049. Club
Personajes: Apolo de Leo, Zephirus de Sagitario, Selek de Escorpio, Néstor de Géminis, Phoebe de Cáncer, Farris de Tauro, Carlos de Piscis, Nivoe de Acuario, Cassie de Virgo, y Arturo de Capricornio son los Maestros de los Santos actuales y que además son de mi creación.
Advertencias: Algunos de los eventos a los que se hace referencia fueron presentados en "Synedria" en mi historia "Los Santos de Atena".

Apolo, Céfiro y Selek habían concertado la cita y planeado todo. Sólo necesitaban que Farris, Carlos y Nivoe convencieran a Cassie para que también se presentara. Arturo y Prytania llegarían esa misma noche. Céfiro sonrió como hacía mucho que no lo hacía. Le hacía mucha ilusión saber que pronto todos estarían juntos, aunque sabía el futuro no se pintaba muy bien para ellos. Quiso suspirar, pero su cuerpo no se lo permitió. Los últimos entrenamientos con su recién llegado aprendiz le tenían exhausto. Jamás había conocido él a alguien tan sediento por conocer y al mismo tiempo con tanta calma en su interior. Sonrió.

"¿A qué se debe esa sonrisa, Céfiro?" El Maestro de Sagitario se giró para verle a lo cual Apolo respondió sonriendo más ampliamente.

"Pensaba, eso es todo."

"¿Pensabas?" Contestó el otro, dirigiéndose a él, alargando su mano para tomar unos cuantos pedazos de queso de los que Céfiro estaba preparando, "Las viandas se ven bien."

"Para no recibir ayuda de nadie," bufó el otro riendo, "ya lo creo."

"¿En qué pensabas, Céfiro?" Continuó Adam calmadamente.

"En mi aprendiz."

El silencio cayó entre ellos. Era sabido que ellos serían la última generación de santos de Atena que se reunirían en torno a Shion antes de que la guerra comenzara de nuevo. Shion se los había dicho ya.

"He estado pensando en el hermano de Aioros¿sabes? Para ser tan pequeño, tiene el espíritu de su hermano y su cosmo…has sentido su cosmo, Céfiro?

"Cada vez que se le mete en la cabeza que tiene que entrenar con su hermano…sí."

"Vaya, vaya…y yo creyendo que esta noche simplemente nos encontraríamos y haríamos algo diferente al trabajo. De haberlo sabido no me habría dejado convencer." La voz de Phoebe llenó el lugar y Apolo la recibió, urgiéndola a que removiera su máscara prontamente. "Luego, cuando Cassie esté aquí conmigo."

Uno a uno los demás Santos fueron llegando y la conversación entre Apolo y Céfiro quedó momentáneamente en el olvido. Los saludos y abrazos se sucedieron, las máscaras fueron abandonadas por ambas mujeres y una vez más, los hombres se quedaron fascinados ante la belleza que éstas ocultaban.

"Me hubiera gustado conocer sus rostros antes." Dijo Farris esa noche, "las habría apurado a quitarse las máscaras mucho antes." Comentario ante el cual todos rieron por supuesto, pero Phoebe y Cassie compartieron una mirada de complicidad que los hizo quedarse viéndolas con cuidado.

"¿Y seguramente juras que te habríamos hecho caso, verdad Tauro?" Respondió socarronamente. Afortunadamente la noche era una para ellos relajarse y para olvidar el futuro que había para ellos. Farris bufó y se dedicó a reír, apurando el licor.

Los maestros se sentaron poco a poco alrededor de la mesa que Céfiro y Selek habían preparado con antelación ese día. No siguieron un orden específico, a excepción de Selek y Cassie que se sentaron uno al lado del otro. Todos y cada uno de los santos de Atena miraban a los otros y sentían a la vez, su corazón desgarrase ante la inminente separación. Pero no faltó mucho para que comenzaran a hablar de lo que ocurriría en los futuros meses.

Varios maestros marcharían del Santuario a cumplir con su deber de entrenar a los alumnos que ya habían tomado. Incluso bromearon con Nivoe quien rió de corazón, cuando le dijeron que al igual que los anteriores, Camus no sobreviviría Siberia. Otros tantos dijeron que se quedarían en Grecia y cumplirían con su deber allí. No importaba en realidad donde ocurriera, los nuevos Maestros habían sido encontrados y una nueva generación de ellos sería quienes lucharan en la batalla final.

"¡A ver¡¿Qué no hay algo de música en este lugar?!"

"¡Farris¡Tu ni siquiera sabes bailar!" espetó Arturo.

"¡Hombre de poca fé!" señaló Tauro, "¡esta noche voy a mostrarte las maravillas de Brasil que Aldebarán me ha enseñado!"

Risas, más risas. Licor y mucha conversación. Así pasaron la noche los antiguos maestros del Zodíaco. Una última vez antes de separarse por siempre.