ElKike:

Bueno, tras todo lo que se armó respecto a la curación algún resultado tenía que haber. Un éxito total sería romper lo establecido de la magia rúnica y no consideré que un fracaso era adecuado. Al final, un punto medio me pareció la mejor opción. Aunque, siendo honesto, no era lo que tenía planeado en un principio. Tiffania debería aparecer dentro de dos capítulos, al menos eso creo. Por obvias razones, no daré detalles sobre cómo se desarrollará el encuentro. Sobre el especial, será mientras cubro el volumen 12, al cual creo llegaré pronto.

Gracias por el comentario.

Shunk:

Ahora sólo se necesita el tiempo necesario para repetir el conjuro unas veces más. xD Seguro habrá algún intervalo en el que sea posible.

Pues aquí veremos que ocurre. Como adelanto, ninguno de los involucrados saldrá ileso y cuando me refiero a ninguno, es ninguno.

Es parte de su atractivo, aunque esas pocas palabras pueden ser un dolor de cabeza para mí cuando trato de escribir una escena. No negaré, sin embargo, que a veces sucede lo contrario y me ayudan.

Gracias por el comentario.

Tanto los personajes como la idea de Zero no Tsukaima no son de mi propiedad, sino del autor de dicha obra, Yamaguchi Noboru (Que en paz descanse)


— ¿Qué acaso no pueden tranquilizarse?

Habíamos entrado ya al territorio de la familia Valliere. Evidentemente el tiempo que tardamos en hacerlo fue breve, pues no había una gran distancia entre el hogar de Louise y el de Kirche. Sin embargo, a pesar de la corta travesía, algunos de los que viajábamos en el carruaje no podíamos estar tranquilos, principalmente Louise y yo.

A pesar de que ambos escuchamos a la perfección el pedido de Guiche, ninguno se tranquilizó.

Louise era quien estaba más preocupada. Eso era normal, pues era la que estaba más consciente de lo que podría ocurrir una vez llegáramos. Además, ya que no había pasado mucho desde que recibió un castigo por parte de su madre, lo último en lo que quería pensar era en el nuevo correctivo que podría recibir.

— Si tan sólo supieras... — Respondí.

En cuanto a mí, si bien no tenía un total conocimiento de la situación, tenía mis razones para estar preocupado.

— Y lo repito por tercera vez. ¿Cómo se supone que debo saber lo que nos aguarda si no dicen nada?

— Es mejor no saberlo.

— No, no lo es. — Replicó Montmorency. — Sólo me ponen más nerviosa.

— Sólo digan lo que saben. No puede ser tan malo. — Agregó Malicorne.

Miré fijamente a Guiche, Montmorency y Malicorne. Ellos no sabían lo mismo que yo y mucho menos lo que sabía Louise, pero el comportamiento que nosotros dos estábamos teniendo en ese momento provocó que ellos se sintieran igualmente nerviosos. Posteriormente, miré a Kirche y Tabitha. La estudiante pelirroja no parecía estar incómoda por nuestro actuar, pero podía notarse que tenía curiosidad. Tabitha, por otro lado, estaba leyendo un libro con la misma tranquilidad de siempre.

Al cabo de unos segundos, di un largo suspiro.

— Nuestras situaciones no son las mismas, así que sólo hablaré por mí. Quizás no me recuerden y me estoy preocupando por nada, pero dudo mucho que vaya a tener un buen recibimiento.

— ¿Acaso les hiciste algo? — Preguntó Guiche.

— Cuando escapé de ahí junto con Louise… causé uno que otro daño a su hogar.

— ¿Qué clase de daños?

Desvié un poco mi mirada.

— Por lo que me dijo Louise, las reparaciones costaron más de tres mil ecus.

Guiche, Montmorency y Malicorne se quedaron con la boca abierta. Kirche, por otro lado, comenzó a reírse.

— Sí, ríete si quieres, pero para que lo sepas, esa deuda ya fue pagada. Gracias por la espada, en verdad me fue útil.

Kirche, quien entendió de inmediato mis palabras, se quedó callada.

— ¿Les diste la espada que te regalé?

— Ellos me quitaron la espada, es diferente. Como sea, el punto es que ahora ellos la tienen.

A pesar de que Kirche y Louise ya podían considerarse amigas, eso no significaba que el tema de sus familias había sido olvidado. Una de ellas era una Valliere y la otra una Zerbst. La rivalidad entre ambas familias todavía existía, pero ellas se veían la una a la otra como una excepción.

Hubo unos cuantos segundos de silencio antes de que alguien más volviera a hablar.

— No puedo creer que causaras tantos daños sólo por escapar. — Comentó Montmorency.

— Creo que destruí algunos objetos de valor por accidente. Como sea, ese el motivo por el que no tienen la mejor opinión de mí.

— ¿Y eso importa?

— Normalmente no me preocuparía mucho, pero no son la clase de personas con las que me gustaría llevarme mal.

— ¿Y eso por qué?

— Aunque yo no llegué a enfrentarme directamente a los padres de Louise, mis clones si lo hicieron. Y… no les fue muy bien que digamos.

— ¿A qué te refieres con que no les fue tan bien?

— Una distracción que debió extenderse por al menos quince minutos no pasó de los dos minutos.

Todos se quedaron en silencio.

— En fin, es por eso que no puedo estar tranquilo. No sé qué clase de reacción tendrán al verme.

— Ya veo. — Dijo Malicorne. — Supongo que es normal que tengas miedo.

— Yo no diría que tengo miedo, pero prefiero ser precavido. Esos clones no estaban indefensos. Bueno, eso es en cuanto a mí. Louise, por otro lado…

Volteé para ver a la estudiante que estaba sentada a mi derecha.

— Me dijo que recibió un castigo por parte de su madre hace poco.

Apenas terminé de decir esas palabras, Louise comenzó a temblar con más notoriedad.

— No me dijo exactamente lo que fue, pero creo que, a diferencia de mí, ella sí tiene miedo.

La actitud de Louise le delataba totalmente, por lo que nadie pudo negar lo que dije.

— ¿En verdad tienes tanto miedo de tus padres, Louise? — Preguntó Montmorency.

— Mi padre no es realmente el problema.

— ¿Entonces por qué te preocupas?

— P-por mi madre.

— ¿Tu madre?

Louise asintió.

— ¿Tu madre en verdad da tanto miedo? — Preguntó Malicorne.

Era evidente que ella no quería hablar del tema. Sin embargo, a pesar de eso, no tardó mucho en responder a la pregunta que se le hizo.

— ¿Han oído hablar del ex comandante del Cuerpo de Mantícoras?

— ¿Quién no ha escuchado de él? Se llamaba Karin el Viento fuerte, ¿no es así? Con la mitad de su rostro cubierto por una máscara de hierro, él servía al reino con su magia de Viento. Lo llamaban Viento fuerte, pero dicen que Huracán hubiera sido un nombre más apropiado.

Una vez Malicorne terminó de hablar, Guiche lo complementó.

— Mi padre me dijo que cuando él era joven, él llevo a sus tropas para tomar el puente Cardín, pero que cuando llegó, este ya había sido capturado por Viento fuerte. Se dice además que él estaba acostumbrado a trabajar solo.

— Hay rumores que indican que tropas de Germania que se establecieron en la frontera huyeron luego de escuchar que Viento fuerte estaba en la primera línea defensiva. — Dijo Kirche.

— Aunque si de rumores hablamos, existe uno de que Viento fuerte era en realidad una hermosa mujer que llevaba un traje de hombre. — Mencionó Montmorency.

Al escuchar ese comentario aislado, todos en el carruaje se quedaron callados. El nerviosismo que reinaba en el transporte aumentó considerablemente. Incluso Kirche empezó a sentirse algo inquieta. Sin embargo, fui yo el que tuvo el mayor cambio y la razón era más que obvia.

— Louise, dime por favor que ese rumor no es cierto y que no destruí el hogar de Viento fuerte.

Ella no respondió.

— Louise…

— Viento fuerte es mi madre.

Me tomé unos cuantos segundos para responder.

— Bien, eso lo decide.

Tras decir eso, me levanté y di un par de pasos para ir hacia la puerta del carruaje. No obstante, Louise, tras notar lo que hice, me agarró del brazo.

— ¿Qué haces? — Pregunté calmadamente.

— Eso debería preguntártelo a ti. — Respondió Louise.

— Si quieres saberlo, planeaba saltar del carruaje.

— Eso creí.

— Ahora que te lo dije, ¿me vas a soltar?

— No.

Intenté zafarme por alrededor de diez segundos. Cada vez que aumentaba la fuerza con la que halaba de mi brazo, Louise hacía lo mismo con su agarre. Curiosamente, en ningún momento alguno de los dos perdió la compostura. Todo ese forcejeo se llevó a cabo sin generar un gran alboroto.

— ¡Suéltame!

Sin embargo, eso no se prolongó mucho tiempo. Puse más de mi fuerza para escapar, pero Louise procedió a sujetarme con sus dos manos. El carruaje, como consecuencia, empezó a moverse.

— ¡No! ¡Tú vas a venir conmigo!

— ¡¿Para que tu madre me ataque por haber destruido su hogar?! ¡Sigue soñando!

— ¡No iré sola!

— ¡¿Y por qué debo acompañarte?!

Tras escuchar mi pregunta, Louise desvió su mirada.

— ¡Está decidido! ¡No voy a ir! — Grité con incluso más fuerza.

La reacción de Louise había provocado que yo sacara una conclusión. Ella planeaba que yo la acompañara para que de ese modo compartiera el castigo que ella recibiera. En otras palabras, dependiendo de las circunstancias, lo que pudiera pasarme podría ser peor. Ciertamente no estaba completamente seguro de eso, pero no quería arriesgarme, en especial después de haber escuchado sobre la madre de Louise.

— Tienes dos opciones. — Dijo ella al darse cuenta que no cedería por las buenas. — Puedes venir tranquilamente o puedes ir en mi bolsillo. Elige.

No hacían faltas más explicaciones.

— Tú…

— Elige.

— ¿Estás consciente de…?

— Si vas a vengarte después, entonces adelante, pero no iré sola.

Me quedé en silencio durante unos segundos. Durante ese tiempo no aparté mi vista en Louise.

No va a ceder. Pensé con resignación.

El rostro de Louise lo hizo muy evidente. Podía ver el miedo que ella sentía a su madre, pero también podía notarse su usual enojo que aparecía cada vez que no podía conseguir algo que quería. Estaba seguro que arreglármelas si fuera tan sólo una de esas dos emociones, pero las dos juntas eran la peor combinación para mí. Al final, después de dar un largo resoplido de exasperación, volví a mi asiento. Acto seguido, abrí mi zurrón y saqué varios papeles rúnicos, los cuales empecé a ordenar sin demora alguna.

— Ni creas que porque es tu madre no la golpearé si es necesario.

Todos en el carruaje me miraron sorprendidos.

— ¿En verdad vas a pelear contra ella? — Preguntó Guiche.

— Si no queda de otra, entonces sí. Como si fuera a recibir un castigo que no merezco.

— Pues considerando los destrozos que causaste... — Comentó Montmorency.

Abrí mi boca para responderle, pero ninguna palabra salió de mi boca. Aunque fue en contra de mi voluntad, ya había pagado por los daños que causé. No obstante, eso no me exoneraba por completo de un castigo. Después de todo, las reparaciones eran algo que no se daba de la noche a la mañana.

— Como sea, el punto es que si ella intenta algo contra mí, no dudaré en responder.

— ¿Sabes? Me sorprende que tengas la confianza de poder hacer algo contra ella. — Dijo Kirche con un tono burlón.

— Para ser sincero, haber enfrentado a un elfo hace menos de un mes me da algo de confianza.

— Enfrentarse a uno que jamás había luchado contra alguien que podía pasar su Counter. Además, recibiste mucha ayuda.

No era necesario que Kirche dijera eso. Yo ya sabía ambas cosas, pero quería ignorarlas en un intento de calmarme. La victoria contra el elfo había tenido varios factores que habían jugado a nuestro favor, además de una muy meticulosa preparación. Eso, evidentemente, era algo que no sucedería nuevamente.

— Sí… ¿no creen que los amigos son una cosa maravillosa? Es decir…

— Ni lo pienses. — Dijo Montmorency, quien se había anticipado a lo que iba a decir.

Chasqueé mi lengua.

Finalmente, tras cerca de un minuto, terminé de ordenar los papeles rúnicos que creí iban a ser necesarios y los guardé en mi bolsillo para utilizarlos apenas fuese necesario. Hecho eso, guardé el resto en mi zurrón.

— Bueno, también peleé contra Wardes. Ambos son magos Cuadrangulares de Viento, así que no debería haber mucha diferencia entre ellos, ¿verdad?

Louise hizo un silencio incómodo. No fue necesaria ni una palabra por parte de ella para saber lo que estaba pensando.

Maldición.

Sin pensarlo dos veces, volví a sacar los papeles rúnicos para reordenarlos.

¿Por qué tenía que ser un mago de Viento? Pensé con molestia.

— ¿Qué sucede, comandante?

Tras poco más de un día de viaje, el carruaje de Henrietta ya había llegado a la residencia Valliere. Era una visita relativamente casual, por lo que, además de Agnes, sólo había cinco mosqueteros presentes para proteger a la reina.

Cuando el carruaje atravesó la puerta, fue recibido por todos los sirvientes de la residencia, quienes mostraron gran emoción en sus rostros. Había, además, una bandera ondeando en el pateo, la cual mostraba el emblema de la Familia Real de Tristain. Sin duda se trataba de un gesto en honor a la visita de Henrietta. No hubo nada extraño en todo ello. Sin embargo, mientras Agnes abría la puerta del carruaje para que Henrietta bajara, la líder del Cuerpo de Mosqueteros notó algo que despertó su interés. En medio de las escalares del castillo, había un caballero portando una armadura.

Tan sólo un par de segundos después de hacer su pregunta, Henrietta notó lo mismo que había visto Agnes.

— ¿No es esa es la armadura del Cuerpo de Mantícoras? — Preguntó Henrietta con bastante curiosidad.

Pero no deberían estar ellos en el castillo. Pensó la reina. ¿No es ese el sombrero de un comandante? Sí, lo es, pero es demasiado delgado para ser De Cesaire.

El caballero comenzó a bajar lentamente las escaleras. Los mosqueteros, en inmediata reacción, rodearon a la reina para protegerla. Agnes, por su parte, dio un paso hacia adelante y bloqueó el camino del caballero, quien tenía la mitad superior de su rostro cubierto con una máscara de hierro. La intensa presión que Agnes sintió provocó que ella agarrara el mango de su espada.

— Imagino que debes conocer al Duque de la Valliere para salir al encuentro de Su Majestad. Si no es así, te aconsejo que te presentes.

El caballero ignoro las palabras de Agnes y tras dar unos cuantos pasos más, se arrodilló en respeto ante Henrietta.

— Ha pasado bastante tiempo, Su Majestad. Seguramente no sabe quién soy, pero es razonable considerando que han pasado treinta años desde la última vez que estuve en el castillo.

Henrietta se limitó a mirar al caballero en silencio. La armadura que él portaba, a pesar de estar desgastada por los años, estaba bien cuidada, pues no poseía ni una sola mancha de óxido.

— Yo soy Karin, ex comandante del cuerpo de Mantícoras y mi lealtad a la Familia Real no ha cambiado.

Henrietta reaccionó de inmediato al escuchar ese nombre, pues ella ya había oído hablar de la ex comandante del Cuerpo de Mantícoras.

— ¿Acaso eres Karin el Viento fuerte?

— Sí, me siento honrada de que se acuerde de mi nombre.

— ¿Cómo no lo recordaría? Agnes, ella es Karin el Viento fuerte, la comandante del Cuerpo de Mantícoras. Yo creí escuchando sus aventuras heroicas, como el exterminio del Dragón de fuego o el rescate de una ciudad invadida por orcos. Una gran cantidad de caballeros no sólo te respetan, sino que anhelan ser como tú. Siempre quise conocerla desde que era pequeña.

— Me es vergonzoso escuchar todo eso.

— Me sé todas tus aventuras de memoria. Eres una mujer, ¿no es cierto? Escuché que te retiraste y luego desapareciste. Pero veo que estás con la Familia Valliere. ¿Qué estás haciendo ahora?

Tras escuchar la pregunta de Henrietta, Karin se quitó su casco. Al ver el rostro de ella, Henrietta abrió sus ojos en completa sorpresa.

— ¿Duquesa? ¡¿Eres la duquesa?!

— ¡¿La duquesa?! ¡Entonces, está persona es...!

Agnes no pudo ocultas el asombro en su voz.

— Yo soy la duquesa de La Valliere y la madre de Louise. Es una larga historia, pero luego de tener la oportunidad de casarme, me quité la armadura. Le pido que me perdone.

— Entiendo, pero, ¿por qué…?

Henrietta quería preguntarle el motivo por el cual ella se había puesto su armadura. No obstante, antes de que terminara su pregunta, Karin se levantó.

— Por ahora, yo no soy la duquesa Karin. Soy Karin, el ex comandante del Cuerpo de Mantícoras. Respetando las Reglas de acero, castigaré a mi hija que ha violado la ley. Esa es mi prueba de lealtad a Su Majestad y a mi familia.

— ¿Castigo? ¿Pretendes castigar a Louise?

Henrietta miró a Karin en un estado de shock. Ciertamente ella había ido a la residencia de los Valliere para castigar a Louise, pero lo que ella tenía en mente no se comparaba en lo absoluto con lo que planeaba hacer Karin. Henrietta, en base a los relatos que había oído, supuso que si Karin castigaba a Louise, ella podría morir

— ¡No hay que ser violentos! He venido aquí a sancionar a Louise por mí cuenta. Ya que soy joven me molesté al inicio porque Louise cruzó la frontera sin mi permiso. Sin embargo, tras pensarlo detenidamente, entendí que más que molesta estaba preocupada por ella. Sólo quiero darle una amonestación. No tengo la intención de darle un castigo violento.

— Su Majestad, sus palabras son amables. Sin embargo, usted tiene que proteger las leyes del país, las cuales fueron promulgadas en nombre del Fundador Brimir.

Karin levantó la mano derecha. Entonces, un segundo después, una mantícora apareció desde las sombras del castillo.

— Las leyes del país deben ser respetadas. Su Majestad debe mantener sus principios reales. Sin embargo, debido a que el transgresor de la ley es mi propia hija, no puedo perdonarla.

Tras decir eso, Karin, sin ninguna clase de esfuerzo, dio un salto de cincuenta metros para luego aterrizar sobre el lomo de la mantícora.

— ¡Espera! — Gritó Henrietta.

Karin, sin embargo, no se detuvo. En cambio, le una orden a su mantícora, la cual no tardó en batir sus alas y elevarse en el cielo a una velocidad impresionantes.

— ¿Cuántas veces más planeas reordenarlos?

Las torres del castillo de la familia Valliere ya podían verse a través de las ventanas del carruaje. El tiempo de llegada era menos de una hora y eso era algo que no sólo puso bastante inquieta a Louise, sino también a mí. Sin embargo, los dos teníamos diferentes formas de afrontar ese sentimiento.

Louise, quien era la que más conocía a su madre, no podía calmarse. Ella miraba constantemente a través de la ventana, como si estuviera contando los minutos que faltaban para llegar a su hogar. Yo, por otro lado, constantemente reordenada mis papeles rúnicos en un vano intento de tranquilizarme. Había ocasiones en las que creía que ya los había organizado lo mejor posible, pero siempre terminaba cambiando de idea en tan sólo unos minutos.

No tardé más que unos segundos en darle una respuesta a Guiche.

— Las que sean necesarias.

Guiche dio un largo suspiro de exasperación.

— ¿Y tú no puedes dejar de mirar por la ventana?

A diferencia de mí, Louise simplemente se limitó a ignorar la pregunta de Guiche.

— Bien, me rindo. — Declaró Guiche. — Si en verdad van a estar así hasta que lleguemos, entonces…

Guiche no terminó de hablar, pues en ese preciso momento la única personas que no había dicho ni una sola palabra durante toda la travesía lo interrumpió.

— Mantícora.

Esa simple palabra ocasionó una reacción inmediata por parte de Louise. Ella se paró rápidamente y en tan sólo un instante rompió la ventana del carruaje para luego salir corriendo. Su comportamiento sin duda me dejó sorprendido, pero esa emoción duró tan sólo un par de segundos antes de ser reemplazada por el miedo al ver a través de le ventana como un enorme tornado se acercaba a nosotros. Ninguno de los presentes tuvo tiempo de hacer algo antes de que el poderoso hechizo elevara al carruaje varias decenas de metros. Salvo por Tabitha, no hubo alguien que no gritara por el terror.

Mientras el carruaje era sacudido violentamente, los que no encontrábamos dentro de este golpeábamos las paredes del transporte, así como también chocábamos contra nosotros mismos. Entonces, después de esa dolorosa experiencia, el tornado se detuvo súbitamente. Y sin nada que lo mantuviera en el aire, el carruaje comenzó a caer. Afortunadamente, tan sólo diez metros antes de que impactáramos contra el suelo, un hechizo de Levitación desaceleró nuestra caída. Todos quedamos esparcidos en el suelo del transporte, salvo por dos personas que cayeron encima de los demás.

Maldición…

Tras unos segundos de silencio, intenté levantarme. Mi cabeza me daba vueltas, por lo que incluso cuando logré ponerme de pie, se me hizo difícil no volver a caer. Entonces, lentamente, me acerqué a la puerta y la abrí. Al momento siguiente de bajar del transporte, sin embargo, mi cuerpo cedió y caí de rodillas. Decidí entonces esperar unos cuantos segundos para que la sensación de mareo disminuyera un poco más.

¿Dónde rayos está?

Al levantar mi cabeza, vi a la persona que había escapado del carruaje antes de que el tornado nos alcanzara. Era un campo abierto, así que fue imposible no verla. En un principio imaginé que ella seguiría corriendo, pero me había equivocado al pensar eso. Louise también había caído al suelo, pero a diferencia de mí, no fue por un hechizo, sino por cierta persona que había descendido del cielo en una intimidante criatura y había aterrizado frente a la estudiante.

Así que ahí estás… Pensé mientras me levantaba con dificultad.

Louise había corrido lo más rápido posible en un intento de escapar, pero la súbita aparición de su madre había provocado que ella cayera al suelo. Una vez la mantícora aterrizó, su madre se bajó de la criatura.

— Levántate Louise.

La estudiante obedeció de inmediato.

— Madre…

Louise, quien era incapaz de controlar el miedo que sentía, temblaba incesantemente.

— Le informarás a tu madre sobre tus crímenes.

— Yo crucé la frontera sin permiso y… — Murmuró Louise.

— ¡No te escucho!

— ¡A-Atravesé la frontera sin permiso!

En tan sólo un instante Karin generó un tornado que lanzó a Louise unos doscientos metros en el aire. La estudiante empezó a caer tras unos segundos, pero un hechizo de Viento lanzado por su madre desaceleró la caída de Louise para que ella pudiera aterrizar sin daño alguno.

— ¿Es eso lo que tu madre te enseñó?

— ¡Yo… yo siento haber quebrantado las leyes! ¡Pero eran circunstancias especiales!

— Tus intenciones y las circunstancias no importan. Rompiste la ley y por hacerlo pusiste en riesgo a…

Karin no pudo terminar de hablar, pues, literalmente sin ninguna clase de aviso, corrí hacia ella con la intención de darle una patada en su brazo.

Maldición. Pensé con molestia.

No obstante, ella logró reaccionar a tiempo. Una burbuja de aire había aparecido entre nosotros dos, lo cual provocó que mi velocidad disminuyera. Mi pierna logró impactar contra ella de todos modos, pero la fuerza de mi ataque se vio tan disminuida que Karin no sufrió daño alguno. Al ver que mi ataque había fallado, activé mi anillo de Vuelo y comencé a posicionarme en el aire para intentarle golpearla. Lamentablemente para mí, ella utilizó un hechizo para aumentar su velocidad y así poder alejarse de mí en tan sólo un instante.

¿Por qué tenía que ser una maga de Viento? Pensé mientras aterrizaba.

La experiencia me había dejado en claro de los magos de Viento eran demasiado molestos de enfrentar, al menos para mí. Cuando luché contra Wardes, él había sido capaz de escuchar como Derflinger cortaba el viento para anticiparse a mis ataques. Mi pelea contra Malicorne había sido fingida, pero él de todos modos fue capaz de ralentizar mis ataques con sus conjuros de Viento. Tabitha, por otro lado, había utilizado su magia para moverse mucho más rápido y así poder seguirme el paso sin mayores problemas. La velocidad que podía adquirir mediante mis runas era una de las mayores ventajas que tenía, pero los magos de Viento tenían varios modos de lidiar con eso.

Por otro lado, mis conjuros tampoco eran de gran utilidad. Ciertamente el Viento no era tan destructivo como el Fuego ni podía ofrecer una defensa tan resistente como la Tierra, pero eso no era necesario. Si se usaba correctamente, la potencia que podía alcanzar el Viento era suficiente para lidiar con mis hechizos tanto defensivos como ofensivos. No es que fueran mejores que los demás magos, pero los usuarios de Viento eran por mucho lo más adecuados para pelear contra mí.

En tan sólo un instante Karin demostró una enorme habilidad. Ella percibió como el viento a mi alrededor fue alterado por mi velocidad, lo cual le permitió reaccionar a tiempo para ralentizar mi patada. Luego de ello, utilizó un conjuro para evitar el golpe que planeaba darle. Sin embargo, aquello que hizo su hazaña más meritoria fue que mi ataque no fue hecho a la ligera. No sólo había activado las runas de Vasallaje, sino que también había utilizado un papel rúnico de Aumento de fuerza para el impulso inicial.

Y lo peor de todo…

Por último, Karin se salía de los parámetros de lo que podía considerase un mago de Viento normal. El tornado que ella había utilizado para elevar el carruaje demostró ser bastante poderoso y lo más sorprendente de eso era que ella ni siquiera parecía estar agotada por haber usado ese conjuro. El poder de la madre de Louise no era uno que cualquier mago pudiera alcanzar.

— ¿Y tú quién eres? — Preguntó Karin.

Desactivé las runas de Vasallaje y desenfundé a Derflinger. Acto seguido, empecé a caminar hacia Louise.

— Su familiar.

Karin me observó durante unos cuantos segundos.

— Tú eres el chico que estuvo junto a Louise cuando ella vino a pedir permiso para participar en la guerra, ¿no es así?

— No puedo decir que estoy feliz de que me recuerde.

— Sólo te pude ver claramente una vez, así que no te reconocí de inmediato, pero…

Karin me apuntó con su varita. Eso bastó para que un escalofrío recorriera mi cuerpo.

— ¿Cómo podría olvidarme de la persona que destruyó mi hogar?

— Siendo justos, los gastos por eso ya fueron cubiertos.

— Correcto, pero tan sólo eso no basta para que aprendas algo de disciplina. Es bueno que estés aquí, pues podré aplicar ambos castigos. Sin embargo, primero debo encargarme de Louise, así que si fueras tan amable…

— Lo siento, pero no me haré a un lado. — Respondí a la vez que me coloqué frente a Louise.

Karin se tomó un par de segundos para responder.

— Ya veo. Un familiar ciertamente es el escudo de su amo. Supongo que primero debo arrancar el escudo

— No es la comparación más adecuada, pero sirve de alguna manera.

Saqué los papeles rúnicos que tenía en mi bolsillo.

— Pero hay dos cosas que debe saber. La primera, no sólo vine aquí para proteger a Louise de usted.

Hice un gesto con mi cabeza para que Karin observara el carruaje.

— Eso en verdad dolió y, para serte sincero, hay cierto motivo por el que quiero devolverle ese dolor con creces.

Karin no lo sabía, pero me estaba refiriendo a la espada que se había utilizado para pagar mi deuda. Por ello, de cierta manera, usaba como excusa el proteger a Louise para poder desquitarme.

— Y lo segundo, debe saber que uno también puede golpear con un escudo y este escudo la golpeará muy fuerte.

No había más que decir. Karin de inmediato alzó su varita y generó un tornado tan grande como el que alzó el carruaje. Por mi parte, coloqué un papel rúnico en el suelo para poder activar un hechizo. Al segundo siguiente, una esfera de color negro nos rodeó tanto a Louise como a mí.

¿Qué es lo que hizo?

Mi hechizo había llamado la atención Karin, quien se tomó unos segundos para tomar una decisión. Ciertamente podía arrojarme el tornado, pero sus años de experiencia le indicaron que no podía precipitarse en una situación así. Yo, por otro lado, necesitaba ser rápido, por lo que no perdí ni un segundo en hacer los preparativos necesarios. Entonces, de un momento a otro, dos siluetas abandonaron la esfera. Al voltear su cabeza hacia la izquierda, Karin no sólo vio mi figura, sino también la de Louise, que estaba siendo cargada, alejándose a toda velocidad.

Así que planean escapar.

La madre de Louise hizo su movimiento y lanzó el tornado. Además, al tomar en cuenta la velocidad con la que ambos cuerpo se alejaban de ella, Karin hizo que su hechizo se moviera mucho más rápido de lo usual. El tornado no tardó más que unos cuantos segundos en alcanzar a su objetivo.

Es el momento.

Una nueva silueta salió de la esfera y se dirigió a Karin a toda velocidad. La madre de Louise había cometido un error. El tornado era una defensa prácticamente imposible de contrarrestar para mí. Por ello, para deshacerme de ese conjuro, lo mejor que se me ocurrió fue hacer que ella lo desperdiciara en dos objetivos sin importancia, una copia mía y una de Louise, quien también había usado un papel rúnico.

Y ahora…

Al ver como la persona que se acercaba a ella hizo una señal con su mano izquierda, Karin empezó a recitar un hechizo a toda velocidad. Ella logró ver como yo había hecho una señal antes de que apareciera la esfera negra, por lo que decidió enfocarse en la defensa al no saber exactamente lo que podría ocurrir. A diferencia de la vez anterior, su experiencia le permitió tomar una buena elección, pues cuando mi copia estuvo a tan sólo unos veinte centímetros de ella, se generó una gran explosión.

En verdad es molesto. Pensó Karin.

El humo generado por la explosión fue disipado tras un movimiento de la varita de Karin, quien estaba rodeada de una cúpula de aire que evitó que recibiera daño alguno. Hecho eso, la madre de Louise volvió a enfocar su vista en la esfera negra de varios metros de diámetro. Entonces, tras observarla durante un par de segundos más, ella levantó su varita. Karin concluyó que quedarse sin hacer nada era lo mismo a darme la oportunidad de atacar nuevamente. En otras palabras, ella pasaría a la ofensiva.

La madre de Louise comenzó a recitar el hechizo para generar otro tornado, mas antes de que pudiese terminar de hacerlo, notó cierto cambio en la esfera negra.

¿Se está desvaneciendo?

Karin cambió su plan. La explosión la había tomado demasiado desprevenida y no quería que algo así se repitiera, por lo que decidió esperar a verme para elegir su siguiente conjuro. Mis intenciones, las cuales había dejado en claro hace un par de minutos, junto al hecho de que ella no sabía qué más esperar de mí, le hicieron ser precavida. No me tomaría a la ligera, pues incluso después de que yo presencié parte de su poder, yo declaré que planeaba pelear contra ella.

Finalmente, la esfera se desvaneció por completo.

¿Qué?

Sin embargo, ella no vio a nadie.

Pero lamentablemente ese golpe tendrá que esperar para otro día. Pensé mientras me alejaba del lugar.

No planeaba luchar contra ella en ese momento. Mi ataque sorpresa había fallado y mis papeles rúnicos habían sido desordenados cuando el tornado elevó el carruaje al cielo. Si bien no conocía bien las habilidades de Karin, me conocía a mismo y estaba consciente que mis posibilidades de ganar no era muy altas.

Los dos clones que salieron de la cúpula primero fueron una finta, Karin supo eso tras el ataque de mi segunda copia. Sin embargo, sólo al verme corriendo con Louise en mi espalda ella entendió que mi segundo ataque también había sido una distracción. La cúpula había servido evitar que Karin nos viera mientras corría en la dirección opuesta a donde estaba ella. De hecho, que sólo hubiera creado dos copias fue justamente para evitar el mayor agotamiento posible. Tres conjuros y una sobrecarga rúnica eran suficientes para comenzar a sentir cansancio y lo que quería era escapar de ahí lo más rápido posible.

— Bien, cambio de planes. Volvemos a Germania y le mandas una carta a Henrietta donde le dirás que nos reuniremos con ella en el Palacio Real, ¿hecho?

— Hecho.

Haber sido arrojada cientos de metros en el aire había sido suficiente para que Louise cambiara de parecer. El miedo que sentía por el castigo que su madre planeaba darle sólo aumentó y fue por ello que aceptó mi propuesta de escapar.

Mientras ella nos veía alejarnos, Karin no hizo ninguna clase de movimiento. Nuestro intento de escape difería totalmente de aquellas palabras que yo había dicho minutos atrás. Por ello, a ella le estaba costando asimilar la situación.

Karin apretó su varita.

Sin embargo, ello sólo duro unos breves instantes. Ya no era sólo cuestión de aplicar un correctivo, ella también quería desquitarse. Karin se sintió insultada por el comportamiento que yo estaba teniendo tras haber declarado que pelearía contra ella. Sin perder más tiempo, la madre de Louise generó otro tornado y lo lanzó a nuestra dirección a toda velocidad. De hecho, usó más energía de la usual sólo para aumentar la potencia y velocidad de su hechizo.

Al escuchar el tremendo rugido del tornado, Louise y yo volteamos nuestra cabeza. La reacción inmediata de Louise fue gritar. Yo, en cambio, agregué más energía a Aumento de fuerza para incrementar mi velocidad. Acto seguido, empecé a repetir una palabra.

— ¡Disipar! ¡Disipar! ¡Disipar! ¡Disipar! ¡Disipar! ¡Disipar! ¡Disipar!

Sin pensarlo dos veces, Louise recitó a toda velocidad el hechizo que le pedí. De hecho, su desespero provocó que colocara incluso más energía de la usual. Una vez terminó de preparar el conjuro, Louise lo lanzó hacia el torbellino, el cual comenzó a brillar al segundo siguiente.

¿Qué clase de hechizo es ese? Pensó Karin.

En todos sus años como comandante, ella había enfrentado a incontable magos de Fuego, Viendo, Agua y Tierra. Sin embargo, la madre de Louise jamás había visto un conjuro como ese. Entonces, un par de segundos después de que ambos hechizos colisionasen, el torbellino se desvaneció. Su asombro fue tan que necesitó de unos cuantos segundos para recomponerse de su asombro.

Mientras yo me enfocaba totalmente en escapar y Karin terminaba de procesar lo que había ocurrido, Por otro lado, Louise, quien todavía seguía viendo hacia atrás, notó algo que llamó por completo su atención.

¿Podrá ser…? Pensó Louise

Finalmente, Karin reaccionó. Acto seguido, ella alzó su varita una vez más y comenzó a recitar otro conjuro.

— ¡Detente! — Gritaron dos personas al unísono.

Al sentir como algo estaba presionando su espalda, Karin volteó su cabeza. Ella se había concentrado tanto en Louise y en mí que no se percató del caballo que se le había acercado. Arriba el equino, la madre de Louise pudo ver a Henrietta y a Agnes, quien tenía su espada desenfundada.

— ¡Es suficiente! ¡No toleraré más peleas delante de mí! ¡Y no es sólo eso! ¡Usted es su madre y ella es sólo una niña! Si deseas continua… ¡Entonces tendrás que apuntar tu varita en mi contra!

Tras escuchar esas palabras, Karin guardó su varita y volvió a fijar su vista al frente. Ella pudo ver como Louise y yo nos seguíamos alejando, sólo que a una velocidad considerablemente menor.

— ¡Dije que te detengas! — Gritó Louise para después empezar a jalar de mi cabello.

Había escuchado a la perfección a Louise la primera vez, pero, por evidentes motivos, no le hice caso.

— ¡Es la princesa!

Luego de escuchar eso, empecé de disminuir mi velocidad para luego detenerme tras unos pocos segundos. Acto seguido, volteé mi cabeza para poder ver lo mismo que Louise. Tal y como ella había dicho, podía verse como Henrietta estaba parada detrás de Karin, quien ya no tenía su varita alzada. Finalmente, al cabo de unos segundos, bajé a Louise de mi espalda.

— ¿Qué hacemos ahora?

— ¿No es obvio? Se supone que debemos reunirnos con la princesa.

— ¿Estás segura?

Louise tragó saliva.

— Si la princesa está ahí, entonces creo que es seguro.

Pude notar que ella no estaba del todo convencida. Sin embargo, al notar que Karin no hacía movimiento alguno que fuera considerado hostil, ambos nos convencimos de que el peligro había pasado. Finalmente, luego de que ambos diéramos un gran suspiro de alivio, empezamos a caminar hacia donde estaban los demás.

— Por cierto, luego de haber dicho todo eso en el carruaje, me sorprendió que al final decidieras escapar. — Comentó Louise.

— ¿Viste ese tornado? Ni loco me enfrentaría a ella en estas condiciones.

Si los papeles rúnicos que había organizado específicamente para una pelea contra Karin no hubieran sido desordenados, entonces hubiera ofrecido más resistencia. Lo más probable es que hubiera decidido retirarme eventualmente de todos modos, pero no de la forma en la que lo había hecho. Por otro lado, estaba seguro que hubiera podido haber hecho mucho más si de alguna forma milagrosa pudiera preparar el terreno a mi favor.

— En fin, lo bueno es que ya pasó lo peor.

— Todavía nos falta averiguar si irás o no al calabozo.

— Querrás decir si iremos o no al calabozo.

— ¿Acaso dijo Vacío? — Preguntó el duque.

La noche había caído y en total, éramos ocho las personas que estábamos reunidas en una de las habitaciones del castillo.

El viaje no había sido agotador, pero la breve pelea que Louise y yo tuvimos contra Karin fue razón suficiente para poder descansar durante toda la tarde. Fue tras ese largo descanso que la hora acordada para la reunión entre Louise y Henrietta había llegado. Además de ellas dos y de mí, también estaban Agnes y los demás miembros de la familia Valliere. Karin, por su parte, había reemplazado su armadura por su usual vestido de duquesa.

Al iniciar la reunión, Henrietta no perdió tiempo divagando y contó de inmediato el secreto de Louise.

— Así es. Louise es poseedora del elemento mítico del Vacío.

El padre de Louise empezó a juguetear con su bigote durante unos segundos. Luego de ello, él se levantó y se acercó a Louise, cuya cabeza no tardó en acariciar.

— Suena como algo muy difícil de creer. El elemento del Vacío desapareció de la historia hace mucho tiempo. De hecho, hay quienes afirmar que nunca existió.

Un pequeño brillo apareció en los ojos de Karin.

— Yo lo creo.

— Karin.

— Louise lanzó un hechizo que hizo que mi tornado empezara a brillar para luego hacerlo desaparecer. Fue totalmente diferente a las explosiones que ella ha hecho antes. ¿Era ese el Vacío?

— Así es, madre. — Respondió Louise.

El duque se quedó en completo silencio. Eléonore, en cambio, se cayó al suelo por la impresión.

— ¿El Vacío? Eso es imposible… ¿Cómo puede ser eso verdad?

Cattleya se levantó de su asiento y caminó hacia su hermana para ayudarla a levantarse. Henrietta, por su parte, siguió hablando.

— Yo tampoco lo creí al principio, pero es la verdad. El Vacío ha regresado y Louise no es la única usuaria. Hay otras personas que pueden usarlo.

La habitación se quedó en completo silencio. Tuvo que pasar poco menos dos minutos para que alguien volviera a hablar.

— Me gustaría saber las intenciones de la visita de Su Majestad. — Dijo el duque.

Henrietta dio una profunda respiración antes de responder.

— Por favor, deje que cuide de Louise.

— Ella es mi hija. Su cuerpo y mente están dedicados a usted, Su Majestad.

— No hay necesidad de tanta formalidad.

Tras decir esas palabras, Henrietta le hizo una señal a Agnes. La mosquetera asintió e inmediatamente después abrió una bolsa, de la cual sacó un manto negro. Los ojos del duque se abrieron en total sorpresa cuando vio la cresta en forma de lirio en el revestimiento color púrpura de la capa.

— Pero... esa es la cresta de la Familia Real. ¡Sólo los miembros de la realiza pueden llevar ese manto!

— Así es. — Dijo Henrietta a la vez que volteó a mirar a la estudiante. — Louise, es momento de darte el castigo por haber cruzado ilegalmente la frontera.

Louise tragó saliva.

— A partir de ahora usarás esto. — Indicó Henrietta mientras agarraba el manto y se lo extendí a Louise.

— Pero…

— Al usar este manto te convertirás en mi hermana. En otras palabras, serás la segunda sucesora al trono.

— E-eso en verdad es gracioso. S-sí… realmente muy gracioso.

— Tu enorme poder es también una enorme responsabilidad. Ayudar a Tristain no es tu deber, sino tu obligación.

En total desconcierto, Louise miró a Henrietta. Finalmente, al cabo de unos segundos y sin dejar de temblar, la estudiante aceptó el manto.

— Su Majestad. — Dijo el duque. — Quiero expresar mi gratitud por la recepción tan cálida que le ha dado a mi hija. Sin embargo, hay algo que me gustaría saber.

— ¿Qué es?

— ¿Sabe Su Majestad lo que debe hacer con el poder legendario de mi hija? El Vacío es una leyenda de increíble poder que ha sido capaz de imponerse ante la magia de Karin. Es un poder que, además, ya ha sido utilizado en la guerra contra Albion, ¿no es así?

— Reflexionaré profundamente lo que haré con el Vacío.

— Mi hija no es un arma, Su Majestad. Voy a ser claro en esto, si algo le pasa a mi hija, entonces…

— ¿Entonces?

— Entonces me veré forzado a desechar toda nuestra historia de servir a la Familia Real y la atravesaré con mi espada.

Esas últimas palabras no salieron de la boca del duque, sino del padre de Louise. La estudiante no pudo evitar que su palpitar acelerara.

Por otro lado, al escuchar las palabras del duque, Agnes sujetó su espada para desenfundara. Ni obstante, Henrietta la detuvo antes de que ella lo hiciese.

— Yo también tengo una pregunta para usted, duque. Al ser un noble de los viejos tiempo y un protector de este país, pienso que es capaz de responderme.

— ¿Cuál es su pregunta?

— ¿Por qué ocurre la guerra?

Henrietta hizo una breve pausa.

— Ha habido innumerables guerras, en las cuales la gente muere ante nuestros propios ojos. Fui yo quien, cegada por la venganza, provocó la guerra más reciente. El resultado fue favorable para nosotros, pero hubo graves consecuencias. Murieron padres, hijos, hermanos y amigos. Soy yo la que debe llevar la culpa de todas esas pérdidas.

— No hay nadie que sea responsable de una guerra, Su Majestad.

La reina sacudió su cabeza.

— Es cierto que una guerra hubiera sucedido de todos modos, pero fui yo la que inició la invasión en la que murieron decenas de miles de persona. Es mi deber responsabilizarme de ello, aceptarlo y seguir adelante. Si no lo hago yo, ¿quién lo hará?

Henrietta agachó su cabeza.

— No tengo la confianza suficiente para saber que no cometeré otro error, pero en verdad quiero usar el poder de Louise para el bien. No tengo intención de utilizar el Vacío para la guerra. Por favor, crea en mis palabras, duque.

— Su Majestad, a pesar de sus intenciones, me temo que tarde o temprano llegará un momento en que el Vacío deberá ser usado para una nueva lucha. Un poder tan grande atrae con buenos y malos intereses.

— Es tal y como usted dice, duque. Ahora mismo otros países quieren obtener este poder y harán lo que sea necesario para tenerlo. Lo que yo deseo es proteger a Louise.

— Es por eso que me siento inseguro. Hay enemigos que desean más poder, pero, ¿qué sucede si esas son sólo palabras de Su Majestad? En este momento está determinada, pero, ¿hay algo que me garantice que eso no cambiará? ¿En verdad hay algo que pruebe la determinación de Su Majestad?

Henrietta dio un profundo suspiro y respondió con una voz resignada.

— No. Voy a ser honesta. No confío totalmente en mí, por lo que no tengo manera de probarlo.

Tras decir esas palabras, Henrietta mostró una sonrisa llena de sinceridad.

— Es por ese motivo que no quiero tener a mi lado a alguien en quien no pueda confiar. Quiero alguien que demuestre una verdadera amistad y señale mis errores. Alguien que no dude en apuntar su varita contra mí cuando vea que me estoy apartando del camino de la virtud.

El duque volteó a mirar a Louise durante unos segundos. Luego de ello, volvió a posar su vista en Henrietta.

— Yo soy un viejo aristócrata, alguien perteneciente a tiempos más simples. Cuando yo era joven uno no debía preocuparse de ser mirado con desprecio, sino que bastaba con defender la lealtad, el honor y el orgullo. Sin embargo, los tiempos han cambiado. Ahora que el poder de la leyenda ha revivido, tanto la justicia como valores antiguos podrían perder su significado.

El duque hizo una breve pausa.

— Su Majestad, usted dijo que no podía creer en sí misma. Esa duda es la mejor guía que uno puede tener la entrar en un futuro más brillante.

Al escuchar eso, Louise corrió para abrazar a su padre.

— Estás creciendo, Louise. Tu padre creyó que siempre serías la misma de siempre, pero al parecer ya estás comenzado tu propia vida.

El duque acarició suavemente la cabeza de su hija.

— Sólo recuerda esto. La devoción es señalar los errores y el valor, admitirlos. Ese es el verdadero coraje, Louise, que no se te olvide.

— Padre…

— Cuando estés en problemas, siempre puedes venir aquí. Este es tu hogar.

Tras decir eso, el duque besó la frente la Louise y la apartó. Acto seguido, se inclinó respetuosamente ante Henrietta.

— Por favor, cuide a mi hija de las experiencias que vendrán de ahora en adelante. Yo rogaré por la protección del Fundador Brimir.

Un largo silencio siguió a esas palabras. Tuvieron que pasar unos cuantos segundos para que la duquesa lo rompiera.

— Con esto parece que hemos concluido la reunión. Puede ser tarde, pero empezaremos a preparar la cena. Su Majestad, sería un honor que asistiera. Louise, llama a tus amigos. En cuanto a Cattleya y Eléonore, pueden seguir con sus labores.

Karin entonces salió de la habitación. Pasaron unos pocos segundos para que las dos hermanas mayores de Louise la siguieran. Posteriormente, la misma Louise se retiró también. Por mi parte, me levanté rápidamente de mi asiento para seguirla, pero antes de poder hacerlo, fui detenido por Henrietta.

Maldición.

— Debes estar de acuerdo que no es solamente Louise la que debe recibir un castigo, ¿no es así?

El castigo que había recibido Louise me había puesto más tranquilo. Sin embargo, todavía no pude calmarme del todo. Después de todo, había cierto factor que necesariamente debía tenerse en consideración en cuanto a mi castigo. Fue por ese motivo por el cual traté de mantenerme lo más calmado posible durante la reunión.

Henrietta le hizo otro gesto a Agnes, quien le alcanzó un pergamino al momento siguiente.

— Por favor, recibe esto. Al igual que Louise, recibirás una mejora en tu posición. — Dijo Henrietta a la vez que me extendió el pergamino.

— N-No debe preocuparse por mí.

— Insisto.

Tras tragar saliva, recibí el pergamino y lo abrí. Lo que estaba escrito fue algo que no esperé en lo absoluto.

— ¿Un ciudadano?

— Así es. Hasta el momento eras considerado un plebeyo, pero no pertenecías a ninguna nación. Tu única conexión con Tristain era a través de Louise, pues eres su familiar. De hecho, por ser su familiar y no ser parte de nuestro país, ella era la responsable de tus acciones. Este documento te hace oficialmente un ciudadano de Tristain. En otras palabras, puedes recibir una condena de forma legal.

— Ya veo… y supongo que no puedo…

— A diferencia de un título, esto no es algo que puedas rechazar. Bueno, en realidad puedes hacerlo, pero sería el equivalente a una traición.

— Entiendo.

Sabía muy bien que el castigo pudo haber sido mucho peor, pero eso no significaba que estuviera feliz. SI pudiera depender de mí, me hubiera gustado seguir de la misma forma que siempre.

— Por cierto, eso me recuerda…

Henrietta hizo una breve pausa.

— Como te dije una vez, la situación económica del país no es la mejor desde que se llevó a cabo la invasión.

No respondí, pues ya sabía a dónde quería llegar con eso.

— Por eso, la pensión que habías pedido será suspendida hasta finalizar las reparaciones del Palacio Real.

Después de observar a Henrietta durante varios segundos, di un largo suspiro. Ciertamente no estaba feliz, pero de cierto modo era un castigo que podía aceptar. La pensión no era algo fundamental para mí y si bien crear un lazo directo con Tristain estaba fuera de mis planes, estaba seguro que podía arreglármelas de alguna manera en el peor de los casos. Finalmente, sonreí ligeramente.

— Gracias por no haber sido más severa.

— No puedo poner en un calabozo a quien nos ha ayudado tanto. Había algo más, pero ha sido un día bastante largo y creo que podemos dejarlo para otro momento.

Agaché ligeramente mi cabeza en señal de respeto. Tras ello, Henrietta abandonó la habitación. Agnes, sin embargo, no la siguió de inmediato. La mosquetera y yo intercambiamos miradas durante varios segundos. Finalmente, fui yo quien terminó hablando primero.

— Gracias, supongo.

— ¿Supones?

— Bien, déjame decirlo de nuevo. No sé lo que hizo el profesor Colbert, pero quiero darte las gracias por haberle perdonado la vida.

Ella sonrió.

— Si no cortaba esa cadena de venganza, lo más probable es que tú la hubieras continuado.

A pesar de haber tenido la oportunidad a mi alcance, no pude terminar el trabajo cuando me enfrenté a Agnes. Sin embargo, no era imposible que la muerte de Colbert a manos de la mosquetera hubiera sido el catalizador necesario para cambiar eso. Obviamente no podía estar seguro de eso, pero no era una posibilidad que pudiera descartarse.

Finalmente, sin más que decir, Agnes se retiró para alcanzar a Henrietta. Yo estuve a punto de hacer lo mismo, pero, nuevamente, fui detenido por cierta persona.

— Espera un momento.

Sí… me preguntaba por qué seguía todavía en la habitación. — Pensé.

No me fue necesario voltear para saber que había sido el padre de Louise quien sujetó mi hombro. Aunque lo había ignorado hasta ese momento, su presencia no fue algo que pasó desapercibida para mí.

— Hay algo de lo que debo conversar contigo. Imagino que sabes lo que es, ¿verdad?

Tras pensarlo durante unos segundos, cierta idea apareció en mi cabeza. Por el tono de su voz él duque parecía estar tranquilo y al voltear, pude notar que su rostro no mostraba señal de enojo. Eso me dio las pruebas suficientes para confirmar mi teoría, pues no había motivo alguno por el cual él debería comportarse de esa manera conmigo. Sin embargo, no mostré temor alguno, pues algo había cambiado en comparación a lo sucedido en la mañana.

— Sí, creo saber el motivo.

— Eso hace más fácil todo eso. Lo discutí con mi esposa y tras considerar las palabras de la reina, decidimos que el castigo que recibió Louise esta mañana fue más que suficiente.

— Sin duda ella estará feliz de saberlo.

— Resuelto eso, sólo queda una persona quien debe ser disciplinada.

Ciertamente yo había estado en el carruaje que fue elevado cientos de metros en el aire y estaba seguro que el duque lo sabía, pero, al igual que él, decidí ignorar ese asunto. Después de todo, tenía ante mí una oportunidad única de desquitarme por la fortuna que se me había sido arrebatada, así como también una oportunidad para dejar salir esa pequeña molestia generada por el castigo que recibí de Henrietta.

— Supongo que es lo más adecuado.

Aunque el duque se sorprendió por mi calmada respuesta, no le dio mayor importancia al asunto.

— Entonces, ¿qué te parece si me acompañas en un pequeño entrenamiento antes de la cena?

Estuve a punto de responderle, pero antes de poder hacerlo, escuché como alguien entró en la habitación. Inmediatamente volteé y al hacerlo, un escalofrío recorrió mi cuerpo.

— No creo que les importe si me uno, ¿verdad? — Preguntó la duquesa.

La súbita aparición de la madre de Louise provocó que empezara a dudar seriamente sobre lo que estaba haciendo. No obstante, no sólo fui capaz de controlar mi miedo, sino también de olvidarme de este temporalmente. Después de todo, nuevamente, había algo que había cambiado respecto al breve enfrentamiento que tuve contra ella.

Tragué saliva lentamente. Acto seguido, sonreí con algo de nerviosismo, pero también con confianza. A diferencia de lo sucedido en la mañana, con la idea de que otra pelea podría ocurrir, había tenido el tiempo de preparar el terreno.

— No, de hecho, sería todo un placer. Por cierto, creo que estarán de acuerdo en que deberíamos llevar esta práctica en un lugar abierto, ¿no es así?

— Me parece adecuado. — Respondió la duquesa.

— También a mí. — Dijo el duque.

— Perfecto. ¿Les parece bien si yo elijo el lugar?

— ¡¿A dónde van?! ¡¿Acaso la práctica fue demasiado para ustedes?!

Los padres de Louise ya estaban regresando al castillo. La duquesa caminaba de manera tan elegante como siempre, pero su ropa rasgada y rasguños en su cuerpo disminuían considerablemente su aire de nobleza. El duque, por su parte, estaba sujetando su hombro derecho y no dejaba de cojear. Ambos me habían enfrentado a la vez y por ello no esperaron que ellos terminaran en esas condiciones.

— ¿Quieres callarte?

— ¿Por qué? ¿No me aseguraste que les dirías eso luego de la pelea? Sólo te estoy ayudando, compañero. — Respondió Derflinger.

Yo, por otro lado, estaba tirado en el suelo. Estaba seguro que todavía podía moverme, pero cada centímetro de mi cuerpo me dolía lo suficiente como para no querer hacerlo. Teniendo en cuenta que me había enfrentado a ambos padres de Louise a la vez, se podía decir que lo había hecho bastante bien. No me tomé las cosas a la ligera. Utilicé varios papeles rúnicos que había colocado con anticipación durante la tarde, gasté los hechizos que tenía mi capa, usé los tres anillos que había fabricado e incluso llegué a activar las runas de mis dos manos a la vez. Sin embargo, a la mitad de la pelea me di cuenta que había tomado una muy mala elección.

— Si no te callas, te dejaré enterrado hasta que nos vayamos.

— No tienes sentido del humor.

Derflinger me había acompañado durante la tarde mientras colocaba cada papel rúnico en su lugar. En ese momento había mostrado bastante confianza en poder vencer al duque o a la duquesa si se presentaba la oportunidad. Incluso pensé que con toda esa preparación podría vencer a ambos a la vez. Aquello que dijo Derflinger fueron exactamente las mismas palabras que yo aseguré que yo diría una vez los venciera.

— La próxima vez me las van a pagar. — Murmuré.

A pesar de haber dicho esas palabras, estaba consciente de que no habría una próxima vez. De hecho, yo realmente no quería que hubiera una próxima vez. Los padres de Louise eran increíblemente experimentados, por lo que varias de mis ideas terminaron fracasando al ponerlas en práctica. Eso llegó no sólo a desesperarme, sino también a frustrarme lo suficiente como para intentar incluso las tácticas más bajas que se me pudieran ocurrir.

Tras esperar un par de minutos más, extendí mi brazo para alcanzar Derflinger, que estaba a medio metro de mí. Al momento de sujetarlo, las runas de mi mano izquierda comenzaron a brillar. No tenía planeado quedarme en ese lugar durante horas. El motivo por el cual había esperado para levantarme, además del dolor que sentía, fue porque no quería que los padres de Louise malinterpretaran la situación y me atacaran nuevamente. Después de todo, los había engañado de esa forma en una ocasión.

Al levantarme, dejé caer los mechones de cabello que había logrado arrancar durante el último minuto de la pelea. Acto seguido, empecé a caminar hacia el castillo. Al principio pareció que durante el recorrido iba a haber completo silencio. No obstante, ese no terminó siendo el caso, pues de un momento a otro Derflinger habló nuevamente para hacer cierta pregunta.

— ¿Sucede algo, compañero?

— Tendrás que ser más específico.

— Desde hace unos minutos pareces estar ansioso. ¿Tanto de molestó perder?

Me tomé unos segundos para responderle a la espada.

— ¿Me molesta haber perdido? Curiosamente, no tanto como pensé. Es algo más lo que tengo en mente.

Hice una pequeña pausa.

— Dime algo, ¿crees que esto suficiente? Es decir… ¿soy lo suficientemente fuerte?

Me detuve durante unos instantes.

— Los papeles rúnicos mejorados, la capa, los anillos y ambas runas de mis manos. No sólo soy más fuerte, sino que soy mucho más fuerte que cuando llegué a Tristain. E incluso así, perdí contra los padres de Louise de forma indiscutible.

— Esos dos no son poca cosa, compañero. No sólo tienen más poder, sino que poseen mucha más experiencia que tú.

Durante los minutos que estuve en el suelo pensé en qué pude haber hecho para cambiar el resultado de la pelea. Sin embargo, ninguna solución llegó a mi mente. Al recordar la forma en la que pelearon el duque y la duquesa, concluí que incluso si hubiera tenido una semana de preparación las cosas no hubieran sido muy diferentes.

— No siempre podré usar eso como excusa.

Empecé a caminar de nuevo.

— Dejando de lado lo que puedo mejorar de forma natural, siento que estoy cerca de mi límite, si no lo he alcanzado ya, claro está.

En ocasiones usar el hechizo rúnico más apropiado era complicado, por no decir imposible en algunas ocasiones. La necesidad de tener un papel rúnico en el lugar indicado era una limitación muy grande. Fue esa limitación la que causó que Bidashal me alcanzara con un ataque directo, el cual me dejó en un muy mal estado. Fabriqué mi capa y mis anillos con el fin de solucionar ese problema, pero sólo lo había logrado de forma parcial. Evidentemente había pensado en cómo solucionar las limitaciones de mi capa y mis anillos, pero nunca hallé una forma de hacerlo. Por otro lado, las otras soluciones en las que pensaba terminaban en un rotundo fracaso en lo teórico, por lo cual ni siquiera intenté llevarlas a la práctica. Con todo ello en consideración, llegué a la conclusión que la única manera en la que podía seguir mejorando era la de practicar como lo haría normalmente un mago.

— Necesito encontrar una forma de superar ese límite y necesito hacerlo rápido.

No obstante, seguir el método ordinario para mejorar era demasiado lento para la situación en la que estábamos. Después de todo, los problemas no esperarían hasta que me volviera lo suficientemente fuerte. Sabía muy bien que el problema de Galia todavía no estaba resuelto y que sólo sería cuestión de tiempo para que sucediera otro incidente. No era imposible que terminara enfrentando a alguien como Bidashal y necesitaba estar preparado.

— ¿Sabes? Existe una forma.

— ¿En verdad?

— ¿Recuerdas cuando te mencioné la fuente de poder de Gandalfr?

Me tomé unos breves instantes para recordar lo que Derflinger me había dicho hace mucho.

— ¿Los sentimientos?

— Correcto.

— Usar los sentimientos para ser más fuerte. Sigue sonando algo tonto.

— Tonto o no, no es una fuerza que deberías menospreciar. Además, a diferencia de hace algunos meses, estoy seguro que ahora sería posible que utilices ese método.

Tras escuchar esas palabras, no pude evitar que la imagen de Louise apareciera en mi mente.

— Imagino que te refieres…

— Sí, me refiero a eso. — Dijo Derflinger.

— ¿Y cómo activo exactamente ese poder?

— A menos que puedas controlar tus sentimientos, no podrás activarlo de forma voluntaria, al menos eso creo.

Di un largo suspiro.

— Vaya método más inútil.

— Admito que no es el método más apropiado para alguien como tú, que quiere tener todo planeado con anticipación. Sin embargo, al menos debes tenerlo en mente de ahora en adelante.

— Uhm… ¿sabes? Quizás la sugerencia de mejorar el uso de las runas de Gandalfr no es tan mala idea. Siento que no las estoy explotando al máximo.

— ¿Tienes algo en mente?

— Todavía no, pero no descarto que algo se me pueda ocurrir.

DI un largo bostezo.

— En fin, luego tendré que discutir esto con ella.

— Ahora que la mencionas, ¿qué tal va su magia rúnica?

— Puede hacer tres copias de ella misma sin que le dé parte de mi energía. En otras palabras, ya domina Ilusión. La verdad, me sorprende que lo lograra tan rápido.

Yo me demoré más en aprender mi primer hechizo. Pensé con algo de celos. ¿Cómo lo logró? Se supone que no tenía tanto potencial.

— ¿Ya decidió el siguiente hechizo que quiere aprender?

— No, pero no creo que tarde en hacerlo.

— Por cierto, ya que estamos hablando de ella… Si tanto deseas adquirir más poder en poco tiempo, hay otra solución.

— ¿Cuál?

— Los sentimientos.

Dejé escapar un fuerte resoplido.

— ¿Qué no te dije que…?

— No, no tus sentimientos, los de ella. Lo único que necesitas hacer es dar el siguiente paso.

No demoré mucho en entender a lo que quería llegar Derflinger.

— Estás disfrutando esto, ¿verdad? — Pregunté.

— Sólo quiero que mi compañero sea feliz.

Me detuve durante unos segundos. Acto seguido, elevé mi vista al cielo.

— Cuando suceda, sucederá. No apresuraré las cosas. — Dije para luego volver a caminar.

Ya había dejado de pensar en eso como una simple posibilidad y comencé a considerarlo como algo que terminaría ocurriendo tarde o temprano. De hecho, imaginé que un simple empujón bastaría para que pasara. Por otro lado, tampoco podía quitar de mi mente el problema que sin duda terminaría surgiendo en un futuro y la decisión que tendría que tomar.

La caminata hacia el castillo fue algo complicada, pues cada paso me ocasionaba un considerable dolor. Las runas de Gandalfr sirvieron para que mi lastimado cuerpo se sintiera levemente más fuerte, pero no era obvia que tenían un límite. Finalmente, tras varios minutos de recorrido, llegué a las puertas del comedor.

Ahora que lo pienso, no tengo nada.

Al momento de poner mi mano en la manija de la puerta, me di cuenta que no había pensado en una excusa de mi tardanza ni de mi apariencia. Consideré que sería apropiado ir a lavarme, pero terminé descartando esa opción al cabo de unos instantes. Ya había hecho un esfuerzo muy grande al soportar el constante dolor, por lo que no quería seguir caminando. Al final, luego de tomar mi decisión, abrí la puerta y entré al comedor.

Todos voltearon a verme cuando entré y, como fue evidente, todos, salvo dos personas, se sorprendieron.

— Siento la tardanza.

Mientras caminaba hacia una de las sillas vacías, alguien terminó de asimilar la situación y me hizo la más evidente pregunta.

— Aztor, ¿qué te paso?

Tras escuchar la pregunta de Louise, intercambié miradas con los padres de Louise durante unos cuantos segundos. Sólo en ese momento me di cuenta que ellos tampoco se veían tan bien. La duquesa se había cambiado, pero sus leves heridas todavía eran visibles. El duque, por otro lado, además de su ropa en un ligero mal estado, tenía vendada su mano izquierda. Era obvio que ellos se habían apresurado para no levantar muchas sospechas. Ciertamente alguien les preguntó lo que había ocurrido, pero la duquesa se limitó a responder que alguien no bienvenido había entrado a la residencia y tuvieron un pequeño problema al encargarse de él. Finalmente, al cabo de uno segundos, me senté y contesté a la pregunta de Louise.

— Me caí.

Era una mentira demasiado obvia. De hecho, no hubo ni una sola persona presente que no pudiera deducir lo que había pasado. El estado en el que me encontraba, las heridas de los padres de Louise y el intercambio de miradas que había tenido con ellos había sido más que suficiente para sacar una conclusión. No obstante, todos decidieron ignorar el asunto. Después de todo, había sido un día bastante largo para todos y con todos los problemas resueltos, nadie quería tocar algún tema serio.

¿En verdad esto es lo correcto?

Luego la cena, Louise se había dirigido directamente a su habitación. Ella se encontraba sola, pues luego de recibir un par de hechizo de curación, su familiar había decidido ir al baño para poder acicalarme. En la soledad de su habitación, mientras ella se cambiaba para luego irse a dormir, Louise no pudo evitar pensar en lo que Henrietta le había dicho era su castigo. Ella estaba consciente que su decisión no había sido la más adecuada al haber puesto en riesgo la seguridad de Tristain e incluso con eso en consideración, ella había recibido una posición que muchos envidiarían.

Tras hacerse esa pregunta, Louise miró su habitación. Al momento siguiente, varios recuerdos de su niñez llegaron a su mente. Hace muchos años ella anhelaba poder salir al mundo exterior y dejar atrás los muros de su hogar. Ya que sus padres habían perdido la esperanza en que ella pudiera aprender magia, ellos decidieron que lo más adecuado sería que ella se case lo más rápido posible. En su niñez no lo entendió e incluso luego de tantos años ella no lo consideró correcto, pero entendió que era el modo en el cual sus padres trataron de buscar su felicidad. Era el modo en el que ellos trataron de protegerla.

¿No sigue siendo lo mismo ahora?

Ella pensó en como hizo que Henrietta se preocupara y en como preocupó también a toda su familiar al decidir participar en la invasión, todo con el fin de seguir lo que ella consideraba correcto. Al momento siguiente de pensar en eso, fue a sentarse en su cama.

Hace más o menos un año era Louise la Zero y ahora soy la poseedora de un poder legendario. Incluso ahora es muy difícil de creer.

Louise se recostó y cerró sus ojos.

¿Qué es lo que haré en el futuro?

Estaba preocupada. Incluso si ella seguía lo que consideraba correcto, tenía confianza en que las cosas saldrían bien. Después de todo, no sólo contaba consigo misma, sino con su familiar, el cual también le había asegurado lo mismo. No obstante, no podía descartar la posibilidad de que como resultado de sus elecciones un gran número de personas se vean afectadas.

No sería raro que sucediera. Con lo poderoso que es el Vacío, no es imposible que al hacer lo que considero justo terminé lastimando a otras personas inconscientemente.

Ella dejó escapar un largo suspiro.

¿Qué es lo que debería hacer?

Mientras Louise seguía reflexionando sobre todo eso, alguien tocó la puerta de su habitación.

— ¿Quién es?

— Soy yo, Louise.

Al escuchar esa voz, Louise se levantó de inmediato y corrió a abrir la puerta. La reina de Tristain, quien se había cambiado a un vestido informal, se encontraba afuera de su habitación. Tras verla, la estudiante hizo una profunda reverencia.

— ¿Sucede algo malo, Louise?

— Yo… quería disculparme por todos los problemas que he causado.

Henrietta dio un largo suspiro.

— Está bien, Louise. Lo importante es que todos están a salvo. No tienes que preocuparte más de eso. Tu seguiste lo que pensaste era lo correcto y yo hice lo mismo.

— Princesa…

— ¿Amigas otra vez?

Al ver que Henrietta le sonrió, Louise no lo pensó dos veces y dio un paso al frente para abrazarla.

Uhm… este no está nada mal.

Luego de salir del baño y haberme cambiado, me dirigí a la biblioteca de la residencia Valliere. La última vez que la visité apenas pude revisar los libros por unas pocas horas, por lo que quería aprovechar nuestra breve visita para poder buscar alguna lectura interesante.

Sí, creo que servirá.

Tras pensar eso, puse el libro nuevamente en su lugar y anoté tanto su nombre como ubicación en un pedazo de papel. Hecho eso, volví con mi búsqueda. No obstante, antes de que pudiera encontrar algo más que llamara mi atención, una conocida voz llamó mi atención.

— Supuse que estarías aquí.

Al voltear, pude ver a Eléonore parada en la entrada de la habitación.

— La biblioteca de la academia es buena, pero no por eso menospreciaré lo que puedo encontrar aquí.

Luego de decir eso, enfoqué mi atención nuevamente en los libros.

— Por cierto, creo que debo agradecerte por esa recomendación de la otra vez. — Comenté. — En verdad fue de mucha ayuda.

La hermana mayor de Louise caminó hasta uno de los sillones que se encontraban al centro de la habitación para poder sentarse.

— ¿Y planeas devolverlo? — Preguntó ella.

— Sí, cuando me regresen mi espada.

— Es imposible, la vendimos hace semanas. Uno no paga las reparaciones con una espada, después de todo.

— Acepto efectivo.

— Si sigues con esa actitud, lo único que conseguirás es otro castigo por parte de mi madre.

Me quedé en silencio durante unos cuantos segundos. Luego de la pelea que tuve contra los padres de Louise, había generado cierto respeto hacia ello, así como un leve miedo a la madre de Louise. Aunque, por otro lado, me había servido para liberar gran parte del enojo que sentí por la espada que se me había sido arrebatada. Ciertamente yo había sido derrotado, pero eso no quitó el hecho de que yo había logrado lastimarlos considerablemente. Me sentía satisfecho con eso y es por eso que me encontraba de un notable buen humor.

— Sí, admito que no me gustaría pelear contra ella de nuevo. Por otro lado, estoy seguro que ella también lo pensaría dos veces antes de volver a enfrentarme.

Aunque sin duda aceptaría. Estoy seguro de ello. Pensé.

— Ya veo. Tenía mis dudas al respecto, pero en verdad peleaste con mis padres. No pensé conocer a alguien que apreciara tan poco su vida.

— Tenía mis motivos. Jamás en mi vida volveré a tener tres mil ecus. Además, sabía que no me matarían.

Eso y pensé que iba a ganar.

— Bueno, debo admitir que nunca pensé que vería a mi padre herido de esa forma y mucho menos a mi madre. Al menos eso me deja más calmada respecto a la seguridad de Louise.

— Tomaré eso como un halago.

— Cambiando de tema, creo que es justo devolver un favor con otro favor. Cuéntame sobre esa magia que puedes utilizar.

Ya se me hacía extraño que no fueras tan grosera.

— ¿Qué es exactamente lo que quieres saber?

— En primer lugar, ¿cómo funciona?

Saqué uno de los papeles rúnicos que tenía en mi bolsillo.

— Te los mostré la otra vez, ¿verdad? Básicamente es lo que uso en lugar de una varita.

— ¿Cómo se fabrican?

Di un largo suspiro.

Pasé los siguientes diez minutos contándole a Eléonore conceptos básicos sobre la magia rúnica. Eso no fue algo que me molestara y, de hecho, tal y como ella había dicho, era algo justo. El libro que ella me había recomendado fue extremadamente útil para la fabricación de mis anillos, por lo que consideré que responder a sus preguntas era un agradecimiento adecuado. Aunque, evidentemente, evité responder aquellas preguntas que dejaran en evidencia mi procedencia. Ciertamente ya que la familia de Louise ya sabía sobre el Vacío no descarté por completo la posibilidad de contarles sobre mi mundo. No obstante, preferí pensar en eso con más tranquilidad.

— Bien, creo que estarás de acuerdo en que fue suficiente por hoy. Ha sido un día largo para mí y quisiera ir a dormir. — Dije luego de que ella hiciera una nueva pregunta.

Era obvio que la curiosidad de Eléonore no había sido satisfecha. Sin embargo, para mi sorpresa, ella terminó aceptando lo que dije. Yo no lo sabía, pero ella también había tenido un día bastante largo, aunque por diferentes motivos a los míos. Apenas salimos de la biblioteca, los dos nos fuimos por caminos distintos.

Una vez me aseguré que estaba solo, saqué el papel en el que había escrito el nombre de una gran cantidad de libros.

Supongo que con estos serán suficientes. Aunque me hubiera gustado agregar unos cuantos más.

No perdí mucho tiempo para ir a la habitación de Louise. Ciertamente se me había asignado un cuarto que debía compartir con Guiche y Malicorne, pero ni siquiera había prestado atención cuando me dijeron la ubicación de este. Después de todo, prefería dormir lo más cómodamente posible y sabía que la cama de Louise era mucho mejor que aquellas que estaban en la habitación para los invitados. Por otro lado, también había un segundo motivo que, de hecho, prefería guardarme para mí.

El castillo de la familia Valliere era bastante grande, por lo que tardé aproximadamente quince minutos en llegar al corredor en el que estaba la puerta del cuarto de Louise. Estaba exhausto y lo que quería en ese momento era llegar y recostarme en la cama para poder dormir de inmediato. No obstante, cuando me acerqué lo suficiente, pude notar que había una persona parada afuera de la habitación de Louise. Debido a la oscuridad fue difícil saber quién era dicha persona, pero una vez logré reconocerla, di media vuelta y comencé a alejarme.

Bueno, supongo que puedo dar otra caminata antes de ir a dormir.

Entonces, de repente, cierta idea apareció en mi mente.

Esas dos deben tener mucho de que conversar… Sí, creo que tengo tiempo.

Tras tomar mi decisión, tomé rumbo a la biblioteca del castillo para acabar lo que había empezado hace poco menos de una hora.

— ¿Qué es lo que tienes ahí?

Estábamos ya en un carruaje rumbo a la academia. Los padres de Louise no tenían problema en que nos quedáramos más tiempo, pero al final decidimos partir durante la mañana del día siguiente de haber llegado. No había una razón especial, simplemente la mayoría se sentía más cómodo en la academia. Antes de irnos, sin embargo, Louise tuvo una última conversación con su familia. Sus padres básicamente le recordaron que ella siempre podría recurrir a ellos si surgía algún problema. Sus hermanas, por otro lado, se limitaron a despedirse de ella y pedirle que se cuidara.

Eléonore, por su parte, tuvo una pequeña charla conmigo. Al parecer aquello que le conté sobre la magia rúnica había generado muchas más preguntas que ella quería yo respondiera. Por ello, me dijo que estaría en contacto conmigo. Al principio consideré eso como una molestia, pues pensé que ya había devuelto el favor que ella me hizo. No obstante, tras pensarlo adecuadamente, concluí que podía ser algo provechoso. Ya no tenía más ideas sobre cómo aumentar la versatilidad de la magia rúnica, por lo que imaginé que tal vez Eléonore, quien era una verdadera investigadora, podría darse cuenta de algo que a mí se me había pasado por alto.

Finalmente, luego de que Louise se despidiera también de Henrietta, abordamos el carruaje e iniciamos nuestra travesía.

El viaje había sido relativamente tranquilo hasta que Louise notó que en el equipaje que yo llevaba había una bolsa de más. Evidentemente, ella no tardó en hacer la pregunta más evidente. Por mi parte, me tomé un par de segundos para responder.

— Oh, esto. Nada de lo que debas preocuparte.

Obviamente, mi respuesta sólo causó que su curiosidad incrementara.

— No lo repetiré. — Dijo Louise.

El tono de su voz hizo completamente evidente que no tenía forma de cambiar el tema. Tras darme cuenta de eso, desvié mi mirada y respondí a la pregunta que hizo en voz baja.

— Se podría decir que es…algo que tomé prestado.

— ¿Cuántos te llevaste? — Preguntó Louise.

— Quince.

Louise no tardó mucho en suponer lo que llevaba. Ella no sólo me conocía, sino que la forma que tenía la bolsa le ayudó a reconocer los objetos que había en esta. Tras unos pocos segundos, Louise dejó escapar un largo suspiro.

A pesar de haber liberado la mayor parte de mi enojo, todavía tenía un poco de resentimiento por el tema de la espada. Fue por ese motivo que durante la noche hice una lista de todos los libros que podían serme útiles y al llegar la mañana, mientras todos desayunábamos, varios clones míos cogieron los libros y los guardaron en una bolsa que mezclé con nuestro equipaje.

— Los devolveré a su debido tiempo.

— Sólo para que lo sepas, no pienso hacerme responsable. De hecho, ahora que lo recuerdo, ya no tengo que hacerme responsable.

Era obvio que Louise estaba refiriéndose a mi reciente adquirida ciudadanía, de la cual había sido informada por Henrietta.

— Bien, me preocuparé por eso más adelante.

Tras haber cerrado ese tema, cambiamos el tema de la conversación. No hablamos de ningún tema serio o relativamente importante. En cambio, tuvimos una charla casual a la cual terminaron por entrar los demás estudiantes. No había ni una sola persona en el carruaje que no se encontrara de buen humor y tras decidir olvidar el tema de Galia por el momento, lo único en lo que podíamos pensar era en el tiempo que faltaba para volver a la academia y a nuestra rutina de siempre.


Y… fin del capítulo.

1. Bueno, todos obtuvieron algo que quisieron. Tabitha rescató a su madre. Louise recuperó su amistad con Henrietta. Y Aztor consiguió unos buenos libros que se robó… digo, que tomó prestados. No será un robo siempre y cuando los devuelva sin que se den cuenta. Así funciona, ¿verdad?

2. Me sentí tentado a escribir toda la pelea entre los padres de Louise y Aztor. No obstante, el capítulo de por sí ya era demasiado largo y tenía otro enfoque, el cual era resolver el asunto de haber cruzado la frontera y el secreto de Louise. Además, no podía incluir esas partes cómicas si detallaba cómo había ocurrido la pelea.

3. ¿Saben? Es curioso. Nunca pensé que Aztor terminaría interactuando más con Eléonore que con Cattleya. Eso de que la hermana mayor sea una investigadora ayudó, pero nunca fue algo planeado desde el principio.

4. Tras darle una ojeada a lo que queda del volumen 11, diría que quedan como 2 capítulo para terminar de abarcarlo.

5. Es… complicado escribir dos fics y luego traducir ambos. Sin embargo, de cierta manera me siento feliz pues llego a muchas más personas que si tan sólo los escribiera en un idioma. Si llego a escribir un tercer fic, también incluiría su traducción.

6. "¿Qué te pasó?" "Me caí." Vamos, ¿quién captó la referencia? xD

7. Cerca de volver a ser el fic más largo de ZnT. Unas 20k palabras más... "poco". xD

8. Bueno, gracias nuevamente por las reviews, así como por los recientes favs y follows. Como siempre, cosas que siento olvidé poner, pero ya ni modo.

Gracias por leer.