Ron recibió una lechuza urgente de Ginny, informando que Luna se encontraba en el hospital, había sufrido una alza de presión arterial y tuvo que ser internada. En su estado y, dado que el embarazo era de alto riesgo, era necesario que estuviera en la unidad maternal de cuidados intensivos por unos cuantos días. Había que estabilizarla y por sobretodo, salvaguardar tanto la salud de ella, como la del bebé.

Desde el rapto de Rose ya había pasado poco más de un mes y ella nunca recordaría lo que ocurrió aquella infernal noche, gracias al hechizo de Ginny; Draco y Hermione, se habían dedicado a los preparativos de la boda religiosa y a ayudar a Rose para ambientarse en su nuevo colegio.

Ginny y Harry también pusieron fecha a su enlace y, aprovechando que Draco y Hermione se jurarían amor en el altar, realizarían un matrimonio doble, con muchos invitados. Incluso Hermione, traería a su tío Herman desde Tampa para que estuviera presente y a sus dos amigas policías: Mary Ann y Francisca.

En cuanto a Pansy, luego de que la atendieran en San Mungo, para evitar que se desangrara, fue remitida a Azkaban por el tiempo que durara la investigación, en donde el juez había determinado ciento veinte días y a partir de ahí, otros noventa para el inicio del juicio, tiempo en el cual debería estar en prisión. Arriesgaba una pena de cuarenta años a presidio perpetuo. Sin embargo su defensor alegaba «locura temporal», así que la fiscalía debería solicitar las pruebas correspondientes. Como fuera, Pansy, o se iba derechito a la cárcel o a un sanatorio para enfermos mentales. Así, si fuera lo uno o lo otro, ya no era una amenaza y por fin Draco y Hermione podrían vivir tranquilos.

Mundungus, resultó ser cooperador con los aurores y admitió su participación tanto en el supuesto atentado en Nueva York como en el rapto de la niña. No obstante, en ambos casos tenía atenuantes que podían favorecerlo, como el hecho de haber sido él quien diera el aviso a la policía neoyorkina de los artefactos explosivos y el de haber ayudado a Hermione cuando Pansy la quiso eliminar. Por lo que solo estaría en prisión hasta que alguien le pagara la fianza que el juez había impuesto de cuatro millones de galeones. Así, mientras alguien lo apoyaba, o él mismo se las arreglaba para reunir el dinero, pasaría un buen tiempo en Azkaban. Por lo menos no sería una vida, como Pansy. Aunque de todas formas debería esperar el juicio y ahí sabría si tendría que purgar otro tiempo más tras las rejas.

Marita Espina y Steve Jones habían comenzado a salir, era muy posible que de esta relación resultara algo serio, ya que el joven chofer se fijó en ella apenas la vio y a Marita le había interesado este hombre de tan buenos modales que conoció en la casa de los Malfoy. También había decidido estudiar en una universidad muggle. Y como manejaba bien el idioma, solicitó sus antecedentes académicos a México, así que pronto iniciaría su carrera: sería maestra de escuela. Esa era su vocación y contaba con todo el apoyo de Draco y Hermione.

En cuanto a la familia Weasley, todos estaban felices porque por fin Ginny contraería matrimonio con Harry. Sin embargo, tanto para Arthur como para Molly, existía un poco de tristeza, primero porque Audrey y Percy habían decidido divorciarse y porque Ron no logró convencer a Luna de que él verdaderamente la amaba. Sabían que su hijo se había portado mal y que por su falta de madurez, primero dejó ir a Hermione y ahora estaba a punto de perder a Luna y lo que es peor, no tendría la oportunidad de estar con su hijo…

Ronald estaba al tanto de las apreciaciones de sus padres y, por lo mismo, no quería volver a defraudarlos. Haría todo lo posible para reconquistar a Luna. Por lo pronto, estaría con ella y con el bebé que venía en camino…

Se apresuró en llegar al hospital por la Red Flu y de inmediato se dirigió a la habitación de Luna.

Al ingresar, vio que ella estaba acostada con una vía de suero en el brazo y con su padre a un lado, que al verlo le regaló una mirada ojeriza y salió de inmediato de la sala.

—Luna…

—¿Qué haces aquí, Ron? —él se acercó a la cama.

—Estoy preocupado por ti y el bebé.

—La bebé, querrás decir. Es niña —Ron sonrió, ya se imaginaba otra Mini Weasley en casa.

—Mi hija… —al decirlo sintió que se escuchaba perfecto.

—Es mía, Ron. Yo la criaré, sola.

—No, Luna. Yo estaré contigo siempre. No me alejaré de ti. Nos casaremos y viviremos juntos.

—Ron, yo no me casaré contigo, ya te lo dije. No te negaré nunca el derecho de ver a tu hija, pero tú y yo no volveremos a estar juntos. Me hiciste mucho daño y no estoy dispuesta a seguir soportándolo.

—Eso lo dices ahora, pero yo estaré siempre a tu lado, hasta que te convenzas de que te amo y que yo soy el único que estará siempre contigo —tomó la mano de ella, pero sintió su frialdad. No le importaba, estaba dispuesto a insistir con tal de recuperar el amor de Luna. Tarde o temprano lograría volver a su lado.

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Mientras tanto en una celda fría, sucia y oscura de Azkaban, Pansy Parkinson lloraba tendida en el suelo. Todo había acabado. No tenía a Draco... no tenía una familia... no lo tenía a él…

—Lucius, ¿por qué no regresaste nunca? —en su mente estaba grabada aquella frase: «Yo muerto... tú loca... en donde estés yo iré por ti…»

Esperaba que aquello se cumpliera y que pronto aquellas brujas «roba almas» lo dejaran libre. Mas el tiempo es relativo dependiendo del lugar en que se está y por tanto temía que esa espera pudiera tardar años. Aun así lo esperaría, estaría dispuesta a ayudarlo y estar a su lado en lo que él quisiera.

—Te esperaré, Lucius. Siempre.

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En la casa de los Malfoy Granger, Rose se encontraba haciendo los deberes en su habitación con el gato color canela en la cama, mientras Marita leía un libro sentada en una mecedora frente a la ventana.

—Marita, ¿echas de menos a tu país?

—A veces, tesoro, ¿por qué lo preguntas?

—Porque yo extraño a mis antiguos compañeros de colegio… los de ahora son simpáticos, pero…

—Bueno, si le dices a tus padres que quieres visitarlos, posiblemente te lleven a América en las vacaciones… o mejor, ¿por qué no les escribes? Ya sabes hacerlo bien ¿no? Hazles una carta, yo la corrijo y la envías.

—¿«Enviar» qué? —Draco entró en la habitación de su hija.

—Le decía a su hija que si extraña tanto a sus amiguitos de Estados Unidos, que les escriba…

—Sí, es buena idea… o utiliza el chat… ¿chat se dice no? —dijo Draco.

—Sí, papá así se dice… Entonces, ¿puedo ocupar tu computador?

—Creo que es mejor que tengas uno para ti, acá en tu cuarto. Marita, mañana ve con Steve y compran unos cuantos… creo que tú también precisarás de uno.

—Gracias señor. Realmente voy a necesitarlo para mis trabajos de la universidad.

—¿Te falta mucho para terminar tus deberes?

—Ya casi termino, papá. ¿Por qué?

—Tu madre te está esperando porque te quiere medir el vestido de la boda.

—¡Voy! ¡Voy!

—¿Y tus tareas? —preguntó Marita.

—Termino al ratito, ¿sí? —Marita sonrió y la niña salió corriendo al salón.

Abajo estaba Ginny y Hermione con unos arreglos florales que habían enviado las hermanas Patil desde India, decían que tenían poderes especiales y que con esas flores blancas perennes se debía realizar un gran arreglo en la mesa de los recién casados.

También estaba allí una caja con el vestido de Rose, y que debía probárselo. Ese vestido se lo había confeccionado Molly Weasley. Draco hubiese preferido que un diseñador francés lo hiciera, pero en consideración al cariño enorme que la familia Weasley tenía tanto a Rose como a Hermione, aceptó. No así para el vestido de su esposa y el de Ginny, que era el hada madrina de su hija y también la madrina bautismal. Así que, como conocía a muchos diseñadores muggles de gran renombre, solicitó que elaboraran los mejores vestidos a ambas. Y claro, de pasadita unos buenos trajes tanto para él como para Harry Potter.

En cuanto a la fiesta, Harry no quiso que Draco asumiera todos los gastos, así que también hizo su aporte.

El día catorce de febrero, en la Iglesia de los Templarios, (utilizada por los Malfoy desde el año 1200 para celebrar allí sus bodas), estaban todos los invitados, esperando el gran evento. Eran casi mil los allí presentes. Entre los más queridos, figuraban muchos amigos del colegio, profesores, compañeros y simpatizantes del club deportivo de quidditch de Ucrania, algunos policías de la ciudad de Nueva York que habían logrado llegar, mucha familia Malfoy y toda la parentela de los Weasley. Era el evento muggle y mágico del siglo. Draco también invitó a muchos gerentes y presidentes de sus empresas de los diversos países en donde tenía sucursales.

Hasta medios de prensa americanos se habían hecho presente, pues les llamaba mucho la atención cómo una ex comisario neoyorkina se casara con un inglés, que según ellos, tenía un título nobiliario. Cosa que Draco jamás negó ni corroboró pero, ¿lo tendría? Muchos documentos del árbol genealógico de la familia Malfoy y de la familia Black se habían perdido con los siglos, así que todo podía ser…

Estaban las parejas delante al altar y en la primera fila se hallaba Luna con su notorio embarazo, a su lado derecho, su padre Xenophilius Lovegood y al otro, Ronald Weasley, el que en un momento entrelazó su mano con la de ella, Luna lo miró y sonrió. Eso podría significar algo en un futuro cercano. Ron observaba hacia adelante en donde su hermana contraía matrimonio con su antiguo mejor amigo y la que un día fue el amor de su vida, lo hacía con su peor enemigo. Cosas de la vida. Ella era feliz, irradiaba tranquilidad y a Draco se le veía igual. Se amaban. Eso no lo podía negar. Ahora él tenía un motivo por vivir: Luna y su hija que venía en camino. Ya la vida le daría la oportunidad de redimir el daño causado. Nunca es tarde para enderezar el camino, se decía. Si ya Hermione y Draco lo habían perdonado, solo falta que él mismo lo hiciera y aceptara que tendría que vivir con ese error a cuestas por siempre, lo que no significaba que debía marginarse de todo. Al contrario, debía intentar rehacer su vida y ser feliz.

Al escucharse el «Sí, acepto» de los contrayentes… seguido del beso, quedó todo sellado… un ciclo llegaba a su fin.

El amor había triunfado.

Draco con Hermione por siempre y Harry con Ginny, un amor verdadero…

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Siete meses después…

Era mes de septiembre… Luna ya era madre de una hermosa niña. No obstante, su embarazo fue complicado hasta el último día, ya que debió permanecer hospitalizada en una clínica muggle durante los últimos meses. Tiempo en el que Ronald Weasley nunca se apartó de su lado. Ella, por fin, comenzaba a creer en los sentimientos de él, posiblemente en un futuro, lograran formar una familia.

Estaban en el patio de «La Madriguera», festejando el bautizo de la pequeña Jean Weasley Lovegood y también el de Rose Malfoy Granger, cuyos padrinos (para ambas niñas) eran Harry y Ginny.

Luego de la ceremonia religiosa, se organizó un almuerzo familiar en el patio en donde, como siempre, se habían instalado los toldos gigantes, ahora adornados con guirnaldas, cintas y flores de color rosa.

—Antes que sigamos… —dijo Harry poniéndose de pie y levantando su copa—. Si bien ya hicimos el brindis por nuestras ahijadas… quiero hacer otro… debo informales que… ¡voy a ser papá! —gritó de alegría y todos aplaudieron.

Hermione que estaba un poco más atrás, notó que Draco había sonreído pero no con la efusividad que ella esperaba.

—¿Qué ocurre, amor? Estás triste.

—No, para nada —Hermione lo conocía tan bien, sabía que mentía.

—Estás así porque aún no logro quedar embarazada. Es eso, ¿no? —él la miró a los ojos y asintió triste—. Mi vida, recuerda que el médico nos dijo que debemos relajarnos y tener paciencia.

—Tú sabes que la paciencia no es mi virtud. Rose se muere por un hermanito…

—Draco, escucha —le habló al oído—. ¿Y si te dijera que hace más de un mes que no me llega mi periodo? —Draco abrió los ojos como plato y su cara se iluminó.

—¿Quéee? ¿Por qué no me lo habías dicho?

—¡Baja la voz! No te lo había dicho porque no es nada seguro…

—¡Pero tus fechas son exactas!

—Sí, sí, Draco, pero calma no hay nada seguro aún…

—¿Y entonces, Hermione? ¡Andando! Vayamos de inmediato al médico.

—Pero estamos en… —Draco tomó de la mano a Hermione, poniéndose de pie, lo que llamó la atención de muchos.

—Harry, Ginny —ellos los miraron expectantes—. Hoy les encomiendo la primera tarea como padrinos—. Harry lo miró extrañado—. Les dejaremos a Rose por una hora… Hermione y yo tenemos que hacer algo muy importante —Ginny, que ya sabía de qué se trataba los miró alegre.

—Vayan tranquilos…. Y, ¡buena suerte! —les dijo.

Draco tomó de la mano a Hermione y desapareció con ella…

Irían donde un médico para que solo les confirmara lo que ambos ya sabían.

¡Por fin venía en camino el nuevo miembro de la familia Malfoy Granger!


Eres lo que siempre he amado, eres lo que yo he esperado

Un poema de amor, un nuevo mañana

Eres lo que me ha cambiado, eres el significado

Que me trajo ilusión, pasión y esperanza...

F I N

«OJOS DE ÁNGEL II:

LA HISTORIA CONTINÚA»

Sigue «Ojos de Ángel III:

Brujas Roba Almas (Viaje al Inframundo)»

¡No te pierdas la tercera parte de esta emocionante saga!


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NOTA DE LA AUTORA:

Mil gracias por su tiempo de lectura y comentarios.

Nos vemos en la tercera parte de este fic que irá en una publicación aparte. Las espero. Cariños, Gin.