo deberán primero destruir el cuerpo de su amada Athena. No han vencido, simplemente se han dado cuenta de que deben convertirse en los asesinos de Athena por llegar a mí. Para entonces, el Dunamis de Athena ya habrá cumplido su cometido —sonrió Saori con malicia.

Termina Tema: Arrow of the Sun.

—Basta, Apolo —interrumpió Artemisa—. Es obvio que no me has pedido bajar del cielo solo para destruir a los humanos con la falta de luz y la desaparición de las mareas. A estas alturas de la guerra a los dioses Olímpicos solo nos queda entre elegir apoyarte, o traicionarte por el bien de la humanidad. ¿O me equivoco? —preguntó Artemisa, y Saori se molestó.

—¿Me traicionarías, Artemisa? —preguntó Saori, con sus llamas intensificándose e iluminando la nueva corona de fuego que había adquirido con la caída del sol sobre la tierra—. Soy el único que se interpone entre la victoria de la humanidad, y el triunfo de los dioses —sentenció Saori.

—Lo sabemos, hermano —terminó Artemisa, y 2 portales se abrieron a su alrededor, uno a la derecha, el otro a la izquierda—. Quedan 5 dioses Olímpicos. Hefestos ha traicionado a los suyos, se ha refugiado en Elysium. Athena es la enemiga a vencer, su cuerpo consumido por ti, hermano. Pero aún quedan 3 diosas. ¡Artemisa la diosa de la Cacería y la Luna! ¡Es una de ellas! —preparó Artemisa su bastón lunar, apuntándolo a Milo.

—¡Deméter! —comenzó la diosa saliendo del portal a la izquierda de Artemisa—. La diosa de la Fertilidad y la Cosecha, manipuladora de las estaciones —apuntó Deméter a Aioria, manteniéndolo a raya—. Es momento de que recupere mi dominio en las estaciones —prosiguió.

—¡Hestia! —salió la última diosa de portal a la derecha de Artemisa, vistiendo su Armadura Divina y apuntando con una lira en dirección a Mu—. Mis dominios son el Hogar, la Vivienda, el Sentimiento de Pertenencia —y Saori se impresionó por su cooperación—. He tomado mi decisión, Artemisa… indudablemente debo participar en esta guerra. A cambio, Apolo. Te pido únicamente que escuches a mi petición. Los seres que reemplacen a los humanos… deberán ser seres de bondad… sacrificaré mi cosmos por este cometido, por evitar más guerras —insistió Hestia, y el trio frente a ella se mostró incrédulo.

—¿Una imperfección en mis nuevas creaciones perfectas? —preguntó Saori, y Hestia lo miró de reojo—. Soy tu nuevo gobernante, Hestia. Aprenderás tu lugar a su tiempo. Pero por lo pronto, acepto tu petición —y Hestia asintió.

—¿3 diosas Olímpicas reunidas en el mismo lugar? —se preocupó Milo—. Sus cosmos… no son tan grandes como los de Zeus, Poseidón o Hades pero indudablemente están a un nivel muy por encima de los caballeros comunes —concluyó Milo mientras miraba a Artemisa.

—Recuerdan a los Titanes de la Nueva Titanomaquia —confesó Aioria—. Pero no poseen un Dunamis, al menos tenemos ese consuelo —prosiguió Aioria, encarando a Deméter, dispuesto a hacerle frente por el bien de Athena.

—Es diferente a los Titanes —concluyó Mu—. Este cosmos… el cosmos de Hestia no es maligno… brilla con una intensidad similar al del cosmos de nuestra diosa… —y Mu retrocedió. Enfrentar a estas 3 diosas… sería como levantar el puño en contra de Athena. Ya una vez una diosa con esta fuerza nos derrotó a todos. ¿O han olvidado a Metis? —y tanto Milo como Aioria se sorprendieron—. Una diosa sin maldad, que lucha por un bien que ella cree divino. Aún si no tienen el cosmos de la Trinidad Divina Griega… poseen la misma fuerza de Athena —terminó.

—¡No llegarán a averiguarlo! —resonó una voz, y Milo se encontró rodeado de acordes de una lira, que comenzaron a apretarle el cuerpo con fuerza, y a electrificarlo—. ¡Acorde Final! —gritó Orfeo, electrificando el cuerpo de Milo en una explosión de energía que lo derribó a pesar de ser un Héroe de Oricalco.

—Nuestra batalla está lejos de terminar, Aioria —mencionó Lino, llegando ante Aioria, pateando su rostro, y reuniendo un cosmos rojo y furioso, pero que resonaba con un cántico hermoso, como la voz de una diosa en un recital—. ¡La Elegía del Sol! —alzó su mano Lino, y Aioria fue abatido por fuerzas de cosmos que no podía ver, pero que escuchaba y le destrozaban los sentidos.

—¡Destrozaré tu alma por insultar mi belleza! —gritó Yalemo, que con el impulso que llevaba, impactó el estómago de Mu con suficiente fuerza para hacerlo escupir sangre. Yalemo entonces posó frente a Mu, colocó sus pies descalzos uno sobre el otro, tomó una flauta, la sopló, y de estas salieron notas en formas de cráneos envueltos en llamaradas oscuras—. ¡Cántico Fúnebre! —resonó el sonido de su flauta, y Mu fue atravesado por los cráneos en llamas.

El trio de caballeros había sido abatido por la sorpresa, y los 3 cayeron al suelo, convulsionándose de dolor, e intentando ponerse de pie. Saori simplemente sonrió, y se rio a carcajadas, mientras sus 3 hijos se posaban frente a ella.

—Su fuerza no ha regresado por completo, mi señor Apolo —se presentó Orfeo ante Saori—. Le quitaremos a estos estrobos de encima. Usted prepare la creación del Cuarto Sol. El sol que brillará sobre la nueva era —y los 3 Egleteos hicieron una reverencia.

—¿Ya ven lo insignificante que son? —preguntó Saori, pisando el rostro de Milo con su pie desnudo—. Pronto el Cuarto Sol resplandecerá en el cielo, y la Era de Bronce de la humanidad habrá terminado con la llegada del nuevo astro primordial —sonrió Saori, y Milo se puso de pie, y Saori perdió el equilibrio y cayó al suelo.

—¡Antares! —gritó Milo, pero un escudo lunar se posó frente a Saori, protegiéndola del ataque de Milo—. ¡Te mataré! —pero Orfeo se abalanzó en contra de Milo, mientras Artemisa ayudaba a Saori a ponerse de pie, y a entrar dentro del Templo del Sol—. ¡Apolo! ¡No escaparás por siempre! —y Milo encaró a Orfeo—. Ya me cansé de ti, Orfeo. Antes de matar a Apolo te mataré a ti. ¡Aguja Escarlata! —y la batalla se intensificó.


Saint Seiya: Guerras Doradas.

Saga de Apolo: La Ultima Guerra Santa.

Opening Theme Song: Arrow of Sun.


Atenas, Grecia. El Anillo Medio.

—Aquí hay una —el mundo ahora estaba rodeado de una inmensa oscuridad. Y sin embargo, gracias a al Palacio del Sol que Saori había alzado de la nada, y a que en este brillaba una flama morada e intensa, en los alrededores de Atenas aún se podía disfrutar de luz a pesar de que el resto del mundo estaba en penumbra eterna. La nieve caía sobre toda la Tierra, sin el sol que brindara calor todo había comenzado a congelarse. La humanidad comenzaba a extinguirse, pero la vida se sostenía por el momento—. Sigue con vida —habló una mujer, vistiendo una armadura blanca y con orejeras de conejo, cargaba arco y flecha, e iba acompañada de otras guerreras vistiendo igual que ella, eran Satelites, las guerreras de Artemisa—. La orden de Artemisa fue clara, sin prisioneros —y la Satelite tensó su arco, y se preparó para disparar a la cabeza de la inconsciente Caballero de Bronce que intentaba inútilmente ponerse de pie.

—¡Galope del Unicornio! —resonó una voz, y la Satelite fue pateada en su rostro y en dirección al cielo por un Caballero de Bronce, Yoma de Unicornio—. Lo lamento mucho, pero la señorita se queda conmigo —se burló el de Bronce, mientras el grupo de al menos 7 Satelites intentaron clavar sus flechas en él, que las pateó todas con facilidad—. ¡No hay nada que temer, Shaula, Yoma está aquí! ¡Cabezazo de Unicornio! —se lanzó Yoma contra el grupo, y las lanzó a todas al aire sin problema alguno—. No son tan fuertes como pensé, apenas y llegan al nivel de Plata —aseguró Yoma.

—¡Maldito Caballero de Bronce! ¡Ejecútenlo! —gritó la Satelite—. ¡Destellos de la Luna! —y Yoma evadió sin complicaciones los lanzamientos de miles de flechas, saltó, y pateó a una Satelite en su pecho, desmoronando su protección y dándole muerte, inmediatamente después se dio la media vuelta, con su mano iluminada de verde y cerrando su puño, usando la técnica que Milo pasara a todos sus discípulos—. ¡Su cosmos! ¡Es como el cosmos de un Caballero Dorado! —se sobresaltó la generala de las Satelites.

—¡Y brillará con mayor intensidad! ¡Destello Esmeralda! —gritó Yoma, y las 6 Satelites restantes murieron bajo la lluvia de lanzas—. No me agrada la idea de combatir a mujeres… pero… hay una mujer que es muy superior a mí después de todo. Aprendí de mala gana a respetarlas —y Yoma le tendió la mano a Shaula, que se molestó un poco, pero tomó la mano de Yoma, y permitió que le ayudara a levantarse—. Te tengo, recárgate en mí —comenzó Yoma.

—¿Dónde habías estado… tonto Yoma? —se quejó Shaula, y lloró por el dolor de sus costillas rotas—. Todos combatimos a los Ángeles de Apolo y a mi padre. Tú simplemente desapareciste. ¿En qué estabas pensando? —preguntó Shaula.

—Además de ayudar en la evacuación, el maestro Jabu me pidió mantenerme oculto hasta descubrir lo que estaba ocurriendo —comenzó Yoma, ayudando a Shaula a caminar lejos de la luz del Templo del Sol.

—Vamos en la dirección equivocada… —se quejó de dolor Shaula—. Apolo y mi padre están en la otra dirección… ¿no ves el templo que salió de la nada para reemplazar a las 12 Casas? Está oscuro pero no está tan oscuro, Yoma idiota —se quejó Shaula—. Además… tengo que encontrar a Kiki… —se preocupó Shaula.

—Vuelve a mencionarlo cuando te tengo tan cerca y te dejaré caminar sola… todavía me molesta que lo eligieras a él, Shaula tonta, tonta, toooooooooonta —se molestó Yoma, y Shaula le mordió una oreja—. ¡Ouch! ¡Ya entendí! ¡Ya entendí! ¡Perdí contra el tonto de Kiki! ¡No lo volveré a mencionar! —se quejó Yoma—. Eres una pesada, Leona tonta —se burló Yoma.

—Yoma… deja de estar jugando… —se quejó Shaula—. ¿A dónde Espectros me estás llevando? ¡Athena está en peligro! ¡Los dioses del Sol y la Brutalidad en la Guerra están presentes en el Santuario! —continuó Shaula.

—No solo Apolo y Milo son el problema —comenzó Yoma—. He observado desde que la guerra comenzó. Fue la instrucción que me dio el maestro Jabu. Artemisa bajó del cielo. Deméter y Hestia se le han unido. Y las armaduras de los 3 Héroes regresaron para vestir a tu padre y a los otros 2. Además de eso, las Satelites, las amazonas lunares de Artemisa, bajaron de la Luna a ejecutar a los sobrevivientes, y eso es solo el comienzo. Sin el Sol o la Luna, todo el mundo está en extrema oscuridad, la temperatura ha bajado exponencialmente, se congela todo el planeta, y sin la luna las mareas ya no existen, el agua se ha alejado de las costas, todo es caos y destrucción. Arles incluso, fue abatida por meteoros —y Shaula recordó esa parte de la profecía—. Pero me he puesto en contacto con los Bronces de Lemuria, al parecer, Ohko mandó un comunicado con su cosmos a Phoibe cuando supo de la llegada del dios de la Brutalidad en la Guerra a Atenas. Por precaución pidió evacuar Arles, solo Phoibe, Ceo, y los soldados de Arles, estaban en la ciudad cuando fue bombardeada, no sabemos si Phoibe y Ceo sobrevivieron, pero, Arles estaba casi evacuada en su totalidad cuando cayó el ataque del sol —y Shaula se alegró, sabiendo que Ohko tomó sus precauciones al saber esa parte de la profecía del Oráculo de Delfos. Pero Shaula aún tenía muchas dudas.

—Parece que tienes la situación bien estudiada pero… —comenzó Shaula, tomando aire—. ¿Por qué me llevas en esta dirección? ¿Qué hay aquí que requiere de nuestra atención? —preguntó, y en las sombras encontró a Theia, la Titánide del Brillo, con sus ojos ahogados en lágrimas mientras intentaba en vano sacar el Báculo de la diosa Niké del pecho de su esposo Hyperión—. ¿Matriarca Theia? —preguntó Shaula.

—Lo intento… lo intento con todo mi cosmos pero… —lloró Theia, y el par de Caballeros de Bronce notó las manos de Theia llenas de sangre, al igual que el Báculo de la diosa Niké—. No puedo… —lloró—. Mi amado Hyperión está sellado. Puede parecer algo egoísta de mi parte querer despertarlo pero no es solo porque mi corazón se encuentre en pena —lloró con más fuerza—. Toda la humanidad está muriendo, se está congelando, e Hyperión puede ser el dios del Ébano pero antes de que le dieran ese nombre… se le conoció como el dios del Sol Negro… sin Apolo… alguien debe subir al cielo… —lloró Theia con más fuerza.

—Matriarca Theia… —comenzó Yoma—. Es imposible que usted pueda liberar a Hyperión del sello de Athena, por favor deje de intentarlo —pero Theia lloró, y lo volvió a intentar, elevando su cosmos, intentando sacar el báculo del pecho de Hyperión, pero sin llegar a lograrlo—. Solo Shaula puede romper el sello, tranquilícese por favor —sonrió Yoma, y Theia lo miró con sus ojos ahogados en lágrimas.

—¿Yo? —se apuntó Shaula a sí misma, y Yoma asintió—. ¿Qué te hace pensar que poseo ese poder? —y Yoma ayudó a Shaula a caminar hasta donde se encontraba la diosa Niké—. Yoma… no puedo. Si es porque soy una semidiosa, no va a funcionar. La Matriarca Theia es una Titánide. Si ella no puede mover el báculo entonces yo no tengo posibilidades —sentenció.

—Cronos no podía romper el sello de Zeus durante la Nueva Titanomaquia —habló Yoma, y Shaula lo escuchó—. No me estuve ocultando como un cobarde mientras todos luchaban contra los Ángeles, Shaula. Observé lo que ocurría, y pensé en una solución. Una solución que estoy seguro que tú sabes, y que no le puedes revelar a nadie —y Shaula se sorprendió por la intuición de Yoma—. Eres mi mejor amiga. Te conozco mejor que incluso tu esposo. Por Athena, tonta. ¿Cómo fui a perder contra Kiki? Que fastidio —y Shaula le jaló la oreja a Yoma—. Bueno ya, te explico, te explico —se quejó Yoma, y Shaula lo soltó—. Durante la Nueva Titanomaquia, Cronos llegó ante la estatua de Athena donde estaba sellado el Megas Depranon, el Souma de Cronos, equivalente a la Armadura Divina de los dioses. Cronos sin embargo, no podía romper el sello en el Megas Depranon, el sello de Zeus, por lo que utilizó a tu madre para romperlo. ¿Sabes por qué? —y Shaula lo negó con la cabeza—. Porque solo la diosa que estaba destinada a asesinar a Zeus podría romper ese sello. De igual manera, solo existe una diosa capaz de romper el sello de Athena —y Yoma tomó la mano de Shaula, y la acercó al báculo de Athena, y este reaccionó, y la diosa Niké se desvaneció, e Hyperión volvió a respirar—. No eres una semidiosa —habló Yoma con una sonrisa—. Eres una diosa. Tu padre ya era el dios de la Brutalidad en la Guerra cuando naciste, a pesar de no haber reclamado su poder. Eres un ser eterno, Shaula —y Shaula se sobresaltó por la noticia, y Theia ayudó a Hyperión a ponerse de pie—. ¿Estoy en lo correcto, Patriarca? —preguntó Yoma.

—Indudablemente —e Hyperión cayó en su rodilla derecha—. La diosa que se convertirá en la asesina de su madre, no es otra que Shaula —y Shaula lloró, y movió su cabeza en negación—. Pero ya lo sabías. ¿Verdad? —y Shaula asintió a duras penas—. De todas formas… diosa o no… naciste de la unión de 2 cuerpos mortales. Eres una diosa imperfecta, inmortal, pero mortal a la vez. Eso significa que puedes ser asesinada, pero que no morirás por la influencia del tiempo. Una nueva especie de diosa. La primera de las diosas humanas —y Shaula no supo qué decir al respecto—. La tierra se estremece, los humanos están muriendo. El caos y el miedo han inundado el corazón de los más débiles. Hay quienes se atienen a la esperanza, se podría decir que la mayoría de la población que cree en la misión de Athena no se ha rendido. Pero si un destello de esperanza no escucha a sus plegarias… realmente comenzará la extinción de la humanidad —sentenció Hyperión.

—Entonces es obvio lo que tiene que suceder —resonó una voz—. ¡Ondas Infernales de Cronos! —y frente a los ojos de todos, se abrió un portal, del cual salió Cronos, junto con Hefestos, el dios de la Forja—. Ha pasado tiempo, hermanos —y tanto Hyperión como Theia se arrodillaron frente a Cronos, Yoma se arrodilló también, y forzó a Shaula a arrodillarse de igual manera—. Bisnieta Shaula. ¡Me alegra ver que has crecido con salud! Permíteme —y Cronos colocó su mano sobre la cabeza de Shaula, curando sus heridas—. Ya párense, sus prendas son bastante caras, son unos groseros —y todos se pusieron de pie, sorprendidos—. No es una visita social. Tan solo como el rey de los Titanes, he venido a repartir órdenes. Saben lo que debe suceder. Estamos en guerra con el Olimpo todavía, y la humanidad corre peligro. El sol y la luna deben volver a subir al cielo —y Theia se sobresaltó—. Eres la diosa del Brillo. Es tiempo de que comiences a actuar como tal, si solo el sol regresa, habrá luz, pero sin la luna no existirán las mareas —terminó Cronos.

—Pero si hago eso —y Theia miró a Hyperión con tristeza—. No volveremos a estar juntos. Sol y luna solo podrán unirse durante los eclipses… y por tan breve periodo de tiempo… —lloró Theia, e Hyperión asintió—. Sería una tortura separarme de mi amado Hyperión. No lo soportaría —comenzó Theia.

—¿Ya olvidaron la razón por la que hemos resucitado? No vinimos a este mundo a gobernar, vinimos a servir —sentenció Cronos—. La razón por la que la era de los Titanes era conocida como la Era Dorada de la Humanidad. Es porque los dioses no exigían la devoción de los mortales, sino que la recibíamos voluntariamente. Porque éramos dioses como antes lo fue Atenea. Vivíamos por los humanos. Pero en este momento, los estamos dejando morir. Mientras más tiempo pasa, más humanos mueren —y Theia entristeció, y asintió.

—Hermano… —comenzó Hyperión—. Subir a una nueva luna al cielo, enfurecerá a Artemisa, pero no es una misión imposible. Pero resucitar al Sol Negro… es imposible —terminó Hyperión, y Cronos se acercó a Hyperión, y le jaló la cabellera hasta obligarlo a su altura. Después de todo, Cronos había elegido la imagen de un niño de 13 años para gobernar—. ¿Señor Cronos? —preguntó Hyperión.

—Milo de Escorpio te dio una paliza, ¿lo has olvidado? —e Hyperión se sorprendió—. Me dio una paliza a mí, quiera o no aceptarlo. Un humano, derrotando a un dios. ¿Debo enumerar los imposibles que rompió? Aquí está el que más me molesta —y Cronos jaloneó a Shaula, que se ruborizó un poco—. Solo necesitamos de una pequeña ayuda. Un sacrificio… la esperanza de Athena debe de morir para poder devolverle el brillo al nuevo sol. Apolo no tardará en crear el Cuarto Sol, a menos que nosotros lo creamos primero —finalizó Cronos.

—¿Sacrificar… la esperanza de Athena? —preguntó Shaula, y un tremendo dolor le recorrió el corazón y le congeló la columna, mientras sentía la presencia de Kiki detrás de ella—. No… —lloró Shaula, y se dio la media vuelta para encontrar a Kiki, malherido, y con su armadura cuarteada detrás de ella—. ¡No! ¡Bisabuelo Cronos! ¡No puede pedir eso! —lloró Shaula, y abrazó a Kiki con fuerza, llorando en su pecho. Yoma simplemente se quedó en silencio, parcialmente adolorido por la escena—. ¡Kiki! ¡No lo hagas! —lloró Shaula.

—Tonta… —sonrió Kiki—. Es nuestra vida… o la vida de toda la humanidad. El sol debe volver a brillar, la temperatura es tan baja en estos momentos, que incluso vistiendo una Armadura Dorada puedo ver mi respiración. ¿Cómo crees que lo estén viviendo el resto de los humanos? —y tras Kiki llegaron el resto de Caballeros Dorados. Ohko de Tauro, que se encontraba en extremo adolorido, Kanon de Géminis, que se apoyaba en Sargas de Cisne y en Hyoga de Acuario para caminar. Nachi de Cáncer, que se colgaba a duras penas de Shiryu de Libra, quien lo había ayudado a incorporarse tras la explosión del Santuario. Ikki de Leo estaba junto a ellos, orgulloso, y molesto, mirando a Shiryu de mala gana, pero cargando a su hermano, Shun de Virgo, que estaba sumamente agotado. Junto a Jabu de Escorpio llegó Retsu de Pegaso, y sorprendiendo a todos llegó Shura de Capricornio, con medio rostro cubierto en sangre, y cargando a un inconsciente Caballero de Bronce que había encontrado por el suelo, Shoryu de Dragón, que Shura le entregó a Shiryu, justo a tiempo para que el abatido Caballero despertara. Por último, llegaron Marín de Piscis y Mesarthim de Andrómeda, con ellos llegaba un Ángel, Touma de Icario, que cargaba a Tetis de Pez Volador en sus brazos.

—Los 12 Caballeros Dorados están reunidos… es un alivio… —sonrió Cronos—. Si al menos uno de ustedes hubiera muerto, resucitar al Sol Negro sería en verdad una tarea difícil… pero nunca imposible, Hyperión. ¿Lo has entendido? —preguntó Cronos de forma burlona—. ¿Saben lo que debe pasar, para que el sol vuelva a brillar sobre la tierra, verdad? —preguntó Cronos, y los 12 Caballeros Dorados asintieron—. Tienen unos minutos para despedirse. Los que puedan al menos —explicó Cronos.

—Entonces no perderé tiempo —comenzó Marín, dirigiéndose a su hijo, Retsu, que miraba a su madre intentando no llorar—. Retsu… jamás pude ser la madre que merecías… lo lamento tanto… mi sangre es veneno… tocarte hubiera sido peligro… —comenzó Marín, pero entonces fue abrazada con fuerza por Retsu, que no lo soportó más, y lloró contra el cuerpo de su madre—. ¿Soportaste…? —terminó de decir Marín, notando que Retsu no era envenenado—. Retsu… no me di cuenta… de lo fuerte que te habías vuelto. Estoy orgullosa de ti —y Retsu asintió, y siguió llorando, despidiéndose de su madre.

—Sargas —comenzó Hyoga—. No eres mi hijo… ni yo soy tu padre… fuiste mi discípulo y yo fui tu maestro… pero entiendes… que no puedo ver a mi hijo en estos momentos. Solo al joven que admití de discípulo —y Sargas asintió—. Por años me batí entre el soportar mis sentimientos… y dejarlos salir… tuve un maestro muy frio… otro… de un corazón muy cálido. En estos momentos sin embargo… que no puedo despedirme de mi hijo yo mismo… podrías entregarle algo de mi parte… —y Hyoga extendió los brazos, y Sargas lloró con fuerza, lanzándose a los brazos de Hyoga, y abrazándolo—. Cristian… lo extrañaré mucho… —lloró Hyoga, y Sargas asintió. Hyoga entonces rompió el abrazo, y estuvo a punto de retirarse, pero Hyoga lo volvió a abrazar—. También tengo uno para ti… cabeza hueca… —sonrió Hyoga, abrazando a Sargas con fuerza, y Sargas no pudo evitar soltar el llanto nuevamente.

—¿Me permites ese casco? —pidió Shura a Mesarthim, que entonces vio el casco de Cheshire, y se lo entregó a Shura—. Es extraño que lo último que veré… sea el casco del niñero de mi hijo Alguedi —y Mesarthim asintió, sintiéndose mal por lo que estaba escuchando—. Pero no puede evitarse… supongo, que no puedo pedirte que hagas algo por mí… —comenzó Shura, pero Mesarthim se ahogó en lágrimas, y abrazó a Shura con fuerza, sorprendiendo al de Capricornio, que no puso evitar llorar, y abrazar a Mesarthim de regreso—. Dale esto a mi hijo de mi parte —y Shura se quitó el casco, y lo colocó en la cabeza de Mesarthim—. Ya tiene 2 cascos, que siempre le recordarán a su viejo y a su niñero… dile que brille, con la fuerza de mi constelación —y Mesarthim asintió—. También tengo otro recado, pero este no lo puedes cargar tú —y Shura se acercó a Shoryu, que simplemente veía a su padre, sin hablar con él, ya que Shiryu tenía pensado permitir a Shura hablar primero—. Me conoces bastante bien, Shiryu. Fue un placer pelear a tu lado —y Shiryu asintió, y ambos chocaron brazos, orgullosos de su hermano de cosmos—. Shoryu. En honor a la amistad entre tu padre y yo, quiero que de tu mano entregues un regalo a mi hijo Alguedi, y compartas la fuerza de mi espada, Excalibur, con él —y Shura le ofreció la mano a Shoryu, y el joven aceptó—. Tal vez sea mucho pedir… pero me agradaría que el legado de tu padre y el mío, siguiera vivo en nuestros hijos. Que esta espada selle su amistad… —y Shoryu lloró, y asintió. Shura entonces se retiró, y por fin Shiryu abrazó a su hijo—. Pandora… viviré en nuestro hijo… sigue viviendo… niña tonta… —sonrió Shura, despidiéndose de su esposa que seguramente lloraba en Palestra.

—Ha sido una aventura bastante interesante —sonrió Seiya, orgulloso de todos sus logros en su trayectoria como Caballero Dorado, y colocó su mano sobre la cabeza de Yoma—. Nunca me di por vencido, ni perdí la esperanza. Luchar en el nombre de Saori fue toda una inspiración. Hubo tiempos difíciles, batallas en las que pensé que perdería la vida. Pero fui tan obstinado como me fue posible, me tomó mucho tiempo madurar y darme cuenta, de lo que realmente simboliza el convertirse en un Caballero Dorado, ser la esperanza de Athena —y Yoma asintió, siendo fuerte—. Tu madre va a estar muy molesta cuando se entere de que no estaré allí. Pero jamás te rindas, Yoma. Siempre busca superar cualquier adversidad. Siempre busca luchar en el nombre de la justicia. Te encomiendo a Athena… —y Yoma lloró, y asintió—. Que tú luz brille como la esperanza —terminó Seiya.

—¿Me lo permites? —preguntó Jabu, y Seiya asintió—. Anímate, Yoma. El legado del Escorpión Celestial ahora descansará en tus hombros —y Jabu le frotó la cabellera a Yoma—. Sé que no fui exactamente un maestro para ti por mucho tiempo. Cuando por fin me convertí en el Caballero de Escorpio, ya estabas entrenado, hubo muy poco que pudiera enseñarte, salvo una lección, que ya conoces bien —y Jabu preparó su aguja, y la apuntó al corazón de Yoma—. Tu sangre, ya es veneno. No tienes permitido volver a perder… cuida de Sho y de mi hijo por favor —y Jabu se retiró, rodeando a Hyperión como los pocos que habían logrado despedirse.

—Shoryu. Mi dragón por siempre permanecerá a tu lado —comenzó Shiryu—. Siempre recuerda, que la justicia jamás debe ser impuesta descorazonadamente, ni debe ser doblegada. Siempre habrán caballeros que se encarguen de mantener el equilibrio, conviértete en uno de ellos, encuentra tu propio equilibrio, Shoryu —y Shoryu asintió, y abrazó a su padre—. Cuida a Shunrei por mí… mi Dragón siempre te estará cuidando a ti, desde las estrellas —y Shoryu volvió a asentir.

—¿Es imposible pedirte que no llores, verdad? —sonrió Shun, mientras Mesarthim lo abrazaba con fuerza, y lo envolvía en sus cadenas—. Todo estará bien, Mesarthim. Tu corazón es muy gentil, y eres fuerte también. No necesitas seguir mis enseñanzas, el Nirvana no es para todos, no lo alcanzó el maestro Shaka por egoísmo, y no lo alcanzaré yo por miedo —y las cadenas de Mesarthim rodearon a Shun en su totalidad, no queriendo dejarlo ir—. Siempre sé la princesa de corazón noble que eres. Se una buena amiga para mi hija Rose también —y Mesarthim asintió, Ikki simplemente vio lo que ocurría, se fastidió, y miró a otro lado. Aunque las cadenas de Mesarthim lo jalaron, y la de cabello rosa lo abrazó con fuerza.

—Sabes que no tenemos parentesco alguno —y a Mesarthim no le interesó, y continuó abrazando a Ikki, que no le devolvió el abrazo, pero permitió a Mesarthim abrazarlo, lo que ya era mucho pedir—. Si te hace sentir mejor… no era del todo desagradable tu presencia… de hecho… supongo que me sentía honrado… —y Mesarthim asintió, e Ikki se vio rodeado por sus cadenas en su totalidad—. Tsk… niña tonta… hazme un favor y no dejes a Crateis solo… no confío en Hécate para su educación —sonrió Ikki, recordando a su hijo y esposa. Ikki entonces escuchó los pasos de Shaula, algo apenada y mirándolo fijamente, el de Leo sonrió, y colocó su mano sobre la cabeza de Shaula, acariciando la melena de su discípula—. Serás una gran Caballero de Leo algún día —terminó Ikki, y Shaula sonrió.

—Siento tanta envidia, todos se abrazan y yo así de solo —sonrió Nachi, pero todos los de Bronce lo miraron—. Voy a al menos dejarles una lección. Nunca se dejen menospreciar por sus armaduras, ni menosprecien a los demás por usarlas. Entre los Caballeros Dorados aquí presentes, algunos nacieron Caballeros Dorados, otros recorrieron el Bronce, y se vistieron de Plata, antes de poder acercarse al brillo del Oro. Otros, como yo, fuimos condecorados de Oro por las circunstancias. Pero siempre enorgullezcan su linaje. Hay gran honor en la batalla, si se lucha siempre con un corazón dorado —y Nachi se reunió con los otros junto a Hyperión.

—Sargas —interrumpió Kanon—. Soy un hombre de pocas palabras, así que únicamente tengo una petición —y Sargas asintió—. Tú que pusiste en riesgo tu vida por la mía. Conviértete en el defensor de la justicia, siempre al servicio de Athena —y Sargas bajó la mirada, y miró en dirección a donde sabía que estaba Palestra—. No pierdas el tiempo, mi hija es igual de obstinada que yo. Reika estará bien… —y Sargas asintió.

—Shoryu, tu reprenda no termina con tu padre y el tonto de su hermano de cosmos —regañó Ohko—. Tienes un rival en Geneo. Cuando sientas que has perdido la esperanza, siempre ve con él, y entiende que los rivales en ocasiones terminan siendo tan importantes como los amigos. Dale un buen puñetazo a mi hijo por mí, dile que se lo manda su viejo. ¡JA JA JA JA! —se rio Ohko sonoramente, impresionando a Shoryu, pues él había sido un caballero furioso e impertinente, que se había convertido en inspiración de muchos.

—Shaula… yo… —comenzó Kiki—. No sé qué decir… —continuó el de Aries, mientras Shaula lo miraba con sus ojos ahogados en lágrimas—. Aunque fue breve el tiempo… jamás olvidaré a la pequeña niña por la que me transportaba a Lemuira por juguetes… con quien jugaba todo el tiempo… con quien sonreía… a quien hice llorar varias veces por ser un tonto… y a quien tomé por esposa… solo tengo un arrepentimiento… —y Shaula lloró, y asintió—. Perdóname… por no poder convertirte en una madre… —y Shaula movió su cabeza en negación, y abrazó a Kiki con fuerza—. Perdóname… lo siento tanto… —y Shaula lo abrazó con mayor fuerza.

—No es tu culpa… yo… fui la tonta que no lo permitió por querer ser una guerrera… —y Kiki sonrió, y le acarició la cabellera a Shaula—. Yo soy la que tiene la culpa. Pero no veré a nadie más… tú eres mi Kiki… mi esposo… —y Kiki se separó un poco de ella, y la besó gentilmente—. No quiero que te vayas… —lloró Shaula.

—Ya escuchaste a Hyperión. Eres inmortal —sonrió Kiki—. Seguro encontrarás a alguien que te amé como yo —y Shaula lo negó, sufriendo por no haber sido capaz de vivir una vida con Kiki, sufriendo por no haber decidido dar aquel importante paso—. Estamos listos —y Cronos asintió.

—Hefestos —ordenó Cronos—. Que se haga lo que deba hacerse —y el dios Olímpico de la Forja observó a los 12 Caballeros Dorados, y en especial a Kiki—. ¿Hefestos? —preguntó Cronos—. ¿Qué esperas? —prosiguió Cronos.

—Cronos… ¿los seres humanos creen en los milagros, no es así? —preguntó Hefestos, y Cronos se molestó, pero asintió—. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó Hefestos a Shaula, y la de Lince lo observó con curiosidad—. Dímelo, no tenemos mucho tiempo —insistió Hefestos.

—Shaula… Kido… de Aries… señor Hefestos… —mencionó Shaula, y Hefestos miró el anillo en la mano de Shaula—. Supongo que sería injusto usar el nombre de mi esposo a estas alturas… solo sería doloroso… —y Hefestos asintió.

—Tuve una esposa que nunca me amó. Su nombre era Afrodita. Pero no le guardo resentimiento. De todas formas, sé lo que es tener el corazón roto —y Cronos se fastidió, y miró a Hefestos con molestia—. Comencemos, señor Cronos, es hora de crear un sol. Necesitaré que eleven sus cosmos, tan alto como si desearan encender las flamas mismas del sol —y los 12 Caballeros Dorados asintieron, y comenzaron a crear su milagro.

Inicia Tema: Gather Under the Supervition of Athena.

Los Caballeros Dorados entonces, reunidos alrededor de Hyperión, comenzaron a elevar sus cosmos, e Hyperión, el Patriarca del Santuario, los observó a todos detenidamente, sabiendo de antemano el sacrificio que estaban haciendo, mientras daban sus cosmos para resucitar a un astro extinto del cielo.

Los Caballeros de Bronce lo presenciaron todo, mientras las armaduras de los caballeros comenzaban a transformarse en polvo de estrellas. Los 12 estaban determinados, no existía miedo en sus corazones, mientras sus cosmos abandonaban sus cuerpos, y se unían al de Hyperión, que comenzaba a brillar con un Dunamis, que le era obsequiado por los 12 Caballeros Dorados quienes por lealtad eran capaces de crear este milagro con Athena como su mayor inspiración, sacrificando sus cosmos por el bien de la humanidad. Incluso Touma, el Ángel al servicio de Apolo, no pudo evitar llorar, principalmente al ver a su hermana dando su vida por el bien de la tierra.

Las Armaduras Doradas desaparecieron en su totalidad, mientras una nueva galaxia dorada comenzaba a brillar en el cuerpo de Hyperión. Los Caballeros de Bronce lo observaron todo, mientras el Patriarca del Santuario volvía a convertirse en un dios, y alrededor de él comenzaba a brillar un aro dorado, que mantenía dibujado como un cinturón cósmico las 12 Constelaciones del Zodiaco, que se extendieron a lo largo del firmamento, iluminando la tierra, regresando la esperanza a los humanos, mientras los 12 que entregaban esta fuerza, morían agotados.

Por todo el mundo, las 12 Constelaciones del Zodiaco brillaron, iluminando la tierra nuevamente como un cinturón alrededor de todo el planeta. Los humanos, desesperados por la oscuridad, lloraron agradecidos por el milagro que le entregaban según ellos los dioses, sin saber el tremendo sacrificio que se había dado, mientras Hyperión se elevaba al cielo, transformado en el nuevo sol, seguido de Theia que se convertía en la nueva luna, restaurando el orden, restaurando la esperanza, y dejando atrás a 12 moribundos guerreros, que dejaban esta vida. 12 Caballeros Dorados de Athena, que no habían dudado un solo segundo, en dar sus vida por la humanidad.

Termina Tema: Gather Under the Supervition of Athena.

—¡Zodiac Tesala! —alzó su dedo Cronos, sorprendiendo a los presentes, y creando una dimensión alrededor de todas las ruinas de Atenas, en la cual comenzó a sonar el sonido de un reloj antiguo—. El sonido del tiempo no existe, pero este sonido deberá bastar —y 12 flamas doradas se encendieron, el Reloj de Cronos volvía a alzarse del suelo, tomando el mismo lugar que ocupó antes de ser destruido en la Masacre de Atenas por Aquiles—. ¡Escuchen porque solo lo diré una vez! ¡He creado una dimensión con todo mi cosmos! ¡Una dimensión que solo durará por 12 horas! ¡Esta dimensión mantiene a los Caballeros Dorados sellados en el tiempo en el mismo punto entre la vida y la muerte! ¡En el momento en que esta dimensión colapse, los Caballeros Dorados habrán muerto realmente! —explicó Cronos—. Solo tienen 12 horas. 12 horas para derrotar a Apolo, y permitir a Hyperión y a Theia devolverles a los Caballeros Dorados una porción de sus cosmos que les salvará la vida. Si este tiempo pasa, los Caballeros Dorados realmente morirán —y todos los de Bronce se sorprendieron.

—¿Eso quiere decir que aún hay esperanza? —y Cronos miró a Shaula con rabia, estaba visiblemente agotado—. ¡Bisabuelo Cronos! ¡Lo entendemos! ¡No es el momento de perder el tiempo! ¡Debemos ir al Templo del Sol a ayudar! —explicó Shaula, y los de Bronce todos asintieron—. La vida de los Caballeros Dorados está en nuestras manos. ¡Vámonos! —gritó Shaula.

—No tan rápido, Shaula Kido de Aries —comenzó Hefestos, y Cronos se molestó por las interrupciones. En verdad estaba haciendo un tremendo esfuerzo—. En este estado, Cronos es vulnerable. Cualquiera, incluso sin la intervención del cosmos, podría matarlo. Y yo tengo una misión muy importante, no puedo desperdiciar mi tiempo protegiéndolo —aseguró Hefestos.

—Entonces yo lo protegeré —habló Touma—. Es lo menos que puedo hacer tras ser uno de los precursores de esta tragedia. Además, de que no me arriesgo a perder a Marín tras recientemente haberla encontrado —y los Bronces todos intercambiaron miradas.

—Yo lo apoyaré… —comenzó Tetis, sumamente débil—. Estén tranquilos… estoy débil, pero no lo suficiente para doblegarme. Ustedes vayan y derroten a Apolo —continuó Tetis, sumamente cansada, pero manteniéndose despierta por Cronos.

—Lo entendemos… nos adelantaremos entonces… —miró Shaula a Cronos, y el dios del Inframundo y el Tiempo asintió mientras Shaula intentaba irse al Templo del Sol, pero fue nuevamente detenida por Hefestos—. ¿Ahora qué? ¡No tengo tiempo! —se quejó Shaula.

—Ni tienes el cosmos tampoco. Esa armadura, por más que le tengas respeto, no te servirá de nada contra Apolo, asesina de dioses —y Shaula se sorprendió—. Las 12 Armaduras Doradas se sacrificaron, pero pueden volver a ser creadas. El cosmos de ustedes 6, ha brillado de dorado, ¿no es verdad? —y todos los de Bronce asintieron—. Entonces, puedo darles al menos una última arma para defenderse —y Hefestos colocó la mano frente a Shaula, y la Armadura del Lince liberó un destello dorado, las de Unicornio, Pegaso, Cisne, Andrómeda, y Dragón, liberaron sus destellos también, y frente a Shaula resucitó la Armadura de Leo—. Te entregaré una melena, pero es lo único que puedo hacer. Con el poco poder solar que queda en esta Tierra, me es imposible replicar el resto de las armaduras. Hasta que un solo regente del sol permanezca con vida y reclame su trono, esta es la última de las Armaduras Doradas —y Shaula se sobresaltó.

—¿Yo? ¿Una Caballero Dorado? —preguntó Shaula, sumamente sorprendida—. Y Miró a Ikki, congelado en el tiempo entre la vida y la muerte—. Aún no soy digna… pero… —y Shaula miró a Kiki también, y la esperanza regresó a su corazón—. Es mi única oportunidad… lo haré… —y el León de Nemea rugió, y el Lince se apartó para permitir a la Armadura de Leo vestir a Shaula de Dorado, que se sentía algo incomoda vistiendo una Armadura Dorada, pero que sintió la inmensa fuerza de su constelación guardiana rugir en forma de aceptación—. Leo… por favor ayúdame a salvar a mis seres queridos… —y Shaula cerró sus manos en puños—. No hay tiempo que perder —y los de Bronce asintieron, y todos siguieron a Shaula en dirección al Templo del Sol.

El Templo del Sol. Sala del Trono.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Saori, que hasta esos momentos descansaba en su trono en la cima del Templo del Sol, momentos antes de que un intenso resplandor dorado devolviera la luz al mundo. Un sol azul se alzaba, Hyperión había vuelto al cielo, y la luna, de color dorado, estaba a su lado—. ¿Hyperión? —gritó Saori molesta—. ¿Qué significa esto? —los vientos fríos comenzaron a disiparse, la temperatura volvía a la normalidad, la luna regresaba las mareas, el orden prosperaba—. ¡Malditos Titanes! —gritó Saori.

—No es nuestra única preocupación —comenzó Artemisa, y Deméter y Hestia se unieron a ella—. Los Caballeros de Athena invaden el Templo del Sol. Los Egleteos mantienen a los Héroes fuera de nuestras paredes, pero indudablemente siento un cosmos dorado invadir nuestro Santuario.

—¡No me importan unos Caballeros de Bronce! ¡Ese sol es el que me molesta! ¡Lo derribaré! —y Saori se sentó, y continuó elevando su Dunamis, que en el cielo comenzaba a formar un sol en miniatura, el Cuarto Sol de Apolo—. El Primer Sol fue el Sol Negro de Hyperión… el Segundo Sol perteneció a Helios, quien fue su hijo, un Sol Azul. El Tercer Sol fue un Sol Dorado de mi creación. Ese sol no existe más. Mi plan es crear el Cuarto Sol, el Sol Rojo que extermine a la humanidad y destruya la tierra por completo, un sol viejo y errático que estalle en una supernova y erradique a la humanidad, a la tierra, y deje un lienzo en el cual crear a la nueva especie dominante del cosmos. Pero Hyperión se me ha adelantado, ha creado un sol joven. Un sol con esa intensidad solo puede traer clima favorable y vegetación abundante. Debe ser destruido. Forzaré a mi Sol Rojo a chocar contra su diminuta estrella, y cuando ambos cuerpos estallen, toda la Tierra desaparecerá —explicó Saori.

—Pero para convertirse en un sol, necesita concentrar todo su Dunamis, señor Apolo —habló Deméter—. Hestia… aún no estoy convencida de tu lealtad. Pero bajaremos ambas a enfrentar a estas alimañas —y Hestia asintió, y comenzó a seguir a Deméter escaleras abajo.

—Primero se encontrarán con mis Satelites más poderosas. Calisto, Lascoumune… —explicó Artemisa, y entonces miró a las sombras—. Eurídice —sonrió, y la última de sus Satelites llegó. Era la esposa de Orfeo, quien había sido resucitada por Apolo, pero su alma parecía maltrecha—. Se hará todo lo necesario por la supremacía de Apolo, el nuevo dios del Olimpo. ¡Salve Apolo! —ordenó Artemisa, y sus Satelites bajaron a toda velocidad.

Afueras del Templo del Sol.

—¡Revolución de Polvo de Estrellas! —gritó Mu, atacando a Yalemo, que evadió con gracia los ataques de Mu y se estrelló contra el Héroe de Argonian Pantheria, que clavó los pies al suelo, mientras el Egleteo lo empujaba, lo pateaba, sacaba su flauta y comenzaba a tocarla.

—¡Cántico Fúnebre! —resonó la flauta de Yalemo, y Mu se cubrió los oídos. El Egleteo entonces reunió fuego dorado en sus manos, y lo lanzó en dirección a Mu—. ¡Big Bang Creation! —lanzó su ataque, como una estrella dorada en la cúspide de su vida, y que brillaba intensa y poderosa—. Este sol… esté sol no es nuestro padre Apolo… —miró Yalemo en dirección a la estrella azul mientras la enana roja comenzaba a nacer—. Siento un cosmos muy débil en esa dirección… ¿un Titán? —y Mu se puso de pie.

—¿Cronos? —preguntó Mu, y Yalemo se impresionó, e intentó volar en esa dirección, solo para que Mu levantara su Muro de Cristal y le cortara el camino—. No pienso permitirte llegar ante Cronos —y Mu aplaudió con fuerza, lanzando una energía de cosmos que atacó la mente de Yalemo—. ¡Brogi tes Spears! —lanzó las lanzas rojas de Argonian Pantheira, y Yalemo las evadió con velocidad, voló a lo alto, y con el puño brillándole de dorado cayó en picada—. Se está convirtiendo en una verdadera molestia. ¡Extinción de la Luz de las Estrellas! —lanzó su ataque Mu sobre sí mismo, y Yalemo intentó detenerse, pero el ataque de Mu los había alcanzado a ambos, y el par de combatientes gritó, mientras el poder de Mu los materializaba y desmaterializaba a ambos. Pero Mu se había atacado a sí mismo por esa misma razón, durante la materialización y desmaterialización, colocó su mano en el hombro de Yalemo, y conjuró su ataque—. ¡Argonian Prominence! —y una explosión de sangre cayó como lluvia, mientras Mu se materializaba tras estrellarse en el suelo, con su mano ardiendo por flamas doradas, pero a unos metros en frente de él, Yalemo cayó con el hombro dislocado y ahogado en sangre.

—¡Maldito! —gritó Yalemo de dolor—. ¿Cómo has sido capaz de herirme de esta manera? —y Yalemo se puso de pie, a pesar de que su brazo estaba horriblemente dislocado, pero se acomodó el brazo para seguir luchando—. ¡Terminaré contigo! ¡Imbécil! ¡Nadie debería jamás lastimar mi hermoso cuerpo! ¡Mi perfección es absoluta! ¡Mi belleza inigualable! ¡Deberías sentirte agradecido por ser capaz de ver mi esplendor y enamorarte de mí belleza! —gritó Yalemo, incinerando su cosmos.

—Estoy casado, con una bella mujer —explicó Mu, reuniendo esferas tornasoladas alrededor de una mano, y esferas escarlata alrededor de la otra—. ¡Broji tes Revolution! —lanzó un ataque combinado Mu, y las lanzas rojas y flechas tornasoladas atravesaron el cuerpo de Yalemo, y lo clavaron al Templo del Sol—. No puedo rendirme ahora… debo acabar con él… —prosiguió Mu, que estaba agotado por tantas batallas.

—No te lo perdonaré, no te lo perdonaré, no te lo perdonare… —repitió Yalemo una y otra vez—. Destrozaré tu cuerpo… te haré sentir el dolor de la fealdad, serás desfigurado, quemaré tu piel, te arrancaré los ojos… tu cuerpo… ¡Será horrible! —y Yalemo hizo estallar su cosmos, y el fuego dorado golpeó a Mu, que cayó en sus rodillas—. ¡No te lo perdonaré! ¡Soy el ser más hermoso que existe! ¡Hombres y mujeres deberían amarme! ¡Desearme! ¡No maltratarme como tú lo has hecho! ¡Te exijo que me ames! —gritó Yalemo, golpeando el rostro de Mu—. ¡Admírame! ¡Envídiame! ¡Deséame! ¡Reconoce mi belleza! —gritó Yalemo nuevamente, haciendo estallar un sol dorado en el pecho de Mu y enterrándolo en el suelo.

—Conocí a un Caballero Dorado… que poseía una belleza envidiable… —comenzó Mu, incorporándose, y creando un par de lanzas rojas con su cosmos, sosteniendo cada una en el aire—. Pero diferente de ti, él descubrió que la verdadera belleza, viene del interior… su nombre era Afrodita, y era un ser bello de cuerpo y corazón… tú podrás ser bello de cuerpo… pero no eres más que un ser horrible de corazón —y Yalemo enfureció, y se lanzó en contra de Mu—. ¡Broji Tes Spears! —y Mu lanzó las lanzas, y estas se clavaron en los hombros de Yalemo, y ambos cayeron de rodillas—. Ni con la fuerza de Argonian Pantheria… he logrado doblegar a este Egleteo… indudablemente, nos enfrentamos con seres superiores a los Héroes de Mythrilo… —y Mu entonces sintió un cosmos dorado, y vio a Shaula corriendo en dirección al Templo del Sol—. ¿Shaula? —preguntó Mu, y vio a la Caballero de Leo guiando a los de Bronce en dirección al templo. Mesarthim vio a su padre, se alegró, pero no se distrajo y siguió su camino—. Toda esta guerra es una locura, dudo mucho que alguien entienda lo que está pasando pero yo te aseguro, Yalemo, que mi principal objetivo en esta guerra es el de derrotarte —y Yalemo se puso de pie, vio al grupo dirigirse al Templo del Sol, pero los ignoró y miró a Mu con sus ojos rojos por la sangre que lo habían transformado en un verdadero demonio—. No pasarás. ¡Muro de Cristal! —levantó su muro Mu, y Yalemo se lanzó en su contra, intentando romperlo con su cosmos.


—¡Plasma Relámpago! —resonó el grito de Aioria, y su ataque fue evadido con agilidad por el Egleteo de Elígia—. ¡Quédate quieto! —y Aioria se lanzó contra él, y con su puño iluminado de blanco por la fuerza del Mythrilo, impactó el suelo con fuerza al ser nuevamente evadido por Lino, y el suelo sucumbió ante la tremenda fuerza, partiéndose, y forzando al Egleteo a volar evadiendo a Aioria—. Te cortaré esas alas —se quejó Aioria.

—Tu poca paciencia es impresionante —se paró delicadamente Lino frente a Aioria, con un sol escarlata en sus manos—. ¡Eligían Helios! —lanzó una explosión de llamas en dirección a Aioria, que se cubrió, y las flamas lo rodearon, pero con la fuerza de su cosmos Aioria fue capaz de resistir un gran daño, aunque su armadura comenzaba a arder—. Impresionante —comenzó Lino mientras su cabellera ardía como el Sol y danzaba con el viento—. No es solo tu Armadura de Mythrilo, tu cosmos es tan alto que logra soportar la infernal energía de una estrella roja a punto de morir. Tal parece que tendré que escalar en la fuerza de las estrellas rojas al borde de su muerte —prosiguió Lino.

—Solo hay una estrella roja a la que he de temer, Lino —prosiguió Aioria, acercándose a pesar de las llamaradas—. Y pertenece a mi rival de toda la vida… Antares… la estrella roja de la constelación de Escorpio. Es la única estrella a la que tengo derecho de sucumbir —y Aioria llegó ante Lino, y le golpeó el rostro con fuerza. El impacto resonó por todas las ruinas de Atenas, era un golpe tan fuerte como si el mismísimo Heracles lo hubiera lanzado—. ¡Heraclian Héros! —se lanzó Aioria envuelto en llamas de Mythrilo, y Lino fue atravesado, e incinerado por las llamas de cosmos blanquecinas—. ¿Qué te parece el calor de mi cosmos? —preguntó Aioria.

—Es impresionante… Aioria, para ser un oponente con tan poca mentalidad, admito que tienes un gran poder —mencionó Lino, blandiendo sus alas, y disipando el fuego—. Yo no soy como Yalemo. No combato con furia e ineptitud. Sino que combato con la madures representativa de un sol rojo. Alcanzo la madurez, un estado superior en el que los miedos pierden significado, y los ímpetus son absorbidos por la tranquilidad. Pero este potencial de madures, posee una fuerza destructiva inimaginable —y Lino abrió su mano, y en esta se formó una esfera oscura, la cual Lino atrapó en su mano, que se llenó de flamas rojas—. El potencial de una estrella que muere, con una de 2 posibilidades. Renacer en una enana blanca, o transformarse en un agujero negro. Pero antes de adoptar cualquiera de esas formas, pasa por la misma fase. ¡Supernova Extintion! —gritó Lino, y una explosión descomunal rodeó a Aioria, causándole un tremendo dolor mientras el de Heraclian Leonis era rodeado por una fuerza de cosmos en llamas, como si un sol rojo lo estuviera rodeando.

—¡Solo una estrella, Lino! ¡Solo una estrella puede intimidarme y esa es Antares! —y Aioria extendió su mano—. ¡Pero hasta enfrentar a esa estrella! ¡Me dedicaré a destruir la tuya! ¡Heraclian Volto! —combinó sus ataques Aioria, y una explosión de relámpagos blancos hizo estallar la estrella de Lino, y Aioria terminó con el cuerpo en llamas frente a un Lino que intentaba incorporarse—. Anda… estrellita… no he terminado contigo… —y Aioria notó a Shaula y a los de Bronce, y se impresionó por verla vistiendo al León Dorado—. ¿Ah? ¿De dónde sacaste esa melena? —gritó Aioria, y Shaula lo miró con una sonrisa, mientras se acercaba a las puertas del Templo del Sol. Aioria entonces miró a Retsu, que miraba a su padre, asentía, y seguía a Shaula. Lino los observó también, preparó su cosmos para lanzarse en su dirección, pero Aioria lo tomó de las alas, lo clavó al suelo, y a la fuerza le arrancó las alas de su Glorie—. ¡Mis colmillos aún están bien afilados, Lino! —y Aioria prosiguió con el castigo del Egleteo.


—¡Aguja Escarlata! —gritó Milo, y Orfeo evadió por poco la aguja de Milo, y comenzó a tocar su arpa rápidamente, causándole a Milo un tremendo dolor, antes de preparar los hilos de su mano, lanzarlos, y atravesar a Milo por las aperturas de su armadura, robándole su sangre—. ¡Maldito! —gritó Milo.

—Te enfrenté como Caballero de Plata… te enfrenté vistiendo de Vermellon… pero con una Glorie, no eres nada para mí —prosiguió Orfeo—. ¡Esta es la fuerza de mi verdadero ser! ¡Soy el hijo de Apolo! —y Orfeo extendió ambos brazos, y reunió flamas azules en estos—. ¡Corona Fogos! —lanzó llamaradas Orfeo, y Milo fue noqueado por estas, pero se puso de pie a pesar de que el fuego le había oscurecido el rostro por las cenizas—. ¡Acorde Final! —prosiguió Orfeo, lanzando sus hileras desde su harpa, mismas que Milo evadió de un salto, y con su puño dorado se lanzó en contra de Orfeo.

—¡Mirmidon Héros! —se lanzó Milo, y el Tigre de los Aqueos rugió con él, destruyendo el arpa de Orfeo en un movimiento—. Ya destruí tu inútil instrumento. ¡Ahora terminaré contigo! —y Milo se lanzó con una patada a Orfeo, que saltó, le pateó el rostro, y colocó un sol azul en su pecho, que estalló, lanzando a Milo a un lado, pero Orfeo de igual manera brilló con el impacto de 7 de las Agujas Escarlata de Milo—. Todavía no me explico… cómo sobreviviste a Antares la última vez… —preguntó Milo.

—Este es mi cuerpo original… como hijo de Apolo soy un semidios —y las heridas de Orfeo se curaron—. Tu veneno no puede alcanzarme. La única forma de vencerme, es destruyéndome a nivel atómico, algo que tú con tus escasas habilidades de combate de proyección de cosmos no puedes hacer —sentenció Orfeo.

—Como el Escorpión Celestial puede que eso sea cierto, mis agujas no pueden destruirte a nivel atómico —sonrió Milo—. Pero también soy un Aqueo —y el cosmos de Milo se incineró—. ¡No puedo lanzar agujas de la constelación de Aquean Tigris! ¡Pero posee estrellas que no le pertenecen al Escorpión Celestial! —y la constelación de Aquean Tigris resplandeció, y Milo atrapó estas estrellas en su mano—. ¡Mirmidon Needle! —lanzó lanzas doradas Milo, que impactaron a Orfeo, noqueándolo momentáneamente—. No fue suficiente… para destruirte a nivel atómico… pero elevaré mi cosmos hasta conseguirlo —respondió Milo, tomando bocanadas de aire debido al cansancio, pero antes de lanzarse contra Orfeo, Milo vio a Shaula y a los de Bronce pasar cerca de donde combatían—. ¿Shaula? ¿Vistes a Leo? —se horrorizó Milo.

—Salvaremos a mi madre —fue lo único que dijo Shaula, mientras se adentraba en el Templo del Sol—. Estarás orgullosa de mí… padre… —y Orfeo intentó detenerla, pero Milo lo tomó del brazo, lo giró, y lo clavó al suelo.

—¡No te acerques a mi hija! —gritó Milo, furioso, y con una vena saltada en su frente—. ¡Hay otra Técnica con la que puedo destruirte a nivel atómico! ¡Explosión de Antares! —y Milo apuntó la aguja, sin siquiera lanzarla, y Orfeo se preocupó, mientras la tremenda explosión los noqueaba a ambos momentáneamente, lanzándolos a extremos opuestos, y quedando con las puertas del Templo del Sol a su derecha e izquierda correspondientemente—. ¡Maldición! Ya extrañaba lo suicida de mis técnicas —se quejó Milo, y Orfeo se puso de pie, furioso, y viendo la entrada al Templo del Sol, luego a Milo, y después impresionándose cuando 2 destellos, uno dorado y el otro rojo, se clavaron a su izquierda y derecha, se trataban de Yalemo y de Lino, quienes habían sido sobrepasados por Mu y Aioria—. Ya es suficiente… no tenemos tiempo que perder con ustedes. Les ahorraremos las molestias de seguir con este enfrentamiento inútil. Saben lo que queremos —sentenció Milo, y Mu y Aioria se posaron junto a él.

—¿Es una broma? —sonrió Orfeo, y comenzó a reírse a carcajadas—. Si bien es cierto, que sobrevivieron a la anterior Apollon Arukeim. Seguramente ese milagro no puede conseguirse 2 veces. ¡No tienen a Athena de su lado en esta guerra! ¡Sin mencionar que la Apollon Arukeim es muy superior a la Exclamación de Athena! —y como respuesta, Milo escupió en contra del suelo, enfureciendo a Orfeo—. ¿Tanto deseas morir? —y Milo se cruzó de brazos.

—Ni Ares, ni Hades, ni Zeus lograron matarme. No puedo poner a Poseidón al mismo nivel a pesar de que sobreviví gracias al Octavo Sentido, pero si ellos no pudieron… ¿qué esperanzas tienes tú, imbécil? —se burló Milo, y Orfeo se fastidió.

—¡Solo démosles lo que quieren! —gritó Yalemo, sumamente molesto—. Vaporizarlos completamente, convertirlos en cenizas, el poder del sol en la tierra es un castigo piadoso, pero… ¡Así no veré a ese horrible Muviano! —lloró de ira Yalemo, apuntando a Mu.

—Verte tampoco es un placer —se molestó Mu—. Nuestros cosmos están a la par, aún con la fuerza de los Héroes respaldando nuestros cosmos, si continuamos luchando, lo haríamos por 1,000 días como las batallas entre Caballeros Dorados. Para ese entonces, la humanidad se habrá extinto o… —miró Mu a los interiores del Templo del Sol—. O Apolo habrá sido asesinado —concluyó Mu.

—Apolo no puede ser asesinado. No olviden que posee el cuerpo y Dunamis de Athena —habló Lino—. Pero… si padre nos ha dicho algo, es que jamás debemos subestimar a los mortales, y la asesina de dioses está dentro del Templo del Sol… se podría decir, que es también de nuestro interés terminar con esta batalla lo antes posible… —explicó Lino con una tremenda madures, y Aioria enfureció.

—¡Ya basta! ¡Ya cállate! —gritó con molestia el de Mythrilo—. ¡Solo hablas, y hablas, y hablas! ¡Si quisiera escuchar sermones estaría discutiendo con este ponzoñoso escorpión! —apuntó Aioria a Milo, que se molestó—. ¡Tú ni siquiera me das el gusto de enfadarte! ¡Me molestas mucho! ¡Me recuerdas a cierto Acuario del demonio que me ridiculizaba con sus palabras de sabiduría! —y Milo le golpeó la nuca a Aioria—. ¡Ouch! —se quejó Aioria.

—¡No metas a Camus en esto cabeza de gato torpe! —se molestó Milo, con un aura rojiza emanando de él—. Enserio, Aioria. Tú siempre me estás fastidiando pedazo de imbécil. Deja la memoria de mi amigo Camus descansar —y tanto Milo como Aioria pegaron cabezas, empujándose mutuamente, Mu simplemente suspiró.

—Este pleito no podía faltar… ¿verdad? —se preocupó Mu—. Un segundo por favor —se disculpó con los Egleteos, se dio la vuelta, tomó a Aioria y a Milo de las cabelleras, y les estrelló las cabezas el uno al otro—. ¡Déjense de tonterías! ¡Estamos en medio de un combate! —reprendió Mu, y tanto Milo como Aioria se sobaron la cabeza.

—¡JA JA JA JA JA! —se rio Lino con fuerza, incluso tomándose del estómago por la risa, y sorprendiendo a sus 2 hermanos—. No es sorpresa el que ustedes trio de tontos hayan llegado tan lejos. Son simplemente humanos —y Lino continuó riéndose.

—¿Por qué Espectros te estás riendo? —apuntó Yalemo—. Son el enemigo. Y a pesar de ser unos idiotas nos han hecho frente y nos han ridiculizado. ¿Acaso son inmortales? ¡No deberían siquiera seguir con vida! ¡No son tan fuertes y aun así aquí siguen! —recriminó Yalemo.

—Indudablemente… han existido caballeros más grandes que ellos, pero el trio de idiotas es el que sigue con vida… —concluyó Orfeo—. No es lógico. Sé que son fuertes, pero el que sean ustedes 3 no es lógico… —y Orfeo tomó su decisión—. No me confiaré entonces. Terminaré contigo esta vez, y me aseguraré de que no quede resto alguno de ti —y Orfeo pegó espadas con un sonriente Lino, y Yalemo se posó frente a ellos, era la misma pose, pero el trio sabía que tenía un poder muy superior.

—Lo lograremos —jaloneó Milo a Aioria, y ambos pegaron espaldas, y Mu se colocó frente a ellos—. La Apollon Arukeim puede ser derrotada, y nosotros vamos a demostrarlo —y los 3 fundieron sus cosmos, pero algo estaba mal—. ¿Qué ocurre? —se preocupó Milo, y de igual manera lo hicieron Mu y Aioria—. Nuestros cosmos… —y el trio habló al unísono—. ¡No se funden! —se horrorizaron.

—¿No lo sabían, trio de tontos? —se burló Orfeo—. ¡La Exclamación de Athena solo puede conjurarse por los Caballeros Dorados porque sus armaduras y constelaciones han sido irradiadas por la luz del Sol! —se burló Orfeo.

—Es una pena, serán completamente vaporizados —sonrió Yalemo—. Admiren por última vez mi belleza, caballeros, es la última vez que podrán deleitarse en mi presencia. La Apollon Arukeim está casi lista después de todo, de ustedes solo quedará el recuerdo —se burló Yalemo.

—¿Enserio lo crees, Yalemo? —preguntó Lino, con una sonrisa en su rostro—. ¿No será, que estamos por darnos cuenta del por qué el trio de tontos ha sobrevivido por tanto tiempo? —admiró Lino a sus rivales, mientras sus cosmos crecían aún sin la fuerza del sol, se unían, y formaban la estatua de Athena detrás de ellos.

Inicia Tema: Reino de Athena.

—Debiste escuchar bien a tu padre, Orfeo —sonrió Milo con malicia—. Jamás pensamos en Apolo siempre que desatamos esta técnica, nos has subestimado nuevamente —columnas de cosmos dorado, rojo, y blanco se fundieron, y una cortina de cosmos azul respaldó sus cosmos—. Desde el día que usamos esta técnica en contra de Hyperión, lo hemos sabido. ¡Esta es la fuerza de la esperanza de nuestra diosa! ¡No tiene nada que ver con el brillo del sol en la tierra! —y el trio de Egleteos se mostró horrorizado por la fuerza de cosmos que estaban sintiendo.

—Una fuerza capaz incluso de hacerle frente a los dioses —comenzó Aioria. La lanzamos en contra de Cronos también, y aquella vez, los Titanes respaldaron nuestros cosmos —recordó Aioria a Hyperión, a Ceo y a Tethys junto a ellos 3 lanzando la Exclamación de Athena en contra de Cronos—. Los 3 hemos sido Caballeros Dorados, nos convertimos en traidores, en hermanos de cosmos —sonrió Aioria.

—Usamos la Exclamación de Athena nuevamente en contra de otros Caballeros Dorados… los superamos… —prosiguió Mu, recordando el día frente a las murallas de Arles, en que se defendieron contra Sísifo, El Cid y Dohko—. Esta Exclamación de Athena no es la misma con la que enfrentamos a Hyperión, de ese entonces a hoy nuestra resolución ha crecido —y la fuerza del cosmos de los 3 siguió creciendo.

—Poseidón sintió nuestra ira —recordó Aioria cuando atacaron a Poseidón, rompiendo su escudo, y la batalla física que culminó con el sacrificio de Milo—. 3 hermanos, combatiendo a los dioses, por amor a Athena. ¿Te sigue sorprendiendo que hayamos sobrevivido todos estos años? —preguntó Aioria.

—Aun así, la Exclamación de Athena no es tan grandiosa si la confianza de con quienes la desatas no es tan fuerte —recordó Milo el día en que se vio forzado a usar la Exclamación de Athena junto a Camus y Aioros—. Solo con quienes puedo llamar mis hermanos, esta fuerza puede crecer, y desafiar incluso a los dioses —y las Exclamaciones contra Hades rondaron la mente de los 3—. Esta será, la más grande Exclamación de Athena de todas —y el trio estaba listo.

—Sigue palideciendo ante la Apollon Arukeim —explicó Orfeo—. No lo entienden, siempre hacen estas imprudencias por una falsa diosa como lo es Athena que solo se preocupa por sus Caballeros Dorados y nada más. Apolo es un verdadero dios de luz y calor —prosiguió Orfeo.

—Han desafiado a los dioses por última vez —prosiguió Yalemo—. Desde la era del mito, Apolo ha alimentado sus cosmos con la fuerza del sol, y lo que el sol creó no puede ser destruido por el mismo sol. Nosotros los Egleteos somos los hijos del sol, la Apolon Arukeim es la fuerza destructiva más grande de todas —aseguró Yalemo.

—Es así como lo has dicho… una fuerza destructiva —habló Lino—. Pero qué pasa cuando una técnica es solo capaz de destruir. La Exclamación de Athena es capaz de crear, la he visto con mis propios ojos —recordó Lino haber visto a Milo, a Mu, y a Aioria, por separado, usar la fuerza de la Exclamación de Athena para restaurar las fuerzas de Aquiles, Jasón y Heracles—. Esa fuerza… es un verdadero misterio… deseo conocer esa fuerza —terminó Lino, y los Egleteos estuvieron listos, y la corona del sol se dibujó tras de ellos, mientras los 3 movían sus brazos, liberando la fuerza destructiva del sol en contra de la esperanza de Athena—. ¡Apollon Arukeim! —gritaron los 3.

—¡Exclamación de Athena! —respondió el trio de antiguos Caballeros Dorados, y alrededor de los 6, un universo nuevo se formó, como si hubiesen sido transportados al cosmos mismo por la fuerza de ambos ataques, que al colisionar destruyeron las dimensiones, mientras la energía descomunal hacía temblar a toda Atenas, poniendo a prueba la lealtad de los Caballeros de Athena contra la de los Egleteos, que encontraron a la Exclamación de Athena y a la Apolon Arukeim en igualdad de condiciones, despedazando tanto las Glories de los hijos de Apolo, como las armaduras de los Héroes, las 3 nuevas constelaciones estallaban, dejaban de existir, mientras el trio las sacrificaba por encontrar la fuerza que derrotaría al Sol. El universo creado por los 6 por fin cedió, y los 6 fueron arrasados por el tremendo poder, agotados tras consumir lo último de sus cosmos.

Un estallido descomunal sacudió incluso la Torre del Sol, que recibía las llamaradas solares y doradas resultantes del tremendo choque. A la distancia, Cronos lo observaba todo, orgulloso, mientras los 3 caballeros que habían jurado proteger a Athena con sus vidas, nuevamente lograban su milagro, abofeteando a los dioses a la cara, sacrificándolo todo, incluso sus vidas de ser necesario, por mantener la paz en la tierra, en ese momento, Cronos supo que había tomado la decisión correcta, que la esperanza jamás moriría, sin importar los grandes sacrificios.

—Caballeros de la esperanza que han sacrificado tanto despreocupadamente por el bien de su diosa y de la humanidad… —comenzó Cronos, asombrado por el milagro que ocurría frente a sus ojos—. Les juro en mi propio nombre, que todos sus sacrificios les serán recompensados —y Cronos encontró al trio en el suelo, sin sus armaduras, estas habían quedado destrozadas—. Levántate, dios de la Brutalidad en la Guerra… aún queda una armadura que debes vestir… —sonrió Cronos, y Milo lo miró desde el suelo, sin saber qué pensar.

Termina Tema: El Reino de Athena.

El Templo del Sol.

—¿Qué ha sido esa explosión de cosmos tan tremenda? —preguntó Shaula sorprendida, y los de Bronce se sobresaltaron de igual manera—. Ese choque… ¿sería una Exclamación de Athena? —y Shaula pensó en regresar, pero se detuvo, miró su Armadura Dorada, y recordó lo que significaba el vestirla—. No hay tiempo para esto. Debemos continuar —habló Shaula, y Mesarthim de inmediato se sobresaltó, y lanzó sus cadenas por todos los alrededores de las oscuras columnas a lo largo de la torre, mientras 3 mujeres vistiendo armaduras similares a las armaduras de Plata, salían de las sombras entre las columnas—. ¿Quiénes son? —preguntó Shaula.

—¡Satelites! —gritó Lascomoune, y apuntó una flecha curveada a Mesarthim—. ¡Víbora Carmesí! —lanzó su flecha, y las cadenas de Mesarthim intentaron atrapar la flecha, pero esta evadió las cadenas, sorprendiendo a la de Andrómeda, que terminó con la flecha clavada en su hombro.

—¡Mesarthim! —gritó Sargas preocupado por ella, y elevó su cosmos lo más alto que pudo, lanzándolo en dirección a Lascomoune, pero encontrando a otra Satelite, de cabellera blanca y enchinada, protegiendo a Lascomoune con un escudo en forma de Luna—. ¿Guerreras de Artemisa? —preguntó Sargas.

—¡Cuidado! —gritó Shoryu, y una tercer guerrera atacó con una fuerza de cosmos sombría, que como cristales oscuros intentaron golpear a Sargas, solo que Shoryu cubrió con su escudo—. Shaula, Yoma, Retsu, sigan adelante, nosotros nos ocuparemos. ¡El Vuelo del Dragón! —impactó Shoryu a la atacante, de cabellera rubia y ojos inexpresivos, Sargas se lanzó en contra de Calisto, alejándola del grupo al lanzar fuerzas congelantes que la mantuvieron al margen, Mesarthim tan solo se arrancó la flecha del hombro, elevó su cosmos, y lanzó sus cadenas persiguiendo a Lascoumune, el trio separó a las Satelites, mientras Shaula guiaba a Retsu y a Yoma escaleras arriba.

—¿Quiénes son? —preguntó Sargas, mirando a Calisto directamente—. Un Caballero debe siempre saber el nombre de la persona a la que combate, y dejar su carta junto al cadáver tras derrotarla para que todos sepan quien fue el caballero que la asesino. Esas son las reglas —y Sargas creó una carta de hielo, lanzándola a los pies de Calisto—. ¿Quién eres? —y Calisto sonrió.

—Calisto, Oficial Comandante de las Satelites —explicó, y Sargas asintió—. En el nombre de Artemisa, deben ser exterminados. Usaré todo mi cosmos desde un inicio, no me permitiré subestimarlos a pesar de que sé que no son capaces de derrotarnos, son solo unos simples Bronces, pero son humanos. Y el potencial de los humanos… ya ha sido subestimado muchas veces —y Calisto tomó su báculo de Plata, lo clavó al suelo, y una Luna nueva se dibujó en el suelo—. ¡Prominencia de la Luna! —y la luz de la luna golpeó a Sargas con fuerza, cegándolo al mismo tiempo que le quemó la piel, y Calisto preparó un arco y flecha de Plata—. Somos cazadoras de Artemisa, con la noche de nuestra guía, cazamos en la oscuridad —y Calisto lanzó su flecha, que Sargas atrapó con una muralla de hielo—. No te esconderás tras tus muros por mucho tiempo —y Calisto lanzó más flechas, que destrozaron el escudo de hielo de Sargas, y el Caballero del Cisne se vio obligado a cubrirse el cuerpo con los brazos mientras las flechas le perforaban la armadura en diferentes secciones. Una flecha sin embargo, se acercó peligrosamente a su rostro, pero Sargas la atrapó—. ¿Cómo has podido verla? —y Sargas congeló la flecha, y la azotó al suelo, rompiéndola en pedazos.

—Los caballeros de los hielos, somos una dinastía de grandes discípulos y maestros, que se extienden desde el prodigio Camus de Acuario, Hyoga el Actual Caballero de ese rango, mi maestra retirada Natassia de Corona Boreal, y el fallecido maestro Isaac del mismo rango de Plata. Un maestro transfiere sus enseñanzas, y adiciona las propias. La maestra Natassia a pesar de estar retirada, me enseñó a confiar en mis otros sentidos, no solo la vista —y Sargas comenzó a mover sus manos, en la forma de la constelación del Cisne—. Mi maestro Cristal me enseñó el significado de la justicia, y que por ella vale la pena morir —y Sargas terminó de preparar su cosmos—. ¡Y el maestro Hyoga me enseñó a combatir siempre pensando en los seres queridos a los que deseo proteger! ¡A mis hermanos de Bronce! ¡A Mesarthim! ¡A mis maestros! ¡A mi padre y a mi madre! ¡Y por ello soy capaz de luchar con la fuerza del hielo, sin perder la calidez de mi ser! ¡Cero Absoluto! ¡Relámpago de la Aurora! —gritó Sargas, y la fuerza congelante que diera muerte a Isaac, fue desatada, y los cristales golpearon a Calisto, congelándole brazos y piernas, dejándola inutilizada—. ¡No podemos perder el tiempo! ¡Los Caballeros Dorados dependen de nosotros ahora! —recordó Sargas el reloj, que ya había perdido dos flamas, la de Piscis, y la de Acuario por la cual él luchaba—. ¡Sarcófago de Hielo! —continuó Sargas, y Calisto fue congelada dentro del ataúd de los caballeros de los hielos, pero Sargas terminó agotado por consumir su cosmos de una forma tan imprudente.


—¡Cadena Nebular! —persiguió Mesarthim a Lascoumune por todo el Templo del Sol con sus cadenas, pero la Satelite las seguía evadiendo con agilidad y lanzando sus flechas en dirección a Mesarthim, que intentaba atraparlas con la cadena redonda, pero las flechas la seguían evadiendo, y se clavaban en el cuerpo de Mesarthim—. ¡Aaaaah! —lloró la de Andrómeda.

—Eres muy débil —se burló Lascoumune—. Soy la capitana de las Satelites, Lascoumune, y la mejor arquera del ejército de Artemisa. Mis flechas están envenenadas con un poderoso paralizante, tu cuerpo se seguirá entumeciendo con cada flechazo—. No tienes posibilidades, solo eres una niña… —y Mesarthim se tragó las lágrimas, y encaró a Lascoumune.

—Soy una niña… porque a temprana edad perdí a mi madre… —lloró Mesarthim—. Mi padre me cuidó él solo por varios años… pero… recuperé a mi madre y él me dejó… y entendí que las tragedias, son parte de la vida, y que no todo es lo que parece… en ocasiones… un abandono se hace por amor… en ocasiones… un corazón débil y frágil demuestra su verdadera fuerza… —y Lascoumune simplemente se burló, lanzó su flecha, y el cosmos rosado de Mesarthim la destruyó por completo sin que esta pudiera golpear su blanco—. Para mí… el maestro Shun… fue como un segundo padre —y Mesarthim dejó las cadenas abajo—. Él repudia la violencia igual que yo… pero… mi padre verdadero… Mu… siempre luchó por un bien mayor, entendiendo el concepto de sacrificio… incluso… logré volver a sonreír al ver la calidez humana —y Mesarthim reunió el cosmos rosado en sus manos, y Lascoumune se sobresaltó por el tremendo poder—. Porque hay calidez… en el corazón de los hombres… —lloró Mesarthim—. Y a pesar del dolor que me hace sentir… comprendo… que alguien debe sacrificar su felicidad, y manchar su alma con la sangre ajena derramada, por proteger a la gente que ama… perdóname… ¡Tormenta Nebular! —lanzó su ataque Mesarthim, y los torbellinos le dieron muerte a Lascoumune, que quedó clavada a una de las paredes del Templo del Sol.


—El tiempo… pareciera correr más rápido de lo que debería —mencionó Shoryu, corriendo por las escalinatas del Templo del Sol—. Y aun así, no lo hace, corre con normalidad. Capricornio ya casi se extingue —saltó Shoryu de una escaleras hasta el otro extremo de la torre, cayendo sobre estas—. Mesarthim y Sargas ya derrotaron a sus rivales, pero tú aún no me dices tu nombre —apuntó Shoryu a la Satelite, que saltó e intentó golpear al Dragón que cubrió con su escudo—. El tiempo sigue corriendo, el Templo del Sol parece interminable. En ocasiones pienso que solo han pasado unos minutos, en otras me parece una eternidad. Antes… no me hubiera imaginado este nivel de fuerza —y Shoryu saltó, empujándose con su escudo hasta el otro extremo de las escaleras en espiral en que combatían—. Pero no puedo ser derrotado, por un ser sin alma —aclaró Shoryu, apuntando a la Satelite, que se sorprendió por lo que había escuchado—. Te he enfrentado por 3 horas, mis compañeros comienzan a subir las escaleras de esta torre, y yo aún no he escuchado tu nombre —prosiguió Shoryu.

—¿Nombre? —preguntó de forma tranquila la mujer, pero la Satelite se encontraba sumamente confundida—. ¿Tengo… un nombre…? ¿Cuál… es mi nombre…? —continuó preguntando, y Shoryu no respondió, y tan solo elevó su cosmos—. Mineralia… Koios… —gritó la Satelite, lanzando una lluvia de minerales que Shoryu bloqueó con su escudo—. Muere… la muerte… no es mala… es tranquila… —fingió una sonrisa la mujer.

—Puedo ver que no eres un ser maligno… pero también veo que tu alma no está completa… —apuntó Shoryu—. La razón por la que esta batalla se ha extendido tanto es porque no sientes dolor… no sientes compasión tampoco… no eres humana… ¿qué eres? —y Sargas y Mesarthim, corriendo escaleras arriba, notaron a Shoryu en las escalinatas por encima de ambos, y aceleraron el paso—. No pienso perder el tiempo, los Caballeros Dorados corren peligro pero debo saber… ¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿Por qué tu cosmos brilla como el cosmos de un Espectro de Hades, pero sirves a Apolo y Artemisa… mientras tu corazón brilla con un destello de esperanza y lágrimas de sangre caen de tus ojos? —y la mujer se sobresaltó, y se tocó los ojos. No había sangre, pero sus dedos se sentían sucios—. ¿Quién eres? —preguntó nuevamente.

—Orfeo… —lloró la mujer, y miró a Shoryu—. Bueno conmigo… Orfeo… pero… yo estoy triste… —y Shoryu se sorprendió—. ¿Cuál es mi nombre? ¿Quién soy? —continuó llorando la mujer, y los labios de Shoryu susurraron un nombre.

—¿Eurídice? —y la mujer se sorprendió, y miró a Shoryu con el corazón destrozado—. Se ha dicho desde la era del mito… que Apolo cumple todas sus promesas… —sentenció Shoryu—. Pero… solo existe una vida… Orfeo… qué equivocado estabas… Eurídice… la mujer frente a mí… no es tu amada… no es algo más que un contenedor con un alma prestada e incompleta que bebió del agua del Rio Lete al morir, y que ahora intenta recuperar una identidad que perdió con la muerte —lloró Shoryu, y sintió la Flama de Capricornio extinguirse—. Eurídice… te pido una disculpa… —y Shoryu preparó su mano, que brillaba de dorado—. Ya no podemos perder más tiempo. ¡Excalibur! —gritó Shoryu, y Eurídice fue atravesada por el cosmos de Shoryu, y sangre comenzó a caerle por la frente a la Satelite, aunque una gentil sonrisa se le dibujó en el rostro, mientras caía al vació de la Torre del Sol, derrotada, pero feliz.

Afueras de la Torre del Sol.

—Eurídice… —lloró Orfeo. Era el único que había sobrevivido de los Egleteos—. Eurídice… Apolo me la regresó… y ustedes malditos la han asesinado nuevamente… —y Orfeo se puso de pie, sorprendiendo a Milo, que intentaba reponerse también. Cronos comenzó a ponerse nervioso, comenzó a retroceder, con todo su cosmos concentrado en mantener con vida a los Caballeros Dorados, era sumamente vulnerable—. Malditos dioses… Cronos… eres el dios del Inframundo ahora que Hades ha muerto… devuélveme a mi amada… —y lloró Orfeo.

—Cuando un ser muere… no hay forma alguna de que pueda volver a la vida… no de la misma manera al menos… —explicó Cronos—. Por un tiempo, su alma puede ser reutilizada. Hay quienes han revivido algunas veces, cuando sus almas se aferran a objetos, y fuerzas divinas las regresan a un cuerpo capaz de vivir —y Milo recordó a Camus, vistiendo la Armadura del Kraken en la Atlántida, revivido por Poseidón que atrapó su alma que se selló en la Armadura de Acuario, y que al desprenderse de esta, Poseidón volvió a unir con su cuerpo congelado por Hyoga en un Ataúd de Hielo para preservarlo—. Otros, con la fuerza de Hades, obtienen cuerpos de reemplazo… y sus almas, si así lo quiere el antiguo dios del Inframundo, reciben otra oportunidad, con sus memorias restauradas por Mnemosyne, diosa de las Memorias, quien a pesar del Rio Lete puede restaurar toda memoria —y Milo recordó a los 12 Caballeros Dorados de la anterior guerra—. Pero las almas revividas a ese nivel, poco a poco pierden su significado… fuerzas mayores a los dioses las encaminan a la muerte, o a la locura —y Cronos recordó a Degel de Acuario, enloqueciendo por su conocimiento de haber muerto—. Por ultimo están los Espectros… cuerpos prestados… incapaces de permanecer en el mundo de los vivos por mucho tiempo. La luz del sol los hiere y debilita, y sus almas son frágiles. Incluso el mejor de los Espectros que se mueve bajo la luz del sol, está marchito por dentro, y sufre, sabe que pertenece a la muerte—. Y Milo recordó a Camus y a Aioros vistiendo de negro, y Cronos recordó a Cheshire, que vivía relativamente feliz, pero con su alma marchita—. Solo hay una vida… Orfeo… esa es la belleza de la vida… solo los dioses pueden volver a la vida, en cuerpos nuevos creados por Hefestos —apuntó Cronos a su nueva piel—. Incluso tú, Orfeo… presumes un cuerpo creado por Hefestos únicamente porque eres hijo de un dios, eres un semidios. Eurídice podrá haber recibido un cuerpo nuevo también, pero su alma ya había sido reciclada, lo que Apolo te dio no era más que un recuerdo de lo que Eurídice alguna vez fue, una sombra… Apolo cumple todas sus promesas… es verdad… pero siempre a su manera… —sonrió Cronos, y Orfeo se molestó.

—¿Entonces cómo puedo recuperar a Eurídice? —se lanzó Orfeo en contra de Cronos, y Milo intentó ir en su auxilio, pero estaba muy débil, Touma sin embargo, llegó y atrapó el puño de Orfeo, defendiendo a Cronos—. Maldito… traidor… —y Orfeo retrocedió.

—No quiero escuchar esas palabras de otro traidor —apuntó Touma a Orfeo—. ¿Debería matarlo, su excelencia? Así comprendería la verdadera naturaleza de la muerte —explicó Touma, pero Cronos movió su cabeza en negación.

—Este oponente es de Milo —concluyó Cronos—. Un alma, Orfeo, es una energía de cosmos con voluntad. Y el cosmos, es infinito. Puede desaparecer de un cuerpo, pero el alma siempre seguirá existiendo. La voluntad de la vida es infinita, superior incluso a los dioses. Cuando llegue el tiempo correcto, el alma regresará a la vida, nacerá otro individuo. Otra Eurídice por ejemplo —y Orfeo lloró, imaginando a su esposa renaciendo—. Su identidad, será la misma. Básicamente estamos hablando de la misma persona, nacida en otro tiempo. Sin recuerdo alguno de su vida anterior. ¿No es así, Antares? —y Milo se sobresaltó—. A esto se le llama reencarnación. Todos los seres, reencarnarán sin memoria de sus vidas pasadas, pero en Elysium, Mnemosyne les brinda estas memorias, y mientras están muertos… son felices… esa es la maravilla de la muerte en mi gobierno. Cuando el alma esté lista para reencarnar, las memorias se esfumarán, puede que existan memorias de vidas pasadas, sueños, si quieres verlo de esa manera, pero el alma jamás lo sabrá con certeza, hasta volver a morir… y volverá a vivir… este… es el Ciclo Infinito de las Almas —concluyó Cronos—. Pero este solo se cumple… si el alma que ha muerto llega a Elysium. Si el Tártaros te reclama, pasarán miles de años para que tu alma pueda renacer. Antares segundo, el guardián de Athena mejor conocido como Milo de Escorpio, fue torturado por casi 4,000 años, hasta renacer en esta era. Lo mismo te pasará a ti… por jugar a ser un dios… —y Milo se puso de pie, y encaró a Orfeo—. No volverás a ver a Eurídice… hasta que hayan pasado 10,000 años… ese es mi castigo… para entonces… habrás sido reemplazado por su alma por alguien más… —y Orfeo lloró—. Si hubieras sido leal a Athena. Tal vez te hubiera permitido otra vida con Eurídice, y al menos tu alma sería feliz. Milo… —y Milo observó a Cronos—. ¿Qué crees que deba hacer con tu alma, si llega a Elysium? —y Milo se sobresaltó—. Termínalo, Antares Segundo —sonrió Cronos.

—Con un Espectro… como odio ese nombre… —y Milo preparó su aguja, y corrió en dirección a Orfeo—. Te has ganado mi desprecio como otro maldito Espectro antes de ti. Así que te mataré de la misma forma que intenté matarlo a él. ¡Antares! —atravesó Milo la cabeza de Orfeo, y un chorro de sangre salió disparado por frente y nuca, dándole una horrible muerte a Orfeo—. ¿Exactamente… qué hará con mi alma… señor Cronos… si llego a morir en esta guerra…? —preguntó Milo.

—Aún no estoy seguro. ¿Quieres morir en esta guerra? ¿Por qué razón? —y Milo se fastidió—. Siempre quieres ser la víctima. No te das cuenta de que no necesito a un héroe, necesito a un tirano —y Milo se fastidió—. Equilibrio. No puede existir paz plena y perpetua, jamás la habrá. He retrasado tu transformación al dios de la Brutalidad en la Guerra lo más que he podido pero. Si no existe el tirano, alguien tendrá que convertirse en tirano por el bien de la humanidad —y Milo comenzó a comprenderlo, y Mu y Aioria comenzaron a incorporarse—. Apolo ha logrado corromper a Athena, y tú estás decidido a asesinarla por evitarle la pena de que se transforme en una tirana. ¿Crees que esa es la solución al problema? Probablemente lo sea. ¿Pero es una solución que convenga a la humanidad, perder a su diosa más humana? —y Cronos se agachó, y reunió el polvo de estrella de las armaduras destruidas, el Vermellon, el Oricalco, el Mythrilo, los 3 materiales se unían, formando guijarros de un material divino—. Por un lado, asesinar a la diosa más pura, y continuar con el Ciclo Infinito. Por otro lado, hay otra opción, devolver el reinado a la tiranía en la guerra, y mantener una paz perpetua por el imperialismo divino. Ninguna solución parece aceptable. No puede existir uno sin el otro… si quieres salvar a Athena de convertirse en una tirana… sabes lo que tienes que hacer… —y Cronos sostuvo el hilo de Ares en su mano—. Lo retrasé todo lo que pude… pero tu vida tiene un límite de tiempo… además de que Apolo ha forzado a mi mano. Si los eventos continúan en este rumbo, Athena en verdad se convertirá en una tirana a falta de un dios de la guerra que desempeñe el papel de tirano y el Ciclo Infinito continuará… prefiero que aceptes esa tiranía y retrases el Ciclo Infinito… aunque al hacerlo… te conviertas en el asesino de Athena… pero volverá a reencarnar, pura y noble… solo debes aceptar tu destino… —y Milo asintió.

—Sé lo que tiene que pasar… —continuó Milo, tomando el hilo de manos de Cronos—. Lo he sabido siempre… Athena… su unión con Apolo… no puede separarse… ¿Verdad? —preguntó Milo, y Cronos sonrió.

—Es imposible —y Milo se sobresaltó, mirando a Cronos con curiosidad—. ¿Moví algún hilo? Este es el momento en el que dices: «nada es imposible para quienes se aferran a la esperanza »—sonrió Cronos—. Estás tan abatido que lo has olvidado. En estas condiciones simple y sencillamente no ocurrirá un milagro. Ni siquiera yo sé lo que va a pasar, Milo. Pero antes de que te transformes en el dios de la Brutalidad en la Guerra… permíteme… crear un milagro… —y Cronos colocó su mano sobre la frente de Milo, y los ojos de Milo se desorbitaron, se apagaron, y Milo cayó en sus rodillas frente a Cronos, sorprendiendo a Mu y a Aioria, que se incorporaron y corrieron a su lado—. La materia prima está lista —habló Cronos, y Hefestos se materializó frente al grupo.

—La forja está lista también. ¿Qué hay del dios de la Brutalidad en la Guerra? —preguntó Hefestos, levantando los guijarros del metal divino que había creado Cronos con los restos del Vermellon, del Oricalco, y del Mythrilo—. ¿Ha regresado la tiranía? —y Cronos sonrió.

—Puede ser, está cerca de eso —miró Cronos al reloj, con la flama de Escorpio consumiéndose—. Todo depende de lo que sea capaz de ver en una ilusión. Mi plan no es infalible, Hefestos. Convertir a Milo en el dios de la Brutalidad en la Guerra y asesinar a mi nieta es un plan sumamente funesto y horrible. Pero… tiene un pequeño destello de esperanza… —sonrió Cronos—. La esperanza… que tengo en el amor que existe entre Saori y su caballero… ahora… encuentra esa esperanza y no la pierdas… esta es tu ultima oportunidad de brillar como el oro, Milo… —observó Cronos los ojos de Milo, que abrieron una ventana a su mente.

Prados Asfódelos.

Inicia Tema: Aria of the Three.

—¿Dónde? ¿Dónde estoy? —se preguntó Milo, rodeado de flores violetas, cuyos pétalos comenzaron a volar y a golpearle el rostro con gentileza a momento de que una canasta caía sobre el agua de un lago cercano a donde Milo se encontraba parado, vertiendo su contenido en el agua, llenándola de pétalos morados y llamando la atención de Milo—. ¿Cómo? —se impresionó Milo, viendo a Saori parada en medio del lago—. ¿Saori? —se impresionó Milo.

—¿Milo? —preguntó Saori, con ojos llorosos, pero con una bella sonrisa dibujada en su rostro—. Tardaste más de lo que hubiera imaginado… estaba comenzando a preocuparme —sonrió Saori, caminando tranquilamente fuera del lago, y posándose frente a Milo—. No sé cómo has llegado hasta aquí y no me importa… —y Saori colocó su mano sobre el rostro de Milo, acariciándolo con ternura—. Me alegro de volver a verte… Milo… —continuó llorando Saori, y pegó el rostro al pecho de Milo, que sonrió y la abrazó con fuerza, acariciando su cabellera, disfrutando del aroma de la fragancia de sus ríos morados. Era Saori, era su Saori, Cronos le había permitido verla una última vez—. Esto no está bien… prometimos que la próxima vez que nos viéramos seríamos enemigos a muerte… —sonrió Saori, cerrando su mano en un puño, y golpeando la cabeza de Milo con gentileza—. ¿Dónde está el todo poderoso dios de la Brutalidad en la Guerra que se convertiría en la tiranía divina? —y Milo se separó de Saori, vio su gentil sonrisa, y la besó profundamente, envolviéndola en caricias, amándola como rara vez podía hacer, pero sin arrepentimiento alguno—. Te extrañé… Milo… —continuó Saori, volviendo a besarlo, y mirando sus ojos fijamente—. Ahora… ve y cumple con tu deber… es momento de que despiertes… —y Milo asintió, y una luz blanca lo cegó y lo separó de Saori nuevamente.

Afueras del Templo del Sol.

—Eso ha sido todo lo que he podido hacer —sentenció Cronos, mientras Milo despertaba y veía los alrededores, llenos de cenizas, lleno de muerte, y observó el hilo rojo en su mano, sabiendo lo que debía ocurrir—. Después de esto, solo tú podrás decidir si separar a Saori de Apolo es o no un imposible que ni tú mismo podrás romper. Saori existe, encerrada dentro del Collar de Harmonía. Pero ese collar solo puede romperse con la muerte de quien lo porta. Fue creado por los dioses del Caos y la Oscuridad después de todo. ¿Aún con este conocimiento piensas que puedes salvarla? ¡Si es así sálvala entonces! —lloró Cronos, y Milo se impresionó—. Durante miles de años no he podido hacer más que jugar al malvado rey tirano. Si hubiera una forma de devolverte a Saori te juro en mi propio nombre que te lo diría… pero… ni yo mismo sé la respuesta… igual que Erebo… Caos y Oscuridad son entidades más allá de la fuerza de los dioses —explicó Cronos—. Yo te lo digo… es imposible, mil veces imposible… te lo diré hasta que mis labios me sangren de ser necesario… solo para que me pruebes que me equivoco… Saori… no debe perderse… egoístamente deseo conservarla… —y Milo lo comprendió y asintió—. Prueba que me equivoco entonces… prueba que ninguno de ustedes 3 tiene ningún maldito limite… y trae a Saori de vuelta… —y Milo observó el hilo rojo en su mano, asintió, y tragó el hilo, recibiendo la fuerza del dios de la Brutalidad en la Guerra en su cuerpo, convirtiéndose por vez primera, en un verdadero dios, y brillando con el cosmos endemoniado que antes le perteneciera a Ares, pero que ahora Milo aceptaba como parte de su nueva identidad.

—Su armadura, señor de la guerra —comenzó Hefestos, entregándole a Milo a Brotaloigos y a Teikhesipletes, la lanza roja de Ares el antiguo dios de la guerra, y el escudo de murallas que Milo conocía bien. Milo tomó la lanza, siempre había sentido una predilección por ella, se acomodó el escudo también, y con ambos objetos ya en su posesión, la transformación de Milo en el dios de la guerra comenzó, mientras Aioria y Mu, miraban con sus ojos ahogados en lágrimas, el cómo destellos rojos, dorados y blancos, los restos de las armaduras de los héroes, se fundían a los guijarros que había traído Hefestos de su forja, volaban en dirección al cuerpo de Milo, y materializaban la Armadura del dios de la guerra guiados por el cosmos de Hefestos, devolviéndole al mundo al dios de la Brutalidad en la Guerra, que se posó orgulloso frente a Mu y Aioria, y obligaba a un deprimido Cronos a mirar a otro lado, sabiendo que ahora la vida de Saori estaba en manos de Milo.

—Te mataré… —lloró Aioria, y Milo lo observó fijamente—. Juro en el nombre de Athena… que te mataré… y evitaré tu tiranía… por siempre… me convertiré en tu asesino para evitar que tú manches tu alma de rojo… lo juro… —lloró Aioria, se arrodilló frente a Milo, y se soltó en un llanto que Mu también compartió, mientras ambos hermanos de cosmos observaban, impotentes, a Milo transformado en tiranía divina—. ¡Juro que te mataré! ¡Lo juro! —y Milo también lloró, asintió, y aceptó el desafío de su hermano de cosmos.

—Ahora dejen de perder el tiempo… —continuó Cronos, secándose las lágrimas—. Con o sin dios de la Brutalidad en la Guerra, Saori aún corre peligro, y si deseamos salvarla, o darle muerte, ya no es nuestra elección, esta indudablemente descansa en los hombros de solo un dios y ese es Milo… pero si Saori muere por la mano de la asesina de dioses, todo habrá sido en vano. Apresúrate y llega ante tu esposa… Shaula también viste una Armadura Dorada… ¿no es así? Tiene un destino que sellar, será tú responsabilidad el que lo selle ahora, o cuando la tierra en verdad necesite de la tiranía de Athena, ¡Vete y no pierdas el tiempo! —volvió a llorar Cronos, y Milo asintió, entrando en el Templo del Sol, seguido de Mu y Aioria, que sabían que muy poco los separaba de tener que enfrentar al dios de la Brutalidad en la Guerra.

Termina Tema: Aria of the Three.

Templo del Sol.

—Estas escaleras son interminables —se quejó Shaula, sintiendo con su cosmos que solo quedaban 6 flamas en el Reloj de Cronos—. ¡Es como si corriéramos en círculos! ¿Qué está pasando? —preguntó Shaula.

—¿En círculos? —preguntó Retsu, y se detuvo, Yoma y Shaula se detuvieron también—. Ya veo, entonces eso es lo que está ocurriendo. Yoma, Shaula, sigan adelante —comenzó Retsu, rodeando sus manos de cosmos, y creando arco y flecha—. Solo háganlo —y Yoma miró a Shaula, y la de Leo asintió, y ambos continuaron corriendo—. Correr en círculos… como en un laberinto… solo hay alguien que conozco que tiene ese poder. Kanon de Géminis… pero si él está sellado por Cronos, solo una entidad más podría crear un laberinto igual —y Retsu apuntó frente a él—. La diosa de la cosecha que creó la Armadura de Géminis, Deméter. ¡Flecha de Heracles! —lanzó su ataque Retsu, y en medio de la Torre del Sol, un grito se escuchó, y Deméter, la diosa de las cosechas, fue lanzada a una pared por el cosmos de Retsu—. Eso fue más sencillo de lo que imaginé —mencionó Retsu, y las escaleras vibraron, dando fin a la ilusión de Deméter.

—Ese arco… el arco de Heracles… malnacido humano —se puso de pie Deméter—. Ese arco posee la fuerza de enfrentar a los dioses, Apolo incluso profetizó que sin ese arco, jamás ganarían los Aqueos la Guerra de Troya, ¿cómo te has hecho de ese arco? —preguntó Deméter.

—Filoctetes, el Héroe de Mythrilo al que derroté, me lo obsequió —explicó Retsu—. Y Heracles me enseñó a lanzarlo. Como es un arco creado del cosmos, no se considera exactamente un arma. Y solo puedo encenderlo si mi cosmos llega al nivel dorado, es muy problemático. Pero se convirtió en una herramienta muy buena para defenderme en contra de los dioses. ¡Flecha de Heracles! —gritó Retsu, y Deméter se hizo a un lado—. Es curioso, mi padre también tiene un poder que es capaz de lastimar a los dioses. El relámpago de Zeus —y Retsu preparó otra flecha.

—¡No te permitiré que ridiculices a una diosa! —gritó Deméter, furiosa, y abriendo sus plumas de pavorreal—. ¡Gemini Sekai! —gritó Deméter, y pese a que Retsu lanzó su flecha, una fuerza de oscuridad rodeó a Deméter y a Retsu, que vio su flecha desaparecer, y sintió un tremendo dolor en su corazón—. ¿Qué ocurre, caballero? —sonrió Deméter, su armadura era ahora negra, su cabellera castaño-dorada se había oscurecido, su piel palideció, y sus ojos se llenaron de sangre—. ¿Se marchitó tu alma? —preguntó de forma sombría.

—¿Marchitó? —preguntó Retsu, cayendo sobre su rodilla, y mientras el blanco de su armadura se perdía, y se oscurecía, transformándose en una armadura negra. Sus ojos azules comenzaron a tornarse rojos, y su cabello ennegreció—. ¿Qué me está… pasando? —preguntó Retsu, mientras sus ojos se llenaban de sangre, y su corazón era invadido por odio.

—Estás en el mundo de Géminis… —comenzó Deméter—. En este mundo, el bien y el mal han cambiado su valor. Tu amor se convierte en odio, tu esperanza en desesperanza, tu justicia en injusticia… en este mundo… eres vulnerable a lo maligno —sonrió Deméter.

—¿Vulnerable? —preguntó Retsu, de rodillas, y mientras la oscuridad lo consumía—. No… con el arco de Heracles no debería ser problema enfrentarme a una diosa… como Deméter… Olímpica o no, Deméter no es combatiente… no es una guerrera… debería… ser capaz de vencerla… —y Retsu preparó su arco, pero su cosmos lo tornó en un arco rojo de odio.

—No tienes poder aquí, tu deseo de justicia ha sido sustituido por demencia, perderás el juicio, caballero, sucumbirás ante las emociones negativas de los humanos, odio, envidia, arrogancia, desesperanza… egoísmo… —y Retsu sonrió.

—¿Emociones negativas? Eso me parece interesante, jajajajaja —se burló Retsu—. Me parece bien… entonces… mis emociones negativas las dirigiré hacia ti… toma mi odio… siente mi envidia por tu poder divino… deléitate con la arrogancia que me invade al usar tu propio plan en tu contra… mírame mientras atesoro la desesperanza que me has brindado, y me dejo contaminar por el egoísmo de compartir este mundo contigo, no te quiero en mi mundo… ¡Flecha de Heracles! —gritó Retsu, y la flecha de Heracles fue lanzada, y le atravesó la cabeza a Deméter, que recuperó su brillo dorado, pero a costa de la muerte misma. Retsu entonces volvió a la normalidad, cayendo sobre su rodilla, y respirando pesadamente, mientras la diosa caía sin vida, y se estrellaba con el suelo, con su cuerpo aplastado tras la brutal caída—. De no ser… por el arco de Heracles… habría muerto… Filoctetes… aprendí a ser un héroe… ¿verdad? —y Retsu comenzó a caer también.

—¡Retsu! —gritó Shoryu, que lo vio caer, pero el del Dragón de inmediato vio a Mesarthim, tomó una de sus cadenas y se lanzó al vacío. Sargas se horrorizó por lo que había ocurrido, tomó a Mesarthim de la cintura, forzando a la niña a ruborizarse, momentos antes de que ambos sintieran el tirón, y Sargas fuera forzado a congelar sus propios pies a las escalinatas para evitar que todos cayeran—. ¡Lo tengo! —gritó Shoryu, suspendido como un péndulo mientras Mesarthim jalaba, intentando ayudar a ambos a subir—. Lo atrapé por muy poco —sonrió Shoryu, con Retsu inconsciente, y en brazos del Caballero del Dragón.

Cima del Templo del Sol. Sala de Espera.

—¿Entonces mataron a Deméter? —preguntó Hestia, que suspiró, intranquila mientras tocaba su lira—. Era de esperarse. Son Caballeros de la esperanza de Athena —y tanto Shaula como Yoma llegaron ante Hestia—. Además no somos tan fuertes como Hades, Poseidón o Zeus. Nuestro nivel, es equiparable al de un Caballero de Mythrilo. Pero ustedes ya han alcanzado ese nivel, ¿o me equivoco? —miró Hestia a los recién llegados, dejó de tocar su lira, y encaró al par.

—Solo apártate y no te haremos daño, Hestia —explicó Shaula, y Hestia movió la cabeza en negación—. ¿Por qué tiene que ser así? Eres una diosa de bien. No tienes que ser partícipe de la destrucción de la humanidad —explicó Shaula.

—Tengo que —mencionó Hestia—. Si no participo… cuando Apolo encuentre la victoria, entonces la nueva especie nacerá débil y sin esperanza. A menos de que yo esté allí para protegerlos —lloró Hestia—. Ya no puedo hacer nada por los humanos… ya solo puedo… tener esperanza en la nueva especie… —y Hestia tocó su lira, lanzando esferas de color esmeralda en dirección al par, pero Yoma empujó a Shaula, elevó su cosmos, y lanzó la técnica que le había enseñado Milo.

—¡Destello Esmeralda! —gritó Yoma, y sus lanzas perforaron las esferas de Hestia, que creó nuevas, y siguió atacando—. Sigue adelante, yo la detendré —y Shaula asintió, corrió en dirección a Hestia, saltó, y Hestia intentó lanzar sus esferas en dirección a Shaula, pero Yoma saltó tras de ella, recibió las esferas esmeraldas, y atacó—. ¡Galope del Unicornio! —clavó sus piernas al estómago de Hestia, la lanzó a un lado, y su lira cayó escaleras abajo, y Shaula abrió las puertas, que soltaron un poderoso resplandor rojo, que Shaula ignoró, se adentró dentro de la cámara principal, y las puertas se sellaron detrás de ella, y misteriosamente, la puerta desapareció—. ¡Shaula! —gritó Yoma.

—Es muy tarde ya… ha entrado dentro del Dunamis Absoluto de Athena —explicó Hestia—. Incluso si me das muerte, caballero, no podrás seguirla. Una vez que un Dunamis absoluto ha sido abierto, este encierra a los que entran y solo los dioses pueden volverlo a abrir. Tu amiga está perdida —y Yoma se puso de pie.

—Estás hablando de Shaula, la hija de la guerra —mencionó Yoma—. No me queda más que tener fe en ella —y Yoma sintió otra flama extinguirse, ya solo quedaban 3—. De todas formas, ya solo tengo que enfrentarte a ti y acabar con esto. Pero deseo saber. ¿Por qué le has dado tu lealtad a Apolo? —preguntó Yoma.

—No tengo otra opción —mencionó Hestia—. Amo a los humanos… pero… no tengo la fuerza de hacerle frente a Apolo… ni la fuerza para ayudarlos… así que… solo me queda esperar el exterminio de la humanidad, y prometer proteger a la nueva especie… o morir… con los humanos que tanto amo… —y Hestia sonrió, arrodillándose frente a Yoma—. Mátame… —y Yoma se sobresaltó—. No deseo ver la muerte de la humanidad… solo mátame… —lloró Hestia, y Yoma lo negó—. Si no me cumplirás mi deseo entonces… te obligaré a hacerlo. ¡Tenkai Yume! —gritó Hestia, y atacó la mente de Yoma—. Mira la vida que pudo haber sido tuya, si tan solo hubieras tenido el valor de dar un paso que no te atreviste a dar —sentenció Hestia, y la mente de Yoma recorrió las posibilidades—. ¡Nosotras las diosas Olímpicas no somos diosas de guerra! ¡Somos diosas de recompensa! ¡Esta es la recompensa que te fue negada! —explicó.

Yoma vagó por memorias inexistentes, donde él le había revelado sus sentimientos a Shaula antes de partir al Olimpo, dejando a una Shaula confundida luchar en la guerra contra Zeus sin darle una respuesta clara. Recordó dejarla en su batalla contra Pentesilea, y seguir adelante, hasta su enfrentamiento con Belerofonte, donde Shaula y él volvieron a reunirse, y Shaula, conmovida, aceptó los sentimientos de Yoma, besándolo antes de continuar con la avanzada contra Zeus. La batalla contra Zeus transcurrió casi con la misma normalidad, con la diferencia de Kiki muriendo sin el respaldo del amor de Shaula. Ambos estaban tristes, pero siguieron adelante. Cuando Milo se fue de Atenas, Yoma y Shaula lo aceptaron juntos, se mudaron al Anillo Medio, forjaron una vida juntos. Shaula entonces le dio un niño, y se retiró de convertirse en una caballero. Yoma combatió solo en la guerra, llegaba ante Hestia con Sargas vistiendo la Armadura de Acuario, pero Shaula había muerto, arrasada por los meteoros del Sol.

—¡Noooooooooo! —gritó Yoma—. ¿Por qué me enseñaste esa imagen? —lloró Yoma—. ¿Por qué? ¿Por qué me negaste esa felicidad? ¿Por qué sentenciaste ese final? —lloró Yoma—. ¿Acaso tienes el poder de brindarme esas recompensas y esos castigos? —continuó Yoma.

—Tengo el poder de enseñarte lo que pudo ser… —mencionó Hestia—. El final con la muerte de Shaula sin embargo, fue mi creación. No me apetece enseñarte tu verdadera realidad alternativa, no te cumpliré ese deseo, así como tú no me cumpliste el mío de una muerte. Pero haré un trato contigo… mátame… y mientras la vida escapa de mi cuerpo… te revelaré el final de tu sueño… este… aún puede cumplirse… ¿lo sabías? —y Yoma se sobresaltó—. Aún puedo darte una recompensa. El tiempo, sigue corriendo —y Yoma miró al Reloj de Cronos, la flama de Géminis se extinguía—. Soy, Hestia… la diosa del Hogar… —y Yoma cerró su mano en un puño—. Si es mi voluntad, con mi cosmos divino puedo desearte un buen final… un hogar… si es con ella te lo daré, podrías tener un hijo, con tu sangre y la de ella —y Yoma enfureció, elevó su cosmos, y le atravesó el pecho a Hestia de un puñetazo—. ¿Tanto la deseas? —preguntó Hestia, con su pecho atravesado, y sangre cayendo de sus labios—. ¿Aún puedo dártela? Ella aún… sigue con vida… y vivirá… simplemente lo sé… pero él no lo hará… —y Yoma miró las 12 flamas, y el cuerpo de Kiki quemándose—. Pueden consolarse mutuamente… pueden… cumplir los 2 su deseo… solo debes pedírmelo… —y Yoma lloró.

—Jamás… le haría algo tan ruin a la persona que más amo en este mundo… —lloró Yoma, sacando su mano del pecho de Hestia, y recostándola en el suelo, mientras el resto de Caballeros de Bronce llegaba—. ¡La amo! ¡La amo con todo mi corazón! ¡Pero ella eligió! —lloró Yoma—. La amo tanto como para dejarla ir… yo solo… deseo que ella tenga un final feliz… —y Hestia sonrió, acariciando el rostro de Yoma.

—Lo tendrá… lo prometo… antes de que esta guerra acabe, habré creado tu milagro, Yoma. Y para ti… yo puedo ayudarte a encontrar a la persona ideal… —y Hestia tocó la frente de Yoma, y la vio, a una dama desconocida, evacuada del Santuario. Que miraba al cielo, asustada, con una canasta de pan en sus brazos, rezándole a Athena porque todo terminara. Deseando que llegara un héroe—. Búscala… ella… te hará muy feliz… —y Hestia murió, y Yoma, continuó lamentándose.

Observatorio del Templo del Sol.

Cuando Shaula llegó a la cámara del trono de Apolo, encontró una larga alfombra roja que guiaba hasta un trono negro donde Saori se encontraba sentada, elevando su Dunamis rojo, pasando por un tragaluz en el techo, donde un sol rojo terminaba de formarse, y colisionaba con el sol azul que era Hyperión. Las estrellas giraban alrededor de los dos soles, así como el cinturón dorado, en el cual Shaula posaba sus ojos, mirando directamente la constelación de Aries, y esperanzada en recuperar a su marido.

—Bienvenida, mortal, al Dunamis Absoluto de Athena —apuntó Artemisa su báculo en dirección a Shaula, que se encontraba sumamente confundida—. Hasta aquí has llegado, tu afrenta a los dioses por fin ha terminado. El Cuarto Sol ilumina el firmamento y la tierra nuevamente empieza a ser destruida. Los Caballeros Dorados morirán en tan solo 2 horas, y Apolo se habrá convertido en el único regente del Olimpo, el único ser en la existencia en poseer un Dunamis —explicó Artemisa.

—Aún puedo detenerlo… y arrancarlo fuera de mi madre… —y Shaula comenzó a elevar su cosmos, y Artemisa simplemente sonrió—. Hemos llegado muy lejos para darnos por vencidos. Por 35 años, mi madre ha protegido a esta tierra. Y yo misma veré que así siga siendo… primero muerta que perder a mi madre… Artemisa —sentenció Shaula—. ¡Mis colmillos están bien afilados! —rugió la nueva Leo, y Artemisa sonrió.

—Dentro de un Dunamis Absoluto, no tienes posibilidades, es imposible —sentenció Artemisa, y la luna respaldó sus palabras—. En un Dunamis Absoluto… mi poder… es infinitamente mayor que fuera de él —y el Báculo de la Luna iluminó toda la sala del trono de Apolo.

—¡No existen imposibles para quienes tienen la voluntad de vencer ante cualquier adversidad! ¡Y por mi esposo Kiki debo de apresurarme! ¡Fuera de mi camino! ¡Relámpago de Voltaje! —gritó Shaula, y los relámpagos que Ikki no podía maniobrar, pero que Aioria le había enseñado a usar, resonaron con fuerza y atacaron a Artemisa, que colocó su dedo frente al ataque, resistiendo la explosión, pero los relámpagos la dañaron—. Relámpagos… Aioria comentó que eran la debilidad de los dioses… —sonrió Shaula, mientras Artemisa caía en su rodilla, ligeramente debilitada—. No deseo matarte, Artemisa… es a Apolo al que quiero por haber profanado el cuerpo de mi madre —aseguró Shaula, con furia en su voz.

—¿Asesinarás a tu madre entonces? —preguntó Saori—. ¿Te convertirás en matricida y continuarás con el Ciclo Infinito? —sonrió la nueva regente del Sol, caminando por el Dunamis Absoluto, con sus pies incinerando el suelo con cada paso—. ¿Podrás en verdad? Lo dudo mucho, jeje —sonrió Saori—. Niña mala. No sé cómo sobreviviste a la Apollon Arukeim, pero ya deberías tener bien presente mi poder, jejeje —sonrió nuevamente, y Shaula alzó su guardia.

Cima del Templo del Sol.

—¡Te lo repito! ¡La puerta estaba en esta pared y desapareció! —gritó Yoma ante un Retsu, y al resto de los Caballeros de Bronce reunidos. El de Pegaso estaba furioso, y culpaba a Yoma de haber dejado sola a Shaula—. Jamás la habría dejado sola si hubiera sabido que la puerta iba a simplemente desaparecer —apuntó a la pared.

—Derribaré la pared entonces —se quejó Retsu, elevando su cosmos y preparándose para impactar el lugar donde Yoma decía se encontraba la puerta—. ¡Dame tu Fuerza, Pegaso! —gritó Retsu, impactando la pared, pero sin hacerle rasguño alguno.

—No se molesten… a un Dunamis Absoluto solo los dioses pueden entrar —resonó la voz de Milo, y los Bronces se sobresaltaron, Sargas más que nadie, quien veía a su padre transformado en el dios de la guerra verdadero—. Dentro de un Dunamis Absoluto sin embargo… tendré la privacidad que necesito —y Milo observó a Aioria y a Mu, que bajaron sus miradas, y Milo entonces observó a Sargas, que lloraba sin saber qué decir—. Mereces saberlo… voy a matar a tu madre… Sargas… —y Sargas enfureció, y el resto de los de Bronce se sobresaltaron, y todos elevaron sus cosmos en contra de Milo—. No les he revelado esto para que intenten detenerme. ¡Teikhesipletes! —anunció Milo, y cadenas salieron del escudo de Milo, atrapando a los de Bronce, a todos menos a Sargas—. Tú vienes conmigo… te necesitaré como símbolo de esperanza… para intentar salvar a tu madre… —y Milo sacó una espada de Bronce de detrás del escudo Teikhesipletes, y lanzó un corte, que como Milo conocía de labios de Ares, poseía la fuerza divina de cortar las dimensiones, abriendo una grieta dimensional, y entrando junto a Sargas en el Dunamis Absoluto, y cerrando la puerta tras de sí.

Dunamis Absoluto de Athena.

—Apolo —habló Milo, y tanto Shaula como Artemisa y Saori se sorprendieron, mientras Milo llegaba junto a Sargas, y caminaba como el nuevo dios de la Brutalidad en la Guerra, dejando a su hija sin habla, e incomodando a Artemisa, que se hizo a un lado asustada—. He venido a terminar lo que empecé —sentenció Milo.

—¿El dios de la Brutalidad en la Guerra? —enfureció Saori—. Increíblemente, has logrado adquirir el poder de los dioses, malnacido. ¡Pero yo soy la diosa Athena! —gritó Saori, elevando su Dunamis de un rojo intenso—. ¡Yo soy la diosa de la Tierra! ¡Yo soy la diosa del Sol! —y llamaradas infernales rodearon a Saori—. Y este es mi Dunamis Absoluto, patético dios de la Brutalidad en la Guerra. Independientemente de tu divinidad, posees la misma fuerza que si Ares en su momento se hubiera enfrentado a Zeus, cosmos divino contra Dunamis. Aún sin mi armadura soy un ser superior. No eres más que un insecto —apuntó Saori.

—Arácnido, los escorpiones son arácnidos —especificó Milo, y apuntó su lanza en dirección a Saori—. Apolo o Athena, no me interesa… la mujer a la que amo se llama Saori, y sin importar qué… ¡voy a sacarte de su cuerpo! ¡Brotaloigos Edge! —gritó Milo, lanzando un corte escarlata, que Saori cubrió con el Muro de Cristal de Mu, que alimentado por el Dunamis Absoluto, era incluso más fuerte que el de los Caballeros de Aries—. ¡Terminen con Artemisa! ¡No quiero interrupciones! —se lanzó Milo contra Saori, y Shaula vio uno de los ojos de Milo brillar con el planeta Marte en su interior.

—¿Se ha transformado… en la Brutalidad en la Guerra…? —lloró Shaula, y Sargas le tomó de la mano—. Apolo… ¡me has arrebatado a mis padres! —lloró Shaula, y Sargas intentó calmarla, y cacheteó su rostro.

—¡No pierdas la esperanza! —le gritó Sargas—. Son nuestros padres de quienes estás hablando… esperanza… fue lo que nos llevó a nacer en primer lugar… —sentenció Sargas, y elevó su cosmos en dirección a Artemisa—. ¡Relámpago de la Aurora! —gritó Sargas, y Artemisa conjuró su escudo, defendiéndose de los ataques del Caballero del Cisne.

—¡Relámpago de Voltaje! —gritó Shaula, apoyando a Sargas, y derribando a Artemisa, que se vio sobrepasada por los semidioses, cuyos cosmos comenzaban a recobrar el brillo de los dioses verdaderos gracias al Dunamis Absoluto, que igual que con Milo en la batalla contra Ares, respaldaba la fuerza de quienes estaban en su interior, y flamas doradas y azules los rodearon a ambos—. ¡Plasma Relámpago! —gritó Shaula.

—¡Rayo de Polvo de Diamante! —continuó Sargas, desatando una técnica igual al Plasma Relámpago de Shaula, pero de relámpagos de hielo, y Artemisa fue abatida por la fuerza de los hijos de la guerra.

—¡Gran Cuerno! —gritó Saori, y Milo colocó a Teikhesipletes en el camino, resistiendo el ataque, y Saori entonces se lanzó en contra de Milo, con su mano brillando con una esfera de cosmos—. ¡Explosión de Galaxias! —y la fuerza del ataque, destelló con una fuerza muy superior a la que cualquier Caballero de Géminis pudiera lanzar. Dentro del Dunamis Absoluto, todo ataque crecía exponencialmente, derribando incluso a los dioses, y Milo gritó de dolor, mientras Saori lo clavaba al suelo que no era más que polvo de estrellas, reunía flamas azules a su alrededor, y las lanzaba contra el dios de la guerra—. ¡Flamas Azules Demoniacas! —y Milo fue bañado por las llamas, pero intentó ponerse de pie, usando su lanza como soporte.

—¡Teikhesipletes! —gritó Milo, atrapando a Saori en cadenas, y sacando la espada de Bronce de detrás del escudo—. ¡Maleros! —lanzó su ataque Milo, y Saori se desvaneció, usando la fuerza de los Caballeros de Aries para desmaterializarse, pero su sangre salió disparada de una herida en su hombro de todas formas—. ¡La espada de Bronce corta las dimensiones! ¡No importa a donde huyas, mi espada te encontrará! —y Milo preparó la espada, pero se vio rodeado de relámpagos dorados, que le hirieron los brazos mientras intentaba blandir su espada.

—¡Relámpago de Voltaje! —impactó Saori el pecho de Milo, derribándolo en contra del suelo—. ¡Recapitulación del Cielo y el Infierno! —y esferas doradas bombardearon a Milo, que se encontraba agotado, pero se negaba a rendirse—. ¿Cuánto más podrás resistir? —habló Saori, y cientos de dragones la rodearon—. ¿No entiendes el poder que poseo? Aparentemente no. ¡Los 100 Dragones de Rozan! —y Milo tomó la espada en una mano, y blandió su lanza con la otra, y atacó a los Dragones que inclusive sangraron, en esta dimensión parecían reales.

—Soy el asesino de dragones… no puedes usar unos simples dragones para vencerme —y Milo rasgó las dimensiones con su espada, y de un portal escarlata salió disparada una lluvia de espadas, que destrozaron a los Dragones restantes, y llenaron el Dunamis Absoluto de sangre—. ¡Muere! —gritó Milo, encajando su lanza en el suelo de polvo de estrellas, y Saori se impresionó, mientras varias espadas salían del suelo, le atravesaban las piernas, los brazos, incluso le salían desde la espalda por fuera del vientre, y la imagen horrorizó a Milo, pero se mordió los labios, resistiendo las lágrimas, y apuntó su lanza a Saori—. ¡Brotaloigos Edge! —gritó Milo, y el destello escarlata arrasó con Saori, y su grito de dolor resonó por todo el Dunamis Absoluto.

—¡Madre! —gritó Shaula, horrorizada por presenciar a su padre hiriendo a su madre a ese nivel, Sargas estaba igualmente sobresaltado, y en la distracción, Artemisa reunió todo el cosmos que le fue posible, y bombardeó a los hijos de la guerra de flechas blancas de luz que los derribaron a ambos—. ¡Aaaaaaaaaah! —sufrieron ambos de dolor, y Sargas quedó noqueado, pero Shaula, como Caballera Dorada, incineró su cosmos más y más—. ¡Largo de mi vista! ¡Domador de las Bestias! —rugió Shaula, y atravesó a Artemisa, que cayó en sus rodillas, solo para ser congelada por el hielo que Sargas alzaba desde el suelo.

—Apolo… sálvame… —lloró Artemisa, mientras Sargas elevaba su cosmos en la pose del cántaro de la Ejecución de Aurora desde un extremo, y Shaula lo hacía con el Relámpago de Voltaje desde el otro—. Apolo… —lloró Artemisa, y recibió ambos ataques, siendo asesinada por los hijos de la guerra.

—¿Así que mi hermana ha muerto también? Es una verdadera lástima —habló Saori, con su cuerpo totalmente ensangrentado, y lanzando agujas en dirección a Milo, que las evadía con preocupación visible en sus ojos, hasta que no pudo evadir más, y blandió su lanza, desviando las agujas a los alrededores—. Eso nos convierte a ambos, en los últimos dioses Olímpicos —y Saori preparó su arco y flecha, y disparó, forzando a Milo a bloquear con su escudo, pero la poderosa barrera, tan fuerte como todo el muro de Troya, sucumbió, y la flecha pasó a través del hombro de Milo—. Vi tu combate con Ares… sé la debilidad de esa armadura… ya no tienes tu escudo Teikhesipletes, ya no tienes a tu espada Maleros, pero yo aún tengo la mía. ¡Excalibur! —gritó Saori, y el corte forzó a Milo a bloquear con su lanza, pero cuando se liberó del tremendo poder de la espada, encontró un destello helado rodeando a Saori—. ¡Ejecución Aurora! —y Milo fue abatido con fuerza, y su lanza se clavó en contra del suelo de estrellas cerca de su mano—. Ahora te arrancaré el corazón. ¡Rosa Sangrienta! —y la rosa se clavó en el corazón de Milo, que por el dolor cayó en su rodilla, mientras Saori se acercaba, ensangrentada y herida, pero aparentemente divertida—. ¿Oh? ¿Te rompí el corazón? Es una verdadera lástima —se burló, pero entonces sintió un terrible dolor—. ¿Qué…? —se quejó Saori, retrocediendo, con la lanza de Milo atravesándole el vientre, y Sargas y Shaula se horrorizaron—. ¿Cómo puedes atacar a tu propia esposa… con tan poco sentimentalismo? —se quejó Saori, sacándose la lanza del vientre, y cayendo arrodillada frente a Milo, que respiraba pesadamente en la misma pose.

—Puedo porque amo a la mujer que mantienes prisionera —lloró Milo, mirando a Saori fijamente, mientras él y ella respiraban pesadamente—. Prefiero verla muerta que destruyendo la tierra que tanto ama —y Milo se arrancó la rosa del pecho, sintiendo un tremendo dolor, pero lo ignoró, movió su brazo izquierdo, y su escudo y espada de Bronce regresaron a su mano, y al alzar la mano derecha, la lanza Brotaloigos se materializó con la punta mirando al rostro de Saori—. ¡Muere! —gritó Milo, bajando la lanza, Sargas y Shaula gritaron suplicando que se detuviera, y Saori lloró, y en ese momento, la lanza se detuvo a escasos centímetros del rostro de Saori—. No puedo… —lloró Milo— ¡Maldición! —continuó llorando Milo.

—Pero yo sí puedo, ¿verdad? —colocó su mano Saori sobre el pecho de Milo—. ¿Cariño? —se burló, y la diosa Niké se formó en su mano, y salió por la espalda de Milo, atravesándolo—. ¿En verdad creíste, que las lágrimas eran de tu amada dolida por ser asesinada por su marido nuevamente? —le susurró Saori al oído, y le lamió las lágrimas a Milo—. Te tengo un secreto… amor mío… —sonrió—. Yo… soy Saori… ni Athena ni Apolo existen más, solo existe la diosa que tienes frente a ti. Te amo casi tanto como te odio, pero soy una tirana, ¿no es así? —y Saori sacó a la diosa Niké del pecho de Milo, y el dios de la Brutalidad en la Guerra cayó sobre el polvo de estrellas, mientras Saori miraba a Sargas y a Shaula, ambos horrorizados—. ¿Qué debo hacer con ustedes? Ya que soy su madre, y he enunciado la profecía que me dará muerte, estoy un poco preocupada por lo que ustedes, par de semidioses, no, par de dioses —corrigió recordando que la sangre de los niños pertenecía a ambos dioses de la guerra—. Representan. Ambos son asesinos de dioses —continuó Saori, y tanto Sargas como Shaula retrocedieron—. Debería matarlos ahora que puedo —y Saori levantó la lanza de Milo, y la apuntó al par.

—No te atrevas… a tocarlos… —habló Milo, sorprendiendo a Saori—. Ellos son la prueba… de que Saori alguna vez existió… la prueba… de que existe la esperanza… la prueba… de que la amo… la prueba de que aún puedes ser salvada… —lloró Milo, y Saori se repugnó, y de un movimiento de su mano, encerró a Shaula y a Sargas detrás de una caja de cristal tornasolado—. No me has matado aún —prosiguió Milo.

—Eso puede arreglarse —camino Saori con su aguja preparada—. Ahora eres el dios de la Brutalidad en la Guerra, ¿verdad? Eso te hace vulnerable a una estrella roja en el cielo que es tu opuesto, la Anti-Ares —y Saori lanzó una aguja, que perforó la pierna de Milo, y lo derribó sobre el suelo estrellado—. Esto es más divertido de lo que debiera de ser, ahora, no fastidies mientras decido qué hacer con nuestros hijos —continuó Saori, y miró al par, pero Milo le tomó la mano a Saori—. Me estás molestando… dios de la Brutalidad en la Guerra… abajo y en 4 —y Saori perforó a Milo con otra aguja en su otra pierna, y lanzó otro par a sus hombros, derribando a Milo, que se quejaba del terrible dolor—. Solo muérete ya, no es divertido torturarte —y Saori pateó a Milo, y volvió a tomar la lanza, acercándose a sus hijos, cuando Milo volvió a ponerse de pie—. ¿Qué parte de muérete no entiendes? No eres siquiera una preocupación, los únicos que pueden matarme son ellos y ninguno tiene la voluntad de levantar su puño en contra de su propia madre —apuntó Saori.

—Hablas como si pretendieras perdonarme la vida… Saori… —y Saori se molestó, apuntó su aguja a Milo, y lo perforó en 5 ocasiones más, y Milo se retorció del dolor, cayó al suelo, e intentó seguir adelante—. Saori… escúchame… solo… escúchame… hay esperanza… —y Saori se fastidió, y levantó a Milo del cuello.

—¿Qué quieres que haga? ¿Qué te bese? ¿Qué te inunde de caricias? No significas nada para mí —y Saori besó a Milo, antes de clavarle otra aguja, y dejarlo tendido sobre el suelo—. Solo muere, y deja de fastidiar. Entiéndelo de una buena vez —pero Milo volvió a ponerse de pie, molestando a Saori—. ¡Muérete ya! —gritó Saori, elevando su Dunamis, y lanzando otra aguja que lanzó a Milo varios metros hacia atrás—. ¡Me fastidias! ¡Me fastidias! ¡Me fastidias! ¡Solo muérete! —pero Milo volvió a pararse, y Saori enfureció—. ¡Te clavaré la siguiente aguja entonces! ¡Aguja Escarlata! —y Milo fue perforado en su pecho, pero resistió el dolor, y siguió caminando—. Ya basta… eres el dios de la Brutalidad en la Guerra… sabes lo que pasará cuando llegue a Antares… —amenazó Saori.

—¿Entonces por qué me haces advertencias… y no la lanzas únicamente y terminas con esto? —y Saori bajó la cabeza—. Estás allí dentro… ¿verdad? ¿Estas saliendo? —llegó Milo hasta donde Saori estaba, mirando al suelo de estrellas con confusión—. Saori… sal de allí por favor —y Saori apuntó su aguja nuevamente.

—¡Aguja Escarlata! —y Milo fue abatido por la tremenda fuerza de las agujas, y terminó con los ojos desorbitados, aguantando el dolor, e intentando seguir adelante—. Ya basta… no sigas… ya basta… esto… ha dejado de ser divertido… —pero Milo siguió—. ¡Ya basta! ¡Aguja Escarlata! —y Milo fue perforado por la penúltima aguja, y fue noqueado—. Que fastidio… ya no me estoy divirtiendo… —y Saori volvió a caminar hasta llegar ante Sargas y Shaula, que se abrazaban intentando resistir el dolor de lo que estaban viendo—. Ya todo terminó… ahora mueran y sellen mi victoria —y Saori alzó la lanza, y estuvo a punto de usarla para asesinar a sus hijos, cuando sus ojos se desorbitaron, y sus cejas temblaron, incrédulas—. No es posible… —Milo se había vuelto a poner de pie, y Saori se mordió los labios—. ¡No es posible! —y Saori preparó a Antares—. ¡Maldito! ¿Por qué no mueres? —y Milo observó a Saori.

—Regresa a mí… —y Saori se ruborizó, cerró sus manos en forma de plegaria, y las pegó a su pecho, y Milo volvió a acercarse—. Regresa… solo… regresa… despierta de una buena vez… —y Milo colocó su mano gentilmente sobre el rostro de Saori—. Despierta… yo… no he perdido la esperanza… —lloró Milo.

—¡Muere! —gritó Saori, haciendo estallar su cosmos, lanzando a Milo a un lado, rompiendo su prisión de cristal y noqueando a sus hijos—. ¡Parece que necesitas de un mayor castigo! ¡Excalibur! —y Milo evadió el ataque cortante, y Saori alzó sus manos—. ¡Gran Cuerno! —y Milo fue abatido, y planetas enteros comenzaron a crearse en el Dunamis Absoluto—. ¡Explosión de Galaxias! —y Milo terminó nuevamente en el suelo, y su sangre manchó el polvo de estrellas—. No molestes… no me molestes… solo muérete… no te levantes, no sigas intentándolo, pierde la esperanza, solo piérdela… ríndete… —lloró Saori—. Solo ríndete… ríndete y ya… es simple… solo muérete y ya… es así de sencillo… muere y ya… —y Milo se puso de pie, tomó la mano de Saori, y apuntó la aguja a su pecho—. No… solo… deja de molestarme… ya es suficiente… —lloró Saori.

—Solo hay una forma… en que me deje de levantar… —y Saori tembló, y movió su cabeza en negación—. ¡Destrúyeme! ¡Reclama tu victoria frente al dios de la Brutalidad en la Guerra! ¡Lánzame mi aguja! —y Saori lo negó—. O vuelve a mí… —y Saori se alejó de Milo.

—¡Noooooooooo! —y Saori enfureció, y gritó con furia—. ¡Antares! —y atravesó a Milo con su fuerza, y el dios de la Brutalidad en la Guerra se desplomó en contra del suelo—. Te dije que me dejaras en paz… te dije… que no me molestaras… te dije que era una tirana… te lo dije… —lloró Saori.

—Me dijiste… que tanto Saori como Apolo habían dejado de existir… —se incorporó Milo, sorprendiendo a Saori—. Pero no es verdad… esa… no fue Antares… —y los agujeros en el cuerpo de Milo, soltaron el veneno de las agujas—. Shaula… está débil… usa tus relámpagos y devuélvenos a tu madre —y Shaula lo comprendió, corrió en dirección a Saori, y colocó su mano sobre el Collar de Harmonía.

—¡Plasma Relámpago! —gritó Shaula, con su mano sobre el collarín, y los relámpagos hirieron a Saori, que gritó de dolor, pero el Collar de Harmonía cedió, se rompió, y Milo corrió hasta donde Saori, la atrapó en sus brazos, mientras las flamas atrapadas dentro del Collar de Harmonía eran liberadas, y Apolo, el dios del Sol, observaba incrédulo a Milo sosteniendo a Saori en sus brazos, libre de la influencia del collar—. Así que… relámpagos… —sonrió Shaula, destruyendo el collar con los relámpagos de sus manos—. El relámpago siempre fue la respuesta, el poder de derrotar a los dioses. Mi padre lo sabía, pero primero tenía que lograr un imposible, sacar a mi madre de dentro del Collar de Harmonía —y Apolo se horrorizó, mientras Shaula elevaba su cosmos, dorado e intenso—. Ahora… terminaré contigo… —comenzó Shaula, pero de pronto se horrorizó, y Apolo sonrió.

—Oh… es una lástima… se acabó el tiempo… —y Shaula sintió la flama en el Reloj de Cronos extinguirse, había perdido a su marido—. No todo se perdió al final… al menos… asesiné a los 12 Caballeros Dorados… —sonrió Apolo.

—¡Maldito! —gritó Shaula, se lanzó en contra de Apolo, y lo tomó del rostro—. ¡Relámpago de Voltaje! —gritó Shaula, y los relámpagos destrozaron el cuerpo de Apolo, dándole muerte, y derribando el Dunamis Absoluto.

—¡El Templo del Sol se viene abajo! —gritó Sargas, miró a Shaula, y la de Leo lloraba sin consuelo—. ¡Shaula! —gritó Sargas, y Milo se incorporó, con Saori en sus brazos—. ¡Shaula! ¡Vámonos! —gritó Sargas, y Shaula miró a su hermano, mientras el Templo del Sol se derribaba a su alrededor, y Shaula movía su cabeza en señal de negación—. ¿Hermana? —preguntó Sargas.

—¿Qué caso tiene? —preguntó Shaula, entristecida—. De todas formas… perdí a mi marido… no logramos salvarlos a tiempo… y aún con Apolo muerto… soy… la asesina de dioses… quien deberá matar a mamá… —lloró Shaula—. Debería morirme y ya… y terminar con el Ciclo Infinito… nunca debí de haber nacido —y Milo caminó hasta llegar a ella, y le jaló el cachete con fuerza—. ¿Padre? —se preocupó Shaula.

—¡Gata torpe! —le recriminó Milo—. ¡Mientras vivas, hay esperanza! ¡Vienes de una familia que es capaz de romper cualquier imposible! —y Shaula miró a su madre y a su padre, y comprendió lo que su padre trataba de enseñarle—. Ahora… vamos… no pierdas la esperanza —y Shaula asintió, y comenzó a correr escaleras abajo, mientras todo el Templo del Sol se venía abajo. Aioria y Mu se mostraron agradecidos por ver a Milo corriendo con Saori en sus brazos, los de Bronce se alegraron de igual manera, pero no era el momento, debían bajar, el Templo del Sol caía, al igual que el sol rojo en el cielo que era tragado por Hyperión, todo volvía a la normalidad, y cuando el grupo llegó al último piso, encontraron a 12 guerreros, y a un dios del Tiempo, llorando agradecidos por lo que acababa de suceder, mientras Cronos lloraba de alegría arrodillado frente a las puertas del Templo del Sol, que al venirse abajo, soltó una inmensa nube de polvo de cenizas que Cronos ignoró, mientras posaba su atención únicamente en los recién llegados.

—¡Kiki! —gritó Shaula, se lanzó a Kiki, y lo abrazó con fuerza—. ¿Cómo? Tu flama se extinguió… la sentí extinguirse… pasaron las 12 horas… —lloró Shaula, y abrazó a Kiki con fuerza, negándose a soltarlo.

—La esperanza de Athena… —lloró Cronos, temblando en el suelo, aún incrédulo—. Fue más fuerte de lo que creí… la flama de Aries… duró más de una hora… —se alegró Cronos, miró a Milo y a Saori, y se arrodilló frente a ambos—. Gracias… por traerla de vuelta… mi querida nieta… —lloró Cronos, mientras Milo ponía a Saori en el suelo, y permitía a Cronos compartir un abrazo con su nieta—. Te juro que no sabía si era posible… —lloró Cronos.

—Fue posible… abuelito… ¿acaso dudaste de mis Caballeros Dorados? —sonrió Saori, y besó el cachete de su abuelo, antes de ponerse de pie, ver a todos sus valientes guerreros, y sonreírles. Pero su sonrisa, duró muy poco, mientras Saori, lentamente, observó a Milo—. Volviste… —y Milo asintió—. Y sigues con vida… —y Milo asintió nuevamente.

—Te aseguro que no por mucho —y Milo movió su brazo, y la Armadura de Ares se desintegró, y debajo apareció la Armadura de Escorpio, vistiendo a Milo de dorado—. Aún tengo una última batalla que librar —y Milo observó a Aioria, y el hermano de cosmos de Milo asintió—. Estoy listo… para terminar con nuestra rivalidad para siempre… Aioria… —y Aioria asintió, colocó la mano sobre la cabeza de Shaula, y le quitó el casco.

—Tengo que tomar tu armadura prestada… por algún tiempo… Shaula… —y Aioria se colocó el casco, y la Armadura de Leo se desprendió de Shaula, aún en brazos de Kiki, y arropó a Aioria—. Tranquilo Ikki, la recuperarás… dentro de 1,000 días… —sonrió Aioria, y todos los presentes los miraron a ambos—. Te llevaré a tu tumba, dios de la Brutalidad en la Guerra… —sonrió Aioria.

—Eso lo veremos, Caballerito de Athena —sonrió Milo, y encaró a Saori, que se reunió con Sargas y Shaula, y los 3 miraron a su padre—. Cuiden a su madre por mí… no olviden que no hay ningún imposible que no puedan romper… —terminó Milo, y Shaula y Sargas no intentaron siquiera razonar con Milo, y ambos abrazaron a su padre con fuerza—. Son mis pequeños hijos de la guerra… sean felices… aunque los 2 terminen con Muvianos —sonrió Milo, y tanto Shaula como Sargas se avergonzaron, y Milo entonces observó a Saori, y sonrió—. Nos volveremos a ver… —y Saori lloró, asintió, y besó a Milo gentilmente, quien le regresó el beso, y miró a los incrédulos a su alrededor—. No soy bueno para las despedidas… —prosiguió Milo, y recordó una frase, sonrió, y encaró a todos nuevamente—. A ustedes quienes son capaces de triunfar ante cualquier adversidad… les encomiendo a Athena… —y Milo comenzó a retirarse, mientras Aioria se reunía con Marín y con Retsu.

—Cuida a tu madre por mí —habló Aioria, sacudiéndole el cabello a Retsu—. Siento que siempre fui un despreocupado… no te cuidé como debía, y Marín… quisiera haberte dado más —y Marín sonrió—. Yo… no voy a… —y Marín le tapó los labios con un dedo.

—No puedo revelar el futuro… perderé la memoria si lo hago… —lloró Marín, pero con una hermosa sonrisa en sus labios, y besó a Aioria con gentileza—. Termina con el dios de la Brutalidad en la Guerra —y Aioria asintió, y los dos2 Caballeros Dorados caminaron hasta llegar ante Mu, que los miró a ambos con sus ojos bañados en lágrimas, y ambos colocaron sus manos sobre la cabeza de Mu.

—Tontos… yo soy el mayor… —lloró Mu, mordiéndose los labios con fuerza, intentando no llorar, pero las lágrimas se le escapaban—. Juro… que a pesar de lo que depare el futuro… seguiremos siendo hermanos de cosmos aún con su muerte… —y Mu los abrazó a ambos—. Egoístas… imbéciles… desconsiderados… malos hermanos… ponzoñoso escorpión… gato torpe… corazón de piedra… malo con el vino… profana diosas… mujeriego… —y tanto Milo como Aioria se burlaron—. Tontos cabezas huecas que se atreven a dejarme solo, imbéciles, cerebros de minotauro… alientos de Gorgona… y miles de cosas más que nunca les dije… pero que siempre resistí porque los quería como a mis hermanos de sangre… par de papanatas… —y Milo y Aioria sonrieron.

—Maldito Muviano —resumieron los 2 al unísono, y dejaron a Mu atrás, llorando, mientras perdía a 2 de sus hermanos de cosmos—. ¿Ya sabes dónde quieres morir? —preguntó Aioria a Milo, burlándose a pesar de la situación.

—Nací en la Isla de Milo… moriré en la Isla de Milo… mi isla… mi tumba… —sentenció Milo, y Aioria se soltó a carcajadas—. Te vas a morir primero, soy más fuerte que tú —se burló Milo.

—¿Eeeeeh? ¿Quieres que te lastime, maldito escorpión pervertido desvirga diosas? —y Milo se molestó—. Soy más fuerte que tú, aunque me bailes con tu tonta Danza del Escorpión —y Milo le golpeó la nuca a Aioria, mientras ambos caminaban en dirección a los muelles.

—Nos volveremos a ver… —sonrió Saori—. Ustedes son… mi esperanza… —y Saori se alegró, y encaró a Mu—. ¡Ahora hay que volver a reconstruir el Santuario! ¡Patriarca Mu! —y Mu se sobresaltó, y por alguna razón, todos rieron junto a Saori.

Inicia Tema: Cadena de Flores.

"El Recuerdo de un adiós, días lejanos que se van.

Pinturas viejas en el desván, que el tiempo encontrará."

"Acuarelas de amistad, en rojo y gris y allí estaré.

Cada vez, que al sonreír, resista el amor…"

"De ese cuadro que pintamos tú y yo.

Corazón, de un lienzo, que no ha perdido su color."

"Si tus manos y el calor se funden con mis sueños hoy.

¿Por qué morir…?"

"No hay ni una razón, no hay ningún por qué, si morir y amar se enredan.

Hilos del amor, cadenas de flores…"

"Lloraré tu adiós, y reirá el dolor.

Pero amarte en esta vida has de existir."

"Luchar, vencer la eternidad…

Quedar, en pie, solo yo…"

"El recuerdo de un adiós, los días pasan sin querer.

Si nos falta, algo por contar, palabras que decir."

"Tu mirada que se pierde, tan dispersa como el mar.

Y a pesar de todo, contigo seguiré…"

"La harmonía entre la azada de este amor.

Tú y yo, canciones que brotarán del corazón."

"Y el sonido de tu voz, cantará junto a la mía al fin…

Y por una vez…"

"Si hay una razón, si hay un por qué, que morir y amar sean uno.

Al unir la cadena de flores…"

"Ríos de pasión, llenarán mi mar, y por cada piel mil lágrimas de amor.

Y yo, cantando junto a ti… la melodía sin fin…"

"Si hay una razón, si hay un por qué, que morir y amar sean uno.

Hilos de amor, cadena de flores…"

"Lloraré tu adiós, y reirá el dolor, y seremos cómo pétalos en flor.

Que van flotando sobre el mar…"

"Y enredará, este amor…

Al fin, tú y yo, y yo en ti…"

"NO ROMPERA DIOS CADENAS DE UNA FLOR…"


Epilogo:


Continúa Tema: Cadena de Flores.

Atenas, Grecia. 01 de Abril de 25 N.G.

—Muevan esas piedras a aquella esquina —ordenó Mu, el Santuario había entrado en reconstrucción, Mu ahora era el Patriarca del Santuario, y tenía mucho trabajo, aunque principalmente su estrés se debía a que continuamente desviaba su mirada a una isla a lo lejos, la Isla de Milo, donde por al menos una semana, destellos dorados estallaban sin descanso, transformando la isla en un deleite por las noches, pero que durante el día hería el corazón de Mu—. Siempre fue su sueño… tener una batalla de 1,000 días —sonrió Mu—. Cabezas de chorlito —continuó el de Aries, y miró a Kiki y a Shaula, que llegaban junto a él—. ¿Oh? Kiki, te vez bastante relajado —sonrió Mu, y el de Aries se sonrojó un poco, mientras abrazaba a su esposa—. ¿Has comenzado ya con la reconstrucción de las Armaduras Doradas? —preguntó Mu, y Kiki asintió.

—He tenido algunas complicaciones, se sonrojó Kiki, mientras miraba a Shaula—. Le he dicho que no es posible que una humana pueda usar las herramientas cósmicas, pero ella está decidida a aligerarme la carga —se burló Kiki.

—No me fastidies, Kiki, estoy haciendo mi mejor esfuerzo… estás muy débil para reparar cualquier cosa… tonto… —se sonrojó Shaula, y Mu sonrió—. ¡Tío Mu! ¡Díselo! ¡Verdad que no es imposible! —preguntó Shaula, esperanzada por recibir una respuesta afirmativa.

—Sería inútil decirte que lo es… —se preocupó un poco Mu—. Esfuérzate, Shaula, seguro lo conseguirás… y Kiki… mi más sentido pésame… —se burló Mu, y Kiki se preocupó, pero Mu lo ignoró, y miró al Santuario en ruinas—. Ahora dejen de molestar, hay mucho que hacer, en vista que la montaña donde estaba construido el Santuario ha desaparecido, tenemos que arreglárnoslas para construir una pirámide griega que albergue las 12 Casas y sea igualmente inaccesible para los invasores por todas direcciones… es eso, o volver a levantar una montaña, en cuyo caso, no me gustaría molestar a Saori —pero mientras Mu mencionaba esas palabras, suspiró mientras la tierra milagrosamente se levantaba, restaurando las montañas—. Saori… —se molestó Mu, y vio a una cansada diosa, vistiendo harapos, escondiéndose de Mu—. Suficiente… sé que fuiste tú… ni Cronos podría levantar una montaña… además… qué haces vestida en harapos, eres una diosa, ve a tu tienda y descansa, no estés desperdiciando tu Dunamis, y no vayas descalza… ¿cuántos Patriarcas te han dicho lo de andar descalza? —se quejó Mu.

—¿Contando mis encarnaciones anteriores o solo la actual? —preguntó Saori, saliendo de su escondite y mirando a Mu cuidadosamente—. Veamos… Aioros creo que lo mencionó… Shaka definitivamente lo hizo, y me reprendía severamente… Hyperión y Theia eran un poco más flexibles, pero Hyperión solía comentarlo también… y luego llegamos a Mu… —terminó Saori.

—¡Y aun así no entiendes! ¡Mandaré a construirte un par de bloques de concreto como sandalias si vuelvo a verte descalza! —regañó Mu, y Saori se horrorizó, Shaula simplemente se preocupó por la poca madures de su madre.

—¿Eeeeeh? ¡Eso es muy cruel, Mu! —fingió que lloraba Saori—. Pero si tan solo estoy disfrutando de las bendiciones de la tierra… mi bisabuela Gea creó este mundo, tocar la tierra con mis pies… uniendo mi piel a la tierra… es como acariciar a mi bisabuela… por eso siempre estoy descalza… —explicó Saori, y los ciudadanos que escucharon aquello, sonrieron, y todos se quitaron sus sandalias, alegrando a Saori, pero molestando a Mu.

—¡Saori! ¡Estás creando modas innecesarias! —reprendió Mu—. ¡Ponte las sandalias! —y Saori hizo un puchero, le sacó la lengua a Mu, y comenzó a correr escapando del Patriarca—. ¡Saori! ¡No voy a perseguirte! ¡Saori! —pero Mu ya había comenzado a perseguir a la diosa. Y Saori pasó frente a un Ohko, quien cargaba una montaña de ladrillos, le sonrió, y Ohko saludó a su diosa, pero sus ladrillos comenzaron a caerse, forzando a Nachi y a Shiryu, que estaban también ayudando en la construcción a ayudarle a mantener los ladrillos en su lugar, mientras Mu seguía persiguiéndola—. ¡Saori! ¡Eso es muy irresponsable! ¿Alguna vez hiciste a Shaka perseguirte? —preguntó Mu, y Saori se ocultó tras un Kanon que intentaba cortar algo de leña.

—¡No! ¡Solo a ti! ¡Shaka me hubiera obligado a meditar en la pose de loto! ¡Tú eres más divertido! —sonrió Saori, y continuó corriendo, escapando de Mu, y Kanon simplemente sonrió, mientras Mu seguía persiguiendo a Saori—. Tranquilo, Mu, la vida sigue, hay que divertirse —y Saori chocó con Ikki, y se preocupó, mientras Ikki la miraba sombríamente, suspiraba, se agachaba, se quitaba las sandalias, y se las amarraba a Saori antes de irse a seguir ayudando en la construcción—. Gracias… supongo… —se quejó Saori mientras veía sus sandalias—. Que poco divertido… —hizo puchero Saori, y Mu llegó ante ella.

—No me estés causando problemas, tengo mucho que hacer —y Saori sonrió fríamente—. ¿No me vas a hacer la misión de restaurar el Santuario sencilla, verdad? —y Saori lo negó—. ¿Hay alguna razón en específico? —y Saori entristeció un poco, y Mu se preocupó, y ambos miraron a la Isla de Milo—. Supongo… que puedo tolerar tus travesuras… —y Saori sonrió—. Pero nada de andar descalza, enfermarás… —reprendió Mu.

—Solo por esta ocasión porque Ikki me dio sus sandalias —saludó Saori a Ikki, que medió la ignoró mientras iba a con Shun, Hécate, Crateis, June y Rose, que trabajaban juntos en la reconstrucción—. Voy a seguir viviendo sin preocupaciones… aún si Milo no está conmigo —y Saori sintió un par de manos posarse en cada uno de sus hombros, una pertenecía a Jabu, la otra a Hyoga, que llegaba empujando la silla de ruedas de Natassia—. Milo, dejo un legado hermoso atrás… —sonrió Saori, mientras Jabu y Hyoga regresaban a auxiliar en la reconstrucción.

—¡Aun así! ¡Saori! ¡Eres una diosa! —escuchó Saori, y se preocupó y ocultó detrás de Mu, mientras Pandora, vistiendo ropa común pues también estaba trabajando, la reprendía con molestia—. Deja de actuar como una chiquilla y ponte a trabajar.

—¡No quiero! ¡Pandora! ¡Tú siempre eres muy mala conmigo! —se quejó Saori, y Pandora se sorprendió, mientras Saori le sacaba la lengua con molestia—. ¡Shura! ¡Te ordeno que le digas a Pandora que es mala! —apuntó Saori a un Shura con medio rostro vendado, y que por los vendajes había tenido que afeitarse.

—¡No puedes ordenarle eso a Shura, él ya no es un Caballero Dorado de Capricornio, ese es Alguedi —apuntó Pandora, y Saori sonrió sombríamente—. Espera, no… —y Pandora observó a su hijo, vistiendo la Armadura Dorada de Capricornio.

—Am… madre… eres mala… —se sonrojó Alguedi, y Saori se rio con fuerza, antes de salir corriendo dejando a Pandora ruborizada por el odio—. Perdona… madre… Kiki incluso reparó la Armadura de Capricornio primero, tal parece que pudo haber esperado un poco para evitarte esa vergüenza —y Shura sonrió, colocó su mano en la hombrera de su hijo, y se retiró para ayudar.

—Tonterías, te queda bien el dorado —llegó otra Caballero Dorado, Munin de Géminis, la hija de Nachi y discípulo del ahora caballero retirado, Kanon de Géminis—. Señorita Pandora, tomaré prestado a su hijo, patrullaremos los senderos cercanos a Atenas en busca de Caballeros Negros —agregó Munin.

—Los Caballeros Negros están en crisis tras la guerra con Apolo, no nos molestarán, hermana presumida. Solo quieres pasar tiempo con Alguedi —se molestó Hugin, y Munin se ruborizó. El Caballero de Altar y asistente de Mu entonces ignoró a su gemela mientras miraba a Mu y Munin le sacaba la lengua—. Señor Mu, yo me encargaré de la reconstrucción, la arquitecta real, Lithos, ya tiene los diseños de las nuevas 12 Casas, el Templo del Patriarca, y el nuevo Templo de Athena. Además, encontramos un buen reemplazo para el trono de la señorita Athena, aunque es de estilo vikingo —y Mu se preocupó por lo que estaba escuchando—. Por favor vaya con Saori… necesita de usted en estos momentos… nos muestra sonrisas a todos pero… —intentó explicar Hugin.

—Está llorando en su alma, ¿verdad? —habló Seiya, que llegaba junto a Marín y Touma, que ahora era el Caballero de Plata de Sagita—. Me recuerda a cierta imprudente que siempre pretende que todo está bien —le froto la cabeza Seiya a Marín.

—Seiya… si no sonreímos, y aceptamos la realidad, jamás superaremos este dolor —le explicó Marín—. Pero, comprendo perfectamente lo que está sintiendo Saori… vamos… ayudemos en la reconstrucción, Touma… aún falta mucho para que te perdone, así que debes trabajar muy duro —y Touma sonrió, asintió, e hizo una reverencia frente a Mu, quien sintiendo el apoyo de todos, caminó por la zona de reconstrucción, y vio a su hija charlando con Sargas, aunque estaba muy concentrada en la plática como para percatarse de su padre, que simplemente continuó caminando, ignorando a su hija, que entonces comenzó a llorar, al recibir un anillo de compromiso de parte de Sargas, a quien besó en ese momento.

—Por alguna razón… tengo un mal presentimiento… —continuó Mu, y saludo a Shoryu y a Retsu que entrenaban arduamente, y continuó caminando hasta encontrar a Yoma, charlando con una panadera, que estaba sumamente impresionada con él, lo que Mu pensó era curioso, pero prestándole poca atención, continuó su camino hasta una pequeña zona boscosa, llena de flores hermosas, y donde encontró a Saori, sentada en el césped, con su frente pegada a sus rodillas—. Lo sabía, estas llorando… —habló Mu.

—¿Eh? ¿Llorando? ¡Claro que no! —se cubrió los ojos con el antebrazo Saori, y Mu fue capaz de ver su cara ruborizada—. ¿Qué cosas dices, Mu? Claro que no estoy llorando… no soy una niñita sabes… entiendo perfectamente muchas cosas… —pero las lágrimas de Saori continuaron cayendo, y Mu se sentó junto a ella—. No estoy llorando… definitivamente no lo estoy… tú estás llorando —apuntó Saori, pero al hacerlo, se dejó de cubrir el rostro, y Mu observó sus lágrimas—. Yo no estoy llorando… solo tengo algo en el ojo… —y Mu colocó su mano sobre la cabeza de Saori, la jaló, y permitió a Saori llorar en su hombro—. ¡Lo amo tanto! ¡Pero él se divierte como nunca! ¡Es un maldito corazón de piedra! —lloró Saori, y Mu sonrió.

—Su corazón no es de piedra… es de oro… —sonrió Mu, y Saori asintió, y continuó llorando en los brazos de Mu—. No pierda la esperanza… Saori… ambos sabemos que los volveremos a ver… —y Saori asintió nuevamente, pero el dolor era muy fuerte.

Isla de Milo. Día 7.

—¡Aguja Escarlata, Antares! —gritó Milo, y su aguja salió disparada, contra un Aioria que rugía con fuerza, ignoraba el dolor de recibir a Antares, y golpeaba el rostro de Milo con fuerza—. ¿Eso es todo lo que tienes? ¡No salvarás a Saori con esos golpes tan insignificantes! —gritó Milo, y Aioria impactó varias veces el rostro de Milo, sacando su sangre, pero las heridas del de Escorpio sanaban, al igual que los agujeros en la Armadura de Aioria—. ¡Asesino de Dragones! —gritó Milo.

—¡Domador de las Bestias! —regresó las agresiones Aioria, y ambos ataques partieron la tierra—. Maldición… solo han pasado 7 días… —respiró pesadamente Aioria, y Milo respiró con la misma dificultad—. ¡No me rendiré! ¡Te juré matarte y así lo haré, dios de la Brutalidad en la Guerra! ¡Plasma Relámpago! —y Milo evadió los ataques de Aioria con una sonrisa, y encajó 14 agujas de un solo movimiento, pero el nivel de cosmos que habían alcanzado era demasiado alto para que se destrozaran los sentidos de Aioria, que se daba la vuelta, con su mano envuelta en relámpagos—. ¡Relámpago de Voltaje! —y Milo era abatido, pero sonreía de todas formas—. Levántate… no he terminado contigo… te romperé todos los huesos… —pero Milo simplemente siguió sonriendo—. No hablas enserio… —y Aioria miró al suelo, donde una aguja estaba clavada—. ¡Te odio tanto! —y Milo se burló.

—¡Explosión de Antares! —y Aioria estalló por la fuerza de la aguja de Milo—. ¿Cuántas veces vas a caer con ese truco, imbécil? —pero Aioria volvió a ponerse de pie, sorprendiendo a Milo, y arrebatándole una sonrisa—. Eres detestable —y Milo sonrió, preparó su aguja, y se lanzó en contra de Aioria nuevamente.

Atenas, Grecia. 25 de Julio de 25 N.G. Costas del Mar Mediterráneo. Día 95.

—A los que unen sus almas en ceremonia sagrada, se les entregan coronas de diamante, que simbolizan que serán rey, y reina en el matrimonio, y compartirán sus riquezas —comenzó Mu, mientras dirigía una ceremonia frente a las costas del Mar Mediterráneo, donde Sargas y Mesarthim, vistiendo túnicas comunes, se encontraban con los pies descalzos, uno frente al otro—. Beberán ambos de esta copa de vino, que simboliza la abundancia que satisfaga su sed —y Saori, sentada entre el público mientras el sol azul de mediodía se ocultaba, recordó el día en que ella y Milo tuvieron esta misma ceremonia—. Entrelacen los dedos de sus pies —y Saori infló sus cachetes intentando no reírse, y Shaula le pellizcó un cachete a Saori intentando que su madre no interrumpiera la Ceremonia de la Unión.

—Espera… Sargas… me caigo… —escucharon a Mesarthim quejarse, y Sargas la sujetó, y la Muviana sonrió, y ambos pegaron las frentes, y se miraron fijamente, impacientes por que terminara la ceremonia, pero Mu se aclaró la garganta, en parte molesto con Sargas.

—No están casados aún… irrespeta a mi hija sin terminar con la ceremonia y te castigaré… —y Sargas se sobresaltó, y se tranquilizó—. El acto de unión de los dedos simboliza su viaje, el cual enfrentarán juntos, siguiendo los mismos pasos —y Saori lloró de alegría, recordando el largo viaje que ella y Milo recorrieron—. Ahora retiro sus coronas, y les ofrezco mi bendición —terminó Mu. Y tanto Mesarthim como Sargas sonrieron—. Por el poder investido en mi por Athena, diosa de la Sabiduría en la Guerra, y señora de la Paz en la Tierra. Ante los ojos de los 12 Titanes que gobiernan con amor y compasión, declaro a Mesarthim, Caballero de Bronce de Andrómeda, y a Sargas, Caballero de Plata de Corona Boreal, y General de Plata, e hijo de los dioses de la guerra, unidos en alma y en matrimonio. Respetando las tradiciones del extinto oriente que la diosa Athena popularizó, se permite el besar a la novia como sello de esta ceremonia sagrada —terminó Mu, y tanto Mesarthim como Sargas se besaron, sellando su matrimonio.

—¡Estoy casada! —gritó Mesarthim, y abrazó a Mu con fuerza—. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! —lloró Mesarthim, agradecida por la ceremonia pese a la molestia de Mu que entregaba a su hija. Todos los presentes celebraron, felicitaron a la pareja, pero fue Saori quien se adelantó y abrazó a Sargas con fuerza.

—¡Uwah! ¡Sargas! ¡Ahora me van a dejar sola! ¡Son malos! ¡Los 2 lo son, hijos descorazonados! —lloró Saori, y Sargas le devolvió el abrazo gentilmente—. Mi príncipe… mi pequeño Cisne… convertido en todo un hombre… tu padre estaría orgulloso… —y Sargas se sonrojó, y asintió —y tanto Kiki como Shaula se acercaron.

—Dile… —susurró Kiki, y Shaula se ruborizó, y movió su cabeza en negación—. Anda, ve lo feliz que está tu madre, es el momento —continuó Kiki, y Shaula movió su cabeza varias veces en negación nuevamente—. ¿Por qué no? —preguntó Kiki.

—Es el momento de Sargas… no puedo interrumpirlo con mis propias alegrías… además… no estamos seguros… solo se interrumpió mi… tú sabes… —se sonrojó Shaula, y Saori se sobresaltó.

—Un cosmos… un pequeño cosmos… —lloró Saori, y Shaula se espantó—. Estás… Shaula… tú… tú… Sargas… sostenme… me voy a… me voy a… —y Saori se desmayó, y Sargas se horrorizó, y todos los presentes se preocuparon por su diosa, mientras Sargas y Kiki la ayudaban a incorporarse.

—¿Saori? ¿Qué ocurrió? —se sobresaltó Mu, y Shaula se ruborizó más y más—. ¿Kiki? ¿Qué le pasa a Saori? ¿Enfermó? ¿Fue por estar descalza, verdad? —y Kiki no supo cómo explicarle a Mu la situación, y Saori se repuso.

—¡Shaula! ¿Qué prefieres? ¿Comida dulce o comida salada? ¡Mu! ¡Ve al mercado y compra mucho tomate y pollo! —y Mu miró a Saori, confundido—. ¡Está embarazada! ¡Shaula está embarazada! —y Shaula se ruborizó por la tremenda atención que estaba recibiendo—. Milo… serás abuelo… serás abuelo… —lloró Saori de felicidad, y abrazó a Shaula.

Atenas, Grecia. 03 de Diciembre de 26 N.G. Templo de Athena. Día 590.

—Di abuela —mencionó Saori, sentada en el Templo de Athena, con una niña en sus pierdas—. Sé que me sigo viendo como si tuviera 18 años pero, tengo 37, soy toda una anciana —se rio Saori, mientras jugaba con las manitas de la bebé de ojos azules y cabellos naranjas brillantes—. Anda, di abuela, te aseguro que no me sentiré ofendida. A-bue-la, vamos, tú puedes —sonrió Saori.

—Madre… Ariadna solo tiene 9 meses… es muy pronto para que pueda hablar… —explicó Shaula, compartiendo una taza de té con su madre, que extrañamente se veía más joven que ella—. Además… el que le pidas decirte abuela es… bueno… raro… —intentó decir Shaula.

—¿Cómo va a ser raro si en verdad soy su abuela? —se quejó Saori—. Anda, Ariadna, no es difícil, empecemos… A… —y la bebé aplaudió—. No aplaudas… A… —intentó decir, pero Ariadna le jaló el cabello—. Espera, Ariadna, me lastimas… —pero Ariadna siguió jalando la cabellera de Saori, y Mu, que observaba a Saori desde su trono, sonrió, y miró en dirección a la Isla de Milo, de la cual los destellos dorados seguían llegando—. Solo quiero que me digas Abuela, Ariadna… —lloró Saori.

—Abela —expresó Ariadna, y Saori se sorprendió, y miró a la bebé, Shaula también se sorprendió, y miró a su hija—. ¡Abela! ¡Abela! ¡Abela! —y Saori lloró, agradecida, y Shaula se horrorizó, se arrodilló frente al regazo de Saori, y miró a su hija.

—Espera, Ariadna… normalmente la primera palabra de los bebés es mamá… di mamá… —y Saori rio con fuerza, feliz de haber sido llamada abuela—. ¡No es divertido! ¡Me robaste la primera palabra de mi bebé! ¡Mamá! ¡No es justo! —y Saori continuó riendo, sumamente agradecida.

Termina Tema: Cadena de Flores.

Isla de Milo. 25 de Julio de 27 N.G. Día 1,000.

—Señorita Saori, hemos llegado —mencionó Mu, que bajaba del bote, y ponía pie sobre la Isla de Milo—. ¿No vendrá? —preguntó Mu, y Saori bajó la mirada, viendo la madera del bote, sin saber qué hacer—. Saori… esta puede ser tu última oportunidad… —continuó Mu, y Saori asintió—. Tus hijos no quisieron venir… se les rompió el corazón cuando lo mencioné. Y a pesar de que accediste a venir, en verdad preferiría que no… —comenzó Mu, pero Saori se puso de pie—. ¿Estás segura? —preguntó Mu.

—¿Segura…? Jamás estaré preparada para ver a mi marido morir… Mu… —comenzó Saori—. Me reí mucho en estos últimos años… disfruté, como no había disfrutado en toda mi vida… fui una niña de nuevo, pero parte de mí moría todos los días… —y Mu asintió—. Ya es tiempo… de que me despida… ¿crees que me recuerde? —y Mu no supo qué decir.

—Si sigue con vida… al igual que ocurrió con Dohko y con Shion durante su guerra de los 1,000 días… le tomará meses recuperarse… pero… ambos sabemos que si Milo sigue con vida… tendré que… —y Saori asintió—. Perdóneme que insista pero… ¿en verdad desea tanto verlo? —y Saori asintió, y comenzó a caminar por la Isla de Milo—. Vaya con cuidado por favor… en el estado en que se encuentran, seguro solo piensan en combatir… no la reconocerán si se acerca demasiado —prosiguió Mu, pero Saori no interrumpió su caminar.

—Estoy consiente… —respondió Saori, y sus ojos se quejaron por una intensa luz dorada, mientras frente a ella se encontraban los 2, Milo y Aioria, sus caballeros de la esperanza. Estaban irreconocibles, más que respirar parecían jadear, sonreían con una mezcla de alegría y locura, y sus ojos brillaban de rojo pues se encontraban en un estado que rondaba lo endemoniado. Los cosmos de ambos era lo único que los mantenía con vida, Milo sostenía a Antares en su aguja, Aioria una esfera de relámpagos con el Relámpago de Voltaje, el cosmos de ambos era intenso, pero amenazaba con extinguirse. Saori intentó ir en auxilio de ambos, pero Mu levantó un muro frente a Saori, cortándole las esperanzas, y moviendo su cabeza en negación, mientras las constelaciones de Escorpio y de Leo se incineraban, y ambos lanzaban sin enunciar sus técnicas más poderosas, Antares atravesaba el pecho de Aioria, los relámpagos impactaban a Milo, y los cosmos de ambos, se extinguían. Ambos se mantuvieron en la pose de sus ataques, a pesar de haber sido atacados. Pequeñas flamas de cosmos, los remanentes de la batalla de 1,000 días, intentaban en vano sostenerse, pero ya no había salvación. Aioria sonrió, lágrimas cayeron de sus ojos, y la Armadura de Leo abandonó su cuerpo, mientras Aioria caía sin vida en las arenas de la Isla de Milo, y Saori se tapaba la boca, horrorizada por lo que acababa de ver, Mu también lloró, y desvió la mirada, deprimido por el presenciar tan horrible resultado.

—1,000 días… me mantuvo ocupado… por 1,000 días… —habló Milo, sorprendiendo a Saori, y el cansado y más flaco Caballero de Escorpio miró a Saori—. Y cumplió su promesa… estás a salvo… no murió hasta no asegurarse de que llegabas… quería verte una última vez… —y Saori se debatía entre ir a con Milo, y no hacerlo—. Eres muy cruel… Saori… dejarme aquí esperando… —y Saori no lo soportó más, corrió hasta Milo, lo abrazó, y el de Escorpio lloró, mientras colocaba su mano sobre la cabeza de Saori.

—Hay tanto… que quiero decirte… —y Milo asintió—. Sargas y Mesarthim… —lloró Saori, y Milo asintió, sabiéndolo—. Además… Shaula… —y Milo volvió a asentir. ¿Lo sabes todo? —y Milo asintió nuevamente—. Te amo… te amo tanto… —y Milo sonrió, y miró a Saori, su ojo rojo se apagaba, recuperaba su tono azul natural—. ¿La influencia del dios de la Brutalidad en la Guerra? —preguntó Saori.

—Ha quedado satisfecho… —se escuchó una voz, y Saori se dio la vuelta para ver a Cronos—. Milo y Aioria combatieron… por 1,000 días, con la intensidad de 1,000 Guerras Santas… —y Cronos se acercó a Saori—. La esencia misma del dios de la Brutalidad en la Guerra quedó complacida, y al notar que el cuerpo que lo reclamó ahora es inútil, y que Milo morirá, lo ha liberado de su divinidad —explicó Cronos—. Después de todo, a pesar de ser el dios de la Brutalidad en la Guerra, Milo únicamente usó su poder de Caballero Dorado, mientras la esencia del dios esperaba impaciente un turno que jamás llegó. La tiranía en la guerra buscará a otro dueño, permitiendo a Milo morir en paz —y Cronos sonrió—. Felicidades… Milo… otro imposible para tu record… te liberaste tú mismo de la influencia del dios de la Brutalidad en la Guerra, ya no eres un dios… —y Milo se mostró agradecido—. Y jamás volverás a serlo… la influencia del dios de la Brutaliad en la Guerra te ha reconocido como su rival. Nuevamente eres el Anti-Ares. La guerra no volverá a unirse a ti, pero te dará casería, ya que le pareces muy divertido —terminó Cronos.

—Lamento desilusionarlo pero… ya no me queda nada de fuerza… —y Milo observó a Saori—. Tendrá que conseguirse otra presa… Aioria me está esperando… reencarnaremos juntos… en la nueva era… —y Saori asintió, y Milo observó a Mu, con su cuerpo temblándole de dolor—. Sigue viviendo… Mu… y cuando reencarne… por favor… guíame a Saori… —lloró Milo, y sus ojos se apagaron, sus músculos dejaron de funcionarle, y se desplomó sobre el suelo, sin vida, y dejando a Saori llorando frente al cadáver de su marido, que era abandonado por su armadura.

—Ya puedes descansar… —lloró Saori, volteó a Milo, y lo besó con gentileza antes de cerrarle los ojos—. Te amo… Milo… —un temblor entonces interrumpió a Saori, la isla se sacudía, explosiones doradas arrasaban con ella, la isla comenzaba a hundirse.

—¡Saori! —gritó Mu, y Saori se preparó a correr, pero vio los cuerpos de Aioria y Milo, y a pesar de que la isla se hundía, Saori se acercó a ellos—. ¡No podremos darles una sepultura digna! ¡La isla se hunde! —prosiguió Mu.

—Les daré la sepultura más digna que se merecen —habló Saori, y los cuerpos de Milo y Aioria comenzaron a brillar—. Suban al cielo… y únanse a sus constelaciones… —y Mu vio los cuerpos de Aioria y Milo transformarse en cosmos dorado, volar, y desaparecer en las estrellas—. ¡Nos vamos! —gritó Saori, y Mu la guio de regreso al bote, comenzó a remar, y ambos vieron la Isla de Milo hundirse—. Hasta siempre… mis queridos Caballeros Dorados… —lloró Saori, pero aun así, una gentil sonrisa se le dibujó en el rostro.

Atenas, Grecia. El Templo del Patriarca. 1 de Septiembre de 140 N.G.

—Y así, Milo de Escorpio, se liberó de la influencia de Ares, el dios de la Brutalidad en la Guerra, gracias al sacrificio de Aioria de Leo —habló la Caballero Dorado de Leo, de cabellera azul y larga, y de apariencia joven—. El dios del Tiempo y el Inframundo, Cronos, profetizó que 100 años después de la muerte de los Caballeros de los Milagros, reencarnarían de nuevo en esta tierra, y volverían a proteger a Athena, como hicieran contra los Titanes, contra Ares, contra Poseidón, Hades y Zeus, quienes también resucitarán, e intentarán arrebatarle el reino a la diosa Athena. Manteniendo el Ciclo Infinito de guerra y paz que mantendrá a Athena noble, y al mundo equilibrado entre el bien y el mal. Porque cuando ese equilibrio se pierda… Athena… se convertirá en una tirana de verdad… por ello el ciclo debe de existir infinitamente… ¿alguna pregunta? —preguntó la mujer, y varios niños levantaron las manos—. ¿Sí? —apuntó a uno de ellos.

—Maestra Shaula, ¿A qué dios le son leales los Caballeros Negros que siempre atacan a los Nova Geaneses? —preguntó un niño, y Shaula sonrió, mirando al grupo de nuevos aspirantes a Caballeros de Bronce.

—No sirven a ningún dios… aunque… es preocupante lo fuerte que se han vuelto… —se rascó la barbilla Shaula—. No tenemos razones para pensar que los Caballeros Negros se hayan aliado con alguno de los dioses. Pero siempre debemos estar preparados, nadie sabe cuándo podrían… —y Shaula sonrió—. Niños… les presento a mi esposo Kiki, el Caballero Dorado de Aries, y a mi hija Ariadna, la Caballero Dorado de Piscis —y los niños se sorprendieron, y uno incluso se preguntó por la edad de Shaula—. ¡Tengo 135 años! ¡Muchas gracias por preguntar! —se fastidió Shaula, que se veía como de 25—. Soy una diosa humana… Kiki es Muviano, él tiene 145 años… mi hija Ariadna es mitad Muviana, mitad diosa humana, tras sus 113 años aún no sabemos cómo llamarla —concluyó Shaula.

—Madre… en verdad… no te gusta que te recuerden tu edad, ¿o me equivoco? —preguntó Ariadna, y Shaula se fastidió y miró a otro lado—. Lo sabía… estás molesta… —suspiró Ariadna—. Yo continuaré con el recorrido, síganme, iremos a ver el observatorio y a los 12 Titanes —explicó Ariadna.

—¿Eh? Pero queremos ver a Athena —se quejó uno de los niños, y otro prosiguió—. ¡Sí! ¡Nadie ha visto a Athena en años! —se quejó otra niña—. ¿Cómo sabemos que aún nos protege? —y Ariadna se preocupó—. Si todos los Caballeros Dorados son tan longevos. ¿Cuándo tendremos una oportunidad de competir por las Armaduras Doradas? —preguntó uno de los mayores.

—Solo hay unos cuantos caballeros tan longevos —explicó Kiki—. Un servidor como el Caballero de Aries, Shaula de Leo —apuntó Kiki a su esposa—. Mesarthim de Virgo que es Muviana como yo —sonrió Kiki—. Alguedi de Capricornio que es un medio Espectro. Sargas de Acuario, quien es otro dios humano, y Ariadna de Piscis—. Las otras armaduras están disponibles, y algunos, a pesar de ser longevos… pronto nos retiraremos… —y Kiki miró a Shaula, y notó que le temblaba el brazo derecho—. La longevidad… a pesar de la fuerza del cosmos… no siempre sana la heridas —terminó Kiki, y Ariadna notó la tensión de su padre.

—¡Sigamos el recorrido, niños! —continuó Ariadna, empujando a los niños a salir—. Vayamos a ver las estatuas de los Titanes, el más poderoso y rey de los Titanes es Cronos. Pero, ¿Sabían que Cronos alguna vez fue un tirano? —y los niños se sorprendieron. Kiki por su parte, caminó hasta Shaula.

—Tus manos están… —y Shaula se dio la vuelta—. Shaula… has sido la Caballero Dorada de Leo por casi 100 años. Tus articulaciones están totalmente destrozadas. Athena te lo dijo, debes dejar la armadura, nos ofreció el puesto de Patriarca y Matriarca. Mu está cansado también, quiere retirarse a Jamir, y reparar armaduras. Colguemos las nuestras, escuché que Mu ha encontrado a nuevos reclutas muy aptos para nuestras armaduras, hay un joven de 13 años, Alios, dicen que pretende tomar parte en el torneo de 1,000 hombres por la Armadura de Leo. Todos están ansiosos, y 13 años es una buena edad —explicó Mu.

—¿Qué hay de la Armadura de Escorpio? —preguntó Shaula—. Escuché que un joven prodigio nacido en Arles, la ciudad de la guerra, logró derrotar a 800 Escorpio por sí mismo por el derecho a vestir al Escorpión Celestial —y tanto Shaula como Kiki caminaron a las afueras del Templo del Patriarca, donde encontraron a Mu, recargado sobre una columna, y con su cabellera cubierta de canas—. Su excelencia, no lo vimos llegar —se arrodillaron Shaula y Kiki.

—7 años… —sonrió Mu, y tanto Kiki como Shaula miraron a Mu—. 7 años tenía el niño nacido en Arles que derrotó a 800 Escorpios por el derecho a la Armadura del Escorpión Celestial. Tardó el mismo tiempo que tu padre, Shaula —y Shaula se sorprendió—. Van 6 años desde que se le entregó su armadura, pero ha estado ocupado en Oceanía haciendo la guerra a los Caballeros Negros, y al parecer, descubrió la razón de la fuerza que han adquirido… Ares —y tanto Kiki como Shaula se sobresaltaron—. El dios de la Brutalidad en la Guerra ha regresado. Pero… ustedes… temo decirles que están muy viejos para volver a participar en otra guerra… Shaula… tu armadura… será anunciada como premio —y Shaula intentó quejarse—. Ya estoy viejo… Shaula… el Santuario… necesita nuevos dirigentes. Seguirás combatiendo, como la Matriarca del Santuario, punto final —y Mu caminó en dirección a Kiki, y le colocó el casco del Patriarca a su discípulo—. Me dirijo a cumplir con mi última responsabilidad como Patriarca, el Santuario será tuyo después de eso, Kiki. Entrega tu armadura, recibirás a un nuevo discípulo de nombre Argos. Recojan sus cosas de la Casa de Aries —y Mu se retiró, y un niño envuelto en una capucha lo siguió, y Shaula observó a ese niño, sorprendida.

—Ese cosmos… —se sorprendió Shaula—. No es posible… ¿acaso? —y Shaula miró a Mu y al niño desaparecer—. ¿Padre? —y Kiki le tomó la mano a Shaula—. ¿Kiki… tú sentiste…? —y el nuevo Patriarca sonrió, pero colocó su dedo frente a sus labios, y Shaula sonrió—. Entregaré mi armadura… después de todo, seguramente ese tal Alios logrará vestir mi melena —y Kiki asintió, y ambos salieron del Templo del Patriarca.

Templo de Athena.

—Estoy seguro de que no tengo que recordarte la prudencia que debes representar —explicó Mu, y el joven asintió—. El Caballero de Escorpio, es el caballero más importante de Athena. Se dice que es su guardián. Athena ama tanto al Caballero de Escorpio, que en 2 encarnaciones se ha enamorado de él. Te dejaré solo para que conozcas a la señorita, pero quiero que entiendas una cosa… —y Mu tomó la capucha del joven, y tiró de ella con fuerza, revelando a un joven de 13 años, vistiendo de dorado, de cabellera larga y despeinada, y con ojos azules profundo—. Un romance entre un Caballero Dorado, y la diosa Athena, es imposible. ¿Lo entiendes, Antares? —preguntó Mu.

—¿Imposible? ¿Por qué lo menciona de esa forma, señor Mu? —preguntó Antares, y ambos escucharon unos pequeños pasos, pero encontraron el Templo de Athena vacío—. Señor Mu… le he dicho que pienso sinceramente, que no existen los imposibles. El que me lo mencione me ha sonado como un reto. ¿Lo era? —y Mu sonrió, y revolvió los cabellos de Antares—. Señor Mu… me avergüenza… —se sonrojó un poco por la muestra de afecto Antares, y Mu asintió.

—No es un reto… solo algo que debes saber… —sonrió Mu, y Antares parpadeó en un par de ocasiones—. Eres idéntico a él… supongo… que fuiste recompensado después de todo… Milo… —y Antares parpadeó un par de veces.

—¿Milo? —se confundió Antares, y Mu lo ignoró, y se retiró—. Qué extraño es ese sujeto… y sin embargo… me siento cómodo a su lado… —habló Antares, y caminó por el Templo de Athena—. ¿Quién está allí? ¿Es usted, señorita Athena? —preguntó Antares, y al sentir un cosmos, se dio la media vuelta, y encontró a una niña, de escasos 6 años, y de cabellera morada y corta, parada frente al trono de Athena. Tenía un ojo azul, el otro de color verde, y estos lloraban, sorprendiendo a Antares—. ¿Diosa Athena? —preguntó Antares, y se arrodilló frente a la niña—. Le pido una disculpa… escuché… que se había rejuvenecido a sí misma pero… no me imaginé que había elegido una apariencia tan… joven… —le ofreció sus respetos Antares.

—Tengo la edad que quiero tener… —se sonrojó Athena—. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó—. Se cortes y dime tu nombre —y Antares asintió, se puso de pie, e hizo una reverencia—. Definitivamente… es él… —se alegró Athena.

—Antares Tercero, Caballero Dorado de Escorpio y guardián de la Octava Casa del Zodiaco. Leal caballero al servicio de Athena, y defensor de la paz —se presentó con modales impecables—. ¿Le ha satisfecho mi presentación? —y Athena asintió—. Estoy a su humilde servicio. Si no le molesta, necesito entregarle un reporte. Es sobre los Caballeros Negros, los he combatido por 6 años en Oceanía, y he descubierto la razón de su fortaleza. Al parecer han resucitado de alguna manera a Ares, el dios de la Brutalidad en la Guerra, y ha creado un ejército de criaturas denominadas Daimones, que tienen un poder similar al de los Caballeros Dorados, derroté a un par en el camino de regreso a… —y Antares guardó silencio, al notar que Athena no lo estaba escuchando—. ¿Mi señorita? —y Athena sonrió—. ¿Ocurre algo? —y Athena asintió.

—Si… no me gusta que me llames Athena… —se quejó la niña, y Antares se sorprendió. Athena entonces lo miró fijamente, y no pudo evitar las lágrimas, Antares se sobresaltó, se puso de pie, intentó acercarse a ella para ayudarla a tranquilizarse, pero se detuvo, sabiendo que no podía tocar a su diosa, y bajó la mirada entristecido—. Hay un nombre… que cuando Milo de Escorpio murió, prohibí incluso a mis hijos mencionar… un nombre que forzosamente borré de la historia, para que todos me conocieran únicamente como Athena… si en verdad eres él… y no eres simplemente alguien que se parece mucho a él… sabrás ese nombre… ¿Cuál…es mi nombre…? —lloró Athena, esperanzada—. Lo sabes… tú lo sabes… estoy segura… —y Athena tomó las manos de Antares—. Di mi nombre… dilo… por favor… tienes que ser él… lo extraño mucho… lo extraño… por favor se él… por favor… —y Antares lo pensó, y sus ojos se abrieron de par en par, y comenzó a llorar sin razón alguna.

—¿Saori? —y Saori miró a Antares, que lloraba, sin saber por qué—. ¿Estoy llorando? ¿Por qué estoy llorando? ¿Cómo es que conozco ese nombre si jamás lo he escuchado? ¿Diosa Athena? ¿Qué está pasando? —y Saori se alegró.

—Tienes prohibido llamarme diosa Athena —se alegró Saori—. Eres mi Caballero de Escorpio, y de ahora en adelante, así como tú me llamarás Saori… yo te llamaré Milo… —y Antares se sobresaltó por las locuras que estaba escuchando de su diosa—. No estoy loca… —se quejó Saori.

—Aunque me lo diga… señorita… lo que dice no tiene ningún sentido… —y Saori pateó el suelo con fuerza—. ¿Diosa Athena? —preguntó Antares, y Saori movió su cabeza en negación—. Pero… ese es su nombre… —y Saori volvió a negarlo—. ¿Saori? —preguntó Antares, un tanto incómodo.

—Así es… soy Saori… y tú eres Milo y has vuelto a mí… —se alegró Saori, y Antares se ruborizó—. Milo… te amo… —y Antares se sobresaltó, y Saori le tomó ambas manos—. Estamos juntos otra vez… por favor… cuida de mi nuevamente… vuelve a convertirte en la persona más importante de mi vida… mi amado… Caballero de Escorpio… —y Antares se ruborizó, y bajó la cabeza, sintiéndose derrotado.

—Creo… que jamás había roto un imposible tan rápido… —y Saori sonrió—. Usted gana… señorita Saori… cuidaré de usted por siempre… —y Saori sonrió, asintió, y continuó llorando—. ¿Señorita Saori? ¿Por qué llora? ¿Se siente mal? ¿He hecho algo malo? ¡Patriarca Mu! ¡Espere aquí por favor señorita Saori! —pero la risa de Saori paralizó a Antares.

—No seas tonto, Milo… son lágrimas de felicidad —y Antares la observó fijamente, se tranquilizó, y asintió—. Bienvenido de vuelta… Milo… intentémoslo de nuevo… eternamente… gracias por cumplir tu promesa y volver a mí… eres… mi esperanza… —y Saori volvió a reír, avergonzando a su Caballero de Escorpio que sin quererlo ni pensarlo, se había enamorado de ella.


¿FIN?

NOTAS DE LA EDICIÓN DEL 2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya):

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