Capítulo 51
San Valentín
― ¿Cómo me veo? ― Cashmere se dio una vuelta luciendo un body rojo con pedrería.
Hazelle suspiró exageradamente ― Tienes un cuerpo envidiable, lo que te pongas se te va a ver muy bien.
― ¿Qué dices? ― dijo la rubia ― Todas aquí tienen un cuerpo envidiable.
― Sí, ajá. Cariño, después de cuatro hijos, créeme que mi cuerpo no es el mismo que tenía antes.
― ¿Hijos? Yo no tengo ni uno y mira estás caderas ― Seeder se las palmeó.
La morena siempre se quejaba de su cuerpo, pero tenía unas curvas envidiables que siempre robaban las miradas de los hombres por donde pasara.
― Amiga, tienes un cuerpo hermoso. Ya veré cómo quedo yo después de tener a mis bebés ― Effie se puso de lado para que vieran su abultado vientre.
― ¡Por favor! ― exclamó la psicóloga ― Esa panza que tienes tú ahorita, era la que yo tenía a los dos meses de mi embarazo de Posy, una vez que te alivies, estoy segura de que recuperarás tu figura de inmediato.
― Cambiando de tema, ¿ya saben todas lo que harán hoy en la noche? ― les preguntó Cashmere.
― Bueno, yo puedo presumir que por primera vez en todos estos años, Jack y yo saldremos a cenar para festejar San Valentín ― sonrió Hazelle ― Mi marido hizo reservaciones en un restaurante de lujo ― aplaudió emocionada ― La verdad es que Madge es una lindura y se ofreció a cuidar a los niños, aunque dudo que a Gale le haya agradado la idea, yo decidí tomarle la palabra ― se giró hacia la morena ― ¿Tú vas a volver a ir a ese sitio de citas a ciegas al que fuiste el año pasado?
― ¡Nooo! ― gritó Cashmere ― ¿Fuiste a uno de esos lugares? No sabía que lo tenías en ti, tienes que contarme todo. ¡Qué chica tan atrevida!
― Créeme que no fue por eso, solo se trató de una apuesta que hice con Chaff, y ambos fuimos a ese lugar.
― ¿Y? ¡Cuenta!
― ¡Creo que jamás en mi vida había visto gente tan rara y fea!
Todas rieron.
― Lo juro, y saben que yo no me considero la belleza andando. La dinámica consiste en que se van rolando mesa por mesa todos los caballeros, y bueno, en resumidas cuentas, el primero que se sentó conmigo cuando se agachó para saludarme, se le cayó el peluquín que traía, el segundo no dejaba de hurgarse la nariz y recuerdo que el último escupía tanto al hablar, que te juro que tuve que ponerme mis gafas de sol para que no me salpicara los ojos.
De nuevo, todas rieron.
― Sí, la verdad ni para qué pierdas el tiempo si al final de la noche siempre terminas bajo las sábanas con Chaff ― comentó Effie.
― ¿Todavía siguen con lo mismo? ― preguntó la hermana de Gloss.
― ¡Por favor! Es el cuento de nunca acabar con estos dos ― Hazelle se inclinó para tomar su taza de café de la mesa de centro de la sala de la tienda rosa.
Seeder se encogió de hombros ― De todas formas, no me gusta salir en esta fecha, todos los lugares están atascados de gente.
― Así que, en su lugar, te quedarás con Chaff haciendo… ― levantó una ceja Effie.
― ¡Nada! Solo me invitó unas copas en su casa.
― Ajá ― dijeron todas.
― ¡Ya! ― levantó las manos la veterinaria ― Piensen lo que quieran.
― ¿Y tú qué vas a hacer Cash? ― le preguntó Hazelle.
― Voy a ir a club nocturno a bailar con Gloss ― se giró hacia Effie ― Faltas tú, amiga. Cuéntanos todo lo que planeaste para esta velada, y por favor no omitas los detalles sucios.
Ella rio ― Este año nos quedaremos en casa.
― ¿En serio? ― frunció el ceño la psicóloga ― Pero tú siempre sales.
No podía contarles la verdad, que Haymitch estaba preocupado y no quería salir.
― Hoy vamos a tener dos funciones y ya vieron que están vendidos prácticamente todos los boletos, y eso sin contar con la cantidad de ventas que estamos teniendo y no me puedo separar ni un segundo de la caja. Apuesto a que terminaré muy cansada, así que mejor haremos algo aquí en la casa.
― Y… ― presionó Seeder.
― No lo sé, estaba pensando en jugar a algo.
― Uy, ¿del tipo de juegos que te va dejando sin ropa?
Effie se puso las manos en la cadera ― ¿Es el día, o andan todas hoy con la mente muy sucia?
De nuevo todas rieron, era bueno relajarse un rato cuendo les esperaba un largo día por delante.
…
…
― ¡Odio San Valentín! ― Katniss colocó su charola de comida en la mesa y se sentó junto a sus concuñas.
― ¿Cómo puedes decir eso? ¡Yo amo este día!
― Delly, tú amas todos los días del año ― rodó los ojos Johanna ― Yo estoy contigo, descerebrada.
― ¿Por qué son así? Es un día para celebrar el amor.
― ¡Por Dios! Solo es un día fruto de la mercadotecnia para hacer gastar dinero a las personas. Es una fiesta en honor al consumismo.
― Katniss, no puedes decir eso. A Peeta le encanta esta fecha.
Ella dejó caer la cabeza hacia el frente ― Lo sé ― se quejó.
― ¿Le compraste algo? Porque estoy segura de que te llenará de regalos.
― Le dije que no quería que me comprara nada, pero nunca me hace caso, así que … ― se encogió de hombros ― Tuve que comprarle algo.
― ¿En serio? ― preguntó sorprendida Johanna.
― Tuve que hacerlo, estoy segura de que me regalará algo, todos los meses lo hace y a mí se me sigue olvidando cuándo cumplimos meses de novios.
― Bueno, en ese caso espero que haya sido un conjunto de lencería sexy o algo así ― levantó la ceja la domadora.
― Peeta no usa lencería.
― ¡Dah! Para ti idiota, no para él, para que tú seas su regalo.
― Le compre una playera del equipo de soccer que le gusta ― se llevó un pedazo de pan a la boca. Pero lo cierto era que si se había comprado un conjunto sexy de sostén y pantys.
― Y tú Jo, ¿le compraste algo a Bannock? ― pregunto Delly.
― No, él sí sabe lo que opino de esta fecha.
― Sí, pero bien que disfrutas de las flores que te regala cada año.
La domadora se llevó el vaso de agua a los labios, pero lo hizo para esconder su sonrisa ― Solo lo hace porque todo el mundo lo hace ― aunque la verdad, le encantaban los detalles que el mayor de los Mellark siempre tenía con ella, buscando todo el tiempo hacerla sentir especial.
― ¿Y qué vas a regalar tú, Delly? ― preguntó solo porque estaba segura de que la rubia se moría por contarles.
― Le envolví siete regalos y se los acomodé en forma de pirámide.
― No me digas ― la interrumpió Johanna ― ¿Con pequeños corazoncitos recortados por ti?
Katniss quería reír, pero se aguantó y en cambio le dio una patada por debajo de la mesa ― Déjala hablar, Jo.
― Le envolví diferentes regalos: una tarjeta, una taza personalizada con nuestra foto, un mix con nuestras canciones, unas pantuflas, unos pijamas…
― ¡Ya sé! De esos pijamas rojos llenos de corazones ― de nuevo la interrumpió la esposa del mayor de los Mellark.
― Johanna ― Katniss abrió mucho los ojos. Y qué si ella odiaba ese día, estaba claro que a Delly le encantaba, y si era feliz hablando de eso, no pasaba nada por escucharla ― ¿Qué más le vas a dar?
― Aceites para masajes ― se sonrojó.
― ¡Falta uno! Dijiste que eran seis ― le dijo Jo ― Y ahora tengo curiosidad.
― Puede ser que yo si me haya comprado lencería bonita.
― ¡Bien! ― chocó el codo con ella ― ¿Y a dónde te va a llevar nuestro cuñado favorito?
― Hizo una reservación para cenar en el hotel Plaza y rentó una habitación.
― ¡Vaya! Lo has sabido domar y eso que pensé que ese era mi papel aquí.
― Y ustedes, Johanna, ¿van a hacer algo?
― Ya nos queda poco tiempo aquí en el distrito, así que saldremos con mis hermanos. Iremos a cenar al departamento del novio de Matt.
Katniss sonrió, le daba gusto ver a su amiga así de contenta, siempre que hablaba de sus hermanos sonreía.
― Katniss ¿qué van a hacer ustedes?
― Solo sé que iremos a cenar, pero conociendo a Peeta ― volteó sobre su hombro y vio a su novio sirviendo un plato de comida y entregando una galleta en forma de corazón a Wiress ― Probablemente tenga planeado algo más.
La fecha no le emocionaba, pero sí el hecho de estar con él.
…
…
Las funciones de San Valentín fueron especiales. Modificaron un poco las rutinas, todos los vestuarios eran rojos, negros o blancos y las canciones eran de amor. El espectáculo había sido todo un éxito.
Cuando terminaron, todo el mundo corrió para poder cambiarse y continuar con sus planes.
Para Katniss ese día era como cualquier otro, pero Peeta tenía semanas hablando del festejo de San Valentín. Ella hubiera preferido quedarse en casa y hacer una cena tranquila, pero sabía que él merecía mucho más.
Se subió el zíper de su vestido rojo, era de tirante grueso con escote V al frente y en la espalda y falda en A.
― Te queda muy bien el rojo ― le dijo Prim a su lado.
Ella suspiró y volteó a verse una vez más al espejo, y se enderezó el dije de flecha que Peeta le había regalado de navidad que ahora siempre llevaba consigo.
― ¡Quieres relajarte y simplemente disfrutar este día como cualquier persona normal! ¡Es un día que celebra al amor! ― su hermana hizo un corazón en el aire con los brazos.
― Sí, cómo sea.
― No ― la detuvo Prim ― No como sea, quita esa cara larga que traes y en verdad, hermana, compromete a pasarla bien en la velada.
Sonrió, Prim era mucho más romántica que lo que ella jamás sería ― De acuerdo, patito.
Escucharon que tocaron a la puerta.
― Me voy y prometo que seguiré tu consejo ― le dio un beso en la mejilla ― Y más vale que te portes bien.
La rubia rodó los ojos ― Como si no supieras que Gale es peor que su madre, no alejara la vista de nosotros ni por un segundo.
…
…
― Me encanta tu vestido. ¿Te he dicho hoy lo hermosa que te ves? ― le dio un beso en la mejilla, Peeta.
― Solo como cincuenta veces ― después se regañó mentalmente por hacer ese comentario. Había prometido que disfrutaría ese día y la pasaría bien, lo que incluía aceptar de buena manera todas las adulaciones de su novio.
― Depositen por favor todas sus pertenencias aquí ― se acercó a ellos la anfitriona del restaurante.
― ¿Estás seguro de que es buena idea? ― preguntó en voz baja algo desconfiada.
― Este lugar es la sensación y reservé desde hace mucho para traerte esta noche ― le guiñó un ojo su novio.
Se encontraban en un restaurante en el que lo atractivo era que cenarían en completa oscuridad.
― Te va a gustar, se despertarán todos tus sentidos, será toda una aventura sensorial, ya lo verás. Además, dicen que la comida es excelente.
― ¡Pero no vamos a poder ver ni lo que estamos comiendo!
― Es el chiste, bonita ― se acercó y le hizo el cabello para atrás para poder susurrarle en el oído ― Pero podrás olerla, sentir las diferentes texturas en tu boca, los sabores. ¡Vamos, hazlo conmigo!
Esa fue toda la labor de convencimiento que necesito.
Entraron tomados de las manos y tras una segunda puerta, quedaron en completa oscuridad. La anfitriona se encargó de guiarlos hasta su mesa e indicarle su lugar a cada uno. Sabía que no estaban solos, afuera había una gran cantidad de personas esperando entrar y podía escuchar murmullos y los ruidos de la cristalería y cubiertos, pero, aun así, tomó la mano de Peeta sobre la mesa.
― Tranquila. La Katniss que yo conozco no se asusta tan fácil.
― No estoy asustada ― le susurró ― Creo que más bien es la incertidumbre no saber quién está a nuestro alrededor. Este sitio me pone en alerta.
Él se acercó a ella y subió una mano hasta tocarle la mejilla, después la besó. Quería distraerla, y sin duda el truco había funcionado.
― ¿Estás mejor? ― le susurró sobre los labios ― Porque si aún estás nerviosa ― le colocó una mano en la pierna y comenzó a subirla poco a poco.
― ¡Peeta! ― susurró ― Los meseros tienen lentes de visión nocturna, así que ni se te ocurra ― rio.
― Funcionó, ¿no? Al menos ahora estás más relajada.
― Supongo que sí.
Al final, como el trapecista lo había prometido, la cena fue deliciosa. Se había relajado después del primer platillo. Peeta le había pedido que le describiera lo que estaba comiendo y como siempre el complementaba sus comentarios con sus fabulosas descripciones.
Y en todo momento, su novio no dejó de tocarla brevemente, para que, a pesar de su voz, supiera que estaba todo bien, y por supuesto, también la besó en un par de ocasiones más, y fueron besos en los que ella se dejaba llevar, pues a pesar de saber que estaban rodeados de personas, al no poderlos ver, no era como que estuvieran dando todo un espectáculo de demostración pública de afecto.
Nunca se imaginó que una cena a oscuras la podría disfrutar tanto. Salió de ese lugar contenta, no se arrepentía de haber ido ahí.
Peeta pasó un brazo por sus hombros ― ¿Te gustó, bonita?
― Me encantó, el postre estaba muy rico, lo único que lamento de que estuviera a oscuras fue la duda de si no dejé algún trozo de esa tartaleta con helado en el plato.
― Vamos a la casa, allá puedo prepararte otro.
― No sé ― volteó a verlo y sonrió ― Dudo mucho que, si cruzamos la puerta de tu casa, en realidad nos pongamos a comer un postre.
Él se acercó para susurrarle en el oído ― Bueno, en realidad tengo otro tipo de postre en mente.
― ¡Peeta! ― lo empujó ligeramente ― Eres imposible.
― ¿No quieres ir a mi casa?
― No dije eso ― rio.
― Bien, porque me falta darte tu regalo.
― ¡Lo sabía! Te dije que no quería que me regalaras nada.
― Solo es un detalle, lo prometo.
― Está bien, puede que yo también te haya comprado algo.
Él levantó las dos cejas ― ¿No que no creías en San Valentín y el consumismo y no sé qué más?
― Y lo sigo creyendo, pero te conozco, No quería que me dieras algo y tú te quedaras con las manos vacías.
― Entonces vamos de una vez.
Llegaron al circo y Katniss fue por su regalo a la casa antes de ir a la de Peeta.
La casa que normalmente estaba algo desarreglada ahora tenía todo en su lugar. Olía a limpio y aromatizante.
Sobre la mesa de centro de la sala había un arreglo floral. Lo que la hizo sonreír, al menos le iba a dar solo flores, pero debió saberlo mejor.
― Te compre esas flores y espero que también te guste esto ― le tendió una cajita.
Ella apretó los labios.
― No te enojes, te juro que solo es un detalle.
― En ese caso, abre primero el mío, conozco tus detalles y no son nada simples. Un detalle eran las flores y listo.
Se sentaron en el sillón ― Está bien, abriré primero el mío, pero no debiste molestarte.
Rodó los ojos, esa era su frase, pero sonrió al verle el rostro. Peeta era como un niño chiquito con los regalos y siempre se emocionaba.
― ¡La playera nueva de mi equipo! ― exclamó cuando la vio ― ¡Gracias! ― le dio un corto beso en los labios.
― ¿Si te gustó?
― ¡Por supuesto! Los Tritones del distrito Cuatro son los mejores.
Ella sonrió, sabía que Peeta le iba a ese equipo desde que Finnick los acompañó a un partido el primer año que estuvieron en el circo.
― Ahora abre el mío ― le pidió.
Levantó la tapa de la caja y vio una pulsera de plata de dijes. La sacó con cuidado para verla mejor ― Peeta…
― Effie tiene una parecida y siempre me ha gustado mucho. Sé que no te gusta usar mucha joyería ― bajó la mirada al dije que colgaba en su cuello ― Pero éste no tienes que usarlo siempre.
Katniss extendió la pulsera frente a ella para verla ― Tiene un dije de caballo.
― Sí, los ojos son de ónix, como tu caballo favorito ― tomó la pulsera para explicarle el resto de los dijes ― Un arco con una flecha porque sé que disfrutas disparar; una carpa de circo como tu nuevo hogar; un trapecista, ese soy yo; y un corazón, que representa al mío, porque siempre te voy a amar; y se le pueden agregar más.
― ¿Por qué haces esto?
Él frunció el ceño ― ¿Hacer qué? ¿No te gustó? Porque si no…
Le puso un dedo en los labios ― Me gustó mucho, Peeta. Eres muy detallista y siempre haces cosas maravillosas por mí y siento que yo no…
Esta vez fue turno de él de callarla, colocándole también un dedo sobre los labios ― Te amo. Te regalaría el mundo si pudiera hacerlo, aunque después me regañaras por exagerado. Sé que a ti no te llaman la atención todas estas cosas y que festejar un día como hoy… lo hiciste por mí, así que gracias.
Ella le tendió la mano y él le colocó la pulsera.
― Me gustó mucho, gracias ― acarició los dijes ― Siempre piensas en todo.
― En realidad solo pienso en ti ― le sonrió él y la vio con esa mirada tan intensa y cargada de amor, que no pudo más, se abalanzó sobre él y lo besó.
El beso fue largo y profundo. Los hizo jadear.
― Peeta ― habló sobre sus labios cuando se separaron ― Vamos a la recámara.
Él estaba agitado, así que asintió de inmediato con la cabeza, pero estaba segura de que no sabía exactamente lo que ella deseaba, así que lo detuvo con la mano antes de que se pusiera de pie.
― Vamos a hacerlo.
El rubio abrió mucho los ojos ― ¿Estás… ― tragó saliva ― ¿Estás segura?
Ella asintió y lo vio tragar saliva de nuevo antes de que sus ojos se oscurecieran más. Entonces lo tomó de la mano y guio el camino.
…
…
El día había sido agotador, pero les había ido muy bien.
Sae y Hazelle le habían insistido en que se tomara un descanso, quizás debió hacer caso, pero no podía simplemente quedarse sentada mientras todas las demás hacían el trabajo, además faltaban manos.
Entró a la casa, se quitó los zapatos de inmediato y fue a darse una ducha rápida sin lavarse de nuevo el cabello, solo deseaba refrescarse y activarse de nuevo.
Fue una suerte que la comida que ordenó llegara a tiempo. Al menos si no podían ir a cenar a uno de sus restaurantes favoritos de ese distrito, podrían disfrutar de la comida.
Se volvió a colocar maquillaje, pero lo dejó más natural y se puso el vestido nuevo que había comprado hacía dos semanas, pensando precisamente en ese día. Debió esperar más para hacerlo. El vestido no era de embarazo, pero en la tienda le había quedado muy bien, ahora sin embargo se le veía mucho más ajustado del vientre. O los bebés estaban creciendo mucho o su debilidad por los pastelillos que sus chicos Mellark continuaban proveyéndole a diario habían hecho que creciera algunos centímetros.
Sonrió y se puso de lado, adoraba ver su vientre nada plano, y lo bueno es que a Haymitch no le desagradaba, sino todo lo contrario.
Volteó a ver el par de zapatos de tacón que pensaba usar y suspiró. Los amaba, y sabía que sus piernas lucían más esbeltas con ellos puestos, pero en ese momento decidió que permanecería descalza, estaba segura de que no podría dar un paso si se los ponía.
Se pintó los labios rojos y se fue a la sala para terminar de arreglar.
No podían salir de casa, pero eso no significaba que podían tener la celebración perfecta ahí. Encendió algunas velas, preparó el estéreo con música romántica y sacó un juego de mesa que compró que una tienda erótica. Se había propuesto hacer algo diferente y divertido.
Haymitch llegó a la casa casi una hora después, ahora se quedaba personalmente a supervisar que todas las personas ajenas al circo se marcharan al término de las funciones y firmas de autógrafos, aunque para eso había contratado dos agentes de seguridad privada para que vigilaran, no se quedaba tranquilo si no revisaba por el mismo todas las intalaciones.
Cuando abrió a la puerta y la vio, la recorrió con la mirada de arriba abajo. Ella entonces se arrepintió de no haberse puesto los tacones, aunque solo fuera por un momento y después se los quitara, pero su marido se acercó a ella y le dio un beso que la dejó sin aliento.
― Me doy un baño y ahorita regreso, ¿sí?
Ella asintió y se apresuró a la cocina para calentar la cena. Colocó todo al centro cuando estuvo listo y en ese momento unas manos grandes y fuertes que conocía a la perfección la rodearon por la cintura, quedando posadas sobre su vientre.
― Huele bien ― le dio un beso en el cuello.
― Es de Luigis, hablé con el gerente y nos mandaron la comida a domicilio.
― No hablaba de la comida.
Effie sonrió, era bueno verlo de buen humor después de lo preocupado que había estado en días pasados. Sabía que no dormía bien por la cantidad de veces que giraba mientras estaba en la cama y en ocasiones se salía en la madrugada solo para darse una vuelta entre las casas y las carpas.
Tomaron asiento para cenar.
― Nos fue muy bien en las ventas, las dos funciones estuvieron llenas ― dijo ella ― Ojalá y los siguientes distritos fueran igual.
― No estuviste de pie todo el tiempo ¿verdad?
― Las muchachas me acercaron una silla, no te preocupes. Además, Madge y yo nos estuvimos turnando.
― ¡Genial! Las dos embarazadas.
― Exacto, estamos embarazadas, no invalidas. Podemos trabajar, ¿sabes?
― No quiero que te mal pases, princesa.
No le dijo nada al respecto, le gustaba verlo así de preocupado por ella.
― Por cierto, una señora se me acercó y me pidió de favor que te diera su teléfono ― le dijo sin levantar la vista del pollo que estaba cortando.
― ¿Y dónde está, cariño?
― Ja, ja, ja. Muy gracioso, Haymitch. Le dije que eras mi esposo y le pregunté cuál era el asunto por tratar.
― ¿No eras tú la que decía que era válido coquetear un poco para que el público regresara?
― Bueno, quizás cambie de opinión en cuanto a ti concierne.
Terminaron la cena y Effie sacó del refrigerador un tazón de fresas, crema batida y jarabe de chocolate.
― El postre será en la sala.
― Me gusta lo que llevas ahí ― le sonrió. Pero cuando vio el juego que Effie había colocado sobre la mesa de centro, frunció el ceño ― ¿Vamos a jugar Monopoly?
― Sí, pero este es especial. Es la versión erótica.
― ¿Alguien se siente creativa está noche? ― se le acercó para besarle el hombro ― Sabes que soy mejor que tú en este juego, ¿quieres que compre todas las partes de tu cuerpo? Te advierto que, si caes en la cárcel, solo saldrás de ahí hasta que te realice inspección de cavidades y tengas que dar un pago oral.
― Creo que tienes una idea de lo que trata el juego, pero estás equivocado, yo soy mejor que tú.
Iniciaron el juego. Haymitch comenzó a tirar números grandes con los dados y de inmediato se puso a comprar propiedades, pero en lugar de utilizar el poco dinero que otorgaba esta versión del juego, decidió utilizar otra forma de pago, su ropa. Así que ahora se encontraba jugando frente a ella, sentado solo con su ropa interior.
Ella por su parte, decidió utilizar el dinero. Al observar el muy bien formado cuerpo de su esposo, de pronto la hizo sentirse algo insegura. Nunca había tenido problemas para pasear desnuda frente a Haymitch y sabía que él amaba sus nuevas curvas, pero una cosa era desnudarse frente a él en la recámara con poca luz, y otra muy diferente hacerlo ahora en la sala con todas las luces encendidas, aunque se había comprado ropa interior nueva y coqueta, sobre todo porque sus sostenes anteriores ya no le cerraban, ahora simplemente estaba cohibida.
― ¡Listo! ― le palmeó la espalda ― Terminé con el masaje de cinco minutos.
Haymitch movió los hombros ― Espero que vuelvas a caer en esa casilla, eso se sintió muy bien ― tiró los dados y cayó en la casilla del "Hotel de las fantasías", el inmueble más caro del juego ― Quiero comprar este hotel ― se hincó enfrente de donde ella se encontraba sentada en el sillón y comenzó a subirle la falda del vestido.
― ¿Qué haces? ― rio.
― Princesa, tú también eres el banco, y necesito un préstamo para comprarlo ― se inclinó y comenzó a besarle el interior de los muslos.
― ¡Pero tienes dinero!
― Si lo utilizo me quedaré sin nada, y pienso ser el hombre más rico y con más propiedades del juego, además tenías razón, esta versión de Monopoly es mejor, el banco me da facilidades de pago que no puedo dejar pasar. Ahora por favor, solo relájate y déjame trabajar por mi préstamo.
Cedió ¿cómo no hacerlo cuando tenía su esposo con la cabeza entre sus piernas?
Él tomó la orilla de ambos lados de su ropa interior y la arrastró lentamente por sus piernas, sabía lo que estaba haciendo, provocándola para que ella terminara rogándole por más.
― Rojo ― giró la prenda íntima en sus dedos ― Me gusta.
No le dio tiempo a responder, cuando lentamente pasó la lengua por sus pliegues, lo que la hizo gemir de inmediato. Sabía lo que le gustaba, así que se encargó de ponerla al punto del orgasmo de inmediato y entonces paró.
― ¿Qué haces? ¡Sigue!
― No sé, estaba pensando que el préstamo no será suficiente, y probablemente necesite más dinero.
― ¿Es en serio? ― abrió los ojos.
― Lo siento, princesa. Sabes que siempre me gusta ganar en este juego, quiero el doble o nada ― y volvió a pasarle la lengua a lo largo de su abertura.
― Te odio.
Él rio ― Negocios son negocios.
― Quédate con todo el maldito banco, no me importa.
― Siempre es un placer hacer negocios contigo.
Rieron.
Después de eso, Haymitch no la dejó en paz hasta que se quitó el vestido, y tuvo que hacerlo, ya que no le quedaba otra alternativa, él solía ser muy insistente cuando quería.
― Eres hermosa ― le dijo en cuanto la prenda cayó a sus pies.
Ella lo vio en sus ojos, se habían oscurecido más de lujuria.
― ¡Al diablo el juego! ― la tomó de la mano y la llevó a la recámara.
…
…
Cuando terminaron, Effie se sentó y sacó una caja del cajón de la mesita de noche.
― ¡Feliz San Valentín! ― se la dio.
Él de inmediato la abrió y frunció el ceño cuando vio lo que había en su interior ― ¿Un brazalete?
― Es una pulsera de hombre, están de moda, además es de cuero, se ve bien.
― ¿Y esas flamas de oro y la pequeña letra E que tiene grabada?
― Sola se veía muy simple, en cambio con esas flamas le da más vida. Y la E… bueno…
― Me estás marcando como de tu propiedad.
― Dicho así suena feo, solo creí que se veía bien. Además, no necesito marcarte, usas tu anillo de bodas, aunque al parecer es invisible para todas las mujeres que se te acercan.
Él rodó los ojos, pero aún así extendió el brazo para que se lo pusiera y después abrió su propio cajón de mesa del lado de su cama― Cierra los ojos ― le pidió.
Ella volteó a verlo extrañada, pero lo hizo y de pronto sintió el frio de una cadena alrededor de su cuello.
― Ya puedes abrirlos.
Volteó hacia abajo, para ver una larga cadena de la que colgaba una jaula de filigrana plateada. La tomó y está sonó como si tuviera campanillas en su interior.
― ¿Es mi regalo? ― le preguntó.
― Te he hecho regalos antes, no sé porque estás tan sorprendida.
― ¡Quizás sea porque el año pasado me regalaste de San Valentín un baile erótico debido a que olvidaste comprarme algo! ― bajó la vista de nuevo e hizo sonar una vez más el pendiente ― ¿Qué es?
― Tiene varios nombres, me dijeron que se le conoce como llamador de ángeles o la joya del embarazo. Según me explicó la mujer de la tienda, es largo y queda justo sobre el vientre para que más adelante cuando los bebés escuchen los sonidos del exterior, puedan oír esas campanillas, y se supone que cuando nazcan y crezcan, siempre que escuchen ese sonido los hará sentir bien, pues recordaran inconscientemente el sonido de cuando estaban dentro de ti.
Ella sollozó.
― ¡Por Dios, princesa! Si no te gusta, lo cambiamos y listo.
― ¡No! ¡Me encanta! Es solo que es un regalo hermoso ― se volteó y lo besó ― Gracias.
― Me alegra que te haya gustado, ahora esperemos que a Leia y Luke también les guste.
Ella dejó de sonreír ― No voy a llamar así a mis hijos, lo que me recuerda que…
Haymitch se dejó caer de espaldas sobre la cama y se cubrió el rostro con una almohada, empezaba de nuevo la discusión sobre los nombres de los bebés.
Hola!
Espero que les haya gustado el capítulo.
Apuesto que se quedaron las cosas muy interesantes con Peeta y Katniss. ¿Quieren todos los detalles? Ustedes deciden.
Por cierto, a Seeder no me la imagino para nada como la mujer que salió en la película, piensen mejor en alguien como Kenya Moore.
Aprovecho para comentarles que el próximo jueves llegan mis suegros de visita y se quedaran casi una semana aquí, y cómo saldremos de paseo con ellos y dormiremos en otra ciudad, no podré actualizar el próximo viernes. Pero por favor, mándenme muchas buenas vibras, jajaja, las necesitaré.
Muchas gracias por leer la historia y gracias por dejarme sus comentarios: TheOnlyHayffie, SiziGuez, AbyEvilRegal4Ever123, F, Ady Mellark87, Brujita22, BrendaTHG, Ilovehayffie y los guest.
saludos
Marizpe
