Quinto día de creciente menguante del tercer mes. Primavera.

Querido Diario,

Finalmente hemos llegado al Castillo esta tarde, tras una noche en Kakariko. Leonardo nos recibió tras dejar Ordon con profunda melancolía.

El pueblo está floreciente y animado, con gente yendo y viniendo, con muchas caras nuevas. El hotel, por ejemplo, estaba casi lleno; tuvimos suerte de que nos esperaban de antemano.

Esperaba ver a Ilia, pero ya estaba donde los Zora. Ha estado estudiando sus técnicas de sanación este tiempo. Leonardo nos contó que ha estado tratando exitosamente a pacientes y recibió un par de bebés ella sola, ¡es fantástico!

Tras bañarnos para deshacernos del sudor y polvo del camino, almorzamos con Leonardo, Lila y Don Mechas, que nos actualizaron de los cambios y avances más recientes, como que el comercio con las otras regiones y los Gorons los ha beneficiado en grande.

-Este lugar está tan distinto a como lo vi durante el Crepúsculo -Link comentó con una sonrisa cálida, llena de satisfacción al arrojarse en la cama, cuando volvimos a nuestra habitación para una siesta-, y también de lo que vimos hace siete meses.

-Los cambios se notan más por el nivel de daños que había - comenté, sentándome a su lado-, pero creo que la gente ha hecho un gran esfuerzo para mejorar aún más las cosas… y si ellos trabajan el doble de duro, debo multiplicarlo mucho más.

-Debemos -me corrigió-, ¡que no se te olvide que somos un equipo ahoritas, amor! ¡Si nos agobiamos con exceso de trabajo, lo hacemos juntos!

-Realmente, no podría haber encontrado un mejor marido que tú, mi sol.

Verdadera y absolutamente, no podría.

Tras la siesta, aprovechamos de dar un paseo, y mostrarle nuestros respetos a la Reina Rutela. El cementerio estaba reconstruido, y lleno de flores. Tras volver a la calle principal, nos quedamos una rato en el manantial del espíritu, donde recé, tal cual como cuando estuve por primera vez. También lo hice en los otros manantiales al volver.

En la noche cenamos donde Leonardo; la conversación estuvo bien extendida, ya que Leonardo y Don Mechas siempre tienen algo nuevo que contar. El primero me contó más detalles sobre la implementación del sistema de irrigación de los Gerudo, y el último sobre algunos hallazgos -no todo en su vida es hacer bombas, después de todo- como que uno de los ingredientes para hacer los explosivos resultó ser un fertilizante fantástico.

Una vez que íbamos de vuelta al hotel, ya tarde en la noche -no andaba ni un alma en la calle- Link me hizo una propuesta sorprendente:

-¿Te gustaría nadar en el manantial? Nadie nos va a ver…

Mi cara tiene que haber sido de tal sorpresa, que Link se me quedó mirando perplejo.

-Amor… ¿le pasa algo? -me preguntó con una voz tiernísima.

-Yo...soy incapaz de nadar...ni flotar… no tengo ningún tipo de habilidades acuáticas -mi cara estaba roja, de vergüenza absoluta.

¡Me daba muchísima pena no saber! Se me enseñó de pequeña a nunca mostrar debilidad, y desde ese entonces nunca había estado en tal situación, así que sí, ¡estaba avergonzadísima!

-Bueno, pues, hay que arreglar eso ahorita mismo, amor. ¡Desvístete! -y luego de irse al rincón más escondido del manantial, se quitó la ropa y quedando en nada más que ropa interior, ¡se lanzó al agua! - ¡Ven para acá amor, si el agua está tibia!

Y así, sin ningún otro incentivo que mi guapo esposo en paños menores, me quité el vestido, quedando en ropa interior y enaguas, y me acerqué a donde él estaba, tomada de sus manos, quedando con el agua por sobre la cintura.

-¡Relájate, mujer, eso es lo primero que tienes que hacer! -me decía, apretando suavecito mis manos-. Si te pones tensa, te vas a hundir como una piedra.

Seguí sus instrucciones, y tras un par de pasos en las aguas más profundas, me hallé flotando, aún aferrada a sus manos.

-¿Ves amor? ¡Sabía que podías!

Me soltó suavemente de las manos y me tomó de la cintura, para luego explicarme cómo dar brazadas. Luego de un rato para hallarme cómoda, ¡estaba nadando! Un tanto torpe eso sí, pero no obstante, estaba nadando.

Me felicitaron profusamente con besos y abrazos, y un "eres fantástica, mi amor".

Tras un poco más de práctica, salimos del agua hechos una sopa de mojados, pero muy orgullosos de este logro. Link se me quedaba mirando mientras me estrujaba el agua del pelo y miraba las hadas jugueteando sobre el agua. Lo miré de vuelta, curiosa por su actitud.

-Estoy grabando a fuego tu imagen en mi mente para atesorarla por siempre, amor -me respondió.

-¿Yo chapoteando como una cría en el agua? -bromeé.

-Nop -se rió-. Son todas esas cositas que sólo yo puedo ver de tí, además de lo obvio -apuntó a mis ropas mojadas, que transparentaban-, tus momentos sin refinamiento, tu honestidad, tu dulzura, esa cosa medio salvaje que tienes en tí. Siempre serás, en mi mente y mi corazón, la mujer que tengo en frente mío esta noche, sin importar la edad que tengas.

En ese momento descubrí lo que es estar consumida por completo en las llamas del amor. No tenía palabras para contestar sus hermosas palabras, pero le contesté sin ellas.

Esa noche, me quedé dormida en los brazos de Link, sintiendo y sabiendo que algo en mí había cambiado para siempre.

He sido premiada con un amor perfecto, como los de que hablan novelas y poemas, algo de lo cual jamás antes me había sentido merecedora.

Y hoy, al entrar por las puertas del castillo, mientras todos nuestros amigos nos dieron la bienvenida -hay tanto de lo que nos tienen que contar- me di cuenta de algo: cuando me coronaron, dije que estaba rodeada de amor, pero aún me sentía como algo faltase.

Ahora, puedo afirmarlo con toda certeza.

Con amor,

Zelda.