Cap. 37: Noche Larga (Parte uno)
Suspiré y me preparé mentalmente para lo que sería mi primer enfrentamiento con hombres lobo. Desee haber preguntado y tomado más clases sobre ellos, ahora me serviría de mucho. Aunque dudo que el entrenador Wilson, un antiguo cazador de licántropos, me hubiese dado más tips. Verán ¿Recuerdan lo que dije sobre el odio que hay entre los licántropos y los vampiros? Ya, pues esa enemistad también la hay entre las dos organizaciones. Si, se odian. Y digo se odian porque yo no me incluyo en esa ridícula pelea.
A unos metros se lograban divisar a seis enormes lobos y entre ellos un humano. Quizá el era el líder... O el alpha. Los lobos eran aproximadamente del tamaño de un caballo enorme, y de diferentes tonalidades en cuanto a su pelaje.
Conforme se acercaban, el líder comenzó a hablar.
-¿Que hacen ustedes aquí?-preguntó con voz ruda.
-Yo soy Carlisle Cullen y ellos son mi familia. No somos peligro si eso es lo que piensan. Nosotros no somos como los demás vampiros. No ponemos en riesgo a las personas, así que no deben preocuparse- dijo Carlisle, actuando como el líder y porta voz.
Otra vez Edward intentó ocultarme de la vista de los lobos, yo lo volví a apartar.
-Nosotros nunca confiaríamos en vampiros, se alimenten de humanos o no-dijo el alpha mientras que, como si concordaran con el, los demás lobos gruñían.
Uno de ellos gruñó en mi dirección. Yo le respondí con otro gruñido, lo cual me dejó perpleja. Estaba gruñendo mucho últimamente.
-Ya te lo había dicho antes, Carlisle, ellos no confían en nosotros y quieren que nos marchemos- dijo Edward en voz baja.
- Yo soy Sam Uley- se presentó- líder de la manada Quileute, nosotros nos encargamos de proteger nuestras tierras y nuestra tribu, erradicando a cualquier peligro que pueda presentarse tal como lo pueden ser ustedes .-
-Como ya les mencioné, nosotros respetamos la vida humana, no les haremos ningún daño-volvió a explicar Carlisle-
-No vamos a correr ningún riesgo-dijo el líder.
Entonces uno de los lobos se abalanzó sobre nosotros.
Directamente hacia Edward.
Gruñí otra vez, y antes de que el lobo pudiera hacerle algo, o Edward le hiciera algo al lobo, yo lo golpee de tal manera que salió disparado de vuelta a su manada, chocó contra un árbol y calló noqueado unos segundos en el suelo.
Pero era persistente.
Se levantó y me gruñó, preparándose, pretendiendo saltar en mi dirección esta vez.
Escuché otro gruñido atrás mío. Rápidamente Edward se puso delante de mi, cubriéndome con su cuerpo.
Dos lobos más se prepararon para atacar también, flanqueando a cada lado al lobo que atacó primero.
Vaya, eso es sorprendente, aunque no debería resultarme así, no después de haberla visto pelear con Tanya.
Me quedé en shock. ¿Qué era eso? Miré a los lados, nadie había pronunciado palabra, ni siquiera susurrado.
La comprendió me llegó como un baldazo de agua fría.
Nadie había hablado, solo lo había pensado.
Reconocí de quien era el pensamiento por el sonido de su voz. Era de Carlisle.
Intenté escuchar algo más, cualquier cosa, pero no pude.
-¡Suficiente!- gritó el líder. Los tres lobos gruñeron en protesta, pero no atacaron más.
-Edward, Bella- se limitó a decir Carlisle, extendiendo un brazo delante de nosotros.
Edward relajó su postura, pero seguía alerta al igual que yo. Siguió delante de mi en una posición protectora, hasta que yo le hice a un lado. No puso resistencia cuando lo aparté, por suerte, no quería ponerme a discutir delante de los metamorfos.
-Es evidente que no podemos convivir juntos, así que va a tener que irse-
Otra vez los lobos gruñeron, mostrando aprobación a lo que dijo su líder.
-No tenemos que marcharnos solo porque unos perros asquerosos nos lo piden- dije yo-
-Bella- me advirtió Carlisle.
Yo crucé los brazos e hice una mueca.
Pero mi intervención hizo que la atención de la manada se concentrara en mi. El líder me estudió atentamente durante un buen tiempo, en silencio, tanto que me empecé a incomodarme. Y molestarme. Sobre todo molestarme.
Escuché un gruñido bajo a mi lado. Era de Edward. Lo miré, arqueando una ceja. Él solo negó con la cabeza en mi dirección.
Hay que reconocerlo, está buena
Me paralicé ante aquel pensamiento, que por supuesto no era de Carlisle, ni de nadie que yo conozca. Su voz me era desconocida.
¿Qué hace con ellos? Eso no es natural. Y tampoco el hecho de que le haya pegado a Paul… Pero si eso no le importa a ella, le pediré salir… si es que no nos matamos los unos a los otros hoy.
No saldría contigo ni aunque me pusieran una pistola en la cabeza, quise responderle, pero me quedé callada.
Es todo un desperdicio, alguien como ella no merece andar con uno de esos monstruos. Y es obvio que está con el pelirrojo, por la manera de como lo defendió del ataque de Paul. Tal vez yo pueda hacerle cambiar de opinión, hasta ahora, ninguna chica me ha rechazado.
Mira quien habla, si él es otro monstruo. Y lo lamentaba mucho (nótese el sarcasmo) Pero yo sería la primera en mandarlo a volar.
Me pregunto qué es ella, no parece ser una vampira, pero tampoco es humana, ha tenido la suficiente fuerza para pegarle a Paul…¡Y que golpe! Cómo desearía tener una cámara filmadora en este momento… Bueno, no es que pudiera gravar algo en este estado...
Me sorprendí, era el único pensamiento que no le parecí "buena" o que no tenía intenciones de invitarme a salir. Hasta me pareció gracioso su ultimo comentario.
Chasquee los dedos.
-¿Se te perdió algo en mi cara o qué?- le dije al líder, molesta.
-No eres una de ellos- afirmó.- ¿Por qué la han traído aquí?¿Es una prueba de su abstinencia de la sangre humana o algo así?-preguntó, esta vez dirigiéndose a Carlisle-
-No, estoy aquí por voluntad propia- respondí por él.
-Y supongo que te aceptaron rápidamente viendo tus… habilidades- dijo la ultima palabra estudiándome detenidamente otra vez.- ¿Qué eres?- me preguntó-
Es por eso que la tienen con ellos, seguro les sirve de mucho en una pelea, chupasangres interesados ¡¿Pero qué se ha creído para pegarme?! ¡Nunca una chica lo ha hecho! … aunque se veía sexy enojada…
Y fue con ese ultimo pensamiento que exploté.
-Soy la chica que le parteará el trasero a tu manada en cuanto sigan teniendo esos pensamientos… repulsivos hacia mi- le respondí, diciendo lo primero que se me vino a la mente.
Ahora veo por qué Edward estaba gruñendo a mi lado, yo también tenía ganas de gruñir.
No, de gruñir no.
De matarles. Uno por uno.
Bien, mi trasero está a salvo entonces
Casi sonreí ante aquella voz juvenil. Me pregunté de quién sería.
Todos se quedaron mirándome en estado de shock, tanto los Cullen como los lobos. Los animales podían mostrar una extraña mueca de confusión.
Yo misma estaba en shock, no creía posible que mis poderes telepáticos estuvieran regresando.
Edward me dio una mirada interrogante. Yo articulé un "después" con los labios.
El líder no exigió una explicación a por qué sabía lo que pensaban sus chicos, solo se limitó a fulminarlos con la mirada.
-Bella está con mi hijo Edward- explicó Carlisle- La consideramos parte de nuestra familia- no pude evitar sonreír ante eso. Me consideraban parte de su familia.
-Ya veo- dijo secamente Sam.
-Si podemos llegar a un acuerdo, no tenemos que marcharnos- dijo Carlisle, retomando el tema principal- Ya hemos llegado a un acuerdo antes, no veo por qué no podemos hacer lo mismo ahora-
El líder se nos quedó mirando un buen rato otra vez.
-Así que ustedes son el famoso clan de los ojos amarillos.- dijo finalmente- Con los que el jefe, Ephraim Black, hizo un tratado. Tratado que su hijo rompió hoy al entrar en nuestras tierra-
-Fui yo la que insistió en ir- dije antes de que alguien dijera algo- No sabía nada del tratado, y que fuera su territorio. Por eso cuando los vimos, nos fuimos rápidamente de allí-
-Bella…- dijo Edward.
Le hice una seña con la mano para que se callara, y afortunadamente lo hizo.
Me fulminó con la mirada, yo no le hice caso. Continué:
-No teníamos intención de atacarles ni atacar a su gente. De ser así, ya lo habríamos hecho ¿No creen?- inquirí-
No respondieron. Y el que calla, otorga. Estábamos ganando.
-No queremos problemas. La irrupción a su territorio hoy fue un error, somos consientes de ello, pero no fue con malas intenciones. Bella solo pretendía conocer la playa de la que tanto le habían hablado sus amigos. Y mi hijo Edward no iba a dejarla ir sola- dijo Carlisle.
Supo utilizar muy bien el material que di, diciendo esas cosas.
¡Bien, Carlisle! Sabía que no me ibas a decepcionar.
-Yo, de haber sabido lo del tratado, no hubiese insistido en ir- agregué.
-Pero tu compañero si lo sabía- dijo el líder-
Retrocedí un paso y tomé la mano de Edward.
-Él es un poco sobreprotector conmigo, además no sabía que ustedes aun estaban aquí- respondí tranquilamente. -Pero ahora que sabemos que ustedes están aquí, no pisaremos sus tierras- aseguré-
-Considérenlo un tratado, que esta vez no romperemos de ninguna manera- agregó Carlisle- Nosotros nos mantenemos fuera de sus tierras, y si no les molesta ustedes también manténganse al margen de nuestro territorio. Si alguno de nosotros llegara a romper el tratado, seria libre de atacar .- sugirió-
El líder nos observó en silencio. Se lo estaba pensando.
Tres de los lobos gruñeron en desacuerdo, mientras que los otros tres se quedaron callados.
-Vale, aceptamos el acuerdo- dijo finalmente el líder. Suspiré con alivio.
Nos amenazaron, claro, diciendo que si esta vez incumplíamos el tratado nos atacarían sin preguntar ni dejarnos explicar. También dijeron que como yo era humana, aparentemente, podía ir a la reserva cuando quiera. Por supuesto que yo no iba a ir. No después de haber escuchado sus pensamientos… Lascivos . Imagínense como se pondrán cuando me vean sola. No es que les tenga miedo, lo que pasa es que probablemente yo los mate cuando me digan algo. Y eso rompería el tratado. Sin mencionar que Edward NUNCA me dejaría ir a la reserva sola, bueno, no es que me importara mucho su permiso si realmente quisiera ir.
Los lobos se fueron y todo se quedó silencio de nuevo. El alivio en el ambiente fue palpable.
Suspiré.
Vampiros, lobos.. ¿Qué aparecería más adelante?
-Menudo pueblo donde vine a parar- comenté en voz baja, causando que los demás rieran ligeramente.
Ninguno de nosotros dijo nada sobre el pasado acontecimiento, simplemente entramos en silencio a la casa cuando comprobamos que de verdad se habían ido y no iban a regresar.
Debía decir que esto había salido mejor de lo que pensaba.
Edward no dijo nada tampoco, no hizo ningún comentario sobre la intervención que hice, y eso era raro. Seguro iba a esperarse a que estuviéramos solos para que empezase con su sermón de las trescientas horas. Bueno, si fuera así, yo le iba a cortar su perorata, no estaba de humor para eso hoy.
-¿Haz cenado ya, Bella?- me preguntó Esme cuando entramos al comedor.
-No, no he comido- dije.
La verdad es que no estaba cenando mucho últimamente, solo cuando estaba en casa, y casi nunca paraba en ella. Ya se había hecho una costumbre, ni siquiera tenía hambre. De hecho... no tenía hambre casi nunca.
-¡Edward!- le regaño Esme- Recuerda que ella es humana, tienes que alimentarla-
Tal vez no fue su intención, pero me hizo sentir como si fuera la mascota nueva a la cual olvidaron darle de comer.
-Tienes razón. A veces olvido que no es como nosotros. Lo siento- se disculpó, bajando la vista.
-Está bien- le rodee el torso con un brazo- No tenía hambre- me encogí de hombros.
Después de una breve discusión sobre que debía alimentarme correctamente, discusión que participaron todos, Esme fue a la cocina a prepararme algo de cenar. No quise hacerle un desplante, así que acepté, aunque no tuviera hambre. Me sentí algo incomoda cuando me miraron fijamente, expectantes, hasta que terminara de comer. Sonrieron ampliamente cuando les dije que la comida estaba buena.
Me ofrecí a lavar los servicios pero Esme se negó e insistió en hacerlo ella así que yo aproveché para tomar el neceser que llevaba siempre en mi mochila y cepillarme los dientes. La postura maternal que mantenía Esme conmigo me resultaba extraña. La única persona que se comportaba de esa forma conmigo era mi abuelita, y eso era hace once años, me parecía raro que alguien, sobre todo ajena a mi familia, se comportara así conmigo.
Edward me había contado vagamente su historia. Supuestamente, se había caído de un acantilado. Yo no le creí, básicamente porque la gente no suele caerse de los acantilados así por así, como caerse de una bicicleta. Así que al final terminó contándome su verdadera historia, o al menos una pequeña parte. Fue muy triste. Ella se había lanzado del peñasco porque su bebe murió. Cuando la encontraron, la llevaron directo a la morgue, creyendo que estaba muerta, pero su corazón seguía latiendo, así que estaba viva, pero no por mucho. Fue cuando Carlisle la encontró, y la reconoció, resulta que la conocía con anterioridad por ella de joven se cayó de un árbol o algo así y la llevaron al hospital donde él estaba trabajando en ese tiempo. La convirtió y bueno, después de un tiempo se casaron. Habrá sido algo así como amor a primera vista, supongo.
Al final Edward decidió que era hora de llevarme a casa, porque era tarde. Yo le seguí el juego simulando un bostezo. Si, claro, yo estaba completamente segura de que solo se preocupaba por que yo durmiera bien. Pero seamos francos, el quería que estemos a solas para que me suelte su sermón de las cuatrocientas horas sobre lo peligroso que fue para mi echarme la culpa sobre la irrupción a la reserva donde estaban lo lobos.
-Adiós, Bella, esperamos verte más seguido de ahora en adelante- se despidió Esme, dándome un cariñoso abrazo-
-Por supuesto que regresaré, sobre todo después de haber visto su biblioteca- sonreí-
-Estaremos encantados de prestarte nuestros libros, Bella- sonrió Carlisle- Si quieres puedes llevarte algunos a casa-
-¿En serio?- pregunté, emocionada, dando un paso hacia delante.
Edward apretó ligeramente mi mano que tenía sujeta. Alguien estaba impaciente.
-Gracias por la oferta, pero mejor otro día, estoy muy cansada- dije, aun cuando me moría por regresar a esa biblioteca.
-Claro, cuando quieras-
-Nos veremos más tarde- se despidió Edward. Como siempre, el se iba al amanecer y luego regresaba- Carlisle, quiero discutir un pequeño tema contigo-
Carlisle asintió.
Iba a preguntarle sobre que iba eso, pero rápidamente lo entendí; iba a reclamarle por haberme seguido el juego en el casi enfrentamiento con los lobos.
El viaje hasta mi casa fue tranquilo, Edward no sacó a flote el tema durante el trayecto. Y yo tampoco, aunque lo estaba esperando, quería dejarle un par de cosas claras. En su lugar, nos la pasamos conversando temas sin importancia, del instituto, lo cerca que estaba para acabar el año escolar, el numero de veces que él se había graduado… El baile.
-Ya que no quieres ir al baile de fin de curso, he pensado en unas cuantas cosas que podemos hacer esa tarde- dijo , mientras pasaba a un auto con facilidad.
El automóvil me pareció conocido, pero no comente nada.
-Planes que no me piensas decir- dije.
-No, será una sorpresa- sonrió-
-¿Por que? No me gustan las sorpresas-
-Ya lo sé, por eso lo hago- se rió-
-Eres malo- le acusé mientras cruzaba los brazos y desviaba la vista.
-Vamos, no te enojes conmigo, al final siempre terminan gustándote mis sorpresas-
-Y a ti te va a caer tu sorpresa mientras sigas haciendo eso-
-¿Serías capas de golpearme?- me preguntó.
-No sabes de lo que soy capaz- respondí.
La frase me salió con más seriedad de lo que deseaba. Edward no pareció notarlo, y si lo hizo no dijo nada.
-El lunes cumplimos un mes de estar juntos- dijo de pronto, sonriendo ampliamente.
Aquello me sorprendió, no tenía ni idea de que es estuviera contando, al igual que yo. Bueno, al menos yo no era la única cursi que se acordaba los días y las fechas.
-No creí que tu también estuvieses contando- le dije-
-¿Cómo no hacerlo? Fue el día en que aceptaste ser mi novia, y el más feliz de mi existencia-
Sonreí ampliamente y tomé su mano, entrelazando sus dedos con los míos. Normalmente Edward era el que tomaba mi mano, y mi iniciativa me sorprendió. A él pareció gustarle, porque sonrió aun más cuando vio nuestras manos unidas, con ese adorable brillo en los ojos. Llevó mi mano a sus labios y la besó suavemente. Todo eso sin siquiera desestabilizar el automóvil, claro.
-¿No me vas a preguntar en que consiste mi plan para este lunes?- me preguntó, sonriendo ladeadamente.
-¿Para que? No me lo vas a decir- respondí-
-No puedes saber si te lo diré o no, no me los has preguntado-
-Pues no pienso hacerlo- dije firmemente.
-Bueno, allá tu…-
Giré la cabeza para mirar por la ventanilla del auto, intentando distraerme y pensar en cualquier cosa que no fuera en lo que Edward tenía preparado para el lunes.
Pero no tuve éxito.
La curiosidad me carcomía.
¡No lo hagas! Me grité a mi misma cuando estuve a punto de preguntarle. Apreté fuertemente los dientes y me obligué a permanecer callada, o al menos de no preguntarle.
Edward se rió entre dientes cuando me vio tamborilear nerviosamente los dedos sobre mi muslo. Bufé. Me moría de la curiosidad y él lo sabía.
-Está bien ¡Está bien!- exploté, no pudiendo aguantar más- ¿Qué tienes planeado?-le pregunté-
-No te lo voy a decir-
Cerré mi mano derecha en un puño y la sostuve fuertemente sobre mi muslo, para no impactarla contra su cara con toda la fuerza que poseía.
Mi instinto decía ¡Pégale, pégale!
Pero mi otra parte, la sensata, me decía que me calmara, el solo quería ser detallista conmigo.
Me controlé y le hice caso a mi parte prudente. Solo porque se trataba de Edward, y no quería herirle.
-Idiota- me limité a decirle, apretando los dientes.
Edward se rió.
Yo no pude evitarlo y le pequé en su hombro, no fuerte, por supuesto.
Él se rió aun más, sin verse afectado por mi golpe.
Me di cuenta de que habíamos llegado a mi casa cuando estacionó el auto y apagó el motor.
-¡Argh!- grité- ¡¿Por qué eres tan… tan…?!-
-¿Interesante?¿Encantador? ¿A…?-
-¡Exasperante!- le grité.
En serio, estaba a punto de jalarme los cabellos de la pura desesperación y rabia.
Pero él no se molestó. Ni siquiera cuando le volví a pegar, esta vez empleando regular fuerza. No. Edward se rió, como si en lugar de insultarle estuviera diciendo algo gracioso.
Al final, cuando logré calmarme, y cuando sus risas se apagaron, puso su mano sobre la mía y la acarició suavemente. Sus ojos dorados me atraparon, y me sentí desfallecer cuando con su mano libre acarició mi mejilla.
¡No! Me grité, no puedes caer en sus encantos, no ahora, después, ahora es tiempo de estar enojada.
Pero cuanto me dijo:
-Te amo-
Mirándome con esos ojos que hacían que me derritiera, estuve perdida.
Y lo estuve aún más cuando sus labios tocaron los míos.
-También te amo- le dije cuando nos separamos, y yo pude recuperarme y tomar aire- Aunque seas desesperante a veces-
Edward se rió.
-Lo se- dijo- Al igual que yo amo verte enojada, pareces un gatito enfurruñado, y es adorable-
Mis mejillas se tiñeron de rojo. Típico.
Bajamos del auto, el como siempre primero para abrirme la puerta. Amaba los pequeños detalles que él tenía conmigo.
Nos detuvimos cuando llegamos a la puerta de mi casa.
-Volveré en unos minutos- me prometió, besando mi mejilla.
Esa era la rutina de todos los días. Él se iba para dejar su auto, y luego regresaba, para luego irse muy temprano para recoger su auto y llevarme al instituto.
-No tienes que irte- susurré, poniendo mis manos en su cuello.
-Si, si tengo- susurró, besando mi mandíbula.- ¿Qué dirán tus vecinos cuando vean mi auto aun estacionado aquí, a media noche?-
-No lo sé, ni me interesa- respondí.
Y de verdad, no me interesaba, lo único que me importaba ahora era que continuara con los besos que repartía a lo largo de mi cuello.
Sentí a Edward sonreí contra mi piel.
-¿Sabes, Bella?- inquirió.
-¿Uhmm?- musité, con los ojos cerrados.
-A mi tampoco me importa-
Y, sin previo aviso ascendió rápidamente, abandonando mi cuello, para besarme. La sensación de su boca sobre la mía era increíble. Dulce. Adictiva. Definitivamente nunca me cansaría de eso. ¡Dios! Todo parecía darme vueltas mientras sentía como sus manos se deslizaba lentamente por mi cintura, atrayéndome más hacia él. Enredé mis dedos en su cabello y tiré de él, necesitándolo aun más cerca…
-Buenas noches- dijo al alguien-
Nos separamos al mismo tiempo, jadeantes, para encontrarnos con la mirada reprobatoria de la Sra. Anderson, mi vecina. Su casa era la más próxima a la mía.
Decir que quería morirme era poco.
Había estado tan distraída que había olvidado por completo que aún estábamos en la calle.
Edward comenzó a toser, supongo que tratando de disimular, pero yo simplemente la miré, aún sintiendo como mi pecho subía y bajaba evidenciando mi estado, y provocando que esa pobre mujer abriera los ojos de par en par acusadoramente al reconocerme.
Claro, quien iba a creer que Bella Swan, la tranquila e inocente chica que bebió té y comió galletas en su casa, fue pillada infraganti de noche en la puerta de su casa en pleno besuqueo con un chico.
Edward rodeó mi cintura y me atrajo levemente hacia él, ya que al parecer me había quedado petrificada antes la mirada reprobatoria de la señora.
- Buenas noches - respondimos los dos al unísono.
Saqué rápidamente las llaves de la casa y la abrí rápidamente, aun con las manos temblándome, sintiendo la mirada de la señora clavada en mi espalda.
Edward y yo entramos. La puerta hizo un sonido sordo al cerrarse.
Entonces él rompió a reír, mientras yo lo fulminaba con la mirada con ganas de estrangularlo.
- ¡Dios! - dijo entre risas - Te juro que por un momento me sentí como un verdadero adolescente siendo pillado en una situación comprometedora con su novia - dijo divertidamente-
- Tú… Tú…- comencé a decirle mientras le clavaba el dedo índice en su pecho- ¡Cómo te atreves a reírte!… En mi vida he pasado tanta vergüenza - le reproché.
Él dejó de reír mientras levantaba las manos en señal de rendición.
-Lo siento, pero tú tienes la culpa de ser tan tentadora, sobre todo cuando tus mejillas se ponen de ese hermoso color rosa- pasó un dedo por mi mejilla, que estaba sonrojada- Además tu dijiste que no te importaba-
-¡Que vieran tu auto allí afuera, no que nos vieran a nosotros!- cerré los ojos y negué con la cabeza- ¿Sabes? Voy a darme una ducha.-
-Está bien, yo iré a dejar mi auto-
-Creí que te quedarías- musité, triste.
-No después de lo que pasó.- me explicó- Ahora la señora estará pendiente, mirando por su ventana, y si no me ve salir…-
-Ya, vale, entiendo- suspiré y me giré- Nos vemos dentro de un rato, entonces-
-Ni siquiera notarás mi ausencia. Cuando salgas de la ducha, allí estaré- hizo que me girara hacia él y me dio un beso en la frente.
