No saben lo difícil que fue para mí darle fin a esta historia, creo que fue porque amé demasiado escribirla, los personajes son tan increíbles que me cuesta despedirme de ellos. Sin embargo, 50 capitulos son más que suficientes.

Gracias a todos los que acompañaron esta historia con paciencia. La canción es tan Sizzy que la dejé para el final porque es especial. La frase: Todos obtienen lo quieren pero no a todos les gusta. Es de las Crónicas de Narnia, y es muy cierta.

PD. Tal vez, solo tal vez si me animo escribiré un par de bonus de este fic. Abrazos.

Epilogo parte 2

"Sabía que te amaba desde antes de conocerte
Pienso que te traje a la vida desde un sueño
Sabía que te amaba antes de conocerte
He estado esperando toda mi vida"

I Knew I Loved You – Savage Garden

Isabelle estaba intentando ubicar una palabra en su cerebro para definir lo que estaba viendo, bizarro era probablemente la que mejor definía la escena, algo que no terminaba de tener coherencia en su cerebro, ella estaba observando detenidamente con la certeza de que había sorprendido a sus padres a punto de tener sexo encima de la mesa de escritorio de la biblioteca, de hecho, su padre había perdido la camisa y su madre….

- ¿Qué diablos? - Fue lo primero que dijo. Maryse palideció pero Robert Lightwood tenía una sonrisa autosuficiente, la misma que ella solía exhibir, era una que decía que los Lightwood no se avergonzaban. - ¡eres un… !

- Iz… - Su madre intentó articular una palabra pero luego notó que su hija estaba llorando. - ¿Que sucedió? ¿Por qué estas llorando?

- Voy a estar en mi cuarto, parece que ustedes dos necesitan terminar un asunto. - Respondió. Luego finalizó. - ¡Eres una hipócrita! Dijiste: "no sexo en el Instituto" - Isabelle salió de la oficina azotando la puerta y se internó en su cuarto, en el reloj eran pasadas las ocho y todavía llevaba la chaqueta de Simon impregnada de su olor. Muchas veces después de compartir la cama con él se daba cuenta que esa esencia le daba cierto sentido de pertenencia, ahora solo la hacía pensar una y otra vez que le había roto el corazón.

Isabelle se quedó en su habitación, acostada en la cama, estaba llorando con la sensación de no saber porque y con la impotencia de no poder dejar de hacerlo. Eso de esconder las emociones era algo que estaba fuera de su control en ese momento. No se quitó la chaqueta, y no se quitó el vestido, solamente se quitó los tacones de 6 centímetros que llevaba. No supo exactamente cuánto tiempo después escuchó los pasos de alguien que entraba a su habitación, estaba esperando encontrarse con el rostro de su madre pero fue su padre quien acudió a su lado.

- ¿Terminaste?

- ¿Enserio quieres saber la respuesta? - Respondió sentándose a su lado.

- ¿Dónde está mamá?

- No va a venir, está avergonzada…. es una Trueblood. - Isabelle rodó los ojos en medio de las lágrimas.

- ¡Eres un cerdo! No tuve que ver nada como eso en 16 años de mi vida mientras viviste acá y ahora tengo que presenciarlo, ¡justo esta noche!

- Y tú eres una hipócrita, vi algo así hace varias semanas cuando fui a Upper East Side. Eso no fue nada agradable tampoco.

- Este no es un buen momento papá.

- ¿Por qué no? ¿Por qué corriste a tu cuarto como si fueras una niña asustada llorando? La verdad creí que estarías feliz.

- ¿Feliz? ¿Tú lo sabías? ¿Lo obligaste a hacer esto?

- Claro que no. - Respondió como si fuera a idea más absurda, ella no había parado de llorar. - ¿recuerdas hace más de un año cuando ese chico apareció en la puerta de mi casa gritando borracho?

- Claro que lo recuerdo.

- Hace 15 días volvió a aparecer de sorpresa y sin ninguna invitación, no estaba borracho claro que no, pero seguía siendo el mismo chico molesto, además ambos estábamos avergonzados, ya sabes la última vez que nos vimos él no tenía ropa y estaba intentando tener sexo con mi hija menor. - Isabelle sonrió ante la escena. - Se sentó en mi estudio y me pidió su bendición para casarse contigo.

- ¿Dijiste que sí?

- Me reí Isabelle.

- ¿Te reíste?

- Hacía muchos años no me reía de esa manera, era como una gran broma, fueron varios minutos los que transcurrieron hasta que pude controlar mi risa y entender que estaba hablando en serio. Después le dije que no era necesario obtener mi bendición, que si tú aceptaras casarte con él, lo harías así yo no estuviera de acuerdo. Esa guerra es una que perdí hace tiempo ya

- En eso tienes razón, aunque ¡Está loco!, ¡esta demente!

- Supongo que dijiste que no, debí haberle dado una advertencia a ese chico, tú no crees en el matrimonio según me gritaste varias veces mientras estabas en Idris.

- ¡Dije que no! tengo 17 y …. no creo en el matrimonio. ¿Le diste tu bendición?

- Es un idiota pero él tiene razón, sino es para llevarte al altar entonces ¿Cuál es el propósito de todo esto Iz? ¿por qué has estado peleando contra todo el mundo durante meses?

- ¡No lo sé! Solo que el matrimonio nunca ha sido una opción para mí.

- Ya veo, si obtuviste lo que querías entonces ¿Por qué estás llorando? - Isabelle se quedó confundida mirándolo como si hubiera hecho la pregunta más estupida del mundo, como si no pudiera encontrar la respuesta en su mente, estaba llorando otra vez pero más escandalosamente. – Todos obtienen lo quieren pero no a todos les gusta.

- ¡es tu culpa! ¡Es tu maldita culpa papá! Tú fuiste quién engañó a mamá, ¡Por tu culpa no creía en el amor! ¡por tu culpa no creo en el matrimonio! ¡Por tu culpa acabo de romperle el corazón al único chico que he amado en mi vida. - Isabelle se le fue encima y lo golpeó en el pecho una y otra vez con los puños, Robert Lightwood no la detuvo, la dejó hasta que se cansó y terminó llorando, luego la abrazó como cuando estaba pequeña y quería que la protegiera de los demonios de sus sueños.

- shhhh. Tranquila Iz, todo va a estar bien. - padre e hija se mantuvieron un buen rato en silencio, él solo la sostuvo como debió haberlo hecho desde hacía tiempo, e Isabelle encontró una inmensa sensación de protección. - Lo siento Iz, si pudiera devolver el tiempo y corregir todos mis errores lo haría, perdóname, nunca quise causarte todo esto. Yo solo quería protegerte.

- Nunca vi llorar a mamá tanto como ese día, no hasta el día que murió Max. Es demasiado tarde para pedir perdón. - Respondió pero no era una acusación, solo era el señalamiento de un hecho que era evidente para los dos.

- No es tarde para ti Iz. ¿recuerdas lo que te dije cuando fui a hablar contigo hace unas semanas?, eres una chica grande, debes ser responsable de tu vida ahora, no puedes salir corriendo siempre y esconderte en tu habitación, no puedes hacer o dejar de tomar decisiones por los errores de los demás. Tienes una vida por delante Iz, toma tus propias decisiones y comete tus errores, haz lo que quieras y creas correcto, pero no hagas o dejes de hacer las cosas porque tienes miedo de cometer errores ajenos, si haces eso te vas a arrepentir toda tu vida.

- Tengo miedo de tomar una decisión incorrecta y tengo miedo de perderlo, mucho miedo. Siento que soy demasiado joven pero al mismo tiempo creo que he tenido suficiente locura en mi vida y conocido suficientes chicos allá afuera como para tener claro que Simon es el mejor chico que podría conocer y que no necesito conocer a nadie más.

- Entonces no te preguntes a que le tienes miedo, cierra los ojos y preguntante a ti misma que es lo que realmente quieres para tu vida. Toma una decisión y vive con las consecuencias, se responsable de tus decisiones Isabelle. - Izzy se quedó un rato más en los brazos de su papá con los ojos cerrados. – Tengo que irme, ya sabes que Magnus nos invitó a una "Fiesta" de noche buena.

- No sé si llegue la verdad, podrías disculparme con ellos.

- ¿Vas a ir a buscarlo?

- Probablemente. – Robert asintió, él vio que su hija había obtenido una extraña expresión de paz y de resolución, parecía muy madura en ese momento, no alguien que estaba intentando demostrar su independencia o rebeldía. - Gracias papá, puedes ser muy útil cuando no eres un idiota.

- Que halagadora.

- Nunca te di gracias por romper el trato con mamá. Gracias otra vez.

- Tenías razón supongo.

- ¿Le dijiste cómo te sientes?

- Claro que no. - Respondió como si fuera la cosa más obvia del mundo

- Eres un cobarde.

- Lo sé. Tú también – él se levantó para irse.

- ¿Es solo sexo casual?

- Pregúntale a tu madre y luego cuéntame que te dice.

- No voy a ser tu espía papá. – él ya había salido de la habitación cuando ella lo llamó nuevamente. - ¿papá?

- Dime.

- Te perdono.

Alec estaba molesto obviamente porque si Magnus había organizado una fiesta de nochebuena esperaba que su hermana estuviera en ella, sin embargo el tono de voz con el que Isabelle le habló era firme, ella no iba a aparecer y mucho menos Simon. Más que una fiesta era una reunión familiar, era bueno tener en su apartamento a sus padres sin que estuvieran discutiendo todo el tiempo, la verdad los dos parecían más relajados. Magnus no solo había invitado a los Lightwood a Jace y a Clary, también había invitado a Catarina Loss que era como su familia, Catarina había anunciado que regresaría a vivir a Idris y a enseñar en la Academia en honor a Ragnor, él sabía que ella se sentía sola.

- ¿Alguien sabe que sucedió con Isabelle y Simon? – Preguntó Alec exasperado.

- Ella se sentía indispuesta. – Respondió su padre.

- Algo tuvo que haber sucedido para que Isabelle se pierda una fiesta. – Comentó Jace. – Clary ¿Tú sabes que sucedió?

- Simon no me contesta el teléfono. – Respondió la pelirroja. – Supongo que mañana los veremos, los dos dijeron que irían a abrir los regalos a casa después de abrir los regalos en el Instituto.

- Algo paso en la casa de Simon . – Dijo Alec reflexivo.

- Tal vez solo deberíamos darles su espacio. – Comentó Magnus agotado.

Rebecca no paró de llenarlo de preguntas una y otra vez, Simon sintió que necesitaba salir de allí como fuera, necesitaba un trago. Después de caminar varias cuadras bajo la nieve se encontró a sí mismo comprando una botella de Whisky, la verdad era que él nunca bebía así que el primer trago hizo que casi vomitara, la verdad era que necesitaba algo tan fuerte como eso. Sentado en el andén hizo un balance de sus posibilidades, Izzy seguramente estaría en casa de Magnus o habría regresado a Upper East Side, la conclusión era que el único lugar al que podría ir además de la casa de Luke era el Instituto. No quería arruinarle la nochebuena a nadie con su pésimo estado de ánimo, así que descartó la casa de Luke y optó por el Instituto que seguramente estaría vacío a esa hora.

Izzy intentó llamarlo al móvil pero estaba apagado, después intentó con Rebecca pero ella le informó que había salido, luego la llenó de preguntas acerca de que había sucedido. Ella sabía que él no iría a la fiesta de Magnus así que no se imaginó dónde estaba, solo sabía que necesitaba encontrarlo, por eso se sorprendió cuando lo vio aparecer en la cocina del Instituto con una botella en su mano y parecía que el licor empezaba a hacerle efecto, estaba buscando un vaso de cristal en la alacena cuando ella abrió la puerta.

- No puedo ser tan afortunado. – Dijo él primero con una buena nota de sarcamos en la voz. – Huyendo de ti y termino en el mismo lugar. Yo solo me iré.

- Está haciendo frío afuera, no tienes que irte, podemos hablar. – Simon se llevó otro trago a la boca descuidadamente. - ¿estas bebiendo? ¡Tú nunca bebes!

- Estoy con ánimos de celebrar. ¡A tu salud!.

- Simon… - Isabelle se le acercó para intentar quitarle la botella pero él se retiró abruptamente.

- ¡No me toques! No esta noche por favor, aléjate de mí. Mañana podré pretender que nada ha pasado, pero esta noche no, déjame mantener lo que queda de mi dignidad. – Simon empezó a enfilar hacia la salida.

- Por favor, si te vas de aquí esta noche las cosas no van a volver a ser iguales entre los dos, necesitamos hablar. – Hubo silencio aunque él se detuvo.

Simon no la miró a los ojos pero ella confirmó exactamente su suposición, él había estado llorando, él nunca lloraba, siempre permanecía fuerte por ella y por Clary, siempre era la columna y la roca de las dos. Era devastador verlo así, era algo que se había prometido que nunca iba a hacer. Simon se sentó en la mesa de la cocina y sirvió otro trago. Isabelle se mantuvo de pie a una distancia prudencial tan elegante como siempre, él la miró de reojo, ella no se había quitado vestido que llevaba temprano, aunque ya no llevaba los zapatos.

Izzy reprimió un impulso de acercarse y abrazarlo, ella había hecho la herida y sabía que cualquier gesto sería tomado como si fuera lastima, algo que él no le permitiría. El chico se tomó varios segundos para decir algo.

- Vas a obligarme a escucharte dar una sarta de explicaciones por las cuales dijiste que no. Dilo rápido por favor, podría ser menos doloroso. Entonces podré irme.

- No dije que no. Tú supusiste que yo diría que no

- ¡No es cierto! Dijiste que tenías 17 años y no creías en el matrimonio, ese es el inicio de una gran explicación para decir que no. Es curioso, siempre dices que tienes casi 18 pero en esta ocasión es importante decir que eres demasiado joven

- Ni siquiera me diste la oportunidad de hablar contigo Simon, solo me soltaste la bomba y soy una cobarde y lo sabes. Me conoces demasiado… ¿Cómo se supone que creías que iba a reaccionar?

- ¿Tienes miedo que te engañe como tu papá lo hizo con tu mamá? Creí que había probado que no soy tu padre Iz. Creí que te había demostrado quien soy.

- ¡Sé que no eres mi padre! Pero no puedes culparme por reaccionar así cuando lo que he visto en mi casa desde hace 7 años es personas obligadas a vivir juntas que se hacen daño mutuamente. ¿Crees que eso es lo que quiero para ti? ¿para nosotros?

- No tenemos que repetir la historia. – Isabelle se acercó para hablarle en un susurro, quedando a milímetros uno cerca del otro, aunque Simon no se había atrevido a mirarla a los ojos aún.

- Lo sé. Pero eso no quita que tengo miedo, lo que tenemos es perfecto, no quiero arruinarlo. - Había tanta vulnerabilidad en esa voz ronca que eso hizo que se compadeciera, como si quisiera protegerla de todo lo que le causaba temor, finalmente él levantó el rostro, los dos se encontraron con una mirada atormentada, los dos habían estado llorando.

- Si tú me dejaras, yo pasaría el resto de mi vida intentando hacerte la mujer más feliz del mundo de la misma manera que tú me haces feliz a mí. Ojala pudieras entender lo que eres para mí, como iluminas mi vida. – Simon la estaba mirando con una intensidad que hizo que ella no pudiera apartarse ni un momento de él, a ella le pareció que no se veía más como un jovencito, ahora era alguien tenía tanta claridad que sabía exactamente lo que quería, Isabelle envidió por un momento la seguridad con la que él podía hablar. Ella podía sentir su aliento cálido, olía a Whisky.

- ¿por qué no puedes verlo chico idiota? Tú ya me haces la chica más feliz del mundo. No necesitamos más, menos algo como el matrimonio. – Esas palabras fueron acompañadas de un caricia que no era más que ternura, de esa manera en que ella no podía ser con nadie más, solo con él.

- Crees eso del matrimonio y lo ves como algo negativo porque fue lo que aprendiste Iz, pero yo no vi eso, papá me enseñó que cuando amas a una chica no solo duermes con ella, también te comprometes con ella y la llevas al altar, le entregas toda tu vida hasta el último día.

- ¿Cómo puedo competir cuando me dices esas cosas?

- Sin embargo sigues diciendo que no crees en el matrimonio, que no quieres eso para ti. – Simon rompió el contacto visual intentando ponerse de pie, pero su novia no lo dejó

- Somos jóvenes, demasiado tal vez.

- Los últimos dos años fui convertido en ratón por intentar impresionarte. – Izzy le dio su sonrisa autosuficiente. – Los vampiros lograron asesinarme, Valentine casi logra matarme otra vez. – Simon estaba señalando la delgada línea en su garganta que constataba lo que acababa de decir. – Borraron mis memorias y una bruja casi me drena toda la sangre.

- Lo sé, lo sé. Vivimos en un mundo peligroso

- ¿peligroso? ¡Casi te mueres en Edom Iz! ¿sabes que fue para mí ver como tus hermanos intentaban curarte con runas una y otra vez sin lograr nada? Casi me muero al verte allí tendida, todavía tengo pesadillas con eso. – Isabelle se quedó callada sin saber que decir, Simon había derribado cada uno de sus argumentos. – Cuando perdí mis memorias soñaba siempre contigo cada noche y temía despertar porque sabía que no iba a recordarte, nunca podía alcanzarte. Ahora mi sueño esta frente a mí y tengo que intentarlo Iz, aunque no voy a obligarte a hacer algo que no quieres.

- En eso te equivocas. Tú no tienes idea de que es lo que quiero.

- ¿A qué te refieres?

- Papá me pregunto lo mismo esta noche, ¿Qué es lo que quieres hacer Isabelle? , pienso que eso ha estado tan claro desde el principio, te lo dije Simon… te lo dije aquella noche en el apartamento de Magnus pero no entiendo porque siempre se te hace tan difícil creerlo: quiero estar contigo así eso asuste hasta el mismísimo infierno. – Simon recordó exactamente esa noche y los ojos de Isabelle eran exactamente iguales, muy brillantes, negros y dorados. – Quiero estar contigo y quiero que seas feliz. Es cierto que no creo en el matrimonio, tampoco creo que lo necesitemos pero creo en ti, creo en la manera en que me miras y como susurras mi nombre cuando duermes, creo en las cosas simples que hacemos como comer sándwiches y ver Star Wars. Creo en la manera en que me haces el amor. – Simon se sonrojó y sonrió pero ella no se detuvo. – No necesitas tocarme para hacerme sentir que me amas, solamente con mirarme lo logras, pero cuando me tocas Simon... soy tuya y lo sabes, sabes que no permito que nadie más lo haga. Estoy segura que no hay nadie que se compare a ti en mi pasado y sé que no necesito conocer a nadie más en mi futuro.

- Quien diría que Isabelle Lightwood podría decir cosas tan dulces. – él ya no parecía tan triste. Sin embargo, el asunto en discusión seguía estando en la mitad de los dos.

- Creo que te he demostrado que no necesito la aprobación de nadie para saber que quiero estar contigo el resto de mi vida, ni necesito la ceremonia, ni las runas ni nada de eso, pero si eso es lo que quieres, si eso es lo que te hace feliz…. – él la miró atonito sin comprender aun la razón de todo el discurso, Isabelle estaba ofreciéndole la mano izquierda.

- Iz… no voy a dejar de quererte porque hayas dicho que no, nada va a cambiar entre nosotros.

- ¿Vas a sacar el maldito anillo algún día? – él dividió su atención entre mirar su rostro y mirar su mano allí extendida confundido hasta que por fin lo comprendió, tenía esa expresión adorable de chico nerd, las gafas se le resbalaban por la nariz.

- ¿Estas …?

- Ya sé que siempre te hago las cosas mucho más difíciles de lo que serían con otra chica pero… ¿podrías preguntarme otra vez?

- ¿estas segura? No quiero que hagas algo solo por complacerme a mí, esto es para toda la vida.

- Papá tiene razón, no puedo seguir permitiendo que sus errores definan mi vida, hace tiempo tomé la decisión de con quien quería compartir mi vida, esto es lo que quiero.

- ¿hablaste con tu padre acerca de nosotros? – Ella asintió

- Esta noche cuando regresé al Instituto, estaba casi teniendo sexo con mamá en la biblioteca

- ¿Qué?

- Larga historia… ¿Vas a hacer la pregunta o no? – él sacó nuevamente el anillo de su bolsillo donde había estado guardado.

- Te amo Isabelle Lightwood, ¿Te casarías conmigo?

- Esta bien. – Respondió resignada, pero tenía esa sonrisa autosuficiente y los ojos brillaban de la emoción, ojos negros y dorados.

- ¿De verdad?

- Ponme el anillo ya Simon.

- Ok ok. – él le dio esa sonrisa torcida que ella tanto amaba mientras deslizaba el anillo Fairchild delicadamente en el dedo anular de su mano izquierda.

- Es un anillo precioso. – Comentó observándolo. - ¿Cómo obtuviste un segundo anillo Fairchild tan rápido?

- Era de Jocelyn… me lo dio el día de mi ascensión, al principio no entendí como me daba algo que no me quedaría bien. – Izzy sonrió nuevamente al mirar el anillo.

- - ¿Clary lo sabía?

- Creo que Jocelyn y Clary sabían que tarde o temprano iba a querer dártelo a ti. - De repente Simon estaba sobre sus pies rodeándola con los brazos por la cintura y la levantó mientras juntaban sus labios, el beso sabía a escoses fuerte pero no era desagradable solo diferente. Cuando se lo permitió ella pudo ver más cerca que Simon estaba llorando pero esta vez de alegría.

- Voy demostrarte que el matrimonio no es tan desastroso como crees.

- ¡Promételo! Promete que no vas a correr a los brazos de otra perra cuando las cosas se pongan difíciles.

- Lo prometo, ¿no ves que siempre regreso a ti aunque no quiera?

- Pudiste haberme dado una pista de cuán importante era esto para ti. – Isabelle puso sus brazos alrededor de su cuello

- ¿Estamos solos? – Isabelle se mordió el labio inferior mientras asentía

- Y la regla de "no sexo en el Instituto" parece que fue levantada. – Simon le dijo nada más.

Un mes había transcurrido desde que Simon se había ido a la Academia de Cazadores de Sombras e Isabelle se sumergió en sus deberes en el Instituto intentando cumplir con el compromiso que había adquirido con su padre, trabajar en ser mejor enseñando y no descuidar su entrenamiento como nefilim. Después de años volvió a tomar clases con su madre para mejorar aún más con el látigo, Maryse se empeñó en enseñarle a usar dos al mismo tiempo e Isabelle empezaba a acostumbrarse a manejarlo con su mano menos hábil. Simon le escribía una vez por semana, una carta para ella y una carta para Clary, Isabelle siempre leía la carta sola en su habitación y lloraba porque lo extrañaba aunque no permitía que nadie la viera.

Después de la cuarta carta Maryse la encontró acostada en la cama mirando hacia el techo intentando secarse las lágrimas. La verdad era que madre e hija tenían una relación tensa en el momento, Isabelle no podía creer que su madre tuviera sexo casual con el hombre que la había engañado y Maryse no aceptaba que su hija se hubiera comprometido a los 17 años, los entrenamientos solían terminar en discusiones así que las conversaciones entre las dos solían ser cortas.

- Parece que estar en buenos términos con tu padre ha dado los frutos correspondientes. – Le dijo la mujer.

- ¿Ya no tocas a la puerta?

- Nadie en nuestra familia toca la puerta. – Respondió sentándose en la cama al lado de su hija que estaba blanqueando los ojos ante el comentario. – Iz, sé que no estamos en los mejores términos y sé que no te sientes bien pero tengo un trato que proponerte.

- ¿Qué quieres?

- Tu padre acaba de dejar un mensaje para ti. Dice que la Academia necesita de vez en cuando maestros invitados, pero casi nadie ha querido aceptar la oferta ya que…. digamos que las instalaciones no son tan agradables

- ¿Qué sugiere?

- Tú dijiste que querías ser tutora, Robert dice que la oferta está disponible para ti, irías de vez en cuando a la Academia sin tener que abandonar el Instituto. – Isabelle se sentó de repente sobre la cama sorprendida y emocionada

- ¿Maestros invitados? ¿De verdad?

- Sí.

- ¿Cuál es el trato?

- Van a esperar a que Simon termine la Academia para casarse. – Isabelle arqueó las cejas sorprendida, en ningún momento había discutido una fecha con él, ambos habían acordado esperar y luego acordarlo juntos.

- Mamá….

- Son demasiado jóvenes Izzy, yo quiero lo mejor para ti.

- Lo sé, pero es algo que debo acordar con él, no deseo empezar esto con Simon tomando decisiones impuestas por ustedes.

- Está bien, está bien. Háblalo con él y luego me dices si aceptas el trato de ser maestra invitada a la Academia. – Su madre le dio un beso en la frente acompañado de una caricia y luego salió de la habitación dejando a Isabelle con una sonrisa en los labios. Justo en ese momento estaba pensando en que necesitaba hacerle una visita sorpresa a su novio. De repente todas las cosas parecían que habían su lugar correcto en el universo.

Fin.