Todo lo que reconozcáis (y más) pertenece a J.K. Rowling. El resto ya es cosa de mi imaginación.
¡Bienvenidos a un nuevo capítulo! Ya sabéis que para saciar vuestra curiosidad en información extra, tenéis el blog del fic, para el que también acepto peticiones sobre temas a tratar. Lo encontraréis en siemprequidditchfanfic . blogspot . com . es / (quitando los espacios).
52. Para el recuerdo
Cuando Bruce abrió los ojos, no tenía ni idea de dónde estaba. Y sus últimos recuerdos eran confusos.
Solo veía un techo blanco, con unas luces intensas que le hicieron parpadear varias veces hasta que pudo acostumbrarse a su brillo. Todo olía a limpio, a muy limpio, a un lugar con toneladas de desinfectante; y lo único que oía eran pitidos rítmicos y unas voces inidentificables hablando en murmullos a lo lejos.
Cerró de nuevo los ojos, intentando aclarar su mente. Lo último que conseguía recordar bien era el partido del TIAQ. Recordaba las primeras horas, lo igualado que estaba todo, que Gina le estaba poniendo de los nervios perdiendo el control con demasiada frecuencia… Y después, la bludger. Recordaba que le había dado una bludger, y a partir de allí todo se mezclaba. Estaba seguro de que había seguido jugando, pero no podría decir por cuánto tiempo ni qué había pasado exactamente. Recordaba el dolor… y ver a Elizabeth con la snitch. ¿Había sido suficiente para ganar? Creía que sí, pero no estaba seguro. Todo era demasiado difuso.
Y de lo que había pasado después solo le llegaban imágenes sueltas. Caras irreconocibles a su alrededor, mirándole desde arriba. Voces inentendibles. Estar flotando en el aire. Tumbado en una camilla. Alguien apretándole unas vendas en torno al torso. Luces blancas…
Abrió los ojos otra vez y buscó con la vista algo más aparte del techo, y vio que estaba en una habitación blanca y con pocas decoraciones. Una habitación de hospital. Unas extrañas máquinas lanzaban pitidos a su lado, había un sofá y una mesita en el otro, y en una esquina estaba la puerta… junto a la cual estaba Erika de pie, mirándole fijamente. Cuando esta vio que la había descubierto, dijo:
—¿Puedes oírme? Estamos haciendo turnos para hacerte compañía. No estoy aquí por voluntad propia.
Bruce suspiró, volviendo al mundo real poco a poco. Típico de Erika, recordarle que no tenía ni el más mínimo interés personal en él. Intentó mover los hombros con cuidado, y aunque sintió unas leves molestias en el derecho, no le dolió especialmente. Se palpó por debajo de lo que imaginaba que debía ser una bata de hospital y notó las vendas apretadas fuertemente alrededor del pecho y el hombro, llegando hasta el codo.
—Ya. Entiendo—masculló, pero la voz le salió pastosa. ¿Cuánto tiempo llevaba sin hablar?
Erika pareció notar su incomodidad, y en un inusual alarde de amabilidad, agitó su varita para que la jarra de agua que había sobre la mesita sirviera un vaso lleno y volara hacia él.
—He avisado a los sanadores cuando has empezado a moverte. No deberían tardar en llegar—le informó Erika.
Bruce asintió con la cabeza y se incorporó en la cama para beber. El agua le retiró el nudo de la garganta, y se sintió bastante mejor.
—¿Qué día es?
—Martes. Son las cinco y cuarto de la tarde.
—He estado…
—Inconsciente más de tres días, sí.
¿Tres días? ¿Tanto?
—¿Qué ha pasado?
Erika bufó.
—McCain y Harding llegarán en cuarenta minutos para el turno de las seis. Te lo explicarán mejor ellos.
—Thompson. Ahora—demandó él.
Erika chasqueó la lengua y se acercó a él un poco.
—Te desmayaste justo después de que Hiat atrapara la snitch. Los medimagos evitaron que te cayeras porque ya estaban advertidos de que podía pasar, y te llevaron enseguida a un hospital. Descubrimos que estábamos en Ecuador, por cierto. Te pasaste el resto del sábado y el domingo allí, y ayer por la mañana te trasladaron a Nueva York. Hemos estado haciendo turnos para vigilarte desde entonces, aunque no habías despertado durante más de unos segundos; te tenían sedado a propósito. La lesión ya debería estar curada, aunque quieren examinarte consciente para ver qué secuelas pueden haber quedado.
—¿Ganamos?
Erika le miró como si fuera idiota por preocuparse por eso y no por la lesión.
—Sí, Vaisey, ganamos. Hiciste unas dos horas de juego…—se detuvo por un momento, como si le costara admitir lo que iba a decir a continuación—bastante espectaculares. Después diste el bajón de golpe y fue como si no existieras, pero ya teníamos una ventaja demasiado grande como para que la remontaran, y Elizabeth hizo su parte perfectamente.
Habían ganado. ¡Les habían ganado a los Elegidos! Y eso quería decir que estaban en la final del TIAQ. Por primera vez en la historia. Y no solo por primera vez para los Minotaurs, sino para todo Estados Unidos. No pudo evitar sonreír tontamente, increíblemente feliz porque su esfuerzo había merecido la pena y habían ganado. Seguía sonriendo cuando los sanadores, un hombre y una mujer de mediana edad, entraron en la habitación y se pusieron a examinarle y a hablar con él mientras Erika salía al pasillo.
Erika se despidió rápidamente cuando Alex y Austin llegaron un rato más tarde, y Alex le abrazó con emoción antes de salir corriendo para hacer llamadas y escribir cartas a los demás para avisar de que ya había despertado. Mientras tanto, Austin se sentó junto a él y empezó a relatarle todo lo que había pasado en el partido y que él no recordaba.
—Cuando volviste de que te curaran estuviste impresionante. Alucinante. Es decir, muchas veces has tenido buenos momentos, pero durante esas dos horas parecía que eras un dios del quidditch y que no ibas a poder jugar nunca más en la vida y tenías que enseñarnos todo lo que tenías al resto de los mortales. Incluso le preguntamos a Paul y Emily si no te habían dado nada ilegal, pero nos aseguraron que no. Era un tipo de poción inhibidora de dolor y eso está perfectamente aceptado por las reglas. Pero es que absolutamente nadie podía seguirte el ritmo, fue increíble. Eso duró dos horas y media, llegamos a sacarles cien puntos de ventaja y fue todo gracias a ti… El mejor quidditch que he visto en mi vida. Después de eso te dio el bajón de golpe, Emily nos dijo que fue porque se había acabado el efecto de la poción, y prácticamente desapareciste. Donald te pidió que dejaras el campo, pero no quisiste, y estuviste por ahí dando vueltas y más que nada molestando al buscador de los Elegidos. Temíamos que te diera otra bludger que te tirara, pero te las arreglabas para esquivarlas en el último momento… Contigo fuera de juego, durante una media hora nos remontaron casi todo, pero entonces Elizabeth cogió la snitch y ganamos. Si no hubieras jugado esas dos horas y media, los cazadores de los Elegidos nos habrían marcado lo suficiente como para que la captura de Elizabeth hubiera sido en vano. Así que gracias a ti, estamos en la final. Bruce, la final del TIAQ. Somos el primer equipo de Estados Unidos en la final del TIAQ de toda la historia.
Alex volvió junto a ellos en cuanto acabó de contactar con todos, y entre ella y Austin le contaron todo lo que había pasado después. Los Elegidos habían reclamado que seguro que le habían dado alguna sustancia ilegal para que pudiera jugar así, pero los medimagos neutrales y una breve investigación demostraron que todo había sido perfectamente legal. Todos habían estado preocupados por su estado de salud al finalizar el partido, pero los primeros análisis en el hospital de Ecuador mostraron que solo era agotamiento mezclado con la gravedad de la lesión, pero que debería estar bien con el tratamiento correcto. A su vuelta a Estados Unidos vieron que todo iba bien y que era improbable que le quedaran secuelas graves. Mientras tanto, la sociedad mágica estaba revolucionada: el partido se había retransmitido por el canal mágico de televisión y había sido toda una sensación. Las noticias no dejaban de hablar del hito histórico que suponía llegar a la final, y muchos de los comentarios se centraban en la actuación legendaria de Bruce estando lesionado. Todo el continente estaba preocupado por su evolución en el hospital, y las entradas para la final del TIAQ ya casi se habían agotado. Un sector de la prensa había empezado a pedir que le dieran el premio al Mejor Jugador de la Liga de inmediato, y Alex remarcó ese punto enseñándole el periódico del día; también se comprometió a llevarle todas las noticias en las que le mencionaran cuando le visitara al día siguiente.
Porque como él les contó, los sanadores habían dicho que le querían al menos una noche y un día más en observación. No se apreciaban secuelas, y la curación había ido perfectamente; aunque debería tomarse con calma el quidditch durante las próximas dos semanas, y probablemente sí que iba a sentir algún dolor extra cuando los partidos se alargaran más de un día. Los sacrificios como ese no eran gratuitos.
A las ocho llegó Jason, y aunque no era su turno, también se presentó David Smith. Alex y Austin prometieron volver al día siguiente tras el entrenamiento y Smith intentó convencer a Jason de que se marchara a descansar para su partido con la Selección, pero su compañero insistió en quedarse. Sin embargo, tuvo que dejar que Smith hablara primero con Bruce sobre cómo se encontraba físicamente, y que se desahogara sobre sus sentimientos encontrados entre lo peligroso que había sido seguir jugando lesionado y lo eufórico que estaba porque todo hubiera salido bien. También acabó diciéndole que no entrenaría en lo que quedaba de semana y que la siguiente solo haría recuperación; y que obviamente, no jugaría contra los Crabs el domingo. Bruce no pudo evitar sentirse mal por perderse el partido en el que muy probablemente iban a proclamarse campeones de la Liga, pero tuvo que recordarse que ya había jugado muchos partidos esta temporada. Y aún les quedaban unos cuantos después de los Crabs… incluyendo la final del TIAQ. Cada vez que pensaba en la final del TIAQ, solo podía desear que ya llegara mayo.
—Lily me ha preguntado por ti. Ella y los demás están preocupados—le contó Jason cuando por fin Smith acabó de hablar y les dejó solos—. Quería venir de inmediato, pero como yo iré allí la semana que viene durante nuestra jornada libre… Además, le dije que estabas estable y que no corrías peligro. En cuanto Alex me ha avisado antes le he escrito diciendo que todo estaba bien.
Bruce asintió, cansado. Puede que físicamente estuviera bien, pero desde que había despertado no había dejado de recibir información, y todo empezaba a ser agotador. Llevaba tres días durmiendo, pero ya necesitaba descansar de nuevo.
—Nadie me ha dicho quién ganó la otra semifinal—recordó de golpe, y Jason sonrió.
—Los Stonewall Stormers. Les dieron una paliza a los Ventos, me temo. Será la primera final del TIAQ norteamericana de la historia.
—¿Nunca ha habido un Canadá-México?
—Curiosamente no. Los dos países tienen equipos que han llegado a la final varias veces, pero nunca a la vez.
—Los Stormers querrán venganza por la final que perdieron hace dos años—comentó Bruce.
—Y nosotros querremos acabar de hacer historia a lo grande—replicó Jason.
Cuando Jason se marchó se quedó dormido de inmediato, y siguió durmiendo hasta muy avanzada la mañana siguiente, cuando los sanadores le despertaron para hacerle unas pruebas físicas y comprobar que todo estaba correctamente. Comió ávidamente todo lo que le sirvieron, en un intento de recuperar fuerzas, y cuando estaba acabando de comer Elizabeth llegó acompañada del pequeño Marvin.
—Se han equivocado y me han mandado primero a tu habitación de regalos. Menuda colección tienes allí—le saludó la mujer alegremente.
—¿Habitación de regalos?—repitió él, extrañado.
Por lo visto, había recibido tantos regalos y tarjetas de recuperación y de felicitación que no habían cabido en su propia habitación y lo habían almacenado todo en otro cuarto vacío, un poco más allá en el pasillo, pero nadie se había acordado de comentárselo. Junto a Elizabeth leyó varios montones de tarjetas, pero se cansó al ver que todas se repetían; y ante la sugerencia de su compañera de hacer algo con todos los regalos que había recibido (globos, peluches, dulces, chocolate, fotografías, plantas, objetos decorativos extraños…), decidió repartirlo al resto de residentes del hospital. Siguiendo a Elizabeth, empezaron por la planta infantil, y luego pasaron por el área de largas estancias antes de recorrer las demás zonas; también les dieron cosas a todos los trabajadores del hospital que encontraron, sobre todo comida. Un sanador le riñó porque debería estar reposando, pero otro (encantado con la barra de chocolate que le había tocado) convino en que pasear y saludar gente era una actividad física aceptable, teniendo en cuenta que las pruebas matinales habían ido bien.
Cuando volvieron a la habitación, habiendo acabado su tour por el hospital, se encontraron allí a Alex, Austin, Jeannette y Donald, que lejos de preocuparse por no encontrarles allí, se habían acomodado por la sala mientras escuchaban el partido de Estados Unidos contra Colombia por la radio, que acababa de empezar.
—Juegan Robert y Gina—les informó solícitamente Jeannette mientras ellos también tomaban asiento.
El resto de la tarde fue relajada, y no hicieron mucho mientras escuchaban la narración del partido. Austin y Donald jugaron a cartas, hasta que Donald, Elizabeth y Marvin se marcharon, porque el bebé necesitaba descansar. Para sorpresa de Bruce, poco después de eso Daisy Hopper se apareció en su habitación, enviada por Armory para asegurarse de que se encontraba bien.
—Y en especial, para ver que no te ha quedado ninguna deformación permanente—aclaró Daisy, que tras comprobar con ojo crítico que estaba bien dejó de hacerle caso y se sentó a charlar animadamente con Alex.
Nadie atrapó la snitch en las cuatro horas de partido, y aunque Estados Unidos perdió, solo fue por cincuenta puntos; un resultado que, dentro de lo malo, era lo mejor que les podía pasar. Todavía tenían muchas opciones de estar en el Trofeo América.
Todavía se quedó una noche más en el hospital, a petición de los sanadores, pero se marchó a la mañana siguiente. No le dejaron ni acercarse al estadio, así que se quedó en casa leyendo los periódicos y revistas atrasados, en especial los que hablaban sobre los Minotaurs y el TIAQ. Le llenó de orgullo ver lo bien que hablaban del equipo, y en especial de él, en todos lados; hacía que todo el esfuerzo hubiera merecido la pena.
Cuando consiguió hablar con Jason, le tranquilizó ver que no se había tomado demasiado mal la derrota contra Colombia; sacó muchos papeles y le demostró con muchos cálculos y teorías por qué era optimista con la clasificación en esos momentos, y aunque Bruce no entendió casi nada, fingió que sí.
El viernes tuvo permiso para ver el entrenamiento del resto del equipo desde la grada junto a Smith, que se pasó todo el rato hablando alegremente del partido contra los Crabs, la Liga y los periodistas que llevaban desde el sábado debatiendo las posibilidades de Bruce de ser nombrado Mejor Jugador de la Liga.
—Nunca se lo dan a extranjeros. En parte porque casi no hay extranjeros, pero aún y así, suelen priorizar a los nacionales. Mira a González, lleva muchos años a un gran nivel y siempre se lo han dado a alguien más—monologaba Smith, solo preocupándose de que Bruce asintiera de vez en cuando—. Ningún extranjero se lo ha llevado desde Klaus Brüning, y de eso hace ya tanto tiempo… Pero tú estás destacando por encima de cualquier otro. Incluso Gina. Y con Elizabeth sin competir ya, creo que tienes muchas posibilidades de que te lo acaben dando, a pesar de todo…
Bruce quería que le dieran el premio, pero por cómo estaba hablando Smith de él, parecía que el director deportivo lo deseaba más que él mismo.
A pesar de que había tenido días para mentalizarse de que no iba a jugar el domingo, cuando sus compañeros se elevaron en el cielo para el partido Bruce no pudo evitar sentir envidia. El estadio de los Miami Crabs, ubicado en una isla inmarcable y con sus vistas de playas y mar en todas direcciones, era el más bonito de toda la Liga. Era un escenario fantástico para jugar a quidditch, y todavía más para proclamarse campeones.
Pero en lugar de jugar, tomó asiento en la tribuna del equipo, acompañado de Jason, Gina y Elizabeth, que había accedido a dejar a Marvin en casa por ese día. El tiempo era bueno y el ambiente espectacular: no era el estadio más grande, pero estaba a reventar de gente, y mucha de ella vestida con los colores de los Minotaurs. Y había más pancartas dedicadas a ellos que nunca.
"MINOTAURS CAMPEONES" era la más repetida. También había muchísimas dedicadas a jugadores en concreto, y en especial a él: "VAISEY GANADOR", "VAISEY MEJOR JUGADOR DE LA HISTORIA" o "VAISEY MI HÉROE" eran solo algunos ejemplos, pero había muchas más con mensajes más elaborados. Había una que le llamó la atención, ya que era una trabajada poesía que le mencionaba a él, bludgers, lesiones y goles, de la que Jason se rio durante un buen rato, admirando la imaginación del fan, y la comparó con las que le nombraban a él, también muchas pero también más sencillas.
Cuando el partido comenzó se les unieron Johnson y el resto de gente, y dejaron de prestar atención a todo lo demás… Pero el partido en sí no tuvo mucha historia: los Miami Crabs eran de los peores de la Liga, solo por encima de los equipos de novatos. La snitch tardó tres horas en aparecer, y en ese tiempo Fiona, Alex y Jeannette habían marcado veinte goles; Erika atrapó la pelotita dorada sin oposición, y el partido se acabó.
Veinticuatro victorias en veinticuatro partidos. Ni los All-Stars ni nadie podían alcanzarles ya. Eran ganadores de la Liga. Y no podía estar más feliz.
Tras abrazarse a Jason, que gritaba de alegría, miró de reojo a Smith, que asintió con la cabeza dándoles permiso para coger las escobas de repuesto del fondo de la cabina e ir a reunirse con el resto de sus compañeros sobre el césped. A la carrera, los dos chicos se apresuraron a salir volando, seguidos muy de cerca por Elizabeth y Gina. Cuando por fin todos se juntaron en el centro del campo, se unieron en un abrazo colectivo entre risas, lágrimas y los aplausos y vítores del público. Habían ganado la Liga, y no había una mejor sensación en el mundo.
—¡Vaisey! ¿Cómo te encuentras de tu lesión?
—Bruce, ¿puedes hablarnos de cómo viviste el partido contra los Elegidos?
—¿Qué opinas sobre los rumores que te colocan como posible ganador del premio al Mejor Jugador?
—¿Volverás a jugar en la Liga o te vas a reservar para la final del TIAQ?
—¿Cuál es tu opinión sobre la trayectoria de los Minotaurs esta temporada?
—¿Crees que una temporada como esta se puede volver a repetir?
—¿Te imaginabas hace unos meses ser capaz de romper todos los récords y llevar a los Minotaurs a la final del TIAQ?
—¿Cómo vais a afrontar los partidos de Liga que os quedan?
—¿Cuál es tu próximo reto?
Entre la celebración sobre el campo y la que habían hecho en el vestuario, habían tardado mucho más de lo normal en salir. Pero eso a los periodistas no les había importado, y había más que nunca esperándoles. Bruce intentó contestar todas las preguntas con tranquilidad, todavía sintiéndose exultante tras el partido. Además, teniendo en cuenta que no había podido hablar tras jugar contra los Elegidos, tenía todavía más preguntas que responder, pero lo hizo de buena gana porque Melissa Cooper no estaba a la vista. Aún y así, los reporteros parecían no acabar nunca, y al final David Smith tuvo que intervenir para llevárselo del pasillo.
Y como el entrenador les había dado el lunes libre como recompensa, unas horas más tarde todo el equipo se reunió en uno de sus pubs muggles favoritos para seguir celebrando hasta bien entrada la noche. Todos estaban en una nube de felicidad de la que no querían bajar nunca.
Pero tuvieron que bajarse de la nube; o al menos, la resaca de la mañana siguiente lo hizo para la gran mayoría de los jugadores. En el piso de Bruce, hacia mediodía todos consiguieron reunirse en el salón, cada uno con una taza llena de poción anti resaca en las manos. Jim, que se les había unido en algún momento de la noche, también estaba allí junto a Alex, con su taza correspondiente; pero todos estaban tan agotados que nadie hizo bromas al respecto. Austin, borracho como una cuba, les había confesado durante la fiesta que esas tardes en las que desaparecía sin dar explicación eran porque había estado viéndose con una chica muggle que le gustaba de verdad; pero también estaban demasiado cansados para hablar de ello.
En cambio, vieron la televisión, leyeron el periódico, comieron y jugaron al ajedrez durante todo el día mientras se recuperaban. Ya habían recibido un montón de cartas de felicitación por ganar la Liga, así que también las fueron leyendo todas a lo largo del día. Al atardecer Alex sugirió ir a dar un paseo para estirar las piernas, pero nadie le hizo caso; aunque al final a Jim no le quedó más remedio que acompañarla. Poco después de eso, Jason recordó lo que había dicho Austin sobre la chica muggle, y Bruce y él le presionaron para que contara más.
—Se llama Veronica—acabó explicando Austin, derrotado y sin muchas fuerzas para resistirse—. Tiene mi edad y estudia en la universidad. Es muy lista. No del tipo de inteligencia de estudiar mucho, que también lo es, pero a nivel personal… Es capaz de mirarte y saber qué hay de verdad en tu cabeza.
—¿Seguro que no es bruja? Eso puede ser legeremancia—sugirió Jason.
—Como Gina—añadió Bruce, pero Austin negó.
—No, no lo es. Lo he comprobado. Simplemente es muy observadora. Te mira y sabe la verdad, como si pudiera ver tu alma o algo así. Es increíble… y también muy buena en la cama, por cierto.
Bruce y Jason no quisieron saber nada más.
El resto de la semana fue completamente pasada por agua: apenas dejó de llover, aunque la intensidad iba variando constantemente. Bruce volvió a los entrenamientos con el resto de sus compañeros, pero entre la lluvia y que ese fin de semana era su jornada libre (y que él todavía estaba en recuperación), Johnson casi no les exigió nada. Como ya había hecho en la primera parte de la temporada, incluso les dio el viernes libre, lo que muchos aprovecharon para tomarse unas pequeñas vacaciones. En el piso, Jason se fue a Inglaterra (esa vez se acordó de qué día era y de a qué hora salía su traslador sin problemas), Alex se marchó a pasar el fin de semana con una amiga de Chicago y Austin se quedó en Nueva York con Bruce, aunque no pasó mucho rato en casa. Bruce, por su parte, aprovechó el tiempo a solas, dedicándose a leer los libros que llevaba atrasados, preparando bocetos para su cuaderno que Jeannette pudiera entender fácilmente, diseñando algunas jugadas nuevas y contestando a las cartas de sus amigos que protestaban porque cada vez tardaba más tiempo en responder y a las de la gente que le felicitaba por ganar la Liga. Daisy también le había escrito, informándole de que cuando acabara la temporada iba a tener que enfrentarse a unas cuantas entrevistas más a cuenta de Armory, pero le aseguró que no iba a ser nada comparado con lo que ya había pasado. Había tenido la intención de ir a ver el partido de quodpot de los New York Lions, como hacía cuando tenía tiempo, pero el diluvio que no cesó tampoco en todo el fin de semana le quitó las ganas.
—Tengo una estupenda noticia para todos—les informó alegremente David Smith el lunes por la mañana.
Como cualquier lunes por la mañana, a nadie le apetecía estar entrenando a esas horas; mucho menos teniendo en cuenta que, aunque la lluvia les había dado una tregua, todo estaba empapado y la humedad flotaba en el aire, y eso sin contar que casi todos se habían pasado el fin de semana de vacaciones. Pero Smith estaba más exultante de lo normal.
—La fiesta de Fin de Temporada de la Liga se va a retrasar una semana—acabó diciendo tras unos segundos de expectación—. En lugar de ser el viernes posterior al fin de la Liga, será dos viernes más tarde… Lo que significa que no va a ser la noche antes de la final del TIAQ. Por lo tanto, podremos estar a tope para ambos eventos. ¡Es una noticia fantástica!
La verdad, sí que lo era, y todos los miembros del equipo lo celebraron con entusiasmo allí mismo. Si no se hubiera cambiado la fecha tradicional, la fiesta habría sido la noche anterior a la final del TIAQ, y eso habría sido un problema para ellos. No habrían podido acudir, o en caso de hacerlo, tendrían que haber ido con mucho cuidado para no pasarse de la raya y estar en perfectas condiciones al día siguiente. Pero retrasando la fecha, el problema desaparecía. Era muy improbable que la final durara una semana, así que no tendrían dificultades para ir todos a la fiesta y celebrar u olvidar las penas, fuera lo que fuera.
—Pero, ¿por qué lo han cambiado?—inquirió Alex con curiosidad—La fiesta de Fin de Temporada es siempre la semana después del final de la temporada. Siempre.
—Bueno, en las ciento cuarenta y nueve ediciones anteriores de la Liga nunca ningún equipo había estado en la final del TIAQ, así que nunca había habido un problema con esa fecha—respondió Smith, una sonrisa de orgullo asomando a sus labios—. Pero ha sucedido por primera vez, y circunstancias excepcionales demandan cambios excepcionales. Hay rumores de que se está preparando algo muy gordo. Al fin y al cabo, es la edición ciento cincuenta de la Liga. Llevan toda la temporada haciéndolo todo a lo grande.
—¿Eso significa todavía más alcohol?—bromeó Robert.
—Entre otras cosas—admitió Smith, pero no les contó más.
Bruce ya habría estado en condiciones de jugar ese domingo, pero como no había necesidad de ello, Johnson le dejó en la grada. Tenía muchas ganas de volver a jugar, pero al fin y al cabo lo entendía; era mejor no arriesgarse. Y los Bears lo estaban haciendo razonablemente bien, iban séptimos en la Liga en esos momentos, pero aún y así no eran rivales para los Minotaurs. Y aunque lo hubieran sido, ya no era importante; solo querían ganar para conseguir acabar la temporada imbatidos, pero era más por orgullo que por otra cosa.
Además, el cumpleaños de Eve había sido hacía apenas unos días. Veintidós años, y un año más que no lo pasaban juntos. Había intentado que no le afectara, pero por mucho que intentara disimularlo, sí que le afectaba. Se imaginaba qué habría hecho para celebrarlo: qué le habría regalado Vicky Frobisher, qué sorpresa le habría preparado Ginny Weasley, qué clase de pastel le habrían dado en el trabajo, qué bromas le habría hecho su hermano Kevin o cómo la habrían despertado sus padres. También se preguntaba si habría algún chico a su lado ese año. Por mucho que le doliera pensarlo, habían decidido seguir adelante con sus vidas por separado; Eve tenía derecho a rehacer la suya con quien quisiera, y hacía bastante que lo suyo con Smith había acabado. Le dolía pensarlo, pero ya que no podía estar él a su lado, quería que si había alguien la estuviera tratando bien; que fuera alguien que valorara a la maravillosa persona que tenía a su lado, alguien que la hiciera feliz.
Intentaba que lo que tenía en la cabeza no le afectara, pero ese fin de semana todavía estaba demasiado reciente y melancólico, y eso influyó en que no protestara mucho la decisión de Johnson de dejarle sin jugar. En unos días, cuando nuevos pensamientos volvieran a poblar su mente, estaría mejor de nuevo.
Al menos, no tendría que preocuparse tampoco por la racha de los Minotaurs: sus compañeros les ganaron a los Bears en cinco horas sin muchas complicaciones. Él, por su parte, tuvo que enfrentarse de nuevo a un montón de periodistas interesándose por su estado de salud, por qué no había jugado, y queriendo saber más opiniones sobre las apuestas que ya corrían sobre el premio al Mejor Jugador de la Liga.
—Ahora mismo estás muy bien posicionado, en las encuestas casi empatado con tu compañera Gina Smith. ¿Pero qué opinas de los otros nombres que están sonando? Andrew Page lleva meses sonando fuerte, y González lleva muchos años siendo un candidato. Con la mala temporada de los Finches parece que Carroll y Nash se quedan fuera, ¿pero crees que es inteligente descartarlos ya? Por no mencionar a tu excompañero Brian Rogers, que ha conseguido llevar a los Giants a una impresionante tercera posición de momento… Y Reinhart también está brillando, ¿no crees? ¿O considerarías también para el premio a un guardián como tu compañero Jason Lane?
Bruce no sabía qué contestar a esas preguntas, de modo que salió del paso como pudo y escapó tan rápido como le fue posible. Las elucubraciones y la adivinación prefería dejárselas a otros.
La siguiente semana no había ningún partido de la Liga Estadounidense de Quidditch, pero sí que había un partido de la Selección el miércoles, contra Haití. Teniendo ambas cosas en cuenta el entrenador no les presionó demasiado, pero Bruce ya se estaba cansando de tomarse las cosas con calma: llevaba más de veinte días sin jugar y con todo el mundo tratándole como si se fuera a romper, cuando él ya se encontraba mucho mejor. Por eso volvió a sus entrenamientos vespertinos, y aprovechó para practicar jugadas a las que no le había prestado mucha atención hasta ese entonces. Aún tenía muchas cosas que aprender, y aún podía mostrarle mucho a Estados Unidos antes de marcharse.
Estados Unidos le ganó a Haití, con captura de snitch incluida apenas unos minutos antes de que se cumplieran las cuatro horas de partido, lo que dejó a todo el país eufórico: según había entendido Bruce, eso significaba que Estados Unidos se clasificaría para el Trofeo América a menos que perdieran el próximo partido contra Perú por más de trescientos puntos. Eso era posible, pero bastante improbable en cuatro horas, por lo que la gente estaba satisfecha. Jason había jugado en el partido, por lo que cuando regresó a casa esa noche, Bruce, Alex y Austin escucharon atentamente todo lo que les contó sobre el encuentro.
Ese fin de semana Bruce aprovechó que el tiempo fue excelente para hacer actividades al aire libre: corrió por el parque, paseó por Nueva York y hasta se desapareció hasta Salem, donde estuvo dando vueltas por el pueblo mágico examinando las tiendas. No se esperaba ver uno de sus pósteres a todo tamaño ahí, pero una vez que lo descubrió en el escaparate de una de las tiendas más grandes de moda se dijo que no debería haberse sorprendido; en la Avenida Cero todavía colgaba el cartel enorme con su fotografía. Se puso la gorra de los New York Knicks y las gafas de sol poco después de eso, pero aún y así bastante gente le reconoció. Al menos, le alivió que la mayoría le saludaran con algo parecido a "Oye, eres Vaisey, el de los Minotaurs, ¿verdad?", y que no tuviera nada que ver con Armory. Charló con algunos aficionados que le pararon por la calle, firmó algunos autógrafos y se hizo alguna fotografía, y tras eso volvió a Nueva York.
Alex se había ido a visitar a su familia ese fin de semana, y Austin estaba desaparecido, presuntamente con la chica que le gustaba, Veronica. Jason había pasado el fin de semana en Washington visitando a su hermana Amelie, pero fue el primero en volver a Nueva York ese domingo.
—Se casan—le informó apenas unos segundos después de cruzar la puerta. Jason tenía cara de estar medio contento, medio sorprendido—. Amelie y Peter se casan. Se lo pidió la semana pasada y dijo que sí.
—Pues felicidades. Debían estar muy contentos, ¿no?—respondió Bruce.
Amelie le caía bien; era una versión femenina de Jason, algo más dulce pero también más inteligente. Y cuando había coincidido con Peter también le había parecido buena persona, y estaba claro que se querían. Harían buena pareja.
—Sí, estaban radiantes.
—¿Pero…?
—¿Pero qué?
—Pero tú no lo estás tanto. ¿No estás preparado para que tu hermanita se case?
Jason suspiró, se sentó junto a él en el sofá y se echó hacia atrás en silencio. Se quedó unos segundos así, hasta que su sonrisa se ensanchó un poco más y dijo:
—Sí, supongo que es eso. Me alegro por ellos, pero Amelie me sigue pareciendo tan pequeña… Dice que no se van a apresurar, que hasta el año que viene nada, pero aún y así… Cumple veinticuatro en un par de semanas. Es la séptima de los primos por parte de los Lane, y aún y así, va a ser la primera. Y a mí me sigue pareciendo un bebé.
—Tengo entendido que eso pasa con los hermanos pequeños—intentó simpatizar Bruce.
Jason asintió con la cabeza.
—Si me alegro por ellos, de verdad… Solo que todavía estoy un poco en shock, creo—Jason se quedó callado, y justo después soltó una carcajada—. Oh, cuando la abuela se entere, estará encantada, lleva no sé cuántos años pidiendo que se case alguien. Y cuando se enteren el resto de primos, querrán matarla, sobre todo los más mayores. Ya me imagino la de charlas que nos tocará aguantar sobre cómo es posible que Amelie nos haya pasado delante. Y sobre todo Irina. Ella y Sophie llevan juntas unos ¿siete, ocho años? y la abuela lleva pidiendo boda más de la mitad de ese tiempo.
—Bueno, excepto por Irina, los demás podéis poner la excusa de que no lleváis tanto tiempo juntos como Amelie—comentó Bruce—. Y eso, los que tenéis pareja.
—Que tampoco somos tantos—asintió Jason—. Amelie y Peter llevan juntos unos cuatro años, creo, pero los demás… Solo yo y Cleo tenemos algo formal, y de Cleo apenas sabemos nada mientras esté tan lejos. Mark lleva unos cuantos años que va y viene con una chica que conoce de la universidad, pero nunca ha sido serio. Lo de Alison acabó mal, y desde entonces no ha habido novedades en ese aspecto; Madeleine siempre ha puesto su carrera y sus estudios por delante; y como casi nunca sabemos dónde está exactamente Rudy, sabemos aún menos sobre su vida sentimental. Y Elliott y Grace son muy jóvenes aún.
—Así que en resumen, a quien le va a tocar la peor parte ahora es a Irina.
—Me temo que sí. Pero mientras a ella y Amelie no les dé por empezar a discutir como cuando eran niñas, todo estará bien. De verdad, Bruce, las ves ahora y ni te imaginas los dramas en casa cuando se peleaban por todo…
Por fin, tras más de un mes sin poder jugar a quidditch, Bruce participó en el partido del fin de semana contra los Bundimuns. Estaba tan feliz por ello que salió con más entusiasmo de lo normal, lo que hizo que el partido se decantara rápidamente hacia el lado de los Minotaurs; incluso más rápido de lo que era normal en un partido contra un equipo de novatos. Bruce podía notar la mejora en varios de los jugadores rivales, comparados con el partido que habían jugado meses atrás en diciembre, pero aún y así no fue nada suficiente para plantarles cara. Sin embargo, le gustó ver que una de las mejores de los Bundimuns era Nadia, la amiga de Elliott, el primo de Jason; no sabía cómo lo estaría haciendo Kevin, su otro amigo, porque él se quedó ese partido en las gradas y hubo otro chico joven como guardián. Alcanzaron los ciento cincuenta puntos de diferencia en muy poco tiempo, tras lo cual Bruce se relajó un poco, y un par de horas más tarde Erika atrapó la snitch sin problemas.
Él y Jason hablaron un rato con Nadia tras el partido, quien protestó por la paliza que les habían dado y les felicitó por haber ganado la Liga. La chica también se interesó por el estado de salud de Bruce, a pesar de haber visto ya que se encontraba en perfectas condiciones físicas, y después les informó de que Kevin y ella ya habían comprado entradas para ir a verles a la final del TIAQ. Por último, les confesó que había recibido hacía pocos días una oferta de los Chicago Dugbogs para fichar por su equipo la próxima temporada, y que estaba pensando en decirles que sí.
Ni Jason ni Bruce preguntaron si Kevin había recibido también esa oferta o alguna similar, o cómo aquello podría afectar a su relación. Tenían muchas otras preocupaciones como para añadir aquello a la lista.
A la semana siguiente contra los Yellowstone Knarls no jugó, así que se limitó a ver desde la grada como sus compañeros se encargaban eficientemente del equipo de la cruz rosa. Fue esa tarde de domingo cuando se dio cuenta de que se le estaba acabando el tiempo en Estados Unidos, y de que ya no iba a volver a jugar contra esos equipos que se habían vuelto tan familiares para él. Adiós a los murciélagos del uniforme de los Bats, adiós al amarillo chillón de los Uros, adiós a las modernas líneas diagonales de los All-Stars, adiós a las tradicionales rayas verticales de los Finches y a los elegantes tonos de azul de los Mirages… Puede que solo fueran colores y patrones, pero tenían un significado que iba más allá de eso. Para mucha gente, esos colores eran más que eso: representaban una familia, un sentimiento, algo que iba mucho más allá de lo solamente deportivo. Ese algo que hacía que la gente aguantara todo tipo de condiciones climatológicas para ver a catorce personas sobre una escoba haciendo el tonto alrededor de unos aros y pelotas, ese algo que les hacía permanecer allí durante horas y horas… Ese sentimiento estaba presente alrededor de todo el mundo, pero en cada lugar, en cada equipo, era ligeramente diferente. Y ahí, sentado en las gradas de los Knarls viendo a sus compañeros marcar un gol tras otro, se dio cuenta de lo mucho que iba a echar de menos el ser parte de aquello.
Se iba a ir de los Minotaurs en solo unas semanas, pero los Minotaurs siempre serían parte de él.
El siguiente miércoles era el último partido clasificatorio para el Trofeo América de Estados Unidos. Jugaban contra Perú, y cuando Bruce volvió del entrenamiento con los Minotaurs, estuvo pegado a la radio junto a Alex y Austin escuchando la narración del partido… que fue sorprendentemente corto. El buscador de Perú atrapó la snitch cuando no llevaban ni una hora de juego, convirtiendo el encuentro en el más breve de toda la fase clasificatoria de ese año. Por lo tanto, Perú ganó con un marcador de 20-180 a su favor. Pero como la diferencia había sido de menos de trescientos, era suficiente como para que Estados Unidos reuniera bastante puntuación como para clasificarse también para la competición.
Alex y Austin estaban eufóricos, y cuando Jason volvió a casa, vieron que su emoción no se quedaba atrás. A Bruce no le quedó más remedio que unirse a la alegría colectiva de sus compañeros de piso, y salieron a celebrar al bar muggle más cercano la clasificación, a pesar de que solo era media tarde. Algunos muggles del local se les quedaron mirando con expresión extraña, preguntándose qué hacía esa gente bebiendo con tanta felicidad a esas horas, pero no tardaron en girar la cabeza y volver a sus asuntos. Eso era Nueva York, después de todo. Las situaciones anormales estaban a la orden del día.
Cuando volvieron al piso horas más tarde, tuvieron suerte de encontrarse con las noticias en el canal mágico, que no tardaron en informarles de que todos los partidos de clasificación para el Trofeo América habían acabado y, por lo tanto, ya se sabían todos los países participantes en la fase final. Además de Estados Unidos y Perú, también estaban obviamente Canadá, Argentina y Brasil. México y Venezuela se habían clasificado por muy poco, especialmente los últimos, y Chile había dado la nota clasificándose por sorpresa. Colombia, que nunca faltaba, se había quedado fuera.
Lily llegó de visita el viernes por la tarde, mientras Bruce y sus compañeros estaban comiendo en la cocina tras el entrenamiento; no quería perderse el final de la temporada, y como tenía la mala suerte de que la final del TIAQ coincidía con un fin de semana especialmente intenso en su trabajo, había decidido viajar para el último partido de la Liga. Como era habitual, nada más atravesar la puerta ella y Jason se fundieron en un beso interminable, pero tras eso la joven se dirigió hacia Bruce y le dio un fuerte abrazo que amenazó con partirle algunas costillas.
—Tú, pedazo de idiota—masculló Lily, todavía abrazándole—. Me gustaría saber qué tienes en el lugar en el que debería estar tu cerebro. Solo a un descerebrado se le ocurre seguir jugando un partido estando lesionado como tú estabas. Te pasaste tres días dormido en el hospital. ¡Tres días! ¿Sabes lo preocupada que estaba?
—No había nada de qué preocuparse. Estaba todo controlado—respondió Bruce.
Lily se separó lo suficiente de él para mirarle con incredulidad, y después dirigió su mirada a Jason, que se encogió de hombros.
—Te lo dije, Lils. Para él no ha sido gran cosa.
—Eh, ¿desde cuándo te llama Lils?—inquirió Bruce. Nunca había oído que nadie la llamara así.
—Eso no importa—replicó ella cortantemente—. ¿Sabes lo peligroso que fue eso? ¿Lo mal que podría haber ido? ¿Las secuelas que te podrían haber quedado?
—Sí, Lily, lo sé—suspiró él—. Me lo han dicho ya muchas veces, y ya lo sé todo. Pero todo fue bien. Estoy bien. No hay nada de lo que tengas que preocuparte ya.
—Porque eres un tipo con suerte—bufó Lily—. Cualquier otro en tu lugar… Bueno, ya da igual. No quiero enfadarme. No he venido por eso.
—Menos mal, porque parecía precisamente eso—respondió Bruce, ganándose un golpe en el brazo por parte de Lily.
Había sido amistoso, pero Lily tenía mucha más fuerza de la que aparentaba. Sin embargo, Bruce no se quejó. Supuso que se merecía parte de eso.
—He venido a animaros. Y a ver cómo jugáis ese último partido y todos os aplauden. Y también quiero ver qué le organiza la Liga como despedida a Elizabeth, que tengo curiosidad. Oh, y también tengo cotilleos, Bruce. Muchos. Vas a alucinar cuando te enteres. Hace muchísimo que no sabes nada sobre la gente de Inglaterra.
Lily les dejó acabar de comer, o más bien se sentó con ellos alrededor de la barra a darles conversación mientras ellos comían. Alex estaba encantada de verla de nuevo, y Austin le contó orgullosamente que ahora le gustaba una chica y se estaba portando bien con ella. Cuando acabaron, Lily le arrastró al sofá y, por mucho que él dijera que no necesitaba saber todos los detalles de la vida de todo el mundo, la chica prometió que solo le contaría las cosas relevantes.
—Blaise y Daphne han roto—fue lo primero que le dijo—. Fue a finales de abril. Blaise la abandonó. Cuando lo supimos, Tracey y yo fuimos a visitar a Daphne, y nos enteramos de que eso no era lo más fuerte. Resulta que Daphne está embarazada, desde hace ya tres meses, y Blaise se largó cuando se enteró. El muy idiota le había prometido que siempre estarían juntos, pasara lo que pasara, y entonces va y desaparece.
—¿Greengrass, embarazada?—vale, solo tal vez, eso era más interesante de lo que se había esperado—¿Pero ella y Zabini lo estaban buscando o fue por sorpresa?
—Daphne dice que llevaban desde poco después de la boda contemplando la idea, pero que no habían acabado de ponerse de acuerdo sobre empezar en serio a ir a por el bebé. Pero que no estaba tomando demasiadas precauciones, porque total, por lo visto ambos estaban de acuerdo en que tarde o temprano iban a empezar—Lily se encogió de hombros en ese momento—. Pero se ve que no fue así. Y cuando Blaise lo supo, dijo que no estaba preparado y se largó sin más.
—Joder. ¿Cómo lo está llevando Greengrass?
—Está enfadada. Enfadada consigo misma, con Blaise, con el mundo y con todo. Dice que odia a Blaise por idiota, pero que en el fondo, ella sabía que él nunca iba a estar preparado. Que nunca se ha caracterizado por ser responsable y sensato, y que una boda no iba a cambiar eso—Lily suspiró—. Y creo que tiene razón en las dos cosas, sinceramente. Blaise es un idiota, pero todo el mundo en la boda sabía que así como es él, eso no iba a durar; probablemente Daphne también lo sabía, pero si hay algo con lo que le cuesta admitir la realidad, es con Blaise.
—¿Y qué va a hacer ahora?
—Pues va a seguir adelante. Daphne es dura, y encima tiene a Astoria, a sus primas y a todos los Greengrass a su lado, que no son pocos. Ahora Astoria se pasa casi todo el tiempo con ella, y de hecho estaba allí cuando Tracey y yo fuimos de visita. Y así nos enteramos del segundo gran cotilleo. ¿Recuerdas que hace bastante tiempo que hay rumores de que Malfoy está liado con una Greengrass? Pues bien, la Greengrass en cuestión es Astoria. Y no están solo liados, sino que están juntos oficialmente. Ya han pasado por las presentaciones familiares y todas esas cosas, pero no se dejan ver en público juntos aún. Aunque no me extraña, Malfoy apenas se deja ver en público solo.
—Vaya. No me esperaba que fuera ella, la verdad. Malfoy pega más con Ophelia, o con Gwendolyn. Incluso… ¿cómo se llamaba la más mayor?
—Adelaide—le recordó Lily—. Que ya lleva un tiempo saliendo con Lucian Bole.
—Ah, claro—asintió Bruce, aunque no recordaba en absoluto que la mayor del clan Greengrass estuviera saliendo con el ex bateador de Slytherin—. Pero Astoria es… no sé, tiene algo que la hace diferente de sus hermanas y primas. No me pega.
—Ya, Astoria tiene un toque de consideración y bondad que las demás no tienen—se mostró de acuerdo Lily—. Pero creo que precisamente por eso es ella la que mejor encaja con Malfoy, ¿no crees? Malfoy ha hecho más cosas horribles que la mayoría, pero también lo ha pasado peor que muchos. Si alguien puede lidiar con ello y ayudarle sin hundirse, es Astoria.
Bruce discutió el tema durante un rato con Lily, hasta que llegó a la conclusión de que su amiga tenía razón, como siempre. Aún y así, Draco Malfoy y Astoria Greengrass se le hacían una pareja extraña.
—Y también está lo de Ophelia. No es tan fuerte como el resto de cosas, pero también ha sido bastante impresionante. Lo creas o no, Ophelia se ha buscado un trabajo de verdad.
Bruce alzó una ceja, sorprendido. ¿Una Greengrass con un trabajo real? La gran mayoría de los miembros de las familias mágicas más ricas no trabajaban de verdad: vivían sobradamente de las rentas y de los beneficios de sus grandes negocios. Si eso, de vez en cuando se les podía ver negociando inversiones o moviendo los hilos de varias empresas o bienes. Los mismos Greengrass eran conocidos principalmente por sus negocios relacionados con el arte. Pero conocía a Lily, y sabía que con "trabajo de verdad" no se refería a las fiestas elegantes y a las reuniones para conseguir todavía más dinero.
—¿Qué trabajo se ha buscado? ¿Y por qué?
—¿Te han contado que al final Tracey y Theodore han tenido que contratar a alguien para organizar la boda porque se les estaba acumulando demasiado trabajo?
Bruce negó con la cabeza. Tal vez sí se lo habían dicho, pero no lo recordaba, y era mejor dejar que Lily empezara de cero.
—Pues tuvieron que contratar a una empresa especializada en eventos. Eventos Tofty&Perks, para ser exactos. La llevan Sally-Anne Perks, que iba a mi curso y es la hermana pequeña de Patrice, la que trabaja conmigo, y Maureen Tofty. Maureen iba a tu curso, ¿verdad?
Bruce asintió. Hacía siglos que no se acordaba de Maureen, pero claro que sabía quién era. La chica era una Slytherin de su mismo curso, y la verdad era que era con quién mejor se había llevado de sus compañeros de Casa durante muchos años, pero habían perdido el contacto al salir de Hogwarts. Maureen era lista y ambiciosa, pero no era sangre pura, y eso se notaba en que era más tolerante que la mayoría y más fácil de tratar.
—Pues las dos montaron la empresa poco después de que Maureen saliera de Hogwarts, y se dedican desde entonces a organizar todo tipo de eventos. Lo hacen bastante bien, pero como son nuevas no tienen mucha repercusión, así que hace unos meses Ophelia decidió meterse en el negocio. Y bueno, tú conoces a Ophelia mejor que yo, que por algo es de tu edad. Ophelia trajo consigo un montón de dinero para publicidad, un montón de contactos, un montón de experiencia en eventos formales y un montón de trabajo. Así que aunque parezca mentira, Ophelia Greengrass está trabajando duro, y lo está haciendo de maravilla.
—¿Y por qué? Es decir, me parece perfecto que decida trabajar, pero ¿por qué?
—Porque Ophelia podrá parecer muy tonta y superficial, pero los Greengrass saben aparentar muy bien—repuso Lily—. Será superficial, pero tonta no, y seguro que sabe dividir. En nuestra generación hay seis Greengrass. Y los Greengrass tienen mucho dinero, pero a fuerza de dividir, cada vez va quedando menos. Daphne y Astoria son hijas del mayor, y encima solo son dos, así que a ellas les tocará bastante. Pero la otra familia son cuatro hermanos, y encima del segundo hijo Greengrass… Y es de suponer que la mayoría de la fortuna irá a parar a Adelaide por ser la mayor, o a Isaac, que será el más pequeño de todos pero al fin y al cabo, es el único hombre. Conociendo un poco a Gwendolyn, no tardará en cazar al primer heredero rico que le guste. Así que Ophelia ha visto el panorama, y ha sido suficientemente lista para reclamar ahora el dinero y ayuda de la familia y empezar sus propios negocios mientras no le niegan nada, antes de esperar a que todo el clan empiece a pelearse por los pedazos del imperio.
—No me esperaba que Ophelia fuera a hacer algo así. Pero parece una buena idea.
—Sí. La gente madura y toma decisiones. Incluso Ophelia—y entonces, Lily añadió con nerviosismo—. Y yo también. He decidido que me mudaré a Washington. Empezaré en septiembre.
Bruce levantó las cejas, sorprendido, y cuando Lily se puso roja y miró de reojo a Jason, que les había estado medio escuchando todo el rato desde el sillón de al lado, y su amigo le dedicó una sonrisa enorme, no dudó en abrazarla con fuerza.
—Me alegro mucho por ti, Lily—le dijo al oído—. Me parece fantástico.
—Y será fantástico—asintió ella, y bajó la voz para añadir—. Pero ojalá también fueras a estar tú aquí.
¡Hola de nuevo!
Escribo esto desde algún lugar en el mar entre España y Francia, suficientemente cerca de la costa como para tener internet constante por primera vez en cinco días. ¿Y qué puedo decir? Es como volver atrás en el tiempo y es maravilloso, así que tendréis que disculparme si la frecuencia de publicación vuelve a ser un poco más baja.
Pero volviendo a la historia, ¡Bruce está bien! Un poco machacado, pero sin sufrir repercusiones graves (más allá de ser considerado un héroe). ¡Y por fin los Minotaurs son campeones de Liga! Llevaban ya unos capítulos casi a punto, pero por fin es oficial... Igual que Estados Unidos clasificándose para el Trofeo América, para la felicidad de muchos. Por lo demás, Bruce empieza a darse cuenta de que su tiempo en Nueva York se está acabando... ¡a la vez que el de Lily está a punto de comenzar! Porque por fin, se ha decidido a dar ese paso. Y por si echabais de menos a la gente de Inglaterra, Lily también nos da varias novedades sobre ellos, aunque nos queda muy poco para reencontrarnos con algunos personajes interesantes. Y es que ¡solo queda un capítulo más para acabar la tercera temporada y llegar a las vacaciones de verano!
En fin, que muchas gracias por seguir hasta aquí. Gracias en especial a GabiLime14 por los reviews y a One of the snakes, y recordad que cualquier cosa que queráis decir ¡podéis dejarla en el cuadradito de aquí abajo!
¡Hasta la próxima!
