NA: Antes que nada, y aunque no tenga nada que ver con esta traducción, quiero agradecer (¿por enésima vez?) la aceptación tan grande que ha tenido mi nueva historia en estos días. En serio, he estado en estado de shock desde que publiqué el primer capítulo. Hago una mini promoción por aquí para quien pueda interesarle :D
—Historia: Trato hecho.
—Summary: A tan solo dos semanas de la graduación, Pansy Parkinson y Hermione Granger deciden dejar a un lado sus diferencias para ayudarse mutuamente en un objetivo común: conseguir que el mejor amigo de la otra se fije en ella de una vez por todas.
—Parejas: Dramione/Hansy.
—Romance/Humor.
Y eso es todo. ¡Gracias por tanto!
Capítulo 53: Cena
Llegar a Malfoy Manor con polvos Flu fue un poco desorientador después de tantos meses de abstenerse del uso de ese medio de transporte. Aun así, Draco sintió que logró aterrizar con la mínima torpeza posible. El hecho de que la mansión tuviera una chimenea de seis pies de altura especialmente para eso ayudaba bastante. No podía entender cómo alguien podría arreglárselas con una más corta; lo último que quería después de un viaje a través de la red era golpearse la cabeza al salir. Aquello solo estropeaba la entrada que cualquiera esperaría que hiciera.
Cierto era que nunca hubiera esperado entrar por esa chimenea con Hermione de su brazo. Ella lo agarraba con más fuerza de la necesaria, pero él enseguida le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
La chica dejó escapar un suspiro.
—Solo necesito un momento —murmuró. No pensaría en Bellatrix Lestrange o en la última vez que estuvo en esa mansión. Eso fue hacía una vida. Prácticamente otro mundo. Su túnica cubría sus brazos hasta sus muñecas—. ¿Dónde vamos?
—Podemos ir a mi habitación a coger mis cosas. Sospecho que no habrá necesidad de ir a buscar a mi madre… lo más seguro es que sea ella la que venga a nosotros —trató de parecer más seguro de lo que se sentía. No le habían dicho que venían, pero... no tardaría en darse cuenta.
Una ráfaga de aire inesperado sorprendió a ambos. Un elfo doméstico se apareció frente a ellos, inclinándose ante Draco.
—Amo Draco. La señora quiere verle —el pequeño elfo miró a Hermione por primera vez—. Y a usted también, señorita.
Hermione dejó escapar otro suspiro.
—Supongo que tendremos que ir a saludar a tu madre antes de ir arriba —miró al elfo que estaba frente a ella—. ¿Cuál es tu nombre?
—Pinky, señorita. Por aquí, por favor —el pequeño elfo los llevó a trote.
Pasaron por pasillos llenos de pinturas que miraban a Hermione, pero afortunadamente ninguno de ellos dijo una palabra… aunque uno o dos pudieron haber dejado sus marcos para visitar otras secciones de la casa.
Para sorpresa de Draco Pinky los condujo al salón, donde podían oírse voces. No había esperado que tuviera ninguna visita. Antes de que pudiera cambiar de opinión o pensarlo dos veces, Pinky abrió las puertas dobles y los anunció.
—El amo Draco está en casa, señora. Y trae a la señorita.
Sentada en su silla favorita, luciendo supremamente elegante y con la tez de porcelana un poco más bronceada de lo normal, Narcissa Malfoy sonrió a Draco y Hermione.
—Es tan bueno veros a ambos —dirigiéndose ahora a las otras personas, agregó—: Ya conoceréis a mi hijo Draco y a su prometida, Hermione Granger. Esta semana le probaremos el anillo familiar. Ya sabéis cómo son esos anillos forjados por duendes, no se pueden alterar con brujería, tienen que volver a los herreros.
—¿Madre? —preguntó Draco, sintiendo el brazo de Hermione apretarse contra el suyo. Se tomó un momento para evaluar la situación. Había menos invitados de los que ella hubiera tenido alguna vez. Algunas mujeres que Draco había esperado encontrarse allí no estaban, además tampoco reconoció a algunos de los invitados.
—Oh, sé que el anuncio oficial no se ha publicado todavía, pero estamos entre amigos —dijo con encanto—. Ahora, continúa con tus asuntos. Nos reuniremos para almorzar mañana. Mildred, ¿me decías? —preguntó Narcissa amablemente, volviéndose hacia una de sus compañeras.
—Bueno, solo me llevará un momento. Hermione, ¿por qué no te quedas aquí con mi madre y sus amigas y tomas una taza de té? Estoy seguro de que no les importará.
Hermione se puso rígida. Realmente esperaba que Draco se diera cuenta de ello. Trató de calibrar la reacción de Narcissa por el rabillo del ojo, pero no pudo apreciar su rostro lo suficientemente bien. Decidió tener un poco de fe.
—¿Te importaría mucho si me quedara, Narcissa? No hemos tenido ocasión de estar mucho tiempo juntas este año.
Solo Draco notó que la sonrisa de su madre se pintó de forma fraccionada cuando asintió amablemente y ordenó al elfo doméstico traer otra silla y una taza para Hermione. Todas las mujeres se movieron un poco para dejarle sitio. Sonriendo, Draco subió al piso de arriba.
En poco tiempo su habitación estuvo vacía. Túnicas, viejos libros de texto, su escoba: todo estaba empaquetado y encantado para poder llevarlo fácilmente. Lo llevó todo en una sola caja y regresó al salón, pintando una sonrisa en su rostro y asomando la cabeza por la puerta.
—Hermione, amor, ¿estás lista para irnos?
—Oh sí, acabo de terminar mi té. Encantada de haber tenido esta reunión con vosotras —dijo cortésmente.
—Os acompaño —ofreció Narcissa—. Pinky, otra ronda de esas tartaletas de arándanos.
Solo habían llegado a la primera esquina cuando Hermione preguntó:
—¿Qué es esa basura de colocarme el anillo familiar?
—Se llama control de daños, señorita Granger. No podía decir simplemente que vosotros dos os estáis acostando —había desdén en su voz—. Te advertí que alguien tomaría el control de tu reingreso al mundo mágico, Draco, así que hice lo que pude. Esa desagradable mujer Skeeter escribió que tenía "lágrimas en los ojos" al pensar en que estabais juntos. Esa es precisamente la imagen pública equivocada, independientemente de cualquier cosa que pueda sentir. Afortunadamente tuve la previsión de tener una reunión planificada antes de volver y he hecho lo que he podido.
—Madre, ¿quiénes eran esas mujeres?
—Oh, una mujer o dos del Ministerio, un par de mujeres con las que fui a la escuela… Ha sido solo una reunión. De todos modos, los tres deberíamos almorzar mañana para discutir algunas cosas. ¿Estáis libres al mediodía? ¿Sobre las once? —preguntó Narcissa a solo unos pies de la chimenea.
—Madre, a diferencia de ti ambos trabajamos. Ninguno de nosotros está libre a las once y media.
—Hmm. Cenaremos entonces, os veré a las siete.
—No estamos libres mañana. ¿Qué tal el miércoles?
—Muy bien, el miércoles a las siete en punto. No lleguéis tarde —su voz era nítida, pero vaciló ligeramente cuando extendió la mano y abrazó a Draco levemente—. Te he echado de menos.
La mujer corrió por el pasillo para volver a encontrarse con sus invitadas y Hermione le dio a Draco una intensa mirada.
—Me has tirado a los lobos. Será mejor que me cocines algo bueno para cenar esta noche.
Él besó la parte superior de su cabeza con la caja aún en sus brazos antes de irse a casa.
El lunes Draco caminó hasta el trabajo porque no había pensado cuál era el mejor sitio cercano a la biblioteca para aparecerse, pero a la hora del almuerzo se escabulló para ir al Callejón Diagon. Abrió su propia bóveda de Gringotts, la que estaba separada de la bóveda familiar, y descubrió que su parte de las ventas de los Espejos habían ido directamente a su bóveda personal.
También quería ver si su nueva túnica estaba lista, pero cuando se apareció de nuevo en un callejón cercano a la biblioteca y regresó corriendo al trabajo, ya iba un par de minutos tarde. Y además no había comido.
Volvió al Callejón Diagon al final del día para recoger las túnicas que le habían hecho a medida durante el fin de semana.
Draco no había encontrado la manera de avisar a Theresa de que quería irse del trabajo con dos semanas de antelación, y ahora cocinaba aún más de la forma muggle. Iba a tener que encontrar un rato libre para echarle un ojo a un libro de hechizos de cocina. Era una de esas cosas que pensó que nunca necesitaría aprender. Aún esperaba poder convencer a Hermione de tener un elfo doméstico que los ayudara con la cocina y la limpieza... pero tener magia en la punta de sus dedos ayudó a que fuera un poco más soportable el hecho de no tenerlo.
Hermione estaba convencida de que nunca conseguiría quitar el olor a acónito de su túnica. O de su cabello. Y aparte de eso ni siquiera podía identificar el otro olor a hierba que se adhería a ella. Tal vez fuera una mezcla.
Belby cumplió su palabra de ayudarla a hacer arreglos para finales de ese mes, y ella se encontraba preparando lotes adicionales de la poción Matalobos lo más rápido que podía. Nunca se sentía moverse lo suficientemente rápido.
Se apartó el cabello de la cara y pensó en recogerlo en un moño. Al menos de esa manera no se vería tan encrespado.
—Estás inquieta.
—¿Y tú no? Te he visto cambiar la ropa muggle por la túnica tres veces —señaló ella.
Draco se apartó el pelo de la cara.
—Con mi madre es una cuestión de guerra psicológica. No sé cuál la tomaría con la guardia baja. Ojalá supiera de lo que hablaron en esa reunión del domingo.
Suspirando, Hermione se apartó del espejo y tomó sus manos.
—Parecía ser justo lo que dijo, una reunión en la que trató de controlar los daños. Creo que lo hizo tanto para ella como para ti. No había nadie de gran poder del Ministerio allí. Creo que estaba intentando tener una idea de qué tipo de alianzas estaban a su alcance. Incluso si tuviera objeciones personales con nuestra relación… creo que nos apoyaría públicamente por el bien de su imagen. No tiene la garantía social para arriesgarse a ser juzgada por desaprobar nuestra relación en este momento. Aceptarla la hubiera lastimado socialmente tiempo atrás, pero la deserción al final de la guerra y su sentencia indulgente han cambiado las cosas. Su mejor opción es reunir todo el poder que pueda, y al menos parece que está pasando página —Hermione hizo una pausa—. Ojalá no tuviéramos que ir a esa mansión esta noche, aunque sé que la idea de ir el domingo fue mía...
Él le apretó las manos y apoyó la frente sobre la de ella.
—Sé que eso no lo hace más fácil. Podemos mandar una lechuza si quieres, decirle que no podemos ir o reprogramarlo.
Ella consideró aquella proposición seriamente antes de hacer un pequeño movimiento de cabeza.
—No, puedo sobrevivir una noche más. No quiero que pierdas a tu madre por mí. Lo voy a intentar.
Él besó sus labios, luego hizo lo mismo con su frente.
—Y si eso pasa me imagino que siempre tendremos a Molly Weasley para acompañarnos en las vacaciones.
—Eso me recuerda que me llegó una nota suya esta tarde. Quiere invitarnos a cenar pronto.
Nunca parecía haber suficientes horas para todo lo que debían hacer. Tendrían que buscar tiempo… Pero lo harían más adelante, cuando hubieran decidido dónde querían vivir y finalmente él hubiera dado aviso en la biblioteca. Además, ella debía tener su gran reunión con los licántropos... después de eso la iba a llevar a unas vacaciones apropiadas.
—Será mejor que nos vayamos antes de que cambie de opinión. Supongo que me veo lo suficientemente bien como cabría esperar.
—Estás preciosa —Draco retrasó su partida unos minutos con unos besos bastante profundos, después de los cuales tuvo que enderezarse la túnica otra vez y pasarse el peine por el pelo de nuevo. Finalmente se dirigieron a la chimenea y se marcharon.
Pinky estaba esperándolos cuando llegaron.
—Amo Draco, señorita, Pinky los llevará al jardín. Por aquí.
Hermione levantó una ceja hacia Draco, pero él simplemente se encogió levemente de hombros. No tenía más idea de lo que esperar que ella. O no mucho al menos.
Inmaculadamente arreglada como siempre, Narcissa estaba esperando en el jardín de rosas con su túnica de un rojo oscuro que combinaba con los arbustos en flor detrás de ella. El sol estaba bajo en el horizonte. A pesar de que la mesa y las sillas parecían ser de hierro, había un hechizo amortiguador muy bueno incorporado en los asientos, se notaba tan pronto como te sentabas. Una mesa a un lado contenía una variedad de bebidas, también hechizadas para mantenerse frescas.
—Draco cariño, qué feliz estoy de que pudieras venir. Señorita Granger —asintió.
—¿Qué es esto, madre?
—Pensé que el jardín podría ser un lugar más agradable para cenar esta noche. Aire fresco, puesta de sol. Muy pintoresco, ¿no te parece? Por favor, sentaos los dos.
Draco sacó el asiento de Hermione antes de tomar el suyo.
—Me alegra ver que no has perdido todos tus modales este año, aunque la silla que deberías haber sacado era la mía —con un gesto de su mano la silla de Narcissa se deslizó hacia adelante mientras se sentaba.
—Bueno madre, sería bueno que reconocieras que ya no eres la mujer central en mi vida.
La rubia bruja apretó los labios y no hizo ningún comentario al respecto, haciendo un gesto a Pinky para que abriera una botella de vino y comenzara a servirla.
—¿Has ido a visitar a tu padre?
—No —no dijo nada más. Las emociones sobre ese tema todavía burbujeaban muy cerca de la superficie.
—Yo lo veo de vez en cuando —dijo Hermione gratamente. Sorbió su vino a pesar de ser rojo. Claramente no era su preferido—. Parte del trabajo que estoy haciendo con personas que sufren de licantropía me lleva a visitar Azkaban a menudo.
Los labios de Narcissa se apretaron un poco más si cabe.
—¿Y Lucius está al tanto de vuestra... relación? —su mirada pasó de Hermione a su hijo.
Hermione se encogió de hombros.
—Es difícil de decir. Nunca se lo he dicho abiertamente, pero sospecho que él lo sabe. Hay mucho de qué hablar en un día. Nunca me ha comentado nada para hacerme ver que no está de acuerdo.
Apareció otro elfo doméstico con platos y una gran ensaladera y comenzó a servirles. Cuando todos fueron servidos, Narcissa tomó su tenedor y empezó a comer.
—La verdadera pregunta, madre, es qué pretendes hacer —Draco tomó la mano de Hermione sobre la mesa—. ¿Tenemos tu apoyo?
Una mariposa aterrizó en la silla de Narcissa momentáneamente y voló de nuevo. La pausa se estiró un poco más.
Su tono resultó nítido, pero hablaba más sin rodeos de lo que Hermione la había escuchado antes.
—Todo esto es bastante repentino. Permitidme ser franca con vosotros. Creo que las circunstancias fueron las que provocaron que os aferraseis el uno al otro. Eso no es suficiente para construir una relación duradera. Venís de diferentes orígenes y probablemente tengáis diferente objetivos. No importa qué tan enamorados estéis en este momento, no veo un futuro a largo plazo para vosotros —hizo una pausa, tomando otro bocado de ensalada con su tenedor, rico en nueces y bayas. Tragó antes de continuar—. Dicho esto, permaneced juntos al menos durante un corto periodo de tiempo, mi aparente aprobación sin duda será beneficiosa para todos. Draco tendrá un gran ascenso a cualquier posición decente después de su año fuera de la sociedad; la mayoría de nuestras antiguas amistades están en su contra, por lo que es importante crear otras nuevas… aunque parece que ya empezaste a hacerlas —ella asintió con aprobación—. Tener a Harry Potter de tu parte no haría daño. Tu conexión con la familia Weasley también podría ser útil —les dio a los dos una mirada de consideración, pero continuó de nuevo antes de que pudieran interrumpirla—. Sería mejor para ambos presentaros como prometidos en lugar de simplemente vivir juntos. Después de un año más o menos, el compromiso podría romperse silenciosamente sin necesidad de resentimientos. Draco se encontrará en una mejor posición social en ese momento, y probablemente con un trabajo asegurado. No sé qué puedo ofrecerle a usted, señorita Granger. Mi hijo sería una recompensa justa durante ese tiempo, pero estoy segura de que encontraré algo más —ella los miró a ambos y volvió a comer lo que había en su plato.
Hermione apartó el suyo.
—No puedes hablar en serio —el sol se estaba ocultando y bañaba los jardines con un resplandor rosa anaranjado. El hermoso escenario no encajaba con el deseo de Hermione de cruzar la mesa y estampar su plato en la cara de la mujer.
Draco negó con la cabeza, mirando a Narcissa.
—Ella lo dice completamente en serio. Mi madre ve esto como un acuerdo comercial en el que todos ganamos pero nadie está emocionalmente involucrado. La única vez que se molesta en decir tantas cosas es cuando no cree que una simple mentira sea suficiente. Hermione y yo no estamos comprometidos, madre, y no pretendemos estarlo. Tomamos nuestra relación a nuestro propio ritmo y al de nadie más —la miró con frialdad e imitó su acción anterior de comer lo que tenía en el plato, como si no hubiera nada fuera de lo común en la situación.
Dominando su expresión, Hermione agregó:
—Mientras vives en tu fantasía en la que el mundo aún es tuyo para organizar todo a tu antojo, déjame decirte lo que realmente ha estado pasando desde que te exiliaron. Tu hijo y yo estamos enamorados. Nos hemos mudado juntos y buscaremos otra residencia en breve. No tenemos necesidad de volver aquí nunca más, a menos que nos quieras cerca… con condiciones.
La cara de Narcissa se puso rígida.
—¿Condiciones?
—La tía Andrómeda está en mi vida. La vemos con regularidad, y cuando tengo tiempo me quedo con el hijo de mi prima —él sorbió su vino—. Con todas esas afirmaciones de que la familia era más importante que cualquier otra cosa... parece mentira que me hayas dejado crecer sin conocer a mi tía o prima. Y ahora es demasiado tarde para conocer a Tonks. Sin embargo, Teddy está siendo criado por La tía Andrómeda y su padrino.
—Quién no es tan malo como creías —agregó Hermione.
—Cierto —volvió el rostro hacia su madre, dedicándole una expresión agradable—. Nuestras condiciones. Nuestra relación avanza a nuestro propio ritmo. Hemos derribado las barreras con mi tía, y aunque no puedo forzarte te recomiendo que hagas lo mismo si quieres vernos en las vacaciones. Y no quiero volver a escuchar nunca una palabra sarcástica sobre el pasado de Hermione. Si no puedes vivir con nuestras condiciones entonces tengo muy poco más que decirte. Molly Weasley es más que feliz de invitarnos a su casa en las vacaciones.
Las fosas nasales de Narcissa se agrandaron e hizo un gesto a uno de los elfos domésticos para que limpiara los platos. El otro empezó a servir el siguiente plato.
—Entonces parece que piensas que el amor es todo lo que vosotros dos necesitáis para ser felices. ¿Qué es lo que pretendéis hacer para ganaros la vida, Draco? ¿Cómo vais a poder comprar túnicas, escobas y todas las otras cosas tan caras a las que estabas acostumbrado?
Un elfo doméstico puso platos de salmón al vapor sobre una cama de patatas para todos.
—He aprendido a arreglármelas sin mi escoba y tu dinero este año. Soy capaz de trabajar por mi cuenta. Puedo adaptarme según sea necesario. Las serpientes son buenas para cambiar la piel. Me adaptaré.
—¿Seguirás trabajando donde estás ahora?
Él se encogió de hombros, como si no importara. Todavía no había encontrado el momento adecuado o la forma de dar aviso en la biblioteca.
—Podría. No es demasiado agotador, puedo vivir de eso, conozco gente nueva... Deberías intentarlo algún día, quiero decir, trabajar.
La bruja rubia dejó escapar un suave suspiro.
—No te enseñé esos modales.
—No, pero me enseñaste que mis palabras son un arma tan válida como mi varita. Me las arreglo con lo que tengo. Gracias a las decisiones que tú y mi padre hicieron... me privaron de mi varita para defenderme durante el último año —su voz se había vuelto fría y Hermione se acercó para apretar su mano. Ninguno de los dos quería estar en esa casa aquella noche. A Hermione no le importaría no volver nunca más.
—No te enseñé a faltarme al respeto o desobedecerme.
Las luces de las hadas apenas comenzaban a brillar a lo largo de la cerca cuando el último destello de la luz del sol desapareció. No habían comido la mayor parte de su plato principal, pero Draco y Hermione ya habían tenido suficiente, iban a irse ya. Se levantaron casi al unísono. Hermione miró a la mujer rubia.
—Conoces nuestros términos. No queremos a nadie en nuestras vidas que no quiera estar ahí. Ahora depende de ti. Draco, ¿dónde está el punto de aparición más cercano? —los hechizos en la mansión no la dejarían desaparecerse en cualquier lado.
—Por aquí —él tiró suavemente de su muñeca y la condujo por el jardín en lugar de atravesar la casa. Ninguno le dijo una palabra más a su madre.
¿Me dejas un review? YA CASI SON 1.000 *carita de sorpresa*
Cristy.
