DECLAIMER: Como saben ninguno de los personajes del magnífico anime y manga INUYASHA me pertenecen, pero la historia es completamente mía, así que cualquier tipo de plagio está prohibido.
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LA MIKO DE LAS CUATRO ALMAS
CAPITULO 52
EL DIA D
Sintió un extraño calor en su pecho, una sensación de liviandad y libertad; veía pequeños destellos de luz pasar encima de sus parpados cerrados, no sentía su mano, aunque estaba haciendo el mayor esfuerzo por moverla; a pesar de que sus músculos parecían atrofiados ella no estaba preocupada, de hecho, se sentía muy en paz. Intento nuevamente mover cualquier cosa de su cuerpo y logro arrugar los ojos y abrirlos por un segundo en los que vio una increíble luz brillante de color blanco frente a ella.
Espero, y espero por lo que a ella le habían parecido horas, hasta que al fin de tanto abrir y cerrar sus ojos en intervalos cortos pero constantes, sus pupilas lograron acostumbrarse a la brillante luz y pudo ver al fin lo que le había estado cegando. Admiro un cielo de noche con estrellas tan, pero, tan brillantes que parecía otro mundo, las estrellas se unían a las otras con un manto parecido a una tela transparente color plata y violeta, era lo más hermoso que había visto al menos en su vida humana. "¿Estoy muerta?" fue la pregunta que la invadió, no estaba enojada, ni temerosa, de hecho, se sentía tan en paz que ese sentimiento casi podría pasar por felicidad.
De pronto escucho el fuerte rugido atronador de un rayo que partió el manto estrellado por un segundo. Y la lluvia cayó sobre ella; por supuesto, esperaba las gotas frías y punzantes, sin embargo, eran cálidas como lágrimas.
Fue entonces que se dio cuenta de que ya podía mover sus extremidades, intento sostenerse de sus codos y erguirse un poco, cuando el resultado fue positivo se levantó sobre sus pies y una sonrisa la invadió cuando se dio cuenta de que su cuerpo no pesaba casi nada, era casi como flotar. Intento caminar y el resultado fue el mismo, dio una vuelta sobre sí misma y al fin noto lo que sucedía algunos metros lejos de ella. Su cara se ensombreció cuando recordó lo que había pasado. Frente a ella se encontraba Yakko, peleando contra la bestia de Ryu y de espectador un furioso Inuyasha.
Bajo la mirada a su propio cuerpo y se dio cuenta de sus ropas manchadas de sangre. Se toco buscando la herida mortal, pero su corazón parecía estar ahí, golpeaba relajadamente en su pecho.
Avanzo con cuidado hasta donde la tierra tenía un enorme cráter y vio más cerca ha Inuyasha justo al lado de su cuerpo tirado, como si la estuviera protegiendo. Ahí se vio a si misma tendida en el suelo ¿muerta?, no estaba segura, verse a sí misma en tal estado debía ser triste, aunque realmente no podía sentir nada más que paz y una sensación de flotar.
Se arrodillo al lado de su cuerpo e intento hallar algún sonido desde aquel hueco sangrante en su pecho, y lo hallo. Un golpe ligero que se detenía y apagaba en varios intervalos largos de tiempo. Cada vez que se detenía de su palpitar ella se sentía más ligera, casi como si el viento pudiera llevársela.
Miro a Yakko detenidamente, sintió su cambio, la bestia de Sesshomaru había crecido en un tamaño monstruoso que nunca había visto, era simplemente increíble que ni siquiera pudiera ver su rostro por la altura que tenía, simplemente apreciaba sus patas y su cola que sostenían su cuerpo en una fuerte arremetida que parecía haberle querido dar al dragón que ahora se veía dos veces más pequeño que Yakko.
Se sentía extrañamente tranquila, y eso la incomodaba. Algo estaba mal, y ella quería que esa paz que la embargaba como un anestésico desaparezca de su cuerpo. Ella no podía sentirse relajada, pero lo hacía.
Nadie se movía, ni siquiera podía sentir el viento, solo aquella lluvia cálida, se abrazó a si misma hasta que el tiempo fue tan largo que las gotas dejaron de caer y se quedaron pendiendo en el aire, como si de pronto ya no hubiera gravedad.
Sintió una presencia detrás de ella, lo conocía. Giro su rostro calmadamente y vio aquel largo cabello plomizo grisáceo arrastrándose al menos dos metros alrededor de él. Ojos violetas con una mirada amable. -Hola conejita. -Le hablo él.
Kagome sintió que su cabeza se calentaba mientras recuerdos de todo lo que le había pasado en su vida la invadían, ella podía volver a cualquier etapa de su vida, detenerse, asociarlo, comprenderlo, y todo a la velocidad que quisiera e incluso notar detalles ínfimos, como la primera palabra que su madre le dijo cuando ella nació, la prematura muerte de su padre que ella decidió borrar de su mente, sus primeros pasos, y… -¿Te he visto antes cierto? -Le pregunto al kami que sonrió tenuemente.
-Por supuesto conejita, te he hablado entre visiones y sueños. -Contesto.
Ella negó con la cabeza. -Te he visto en un cuerpo real y corpóreo, eras aquella Inu que me entreno en el pasado, en el palacio de la luna. Ahora entiendo porque madre me dejo a tu cuidado y porque te movías como si fueras omnipotente.
Él sonrió un poco más. -Acertaste, tuve que cambiar mi apariencia un poco para poder estar allí, pero valió cada segundo.
Ella asintió, no se sentía enojada, aunque estaba segura de que ella debería.
-¿Por qué estás aquí? -Lo cuestiono.
El miro a la Kagome en el suelo y luego a ella. -Estas en la otra franja Kagome, por eso me es más fácil comunicarme contigo.
-¿Por qué estoy ahí, pero aun así estoy aquí? -Pregunto apuntando a su cuerpo en donde ya no escuchaba ni siquiera un leve golpeteo de su corazón, y apuntándose a ella misma en ese momento.
-Eres el espíritu, el alma de la Kagome real. -Explico. -Saliste de tu cuerpo porque un alma no puede vivir en un cuerpo muerto, si te quedaras allí te contaminarías y terminarías por transformarte en energía maligna.
Kagome frunció el ceño, esta vez casi peligrosamente.
-¿Porque entonces no asciendo al más allá? ¿Porque el tiempo está detenido y porque no siento absolutamente nada? -Esta vez sí que estaba molesta, frunció levemente el labio crispado mientras el sentimiento de que algo le faltaba se encajaba en su pecho.
El la miro seriamente. -Estas sintiendo frustración en este momento, eso no es bueno para ti.
-¿Porque? -Cuestiono ella nuevamente sintiendo como si una droga nuevamente aliviara su estrés.
-Se supone que para ascender debes estar en paz, si tú te rehúsas a irte vagaras en este mundo, pero nadie te vera, conforme pase el tiempo tu alma se volverá solitaria y para mantener tu espíritu presente junto a tus seres queridos te convertirás en una devoradora de almas y sobrevivirás comiendo de las almas de los demás.
Aquello le supo a Kagome terrible, le envió recuerdos de la vida de Kykio en esa otra línea de tiempo, ella no podía ser así, pero tampoco podía dejar a sus seres queridos. Miro a Tsukuyomi atentamente, y supo que hablaba en serio, la preocupación se reflejaba en sus ojos. -¿Porque el tiempo está detenido?
El la miro con ternura. -Es porque estoy aquí conejita.
-Entonces si tú te vas…
El asintió esta vez con pesar. -Si yo me voy todo volverá a la normalidad, y también… Izanami vendrá a buscarte.
Kagome palideció. -¿Puedo evitarlo?
El negó. -Ella normalmente no viene a esta frontera, pero por la descendencia de un Kami, que además se rehúsa a irse, ha logrado llamar su atención. Si es ella la que viene por ti, no podrás pelear contra ella.
-¿Entonces qué puedo hacer? -Pregunto ella.
-Escapar y buscar al que manipula las almas y las dirige al mundo de los vivos. -Explico.
-Pero acaso yo no era…
-Tú conejita, eras como un tipo de portal de luz que dirigía a los que estuvieron vivos al yomi o a ascender dependiendo de sus acciones en vida. Esta otra persona hace lo contrario, decide que almas de los muertos pueden regresar a la vida por medio de la reencarnación, tu caso sería parecido, pero no igual, tendrás que convencer a esta persona de que te deje pasar, o tendrás que vencerlo y pasar por la fuerza.
-¿Dónde puedo encontrarlo? -Pregunto ella.
-El ultimo del que se supo, era de un ermitaño que vivía en el monte Fuji hacia el Este. -Ella asintió decidida.
Tsukuyomi se pudo rígido y miro hacia el cielo estrellado. -Algo está ocurriendo, debo irme Kagome. -Todo rastro de amabilidad se esfumo de su rostro y fue suplantado por preocupación severa.
-¿Que está pasando? -Pregunto ella.
El negó. -No lo sé. Pero temo que tenga algo que ver con tu posible muerte. -Esta vez la miro seriamente a ella. -No debes dejar que Izanami te atrape, busca al portal oscuro y atraviésalo.
Ella asintió.
-Escúchame Kagome, tengo que irme, ni bien desaparezca de aquí, Izanami que esta por cruzar el yomi vendrá por ti, tus emociones volverán a ti y también el dolor, ya que has tomado la decisión de vivir en este plano que se considera atormentado, sufrirás mucho hasta que logres cruzar el portal oscuro.
Ella asintió nuevamente. El cerro los ojos, suspiro con mucha pena y volvió a mirarla. -Si no puedes lograrlo Kagome y quieres rendirte, puedes tener esto. -Ella vio cuando de la manga de su kimono se desplazaba una hermosa tela que flotaba, se deslizaba e incluso daba la ilusión de que danzaba sin que siquiera nadie la tocara. Después de que la delicada prenda bailara como las olas frente a ella se dio cuenta de que había visto dicha tela en pinturas antiguas de Japón, en donde se describía físicamente a los dioses, incluso había una pequeña historia acerca de esa maravillosa tela. -¿Es un chal hagoromo?
-Lo es. -Contesto él que con un ademan de su mano dejo fluir la tela sobre ella hasta que la rodeo encima de su cabeza hasta su cintura sin tocarla, pero flotando alrededor suyo. Era traslucida, pero tenía diseños de flores lilas y azules. -Es un artefacto exclusivamente para los dioses, pero que también se pueden dar como presentes a seres celestiales, como hadas y demás.
-¿Por qué me das esto? -Pregunto ella desconcertada tocando la tela que parecía huir a su tacto.
-Los ningen no pueden hacer uso del hagoromo, pero tú eres mi descendencia, la que tiene heredado mi poder aumentado al máximo; así que tú puedes usarlo y volar a mi mundo con ella.
Ella retrocedió un paso amedrentada por la proposición. Ella no se iría.
-No te asustes, es solo en caso de que nuestros planes no funcionen. -Aseguro él.
Ella asintió lentamente.
Vio nuevamente como él se tensaba, como si un dolor lo azotara, la miro una última vez. -Te pareces a Hana. -Luego de esto descendió con una luz rodeándolo y desapareció como si se hubiera camuflado con el firmamento.
El tiempo volvió a correr delante de sus ojos
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UNA SEMANA DESPUES DEL DIA D
EN EL NORTE
Koga reunió a sus soldados en campamentos improvisados mientras marchaba al resguardo de sus tierras, que casi ni habían visto resquicios de guerra. A pesar de que solo los soldados norteños darían un testimonio de lo que fue la quinta gran guerra de youkais, su pueblo sabía, la historia se extendería a través del tiempo. Y aunque su ejército de Okamis había tenido una participación de refuerzo, se sentía complacido con haber sido parte de ello. Aunque lamentaba tanto la situación de Sesshomaru, porque aquella mujer había sido admirable, y con poco tiempo se había ganado su respeto y por loco que sonara, ella le había gustado.
La tarde cayo y como desde hace una semana el ultimo rayo de luz solar resplandeció de un lila brillante y dio paso a la noche. Las cosas se habían puesto raras desde la condición de Kagome, en ese efímero segundo de resplandor en el ocaso el sonido de cada animal, insecto e incluso naturaleza misma se detenía, un silencio sepulcral invadía todo, y aunque era patético de su parte, su cuerpo daba una sacudida temblorosa como si sintiera mucho frio y estuviera en peligro de muerte. No sabía si Sesshomaru sentiría lo mismo, pero lo vio atentamente y no pareció notar ningún cambio, aunque cada vez que ocurría aquello… cada ocaso abrazaba más el cuerpo de ella y apretaba el mango de aquella espada delgada y sin uso aparente.
Era definitivamente extraño. No pudo soportar un día más de una escena como esa, tomo a sus tropas que aún seguían recuperándose de sus heridas y se las llevo del Oeste. Y aun así, en las cálidas tierras que vieron su nacimiento, sentía aquel horrible silencio e incómodo escalofrió.
-¿Señor Koga deberíamos detenernos? -Un okami delgado y nervioso lo llamo, vio la pobre apariencia lastimada del adolescente y supo que él también podía sentir aquello que su instinto gritaba "precaución" como si la muerte silbara en el silencio.
-No tiembles, los okamis somos fuertes. -Le dijo con seriedad. El joven lobo asintió y se irguió intentando controlar su nerviosismo, mientras todos los demás hacían lo mismo, porque no solo era uno, si no todos ellos, sentían y sabían que la muerte los rondaba, era invisible y soplaba sobre sus cuellos.
"¿Acaso la condición de ella tenía algo que ver?"
La sensación de pánico se esfumo mientras la oscuridad se pronunciaba con fuerza y las estrellas brillantes se dejaban ver. Las fogatas se prendieron y el olor de carne inundo aquella roca semi inclinada sobre un valle terroso de árboles frondosos pero apagados. Escucho que lo llamaban y supo que debía dar el primer bocado para que iniciara el banquete. Mientras estuvo en el Oeste y observo a Kagome había visto la costumbre de la niña por pedir todas sus comidas cocidas, en un inicio lo considero ilógico, puesto que mataba los nutrientes que la carne cruda tenia y que un cuerpo youkai necesitaba. Quiso obviamente probarlo y descubrió un nuevo sabor increíble en cocer la carne, por supuesto no era algo que podía consumir seguido, pero se había vuelto rutina cocinar, aunque sea un poco de su carne para darse el gusto.
Sonrió mientras pensaba en ella.
El alarido de uno de sus okamis le quito de sus ideas, todos se pusieron alertas, alzando sus armas que reposaban en el suelo y poniéndose en guardia corriendo hasta donde se escuchaban los gritos. Era uno de los encargados de vigilar el campamento. Allí en medio de la oscuridad entre un muro de piedra y el bosque de frente, el okami cortaba desesperadamente a otro youkai okami y este ni siquiera parecía detenerse.
-¡¿Que está ocurriendo?! -Grito mientras se adelantaba hasta el lugar para ver sorprendido al youkai que atacaba. Tenía rasgos del Norte, pero su armadura y pieles eran antiguos, de una tribu okami muy vieja y extinta hacia siglos. -¡¿Quién eres?! -Exigió respuestas poniéndose en guardia ante el extraño lobo.
El lobo viejo no contesto y en su mano derecha apareció unas garras doradas con las que intento cortarlo, por supuesto que pudo esquivarlo, pero el lobo era ágil y lo persiguió, y aunque intentaba preguntar quién era y que se proponía el otro no contestaba, parecía ido, como si no estuviera ahí. Lo esquivo saltando de espaldas hasta quedar cerca de los árboles y allí fue que alguien lo atrapo, otro okami igual al otro, con el rostro pálido y ropa antigua llena de cortes y sangre vieja lo retuvo de los brazos mientras el de las garras doradas se acercaba a matarlo.
Miro a sus soldados que corrían hacia él para ayudarlo y vio como nuevos okamis pálidos los atacaban y mataban a los heridos. Sus entrañas se retorcieron de dolor, tanto físico por las garras doradas incrustadas en su abdomen como emocional, al ver a sus compañeros sobrevivientes ser asesinados.
Los guerreros pálidos bebieron la sangre de sus espadas y la vida volvió a sus ojos, sonrisas complacidas lleno sus rasgos y miraron satisfechos a sus compañeros que aún se defendían de ellos.
¿¡Qué estaba ocurriendo!?
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EN EL SUR- SAIKAIDO-CAMINO DEL MAR DEL OESTE
Shiro, antiguo Lord del Sur derrocado, estaba frente a su antiguo trono, todo a su alrededor estaba destruido, en su camino al Sur pudo ver el cambio drástico de la tierra, el Sur antes conocido por sus campos verdes, árboles frutales y cosechas fértiles ahora tenía tierra manchada de sangre, aldeas quemadas, flora, fauna y sus cristalinos manantiales destruidos. Muchos muertos, especialmente cachorros menores de quinientos años. El Sur había sido el punto cardinal con mayor población joven, se llamaban a sí mismos Los bendecidos por Inari, que era la diosa del campo y la fertilidad y a la que habían agradecido su enorme familia y población cuantiosa. Todos eran felices, todos eran agradecidos, su economía se basaba en la agricultura y el comercio por su puerto y sus tierras productivas. Y ahora no había nada de eso.
-¿Tío Shiro? -La vocecilla quebrada de su sobrina lo saco de su pena, dejo de mirar aquel trono de enredaderas verdes y vio a los ojos azules, brillantes de culpa de la pequeña, su pequeña cabeza pelirroja se agacho no pudiendo mirarlo a la cara.
-Yume, quiero que levantes tu rostro, no te avergüences frente a mí, sé que todo esto no fue tu culpa. -Le dijo él. Estaba cansado, pero quería aliviar la tristeza de la pequeña que había llegado con él ese día y había visto con horror el desastre del Sur, había llorado en silencio todo el camino y había murmurado que era su culpa como un mantra. Pero él sabía que no lo era, incluso si tenía que responder delante de Sesshomaru por ella, lo haría, pero no dejaría que él aniquile a la poca familia que le quedaba. Ella solo fue otra víctima de Naraku, que aprovechando su sensible alma escondió su maligno corazón en ella.
-Pero… -Su voz se quebró mientras ocultaba sus ojos entre sus manos y respiraba con ansiedad. -Si yo fuera más fuerte… ¿por qué? ¿Porque no soy fuerte como tú? -Pregunto devastada.
Shiro sabia la respuesta, él sabía porque el corazón de su pequeña sobrina era tan sensible e influenciable, casi como el de un ningen. Un ningen en el cuerpo de un youkai. Si ella supiera que en realidad era una hanyou comprendería, pero él no podía revelar tal secreto, no sin el permiso de su querida hermana.
-Tu eres de esa forma Yume, y debes aprender a vivir con ello. Estoy seguro de que esa sensibilidad que posees ayudara a muchas personas. -Ella levanto el rostro y aunque la tristeza parecía seguir ahí, muy dentro se veía la esperanza.
-¿Lo crees? -Pregunto dudosa.
-Lo creo. -Afirmo. -El Sur tiene que levantarse de nuevo, y los huérfanos de la guerra necesitaran mucho apoyo, deben ver en ti un ejemplo a seguir, porque solo tu puedes identificarte con ellos.
Ella asintió muy despacio, dolida por el conocimiento de que su madre y hermanas habían muerto víctimas de la guerra.
-¡SEÑOR! -La voz de uno de los guardias llego desde atrás. -¡El santuario a Inari sama!
Frunció el ceño y corrió al santuario que tenían dentro del palacio y en el que celebraban los rituales a su kami.
Entro por las puertas y vio el monumento de la diosa de coletas de mirada traviesa brillar en color naranja, zumbaba con fuerza y dejaba escapar una gran cantidad de extraño poder, uno que nunca había sentido. De pronto el poder lo golpeo y lo llevó a golpear con fuerza uno de los pilares del palacio. Quedo aturdido por unos segundos, pero abrió los ojos en el momento exacto en el que el hermoso monumento de la diosa se resquebrajaba y explotaba en muchos fragmentos brillantes. En su corazón lo sintió, su bestia aulló de dolor y el eco del alarido resonó en sus oídos. Lágrimas de sangre bañaron su rostro cuando se dio cuenta que dentro de él ya no estaba su bestia, no había ni un solo rastro, como si nunca hubiera estado ahí. Había perdido a su mejor amigo, su familiar, y nunca podría encontrar a su pareja de vida.
Grito con todas sus fuerzas, antes de que nuevamente la ciudad destruida del Sur fuera atacada por un nuevo grupo de enemigos que tenían como característica principal rostros pálidos y miradas sin vida.
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EN EL NUEVO ESTE
REFORMA POLITICA MILITAR
SEGUNDO HIJO DE INUNO TAISHO - INUYASHA TAISHO REGENTE TEMPORAL
El palacio del Este no había sufrido ningún percance, brillaba en oro y mármol, límpido y vacío. Inuyasha admiro la ostentosa piedra tallada que contaba la historia del nacimiento de los dragones con la venia de Amaterasu, kami del Sol. Se burlo del extenso lujo y farfullo insultos al último Lord del Este que ahora se pudría en alguna tumba sin nombre, como se merecía.
Vio la larga fila de ambos lados de hembras youkai que no pertenecían exclusivamente a la región Este, y como estas se inclinaban hacia él con respeto. Incluso reconoció a hembras del Sur, Oeste, y Norte, e incluso a una nigen, y todas con una característica importante que le hizo sentir nauseas. Todas y cada una de ellas se parecían mucho a Kagome. ojos cafés, cabello oscuro, misma altura, facciones parecidas, pero no realmente iguales. Era horrible.
-¿Ustedes eran…? -No se atrevía a preguntar.
-Pertenecíamos al harem del antiguo Lord, señor. -Contesto una de ellas era una Okami, tenía el cabello suelto y largo como Kagome, pero el negro de la cabellera tenía unos tonos algo diferentes, y la piel un poco más bronceada, y unas notorias heridas en el cuello, como si la hubieran atado por mucho tiempo.
-Ahmmm… ok. -Inuyasha estaba muy incómodo, no deseaba estar ahí viendo aquello, pero era su obligación desde que su hermano lo había mandado, puesto que el no parecía querer salir de aquella habitación en la que se había encerrado con Kagome.
El entendía su necesidad de estar con ella, a el mismo le hubiera gustado despedirse de su amiga, pero él nunca dejaba que nadie la vea, la última vez que la vio fue… horrible, mucha sangre, palidez mortal, y sin ningún indicio de respiración.
Pensó en Hotaru, y supo que había hecho bien en aceptar que la llevaran, el necesitaba tiempo, ella necesitaba reposo, y no podía estar lejos de ella sin preocuparse, así que acepto su alejamiento, aunque era frustrante cada noche pensar que ni siquiera sabía dónde estaba.
-¿Que harán con nosotros señor? -Pregunto la ningen. Un escalofrió le recorrió a Inuyasha cuando pensó ver a Kagome, pero era solo la ningen que tenía ojos aguados y un temblor temeroso en su cuerpo. La imaginación le jugó una mala pasada cuando pensó ver a su amiga en el lugar de la ningen, con su traje de miko ensangrentado y pidiéndole ayuda.
-Por supuesto que ustedes pueden irse si así lo desean. -Recalco él, viendo entre sonrisas de gratitud y rostros llenos de consternación.
-¡No tenemos donde ir señor! -Grito una de ellas. -¡El lord dragón mato a mi familia y destruyo mi hogar! -Muchas otras asintieron desesperadas.
Inuyasha se rasco pensativo la nuca. -Entonces supongo que podrían ir al Oeste, allí parece que se están reuniendo las víctimas de la guerra. O también podrían quedarse aquí, planeamos reorganizar el Este y con la aceptación de los otros tres puntos cardinales se me otorgo la regencia temporal del Este, así que planeo cambiar muchas cosas mientras se establece un nuevo Lord del Este que sea nacido de estas tierras.
La explicación pareció agradarles a las youkais, la mitad decidió irse, y la otra se dividió entre las que querían ir al Oeste y las que querían quedarse en el Este.
Inuyasha acepto cada decisión y volvió al rumbo que había deseado, camino hasta la sala de armas y desplazo los planos que había traído desde el Oeste, realmente Irasue le había ayudado a organizar la mayor parte de todo, y con las ideas de su tutora él se haría cargo de todo. Él había querido que ella estuviera ahí, pero justo antes de que el decidiera venir ella había tenido que volver a su palacio de la luna con urgencia.
Los soldados de más confianza de Sesshomaru cerraron las puertas del despacho, eran casi la mitad del congreso Inuyoukai, unos cuantos del congreso okami, y aún menos del congreso Kitsune.
-¿Cuáles son las ordenes regente Inuyasha? -Pregunto uno de ellos.
Inuyasha sonrió. -Reformaremos el palacio, y su nuevo nombre será castillo del Edo.
El aviso de un ataque frustro la reunión, todos preparados para cualquier subversión se alistaron a pelear hasta que vieron a uno de los atacantes.
-¿¡QUE M*****!? -Grito Inuyasha cuando vio a Ryukuroi en la puerta del despacho, sin aquella mirada desdeñosa, solo un vacío enorme a través de sus ojos, y el rostro muy pálido.
-¡¿ACASO ESTE HIJO DE PUTA NO MURIO?!
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CONTINUARA…
He tardado demasiado, tuve que recibir familiares en mi casa, y no tenía tiempo para absolutamente nada, cada vez que intentaba escribir se acercaban mis primas y primos y me preguntaban que hacía, que porque me escondía y me perturbaban hasta el punto del agotamiento mental. Justo ayer se fueron, y recuperé mi tranquilidad, y me puse a escribir como loca, rehíce este capítulo tal vez unas cuatro veces, nunca estaba conforme, pero creo que este me gustó mucho.
Algunos seguramente se están preguntando que está ocurriendo en el fic y todo eso, pero tendrán que esperar el siguiente capítulo en donde explicare mejor la situación interna, mientras tanto pueden hacer las teorías que deseen, que yo me entretendré leyéndolas, a ver si alguien le acierta.
Por cierto, aunque parezca que otra vez parece que se está desarrollando algo nuevo y no tenga la pinta de terminar en este capítulo, créanme que solo falta uno o dos capítulos y probablemente un epilogo.
¿Me extrañaron?
Por favor demuéstrenmelo con un review, que ya estoy cerca de los 1000, y me gustaría superar esa marca por primera vez con uno de mis fics.
Un beso, y hasta la próxima, que será en unos días, promise.
