(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas, la traducción tampoco me pertenece, le pertenece a Traducciones Independientes y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
*nota: si están inconformes con que utilice su traducción, favor de avisarme.
Capitulo 49.
Ella no recordaba nada después de los primeros dos movimientos de su espada, sólo que de repente había visto a Ligera que venía volando hacia la criatura. El espectáculo la había distraído lo suficiente como para que el demonio consiguiera pasar más allá de su guardia, sus dedos largos y blancos la agarraron por el pelo y golpeó su cabeza contra la pared.
Entonces había oscuridad.
Se preguntó si ella había muerto y había despertado en el infierno mientras abría los ojos debido a un pulsante dolor de cabeza y vio a Albert rodeando al pálido demonio, sangre goteaba de los dos. Y luego había frías manos en su cabeza, en su cuello, y Terry estaba en cuclillas delante de ella, mientras él decía, —Candy.
Ella luchó por ponerse en pie, su cabeza doliendo aún más, tenía que ayudar a Albert. Tenía que…
Oyó un rasgón de ropa y un grito de dolor, y ella miró a Albert a tiempo para ver como se agarraba un corte en su hombro, infligido por esas, sucias uñas dentadas. La criatura rugió, con su mandíbula demasiado grande, reluciente con la saliva, y se lanzó de nuevo a por el capitán.
Candy intentó moverse, pero no era lo suficientemente rápida.
Pero Terry sí lo fue.
Algo invisible se estrelló contra la criatura, enviándolo volando contra la pared con un crujido. Dioses. Terry no solo tenía magia, él tenía magia pura. Del tipo más raro y más mortífero. Poder puro y sin diluir, capaz de transformar en la forma que el portador deseaba.
La criatura se desplomó, pero al instante se levantó, girando hacia ella y Terry. El príncipe se quedó allí, con la mano extendida.
Los ojos azul lechoso eran voraces ahora.
A través del portal Candy oyó la tierra rocosa crujiendo bajo más pares de pies pálidos, desnudos. El Canto de Archie se hizo más fuerte.
Albert atacó la cosa de nuevo. Surgió hacia él justo antes de que su espada golpeara, golpeando con sus dedos largos, lo que obligó al capitán a moverse hacia atrás.
Ella agarró a Terry.
—Tenemos que cerrarlo. El portal debe cerrarse por sí solo con el tiempo, pero cuanto más tiempo esté abierto, mayor será la amenaza de los que llegan antes de que se cierre.
— ¿Cómo?
—Yo-yo no sé, yo...
Su cabeza giró tan fuerte que sus rodillas se tambalearon. Pero ella se volvió hacia Archie, que estaba de pie al otro lado de la sala, separado de ellos por la nerviosa criatura.
—Dame el libro.
Albert hirió al demonio a través de su abdomen con un golpe seguro, certero y seco, pero ni siquiera le hizo reducir la velocidad. Incluso desde un par de metros de distancia, el sabor de la sangre oscura llegó a su nariz.
Candy observó a Archie absorbiéndolo todo, sus ojos muy abiertos, preso del pánico más allá de la razón. Y entonces echó a correr por el pasillo, llevando consigo el libro, y cualquier esperanza de cerrar el portal.
Terry no podía moverse lo suficientemente rápido para detener al hombre apuesto de huir con el libro en sus manos, no se atrevió, con ese demonio entre ellos. Candy, con la frente sangrante, se abalanzó hacia él, pero el hombre era demasiado rápido. Sus ojos seguían lanzándose a Albert, quien mantenía a la cosa distraída. Terry sabía sin que se lo dijera que ella no quería dejar el capitán.
—Yo iré —se adelantó Terry.
—No. Es peligroso y estos túneles son un laberinto — ella jadeó.
Albert y la criatura daban círculos entre sí, la cosa retrocedió lentamente hacia la entrada del portal.
—No puedo cerrarlo sin ese libro — ella gimió. — Hay más libros arriba, pero yo…
—Entonces huiremos — Terry suspiró, agarrándola por el codo. — Huimos y tratamos de llegar a esos libros.
La arrastró con él, sin atreverse a apartar los ojos de Albert o la criatura. Ella se balanceó en su agarre. La herida de su cabeza debía ser tan mala como parecía. Algo brillaba en su garganta, el amuleto que le había dicho era sólo una réplica barata, brillando como una pequeña estrella azul.
—Vayan — Albert les dijo, mirando la cosa delante de él. – Ahora.
Ella tropezó, tirando hacia Albert, pero Terry la empujó de vuelta.
—No — ella se liberó, pero la herida en la cabeza le hizo ceder al agarre de Terry. Como si se diera cuenta de que ella sería un obstáculo para Albert, ella dejó de luchar contra Terry mientras él la arrastró hacia las escaleras.
Albert sabía que no podía ganar esta pelea. Su mejor opción era huir con ellos, para resguardar el camino hasta que ellos pudieran llegar a esa puerta de piedra lejos, muy arriba y encerrar a la criatura aquí abajo. Pero no estaba seguro de que incluso lo lograría hasta las escaleras. La criatura frustraba sus ataques con tanta facilidad que parecía tener una inteligencia extraordinaria.
Al menos Candy y Terry habían llegado a las escaleras. Él podía aceptar tal fin si eso significaba que pudieran escapar. Podría abrazar la oscuridad cuando llegara.
La criatura se detuvo el tiempo suficiente para que Albert ganara unos cuantos pies de distancia. Él retrocedió hacia el escalón inferior.
Pero entonces ella empezó a gritar, la misma palabra una y otra vez mientras Terry intentaba arrastrarla por las escaleras.
Ligera.
Albert miró. En una oscura sombra en la pared, Ligera había quedado atrás, la pierna demasiado herida para correr.
La criatura también miró.
No había nada que pudiera hacer, absolutamente nada cuando la criatura se volvió, agarró a Ligera por la pata trasera lesionada, y la arrastró a través del portal con él.
No había nada que pudiera hacer, se dio cuenta, excepto correr.
El grito de Candy todavía hacía eco a través del pasadizo cuando Albert saltó de la escalera y se precipitó a través del portal de niebla después de Ligera.
Si hubiera pensado que ella había conocido el miedo y el dolor antes, no era nada comparado con lo que pasó a través de ella cuando vio a Albert corriendo a través del portal después de Ligera.
Terry no la vio venir cuando ella se dio la vuelta, golpeándole su cabeza contra la pared de piedra con tanta fuerza que se desplomó en las escaleras, liberándola de su agarre.
Pero ella no se preocupaba por Terry, no le importaba nada, excepto Ligera y Albert, mientras ella corría por las pocas escaleras y a través del pasillo. Tenía que sacarlos, recuperarlos antes de que el portal se cerrara para siempre.
Ella llegó en un santiamén.
Y cuando vio a Albert cubriendo a Ligera con nada más que sus propias manos, su desechada espada se partió en dos por el demonio que se cernía sobre ellos, ella no lo pensó dos veces antes de desatar al monstruo que se encontraba dentro de ella.
Por el rabillo del ojo, Albert la vio venir, la antigua espada en sus manos y su cara llena de rabia salvaje.
En el momento en que ella entró por el portal, algo cambió. Era como una niebla desapareciendo de su rostro, sus rasgos se afilaron, sus pasos se convirtieron más largos y más elegantes. Y entonces sus orejas, sus orejas cambiaron en puntas delicadas.
La criatura, sintiendo que estaba a punto de perder a su presa, hizo una estocada final para Albert.
Fue lanzado lejos por una pared de la llama azul.
El fuego desapareció para revelar a la criatura golpeando el suelo, rodando una y otra vez. Estaba en sus pies antes de que terminara de rodar, girando hacia Candy en un mismo movimiento.
Ella estaba entre ellos ahora, espada en alto. Ella gritó, dejando al descubierto unos colmillos alargados, y el sonido era diferente a todo lo que había oído en su vida.
No había nada humano en ello.
Debido a que ella no era humana, Albert se dio cuenta, mirándola con la boca abierta desde donde todavía estaba agachado cubriendo a Ligera.
No, ella no era humana en absoluto.
Candy era un hada.
Continuara…
