Indiferencia.
A ella le molestaba que él no la alabará, que no la tratará como la princesa que su abuelo había creado, no era igual que Jabú quien si entendía su posición o al menos así pensaba cuando era niña.
Le tomó un nuevo encuentro, palabras duras, violencia y una flecha en el pecho darse cuenta de que la indiferente era ella, Saori había sido indiferente al sufrimiento de los niños cuando llegaron a su casa, no se molesto en conocer sus historias, su dolor, su sufrimiento, sus deseos, lo único que importaba era su persona.
- ¿En qué piensas? - Preguntó Seiya con tono aburrido mientras veía la televisión.
- Nada.
- No es cierto, te has quedado callada viendo la pared, lo haces solo cuando piensas algo que te molesta. - Replicó bostezando.
- Claro que no. - Negó sin tanta seguridad como esperaba.
- Te conozco, Saori.
- ¿Desde cuándo?
- Veamos tenías seis años y unos meses más que yo así que te conozco desde hace unos catorce años. - Meditó con desinterés.
- No es de esa forma, no te agradaba cuando eramos niños. - Apuntó.
- ¿Quieres qué te obligue a jugar como caballo? - Cuestionó con irritación - No es o era agradable que una cría te salte en la espalda.
- Lo siento. - Dijo por reflejo aunque el le quitó importancia con un gesto de su mano - Siento que a veces lees mis pensamientos o sabes que haré incluso antes de que yo misma lo haga. - Desvío la mirada hacia la pared - En cambio siempre me sorprendes...
- De buena manera espero. - Contestó levantándose hasta quedar enfrente de ella, sus manos apoyadas en el mueble atrapándola - Te conozco muy bien, Saori y tu también me conoces es solo que a veces haces cosas que detesto como cuando te sacrificas siendo que yo existo para protegerte, y eso me sorprende.
- Era necesario. - Se justificó apretando sus manos con fuerza - Estaba pensando en lo indiferente que fui contigo... Con todos cuando eramos niños y lo extraño que es lo mucho que me conoces a pesar de que la mitad del tiempo es Athena la que esta actuando.
- ¿Athena? - Cuestionó dirigiendo ahora si toda su atención - Siempre eres Athena, Saori. Sobre todo cuando vas a una reunión de negocios, eres brillante y firme en lo que dices. No tienes que preocuparte por el pasado por que ya paso.
- Es más que el pasado, Seiya.
- ¿Cómo era?
- ¿Qué cosa?
- La Era del Mito ¿Cómo eras entonces?
- A pasado tanto tiempo, tengo memorias nítidas de aquellos días pero se han ido superponiendo las vidas de mis reencarnaciones en sucesión, si te dijera un recuerdo en específico tendría que asociarlo a una persona para saber en que tiempo ocurrió.
- ¿Recuerdas los nombres de los Santos? - La mirada llena de curiosidad de su acompañante le arrancó una sonrisa.
- De sus primeras vidas, generalmente. Cada alma esta ligada a una armadura en específico y se van turnando de forma cíclica para llevarla, es como Aioros y Aioria, sus vidas pasadas fueron tío y sobrino.
- ¿Y yo? ¿Cuántos Pegasos hay? - Seiya alzó una ceja confundido ante la sonrisa pícara de ella.
- Sólo hay un Pegaso. Tu alma es la única que la armadura acepta por lo que cada era en que renacemos te toca luchar en una Guerra Santa.
- ¿Y los demás si pueden renacer entre las Guerras? ¿Soy el único que renace solo cuando tu lo haces?
- Por ese motivo en general siempre eres menor que yo. Solo cuándo yo nazco tú lo haces, recuerdo los nombres de todas tus vidas. - Algo posesivo se escapa en su tono no es tan sutil como espera y ahora Seiya la ve con intriga.
- ¿En serio? ¿Cada nombre? - Ella se sonroja bruscamente pero no aparta la mirada, a pesar de la sonrisa petulante que se extiende en sus labios. - ¿Así de importante soy?
- La prepotencia en un defecto, Pegaso. - Murmura para evitar contestar su pregunta.
- A pesar de eso soy único puedo ser prepotente si quiero. - Seiya se ríe a carcajadas al ver su expresión tornarse seria - De acuerdo, mi perfección a un lado. ¿De verdad recuerdas cada nombre?
- Sí. - Fue simple y honesta.
- Me alegro de eso, quisiera poder recordarte tanto tiempo. - Comentó ganando una mirada curiosa - Tu seguramente recuerdas todas las veces que fui niño o cuando crecí, cuando luchamos juntos. Debes recordar todos mis defectos y aciertos... Espero por lo menos ser lo bastante bueno para honrar mis yo pasados. - La última parte fue en un tono reflexivo que la tomo por sorpresa.
- Cada vida es única e irrepetible, Seiya. Nunca te he comparado con tus reencarnaciones pasadas por que cada una nació y vivió experiencias únicas que formaron su personalidad. Panthea, como se llamaba tu primera vida creció en uno de los templos, rodeado de sacerdotisas y sirviendo en mi culto, yo no quería que se convirtiera en Santo. - Confesó - Pero él era tan obstinado con su idea de defenderme... ¿A quién se parecerá? Hay rasgos que se mantienen, la honestidad, la terquedad, la amabilidad. Y yo respeto y atesoro cada una.
- ¿En qué pensabas cuando te interrumpi? ¿Qué te preocupaba tanto? - Cuestionó levantándose para juntar sus frentes.
- En lo indiferente que fui a tu sufrimiento. - Decidió que lo mejor seria decirle la verdad en vez de seguir evadiendo.
- ¿Cuándo niños? Puedes olvidarte de eso, Saori. Supongo que yo también lo fui a tu soledad, no te preocupes por eso. Acabas de decirme que recuerdas más de mil años sobre mi, me siento honrado y querido. - Una sonrisa amable se extendió en su rostro - No puedo recordar tanto como tú pero por eso mismo quiero atesorar cada gesto, cada expresión, cada palabra y cada momento de tu preciosa vida, por que es la única que conozco y recordare.
- Gracias.
Ambos compartieron una sonrisa cómplice mientras sus manos se unían con timidez, no necesitaban más palabras que las dichas y el conocimiento de que ciertamente no se eran indiferentes el uno al otro, que en cambio había mucho más de lo que se permitían decir.
