Hola chicas! Siento tanto haberme desaparecido por tanto tiempo... pero tuve mis razones... en serio... por lo pronto, les dejo otro cap... espero me perdonen...

Besos enormes a mis hermanas... las extraño y las amo... y besos a todo el que me lee...

Disclaimer: Nada es mío, todo pertenece a JK, la WB... y demás gente, aunque algunos personajes y situaciones le pertenecen a su humilde servidora...

Vivan los Sly!

Enjoy!

NO ES JUSTO, PERO SI NECESARIO

Se tensó cuando escuchó al pequeño Slytherin comunicarle que sus padres le buscaban. Las manos le temblaron tanto, que dejo caer el pequeño libro que llevaba entre sus manos. Theodore se puso de pie en cuanto ella lo hizo, abrazándola para confortarla, aunque sabía que nada de lo que hiciera lo lograría.

Caminaron hacia la salida, sintiendo el corazón latirles con fuerza. Apenas habían dado algunos pasos fuera de las mazmorras, sintió cómo la tomaban en brazos, casi estampándola contra la pared. Un par de enormes garras la sostenían fuertemente, mientras unos ojos grises como el acero la traspasaban, observándola con rabia y decepción. Las facciones enfurecidas de su padre calaron en sus pupilas, y mientras se permitía cerrar los ojos durante algunos momentos, el dolor en sus brazos se extendió por todo su cuerpo.

-¿Por qué Altair?-

Altair clavó los ojos en los suyos, tan parecidos. Sintió las lágrimas acudir con presteza, pero, mordiéndose la lengua, se contuvo. Le observó impasible, mientras el cerebro trabajaba a mil para encontrar alguna excusa. Sirius la observó con dolor, soltándola rudamente, mientras su madre la miraba fijamente, retorciéndose las manos detrás de su marido.

Altair quiso lanzarse a sus brazos, tratar de desaparecer entre su calidez como cuando era una niña y los demás chicos se burlaban de ella por no tener padre. Quiso enterrarse para siempre en su seno, resguardada del horror y el miedo que estaba viviendo, quiso gritarles que todo era una treta, urdida junto al anciano y ya muerto director, pero no pudo pronunciar ni una palabra, como si sus cuerdas vocales se hubieran quedado inservibles.

Trago saliva mientras sentía la llamarada del dolor acometerle el cuerpo. Sintió las tranquilizadoras manos de Theodore en torno a sus hombros, pero en lugar de aferrarse a su cuerpo y buscar su protección, se quedo de pie frente a su padre. Los ojos grises del hombre lanzaban doloridas dagas sobre ella, haciéndole imposible la simple tarea de respirar. Sabía que tarde o temprano pasaría, pero verle ahí, de pie frente a ella, tan decepcionado y dolido, le estaba lacerando el corazón.

Sin embargo, aunque ansiaba con toda su alma lo contrario, aspiró con dificultad y dio el golpe final.

-Porque puedo-

Sirius lanzó la cabeza hacia atrás, como si le hubiera golpeado. Su madre abrió los ojos aterrada, mientras su padre, aquél a quien tanto amaba, la miraba con horror. Clavo las uñas en las palmas de sus manos, tratando de controlarse, y mientras recuperaba su máscara impasible, agradeció una vez más al Sombrero el haber sido Slytherin.

-Es necesario. Solamente piensen en cómo se ha llenado el mundo mágico de sangres sucias y traidores a la sangre… piensen en lo que pasará si permitimos que esa escoria siga adueñándose de lo que nos pertenece…-los observó con desdén- somos sangre limpia, ninguno de ellos merece siquiera rozar la suela de nuestros zapatos, deberían estar muertos…-

Ni siquiera había terminado de decir la última palabra, cuando sintió su mejilla arder. Su cabeza había dado un giro violento, mientras su cuello crujía espantosamente. Se quedo extrañamente quieta, sin poder moverse. La mejilla le escocía como el infierno, pero dentro de su pecho, su corazón se había roto en pedazos.

Sirius la observaba iracundo y a la vez incrédulo, pues era la primera vez que reaccionaba de esa manera frente a alguna mujer, y aún más grave, había golpeado a su hija. Vanya se tapaba la boca, ahogando un gemido, y Theodore, Theodore se interpuso entre su mujer y su suegro, con los ojos llameantes de furia y la varita fuertemente apretada entre sus dedos, apuntando al padre de su esposa en el pecho.

-¡Ni siquiera lo intente de nuevo!-siseó- ¡No lo mato solamente porque es el padre de mi esposa, pero sépase que no voy a tolerar que le ponga una mano encima de nuevo!-

Sirius los observó confundido, los ojos grises llenos de culpa y remordimiento. Quiso acercarse a ella, pero Theodore clavó la punta de su varita en su pecho, impidiéndole que se acercara. Altair volteó la cabeza nuevamente, sonriéndole sarcásticamente.

-¡Vaya, Gryffindor tenía que ser!-dijo, caminando hasta colocarse detrás de Theodore- que se puede esperar de un traidor a la sangre, si su propia familia lo despreció por no estar a la altura…-dijo, arrastrando las palabras igual que Draco.

Sirius la miró como si no la conociera, profundamente dolido por sus palabras y sintiendose culpable por haber perdido los estribos de esa manera. Tomó a su esposa de la mano y con una última mirada entristecida, caminaron hacia la salida sin voltear. Cuando hubieron desaparecido de su vista, Theodore apenas tuvo tiempo de tomarla entre sus brazos, evitando que se derrumbara de dolor. Beso tiernamente su mejilla enrojecida, mientras le susurraba palabras de aliento. Altair sentía que no podría volver a respirar hasta que recuperara a sus padres.

-No es justo…-dijo entre sollozos.

-No… pero es necesario…-dijo Theodore, estrechándola mas fuerte contra su cuerpo.

Después de un rato, cuando ella se hubo serenado lo suficiente, volvieron a su sala común, encerrándose en sus habitaciones. Altair se dejó caer en la cama, profundamente angustiada y dolida, pero apenas Theodore se había sentado junto a ella, la chica atacó sus labios, tratando de olvidar el dolor que sentía entre sus brazos.

-No Altair… no es momento…-dijo Theodore, tratando de controlarse, pues sabía que ella estaba mal.

-Por favor, lo necesito… necesito olvidar por un momento…por favor…-

Theodore la tomo entre sus brazos, besándola con ganas, tratando de hacerle olvidar lo que había vivido, el dolor de haberles hecho daño a sus padres. Altair se sumergió en sus besos, mientras poco a poco, iba olvidando lo sucedido, aunque fuera por poco tiempo…

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La cabeza le dolía como si cientos de duendecillos de Cornualles la hubieran tomado como su vivienda, le zumbaban los oídos y sentía el cuerpo tan cansado, que los ojos le pesaban y se cerraban irremediablemente. Había perdido las primeras dos clases, pero a pesar de que Theodore la había animado a levantarse, se había negado en redondo y había permanecido en cama. Más temprano se había levantado con el estómago revuelto, producto tal vez de alguna comida que le había caído mal. Y ahora se encontraba tendida contra el retrete, eliminando de su estómago todo rastro de alimento consumido con anterioridad.

Unas suaves manos masajearon su espalda, recogiendo su cabello para evitar manchárselo de vómito, mientras le alcanzaban un pañuelo, seguido de un vaso con agua. Se limpió los labios y enjuagó su boca, sintiendose un poco mejor. Se puso de pie con lentitud, clavando sus ojos grises en su reflejo, devuelto por el espejo frente a ella. El cabello de su frente y sienes se encontraba pegado a la piel, producto del sudor, sus ojos estaban enrojecidos por el esfuerzo de vomitar, y sus labios, otrora rojos como fresas, se encontraban un poco pálidos. Sus ojos tropezaron con las pálidas orbes de Clarisse, quien la miraba alarmada por entre el espejo.

Le ayudo a caminar hasta amplia cama, mientras apartaba las sábanas, dejándose caer. Clarisse la arropó como una niña pequeña, mirándola profundamente preocupada.

-¿Cómo te sientes?-

-Como me veo-

-Ya… te he te he traído los apuntes de Runas y Transformaciones…-

-Gracias… déjame… accio bolsa…-dijo.

Pero la bolsa con sus útiles no se movió. Altair frunció el ceño, contrariada, mientras Clarisse la observaba confundida. Trató de atraer sus cosas nuevamente, pero fue como si no hubiera convocado nada.

-¿Qué demonios…?-

-Déjalo… tal vez es porque estas enferma que…-

-No-

-¿Cómo?-

-No, yo no… nunca me he enfermado… ¡Bendito Salazar!-gimió poniéndose de pie lo más rápidamente posible.

-¿Qué pasa?-

-Wingardium LeviosaDiffindoReducto…¡Expelliarmus!...¡Bombarda!-gritó desesperada.

-¡Altair, que te pasa!-gritó Clarisse cada vez más desesperada y asustada.

Altair saltó frenéticamente hacia el armario, buscando su ropa. Se vistió ante la mirada confusa y preocupada de su amiga, y tomándola de la mano, salieron con rapidez de su habitación, atravesando la sala común, ignorando las llamadas de Pansy y Daphne. Salieron hacia los pasillos, atravesando los mismos a toda velocidad, hasta llegar a la blanca puerta de la enfermería. Altair se quedó de pie, muy quieta y callada frente a la puerta, mientras respiraba con dificultad. Clarisse se encontraba recargada contra la pared, tocándose el costado y tratando de llevar oxígeno a sus pulmones. Altair suspiró como si fuera a presentarse ante el mismísimo Lord Oscuro, y penetró la estancia.

El olor a pociones medicinales le envolvió, provocándole náuseas y haciéndole adquirir un horrible tono verdoso. Aspiró varias veces, tratando de contener las arcadas. Clarisse llamó a la enfermera, observando nuevamente preocupada cómo el pálido y cremoso semblante de su amiga se tornaba verduzco. Madame Pomfrey acudió al llamado, alertada por los ruidos, deteniéndose a observarlas.

-¿Sí? ¿Qué se les ofrece chicas?-dijo, observándolas aún más fijamente y con desconfianza.

-Necesito… una poción…-dijo ahogadamente Altair.

-¿Cómo? No comprendo dulzura… ¿Qué es lo que te sucede?-

Altair luchó contra las náuseas una vez más, y susurró lentamente lo que necesitaba.

-Necesito… una poción… embarazo…-dijo, mientras se desvanecía, sintiendo como la negrura de la inconsciencia se la tragaba…

-¡Altair!-

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La luz de la luna se filtraba por las ventanas abiertas, cayendo sobre su pálida tez, confiriéndole un aire etéreo. El hombre la observaba embelesado, tratando de no parpadear siquiera para no perderse de semejante espectáculo. Retiró con delicadeza las finas hebras oscuras que se habían deslizado por su frente, para poder contemplar con mayor claridad su rostro.

Le había dado un susto de muerte. Desde que se habían despertado le había dicho que se sentía mal, pero terca como era, no había querido asistir a la enfermería. Había querido quedarse a cuidarle, pero ella le había echado de la habitación argumentando que era preferible que asistiera a clases y no que las perdiera cuando tal vez era solamente una simple gripe. Le había estado dando vueltas a la idea de salirse de su doble clase de pociones, cuando Clarisse había irrumpido en la misma, con el rostro pálido y sudoroso, y los ojos más asustados que había visto nunca. Se había olvidado que era una Slytherin y ellos nunca perdían los papeles, y eso le alarmó aún más cuando entre los jadeos furiosos de la chica alcanzó a distinguir "Altair" y "enfermería" en la misma frase.

Había salido corriendo como loco sin esperar el permiso de Slughorn, y casi había maldecido a varios alumnos que se cruzaron en su camino, impidiéndole avanzar en su carrera. Se precipitó sobre las blancas puertas, pero apenas había dado unos pasos dentro del recinto, la enfermera le había hecho callar con un gesto duro y seco. Sus ojos habían buscado con frenesí hasta dar con la pálida y menuda figurita, casi desaparecida entre las mantas blancas, con la piel casi del mismo tono. Había escuchado a medias la molesta voz de la enfermera, pero en cuanto había pronunciado la única palabra que le pudo haber importado más que el propio nombre de Altair, se había quedado paralizado.

Y ahora, varias horas después, habiéndose saltado no solamente todas las clases si no la comida y la cena, sus ojos no dejaban de recorrer cada centímetro del menudo cuerpo que se encontraba frente a él. La palabra que había captado su angustiado subconsciente seguía dándole vueltas en la cabeza, calentándole el pecho y haciéndole hincharse de un orgullo y satisfacción que solamente había conocido cuando ella había llegado a su vida. Se sentía como un estúpido Hufflepuff, pero eso en lugar de ser malo, le parecía lo más maravilloso del mundo.

Quería ponerse a gritarle a todo el mundo la abrasadora felicidad que le recorría el cuerpo. Pararse en la torre de Astronomía y gritarle al cielo y al viento que iba a ser padre.

Padre.

A su edad, en medio de la guerra, de la muerte, de la desolación…

La sonrisa se borro de su rostro. Había olvidado por un momento que estaban inmersos en medio de una despiadada guerra. Que sobre sus cabezas pendía una amenaza de muerte. Interrumpió sus pensamientos cuando el cuerpo dormido frente a él se removió en sueños.

-¿Theodore?-

-Sshh, aquí estoy amor…-dijo, sentándose junto a ella y acunándola entre sus brazos.

-Lo siento…-dijo con la voz ahogada, rompiendo a llorar.

-Hey… no… ¿Porqué? Es lo mejor que nos pudo haber pasado…-dijo, levantándole la barbilla y limpiándole las lágrimas con sus grandes manos.

-Si… pero no en este momento…-hipó.

-No, en serio… ya veremos como haremos… pero te prometo, TE JURO, que nada les va a pasar ni a ti ni al bebé…-

-Es que… Theodore… tengo miedo…-

-No… yo estoy aquí, contigo…-

-Lo sé pero… Theodore, ahora soy la mano ejecutora del Lord…. Y hay algo… que no te he dicho aún…-

-…-

-La magia… parece haberse ido de mí…-

-¿Qué…?-

-Tengo miedo…-sollozó nuevamente, enterrando su cabeza en el pecho de su esposo.

Theodore observó al vacío profundamente preocupado. Si eso era cierto, si era cierto… entonces tendría que hacer hasta lo imposible…

-No te preocupes, descansa… yo voy a estar aquí para cuidarte… a ambos…-dijo, dándole un tierno beso en la frente.

Theodore tomó una decisión. No dejaría que nada ni nadie dañara a su mujer ni a su hijo. Haría cualquier cosa para que ambos estuvieran bien, a pesar de si mismo. Sus ojos se iluminaron con una idea, y clavo su mirada en la luna que derramaba sus pálidos rayos sobre ellos, pidiendo una oportunidad para hacer lo correcto…

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Se limpió la sangre de la boca con el dorso de la mano. El hombre frente a sí tenía bastante fuerza, a pesar de su edad. Pero él tenía también una idea en la mente, y la cumpliría aunque la vida le fuera en ello. Se preparó para desviar el hechizo que sabía vendría a continuación, pero los gritos de la rubia mujer detrás de ellos los detuvo en seco.

-¡Sirius, Theodore! ¡Paren ya!-

Sirius retrocedió un paso, con la varita aún levantada frente a sí, observándolo con los ojos grises rezumando odio. Estaba seguro que el Slytherin había corrompido a su "niña", llevándola hacia la oscuridad. Que lejos estaba el de saber la verdad.

-¿Qué es lo que quieres aquí? Habla rápido que no tenemos tu tiempo-graznó el Ex Gryffindor.

-Vengo a hablarles sobre Altair, es… es importante-

-¡No nos interesa, así que vuélvete y lárgate por donde viniste!-gritó Sirius.

-Sirius…-suplicó Vanya.

-¡No! No quiero saber nada de esa…-

-¡Está embarazada!- Theodore siseo con frustración.

Ambos padres lo observaron incrédulos, sin atinar a moverse. Se quedaron en silencio, mismo que el castaño aprovechó para ponerlos al tanto.

-Lo supimos hace dos días. Sé que les dijo muchas cosas horribles, pero necesito que escuchen toda la historia para que sepan que es lo que pasa en realidad con su hija.-

Después de algunos segundos, y varias miradas de súplica por parte de su esposa, el Black finalmente asintió.

-Habla-

La siguiente hora fue una tortura para los padres, escuchando el nivel de osadía y el sacrificio tan grande que su hija había hecho para ayudar a Harry y a todo el mundo mágico. El pecho de Sirius se hincho de orgullo ante la valentía de su hija, toda una Gryffindor, mientras su esposa sollozaba con el alma encogida pensando en todo el horror que su hija había estado soportando.

-Y eso es todo. Altair esta embarazada, de un mes… pero lo más alarmante es que su magia parece… haberse ido a alguna parte. No puede siquiera conjurar su varita, es como si… se hubiera convertido en una Squib-

-No es una Squib-dijo Anaís Valerius, quien llegaba en esos momentos-simplemente se concentró en una parte determinada de su cuerpo-

-¿Cómo?-preguntaron los tres al unísono.

-La magia de Altair no es igual a la nuestra, es mas… concentrada. Es un caso inusual en nuestra familia, pues nunca había nacido ninguna mujer en nuestro clan. Tu padre me habló alguna vez de ello…-

-Pero yo soy la primera mujer nacida Valerius…-dijo Vanya.

-Sí, pero tú no fuiste elegida por la magia Merliniana… ella sí. Ella lleva concentrada dentro de su cuerpo la cepa original de la magia de Merlín… su esencia mágica "reencarnada" si lo quieres llamar así…-

-¿Y entonces? Si es tan poderosa… ¿Adónde fue su magia?- dijo Theodore.

-A su vientre…-dijo Vanya.

-¡Exacto! Su magia esta concentrada en su vientre, protegiendo al pequeño como en una cápsula-agregó la anciana- deberás estar alerta, pues aunque el bebé esta protegido, Altair no lo está…-

Theodore asintió. Iba a ser muy difícil, considerando que Altair era casi la mano derecha del Lord, pero tendría que hacerlo. Un terrible ardor en su brazo le hizo doblarse sobre sí mismo. Las tres personas frente a él se alarmaron, mientras corrían a ayudarlo.

-¡Theodore!-

-¿Es él verdad?-

Theodore asintió con dificultad, pensando en Altair. Tendría que asistir también. Un horrible sentimiento de terror se apoderó de él, pero no se permitió flaquear, luchando hasta contenerlo. Era su mujer, y ahora su hijo, los que necesitaban mas que nadie que estuviera ecuánime. Se puso de pie, ahogando el terrible dolor de su brazo.

-Tengo que irme-dijo en un siseo bajo.

-Theodore… cuídales…-dijo Sirius, apretando con simpatía su hombro.

-Con mi vida-dijo, antes de introducirse en la red Flú y gritar su destino. Tenía que apurarse para ir primero por Altair.

Los tres se miraron con el alma en la boca, terriblemente angustiados por el destino de su hija y nieta, respectivamente. Sirius rugió bajito, mientras caminaba hacia la chimenea, arrodillándose sobre ésta. No permitiría que su familia se perdiera. Haría hasta lo imposible para ayudar a su yerno y a su hija a salir de esta, y después… suspiró rogando a Merlín que le permitiera tener un después…

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El hechizo impactó a escasos centímetros de su cuerpo, frente a la barrera que el propio Theodore había puesto sobre su cuerpo. Observó al hombre frente a sí, completamente aterrorizada, aunque su semblante estuviera tan frío e impasible como siempre. El hombre siseaba a su alrededor, mientras ella sentía las arcadas subir nuevamente a su garganta.

-Me estas fallando Altair…-siseo Voldemort.

-Yo… mi señor…-

-¡No quiero excusas! ¡Te dije que quería a Potter!-

-Lo siento, mi Señor…-dijo, haciendo una reverencia y tragándose el contenido de su desayuno, el cual subía ya por su garganta.

-¿Crees que eso es todo? ¿Qué con eso es suficien…?-

-¡Altair!-

Altair cayó desmadejada a los pies del Lord. El corazón de Draco y Theodore se detuvo un segundo, al pensar que éste la había asesinado. Voldemort la observó a sus pies, descolocado por el hecho.

-¡Levántenla!-siseó furioso.

Draco, quien estaba más cerca, la sostuvo entre sus brazos, buscando signos de vida. Para su alivio, su corazón palpitaba lentamente en su pecho, latidos fuertes y constantes.

-Esta bien, solamente esta desmayada…-

-¿Que tiene?-inquirió Voldemort, sorprendentemente interesado por la salud de la mortífaga.

-Esta enferma-se apresuró a decir Theodore- lleva varios días así-

-¡Llévensela! ¡Severus!-siseó.

-Mi Señor…-murmuró el pocionista.

-Te hago personalmente responsable de lo que le pase…-

El pocionista hizo una silenciosa reverencia y camino hacia la salida. La comitiva integrada por los Malfoy, Snape y Theodore salió por la puerta, Altair entre los brazos de Draco. Voldemort se dejó caer en su sitio, despidiendo con una mano aburrida a los demás mortífagos.

-¡Fuera!-

Bellatrix quiso quedarse, pero con una mirada furiosa de los ojos rojos, salió rápidamente.

-¿Qué es lo que sucede?-siseó Naguini.

-Está enferma…-

-Se pondrá bien…-

-Eso espero… necesito su magia para exterminar a todos los sangre sucia y traidores a la sangre… para acabar con todos los asquerosos muggles…-

-Pero no es solamente su magia, ¿Verdad? También deseas su cuerpo-siseó la serpiente.

-Deseo poseerle… destruirla toda por entera…quiero deshacer su carne, destrozar su mente…-

-Pronto… muy pronto…-siseó la serpiente, enroscándose en torno a su brazo, dejándose acariciar lánguidamente por el hombre…


Bueno, de verdad espero no me maten...

gracias mil por leer...