Volker miro su reloj de oro que marcaba las seis y cuarto de la madrugada y el aún seguía buscando a Lundberg por la ciudad, pero no había ni un rastro de él. Según le había informado el General Von Helker, Richard le había dejado una nota a Andreas antes de partir a Praga, lo que apuntaba que estaba escondido en dicho lugar. Pero el rubio no creía que estuviese ahí, pues era un lugar muy obvio para buscar refugio.

En la casa de los Lundberg en la zona restringida se habían encontrado más cartas, cheques a nombre de varios de los sicarios más buscados por la PSO Internacional, los planes para lanzar algunos atentados en varias ciudades importantes de oriente y algunas armas restringidas en el país, lo que lo apuntaba como indudable culpable de todos los delitos que se le estaban imputando.

Hacia un par de horas por su radio había escuchado a su padre invocando a la corte marcial, lo cual le asusto. Era bien sabido que el magistrado Köhker tenía una manía por dictar todas sus sentencias con la pena capital, no sin antes recibir una serie de torturas en la cárcel donde se encontrara el presunto delincuente.

El joven General aún seguía incrédulo por lo que había pasado. Le costaba mucho trabajo asimilar que los Occidentales fueran tan tontos como para hacer grandes actos de vandalismo que les perjudicaran ante el gobierno de Finlandia y terminaran llevando un severo juicio en la Corte Internacional de Justicia y mucho menos podía creer que Richard había sido participe de todos esos actos. Junger le marco apenas y termino la sesión, él había estado viendo el informe por televisión y quiso hacerle saber a Volker que nunca nadie en la resistencia moscovita había tenido relación con Richard Lundberg. Pero eso no era lo que le tenía tan encolerizado, ese merito se lo llevaba Andreas. Ese maldito bocón que no se tentó el corazón para salvarle el pellejo a su tío e incluso lo hundió lo más que pudo. Con su frivolidad había hecho quedar en ridículo a ese hombre que le recibió en su casa. Era una lástima que por el momento el no pudiese acercarse a Andreas, porque gracias a su "valentía" se había ganado todo el respeto de su padre tanto que seguramente lo cuidaría hasta para ir al baño.

Sin embargo, Volker se había prometido una cosa. Si encontraban a Richard antes que él o sus aliados y lo sentenciaban a muerte, el mismo mataría a Andreas,

Su teléfono empezó a repicar, sacándolo de golpe de sus deseos de venganza. Con una maniobra saco el teléfono de su pantalón, mientras que con su otra mano seguía dirigiendo el auto. Sin ver la pantalla lo acerco a su oído.

—Heisenberg—dijo al auricular.

—Volker, necesito que vengas a mi casa en este momento—le pidió Fabian bastante alterado.

—¿Qué sucede?—inquirió con preocupación.

—Anda ya, apresúrate. No puedo explicártelo por teléfono—y colgó. Otra preocupación más se sumó a las que ya tenía. Aventó el celular al asiento vacío del copiloto, pues necesitaba de ambas manos para girar el auto y acelero todo lo que pudo en dirección a la zona restringida.

Tardo unos escasos minutos en llegar hasta la casa de Fabian. Aparco su auto y de un salto descendió de él. Toco la puerta con insistencia y pronto le abrió la puerta Anastasia. Al observarla sintió un vacío en el estómago, la pelirroja tenía los ojos hinchados y casi tan rojos como su cabello lo que le dio una señal de que ella había estado llorando.

—Pasa—le indico con su mano la pelirroja que miraba al suelo.

—Gracias—Volker entro sin quitarle la vista de encima, pero ella no quería mirarle a la cara y cerró la puerta de un portazo.

—Perdón por molestarte Volker—escucho la voz de Fabian que se asomaba por el pasillo al mismo tiempo que se acomodaba la camisa blanca.

—¿Qué sucede?—inquirió el rubio al darse cuenta que Fabian se estaba arreglando como para ir al trabajo.

—He recibido una llamada de emergencia para informarme que soy parte de los escuadrones que buscaran a Richard—respondió con cierto nerviosismo. El General puso los ojos en blanco.

—Pero ¿Qué dices?—pregunto alterado—¿Por qué te han llamado a ti si trabajas en una oficina? Y además ¡donde diablos lo piensan buscar, si él ya debe estar muy lejos de aquí!—exclamo enfadado.

—Soy uno de los pocos elementos que tiene experiencia en misiones de captura en otros países, también hablo fluidamente cuatro idiomas y le vale un pepino a tu padre si me la pase un año o toda una vida en una oficina revisando papeles y no se manejar un arma—contesto dándose la vuelta para tomar de la mesa del comedor su corbata—¿y donde lo vamos a buscar? Pues solo tengo la orden de tomar en media hora un avión hacia la India—Volker se recargo en la pared con pesadez, justo aun lado de Anastasia que lloraba en silencio sin prestarle mucha atención a lo que los hombres discutían.

—¿Cuánto tiempo te iras?—inquirió con voz tranquila.

—Indefinido, supongo que hasta que Lundberg aparezca—respondió con amargura tomando su saco negro—. Por eso te he llamado, para pedirte un favor—lo miro a los ojos.

—El que quieras.

—Cuida de Anastasia en mi ausencia—dijo con la voz profunda, dirigiendo su vista a la pelirroja que negaba efusivamente con la cabeza. Volker volteo a verla y sintió una enorme tristeza. Odiaba ver en ese estado a Anastasia, pues ella no quería dejar ir a su marido y menos a un lugar tan peligroso—. En su estado necesita de muchos cuidados, no podré dejar de pensar en ello y me volveré loco de saber que está sola.

—No tienes ni por que decirlo, me encargare personalmente de ella. Seguramente Lana y Louise también querrán ayudar—comento de forma segura, tratando de reconfortar un poco a su amigo que le sonrió triste.

—Gracias, Volker—Fabian se dio media vuelta y tomo su maleta—. Tengo que irme, en cuanto pueda te mandare alguna carta o un recado—se acercó al rubio para estrechar sus manos.

—Si, cuídate mucho. Si puedo ayudarte en cualquier cosa, no dudes en comunicarte conmigo—le pidió soltando su mano.

—Igualmente. Estaré pendiente de los jabones este donde este—ambos sonrieron. Volker camino en dirección contraria a la de Fabian, para darle un poco de privacidad a la pareja que tenía que despedirse.

—Nastia—susurro Fabian observando a su esposa que estaba devastada, llorando retrancada en la pared—, Nastia—dijo dejando su maleta en el suelo para poder tomarla de los hombros. Ella se resistió al contacto pero Fabian era más fuerte y la atrajo a sus brazos—, por favor deja de llorar—le imploro en ucraniano susurrándole a su oído—. No podré irme tranquilo si sigues así.

—Pero ¿Cómo quieres que este? Tengo mucho miedo—sollozo en el mismo idioma abrazándolo con fuerza.

—Lo se—le interrumpio—, yo tampoco quiero dejarte pero es el deber que tengo que cumplí. Te he prometido que volveré pronto, mucho antes de que nazca el bebé pero para eso tú debes de estar bien y saludable. No te preocupes por mí, se cuidarme muy bien y no me pasara absolutamente nada ¿sí?—se separó un poco de ella y limpio sus lágrimas con el dorso de su mano.

—Cuídate mucho—le imploro—y vuelve sano y salvo a casa—Fabian sonrió y se acercó a darle un cálido beso en los labios. No quería separarse de ella, pero tampoco tenía otra opción así que con una sonrisa melancólica la miro por última vez.

—Tú también—le dijo con dificultad. Quiso decir algo más, pero no se atrevió no quería que la voz se le cortara. Él se separó de ella que de nuevo tenía los ojos llenos de lágrimas. Anastasia aun sostenía con fuerza la mano de Fabian entre la suya y el con todo su pesar alejo su mano de ella. Tomo su maleta y después de unos pesados pasos salió de casa. Al escuchar el portazo Volker enseguida se giró y corrió hasta donde estaba Anastasia tambaleándose. La sostuvo entre sus brazos para evitar que cayera al suelo.

—¿Por qué Volker?—le pregunto mirándolo con una tristeza profundo—¿Por qué tenemos que sufrir de esta manera? Fue tan triste ver en la sala a ese amigo de Lana denunciando sin misericordia a su tío. ¿En serio esta tan ávido de poder? Y ahora ese pobre hombre está siendo perseguido y Fabian tiene que ir a buscarlo—dijo con la voz entre cortada.

—No lo sé Nastia, pero te prometo que pronto se terminara todo esto—le dijo abrazándola, mientras ella volvía a llorar.

—Tendrás que hacer un milagro y en este lugar los milagros no existen—musito con amargura. Volker decidió ya no decir nada más pues sabía que ninguna respuesta aliviaría el dolor que Anastasia estaba sufriendo.

Pronto la acompaño hasta su recamara, se quedó ahí observándola dormir lleno de ira. Pues en su mente veía el rostro de Andreas, lo odiaba tanto. No solo había destruido la vida de Richard, si no que destruiría familias enteras por su maldita ambición por el poder. Si él no hubiese abierto la boca, todo hubiese seguido con normalidad pero sin que el mismo lo supiera había complicado toda la situación en la resistencia y había incrementado el deseo de venganza en él.

Espero hasta que Anastasia se quedó profundamente dormida y después subió a su auto. Tenía que alcanzar a Svetlana antes de que entrara a la escuela, pues no podría cuidar a Anastasia él solo. Por suerte, la encontró dando la vuelta a la calle del colegio. Tenía una expresión cansada seguramente tampoco había podido dormir.

—¡Lana!—le llamo desde su auto. La pelinegra volteo enseguida, un poco extrañada por la presencia de Volker. Se imaginó que venía a prohibirle que siguiera frecuentando a Andreas y de igual manera probablemente ella le diría que sí, pero en realidad lo vería a escondidas. Ella estaba muerta de la curiosidad por saber dónde estaba Lundberg y por qué había hecho semejante acusación hacia el la noche anterior. Así que si Volker venía a decirle algo respecto a eso, no le haría caso.

Además en su casa habían pasado algo extraño. Durante el desayuno, Frederick no dejaba de hablar de la proeza de Andreas, tanto le alababa que parecía que Volker había dejado de ser el candidato ideal para casarse con ella, pues el General había defendido de manera torpe en la Sala al "gran traidor". Camino hasta el coche del joven que se veía muy cansado, parecía no haber dormido.

—¿Qué haces aquí Volker?—inquirió omitiendo el saludo.

—Solo vengo a quitarte un minuto. Esta tarde cuando salgas del colegio, tendrás que ir a casa de Anastasia—le ordeno con rapidez.

—¿Por qué? ¿está enferma?—pregunto preocupada.

—No, Fabian ha sido enviado a misión por quién sabe cuánto tiempo y tendremos que cuidarla en su ausencia—le contesto con molestia. A Lana se le encogió el corazón, hacia unas semanas Nastia se había enterado que estaba embarazada y todos estaban muy emocionados por la noticia. Desde ese momento Fabian no se había separado de ella, así que se imaginó que la pelirroja estaba muy deprimida por la noticia.

—¡Qué horror! No te preocupes por nada, yo cuidare de Anastasia—dijo aun angustiada. Volker la miro a los ojos y no pudo evitar recordar que ella hacia buenas migas con Andreas. Volvió la vista al frente y encendió su auto.

—Tengo que irme a ver a mi padre y a tu amigo—musito con desprecio. Lana miro al suelo avergonzada.

—Está bien, nos veremos más tarde—dijo haciéndose a un lado. Volker arranco a toda velocidad mientras Lana lo seguía con la mirada. Se avecinaban tiempos difíciles y ella se preguntaba si era posible que la situación empeorara aún más. No obstante, no era un momento para preocuparse por ella misma. Primero estaba Anastasia, quien había sido un gran apoyo para la pelinegra desde que ella había llegado a Berlin y era su turno de acompañarla para aligerar un poco su tristeza. Luego estaba Andreas que aunque no sabía que tramaba, tenía que ayudarle en lo que pudiera y finalmente estaba Volker, que parecía estar furioso con Andreas y por toda la situación que estaba aconteciendo en Berlin, así que tenía que darle los menos problemas posibles y evitar a toda costa que ellos se mataran.