Ranma ½ no me pertenece.

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Fantasy Fiction Estudios presenta:

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RAGNAROK

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XXXIII

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La saga infinita, capítulo once

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Akane cargaba la bolsa con las compras. Cada paso lo daba con premura y los sentidos los tenía muy alerta. Podía percibir la esencia de cada alma que la rodeaba en la calle y los sentimientos que las embargaban; era una nueva dimensión a la que todavía no podía acostumbrarse del todo. Se sonrojó con una pareja de apasionados enamorados, se asustó al percibir las emociones de angustia de un estresado oficinista y se rio ante los inquietos impulsos de los corazones de los niños que eran como cosquillas en su interior. Se detuvo y suspiró por la tranquilidad que emanaba una pareja de ancianos, siendo contagiada de la intensa nostalgia que ellos sentían al mirar todo lo que los rodeaba. Luego sacudía un poco la cabeza, centraba su propio corazón para no confundirse con las emociones de los demás y seguía caminando con nerviosa prisa. Esta vez estaba preparada, no sería pillada por sorpresa… Hasta que escuchó una voz como si le hubieran hablado casi pegado a su oreja.

—Has practicado tus habilidades.

Se detuvo al momento y la sangre se le heló. Akane podía sentir todavía una metódica respiración pegada a su nuca. Sus sentidos que antes le decía que se encontraba sola en medio de la callejuela, de un momento a otro la alertaron de la repentina aparición Rays muy apegado a ella, aunque su percepción espiritual no le indicaba nada. Rápidamente, por encima del miedo que paralizó su cuerpo, Akane concluyó que las habilidades de ese monstruo seguían siendo muy superior a las de ella. Se negó a girar, temía confirmar la horrible situación de tenerlo apegado a su espalda. Barajó sus posibilidades, pensó en correr pero las piernas no le respondían, porque ahora sí podía sentir una esencia oscura emanando por toda la callejuela, capturándola en un miedo que iba más allá de lo natural. ¿Se trataría acaso de algún hechizo, o tan solo era la esencia oscura del alma de ese maldito ser que la estaba paralizando? Akane era apenas una novata en las artes místicas… Como un destello en su mente recordó rápidamente que Freya la había instruido muy bien sobre las auras que emanan ciertos seres, los que expanden su propio espíritu más allá de los confines físicos de sus cuerpos, y con ello son capaces de disolver la voluntad sin siquiera hablar. Ella había creído en ese entonces que enfrentarse a ese tipo de presencia sería cuestión de fuerza de voluntad, pero ahora comprendía su error al saber que aquello no bastaba para superar tales pruebas.

—Tú… —dijo Akane, tratando de imprimir en su voz la fuerza que flaqueaba en su pecho.

—Te ves hermosa con ese vestido —agregó Rays en un tono provocador.

—¡¿Cómo te atreves a aparecer después de lo que le hiciste a la bisabuela de Shampoo?! —lo retó Akane, sin atreverse siquiera a girar la cabeza para mirarlo, pero ya sabía que estaba ahí, muy apegado a su espalda.

Apenas la chica insinuó la intención de apartarse Rays la detuvo, atrapándola por el brazo como si fuera un viejo amigo, pero en realidad con una fuerza que retuvo incluso a Akane.

—¡Suéltame! —reclamó Akane.

Giró y con la otra mano le dio una fuerte bofetada a la mano de Rays. Recién pudo verlo, vestido con un largo abrigo blanco, pantalones del mismo color y zapatos al juego. El rostro de Rays la dejó paralizada, llevaba unos gruesos lentes de sol que le cubrían casi toda la parte superior del rostro como un antifaz, pero los rasgos del rostro, a excepción del cabello largo y gris que caía suelto por la espalda, eran la copia exacta de Ranma.

Rays se miró la mano enrojecida sin dejar de sonreír.

—Akane, no hagas escenas en público. Soy una persona muy tímida y no me gusta que la gente me mire, realmente no lo tolero, tu comprendes —hizo crujir los dedos lentamente.

—¿Qué quieres?

—Vine a hablar, eso es todo.

—No quiero tratar contigo.

—Tú decides si hablamos por las buenas o después de que haya asesinado a uno o dos transeúntes.

—Eres un…

—Ser paciente y encantador. ¿Me acompañas?

Akane no tenía elección. Después de conocer la historia de Rays sabía perfectamente lo que era capaz de hacer y el sucio juego de tomar de rehén a cualquier inocente la hizo sentir enferma y asustada.

—Muy bien, hablemos.

—No seas tan dura, me gusta más cuando sonríes.

Ella se quedó muda, había tanto de familiar y a la vez distinto en él. Lo tenía que odiar pero la curiosidad pudo más, especialmente después de escucharlo hablar con una voz tan parecida a la de Ranma. Convenciéndose a sí misma de que era lo mejor asintió, pero sin dejar de mirarlo con profundo odio. Él le hizo un gesto con el brazo y ambos comenzaron a caminar uno al lado del otro, parecían un par de amigos normales a los ojos de la gente.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Akane.

—Muy directa.

—No actúes como una persona bondadosa. Asesinaste a Maeda fríamente, no tuviste piedad.

—Ella no era una mujer, era un dragón. Cometió tantos o más crímenes que aquellos por los que pareces despreciarme. Merecía morir.

Akane no respondió, dando la vuelta en una esquina ella giró hacia la derecha y él la siguió.

—¿Por qué asesinaste a la hermana de Cologne?

—Ella me negó algo que me pertenecía.

El rostro de Rays se endureció como la piedra, luego se relajó y volvió a adoptar la sutil sonrisa.

—Eso no lo justifica, podrías habérsela quitado pero la asesinaste fríamente. ¡¿Cómo pudiste hacer eso?!

—Debía pagar por sus pecados —respondió él—. Ah, Akane, me juzgas y no conoces ni la mitad de la historia. Puede que me creas o no, pero ella fue mi aliada. Sí, traicionó a su pueblo, a su madre, robándole aquello que le pedí. Pero cuando debía entregármelo se negó sintiéndose culpable y me traicionó a mí, al hombre que decía amar, sólo por su egoísta deseo de satisfacer a su conciencia herida.

—Mientes.

—No te pido que me creas. Podría habérselo quitado sin hacerle daño, pero dime, ¿viviría ella con la culpa de la muerte de su madre y la de muchas guerreras de su pueblo por su doble traición? La muerte fue un consuelo, un regalo de mi parte.

—Hablas de pecados y castigos, ¿y qué hay de ti?

Akane se detuvo y lo encaró. Los labios de Rays dibujaron una triste sonrisa.

—Llegado el momento pagaré gustoso pero ahora tengo mucho que hacer y no puedo darme el privilegio de morir. ¿Y qué me dices, Akane Tendo, acaso tú ya estás lista para morir?

Ambos estaban detenidos en una pequeña callejuela desierta frente a un lote vacío. La chica retrocedió lentamente mirando a Rays con reparo. El joven hombre guardó una mano en el bolsillo y rio.

—Lo siento, bromeaba —miró entonces despreocupadamente el terreno vacío—. ¿Me trajiste aquí deliberadamente? Eres una chica lista, distraído en el agradable tono de tu voz no me había percatado de que me alejabas del centro de la ciudad y de los pobres humanos inocentes. ¿Qué harás ahora, desafiarme en un duelo que no puedes ganar?

—Dime qué es lo que quieres.

—Quiero… no, mejor dicho necesito a la princesa de los elfos.

—¡No te daré a Iris!

—Tranquila, no la quiero para sacrificarla o algo así, no le haría ningún daño, te lo prometo. Además no deseo hacer nada que te desagrade. Tienes un rostro muy bonito, ya te lo habían dicho, ¿no?

Akane ni siquiera se sonrojó, le devolvió el halago con la mirada más fría que tenía.

—Oh, vamos, esa mirada me lastima. Estoy tratando de ser amable y me esfuerzo, no sabes cuánto, por contenerme —hizo crujir los dedos amenazadoramente.

—¿Para qué la necesitas?

—Eso no tengo porqué decírtelo.

—No importa, de todas formas no te la daré. Iris es mi hija.

—No lo es…

—¡Es mi hija!

La voz de Akane no dio lugar a réplica.

—Bien, supongo que será a mi manera. Va a ser un terrible desperdicio acabar con tu vida.

Rays hundió la mano en el abrigo y desenfundó de un bolsillo oculto la flamante espada Skirr. La luz del sol intensificó la maravillosa hoja divina. Akane sintió temor y a la vez repulsión por tener que enfrentarse otra vez a la hoja que para ella era de Ranma.

—Vamos a ver, Akane, ¿qué sacas con oponerte a mí? Podría llevarme a la niña sin tener que lastimar a nadie. Ahora me obligas a asesinarte a ti, a tu padre, a tus hermanas, a tus amigas y a todo el que sea tan terco como para creer que bastan un montón de bonitos sentimientos para desafiarme. ¿Por qué no ves mi generosidad?

—No voy a perder contra un ser tan despreciable como tú —replicó ella.

—Eso dolió. Ah, bien, no tengo elección. Mientras hablamos Dainn se encuentra a las puertas de tu hogar, dime, ¿crees entonces que podrás protegerlos a todos?

—¿Qué?

Akane quiso correr pero Rays apareció delante de ella como una sombra, entonces la chica dio un paso hacia el otro lado y el hombre volvió a cruzarse.

—No te irás sin que bailes conmigo, Akane. Sería muy descortés de tu parte abandonarme en nuestra primera cita.

—Tú… ¡sí planeabas que Dainn fuera a mi casa desde un principio ¿por qué me dijiste todo esto?!

—Porque quería verte.

—¡Querías…! —Akane se detuvo ahogando su ira, era lógico que lo único que deseaba Rays era que ella no se encontrara en casa cuando llegara el cazador. Era una tonta, una verdadera tonta, si ella era la razón por la que no atacaban entonces al haber dejado la casa era la única culpable de haberlos puesto a todos en peligro—. ¡Déjame ir!

—Nunca. Tu existencia es demasiado preciosa para que sea desperdiciada.

—Mis hermanas, ¡mis hermanas también son descendientes de Narami!

—No vas a conmoverme porque ellas no se parecen a mi Narami tanto como tú. Akane, eres muy astuta al comprender mis motivos, pero no entiendes la verdadera importancia que ella tiene para mi destino.

—Y no me importa, debo volver y será mejor que salgas de mi camino.

—No, no lo harás. La perdí una vez y no sucederá de nuevo. Tranquila, hermosa, todo acabará muy pronto, todo. Cuando realice mis propósitos ni siquiera recordarás tu vida como Akane o a los que perdiste. Tendrás el alma de Narami y entonces serás sólo mía. No puedo dejar que un contenedor tan perfecto como tu cuerpo salga lastimado por una torpeza de mi parte.

—Narami está muerta, no puedes hacer esto.

—Por siglos he buscado la forma de resucitarla, he obtenido cada poder, hecho todos los pactos, realizado las más increíbles transgresiones pidiéndole a Yggdrasil que me devuelva el alma de Narami; pero no, nadie ha escuchado mi voz. Prometí entonces abocar mis energías en destruir a los señores del cielo y cobrar venganza en nombre de mi amada, pero nada de eso me había dado la plena satisfacción hasta que te conocí. Mi dulce Akane, serás Narami, mi Narami, cuando consiga hacerme con el poder para destronar a los dioses, entonces el alma de mi bella Narami me pertenecerá y con tu cuerpo regresará a la vida. Por eso no puedo permitir que salgas lastimada.

—Estás… estás… ¡Estás demente!

—No eres quién para juzgarme, Akane. ¿Acaso tú no has abandonado a «tu hija», a tu familia y a todos a los que les importas, arriesgando tu vida por el sueño de devolver a Ranma a la vida?

Akane se quedó en silencio, comenzó a llorar al darse cuenta de la dolorosa similitud.

—Es cuestión de años solamente antes de que la meta se vuelva tan fuerte que estés dispuesta a cambiar la vida de los menos importantes por conseguir el alma de tu ser amado. No, aún no entiendes la verdadera fuerza de aquella obsesión que los humanos llamamos amor, pero lo entenderás. Te liberaré de la culpa para que no seas como yo, tu alma será libre una vez que reviva a mi amada Narami. Ahora solamente tienes que esperar pacientemente.

—¡Mientes!

—Bien, Akane, cree lo que quieras. Pero a esta hora ya debe ser demasiado tarde, conociendo lo eficiente que puede llegar a ser ese animal de Dainn.

—¡Rugido del león!

Rays dio un ágil paso hacia atrás y una poderosa columna de energía pasó por delante de su cuerpo estallando contra el muro de fondo del terreno.

—Ry… ¿Ryoga? —Akane quedó sorprendida. Más cuando Ukyo corrió por el lado de Ryoga y se cruzó entre Akane y Rays protegiéndola con su espátula.

—Akane, ¿estás bien?

—Sí, sí… pero, ¿qué están haciendo aquí?

—Tenemos que protegerte en nombre de Ranma —le guiñó un ojo—. No nos perdonaría si te pasara algo y no quiero que Ranchan se enfade conmigo.

—Ukyo.

Ryoga también se cruzó delante de ambas chicas y encaró a Rays con furia.

—Tú, quién seas, pagarás por hacer llorar a Akane.

Rays, con una mano en el bolsillo y con la otra sosteniendo la espada con descuido, hizo una mueca de desprecio.

—No me digas.

Akane estaba asustada. No podía dejar de pensar en su casa y en cómo estarían todos allá, pero tampoco podía dejar de temer por la vida de Ukyo y Ryoga, a quienes Rays podría asesinar en cuestión de segundos si ella se descuidaba. ¿Qué hacer? Rogó en su corazón que Ranma estuviera con ella, él seguramente sabría cómo actuar.

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Los seres de cristal se acercaban a los chicos rodeándolos, estrechando centímetro a centímetro el círculo en torno a ellos.

—Maldición, ¿tienes un plan? —preguntó Ranma empuñando la espada con la mirada atenta en sus oponentes.

—Nada aun —se quejó Méril—. ¿Y tú? —Ranma torció los labios y Méril lo notó—. Como siempre, eres de fiar.

—Ya te haré tragar esas palabras —Ranma comenzó a mirar en todas direcciones y supo que por la fuerza nada conseguiría. Entonces recordó las enseñanzas de Freyr y cerró los ojos.

Méril, sintiendo el espíritu de su amigo relajarse, giró la cabeza.

—¿Qué haces?

—Miro —respondió tajante, como no queriendo ser molestado en un desesperado intento por concentrarse.

El hijo de Ull se quedó en silencio un segundo y lo comprendió. Entonces volviendo la cabeza al frente cerró los ojos también. Loki alzó una ceja al ver la calma de los jóvenes y se sintió inquieto. Al no entender qué tramaban se mostró aburrido y dio una orden con un movimiento de la mano lleno de desdén.

—Terminen de una vez.

Los guerreros de cristal corrieron y otros saltaron, fue cuando Ranma y Méril abrieron los ojos a la par.

—¡Luz del alma!

—¡Lluvia de luz!

Los ataques de los chicos no fueron hacia sus oponentes, sino hacia el aire sobre ellos. Entonces la energía pareció chocar contra invisibles líneas de luz. Los seres de cristal cayeron como pilas de piedra sin vida.

Loki se sorprendió.

—¡¿Cómo os atrevéis, par de insulsos mortales?!

Habían visto con los ojos espirituales y encontrado la forma en que Loki controlaba a esos seres destruyendo el canal mágico que existía entre ellos como los hilos de un titiritero. Lo que parecía tan sencillo en teoría era en realidad una proeza, porque incluso para los dioses era difícil poder ver con sus ojos los lazos mágicos con los que los seres supremos envuelven las cosas para controlarlas a la distancia, era como si pudieran ver las fórmulas ocultas tras el funcionamiento del universo.

—Creo que lo irritamos —dijo Méril.

—Eso parece —respondió Ranma.

—¡Nah!, si está que desborda de alegría —agregó Rashell.

—¡Rashell! —saltaron los dos a coro cuando vieron al rubio joven en medio de ambos mirando hacia el cielo con la misma tranquilidad que sus amigos recostado ligeramente en la lanza.

—Rashell, eres tú —Méril estaba emocionado, al fin veía a sus dos amigos. Estaban juntos otra vez. Ranma no parecía tan contento.

—Te dije que sacaras a las chicas de aquí.

—¿Chicas? —se preguntó Méril confundido.

—Ya lo hice, fue sencillo —se encogió de hombros—. Simplemente las transporté fuera con un hechizo.

Ranma se quedó en silencio. Méril miró curioso. Rashell sonrió inocentemente.

—¡Maldito mentiroso, me dijiste que no podías hacer eso! —Ranma lo tomó por el cuello y comenzó a zamarrearlo violentamente.

—¡Geez! ¿Podrías creer que no lo recuerdo?

—¡Imbécil!

—¡Ya basta! Tenemos problemas mayores de los que preocuparnos —los instó Méril y con el dedo indicó al cielo.

Loki, todavía de brazos cruzados, observaba el circo formado por los tres con un tic en el ojo y una vena asomándose en la frente.

—Además de insultarme os atrevéis a ignorarme, a mí, ¡el señor de la creación!

—Creo que tocamos una fibra sensible —dijo Rashell.

—¿Tocamos? —reclamó Ranma—. Con Méril nos hemos jugado el cuello mientras tú andabas haciéndote el don Juan con las chicas o, peor, nos observabas pelear sin siquiera ayudarnos.

Rashell no respondió y se quedó mirándolo fijamente.

—Entonces sí lo hiciste.

Rashell le regaló una inocente sonrisa de oreja a oreja.

El golpe hizo eco en todo el lugar, Rashell se agachó doblando las rodillas y tomándose la adolorida cabeza con ambas manos mientras Ranma, con el puño todavía en alto, vociferaba amenazas de muerte siendo retenido por detrás por el pobre de Méril.

—Eres una bestia, ¡geez!

—Deja de actuar con inocencia si no quieres que te dé otro.

La luz violácea que se reflejó en sus rostros los hizo mirar otra vez al cielo. Loki había extendido los brazos y sobre su cabeza se dibujó un círculo de luz mágica formado por centenares de esferas, runas, formaciones complejas unas dentro de otras. El círculo creció y creció y fue como si tratara de abarcar toda la extensión del cielo de esa dimensión.

—¿Qué hace? —se preguntó Ranma.

Méril no pudo hablar porque sintió el miedo de Gimle en su corazón como un dolor agudo. Rashell observó detenidamente, y con la calma de un general ante un ejército superior sentenció:

—Se cansó de juegos y va a destruir esta dimensión. Es el fin de la torre de ámbar.

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Nina vestía su uniforme de guerra, un vestido corto de adornos dorados con protecciones ligeras en los antebrazos y pequeñas hombreras. Sostenía la espada cristal con ambas manos y no dejaba de mirar fijamente a su oponente. Kasumi se asomó al jardín.

—¡Entra en la casa y no salgas! —ordenó Nina.

—Pero…

—Todos adentro, ¡ahora! —La miró detenidamente como si algo tratara de decirle con los ojos—. Ya sabes lo que tienes que hacer —murmuró.

Kasumi, recordando el plan, obedeció nerviosamente y corrió el panel que daba al jardín cerrando la puerta. Nina entonces regresó su mirada hacia el frente. Se mordió los labios y por más que trató no pudo evitar que sus piernas temblaran ligeramente y el sudor mojara la empuñadura de la espada. Era todo tan parecido a aquella ocasión, el mismo lugar, el mismo rival y la misma sensación de muerte. Dos veces apostando al mismo número perdedor, ella debía de ser una idiota por encontrarse allí de nuevo haciéndole frente a Dainn, el cazador de almas.

—Mi pequeña valquiria, sí, sabrosa sangre. ¿Recuerdas a Dainn, recuerdas la emoción?

—De todas las bestias inmundas de Asgard tenías que aparecer tú.

—Oh, sí, sí, me recuerdas, sí, sí. Dainn recuerda tu olor, Dainn recuerda tu miedo —hizo sonar las narices con fuerza como si estuviera oliendo—, el mismo olor, sí, el mismo, sí, sí, el mismo. Miedo.

—¡Ya, calla! No te voy a perdonar esta vez.

—¿Perdonar? No, perdonar, no, no. Dainn quiere comer, Dainn va a comer—se relamió los labios—. Pequeña valquiria, ¡te ves deliciosa!

Moviendo el brazo abanicó la flamante guadaña. El otro brazo le pareció más grotesco a Nina de lo que podía recordar, pues tirando de la ropa parecía más la garra de un demonio con tres dedos y afiladas uñas como cuchillas. Estiró el brazo monstruoso y extendió los dedos hacia ella moviéndolos como si imaginara acariciar el cuerpo de Nina a la distancia.

—Tu cuello, quieren sentir tu cuello, les dije que tu cuello era suave. Quieren sentirlo, quieren saborearlo, ¿sí? Saborearlo.

De todos los momentos Millia había escogido el peor de todos para salir. No la culpó, pensó luego, pues quizás era mejor así. Nina bajó la espada y se preparó para arrojarse de lleno hacia Dainn. Recordó las instrucciones que le dio a Kasumi y Nodoka si algo así sucedía y puso todas sus esperanzas en que las siguieran al pie de la letra y en la dama Freya, quién la había instruido a ello. Ahora todo lo que necesitaba era ganar tiempo, y con Dainn eso significaba prolongar lo más posible su muerte.

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Rays movió la espada jugando con ella, cambiándola de mano en mano sin dejar de mirar a los amigos de Akane.

—Dime, Akane, ¿a quién de los dos quieres ver morir primero?

Ukyo sintió el peligro en las palabras de ese misterioso hombre y el rostro de Akane se lo confirmó. Ryoga, por su parte, no se sintió intimidado.

—Crees que puedes derrotarme, ¿eh? ¡Vamos, inténtalo! Te voy a hacer tragar tus palabras.

—¡Ryoga, no!

Akane no pudo detenerlo, cuando Rays sonrió viendo como el chico se abalanzó sobre él con el puño en alto, se preparó para mover la espada. El golpe fue brutal, el rostro de Ryoga se desfiguró por el dolor. Akane y Ukyo se mostraron sorprendidas, tanto como Rays.

Mouse había aparecido como un rayo por el costado de Ryoga propinándole un certero golpe con el bastón que lo envió volando contra el muro de fondo y sin detenerse se adelantó poniéndose en guardia delante del caído Hibiki.

—Mouse, idiota, ¡¿qué haces?! —gritó Ukyo sin pensar. Entonces reaccionó—. ¡Mouse, estás vivo! ¿Pero, cómo? ¡Mouse!

Ukyo quiso correr hacia él pero Akane la retuvo afirmándola del brazo.

—¿Akane, qué haces? ¡Es Mouse!

—Lo sé, pero no es el mismo.

—Akane… no entiendo.

—Mouse es un einjergar, ahora trabaja para ese hombre.

—¿Cómo dices?

Ukyo dejó de forcejear con Akane y observó detenidamente al joven Mouse. Vestía un traje de estilo chino completamente rojo con bordados de oro, el cabello suelto y ya no llevaba anteojos. La mirada de Mouse era muy distinta al joven amable y algo bobo. Portaba un bastón rojo con anillos de oro que emanaba una intensa aura de furia.

—Maestro —dijo Mouse, sin dejar de mirar en la dirección donde Ryoga parecía levantarse lentamente de entre los escombros—, me encargaré de esa molestia personalmente.

—Mouse, no tienes que hacerlo.

—Se lo ruego.

Rays lo observó detenidamente y sonrió.

—Eres tan blando —murmuró—. Bien, quiero que le hagas pagar la insolencia de sus palabras.

—Así se hará, maestro —deslizó los pies separando las piernas, tomando el bastón con ambas manos y mirando a Ryoga con una fiereza animal. Ryoga se levantó con mucha dificultad tomándose el costado con el brazo, si hubiera sido cualquier otro no habría sobrevivido a ese golpe. El chico miró a Mouse incrédulo, pero escuchó las palabras que Akane le decía a Ukyo y comprendió todo.

—Mouse, cabeza de chorlito, ¿qué estás pensando?

—Levántate, Ryoga —movió ligeramente la punta del bastón como amenaza—, hoy acabaré contigo.

—¡Mouse! ¿Acaso no sabes lo que estás haciendo?

—¡Silencio! No tengo tiempo que perder, acabaré con esto rápidamente.

—¡Je! —Ryoga consiguió ponerse de pie, se limpió con una mano el rostro—. Quiero verte intentarlo.

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La espada de Nina chocó contra la guadaña en un desesperado bloqueo. El cuerpo de la chica se tambaleó cuando recibió un segundo impacto que la hizo caer de espalda. Vio la punta de la guadaña caer sobre ella y giró desesperada, consiguiendo apoyar una mano en el suelo para levantarse. Sin embargo, al conseguirlo, Dainn ya no se encontraba delante de ella. En un movimiento instintivo consiguió cruzar la espada por la espalda justo antes de recibir un golpe, el metal echó chispas cuando ella se fue de bruces por el empuje, apoyó una mano en el suelo, giró el cuerpo y soltando la espada estiró ambas manos. El cazador estaba justo sobre ella con una mirada voraz.

—¡Ira de Muspell!

La explosión de fuego que se produjo entre ambos hizo retroceder al cazador, con el cuerpo quemándose no pareció caer sino que se tambaleó torpemente antes de mantener la compostura. Nina se sentó en el suelo doblando ligeramente las piernas, se encontraba exhausta y jadeaba notoriamente, pero a Dainn parecía gustarle el juego del gato y el ratón prolongando la experiencia. Eso le servía.

El fuego en el cuerpo de Dainn se extinguió pero el cazador no mostró signo de daño o dolor alguno, a excepción de algunas llagas en el rostro, pelo quemado y un horrible aroma a piel chamuscada.

—¿Qué pasa, sí, qué pasa, ya cansada, no, cansada de jugar con Dainn?

La valquiria contrajo el rostro. Tomando la espada que había quedado tirada a su lado dio un giro acrobático hacia atrás y estirando las piernas quedó de pie nuevamente en postura defensiva. Sus ojos se desviaron un segundo hacia la casa y el silencio la impacientó.

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—¡Tú, niña! —Rays apuntó con la espada a Ukyo. Ella no pudo evitar que las piernas le temblaran y se extrañó de su propio miedo—. Este asunto no te concierne, retírate y podrás vivir.

—Ni lo sueñes, cariño —a pesar del sudor en su frente que contradecía las valerosas palabras, Ukyo no cedió ni un centímetro protegiendo a Akane. Cuando sintió una mano sobre su hombro.

—Ukyo, por favor, tienes que irte.

—Akane, ¿estás de broma?

—No —Akane trató de calmarse y decir las cosas de la manera más suave posible—. Si te quedas aquí no podré luchar tranquilamente.

—Pero, Akane.

—No puedo protegerte. Lo siento, Ukyo, pero necesito hacerlo sola, es la única manera de que tenga alguna posibilidad. Por favor, ve a ayudar a Ryoga, Mouse es más fuerte que antes, pero sé que entre los dos podrán detenerlo para que no siga lastimándose.

Ukyo la miró, miró a Rays, su corazón le gritaba que no la dejara pero había algo entre ellos dos, una presencia tan devastadora por un lado y una fuerza tan apacible por el otro que supo que ese ya no era su lugar.

—Si sucede algo, grita, vendré por ti.

Akane asintió.

—Sólo encárgate de que esos dos no se hagan daño.

—Los pondré en su lugar —dando una última mirada a Rays lo amenazó con su arma—. Si le haces algo a Akane no te lo perdonaré.

—Puedo vivir con ello.

Dudando otra vez corrió en dirección de Mouse.

—Otra vez solos —murmuró Rays.

—No te hagas ilusiones —Akane alzó el brazo dejándolo estirado hacia un costado—. No permitiré que sigas lastimando a mis amigos.

—¿Lo dices por Mouse?

—Por todos.

—Esa mirada me cautiva.

En la mano de Akane comenzó a resplandecer un pequeño punto luminoso, que creció al instante como una esfera. Una corriente de viento la rodeó haciendo bailar los bordes del vestido que le llegaba a las rodillas, al igual que el cabello.

—Sabes que no puedes ganar —la desafió él con burla.

Los ojos de la chica se afilaron con la ira que sentía por ese hombre y se templaron en la determinación de proteger a los suyos.

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Continuará

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Nota de autor: Como algunos habrán notado la página de fanfiction está presentando un error, en que los reviews no aparecen publicados. No teman, esto ha sucedido antes y si bien no aparecen en la página, sí me llegan por correo, así que no duden en mandarlos que como ya saben siempre ayudan al ánimo creativo de un autor. Estoy seguro de que una vez lo arreglen los reviews aparecerán.

Agradezco un día más el que sigan leyendo mis historias y los comentarios que me dejan, los leo con mucha atención, como si pudiéramos sentarnos todos a la mesa con un café y algo para comer, mientras conversamos largo y tendidos los temas de la fantasía que tanto nos gustan. Porque ya lo saben, que más allá de Ragnarok y la nueva saga que se viene a continuación, habrán varias novelas de fantasía que pronto terminaré, y que quisiera compartir también con todos ustedes.

Nos leemos mañana, y que la realidad no sea cruel con los caminantes de sueños.

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Noham Theonaus

Espadachín mago de Idavollr

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