Capítulo 53
El día del viaje había llegado. Emma, Regina y los bebés estaban listos, en una hora cogerían el avión. Regina había dejado todo lo de la clínica en manos de Ruby y el hospital quedaría en manos de Zelena y Cora.
Después de la noche que habían pasado en el invernadero, al despertar, o mejor dicho, salir de allí, ya que no habían pegado ojo en toda la noche, Regina marcó el viaje para principios de la semana, se quedarían quince días allá.
En Londres estaba nevando y Emma amaba el frío, amaba quedarse frente a la chimenea tomando chocolate caliente y viendo una película, hacia eso con sus padres y ahora lo haría con Regina y sus hijos.
Regina se acercó a ella y le dio un beso en su hombro, Emma sonrió y suspiró
-¿Vamos querida?- preguntó Regina –Los bebés ya están en el coche y las maletas también
-Claro, voy a despedirme de Ruby y Zelena- se giró hacia la morena y le dio un piquito. La mujer le había prometido que iba a pasar esos quince días solo con ella y con los hijos para intentar compensar ese tiempo ausente. Era evidente que quince días no serían suficientes, pero ya era un comienzo.
-Te voy a echar de menos, disfruta de Londres por mí- dijo Ruby abrazando a la rubia
-Lo haré, cuida de todo en mi lugar –dijo devolviéndole el abrazo
-Cuñadita, cuida de Regina
-No te preocupes, la mantendré lejos del trabajo- le guiñó un ojo a la pelirroja –Lorayne, cuida de mi sobrinita, ¿ok?- la muchacha balanceó al cabeza
-No te preocupes, todo irá bien
-Volved antes del cumpleaños de Hope- dijo Zelena-Os querría aquí para que me ayudarais a escoger todo
-Zelena, el cumpleaños de Hope es dentro de un mes
-Sí, cumplirá tres años, como el año pasado no hicimos nada ya que vosotras no estabais bien, no tuve ayuda de nadie, espero que este año sea diferente
-Calma, Zelena, estaremos aquí y bien- dijo Regina –Ahora, nos vamos. Hasta dentro de quince días- dijo Regina saliendo con Emma. Entraron en el coche y Josh los llevó al aeropuerto.
-Emma, intenta calmarte- decía Regina mientras la mujer se ponía el cinto
-Estoy calmada, pero estoy preocupada por nuestros hijos
-Están bien, Emma. Todo estará bien- abrazó a la mujer mirando a los bebés, Regina, evidentemente, había comprado pasajes en primera clase, y como era Regina Mills tenía sus privilegios.
-Lo sé, pero pasar ocho horas aquí dentro no es tan guay
-Intenta relajarte y disfrutar- dijo Regina. Emma miró a sus hijos y estaban durmiendo.
-Me he sentido mal con lo que Zelena dijo sobre Hope, no lo celebró el año pasado porque estábamos enfadadas.
-No te sientas mal, querida, todo saldrá bien, Hope es adorable y ella no se inmutó por eso, porque no lo entiende, Zelena estaba montando un drama
-Está bien- cogió los auriculares y anduvo en su móvil. Seleccionó una música y apoyó el cabeza en Regina cerrando los ojos.
El vuelo fue tranquilo, Allison y Henry durmieron gran parte del tiempo, despertando solo para mamar y para que le cambiaran los pañales.
Tras casi ocho horas de vuelo, desembarcaron y marcharon hacia la casa de Regina, que no era precisamente una casa, sino una mansión. La casa era en tonos claros con un jardín a la entrada que estaba cubierto de nieve, todo blanco, la mansión estaba algo apartada de la ciudad, en realidad, muy apartada, pues tras la casa había un lago que en ese momento estaba congelado.
Los empleados cogieron las maletas y Emma entró con Henry y Regina, con Allison. Los bebés, realmente, parecían paquetitos de lo tan abrigados que estaban en sus ropitas de lana por causa del frío.
Edeline era el ama de llaves, desde que Regina le dijo que vendría con la esposa y con sus hijos, la mujer había mandado a los empleados que ordenaran todo. Regina pasó un tiempo con Neal en Londres, el pequeño amaba aquella casa y la llenaba de alegría, y tras su muerte Regina no había vuelto hasta ese momento.
La mujer abrazó a Regina y después a Emma, miró a los bebés y dijo cuánto se parecía Henry a Regina, la morena, claro, sonrió orgullosa. Regina sabía que no era la madre biológica, pero Neal se parecía a Regina, lo que consecuentemente hacia que ellos se parecieran a la mujer.
Tras llevar todo a las habitaciones, Regina dejó libre a algunos de los empleados, que tenían otra casa para ellos a algunos metros de la mansión. Regina les dijo que no los iba a necesitar esa noche y que estaban libres hasta el día siguiente para el desayuno y el almuerzo. Le dieron las gracias y se marcharon. Ya eran las cinco de la tarde, Regina encendió la calefacción de la casa y pudieron quitarse el exceso de ropa para estar más cómodas.
-Quiero enseñarte la casa, aprovechando que Edeline está con los bebés, te enseño la casa y si pasa algo ella nos avisa –dijo acercándose a la mujer
-Está bien-Regina agarró su mano y comenzó el tour con la rubia. Le enseñó los diferentes cuartos, las salas, tanto de música como el comedor y la de estar. No salieron ya que estaba anocheciendo y hacía mucho frío.
Subieron al cuarto de los bebés, y estaban durmiendo, Edeline les dijo que bajaba a ordenar que prepararan la cena. Emma observó a la mujer, debería tener uno 45 años como máximo, cabellos oscuros en un moño perfecto y ropa formal. Emma entró en la habitación principal.
-Parece que le gustas- dijo Emma mirando a Regina salir del baño envuelta en un albornoz
-¿Celos?- arqueó la ceja
-No, porque sé que me amas- dijo
-Está bien que lo sepas.
-Voy a darles de mamar, así se vuelven a dormir y podemos cenar
-Estaba pensando en dejarlos con Edeline para disfrutar nosotras
-No es necesario, Regina, no quiero dejar a mis hijos con cualquier persona
-Ella no es cualquier persona- dijo vistiéndose
-Para ti, pero yo no la conozco, lo siento mucho, querida
-Está bien, pero tengo una noche romántica preparada para nosotras- se acercó a ella ya vestida con unos leggins y una blusa
-Estás hermosa así- dijo mirando a la mujer, cogió a Allison y se la colocó en el pecho, Regina cogió a Henry que había comenzado a llorar.
-Gracias- sonrió mirando a Henry-Mira hijo, tu madre está hermosa con esa ropa, ¿verdad? Aún más amamantando a tu hermanita- dijo Regina besando a Henry en los cabellos, el pequeño rezongó un poco –Lo sé, querido, pero por la mañana mamaste tú primero, ahora le toca a tu hermana- dijo cogiendo un juguete en forma de elefante e intentando llamar la atención del pequeño, este estiró la pequeña mano para cogerlo.
-Estás hermosa con él en los brazos- dijo Emma observando a su mujer, Regina la miró sonriendo y se enrojeció
-Tú eres linda, Emma- dijo besando a su hijo y pasándoselo a ella, y cogiendo a su vez a Allison a quien colocó en la cuna. Le dio un beso a la hija y se acercó a Emma –La cena será servida para nosotras, después te tengo una sorpresa- dijo guiñándole un ojo a Emma que sonrió, y tras eso salió del cuarto.
Regina amaba a Emma, eso era evidente, en cuanto salió del cuarto, la morena dispensó a los empleados que quedaban. Se miró en el espejo que había en el comedor, no estaba como solía estar, con ropa formal, solo llevaba unos leggins y una blusa, llevó la mano al borde de la blusa y apretó su pulgar contra ella, jamás se había imaginado en una cena romántica vistiendo así. Fue sacada de sus pensamientos al ver el reflejo de Emma encarándola, mordiéndose el labio.
-Me gustas con esas ropas- se acercó a la morena, Emma llevaba también unos leggins, pero con un suéter negro, colocó sus manos en la cintura de la morena –Eres tan hermosa, Regina Mills- le tocó la piel del cuello con la nariz, sintió el perfume de la mujer, depositó un beso.
-Emma, pensaba que íbamos a cenar primero
-Podemos ir directamente al postre, Regina, puedes ser mi postre del que tendré todo el placer de saborear cada pedazo- depositó otro beso en el cuello haciendo que la morena jadeara –Te deseo a ti, Regina Swan Mills –Regina cerró los ojos, se mordió el labio, Emma le apretó su cintura, una pierna de Emma se entremetió entre las piernas de Regina, la morena rozó su intimidad en ella, soltando un quedo gemido.
-Yo también te deseo, Emma, mucho-Regina miró a la rubia a los ojos, la besó de nuevo caminando con ella hasta la sala de estar donde la chimenea iluminaba con su fuego la estancia, se detuvieron en el centro, Regina miró a la mujer, la iluminación era débil, solo la luz del fuego de la chimenea, llevó sus manos al borde del suéter y se quedó pasando los dedos por ahí, Emma llevó las suyas a su rostro y la acarició. Le dio un piquito y se apartó sonriendo, levantó los brazos y Regina, aún con dedos en el suéter, lo fue subiendo lentamente, dejando ver los pechos desnudos, Emma bajó los brazos, una sonrisa iluminaba los labios de Regina, la maternidad le sentaba muy bien a Emma, los pechos estaban más grandes e hinchados, sin contar el deseo que Emma tenía por Regina. Caminó más hacia su mujer y la besó. Emma llevó sus manos hacia la blusa de Regina, a la altura de sus pechos y los apretó, la morena gimió entre beso y beso, colocando una mano en la cintura desnuda de la rubia y la otra en una nalga, apretando. El beso continuó con las lenguas, mordidas y succiones.
La blusa de Regina ya no estaba en su cuerpo, Emma se la había quitado y tirado en cualquier sitió de la sala. Ahora Emma estaba echada en el suelo solo con las bragas, y Regina encima de ella distribuyendo besos por el cuerpo desnudo de la rubia. Las manos de Emma estaban en sus propios cabellos y sus ojos cerrados. Regina besaba su pelvis, cubierta por las braguitas azules, descendió un poco más hasta su centro, estaba mojado. Regina besó y succionó la intimidad de la rubia, aún cubierta por la tela. Emma soltó un gemido reprimido y abrió más las piernas, llevando una mano hasta el borde de las bragas, intentando librarse de aquel pedazo de tela estúpido. Regina le quitó las bragas y fue derecha hacia su mojada intimidad, Emma jadeó ante el toque de la lengua de Regina, la mujer besó y chupó con fuerza, simulando un beso. Emma llevó una de sus manos a sus pechos y los acarició. Notaba la lengua de Regina entrando y saliendo de su sexo, ora daba círculos, ora la penetraba. Emma se corrió por primera vez en esa noche. Regina subió hasta los labios de Emma y la besó, la morena chupó su lengua y ella sintió su propio sabor en la boca de su esposa. Llevó sus manos al trasero de Regina y apretó provocando que la morena se restregase en su muslo, ella aún llevaba los leggins. Llevó la mano hasta el sexo de la rubia y comenzó con los movimientos circulares, Emma bajó los pantalones de Regina, la mujer se levantó un poco y se quitó los pantalones junto con las bragas blancas. Emma aún estaba echada con las piernas abiertas, Regina se colocó entre las piernas de su mujer, encajando su vulva con la de la rubia. Ambas gimieron ante el contacto, Regina comenzó a moverse sobre Emma haciendo que sus intimidades entraran en un contacto mayor. La más joven llevó sus manos a la cintura de la morena haciendo que se moviera con más fuerza. Regina cerró los ojos y abrió los labios dejando escapar de su garganta un gemido bajo. La mujer se llevó sus propias manos a sus pechos, estimulándolos, y se corrió enseguida, derrumbándose sobre el cuerpo de la rubia.
-Eres maravillosa, Regina Mills- acarició el cabello negro de su mujer
-No era así que tenía planeado nuestra noche
-¿No?
-No, bueno, íbamos a acabar así, pero tenía algunos planes antes
-¿Lo podemos dejar para mañana?- dijo Emma sugestiva
-Podemos- Regina la miró sonriendo dándole un beso en los labios
-Quiero hacer una cosa- dijo Emma en voz baja
-¿El qué?- preguntó curiosa
-Estuve leyendo el Kamasutra y…
-¿El Kamasutra?- dijo Regina mordiéndose el labio
-Hum, lo leí en el avión- confesó
-¿Leías el Kamasutra estando sentada a mi lado? ¿Cómo lo conseguiste? Ni me di cuenta
-Estabas centrada en nuestros hijos y bueno, aproveché la oportunidad
-¿Y qué quieres intentar?
-Querría probar el 69 primero, parece lo más fácil de momento- dijo Emma enrojeciéndose, Regina la miraba con una sonrisa
-Está bien- se levantó y se colocó de lado, levantó un pierna y estiró la otra, Emma hizo lo mismo, Regina se acercó y hundió la cabeza en el sexo de Emma, besó la intimidad de la rubia simulando un beso con lengua, y se estremeció al sentir la lengua de Emma en su intimidad haciendo casi los mismos movimientos. Emma daba leves lamidas al sexo de la esposa, y poco a poco las iba intensificando. Emma llevó una mano a su pecho y acarició el pezón, succionó más la intimidad de Regina provocándole que soltara un gemido pegada al sexo de la rubia. Regina penetró a Emma con la lengua, la mujer cerró los ojos con fuerza y apretó el muslo de Regina atrayéndola más hacia ella. Emma detuvo los movimientos un momento, sentía que estaba cerca del clímax y Regina se dio cuenta, llevó una mano al clítoris de la rubia, pasando el pulgar por él y penetrándola con la lengua. Emma apretó el trasero de Regina con las manos y no tardó mucho en alcanzar el orgasmo. Apoyó la cabeza en la pierna de Regina disfrutando de la sensación mientras la mujer aún la chupaba. Se detuvo y salió de entre las piernas de la rubia, se giró y quedó frente a ella, acariciando los despeinados cabellos rubios.
-Te amo, Emma- susurró
-Yo también te amo, Regina- la morena echó la cabeza en el pecho de la más joven y acarició el pezón de la mujer arrancándole quedos gemidos- Antes de comenzar otro round, ¿podemos cenar?
-Claro. Yo la traigo- dijo Regina levantándose y caminando hacia la cocina, puso en una bandeja jugo de naranja y la cena que les habían preparado. Volvió con la bandeja y Emma estaba sentada frente al fuego, desnuda, observando la madera que se quemaba, la morena se acercó –Aquí está- colocó la bandeja en el suelo, Emma cogió el jugo y bebió un poco
-Está muy bueno- dijo mientras cogía el tenedor y cortaba la carne, se lo llevó a la boca y masticó lentamente- Esto está muy bueno.
-Sé que te gusta esa carne y pedí que la prepararan- dijo comiendo de su plato
Tras la cena, Regina se levantó y dejó la bandeja en la cocina, cuando regresó, Emma estaba en el suelo mirando hacia el casi consumido fuego de la chimenea, Regina fue hasta ella y se sentó a su lado mirando también el fuego.
-La noche ha sido maravillosa, mi ángel- dijo Emma acariciando la pierna de la morena
-¿Y quién ha dicho que tiene que terminar ahora?- miró a la rubia y sonrió arrancándole a Emma otra sonrisa. Regina se inclinó hacia ella y la besó, acostándola de nuevo en el suelo.
