El gran regalo de navidad

.


Edward POV

.

-No, papi, así no – exclamó Elizabeth. Su gesto malhumorado me daba bastante gracia. La miré con una pequeña sonrisa en el rostro - ¡No te días! ¡Hazlo bien!

-Pero lo estoy haciendo bien, señorita – me hinqué de nuevo a su lado y ella agitó la cabeza, logrando que sus rizos casi completamente secos se alborotaran en su cabeza.

-No, no lo haces bien – observó cómo movía mis manos alrededor del pedazo de papel y gruñó - ¡No! – Gruñó de nuevo - ¡Tú no! – se apresuró a quitarme el papel de las manos y se puso de pie, haciendo que la toalla que le cubría cayera al piso - ¡Mamá! ¡Hazlo tú! – gritó al momento que entraba a la cocina.

Me apresuré a ponerme de pie y caminé en la misma dirección que mi pequeña. Antes de que repitiera lo que había dicho la tomé en mis brazos, ocasionando sus gritos y gruñidos. Bella se volvió a nosotros con una pequeña sonrisa en el rostro y sacudió la cabeza en gesto de reprobación.

-Ustedes dos son un peligro andando – nos dijo y Elizabeth sonrió en grande. Ella la miró por unos momentos sin borrar la sonrisa de su rostro – Cariño, no puedo hacerlo ahora, papá puede ayudarte hacer el moño de regalo.

-¡Papá no puede! – gruñó ella de nuevo, se retorció en mis brazos y comenzó a lloriquear.

Bella me dirigió una morada significativa después de echarle un vistazo al reloj y volver a lo que sea que estuviera haciendo en la cocina. Ella no quería que le molestáramos ahora mismo.

Ya habían pasado casi dos semanas desde que Bella salió del hospital y hasta ahora todo iba bien, si es que en alguna situación como esta se le podía llamar a algo bien. Las pesadillas de Bella eran inevitables, por supuesto. La mayoría de las noches tenía que quedarme con ella conversando de cualquier tipo de cosas mientras ella no quería dormir; de hecho se había comprado unos cuantos libro para disfrutar de la lectura mientras no dormía. Hasta ahora llevaba leídos cinco y sólo por la noche. Sus gritos mientras duerme no eran bastante alarmantes pero sí me preocupaba por ello. Me vi obligado a hablar con el doctor y dijo que eso era completamente normal.

Por otra parte, Bella pudo haber subido alrededor de dos kilos en las últimas dos semanas por todo lo que comió. Ella no podía parar de comer, su estómago se lo estaba pidiendo a gritos. Ella se moderaba con la comida, comía bastante pero lo hacía con frutas y evitaba a toda costa algo muy grasoso. Cuando se miraba al espejo sonreía levemente al ver sus mejillas con el color rojo que le acompañaba todos los días. Sin embargo, sus ojeras eran algo que la estaba volviendo loca. Yo estaba allí, por supuesto, para cualquier cosa que ella necesitara; también estaba allí para decirle la verdad, que se veía completamente preciosa y que estaba bien lo que hacía ahora.

Normalmente, cuando yo despertaba, ella yacía profundamente dormida a mi lado, sin ni siquiera soltar alguna palabra. No sabía cuánto tiempo era el que pasaba dormida pero eso servía para que no se despertara y cambiara a los niños antes de ir a la escuela. Ése ahora era mi trabajo. Tenía que levantarme, alistarme, ir con Mark y despertarlo, después ir con los mellizos a intentar despertarlos de cualquier manera, después meterlos a la bañera, intentar hacer el desayuno, y después salir de allí para llevarlos a sus respectivas actividades.

Cuando yo salía de la casa, una señora rechoncha, bastante agradable, entraba a la casa para poder hacer la limpieza. Por suerte, Bella no puso ningún "pero" cuando le comenté acerca de esa señora porque sabía que estaba cansada. Yo regresaba a casa cuatro horas después de mirar algunas cosas en la oficina mientras dejaba a Bella dormir un poco y después le ayudaba con su trabajo o con cualquier otra cosa que ella quisiera. Ella pasaba la tarde interactuando con los niños, después de la comida, y ayudaba a Mark con sus deberes.

Ahora los niños estaban en vacaciones y habían tomado como hábito el ir a dormir una hora antes de que la comida estuviera lista porque despertaban hambrientos. Sin embargo, Bella dudaba mucho que Elizabeth tuviera hambre después de que despertara porque estaría nerviosa.

Elizabeth presentaría un "Recital de ballet navideño" Y toda la mañana la había pasado dando vueltas y saltos y bailando por toda la casa, repitiendo esa canción que comenzaba a desesperarme. No creía que una niña de dos años estuviera tan nerviosa por eso, ella creía que todo le iba a salir perfecto. La nerviosa aquí era Bella pero eso no tenía que mencionárselo.

Después del recital de Elizabeth, tomaríamos el jet para ir directo a Chicago. Quedaban dos días para navidad y teníamos que llevar acabo lo que Mark había pedido para ese día. Alice se contuvo bastante al no venir hasta aquí a envolver todos los regalos que llevaríamos. Por suerte, Bronson llevaría todo el equipaje al jet y entonces podría tomar su descanso, como lo solicitó Bella por él.

Los niños estaban contentos de poder volver a ver a su primo Ethan y tío Emmett. Sabía que esos dos estaban bastante contentos cuando se había hecho video llamada con Emmett. Los mellizos, en especial, se mostraron bastante entusiasmados cuando miraron a Ethan y Emmett en la pantalla de la computadora. Aquella noche ninguno de ellos dormía por pensar en su primo y esas cosas.

-Princesa – le llamé mientras se tiraba a lloriquear de nuevo – Escúchame, por favor – ella me miró a los ojos y en su pequeña boca se formó un puchero – Aprenderé a hacerlo, ¿sí? Te prometo que aprenderé a hacer el moño de regalo, pero ahora vamos a dormir.

-¡No quiedo dodmil! – sentí su cuerpo tensarse en mis brazos. Bella nos envió una mirada preocupada y supe que era hora de salir de allí antes de que pudiera intervenir y dejar de hacer cualquier quehacer.

-¿Vamos a leer un cuento, entonces? – intenté mientras caminaba con ella al piso superior. Donde Mark estaba encerrado terminando la terea de vacaciones y Anthony dormía plenamente en su cama - ¿Quieres ver las caricaturas con papá?

Ella frotó sus ojos con sus pequeños puños y dejó caer su cabeza en mi hombro, de manera cansada. Froté levemente su espalda hasta llegar a nuestra habitación y la coloqué sobre la cama, donde se dejó caer y se retorció, soltando bostezos por todos lados. Le vestí con su ropa interior y unos calcetines.

-Duedme conmigo, papi – otra vez tenia formado un puchero en sus labios y su cuerpo se estremecía por cada sollozo que soltaba. Ella estaba enfadada, lo único que quería ahora era tomar la siesta de la cual ya estaba acostumbrada.

-Voy a dormir contigo, Eli – le dije al momento que me colocaba a su lado, con la cabeza en las almohadas - ¿Tú quieres ir a Chicago? – murmuré con voz baja mientras ella se dedicaba a recorrer mi rostro con las pequeñas puntas de sus manos.

-Abuelita Esme – murmuró y soltó un gran bostezo – Y navidad.

-¿Te gusta abuelita Esme? – ella asintió un par de veces y tomó mi inferior con sus pequeños dedos.

-Mucho – murmuró y se acercó a mí hasta que su rostro se frotó justo debajo de mi barbilla. Pasó su pequeño y delgado brazo por mi cuello, completamente abrazada a mí – Te quiedo mucho, papi.

-También te quiero mucho, princesa – murmuré y besé sus cabellos.

.

-¿Y tenemos que vestir de manera formal sólo porque venimos a ver a Elizabeth bailar?

Bella le envió una mirada reprobatoria a Mark al decir eso en voz alta, una niña de catorce años lo miró mal y estaba seguro de que probablemente le daría un golpe si seguía haciendo ese tipo de preguntas.

-Porque aquí se tiene que vestir de ésta manera, Mark – le dije con tono cansino. Anthony estaba vestido también con un saco, pero seguía durmiendo sobre mis brazos, sin importarle el montón de niñas que estaban a su alrededor.

Me alegré por eso. Al menos no estaría todo el tiempo molestando, chillando, pidiendo o queriendo hacer algo. Sabía, por experiencia, que él ya no soportaba estar tanto tiempo en un lugar quieto, sin hacer alguna travesura así que era una suerte que siguiera dormido. Lo preocupante estaba en que no probaba bocado desde el desayuno y teníamos que seguir el horario…

El teatro de la academia de ballet a la cual acudía Elizabeth era bastante grande. Lo suficiente como para retener al menos a cuatrocientas personas y hacer que vean un espectáculo tanto largo como corto.

Bella había conseguido que nos apartaran los lugares en la parte delantera, justo frente al escenario, con una muy buena vista. Ahora todo estaba completamente lleno y sólo se escuchaban las murmuraciones de las personas, compartiendo comentarios unos con otros. El telón estaba cerrado pero también se podían ver algunas sombras por debajo de éste.

Lo único que sabía de Elizabeth es que iba a bailar esa canción navideña de ballet llamada "El Cascanueces", recordaba que la toqué cuando tenía doce años en un recital de la secundaria… y también recordé que tardaba seis minutos. No sabía cómo una niña de seis años podría memorizar un baile de seis minutos. Esperaba que ella no tuviera tanta presión. ¡Era una niña de dos años! Bella me aseguró de que no estaría todo el tiempo bailando, no podía hacerlo.

Estuve sólo un poco tranquilo con eso.

Dos minutos después de que ocupáramos nuestros asientos, con Anthony aun sobre mi regazo, profundamente dormido y sin intenciones de despertar ni siquiera por algunos chillidos que soltaban otros niños de su edad o más pequeños, todo comenzó a disminuir. Era como si estuviera desmayado. Pero se movía mucho, estaba buscando algún confortante de algo conocido y decidió que el cuello de mi camisa era muy bueno para empuñarlo con toda la fuerza que un niño dormido podría tener.

-¿Es normal que siga dormido? – escuché murmurar a Mark a mi izquierda, inclinado sobre la cabeza de su hermano. Bella yacía a mi izquierda, recargada levemente sobre mi brazo, observando con atención el pequeño libro con los horarios de cada espectáculo. Elizabeth era el número seis de diez.

Genial.

-Durmió hasta las tres de la mañana y despertó a las siete. Es bastante normal que siga dormido – le contesté y él rió, mirando con diversión a su hermano – No querrás que despierte y comience a hacer un escándalo, ¿cierto?

-No, mamá se enfadaría muy rápido y no sabría qué hacer, además, interrumpiría el espectáculo y se tardarían más y entonces tendría que seguir aquí, rodeado de muchas niñas con brillos y cosas rosas. Emma no usa cosas rosas y brillos.

-Emma es especial – le dije con cierto tono de burla y entrecerró los ojos - ¿O no?

-Mucho – se encogió de hombros y volvió a inclinarse sobre su hermano. Alargó la mano y presionó la pequeña nariz de Anthony con sus dedos pulgar e índice. El pequeño se removió varias veces.

-Mark – sisee y él sonrió con diversión – Por favor.

Rodó los ojos y finalmente lo soltó. Anthony arrugó la nariz varias veces y escondió su rostro en mi pecho con fuerza, succionando el chupón que tenía en su boca. Probablemente no tardaría en despertar y eso sería un caos.

Bella se mostró bastante emocionada e interesada en todos los bailes que las niñas daban durante al menos cuatro minutos con esas canciones de navidad que no me gustaban para nada.

Tengo que soportarlo, a ellos les gusta.

Los primeros cinco espectáculos eran con niñas de once años a cinco o cuatro años, así que no eran tan malos, sin embargo, ninguno era perfecto. Anthony despertó cuando el espectáculo número cuatro estaba a punto de terminar. Para nuestra suerte, despertó de buen humor, tan solo se quedó mirando a las niñas hacer vueltas en el escenario por dos minutos y después pidió mi teléfono celular. Se bebió el jugo que Bella le tendió en silencio y no volvió a molestar.

-"Y ahora, la categoría de dos y tres años. Interpretando "El Cascanueces"

Los aplausos, como en todos los demás, se hicieron escuchar. De reojo vi como Bella sonreía en grande cuando el telón se abrió y dejó ver a dos hileras de niñas, con tutus de colores blanco, azul y turquesa. Todas ellas eran hermosas, sin duda. Pero la niña que mas llamó mi atención fue mi pequeña Elizabeth, que tenía una brillante sonrisa en el rostro, con sus hoyuelos marcándose a más no poder. Su tutu de color azul resaltaba un poco más porque ella se había empeñado en hacerlo sólo un poco más largo y con más brillos.

Ella era la niña más preciosa de todo el universo.

Cuando comenzaron a moverse con cierta sincronía (toda la posible para ser niñas entre dos y tres años), Bella colocó una de sus manos sobre mi brazo, haciendo cierta presión. Ella no podía borrar la sonrisa de su rostro para nada. Y no es como si yo pudiera hacerlo también. Podía vernos a nosotros dos: un claro ejemplo de padres orgullosos de su pequeña bailarina.

Ese fue el único baile al que Mark prestó atención. Miraba a su hermana con una sonrisa también. Nunca iba a entender la conexión que tenían Mark y Elizabeth. Algo que no existía entre Mark y Anthony o Elizabeth y Anthony.

Incluso Toni había apartado el teléfono de sus manos cuando le dije que su hermana estaba bailando. Él no podía apartar la mirada de ella mientras daba vueltas y se movía con pasos torpes de bailarina de ballet con una enorme sonrisa. Anthony la miraba sin expresión, serio, aun con el chupete en su boca. Sus ojos estaban muy abiertos, parpadeando de vez en cuando y siguiendo a su hermana en cualquier movimiento.

Un pude evitar pensar en que ese comportamiento era igual que el mío en la mayoría de las ocasiones que no me encontraba con ellos.

Después de analizar a mi familia durante unos segundos volví mí vista a la pequeña Elizabeth, que parecía muy emocionada con lo que estaba haciendo. A la mitad de la canción todas esas niñas de quedaron detrás y entraron otras de seis años. Al finalizar los cuatro minutos las más pequeñas se adueñaron del escenario de nuevo, sonriendo y moviéndose con torpeza gracias a su edad, algo que les hacía ver adorables.

Nunca en mi vida me imaginé utilizando la palabra "adorable".

Cuando terminó, todas se colocaron en hilera, tomándose de las manos e hicieron una inclinación, recibiendo los entusiasmados aplausos de la gente. Ellas eran las niñas más pequeñas que harían un espectáculo, lo cual era lo "más esperado" en el teatro. Los rostros de las niñas estaban bastantes sonrientes y sonrojados.

Aprovechamos el momento en el que las personas se pusieron de pie y nos corrimos, saliendo de nuestros asientos. Cuando todos ocuparon de nuevo su lugar, Bella estaba corriendo hacia una puerta que le llevaba a los camerinos que estaban detrás. Yo sólo la seguí con paso normal, con Mark hablando hasta por los codos de como había estado Elizabeth en el escenario.

Tenía una sensación extraña en el pecho que me hacía sentir… extraño. Probablemente se relacionaba con el hecho de estar contento por mi hija.

Al pasar por aquella espesa cortina me encontré con un montón de niñas pequeñas que apenas y llegaban a la mitad de mi muslo, corriendo por todos los lugares con sus cabellos agitándose y con sus tutus brillando por todas partes, riendo, hablando, y sonriendo. Encontré a Elizabeth enganchada a Bella, con sus piernas alrededor de su cintura y sus manos sosteniendo su cuello. Sus mejillas estaban estiradas en una gran sonrisa. Bella la miraba con un brillo en los ojos y le hablaba de manera entusiasta. Elizabeth se volvió hacia a mí con una brillante sonrisa. Anthony se revolvió en mis brazos y lo bajé al piso.

-¡Papi! ¿Te gustó? – Preguntó de manera apremiante y saltó sobre los brazos de Bella, le dedicó una mirada a su hermano Mark, sin borrar su sonrisa - ¿lo hice bien?

-Lo hiciste perfecto, princesa – le dije sonriendo. Ella abrió su boca en grande y después soltó un fuerte "sí", se aflojó del agarre a su madre y se lanzó a mí. – Eres una preciosa bailarina – besé su mejilla.

-¡Lo hice bien! – exclamó, entusiasta. Juntó su frente con la mía.

-Te quiero mucho, princesa – le murmuré sonriente y ella se abrazó a mí con fuerza.

Nos vimos obligados a salir de allí pronto. Bella no podía dejar que viajáramos noche. No sabía cuál era el problema, para mí era lo mismo. Sin embargo, las cosas se hacían como ella decía. Elizabeth y ella se despidieron de las instructoras de ballet con agradecimientos y finalmente salimos de allí.

Ahora estábamos en el jet. Intentado descansar solo un poco, algo que era completamente imposible ya que los tres niños habían ingerido helado de chocolate y lo terminaron hacía diez minutos, después de que el jet tomara altura. Bella estaba mi lado, recostada sobre mí, con la cabeza sobre mi hombro. Sus ojos le pesaban pero no podía cerrarlos por querer vigilar a los niños que no se mantenían quietos.

-No puedo creer que ese haya sido su primera salida al escenario – murmuró, tan bajo que tuve que poner mucha atención a lo que dijo.

-En realidad… fue la segunda vez – la miré a sus curiosos ojos color chocolate – La primera vez, ella salió en una revista de modas, junto contigo y sus hermanos.

Bella rodó los ojos y volvió a colocar su cabeza en mi hombro.

-Me refería a que fuera por su cuenta, sola, sin ninguno de nosotros – estiró su mano hasta tomar la mía y jugó con el anillo dorado.

-La idea de mirar a mi hija en muchos espectáculos aún se está desdiciendo si es buena o mala –fruncí el ceño y ella soltó una suave risa.

-Lamento informarte que a ella le encantan los escenarios y tendrás que acostumbrarte. Seguro que se dedicará a eso, y tú, tendrás que aceptarlo. ¿Te imaginas a esa pequeñita en pasarelas? Claro que… administraría el hecho de que comiera lo necesario.

-Prefiero que se siga debatiendo entre cual es el mejor vestido para su muñeca Ashley, si el azul o el rosa – dije con aire distraído y pude sentir su cuerpo estremecerse a causa de la risa, después de volvió hacia a mí y se inclinó para besar mi mejilla – Hablo enserio.

-Lo sé, yo también hablo enserio. Si te pones de esta manera porque ella luce en un escenario… no quiero imaginar cómo serás con los novios…

-¿Quién dijo que ella tendría novios? – Sacudió la cabeza y volvió a la posición inicial, suspirando pesadamente – Deberías dormir, nena, – froté suavemente su brazo – aún falta mucho tiempo para llegar a Chicago y en cualquier momento el efecto del chocolate se bajará.

Miré una vez más a los niños, esta vez estaban sentados en el suelo del avión, jugando con Legos, ellos amaban los Legos de una forma extraña. Y cualquier lugar les parecía más cómodo que los asientos del jet. Bella ya estaba en la habitación, durmiendo o intentando dormir. Y yo estaba allí, sólo mirando a los niños sin tener nada que hacer.

Aunque tenía bastante que hacer.

Había varias complicaciones con Cullen Companies y eso me estaba causando problemas con algunos asociados. ¿A quién se le ocurría programar una junta la noche del veinticuatro de Diciembre? No sabía cómo podía arreglar eso. La reunión era con varios representantes de diferentes países para mi beneficio. Sospechaba que ninguno de ellos tenía una familia a la cual mirar esa noche. Pero yo sí. Y estaría en Los Angeles en un orfanato. Yo probablemente tendría que asistir a Vancouver esa noche…

No. Podría mandar a Michael para que hiciera aquello. No era necesario tener que asistir allí. No podía imaginar el rostro de Elizabeth a darse cuenta de que no pasaría la noche buena con ellos. O Mark, que estaría realmente decepcionado de mí porque no estuve allí cuando él lo había hecho para sentirse bien. O Bella, ella más que nunca me necesitaba.

-Papi – me llamó Elizabeth y la miré con cierta atención - ¿Quiedes bailar conmigo ahoda?

-¿Ahora? Pero estamos en un avión, princesa.

-¿Cuándo estemos en casa?

-Cuando estemos en casa bailaré contigo – asentí un par de veces y le sonreí.

-Bien – y volvió su vista a los Legos que tenía frente a ella.

¿Se podía depender de esa niña sólo por su encanto? La respuesta probablemente era sí.

.

-Hermano, estoy confundido.

-Tranquilo, sólo tienes que ponerle un poco de pomada para rozaduras y después colocarle un pañal limpio, no es tan malo – Emmett me dedicó una mala mirada mientras terminaba de cambiar al pequeño Ethan. El niño lo estaba mirando con la nariz arrugada, con cierto disgusto. – No sueles hacer esto todo el tiempo ¿cierto?

-Normalmente lo hace Rosalie – me contestó con una mueca. La expresión que hizo al oler el contenido sucio del pañal nunca la olvidaría.

-Si fuera por ti… ese niño tendría las nalgas rojas. Apresúrate a ponerle el pañal, se hará pipi sobre tu rostro.

-He sido papá por más tiempo que tú, no puedes decirme eso. – bufó e intentó volverle a poner otro pañal limpio, algo que era completamente difícil porque Ethan no paraba de moverse.

-Lo lamento, pero la mayoría del tiempo tengo que cambiar a los mellizos, y ninguno de ellos ha sufrido de rozaduras – sonreí con ganas al hablar de esa manera. Edward Cullen hablando de esa manera…

-¡Papá! – gritó con molestia el niño.

-Y ahora eres el padre brillante – rodó los ojos, ignorando a su hijo. No argumenté nada más mientras observaba a Ethan revolverse en el sillón. Se estaba comenzando a enfadar de eso. Llevaba casi cuatro minutos allí tumbado.

Cuando finalmente estuvo listo y tuvo sus pantalones de vuelta sonrió con ganas y le envió una mala mirada a Emmett. El niño salió corriendo tan rápido como pudo de allí y se fue a reunir con los mellizos y Mark a la cocina, listos para recibir su comida. Allí estaban Alice, Rosalie, Esme y Bella, un poco estresadas por el hecho de que en dos horas viajaríamos a Los Angeles.

Había logrado zafarme de cualquier tipo de compromiso esta noche y eso era un gran alivio. Si acudía a ese lugar nunca obtendría el perdón de algún miembro de mi familia y ese no era un problema que quisiera tener ahora mismo. Con Bella, estábamos llevando bastante bien la relación a pesar de lo que pasamos. Ella ha estado intentando realmente salir adelante y no podría describir como me sentía por eso.

-Hablando enserio. – Emmett interrumpió de nuevo mis pensamientos – Estoy confundido.

-Hablando enserio. – repetí – No sé de lo que estás hablando. Explícate.

Él tomó una gran respiración y tornó una mirada seria. Sólo Emmett hacía la mirada seria cuando se trataba de negocios o algo que de verdad es grave. Intenté que mi expresión no demostrara lo poco preocupado que estaba por él.

-Rosalie quiere más niños – soltó, como si eso me explicara todo.

-¿Y? ¿Por qué no tienen más? ¿Están teniendo problemas de pareja o algo así? Yo creo que Peter puede ayudarte, él es mucho mejor que nosotros dos en ese aspecto según Alice. – me encogí de hombros y volví a darle un sorbo a mi bebida.

-No me refiero a eso. – rodó los ojos – Para que ella se pudiera embarazar de Ethan tuvimos que pasar por un tratamiento que se le hizo bastante agotador. Hay posibilidades de que de verdad ya no pueda tener bebés, y eso lo que le aterra.

¿Por qué me estaba contando esto a mí? Rosalie podía ir y hablarlo con cualquiera de las mujeres que estaban en la cocina, pedir un poco de asesoría o algo así y después ir y contárselo a Emmett. ¿Por qué tendría que saberlo yo? Si Bella estuviera en una de esas situaciones… le ayudaría, sin embargo, no iría a contárselo a Emmett.

-Bueno, ¿Qué opinas de la adopción? – me encogí de hombros levemente para tratarle de darle poca importancia. Hablar de nuevos bebés me ponía nervioso – Ya sabes, adoptar no es nada malo, no cuando tienes una familia realmente estable. Sería muy egoísta de su parte no querer hacerlo, cuando lo que en realidad quieren son bebés.

-¿Crees que adoptar sea una buena idea? – me miró con cierta duda. Él realmente estaba considerando esa opción, pero todavía tenía que consultarlo con Rosalie – Porque, ya sabes, adoptar… no implica simplemente escoger a un niño y ya. Rose lo preferiría bebé, supongo. ¿Y cómo lo tomaría Ethan? No tendría mucha idea de lo que pasó cuando de repente un nuevo bebé desconocido tome el lugar de ser su hermano menor. O de lo contrario… si es un niño más grande que él, su hermano mayor.

Lo miré durante unos momentos sin ninguna expresión. Esto era complicado. No debería estar hablando con él de nuevos hijos cuando yo había perdido uno hacía apenas dos semanas.

-Yo no estuve con Bella cuando fue el primer día de Mark como un Cullen. Él tenía apenas ocho años, pero según lo que me contó ella, él se adaptó muy rápido al ambiente que lo estaba rodeando – volví a tomar un sorbo de la bebida hasta terminarla –. Pero Mark sólo tuvo que acostumbrarse a un nuevo lugar para vivir y a una persona que sería parte de su familia. El niño o niña que ustedes decidan adoptar… tendrá que acostumbrarse a dos padres, un lugar para vivir, un hermano pequeño, una gran familia… un nuevo modo de vida. Supongo que si Rose y tú hablan de eso sabrán que hacer, no tengo duda – asentí un par de veces.

-Sería bastante interesante tener una niña… - murmuró con gesto distraído y yo reí por lo bajo ante su repentina respuesta –. Sí. Quiero decir, ya no sólo serían futbol y autos y esas cosas. También serían otras cosas. Así como tú tienes a Elizabeth, yo quiero tener a una bebé.

-Nadie se comprara con mi hija – entrecerré los ojos levemente pero después suspiré y sacudí la cabeza – Parecemos dos mujeres bastantes chismosas, ¿sabes? – Bufé – Deberíamos ir con los niños. Muero de hambre.

.

-Alice, no vas a dar a luz mientras estamos en el avión, apenas tienes cuatro meses – repitió mi madre de manera cansada.

-¡No puedes saber si será prematuro o no! – alegó ella con cierta resistencia.

Bella y yo estábamos detrás de ellas dos, mirándolas con cierto cansancio, llevábamos aquí alrededor de tres minutos y los niños ya estaban dentro del avión junto con Emmett y Rosalie, por suerte.

-Alice, no sabes de lo que estás hablando – dijo Bella con gesto cansado. Mi brazo estaba alrededor de su cintura, intentando brindarle un poco más de calor. Hacía bastante viento y ella estaba allí parada detrás de su amiga apenas visiblemente embarazada –. Ni siquiera haces bastantes cosas como para apresurar la llegada de Eva, así que por favor, sube al maldito avión ahora. – la retuve contra mí un poco más antes de que se lanzara sobre ella. Ahora me encontraba soportando la mayoría de su peso y no era como si me importara mucho.

-No, Bella, no sabes de lo que hablas. – murmuró Alice con voz temblorosa.

Bella gruñó a mi lado.

-Cuando me largué a Rusia tenía un mes y medio más adelantado de embarazo que tú y así subí al avión. ¡No pasó nada! Ahora tengo a dos enanos revoltosos que están allí dentro esperando por su mamá pero no podrán estar con ella para navidad porque su estúpida tía miedosa no quiere subir a un puto avión – dijo de manera histérica.

-No hace falta que me grites…

-¡Argh! – su cuerpo se tensó y dejó caer su cabeza sobre mi pecho con bastante fuerza. La abracé más contra mí, frotando levemente su brazo y tan sólo me dediqué a mirar la puerta del avión.

Si al menos quisieran hacerse a un lado y dejarnos pasar…

-Está bien, nena. Llegaremos con los niños para navidad así pasemos sobre Alice y Esme – murmuré cerca de su oído y pude distinguir una débil sonrisa.

-¡No puedo decirle nada porque ya está lloriqueando!

-¡Tú también pasaste por esto! – contraatacó Alice.

-Yo no fui tan melodramática como tú, y no me ponía como loca sólo por pensar que iba a tener a mi hijo en un avión aun teniendo cuatro meses – tomó una gran respiración y después de abrir los ojos y encontrarse con la mirada llorosa de Alice gimió, volviendo a colocar su rostro contra mi pecho – Olvídalo, lo siento, no fue mi intención decir eso.

Pues a mí me pareció que sí.

Guardé mis comentarios para mí y me dediqué a frotar su espalda con mis manos. Ya estaba comenzando a tener frio. Ahora debía hacer uso de mis buenos trucos para hacer que esa pequeña mujer con una pequeña barriga se apresurara a subir.

-Alice – me dirigí a ella por primera vez desde que estábamos en este lugar - ¿Sabías que es peor que estés aquí, pasando frio, con las piernas congelándose por no querer abrigarte lo suficiente solo porque querías estar a la moda aún dentro del avión? Te recuerdo que en el avión hay mucha calefacción que tendrá muy a gusto a tu bebé, y no alterado, con el frio aquí afuera – le dije con voz lo suficientemente paciente como si estuviera educando a algún perro.

-Eso no es posible, mi cuerpo le da calor.

-Oh no, tu cuerpo no es los eficientemente resistible, además de que es muy menudo y por tus manos – las señalé – puedo ver que tienes frío, algo que no beneficia en nada a la pequeña Eva aun dentro de ti – ella cerró rápidamente sus manos y entonces su mirada se hizo más manipulante, sin embargo, ella miró a Esme.

-¿Es cierto?

-Para ser un hombre que nunca se había interesado por el embarazo… - comenzó mi madre con cierta voz sorprendida – tiene razón. El frio que estás sintiendo ahora no beneficia en nada a tu bebé.

-Pero Bella ha pasado más frío que yo – repuso ella, negándose a subir con un poco menos de fuerza.

-No lo creo, además, yo tenía dos bebés, era mucho peor, aun sin saberlo, siempre estaba lo suficientemente abrigada y… no estaba tan delgada como tú. Subí alrededor de cuatro o cinco kilogramos además del peso de los bebés.

Woah.

Yo quería ver a una Bella así…

-¡Esa no es excusa!

-¡Tu bebé se está congelando! ¿Qué más quieres?

-Hey, niñas, dejen de gritar – intervino mi madre que las veía con cierto asombro – El bebé no está congelado ahora mismo. Pero Bella tiene razón, Alice, no puedes estar aquí todo el tiempo. Si no te mueves ahora, vuelve al aeropuerto y allí quédate. Nosotros tenemos que irnos. Mark, Anthony y Elizabeth seguro que quieren ver a sus padres.

Alice nos miró de una mala manera y después rodó los ojos con gesto de resignación. Ajustó su enorme bolso de una marca bastante cara y subió por las escaleras con la barbilla en alto.

-Ella es demasiado extremista… - murmuró mi madre.

-Eso es poco. – le murmuró de vuelta Bella y se apresuró a subir las escaleras, seguida por mi madre y por mí.

En el interior del avión, el ambiente estaba mucho mejor, más cómodo y con suerte los dedos de las manos no se pondrían de color morado y azul a causa del frío. Rosalie y Emmett estaban en unos sillones, frente a frente, tal vez enfrascados en alguna conversación importante. Algo me decía que era sobre lo que Emmett estaba confundido. Alice se apresuró a tomar un asiento detrás de ellos, completamente sumida en sus pensamientos, en su mano tenía su teléfono celular; ella tenía indicaciones de no usarlo mientras el vuelto estuviera en marcha porque entonces, no sólo le pasaría algo a su bebé sino también a nosotros.

Esme se fue a sentar con Alice, con un libro de esculturas entre sus manos y con sus lentes de lectura casi resbalando por su nariz. Bella, por otra parte, había tomado y mano y me había llevado a un asiento que estuviera lo suficientemente alejado de ellos para no oírnos conversar, pero lo suficiente cerca como para escuchar las risas y gritos de los niños.

-¿Cómo crees que reaccione Mark a ver de nuevo el lugar donde ha pasado gran parte de su vida? – murmuró con la mirada en el niño. Mi brazo estaba sobre sus hombros y ella tomaba mi mano que colgaba sobre su hombro derecho y colocaba el dorso en su boca.

-No tengo ni idea. Pero él tiene una muy buena relación en ese lugar y con algunas personas.

-¿A qué te refieres con "algunas personas"? ¿Tenía malas compañías o algo así?

Negué con la cabeza. Los únicos amigos que él tenía eran Derek y Fred. Esperaba enserio que alguno de los otros con quien mantenía una relación de sólo compañía estuviera allí. O al menos sus amigos, uno de ellos. No importaba. Solo quería verlo sonriente esta vez.

-Él nunca fue de hacer muchos amigos.

-Pero ahora lo hace – aseguró Bella -, él es muy bueno haciendo amigos.

-Supongo que por la seguridad que le diste hasta ahora. Parece más confiado.

-Seguridad que le estamos dando – corrigió con sus labios rozando mi mano -. No puedo imaginar a mi pequeño más tímido de lo que era al principio conmigo. Es tan vivaz, y le es incapaz de hacer daño a alguien.

-No creo que él sea el tipo de chico que busca problemas – me apresuré a comentar -. A él le gusta mucho conversar. Cuando yo iba a ese lugar, él era uno de los niños que más intentaba entablar una conversación conmigo. Siempre buscaba la manera de darme un dibujo, él no sabía cuándo iría de nuevo pero guardaba alguno – me quedé en silencio por unos momentos con el ceño fruncido antes de agregar -. Al principio los negaba, tal vez lo hice dos o tres veces, la última vez tuve cierta consideración y me fijé como era que él se sentía. Probablemente puedo tener alrededor de siete u ocho dibujos en alguna parte de la casa de Chicago.

-Eso es… muy considerado de tú parte – sentí su sonrisa sobre la piel de mi mano y tan solo me mantuve quieto - ¿Cada cuánto tiempo ibas allí?

-Probablemente tardaba tres o cuatro meses. No pasaba mucho tiempo, lo tenía en la agenda. Creo que nunca lo supiste – me encogí de hombros.

Ella sacudió la cabeza en forma de respuesta.

-No, o tal vez no lo recuerdo. Hubiera amado tanto a esos niños. Y a Mark, aun conociéndolo desde antes – sonrió de manera maternal y después suspiró -. Nunca creí que tendría un hijo casi adolescente a mis veintisiete años.

-¿No tienes cuarenta?

Ella me dio un codazo que me hizo soltar un bajo quejido. Apartó mi brazo de un manotazo y cruzó los suyos, enviándome una mirada envenenada. Ella odiaba que le dijeran que tenía más edad de la que de verdad tenía, aunque ahora tenía un aspecto de alguien más joven de lo que en realidad era.

-Eso no es gracioso, Cullen.

-Sí lo es. – le miré con una enorme sonrisa y me acerqué a ella, colocó la palma de su mano sobre mi rostro y me empujó de nuevo hacia atrás.

-No, no lo es. Tengo veintisiete, no más. Y tú tienes treinta, eres más viejo que yo. Creo que tú no necesitas saber que ya no eres lo suficientemente atractivo como cuando tenías veinte.

-¿Sabías que existen mujeres a las que les atraen los hombres mayores? – le pregunté con una sonrisa. Ella entrecerró los ojos en mi dirección y mi sonrisa se amplió aún más.

Finalmente optó por dejar caer su frente contra la mía y me miró a los ojos.

-Sé que las hay, pero tú eres mi hombre mayor, anciano, arrugado y con pocas ganas de actividad sexual – dijo de manera burlona y esta vez me tocó entrecerrar a mí los ojos mientras los suyos brillaban divertidos.

-He estado pensando, desde que subimos al avión, que tal vez… podríamos ir a la parte trasera… - ella abrió mucho los ojos – Pero no podemos.

-Podemos – corrigió – Pero no debemos.

Sonreí al escucharle y sacudí la cabeza sin mencionar nada más, si lo hacía, probablemente tendría un enorme problema.

Bella y yo no habíamos estado juntos, en el sentido de tener sexo, sólo porque ella estaba pidiendo espacio. Y no es como si yo no quisiera dárselo. A ella le daría el mundo, la luna y todo lo que quisiera. Esta vez ella se estaba portando bastante bien. No había pasado tanto tiempo desde lo sucedido pero ella lo estaba llevando bien y sabía que era para no preocupar a los demás o alterar a los niños, a Mark, más que nada.

El orfanato estaba igual que la última vez que vine a visitarlos hacia un poco más de seis meses. Ese era el tiempo más largo que no venía. Pero el dinero llegaba a ellos sin falta. Esta vez, el lugar estaba decorado con escarcha de color verde y muchos adornos navideños por todas partes. Se miraban varias cartas y dibujos pegados en todas partes. Todos con los colores verde, blanco, rojo y dorado. Alusivo a la navidad.

Fuera del lugar, estaba cayendo una leve tormenta de nieve, algo que probablemente sería un gran problema aquí en Los Angeles, pero era algo normal en Chicago.

La única persona que se encontraba con nosotros era la señora Welch. Era ella quien estaba informada de nuestra llegada. Eran alrededor de las ocho de la noche. Muy lejos del recibidor, se escuchaban altas voces intercambiar varias conversaciones de diferente tipo así como las risas.

Mark estaba con Bella, con las manos de ella en sus hombros en un gesto de protección y apoyo en sus emociones. Alice y Elizabeth, junto con Esme estaban rebosantes de felicidad y podría decirse que estaban casi saltando en su lugar con una enorme sonrisa. Rosalie se mantenía con Bella. Emmett estaba intentando persuadir al pequeño Ethan para que no saliera corriendo a cualquier parte y Anthony estaba en mis brazos, completamente dormido de nuevo.

-… Y ellos no están informados de nada – concluyó la señora Welch de algo que no había prestado atención con una enorme sonrisa que marcaba las arrugas alrededor de su rostro.

-Muchas gracias – contestó Bella con una sonrisa cortés – Ahora, queremos ir con ellos al comedor y comenzar con la cena porque el tiempo se pasa rápido esta noche.

En cuanto la señora Welch escuchó a Bella se puso en acción automática. Respondió con un "por supuesto" bastante firme y comenzó a caminar al comedor, con nosotros siguiéndole.

Mark POV

No sabía cuánto tiempo había pasado desde la última vez que estuve aquí. Pero si hacia un poco las cuentas… eran más o tres años de que no pisaba el lugar. Todo estaba tal y como lo recordaba, aunque la pintura blanca de las paredes se había renovado y los adornos de navidad estaban puestos como cada año. La señora Welch se veía un poquito más ancianita que antes pero seguía siendo aquella señora que siempre se fijaba en nosotros con bastante atención.

Quería ver a mis compañeros ahora. ¿Qué pasaba si seguían sin quererme o aceptar? ¿Y si Derek o Fred ya no estaban más? ¿O Andrew? Esperaba enserio que ya tuvieran una familia como la tenía yo pero… no quería estar solo ahora. ¿Y si Mildred seguía allí? Oh no… tal vez papá y mamá no dejarían que ella y sus amigos me hicieran algo.

Caminé con nerviosismos hasta el enorme comedor que se utilizaba para grandes eventos. Esa sí era una enorme mesa con más de setenta sillas en ella y con mucha comida en medio. Mamá me dio un suave apretón en los hombros para que siguiera avanzando. Me gustaba cuando ella hacia eso porque era como si dijera: Estoy aquí para ti, confía en mí. Amaba a mi mamá, y estaba muy agradecido con ella.

Entré al salón con ella aun sosteniéndome los hombros. En cuanto vi al montón de niños corriendo y riendo en sus lugares mis manos comenzaron a sudar y me pegué más al cuerpo de mamá. Hace tres años yo estaba allí. Y si mamá no me hubiera llevado con ella probablemente me encontraría en el mismo lugar que me habían asignado, en silencio, con un cuaderno de dibujo o con Derek y Fred a mi alrededor, incitándome a asaltar la cocina, al menos por un poco de puré de papa. Ellos dos sólo pensaban en comer y sólo Fred tenía un poco más de peso que nosotros dos.

Varios niños voltearon en nuestra dirección cuando entramos por las enormes puertas de madera oscura. Algunos rostros eran desconocidos pero casi a la mayoría los conocía. Esta vez les dejaban usar una ropa que no fuera el uniforme del orfanato, el cual estábamos obligados a utilizar. Así que se podían distinguir mejor.

-Niños – habló la señorita Welch en voz alta, llamando la atención de todos. Ahora, todas las miradas estaban sobre nosotros con bastante atención -. Ellos son la familia Cullen y la señorita Brandon – anunció con voz firme. Esa que hacía temblar – Y han venido a pasar con ustedes la navidad.

Cuando dijo eso, varias sonrisas se ampliaron y nos miraron a los niños con bastante curiosidad. Varias murmuraciones se escucharon y muchos me estaban mirando con sorpresa. Tal vez me habían reconocido… allí estaba Sebastián, Will, André, Chelsea, Alexa, Lidia… Mildred. Uff, Mildred. También miré por todo el salón y me encontré con dos pares de ojos azules mirándome con atención y sorpresa, el cabello de ambas niñas estaba más largo de lo que recordaba y ya no estaban tan pequeñitas.

Anne y Elena. La última vez que las vi probablemente tenían la edad que ahora tienen Elizabeth y Anthony. Ellas estaban vestidas iguales, como siempre, con un vestido rojo y un listón verde en su cabeza. Cuando sus miradas se encontraron con la Mia sonrieron en grande, mostrando una amplia hilera de dientes blancos.

Ellas eran las hermanas menores de Derek. Derek era un gran amigo mío desde que tenía memoria al estar aquí. Ellos tres llegaron cuando sus padres murieron. Y algunas veces querían adoptar solo a Derek y él no quería por no dejar a sus hermanas o al revés. Era muy bueno de su parte. Escuché una vez decir a la señora Welch que ellos probablemente nunca serian adoptados porque eran muchos niños. Yo no creía eso.

Algunos niños comenzaron a acercarse a nosotros, Elizabeth estaba chillando contenta de ver a muchos como ella allí, con una enorme sonrisa y dispuestos a jugar. Sentí a mamá volver a apretar mis hombros.

-¿Estás bien? – murmuró muy cera de mi oído. Yo asentí un par de veces y alcé la mirada hacia ella con una leve sonrisa.

-Creo que vi a Anne y Elena y…

-¡Mark! – me voltee ante las voces que me llamaron. Las gemelas corrían en mi dirección con una enorme sonrisa y cuando llegaron frente a mí, su sonrisa se amplió aún más. Me pregunté cómo es que ellas me recordaban. Eran muy pequeñas, ahora solo tenían seis años.

Estando con ellas me sentía mejor. Sentí las manos de mamá alejarse de mis hombros al igual que su cuerpo cuando Anthony comenzó a lloriquear detrás de mí. Anne y Elena lo miraron con cierto interés y volvieron su mirada a mí.

-Hola – les respondí con una sonrisa también - ¿Cómo están?

-Bien – respondieron de nuevo en coro y les miré con diversión - ¡Viniste en navidad! – habló una de ellas. Aun no aprendía mucho a identificarlas.

-Era una sorpresa…

-¡Será un buena regalo para Derek! – chilló la otra niña.

Tenía que sacarme de dudas.

-Tú eres…

-Yo soy Elena – contestó la que tenía el listón con moño del lado derecho.

-Y yo soy Anne – respondió el que tenía el listón del lado opuesto.

-Bien, es bueno saberlo – les dije sin borrar mi sonrisa - ¿Dónde está Derek?

Ella dos abrieron los ojos de golpe y sacudieron la cabeza muchas veces, agitando sus cabellos de color oscuro varias veces. Se miraron entre sí y después a mí. Esos movimientos sincronizados me ponían nervioso. Anthony y Elizabeth actuaban igual, o casi, Toni era un poco más inexpresivo.

Anne se acercó a mí, hasta que su rostro quedó muy cerca del mío, alzándose en las puntas de los pies.

-Está en la cocina – susurró – Shh… no queremos que lo atrapen.

Elena se juntó con nosotros, colocándose de la misma manera que su hermana y yo tuve que agacharme para que no estuvieran en puntillas.

-Sí. – susurró – Dijo que conseguiría un poco de queso.

Derek y el queso. En su otra vida fue ratón.

-¿Qué están susurrando ustedes tres? – la voz de mi tío Emmett nos hizo sobresaltar y nos separamos de inmediato. Anne y Elena se miraron asustadas por el enorme tamaño de mi tío y retrocedieron un poco, causando la sonrisa de él.

-No es nada. – Respondí – Ellas son Anne y Elena, la última vez que las vi tenían tres años – expliqué y la dos se colorearon.

-Pues ahora ambas están bastantes hermosas - contestó él con una agradable sonrisa.

-¡Eres muy grande! – exclamó Anne.

-¿Tienes mucha fuerza? – preguntó Elena.

-¿Puedes levantar un auto con tu brazo?

-Yo creo que puede cargar un camión escolar con sus brazos.

El tío Emmett soltó una carcajada, atrayendo la atención de los demás. La Tia Rosalie lo miró con una sonrisa, creo que era una sonrisa tierna, de la forma en que ella nos miraba a nosotros los niños.

-¿Quieren comprobar si puedo hacer eso? – les preguntó sin borrar su sonrisa. Anne y Elena saltaron dos veces, afirmando. – Eso tendrá que esperar un poco porque afuera está nevando y nos congelaremos. Además, aun debemos cenar y abrir los regalos.

-¿Regalos? – preguntaron al mismo tiempo las gemelas.

-Sí, pero Shh – el tío Emmett colocó su dedo en sus labios – nadie debe saberlo.

Yo rodé los ojos.

-Ya se lo dijiste, ahora debes dejar que ellas escojan primero el regalo que quieran – ellas me sonrieron.

Se perdieron en una conversación bastante agradable con mi tío Emmett y no paraban de reír, al poco tiempo miré como Ethan iba con su papá y lo abrazaba, dejando a Elizabeth con los demás niños.

Cuidadosamente, sin que mamá me descubriera, me alejé de allí, directo donde estaba la cocina, deteniéndome de vez en cuando para poder conversar con un compañero que recordaba. Al entrar a la cocina encontré un poco de silencio. Nadie de los adultos estaba allí, pero yo sabía que Derek lo estaba. Caminé con cuidado hasta el almacén y lo encontré allí, intentando robar unas galletas.

-¡Hey! Tienes mucha suerte de que nadie te haya atrapado – él pegó un salto y cuando alzó la vista a mi abrió los ojos en grande – Hola.

-¡Mark! – gritó y soltó la comida que tenía en las manos. Después de eso, me vi envuelto en sus brazos con bastante fuerza y reí por lo bajo - ¡Viejo! ¡Estás aquí!

Se separó de mí, dejando sus manos en mis hombros y yo lo miré con una mueca divertida. Había olvidado lo afectuoso que era. Él era uno de mis grandes mejores amigos, lo sabía.

-¡Estoy aquí! A menos que sigas creyendo que existen los espejismos.

-Existen –asintió con gesto pensativo – Así como existen los hologramas – sacudió la cabeza – pero ese no es el punto. Escuché rumores de que estarías aquí pero no lo creí.

-Bueno, pues si estoy aquí. Creí que sería una buena idea venir aquí con ustedes. Lamento no venir antes pero no viví aquí – expliqué.

-¿No estás viviendo en Los Angeles?

-No, es en Rusia. Es un lugar bastante frio y diferente aquí – arrugué la nariz – Pero no ha sido malo, ¿Cómo has estado? ¿Algunas reglas han cambiado?

Tomé la galleta que me estaba ofreciendo y le di una mordida. Después nos sentamos en el suelo. Comenzó a explicarme todo acerca de todo lo que sucedía. Fred había sido adoptado por un matrimonio latino hacia un año y medio más o menos, él definitivamente no volvería a verlos. Aquellas personas no viajaban mucho. Mildred la niña matona, seguía allí, y dijo que era una suerte no verla. Se volvía más mala con el paso de los días y seguía siendo la consentida de la señora Welch. Ahora solo estaban cinco niños que se llevaban muy bien con Derek y sus hermanas. Decía que llegaban muchos bebés conforme pasaba el año. Normalmente los dejaban en la puerta del orfanato después de tocar tres veces el timbre.

Eso era algo realmente feo.

No recordaba cuanto tiempo llevábamos allí sentados pero Derek tenía muchas cosas para decirme así como yo a él.

Edward POV

.

Todo era gritos y risas. No sabía si eso era agradable o no. No terminaba de acostumbrarme a ese tipo de cosas. Llevaba muy bien los gritos y risas de Anthony, Mark, Elizabeth e Ethan… o casi bien. No los podía soportar más de dos horas seguidas, tenía que desaparecer de allí lo más pronto posible. Pero ahora, eran muchísimos más niños de los que estaba acostumbrado.

Nunca había acudido a este lugar en navidad y no es como si me hubiese interesando antes. Las navidades las pasaba en casa, sin importarme demasiado el hecho de pasarla bien o no. Y tampoco me importaba el hecho de cómo las pasaban los niños de este lugar. Los visitaba días antes de navidad o días después. Nunca me había detenido a pensar en un regalo para cada uno de ellos. Solo daba el dinero a las encargadas y ellas tenían que hacer lo demás. Eso era todo.

No estaba seguro de poder soportar todo esto. Iba a morir ahora mismo. Sentía los chillidos de los niños muy cerca de mis oídos. Bella se había percatado de mi estado de ánimo ahora mismo y antes de eso le había jurado que me portaría bien. No estaba seguro si ella me comprendía o no. No podía adaptarme bastante rápido a niños y gritos y juegos. No así. Ella ya estaba acostumbrada y debía tener un poco de consideración por ella, me había propuesto apoyarle en lo que ella necesitara pero yo no lo soportaba.

Miré como Bella se acercaba a mí y sentí su brazo rodearme. Era un gesto bastante adecuado y significativo para ambos estando frente a un público muy menor de edad. Bajé a la mirada a ella y me forcé a sonreír, me miró con una sonrisa tan maternal y sacudió la cabeza.

-¿Qué te parece si tú descargas todos los regalos mientras se sirve la cena? – preguntó de manera amable.

Esta mujer era un ángel.

-¿Estás segura?

Mi tono de voz le hizo sonreír aún más. Sonaba realmente desesperado, tanto, que me sentí ridículo. La apreté contra mí.

-Quiero decir… ¿no me necesitas aquí?

-No, no te necesito aquí. – aseguró ella – Puedo arreglármelas con los niños. Dudo mucho que Anthony y Elizabeth me necesiten ahora mismo.

Seguí el curso de su mirada. Allí, junto a varios niños entre dos y tres años, estaban Elizabeth y Anthony, tomados de las manos y dando vueltas con enormes sonrisas en su rostro. Anthony tenía las mejillas sonrojadas… o lo que se podía considerar como mejillas. Mi hijo estaba bastante delgado, algo que era preocupante. Elizabeth, en cambio, tenía las mejillas sonrojadas también pero las suyas estaban regordetas al igual que sus brazos y piernas. Todo lo contrario de su hermano mellizo.

-Tengo cierta curiosidad… - comencé, ella me dirigió una mirada con cierta sorpresa.

-Esto es extraño – declaró –. Pero dime. ¿Cuál es tu duda?

-¿Cómo es que tienes tanta paciencia para soportar a todos estos niños, y gritos y risas y correderas? No puedo soportarlo, ni siquiera puedo imaginar estar escuchando eso todos los días.

Alzó la mirada hacia a mí, con su labio inferior entre sus dientes y con una mirada que no supe identificar. Su brazo derecho seguía rodeándome, justo encima de mi trasero. En mi mente tuve el pensamiento de que probablemente me hubiera pellizcado una nalga como llevaba haciéndolo últimamente de no ser por el hecho de que nos encontrábamos rodeados de niños.

-Si planeas quedarte con nosotros lo que resta de tu vida… -comenzó. Yo le fruncí el ceño. ¿Qué quería decir con eso? Ella ignoró mi gesto – Si planeas hacerlo, – prosiguió – sabrás lo que es soportar eso todos los días. Apenas llevas más de seis meses con nosotros, no creo que te adaptes tan rápido, sin embargo, yo creo que lo harás. Estas acostumbrado a solo tres gritos en casa, cuando vienes a Chicago te acostumbras a cuatro… o cinco, si contamos a Emmett. Pronto tendrás que acostumbrarte a seis, por la nena de Alice. Y Rosalie mencionó que quiere tener más hijos así que quien sabe a cubanos mas deberás acostumbrarte.

-No lo tomes a mal, nena, pero eso es una verdadera locura – hice una mueca – Son demasiados niños. ¿No podemos simplemente alejarnos de todo esto y ya? ¿Has considerado la opción de colorarles una cinta adhesiva a Mark, Elizabeth y Anthony cuando estemos en casa?

Ella soltó una pequeña carcajada.

-Ahora que lo mencionas, no, no lo había considerado. Pero no me parece una mala idea.

-A mí nunca me ha parecido una mala idea – me apresuré a decir – Al contrario. Me gusta, siempre lo pensé.

Ella bufó.

-Desde ahora no podrás vivir sin los gritos de tus pequeños, ¿sabes? Y entonces comprenderás porque yo no dejo que alguien más esté a su cuidado. Me moriría si los pierdo de vista durante mucho tiempo.

-Es algo que debo pensar muy bien – fingí usar mi voz de consideración. Me gané una palmada en la espalda baja por su parte.

-Será mejor que vayas por los regalos. Ya va siendo hora de la cena.

Ella se separó de mi rápidamente al ver que una niña de siete años se acercaba con curiosidad a una de las velas que estaban colocadas a los extremos de la habitación, dándole un toque bastante hogareño, sin embargo, podía ser bastante peligroso al ver las intenciones de esa niña.

Después de dar una rápida ojeada alrededor y que un estremecimiento me recorriera el cuerpo, me dirigí a la salida. A la mitad del camino me encontré con Emmett, sentado en una enorme silla, adecuada para su enorme tamaño, usando una barba de Santa Claus y con una niña en cada pierna. Le dediqué una mirada incrédula y él alzó una mano, soltando la característica risa del personaje rojo panzón.

Al salir al pasillo del lugar, unas pequeñitas manos me rodearon la pierna derecha, impidiendo que siguiera mi camino. Bajé la vista hacia el niño o niña que había impedido mi camino y me encontré con unos brillantes ojos verdes iguales a los míos, enmarcados por unas gruesas y largas pestañas. El pequeño me dedicó una brillante sonrisa.

-¡Papi! – exclamó con cierta adoración y estiró los brazos a mí. Inmediatamente lo recogí en mis brazos, él me rodeó el torso con sus piernas al igual que mi cuello con sus brazos.

-Hola, nano. ¿No se supone que estabas jugando con tus nuevos amigos? – detuve mi andar para poder observarlo mejor.

-No. –Agitó su cabeza – Elizabeth lo hace. Yo voy contigo.

-¿Mamá sabe que vienes conmigo? – lo mantuve firme en mis brazos cuando comenzó a saltar.

Dirigí una mirada de nuevo al enorme salón revuelto de niños. Vagamente me pregunté en donde estaba Mark. A él no le podía pasar nada ahora estaba dentro de un lugar que él conocía bastante bien. Me encontré con la mirada de Bella, agradecido. Ella se volvería loca si no veía a Anthony por alguna parte. Le hice un gesto, haciéndole saber que llevaría a Anthony conmigo, ella asintió y volvió a lo suyo.

-¿Dónde vas, papi? – volví a andar, deteniéndome en el pasillo, donde estaban los abrigos y envolví a Anthony con todas las capas de ropa con las cuales había llegado. Con el montón de tela sobre él si parecía un niño de peso normal.

-Voy por los regalos para los niños. ¿Me ayudas?

-¡Ayudo a papi! – Exclamó y aplaudió, haciendo un sonido sordo por los guantes de color azul cielo que envolvían sus manos - ¡Papi Santa! ¡Papi Jo, Jo!

-Papi no es tan gordo, Toni – le respondí con la nariz arrugada y él sonrió.

Lo tomé de nuevo en mis brazos una vez que me coloqué el abrigo también y salí de allí. Al ver el estado del tiempo allí afuera me arrepentí de traer a Anthony conmigo. Por suerte, los autos aun no estaban completamente llenos de nieve y tardarían en estarlo. Lo suficiente para volver al avión después de terminar en este lugar. No era normal una nevada como esta en diciembre y en Los Angeles.

Le di dos cajas pequeñas a mi hijo para que las llevara a la entrada del enorme lugar, seguido de mí, con enorme bolsas llenas de pesados regalos. Debía recordar hacer una rutina de algún ejercicio pronto. Ya parecía un verdadero viejo.

Cuando terminamos con todo eso, Anthony sonrió victorioso, pero agitado. Me reprendí a mí mismo por dejar que hubiera cuatro viajes debajo de la nieve. Ese último viaje que hizo llevaba una caja más pesada de lo normal para él. Me apresuré a quitarle cualquier tipo de ropa que tenia de más una vez adentro y le miré con gesto preocupado.

-¿Estás bien? – Le pregunté y él sonrió, sin embargo, coloqué mi mano sobre su pecho y pude sentir su corazón golpeándole muy a prisa - ¿Quieres comer? Podemos tomar un poco de refresco, ¿quieres? ¿O jugo?

-No, comer no – negó con la cabeza y volvió a estirar los brazos a mí.

Lo cargué y comencé a caminar al comedor, donde ya todos estaban comiendo y conversando entre ellos. Me di cuenta de que Mark estaba junto a un niño de cabellos castaños, delgado que tenía una muy divertida conversación. Elizabeth estaba junto a su tía Alice y su madre. Y Emmett estaba con aquellas gemelas de ojos azule, Ethan y Rosalie. Mi madre estaba encantada rodeada de niños.

-Vamos, enano, a comer con papá – le animé. - ¿quieres jugo de uva?

-¡Uva! – exclamó sonriente y asintió – Uva, sí.

Caminé hasta el asiento vacío que estaba junto a Bella y me senté con Anthony sobre mis piernas y con la mirada de Bella sobre mí. Le dirigió una mirada a Anthony con cierta preocupación y después la volvió a mí.

-¿Sucede algo?

-Sólo se agitó un poco – ella abrió los ojos de golpe y sirvió de inmediato un vaso con jugo de uva y se lo tendió.

-Toma, cielo, toma un poco de jugo – se apresuró a decirle. Anthony, con una enorme sonrisa, obedeció a lo que le dijo su madre y se bebió todo el vaso de golpe, para después recargar la cabeza sobre mi pecho - ¿Mas? – él asintió y Bella llenó otro vaso.

-Va a llenarse de jugo y no comerá nada – le recordé. – Está mejor, nena, sólo fue por los viajes que hicimos de los autos a la entrada – intenté tranquilizarla y me miró con preocupación y atención – Está bien.

Ella se volvió a Anthony, que estaba jugando con unos cascabeles que estaban en la mesa. El niño estaba lo suficientemente entretenido con eso que olvidó tomarse lo que quedaba de jugo en su vaso. Alzó la mirada a su madre y le sonrió, con aquella sonrisa que lograba derretir a Bella.

-Mi bebé. – murmuró y se inclinó para darle un beso, causando la risa del pequeño - ¿quieres comer pollito? Mira, como lo hace Eli – señaló a su hermana, que en esos momentos estaba llevándose un gran bocado de comida a la boca y lo masticaba entusiasta.

-¿Está rico, princesa? – Le pregunté y ella sonrió, alzando su dedo pulgar en forma de aprobación y siguió comiendo – ¿Quieres pollito tú también, Toni? – le pregunté y él alzó la vista a mí con sus ojos brillando con curiosidad.

-Pollito – asintió - ¿Papá come pollito?

-Sí, papá también come pollito – contestó Bella y se apresuró a servir un poco, con puré de papa.

A los pocos minutos, Anthony había terminado ya con el plato de comida que Bella le había servido y estaba reclamando por más. Sus ropas estaban sucias, algo que era completamente inexplicable porque tenía una enorme servilleta sobre ellas. Bella, como siempre, había pensado en todo, y le llevó varias cambias de ropa porque conocía lo que pasaría con su hijo y sus hábitos para comer a pesar de que eran nulos.

Cuando eran las diez y media, los mellizos estaban luciendo otro conjunto que estaba combinados entre sí y que hacía sentir orgullosa a Alice con esas cosas de la moda. Elizabeth ya estaba dormitando sobre los brazos de Bella. Estaba lo suficiente entretenida con esa muñeca que hablaba y cantaba que se le habían olvidado los demás niños de su alrededor.

Anthony estaba sobre una enorme pelota que le llegaba a la cintura, él se podía subir allí y rebotar por todo el lugar. Según la caja en donde estaba, decía que ayudaba con su coordinación y reflejos… comenzaba a dudar de eso ya que había visto como se caía alrededor de seis veces sobre su trasero; en ninguna de las ocasiones escuché su llanto sino una risa de diversión. Ethan había recibido lo mismo. Mark había recibido una nueva consola de videojuegos y otro extraño juguete que jugaba con la mente del niño. Él estaba muy entretenido con eso y sus amigos.

Los demás niños estaban contentos con cada uno de sus regalos. No paraban de regodearse por eso. No los culpaba, según la señora Welch, esos sucedía todos los años, pero no con tanto entusiasmo como ahora. Después de todo tal vez sí había sido una buena idea venir aquí.

.

-Muy bien, niños, es hora de que suban a sus habitaciones. Lávense y pónganse el pijama. – indicó la señora Welch en voz alta. De inmediato, todos los niños obedecieron y fueron saliendo de allí, murmurando agradecimientos hacia nosotros con sus sonrisas en los rostros – Muchas gracias por haber venido esta noche, señores Cullen – nos dijo con una sonrisa sincera a Bella y a mí.

-Ha sido un placer, señora Welch – respondió Bella con una sonrisa encantadora. Ella sostenía la mano de Anthony para que no saliera corriendo de allí hacia algunos juegos que fueron instalados en aquel lugar.

-Me alegra saber que Mark se encuentre muy bien con ustedes – siguió sin apartar la mirada de mi hijo mayor, que estaba hablando con otros niños en un rincón – Es un niño encantador.

-Sí, lo es. – se apresuró a responder Bella, con la mirada sobre él también.

-Esperemos que Anne, Elena y Derek se conserven de la misma manera que Mark con ustedes. Su familia tiene cierto encanto.

Mi mirada se posó rápidamente en ella. Estaba a punto de decir algo con respecto a su comentario pero Bella fue más rápida que yo.

-¿Qué quiere decir con eso?

-Pues, ahora que Elena, Anne y Derek pertenecerán a su familia se mantendrán más cerca de ustedes. Será bueno para ellos conocer a alguien desde hace tiempo como Mark.

Mi sorpresa fue bastante grande. Casi igual como Bella. De haber tenido a Elizabeth en mis brazos probablemente se hubiera deslizado hasta el suelo. Por suerte Esme había venido por ella y había insistido en cargarla mientras dormía.

-¿Parte de nuestra familia? – pregunté esta vez.

La señora Welch nos estudió con la mirada como si no supiéramos algo que era de lo más obvio. Anthony se había dado por vencido y permaneció junto a su madre, mordiendo levemente la pulsera de dulces que estaba alrededor de su muñeca. La señora le envió una mirada y después a nosotros, de nuevo.

-Sí, ¿no están enterados? El señor Emmett y la señora Rosalie han pedido la adopción de Anne, Elena y Derek – explicó – Hace un poco más de media hora. Ahora mismo están con ellos en sus habitaciones, empacándolo todo para poder retirarse con ustedes. Los niños se mostraron muy entusiasmados por eso. Nunca los vi más felices, supongo que ese sí es un regalo de navidad.

Estaba sorprendido.

Estaba bastante sorprendido.

Cuando Emmett hablaba de más hijos imaginé que sería uno por uno… no tener tres de la noche a la mañana, y con sólo haberlos conocido durante un poco más de cuatro horas.

Bella me dirigió una mirada de sorpresa también y después me sonrió con un poco de simpatía.

-Al parecer tendrás que acostumbrarte a ocho chillidos en total.

Yo gemí de manera lastimera.

Ése sí que era un gran regalo de navidad.


¡HOLA! Después de mil millones novecientos cincuenta y cuatro años hay actualización. Lamento haber tardado bastante para eso pero tuve una crisis emocional, con la familia y eso, además de que entré a la escuela y me leí los dos primeros libros de Cazadores de Sombras... uff. En fin. No me maten, por favor.

¡La familia se ha agrandado! Oh si... Emmett convenció a Rosalie finalmente, interesante ¿no? Ya queda muy poco para que esto termine, sniff sniff, pero bueno. ¿Qué tal el comportamiento de Elizabeth? Bella parece llevar muy bien esto pero no es algo de lo que se deba confiar...

Gracias a: solecitopucheta, FlorVillu, Manligrez, soles, AglaeeCullen810, NinaCordova, any0239, Mafe D'Cullen Rojas, joselinamadera, Karenava, iam Nikkiswan, PattyMirandaGarcia1983, yolabertay, anaprinces25, , Nessie Joan Pattinson Stewart, Mariana Cullen Hale, Melania, Beastyle, kimjim, cintygise, carlita16, karenseguram, Laura Katherine, ashleyswan, La enana del mal, Karenca Cullen Grey, Lulu, fabiola, isakristen, Anahi-littrell, Saha Denali, Lucero Mendoza, Jessi, cam4RP1918, Ale Marie Cullen, Camila Elizabeth Cullen Masen, lopitos, flexer, eliza82

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, a los que publican en sus páginas y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está: groups/ 489007794454955/

¿Reviews?