Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo ningún beneficio por subir capítulos.

Nota: esto contiene slash, cursilerías e insinuaciones humano/cybertroniano.

Este capítulo se desarrolla en la película Transformers: Age of Extinción


Lockdown.

Caza recompensas, un Bot despiadado y sádico.

Caracterizado por llevarse consigo recuerdos de los planetas que visitaba.

Era de noche, una noche fría y sin luna.

Perfecta para salir a cazar.


El Lamborghini Aventador salió a dar un paseo.

Buscando que sería su próximo "recuerdito" del planeta humano.

Se cansó de vagar por la ciudad, así que optó por ir por los lugares menos concurridos.

No había nada que le llama la atención, todo era muy colorido o muy ruidoso.

Lo odiaba.

Pero cuando iba de regreso a su nave, vio algo... qué lo hubiera dejado boquiabierto.

Un humano.

Pero no cualquier humano.

En la oscuridad de la noche, Lockdown había visto lo qué ningún otro cybertroniano había visto.

Él brillo dorado más puro de todos.

Los ojos del humano resplandecían en la noche oscura, los ojos de un cazador.

Sinmiedo a lo desconocido.

El humano levantaba su pulgar, necesitaba un aventón.

–¿Quieres que te lleve? –el Lamborghini se acercó al muchacho.

Sin dudar por ningún segundo, el azabache se acercó al deportivo oscuro.

Abrió la puerta y entró.

Objetivo completado.

Presa atrapada.


Gritó hasta quedarse sin voz.

Maldijo y pronunció palabras altisonantes.

Golpeó a puño cerrado las paredes metálicas de la "jaula" en donde Lockdown le había encerrado.

–¡Argh! ¿¡Podrías callarte?!

–No –tosió–. Tú... grandísimo bastando.

–¿Ah? Pero si lo que yo hice es sólo sacarte del estúpido mundo en el cuál habitabas, deberías agradecer –se rió el caza recompensas.

–No... no soy tú juguete –el muchacho estaba de rodillas, estaba acabado.

–Eres otra víctima, humano –a Lockdown no le había gustado mucho la respuesta del humano.

–Yo... yo tengo un nombre. No me llamó "humano" –se sostuvo de los barrotes de su cárcel.

–¿A sí? ¡Pues no me importa que me lo digas! –gruñó el cazador furioso, ¿Cómo era posible que un humano le retara?

–¿Quién... quién dijo que te lo iba a decir?

Con una socarrona sonrisa el humano hacía quedar a Lockdown como un estúpido.

Lockdown le dio un golpe a la pared, iba a pisar a ese humano insolente.


Su estómago rugía como si no hubiera comido en siglos enteros.

–¡Hey, hey! –el humano le gritaba.

–¿¡QUÉ QUIERES?! –Lockdown estaba ocupado organizando un poco la información.

–Tengo hambre –el azabache miraba los ópticos esmeraldas de su captor con desesperación.

–¿Y qué? No es de mi interés saber las necesidades de mi trofeo.

El humano estaba indignado.

¿¡Le llamó trofeo?!

En su mente le insultaba con los improperios más imaginativos.

Pero su hambre detuvo sus planes imaginarios de venganza.

En verdad le dolía el estómago.

–Sabes, debes alimentarme.

–Sólo tengo el aceite suficiente para mis Steeljaws y energon para mi consumo.

–Me moriré si no como algo –le contradijo–. Y ya no tendrás tu trofeo.

–¡Bah! Puedo conseguir otro.

Lockdown mentía.

Claro que no buscaría otro.

Si había elegido a ese humano era por qué él tenía algo que los demás terrícolas no poseían.

Su mirada.

Ésos ojos destrozaban internamente al cazador.

–Está bien –se escuchaba derrotado.

Pasaron algunos mini-ciclos, Lockdown tiró el último D-pad sobre la mesa y se dirigió a la jaula.

–¿Y en dónde se consigue combustible humano? –el de ópticos esmeraldas se plantó delante del muchacho.

–Pues...


–¡Acelera maldita sea! –gritó el azabache mientras miraba como las patrullas los seguían a una distancia considerable.

–¡Ah, pero si estaba deteniéndome para ver si me rayan el chasis! -le gritó Lockdown furioso.

El cazador había llevado al humano a la ciudad, le había dicho que buscará su 'alimento' y regresará.

Pero el muchacho entró a un supermercado y robo ciertos artículos.

Los guardias habían llamado a la policía, y todo había terminado en una persecución a máxima velocidad.

–¿¡Qué acaso no puedes ir más rápido?!

–¿¡Quieres qué vaya más rápido?!

Lockdown se transformó en media carretera, lanzó al humano al cielo; sacando sus cañones de plasma y disparar contra la autoridad humana, destruyendo las patrullas al instante.

–¡Imbécil! –el azabache iba cayendo de nueva cuenta.

El Bot plateado lo atrapó en su servo, el mech sonreía ampliamente.

–¿Tenías miedo humano?

–¡Claro que sí, imbécil! ¡Si me dejabas caer me hubiera echó puré en el suelo! –hizo un puchero–. Además de que ya no tengo que comer.

–Oh eso se puede arreglar –se volvió a transformar en su modo alterno.

Lockdown condujo hasta las afueras, llegaron hasta una granja, en la cual –literalmente– sacó al muchacho a la fuerza.

–¡Auch! –se sobo la cabeza por el golpe–. Ten más cuidado robot.

–Yo soy Lockdown, el cazador más conocido en toda la Galaxia –el Bot puso una pose honorífica.

–Okay, un gusto, pero jamás escuché algo sobre un robot cazador.

Le dio la espalda para ir hacía un árbol de manzanas.

–Al menos valió la pena la persecución después de todo –empezó a escalar el árbol para conseguir la fruta.

–Sí hubieras pagado... –mascullo el cybertroniano.

–... Sí no me hubieras secuestrado –le contradijo el humano.

–Puede que no te haya asesinado, pero cuidado tus palabras.

–¡Oh! ¿Pero qué es lo peor que puede pasar? ¿Eh, señor cazador?

–Es Lockdown –rodó los ópticos–. No sé ni por qué me molesto si eres inferior a mi intelecto.

El chico le dio una mordida a la manzana, bajándose del árbol.

–Lo que digas, ahora vámonos.

Apretó los dientes, pero obedeció.


Él llevaba meses encerrado en lo que, a la vista de un humano, era una jaula de pájaros gigante.

–Me siento un pájaro aquí adentro.

–Eres mi prisionero –le contestó Lockdown–. Pero si quieres llamaré a mis Steeljaws para que puedan ver a su nuevo juguete.

Lockdown sacó al muchacho de la jaula, depositándolo en el suelo.

–¿Qué haces, imbécil? –el azabache miraba extrañado a su alrededor.

El de ópticos esmeraldas dio un silbido.

–No soy perro para que me silbes –se quejó el humano.

–A ti no te silbaba, ni que fueras tan guapo –se burló el caza recompensas.

Pasaron algunos nano-ciclos, el chico no entendía nada, pero al escuchar que fuertes pisadas se acercaban, empezó a tener miedo.

–¿Qué hiciste, Lockdown? –pregunto temeroso, esas cosas se empezaban a escuchar cerca.

Él suelo temblaba, no eran las pisadas de sólo uno, debían ser toda una manada.

–¿¡Qué carajo son esas cosas?! –gritó aterrorizado al ver lo que avecinaba a entrar a la habitación.

Unas bestias con colmillos y partes puntiagudas en sus cuerpos.

–Humano, quiero que conozcas a mis Steeljaws, los mejores cyber-Wolves, son los mejores cyber-hunters que pude hallar.

Una de las bestias soltó un rugido.

–Pueden asesinarlo sin quieren mis mascotas –el cazador se giró y siguió en lo suyo.

–Oye estás de joda, ¿cierto? –veía como los hunters se le acercaban–. Eh, Lockdown.

Los Steeljaws se lanzaron encima, el humano echó la carrera, no iba a dejarse atrapar.

–¡Lockdown, grandísimo bastardo!

El de ópticos esmeraldas soltó unas sonoras carcajadas.

Los cyber-hunters estaban jugando, ellos sabían que si le hacían el menor daño al humano y él los destrozaría.

El humano debía ser muy preciado para su señor.


Estaban en la carretera, cerca de una colina.

El azabache miraba el cielo, ya estaba oscureciendo.

Los colores azules y violetas se apoderaban del cielo anaranjado.

El muchacho estaba sentado sobre el capo del Lambo, se veía pensativo, tan sumido en sus propios pensamientos.

¿Sufriría de lagunas mentales?

El cazador no artículo palabra alguna, él estaba admirando al humano.

Nunca lo había visto con una expresión tan seria, se veía tan profesional y a la vez tan peligroso, como fiera al acecho.
Sin decir ninguna palabra, tan sólo mirando al infinito cielo.

–Eh Lockdown –le llamamos al cabo de un rato–. ¿Por cuánto tiempo haz viajado?

–Digamos que yo fui creado siendo un cazador, quizá llevo eones viajando por galaxias y conociendo distintos mundos, cazando Bots, Cons e incluso otras criaturas.

–Uh –respondió apartar la vista del cielo–. ¿Crees que pueda acompañarte a todos tus viajes?

–Me gustaría que así fuera –respondió Lockdown inseguro–. Pero si mueres de disecaré y colocaré tu cuerpo en un tubo de cristal con una placa con tú nombre.

–Sebastian... –el azabache bajo la mirada.

Al principio Lockdown no comprendió, pero al cabo de unos nano-ciclos se dio cuenta de algo que se refería el muchacho.

Sebastian –soltó una risa–. Me gusta tu designación, huma... es decir Sebastian.

Una sonrisa se formó en sus labios, dirigió la mirada al Lamborghini.

Ésos hipnotizante ojos dorados le miraron, sonriéndole en agradecimiento.

–Vamos Lockdown, vayamos a la nave.

El cazador se había quedado sorprendido por las palabras del azabache.

Aunque los humanos siempre le habían parecido seres impresionantes, aunque fue capaz de compartir ese pensamiento, negándose múltiples veces a aceptarlo frente a un ser humano.


El cazador estaba esperándolo.

¿Esperándolo? Sí, eso hacía.

El muchacho le había dicho que debía esperarlo, no quería que lo viera, Ehh... ¿Cómo es qué le había dicho?

¡Ah sí!

Había ido a bañarse.

¡Oh Primus! ¡Apestó a muerto! se quejó el azabache.

¡Wow! ¿¡Qué?! Lockdown se veía ligeramente sorprendido.

¡Sí! Es que me has tenido como un maldito mes aquí y...

No me refería a eso, idiota –le interrumpió el cazador.

¿A no?

Claro que no, es que es utilizaste el término "Primus" –comentó Lockdown–. No puedo creerlo-

¡Argh! Eres un imbécil, sólo llévame al río.

Lockdown no es un mech paciente.

El cybertroniano de ópticos esmeraldas empezó a caminar en dirección al lago.

–¡Oye Sebastián!

–¡Lockdown! –el humano le gritó casi con todas sus fuerzas, alargando las "o".

El mismo Diablo miraba Lockdown a los ópticos.


–¿Estás enojado?

Lockdown tenía algunos minutos conduciendo y el humano no había dicho ni una palabra.

–¿Tú qué crees?

El azabache estaba mojado sin camisa, ya que estaba más mojada que sus pantalones.

–Tengo frío, apaga el aire acondicionado.

–Es sólo carne –se quejó el cazador–. No te pasará nada.

Rodó los ojos y abrió la ventana.

–Me... –se iba a morder la glosa por decir eso–. Me habías preocupado, entendido.

El azabache no respondió, se sentía estúpido por haberle gritado, Lockdown sólo lo había ido a buscar.

–Al menos hoy aprendí algo nuevo –se rió el caza recompensas.

–¿Qué cosa? –cuestionó el de ojos dorados con cierta curiosidad.

–Que los sistemas sexuales de los humanos son los mismos de nosotros los cybertronianos.

El cazador soltó una risa, prácticamente burlándose descaradamente de algo que al humano se le hacía incómodo.

–¡Idiota! –le dio un golpe al guantero.

Su cara estaba rojiza, por un segundo se imaginó a Lockdown con su...

¡No!

Lockdown era un cínico y depravado.

O al menos así lo quería ver.


–¿Alguna vez pensaste en todas tus víctimas?

–Siempre lo hago –Lockdown se veía pensativo–. Pero ya no vale la pena sentir pena por ellos.

–¿No te tienes rencor por eso?

–Lo hecho, hecho está –el cazador sonrió–. No me arrepiento de nada.

–Tú nunca te arrepientes de nada, idiota.


La peor idea que se le había ocurrido había sido llevarlo consigo.

Todo había salido perfecto al principio.

Asesinar a unos cuántos humano que protegían a cierto Transformer, nada fuera de lo común.

Hasta que Ratchet salió a disiparle.

El médico Autobot lo había atacado, junto con los humanos que aún quedaban.

–¡Argh! ¡Está no es su batalla! –el cazador disparó contra los humanos.

Ratchet intentaba escapar, tenía miedo de morir.

–¡Lockdown! –gritó el azabache–. ¡Se escapa, ve por él!

–¡¿Qué?! ¡No voy a dejarte solo!

–¡Eres un imbécil, aquí están los Steeljaws! ¡Lárgate a buscarlo!

Asintió, el tiempo a premiaba.


Después de asesinar a Ratchet, regresaba a buscar a su humano, debían llegar a la nave.

Pero lo único que encontró fueron a los cyber-hunters.

No había rastro del humano.

Lockdown gritó su nombre, nadie respondió.

Volvió a gritar, los sonidos de la noche y también los gruñidos de los Steeljaws lo acompañaron.

Con desesperación volvió a gritar, el viento y el cielo nocturno presenciaron la caída del cazador.

–Regresen –les ordenó a sus bestias.

Los cyber-hunters gruñeron en respuesta, corriendo lejos.

–Sebastian.

De los profundos ópticos esmeraldas, unas cuántas lágrimas se escaparon, junto con los lamentos del caza recompensas errante.

Cemetery Wind


Había pedido hablar con él antes de que fuera procesado en el penal de máxima seguridad, debía tener respuestas.

–¡Responde! –gritó Cade.

–¿¡Y qué sí no quiero?!

–Lo diré una vez más –Cade golpeó la mesa con impotencia–. ¿Por qué ayudaste a Lockdown?

–¿Qué era Optimus Prime para ti?

El castaño lo miró extrañado, ¿a qué se refería él muchacho?

–¿Qué?

–¿Qué era Optimus Prime para ti? –repitió mirándolo a los ojos.

–Optimus –el mayor se aclaró la garganta, mirando a otro lado–. Él fue mi compañero, un camarada, un buen Bot.

–¿Lo querías? –el azabache hablaba con monotonía.

–No entiendo nada, ¿a dónde quieres llegar?, ¿eh?

–Contéstame y yo contestaré tu pregunta.

–Claro, le tuve afecto por ayudarnos a salvar nuestro mundo, inclusive tú deberías estar agradecido.

Lockdown, él era para mí lo que Optimus Prime fue para ti –suspiró con frustración.

Puso las manos sobre la mesa.

Manchas de sangre, tierra y algunas cortadas debido a las armas que había utilizado.

–Optimus Prime pudo haber ayudado a ascender a nuestro mundo, pero él fue quién destruyó lo que yo consideraba mi mundo.

Cade quedo mudo ante aquella declaración.

No podía pronuncian ni siquiera una oración, tenía un nudo en la garganta.

Ese muchacho. Él había amado de verdad a un extraterrestre robótico homicida.
Y todavía culpaba a Optimus por su muerte.

–Espero que Optimus muera.

–No lo vuelvas a repetir –Cade lo miró a los ojos.

Los dos se miraron.

–Llévenselo –ordenó Cade.

Varios soldados llegaron a esposar al azabache.

Tenía que ir a la cárcel, muchos delitos y acusaciones en su contra, todos en el tiempo en el cuál había habitado con el cazador.

Aunque...

El mayor delito que había cometido... fue amar incondicionalmente a Lockdown.


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Dva Out