A/N: hello darlings! Antes de que lean esto (es el último capítulo de la historia, sin contar los epílogos), quiero agradecerles por haberme acompañado durante más de dos años en esta historia, y espero que disfruten lo que queda de esta. De todos modos dejaré otra nota al final sobre lo que viene...
En respuesta al/la Guest: me alegra muchísimo saber que has disfrutado la historia :3 Sobre lo que pasará con todos los personajes, bueno, lo verán ahora y puede que lo que falte aparezca en los epílogos (sí, serán dos). Wow, no imagino como pueden leer mi historia dos veces, ¡es demasiado! Way too long—non intended smut reference— son casi 500 páginas de word. Muchísimas gracias por dejar un comentario, darling!
Con esto dicho, enjoy!
Desde ahora en adelante…
No recordaba la última vez que tuve a Elsa en mis brazos. Tampoco sé qué acaba de pasar. Todo se calmó súbitamente, ella comenzó a convertirse en una figura de hielo sólido, creí que la había perdido… en algún momento, sin previo aviso, comenzó a abrazarme de vuelta. Estaba rígida, y ahora… no lo entiendo. Sólo sé que sigue igual de helada, pero responde. Nos apartamos un segundo. Definitivamente luce diferente, ya no es una estatua de hielo… pero no luce como una creatura natural. Su forma es la misma, sus rasgos femeninos, su rostro, pero su piel es más blanca que lo normal, llega a ser anómala de blanca, con las mejillas totalmente desprovistas de color. Su cabello tambien es más claro, con reflejos azul claro. Pareciera ser un punto medio entre un ser de hielo y una mujer humana, jodidamente helada, pero respira y tiene débiles latidos cardíacos. Sin embargo, sus ojos son los mismos de siempre.
— ¿Elsa?
—H-Hans…—dice en un susurro. Su voz suena diferente, más clara y ligeramente más aguda que antes.
—Creí que…—creí que habías muerto…
—No sé qué pasó—frunce el ceño y bate sus largas pestañas, ahora tan blancas como su cabello—. No podía moverme, pero te veía y te escuchaba…
—Eras hielo, y ahora… bueno, mírate.
Lo más extraño en ella es un resplandor dorado anaranjado en su pecho. No lo había notado hasta ahora. Elsa se quita la parte superior de su vestido, exponiendo piel blanca y ligeramente lacerada. Es como una fisura en su costado izquierdo, una pequeña cicatriz resplandeciente en un cuerpo que pareciera estar hecho de porcelana china. La examina detenidamente por unos segundos.
— ¿Tu hiciste esto?—me pregunta.
—No lo sé, no que recuerde…
—Está caliente, ¿qué crees que sea?—me mira con una expresión que varía entre miedo y confusión.
— ¿Y qué te hace pensar que yo sé? Nunca había hecho eso… suponiendo que yo lo haya hecho.
—Hans, eres el único hechicero de fuego que conozco, dudo que esto haya aparecido por sí solo.
—Bien, te concedo eso, pero ¿qué esperas que haga? Creí que habías muerto, ni siquiera soy consciente de haber usado mi magia…
—Ni yo sentí que la usaras…
— ¿Y ahora qué harás?
—Ahora vamos a salir de aquí, nos matarán si nos encuentran.
— ¿Tienes alguna idea de a dónde ir?—está amaneciendo, si no salimos de aquí estoy seguro de estaremos en un problema mayúsculo.
— ¿No planeabas irte con los Sami?
—Sí, en un par de días…
—Podríamos esperar hasta entonces…
— ¿Tienes alguna idea de dónde? Porque honestamente entre la gente del fuego y los de hielo no sabría decir quiénes nos odian más—ella sonríe ante el comentario.
—Podríamos ir con los trolls de la isla, tengo un par de preguntas que quiero hacerles… ¿vendrás conmigo?
— ¿Tengo alguna otra opción?—le pongo los ojos en blanco. Hace mucho tiempo no jugaba con ella… no sé si tengamos la confianza para seguir haciéndolo, y a pesar de eso, lo hago de todos modos— Además, deberíamos permanecer juntos… para sobrevivir.
—Si realmente quisieras sobrevivir, te habarías alejado de mí hace un buen tiempo.
—Tú también, creo que ya probamos hace mucho que ninguno de los dos tiene sentido común o instinto de supervivencia.
— ¿Has notado que en realidad somos un desastre juntos?
—Creo que siempre lo hemos sido…—suena un cuerno a la distancia, y grandes columnas de humo se elevan desde el lugar donde se sitúan las villas.
—Vámonos ya.
Nos escabullimos entre los árboles, en un intento miserable por huir sin dejar rastros. Apenas avanzamos, Hans tiene un par de heridas de gravedad, no puede mantenerse en pie por sí mísmo. Se apoya en mí para caminar. Mi cuerpo se siente extrañamente fuerte, a pesar de haber sido quemada, herida, cortada… todo eso desapareció al cambiar del hielo a lo que sea que soy ahora. Me veo como si estuviera hecha de nieve. No creí que mi piel pudiera adquirir una tonalidad más blanca de la que tenía, pero me equivoqué. Apenas un tenue rubor casi imperceptible en algunas zonas de mi cuerpo y nada más.
Quiero saber qué acaba de pasar… además, estoy segura de que acabamos de arruinar cualquier equilibrio posible en el mundo. Esto es un desastre, uno que debemos arreglar de alguna manera. Estoy lista para asumir la responsabilidad, por primera vez en la vida… aceptaré cualquier castigo que esas criaturas superiores quieran darme por esto. Quedé impune después de lo que hice en Arendelle, mas esto fue demasiado. Además, asesiné a un hechicero de nieve… eso debe de ser grave para el orden natural, al menos eso creo. Oh, ¿qué he hecho? Digo, no me arrepiento de haber salvado la vida de Hans, pero el precio… si tan solo pudiese haber sido de otro modo. Nunca creí que terminaría con sangre en mis manos. O al menos esperaba no terminar así. No es algo que pueda perdonarme en todo lo que me quede de vida… asesiné a sangre fría a quien me enseñó a usar la magia, usando la suya en su contra…
Ese pensamiento ronda por mi mente por un largo rato. Me siento realmente culpable por todo esto, y debo buscar la forma de arreglarlo. Lamentablemente no sé cómo hacerlo, ¿cómo sacar a flote un buque que ha llegado al fondo del mar? Necesito ayuda para poder resolver todo esto. Increíblemente Hans todavía está a mi lado. Había asumido que no querría volver a verme. De todas las personas en el mundo es a quien más le debo, y también a quien más daño le he hecho. Nuestra historia no es precisamente un cuento de hadas. Y de serlo, estoy segura de que yo sería la villana, sin duda. Tengo que compensárselo de alguna forma, como sea. Pero no sé como, no es como si una disculpa como "lamento haber expuesto tu secreto después de engañarte con alguien" vaya a cambiar algo en absoluto. Pero se lo compensaré en cuanto pueda. Lo que sí puedo asegurar es que su secreto no saldrá de esta isla. Nadie más sabe que Hans puede manejar el fuego, estará a salvo mientras así sea.
Luego de una larga caminata llegamos al lugar donde viven los naturales. Esperaba encontrarlos en su forma de roca, pero no, están todos reunidos y no parece sorprenderles en lo más mínimo nuestra presencia. Por supuesto que saben lo qué pasó, se supone que son guardianes del mundo, siempre saben lo que sucede con la magia, y un duelo mortal como el que acabamos de tener simplemente no pasa desapercibido. Llego más cansada de lo que esperaba, caigo a los pies del líder, intentando evitar que Hans se golpee contra la tierra. Estoy exhausta. Puede que mi cuerpo sea más fuerte ahora, pero el camino es demasiado largo para cualquiera que lleve alguien a cuestas.
—Reina Elsa, príncipe Hans, ya era tiempo de verlos regresar—habla el líder con un tono sorprendentemente calmado considerando lo que acabamos de hacer.
—Necesitamos su ayuda…—comienzo entre jadeos—acabamos de causar todo esto, nosotros dos y el heredero de la bruja de hielo…
—Lo sé, niña. Ahora escuchen. ¿Tienen alguna idea de lo que sucedió mientras estaban intentando matarse entre ustedes? ¿de lo que causaron en el mundo?
—No en realidad, pero estoy dispuesta a asumir la culpa por todo lo que sucedió—agacho la cabeza, no soporto esa mirada severa de desaprobación.
—Una sola hechicera no podría hacer eso, y por lo que sé, tu compañero es el que movió el fuego por dentro de la tierra—¿Por qué sigo intentando engañarlos? Criaturas de miles de años de edad jamás se tragarían historias falsas…
—Lo es, pero que él lo hiciera es por algo que yo hice…
—Reina de las Nieves, has envuelto el mundo en desgracia, hace siglos que el fuego y el hielo estaban en paz, desde que Nasser y Krasimira se enfrentaron en este mismo lugar. Reviviste una enemistad que no debe existir por el bien del orden que conocemos, causaste una guerra que desequilibró el hielo y el fuego nuevamente, acabaste con la vida de un hechicero de tu misma casta, osaste usar magia desconocida por los de tu especie, alojaste en tu propio cuerpo magia enemiga de la tuya… y restauraste el balance del mundo sin siquiera saberlo—Esa última frase hace ruido en mi cabeza. Básicamente causé un desastre y de alguna manera, según lo que dice, lo acabo de arreglar… ¿cómo?
— ¿Qué?
—Eran dos hechiceros de hielo y solo uno de fuego, la única forma de traer orden nuevamente al mundo era que uno de los dos dejara de existir… Nordvind era un gran hechicero, de los mejores que hemos visto, pero no el más fuerte. Tú, joven irresponsable e inmadura, lograste vencer a un verdadero guerrero, eres más poderosa de lo que creíamos. Esperamos por años que fuera él quien venciera a la otra fuerza de hielo, o que el fuego lo hiciera, pero resultaste ser una sorpresa, casi tan poderosa como la Reina del Hielo.
—Entonces, Elsa… ¿estaba destinada a matarlo?—pregunta Hans, que hasta ahora había estado demasiado callado. Bueno, considerando que desconfía totalmente de ellos, no es nada nuevo.
—No como lo planteas, príncipe de fuego. Ustedes tres han tenido una parte que cumplir en la historia durante toda su vida, desde que naciste y luego con la venida de ella. Verás, por cada hechicero de un tipo, debe existir su opuesto, a modo de mantener el orden en la naturaleza. Que existieran tres es incompatible con la naturaleza, no debe suceder otra vez. Sabíamos que uno de los de hielo sobreviviría para encontrarse contigo y mantener la paz y armonía en el universo, pero no creímos que sería la reina de las nieves, sino uno de los Nahar Keel, el pueblo de la bruja.
— ¿Y qué pasará con nosotros?—pregunto.
—No es algo que yo pueda decirles, eso depende de ustedes dos y nadie más. Si deciden mantenerse juntos, deben saber que esto no será sencillo ni simple. Nasser y Krasimira no fueron capaces de coexistir. Veo que ustedes dos son diferentes, pero no hay manera de saber si se mantendrán en paz por siempre. Veo rencores y dolor en sus corazones, ya han probado el lado amargo de la naturaleza humana. Pero también veo esperanza y una unión que todavía es posible. Todo depende de los dos y lo que decidan en el futuro.
—Entonces, ¿sí podemos estar juntos? Creí que éramos totalmente incompatibles, todos nos lo decían, lo han dicho todo este tiempo… no lo entiendo—digo en medio de la frustración que todo esto me produce.
—No lo sé, tú dime, reina de las nieves, hija del solsticio de invierno. ¿Eres realmente capaz de entregarte a esta tarea, a poner el fin al conflicto, a buscar el equilibrio y la paz con el fuego, el sol y el magma?
— ¿Por qué tengo la impresión de que le estamos vendiendo el alma al diablo, de nuevo?—y es así como Hans arruina el momento.
—Joven príncipe de fuego, hechicero irreverente, haz cometido tantas faltas como ella, debes aprender tu lugar en el mundo y aceptarlo con humildad. Un juramento de la reina de las nieves no significa nada si no está la otra parte para completarla.
— ¿Y esperan que me una a esto? ¿Después de todo lo qué pasó?
—Has visto el caos, participaste de él, ahora puedes tener la paz si deseas, pero bajo el juramento de honrar ese equilibrio y no volver a perturbarlo en lo que duren sus vidas.
— ¿Y el plural es porque esperan que me quede con ella o…?—bien, me merezco que me deje aquí mismo. Es lo mejor para ambos.
—Eso lo decidirán ustedes, pero han de saber que sus vidas siempre estarán unidas. Has usado magia ancestral que los hechiceros desconocen para darle vida al corazón de hielo de la reina, no puedes dejarla sabiendo que ella conserva esa parte y ha dejado una marca de hielo en el tuyo—espera… ¿qué?
Efectivamente hay una pequeñísima cicatriz celeste en medio del pecho de Hans, entremedio del mar de pecas que lo surca. Es tan pequeña y delgada que se pierde entre las demás cicatrices en su torso, pero ahí está, brillante, análoga a la mía.
— ¿Esto qué significa?—pregunto.
—Que tu vida ha surgido del fuego, tu segunda vida, reina de las nieves.
—Mi cuerpo fue hielo, y ahora soy esto…
—Por acción del fuego. Estás marcada por magia de fuego, la única capaz de volver a la vida aquello que estaba perdido.
—Eso significa que Hans me… ¿resucitó? No lo comprendo, no es posible.
—No es lo que los humanos llaman resurrección. Eres inmune al hielo, no podías morir por causa de la magia de otro hechicero de hielo, pero sí quedar en un estado no-mortal. El fuego te ha devuelto parte humana a partir de lo que estaba perdido en ti.
—Es difícil de procesar…
— ¿Y por qué tengo esto?—pregunta Hans señalando su cicatriz de hielo.
—Príncipe de fuego, para darle nueva vida a lo perdido has cedido parte de tu naturaleza a la reina de las nieves, una renuncia que deja una herida detrás. Te uniste a la reina sin saberlo, sin estar preparado para renunciar y acoger su magia en ti.
—Tampoco lo entiendo—dice Hans, molesto.
—No lo entienden ahora, pero algún día lo harán, cuando entiendan la naturaleza de su vínculo. Los hombres lo entienden de una manera extraña, esperan que entre un hombre y una mujer solo haya una forma de unión, pero entre hechiceros es diferente.
—No comprendo, ¿cómo es que estamos unidos?—pregunto.
—Siempre lo han estado, reina de las nieves. Pero ahora es un vínculo más fuerte. Están marcados de por vida por la magia del otro, tendrán consciencia de lo que sucede con sus poderes, y de lo que pase con la vida del otro, hasta que uno de los dos deje de existir.
— ¿Se supone que es como una versión retorcida de unión marital o qué?—pregunta Hans al borde de la exasperación.
—Joven príncipe, entre ambos la unión varía, deben decidir ustedes si es amor, pero no equivale a un matrimonio como los hombres conocen. Es una unión que no producirá descendencia. El hielo no puede gestar fuego, lo extingue en su interior—y eso es un golpe más duro de lo que esperaba.
— ¿Qué?—pregunto en un murmuro suave— ¿no se supone que los hijos de las hechiceras de nieve son inmunes al hielo?
—Aquellos normales o con magia de hielo sí, pero un niño de fuego necesita una madre que pueda mantenerlo y darle energía.
—Pero yo absorbo energía, ¿no debería ser capaz de mantenerlo?—mis ojos se llenan de lágrimas. No puede ser así. Esperaba que mi magia no fuera un impedimento, pero al parecer es precisamente lo que acabó con la vida de nuestro hijo que no alcanzó a tener una oportunidad en este mundo…
—Temo que no, reina de las nieves...
—O sea que nuestro hijo no iba a nacer de ningún modo—dice Hans, en una combinación de decepción y derrota.
—Lo lamento, si pudiera cambiar una cosa en el mundo, habría sido esa—susurro.
—Creí que no querías tenerlo.
—No es eso. No creo estar lista para ser madre, pero lo habría tenido y criado de todos modos, jamás lo habría lastimado…—no alcanzo a suprimir un sollozo—sé que crees que tengo un corazón de hielo, pero no soy insensible. Habría amado a ese niño con todo mi ser…
—No es tu culpa, ni mía. Simplemente no estaba destinado a nacer—me abraza. Nos mantenemos aferrados por un buen rato, aun sabiendo que todos los trolls nos observan. No me importan en absoluto.
—La naturaleza es cruel con los amantes de hielo y fuego. Krasimira nunca logró concebir el niño que quería darle a Nasser. Eso fue parte de su tragedia, y lo que los convenció de que no podían estar juntos.
— ¡¿No podrían haberlo advertido antes?!—pregunta Hans, lo bastante molesto como para atentar contra cualquiera de ellos—Se supone que es su trabajo mantener el orden y lo que sea que eso signifique, ¿no deberían haber evitado esto?
—Príncipe de fuego, gestor de tinieblas, no podíamos hablar antes de tiempo, no se habría cumplido su destino. Verás, el destino es algo frágil, sus decisiones pueden afectarlo enormemente. Dime, de saber que así sucedería ¿te habrías acercado alguna vez a la reina de las nieves? ¿Habrías decidido ser su compañero y protector, a pesar de todas las desgracias que ella te traería?—él se queda en silencio. No necesita responder a eso, ambos sabemos que estaríamos mucho mejor sin el otro.
— ¿Y qué podemos hacer ahora? Dejamos un desastre, estamos a kilómetros de nuestros hogares, los dos clanes nos odian, no tenemos a dónde ir…—pregunto, porque honestamente no sé qué pasará con nuestras vidas a partir de ahora.
—Podemos ayudarles a restaurar lo dañado, no volverá a ser lo que era, pero pueden reparar algunas cosas. Les tomará tiempo, pueden quedarse con nuestra gente, los protegeremos mientras lo hagan, pero no podemos salir de la isla. Este es nuestro hogar y el lugar desde el que vigilamos lo que sucede en el mundo. Tendrán que salir por su cuenta.
— ¿Qué dices?—le pregunto a Hans.
—Bien… considerando que acabamos de mandar a la mierda cualquier amistad que tuvieras con la gente de hielo, que no tenemos ningún otro lugar, ni siquiera donde caer muertos, no veo por qué no.
Salgo a caminar por un rato, cerca de las rocas, claro. No podemos arriesgarnos a que nos vean. Los trolls nos mostraron el otro lado de su refugio, el santuario, el único lugar que los hombres tienen prohibido. Pero no soy un simple mortal, supongo que pueden concederme esa pequeña indulgencia considerando que estamos atrapados en este lugar, nos matarán si llegan a vernos por ahí. Hay un punto en el que ya ni siquiera me sorprende que mi vida tenga precio, después de todo, no serían los primeros en buscar tener nuestras cabezas en estacas. Bueno, supongo que es lo que pasa cuando asesinan al líder de uno de los clanes… el problema es que no sé si buscan la cabeza de Elsa o la mía.
Camino con cuidado entre los círculos de runas talladas y cristales de todos colores. La mayoría son celestes con brillos tornasol, probablemente por la gran cantidad de hechiceros de hielo que han visitado este lugar. Finalmente nos permitieron conocer esto, donde están las marcas de todas las vidas, en este sitio que alberga parte de la esencia de cada hechicero que ha existido, mediante las gemas. No son estáticas, sus brillos son como una especie de pulso, como si tuviesen un flujo de energía que se transmite de una a otra en una eterna sucesión. Como la vida misma, según lo que tengo entendido… incluso puedo visitar mi propia gema, un cristal ámbar rojizo que pareciera contener lava por dentro, ardiente, más brillante que la gran mayoría, salvo por la de Elsa, que resplandece como la nieve fresca en las montañas. Juego con los cristales, cuando toco los de fuego, responden a mi tacto emitiendo más luz. Los de hielo, por otro lado, solo producen daño en mi piel.
Estoy en el borde de la montaña, observando un enorme mural con historias dibujadas en piedra, cuando escucho sollozos cerca… es Elsa. Reconocería ese sonido en cualquier parte, después de todo, supongo que soy quien más veces la ha oído llorar. Y ahí está, en posición fetal metida dentro de un gran agujero en la roca, me pongo en cuclillas para quedar a la misma altura que ella.
— ¿Estás bien?—digo en un tono más frío de lo que esperaba. Idiota. ¿Realmente soy tan imbécil como para verla llorando y preguntarle si está bien?
—Asesiné a un hombre…—su voz es áspera y congestionada.
—Él te habría matado, fue defensa propia.
—No lo sé, no siento que eso lo justifique…
—Supongo que la primera persona que matas es la más difícil de superar…—no sé por qué le cuento esto, después de todo, tengo la opción de elegir alejarme de ella… pero supongo que es la única persona en el mundo a quien podría confesarle lo que he hecho— yo tenía seis años la primera vez que lo hice, no fue intencional, es sólo que no podía controlar mi magia como ahora… todavía recuerdo sus gritos, murió el día que quemé un ala completa del palacio de las islas…
—Eras un niño que tuvo un accidente, es diferente. Yo sí elegí asesinarlo…
—Tampoco tuviste elección, no es tan diferente. Y me salvaste la vida. Te debo una por eso.
—No, no me debes nada. Soy yo quien te debe todo, fui quien te metió en problemas en primer lugar. Tu vida habría sido mucho más sencilla si nunca me hubieras conocido. Podrías haber sido rey en otro reino, estarías en un palacio y no perdido en el norte conmigo… te debo una disculpa, pero jamás será suficiente por todo lo que ha pasado… lo lamento tanto, desearía poder volver atrás y haber evitado que vinieras conmigo…
—Yo no. Sé que es una locura, pero no lo lamento en absoluto. De no haber venido nunca habríamos sabido la verdad sobre… bueno, sobre todo, sobre nosotros… no habríamos descubierto los límites de la magia… no habrías devuelto las cosas a lo que deben ser… recuerda lo que dijeron, de todos modos estaba destinado a morir… lo siento si tu pequeña aventura quedó arruinada.
—Eso es otra cosa que siento muchísimo, es sólo que… es difícil de explicar, ni siquiera yo entiendo lo que pasó. Pero no cambia en absoluto lo que siento por ti…
—No lo sé, ¿si entiendes que no puedo confiar en ti como antes?
—Lo sé, no te culpo en absoluto…
—Supongo que lo podía esperar, eres así de impulsiva y siempre tomas lo que quieres.
—No siempre… hay muchas cosas que quisiera poder hacer, poder volver a tener, pero es imposible. Supongo que solo hice lo que creí que podía ahogar todo lo demás, quería huir de todo… bueno, siempre lo he hecho, huir de mis problemas… pero no quiero seguir haciéndolo.
—Pues déjalo ya. Tocaste fondo, te tomará diez veces más recuperarte que el esfuerzo que te llevó llegar hasta abajo.
—Ya vi lo que podría haber sido el fin… supongo que ahora solo queda intentar salir de este lugar oscuro. Pero sólo sé que si pude, de alguna manera, ayudarte a ti a seguir con vida, y que si puedo devolverte a tu hogar, o a donde sea que quieras ir una vez que esto termine, cuenta conmigo, eso es suficiente para mí.
—Elsa…
—No, desde ahora quiero que esto sea diferente. Quiero enfrentar todos los problemas de los que he huido todo este tiempo. Y eso te incluye. Eres a quien más daño le he hecho… lamento tanto todo lo que pasó, prometo que haré lo necesario para compensarlo, y sé que nunca será suficiente, pero es lo menos que puedo hacer. No tienes idea de lo mucho que odio la persona en que me convertí, y quiero arreglar eso. De alguna manera este viaje logró cegarme y sacar lo peor de mí.
—Bueno, eso fue profundo, y depresivo…
— ¿Y qué esperabas? Soy un desastre de persona, igual que tú. Quiero dejar esto atrás, sé que no se puede borrar el pasado, pero sí corregir lo que haré en el futuro.
—Deja eso para cuando volvamos a nuestro hogar.
— ¿Nuestro?
—No te hags ilusiones, no he decidido nada. Sólo dame tiempo, necesito pensar que haré con el resto de mi vida. Yo no soy quien tenía a cargo una nación, y estoy seguro de que ya he de tener un reemplazo como almirante. Tendré que buscar otra forma de ganarme la vida…
—Si decides cambiar de opinión, puedes contar conmigo.
— ¿Puedo en realidad?—cariño, yo no nací ayer…
—Ya sé que no lo parece, pero sí, puedes. Sé que cometí errores, muchos, pero eso no quita que eres el único hombre al que he amado de esta forma… no podría olvidarte aunque quisiera. Además, eres mi compañero, hemos estado juntos por tanto tiempo, no sé cómo sobreviviría sin ti… no me importan las condiciones, nada sería suficiente sin tenerte en mi vida, o al menos haberte tenido en algún momento…
—Suena casi como una declaración de amor…—quiero creerle, pero no soy tan ingenuo, el daño es bastante más profundo…
Después de largas horas conversando con los naturales y con Hans, comienzó nuestra última estadía en el norte del mundo. Tratamos de aprender todo lo posible acerca de nuestra magia, todas las piezas restantes, mientras trabajábamos juntos en restaurar toda la energía drenada y liberada súbitamente al ambiente. Fueron las semanas más agotadoras de toda mi vida. Todavía no entiendo cómo pudimos causar una catástrofe de tan grandes proporciones en tan poco tiempo… bueno, para ser justos, éramos tres en ese momento…
Todavía no sé cómo sentirme con respecto a este viaje… definitivamente ha sido una aventura en un millón, eso es seguro. Aprendí tanto sobre mi naturaleza, tanto como hechicera como mujer, aprendí de mí misma, y terminé por aceptarme como soy, con mi magia y con la parte más oscura de mi ser, aquella que no sabía que existía. Pero también perdí muchas cosas… perdí a mi hijo, eso es algo que no podré olvidar jamás, nuestro hijo, que ni siquiera sabía que tenía hasta que fue demasiado tarde para poder hacer algo al respecto. Sé que de todos modos no estaba destinado a nacer, pero no significa que eso cambie la manera en que me siento. O las dolorosas imágenes que vienen a mi mente en la noche, mostrándome a un pequeño recién nacido con una pelusa de cabello rojizo en medio de un rostro casi tan blanco como el mío… y también me perdí a mi misma por un buen tiempo, sin saber lo que hacía… para terminar con el punto cúlmine de la cadena de desgracias que me han sucedido, el momento en que le quite la vida a quien alguna vez fue mi mentor y la única persona en el mundo que comprendía lo que se siente esta clase de magia…
Me siento absolutamente agotada. Hasta lo último de mis fuerzas fue drenado. Me siento como el gigante Atlas, pero a diferencia de él, yo terminé mi tarea y puedo dejar de sostener el peso del mundo sobre mis hombros. Esta noche, después de tanto tiempo, hemos restaurado completamente le orden. Aprendí a sentir el flujo de energía alrededor de mí, y reconozco la armonía ahora que fuerzas sobrenaturales, vale decir nosotros, los hechiceros, hemos dejado de alterarla. Es como una pieza de composición perfecta, que debe ser escuchada pero no interrumpida a gritos como lo hemos hecho tanto tiempo. Y hasta creo—siento—que mi hogar está en paz. No es que pueda afirmar con certeza, sólo es un presentimiento.
Finalmente podremos volver al continente… después de tanto tiempo, la idea de regresar parece un disparate nada más, como algo totalmente fuera de lugar y absolutamente risible… pero ahora podemos. Los últimos Sami se irán al amanecer, los naturales los han persuadido para que nos lleven con ellos. Volveré a mi hogar. Aún no lo creo, no parece algo real, Arendelle a estas alturas es como un recuerdo de un sueño lejano en mi mente…
El mes siguiente no es fácil, para nada. Cruzamos de vuelta al continente junto a los Sami. El mar estuvo tranquilo la mayor parte del trayecto, casi hasta el final. Hubo una tormenta en nuestro último día de navegación, la mayoría de las balsas de los Sami se volcaron en medio de la tormenta, algunas encallaron en las rocas. Hans y yo tuvimos suerte, la nuestra se mantuvo bien hasta el final. Oh, juro que jamás volveré a acercarme a las costas del norte o poner un pie en un barco en lo que me queda de vida. Ya tuve más que suficiente del océano, no entiendo por qué a Hans le fascina tanto estar en una nave pudiendo morir en cualquier momento.
La tierra es otro problema totalmente aparte. A pesar de ser verano, es difícil recorrer los terrenos escarpados, y los bosques, hay lugares en que el bosque de pinos es tan alto y espeso que no se puede ver el cielo. Hay lobos y otros depredadores merodeando cerca de los campamentos. Llevo semanas durmiendo pésimo, esperando que nos atacaran en cualquier momento. O esperando que los Sami decidieran abandonarnos a mitad del camino. Apenas podemos comunicarnos con ellos, conocen algunas palabras sueltas de mi idioma y nada más. Ha sido un milagro que hayamos llegado tan lejos.
No quería volver a alta mar, pero al parecer mi invierno fue lo suficientemente brutal como para cambiar la geografía del límite entre las tierras salvajes del norte y Arendelle. No había manera de cruzar al sur por las rutas que los Sami utilizan normalmente, así noque tuvimos que subirnos a otra de esas maldigas balsas. Bien podría haberle destrozado los huesos de la mano a Hans con lo fuerte que he estrujado su mano mientras navegábamos.
A eso del mediodía comienza a aparecer en medio del horizonte ulna pequeña mancha verde que destaca sobre el mar. Es tierra firme, al fin. Arendelle se va haciendo cada vez más grande, comienzan a aparecer las montañas, las ciudades, el puerto, el palacio. Es mucho más hermoso de lo que recordaba. Y sin un rastro de nieve. El cielo de finales del verano nos recibe sin una sola nube, con el sol brillando en lo alto. ¿Es esto un sueño? Tiene que serlo. No parece real, no podemos haber regresado, ¿o sí? Después de tanto tiempo… ¿nos recordará la gente? Espero que sí. Finalmente he vuelto a mi hogar. Después de casi un año… ¿o sería más de un año? Perdidos en medio del lugar más inhóspito del norte, donde estuvimos a punto de morir tantas veces, perseguidos por depredadores, por las tribus, con un clima que no nos favoreció en absoluto, enfrentándonos a enemigos que casi acabaron con nosotros, incluyendo aquellos más simples intrínsecos a la humanidad, como la enfermedad y las heridas… y finalmente regresamos, lo logramos. Después de todo lo que pasamos, hemos vuelto al punto de inicio.
Nos divisan los centinelas de las torres del castillo, enviarán soldados a la costa. Espero que puedan reconocernos. Mientras tanto, la balsa llega a la orilla, salgo tambaleando, tropiezo y caigo sobre la arena. Tomo un pequeño puñado en mi mano, para sentir los granos raspar mi piel, a modo de convencerme de que esto es real, que finalmente estoy en casa. Me tiendo de espalda, cierro los ojos por un segundo. Todo se ve rojo gracias al sol sobre mis párpados. Escucho los sonidos de mi ciudad, de mi reino. Los otros barcos, las gaviotas, los súbditos que se acercan llenos de curiosidad a ver qué está sucediendo en el puerto. Abro los ojos en cuanto oigo la voz de un soldado… es el capitán Lillehammer. Hans habla en mi lugar, pide una audiencia con la princesa Anna. El capitán se ríe en su cara. Hans me ofrece una mano para ayudarme a ponerme de pie. Los soldados se quedan lívidos en cuanto me ven. Pareciera que han visto a un muerto resucitado. Se podría decir que en cierta forma lo somos. No hacen más preguntas, se miran entre ellos, envían algunos a buscar a Anna.
Nos quedamos en el puerto esperando junto a los Sami. Les debo una buena recompensa por habernos ayudado. Su gente siempre será bienvenida en mi reino. Les comunico eso al menos. Los minutos en que esperamos parecen una eternidad. De pronto aparecen un caballo y un reno en medio del puerto. Son Anna y Kristoff. Nos miramos por un momento. ¿Me habrá reconocido? Espero no haber cambiado tanto. Anna corre hacia mí. Estoy pegada al piso, no puedo moverme.
—Els… ¿Elsa? ¿Eres tú?—pregunta ella, alzando una mano para tocar mi mejilla.
—Oh, Anna—me arrojo a sus brazos sin pensarlo dos veces.
Lloramos un largo rato abrazadas. Sólo quiero sentir su calor y convencerme de que todo esto es real. He regresado con ella. Finalmente pude cumplir la promesa que le hice hace tanto tiempo. He vuelto a mi hogar, con mi familia. Es todo lo que necesito. Oh, Dios, la extrañaba tanto. ¿Cómo he podido pasar casi un año sin mi hermanita? Sólo sé que no volveré a dejarla.
Le he dejado el vestido cubierto de lágrimas. Ambas nos debemos de ver fatal, y me siento realmente avergonzada por el hecho de que por primera vez Anna se ve más presentable que yo… soy un desastre. Por encima de su hombro veo a Hans y su hermano reunirse. Mi corazón de hielo se siente ligeramente más cálido al ver que al menos a uno de sus hermanos le importa lo suficiente como para haberse quedado en mi reino esperándolo.
Kristoff se une a nuestro abrazo, y hasta Olaf aparece entremedio de la multitud, se sube encima de mi. Incluso el apestoso reno de Kristoff se une a nosotros. Una familia infinitamente extraña, pero no los cambiaría por nada en este mundo. Yo pertenezco a esta extraña unidad. Después veremos que pasa.
Nos llevan al palacio, nos reciben con todos los lujos que había olvidado que existían y comienzan a parecerme superfluos, innecesarios después de todo. Kai me abraza en cuanto me ve, luego Gerda llora mientras me estruja en un apretado abrazo, acariciando mi cabello enredado. Se ofrece junto a muchos otros sirvientes a tráeme una infinidad de cosas, comida, bebida, a prepararme un baño, ropa limpia, llevarme a mi cuarto, llamar médicos, y otros tantos ofrecimientos. Me decido por un baño, una taza de té y que me preparen una camisa para dormir. El agua huele a rosas, hace mucho tiempo que no las sentía. Y las telas son realmente suaves. Perdí la costumbre de dormir sobre un colchón y en medio de almohadas esponjosas. Intento dormir, pero hay un solo pensamiento que llena mi mente: Hans.
Le prometí a Anna que pasaríamos todo el tiempo necesario para ponernos al día en lo que nos ha sucedido a ambas, pero por ahora tengo que hablar con Hans. Por lo que sé, podría irse con su hermano en cualquier momento. Los encuentro a ambos conversando animadamente en el cuarto que había designado a Hans hace tanto tiempo. Aleksander hace una reverencia, y contra todo pronóstico, me abraza también.
—A ti también te extrañé, hermana—susurra, guiñándome un ojo. Habla lo suficientemente bajo como para que Hans no lo oiga—. ¿Debería esperar un sobrino o me vas a decir que este idiota todavía no se ha puesto a trabajar?
— ¡Sander!—Hans le da un codazo en las costillas.
— ¿Qué? Sólo preguntaba.
—No, es una larga historia… solo sé que no podríamos aunque quisiéramos—digo.
—Oh, no… no tenía ninguna idea, lo siento.
—No es tu culpa—le digo sonriendo lo mejor que puedo.
—Yo… este… los dejaré solos—desaparece tan rápido como lo dice.
Hans tiene esa expresión neutra indescifrable en su rostro. Estoy realmente nerviosa, no tenía ningún discurso improvisado para esto…
—¿Y bien?—su voz es dura y fría.
—Solo quería saber como estás.
—Bien, supongo.
—Me alegro… quería hablar contigo.
—Estamos hablando.
—Sabes a lo que me refiero.
—Elsa, no tienes por qué hacer esto. Ya he abusado bastante de la hospitalidad de tu reino, y estoy seguro de que Sander habrá sobre explotado la amabilidad de tu hermana en este tiempo… en verdad no tienes por qué seguir haciendo esto, o fingiendo que quieres estar a mi lado.
—No, quiero hacerlo. No siento que esto haya terminado entre nosotros… eres libre de hacer lo que quieras, de ir a donde quieras ahora, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo, puedes quedarte en mi reino si así lo deseas… o no. A donde sea que vayas, sea lo que sea que hagas, seguiré esperándote aquí. No importa lo que tome, o si mi corazón sigue rompiéndose, estaré aquí. Eres mi hogar, espero que lo sepas—y es lo último que digo antes de salir de la habitación.
A/N: y eso ha sido el último capítulo de Til Måneskinn... wow, jamás creí que llegaría tan lejos esta historia. Ahora quedan solamente los dos epílogos, que serían finales alternativos (y están más que invitados a leer ambos si gustan), considerando que este capítulo deja pendendientes un par de cosas entre los personajes... y lo siento por tardar más de lo esperado en este capítulo, es que por ser el último quise revisarlo compulsivamente hasta que quedo esto, después de cortar y añadir muchas cosas.
¡Y les dejaré como anuncio que tengo en mente otro long fic de Helsa! Que sería mi última historia acerca de ellos y de Frozen en general (no creo que deje de leer historias del fandom, o escribir fanfiction en general, pero simplemente creo que al menos para mí sería todo con Helsa, ahora que tengo un pare de obsesiones nuevas). Como adelanto, será un alternative universe en el que Hans visita Arendelle un par de años antes de la coronación de Elsa, llegan a conocerse y entablar una relación bastante particular basada en el pretexto de Hans queriendo mostrarle lo que es el estilo de vida bohemio de un artista de principios del siglo XX. Planeo tener algunas novedades en mi estilo de narración, entre ellas, integrar letras de canciones... y que estará escrito en inglés...
En fin, nuevamente les agradezco por todo el apoyo que ha recibido la historia, realmente son geniales. Gracias por las miles de visitas, todos sus comentarios, los seguidos y favorites que alcanzó a tener, a pesar de haberla escrito cuando el fandom estaba decayendo. Es realmente emocionante haber podido llegar a tantos lectores y de tan diversos lugares del mundo, de tantos continentes distintos.
Hasta la próxima—y última entrega—, bye!
