Disclaimer: Los personajes de la serie no me pertenecen, como a nadie en FF.
Caminar bajo la lluvia. Tal vez es una de las cosas más relajantes que se puede hacer en esta ciudad.
Y después de esta maldita semana, lo que necesito, es precisamente eso, encontrar paz.
Pero a un poco más de una cuadra de mi casa, alzo la mirada y veo un auto estacionado en la desierta calle, justo en frente de mi puerta. Sin embargo, eso no es lo más extraño de todo. Hay alguien arrimado sobre él, estilándose bajo la lluvia.
El panorama es borroso por la densidad del agua que cae, cada vez con más fuerza, y apresuro mi paso para poder llegar finalmente a mi destino, evitando ver a quién sea que está ahí, esperando por alguien en particular como si fuese parte de la mafia.
Saco con anticipación las llaves de mi cartera y me cubro un poco el rostro con la capucha de mi sudadera, no vaya a ser que, esta persona, me busca a mi por besarme o bailarle a su esposa, o su novia, o a su hija closetera.
Está ahí. De reojo veo a ese contorno acercarse a mi con pasos lentos. Me apresuro a la puerta, esto me está poniendo nerviosa, tanto, que las llaves se resbalan de mis manos y caen en el piso mientras escucho a mis espaldas:
—Tori.
¿Es ella? ¿Es Jade?
Giro hacia ella y lo que ven mis ojos es una visión sombría, totalmente vestida de negro y con el pelo pegado a su piel, goteando frío, el rímel corriendo por su rostro, marcando un claro camino de tristeza.
Oh no, por favor no…
—Tori —repite con una voz entrecortada que solo me deja saber que está llorando, aunque la lluvia lo oculte… llora desconsoladamente—. Papá murió… se fue… murió.
Sikowitz… No.
Mis ojos se llenan de lágrimas junto con los de ella y mi pecho se contrae rápidamente hasta el punto en que mis pulmones empiezan a fallarme, porque este dolor es el peor de todos.
Cuando un padre se va, cuando no hay nada que hacer, cuando la muerte gana, viene toca a tu puerta y se lleva a quien amas, lo quieras o no.
Sientes un vació que te recorre el cuerpo, desolación, confusión, incredulidad, desesperación, arrepentimiento, todo al mismo tiempo, todo en un segundo, todo…
—Di algo —me pide expectante, pero no tengo nada que decir. Quiero hacerlo pero no puedo decir una palabra. Estoy en blanco, sintiendo como mi vida se parte en mil pedazos.
—¡Tori, maldición. Di algo!
Otra vez le fallo, quiero hablar, quiero gritar, quiero llorar y correr, salir de aquí ir a buscarlo, no sé ni para qué… Él ya no está aquí.
—¡Maldición, Vega! —me grita, haciéndome reaccionar de mi pérdida temporal de conciencia—. ¡Vas a seguir jugando? ¿Vas a quedarte ahí esperando a que te llame por tu estúpido nombre falso!
—Jade…
—¿Cambiaste tanto? ¿Eres tan idiota como para que esto no te toque?, ¿para no sentir nada? —me interrumpe fúrica, completamente perdida en la ira y el dolor y veo como empieza a alejarse.
—¡Jade!… ¡Espera! —le grito jalándola del brazo y es ahí que ella nota mis lágrimas caer junto con la lluvia, mi respiración entrecortada, mi rostro destrozado y me analiza por unos segundos hasta que me siente decaer y me recoge con sus brazos.
—No —es lo único que sale de mis labios, entre sollozos, entre quejas que salen inquietantes con mi pena, partiéndome la voz.
Ella llora conmigo, apretándome fuerte, temblando no solo del frío, sino del dolor de haber perdido a la única figura paterna que ella tuvo y a ese hombre que se entregó a ser mi segundo padre cuando yo perdí el mío.
Él me pidió no volver por él, pero debí hacerlo, debí estar ahí. ¡Maldición debí hacerlo!
Por eso Jade no vino estos días, por él, por estar ahí, por ser la hija que yo no fui. Porque ella sí lo dejó todo por alguien que la necesitaba en ese momento, porque ella… puede ser Jade West, pero no es un monstruo. No como yo…
Lo siento papá, esta no es la hija que me enseñaste a ser. Cuida a Sikowitz, él te necesita ahora, como yo lo necesité a él para guiarme cuando te fuiste.
—¡Tori! Por favor… no me dejes sola… por favor…, por favor…, por favor… —La escucho decirme repetidamente y me doy cuenta que ambas estamos de rodillas en el piso, abrazadas en media calle, rendidas. Me separo y me pongo de pie, ofreciéndole una mano.
—Ven —le digo moviendo apenas mis dedos para ayudarla a levantarse—, vamos adentro.
Este jueguito se acabó, por lo menos con ella.
Lo siento Sikowitz, perdí. Me salí del personaje. Hoy regreso a ser Tori… por y para Jade. Porque no, no la dejaré sola y porque Izzy jamás podría ser lo que ella necesita.
Seré lo que tenga que ser, pero no la abandonaré, te lo prometo… Ve tranquilo, yo la cuido ahora.
Nota:
Volvió Tori, por lo menos con Jade y ahora entramos en la fase dos del fic.
Muchos me estuvieron pidiendo saber que pasa con Jade y la verdad es que yo también lo siento muy necesario, así que los capítulos desde aquí se basaran en su punto de vista. Quiero explorar todo lo que pueda desde ella hasta terminar la segunda fase y luego ya veremos.
Gracias a todos, cincuenta capítulos es bastante, yo sé que son cortos, esa es la idea. Meternos en pensamientos, en pequeños momentos de sus vidas y hacerlo todos los días.
Ahora que ya estoy igualada con los capítulos espero no fallar un solo día y ojalá ustedes quieran seguir conmigo explorando este fic. Mi pequeño experimento.
Gracias por leer y por sus palabras.
