Cap42: Como matar a un dios
Buenas! Hoy tenemos el último capítulo de este fic, ya la cosa se resuelve, hoy sabremos quién es Giman, como se enfrentará Naruto al Shinju, aparecerán varios pjs exclusivos de aquí y otros tantos típicos de la serie.
Hoy os tengo reservada una sorpresa grande, una más pequeña, varias peleas y un bonito acto final narusaku, no quiero destriparos nada, pero la sorpresa principal se remonta al prólogo incluso, espero que os guste. La semana que viene os pondré el epílogo (si hay un prólogo, tiene que haber un epílogo, eso es ley!) y ya daré por concluida esta etapa. Me pondré melodramático, fardare de esta criaturita de 750000 palabras... no me lo tengáis en cuenta, han sido seis meses de esfuerzo para traeros esta historia. Por lo pronto disfrutar de lo de hoy, un saludo!
AVISO: He modificado el prólogo, nada importante realmente, sólo una introducción hecha por Hikari. Tiene por objetivo que alguien que no haya visto shippuden se sitúe con la obra, no empezar tan de golpe.
-Aaaaaaaaaa- Personaje hablando
-Aaaaaaaaaa- personaje pensando
-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura hablando
-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura pensando
Renuncia de derechos: esta obra se hace sin animo de lucro, y obviamente Naruto y sus personajes pertecen a kishimoto. Yo solo escribo esta historia. NO AUTORIZO EL PLAGIO DE LA MISMA.
En el corazón del país de la roca, entre sus escarpadas montañas, la guerra del árbol blanco se enfrentaba a un nuevo escenario, a una nueva batalla, quizás la última de esta sangriento conflicto. Y, por extraño que resultase analizando los enfrentamientos anteriores, esta vez la secta no estaba atacando… estaba defendiéndose desesperada. Tras cuatro días avanzando por las cuevas del país, y de que los mil valientes hombres de la resistencia se uniesen a la ofensiva, la alianza realizaba su primer jaque sobre las piezas del árbol blanco… y puede que fuese el definitivo. En medio del día, sin tan siquiera esperar a que sus enemigos estuviesen dormidos, las fuerzas de la alianza, lideradas por Naruto, salieron desde debajo de la tierra con un solo objetivo: acabar la guerra ahí y en ese día. Los treinta mil enemigos allí acantonados se vieron de pronto atacados por todos los frentes, ya fuese por ninjas de Iwa, los voluntarios de la alianza, clones de Naruto… incluso el clan gama, liderado por Gamabunta y Gamakichi, había hecho acto de presencia en la capital, y con su inmenso tamaño, los batracios habían sembrado un auténtico caos entre las filas enemigas, que se esperaban de todo menos eso. Y todo sin contar al quinto miembro del afamado escuadrón, que directamente se había encargado de reducir a nada todo arbóreo o raíz que se atreviese a cruzarse. Y, mientras tanto, el plan principal siguió su curso.
En las escalinatas de la torre del tsuchikage, ignorando las decenas de explosiones controladas y ataques de los grandes sapos, cuatro individuos subían los escalones con tranquilidad. Esto no quería decir que no se interpusiesen enemigos a su paso, los arbóreos más fuertes habían sido designados para defender esa edificación, pero realmente no tenían mucho que hacer contra sus asaltantes. Cuando Naruto organizó un escuadrón de ninjas de élite, la suerte quiso concedérselo de manera total. Kurotsuchi, a pesar de todavía sentir dolor en sus manos, era una ninja avezada, usuaria de una línea de sangre única y con la misma experiencia que Naruto en combate. Todo enemigo que se cruzase en su camino acababa fundido en lava o abrasado en vapor. La reina babosa era una construcción de chakra con mil técnicas y con un control del entorno perfecto. Ningún enemigo la atrapaba por sorpresa, y el ente era tan fuerte que caminaba por las escaleras como si todo fuese una visita turística, mientras corrientes de agua, estacas de tierra y piscinas de lodo acababan con cualquier arbóreo cercano. Sasuke uchiha, el legendario vengador, no necesitaba presentación. Sólo con ver caer entre llamas negras inagotables a sus enemigos bastaba para saber que no era una buena idea atacarle. Y por último, Naruto uzumaki, que con su guadaña y cadenas de diamantina daba buena cuenta de quien le molestase. Un equipo de élite, digno de una misión suicida. Digno de recuperar la paz.
-Bien chiquillos.- intervino la reina babosa nada más llegar a la puerta, dándose la vuelta para encarar a cinco arbóreos que corrían hacia ella.- Yo me encargo de que no pase nadie. Supongo que tu otro amigo no tardará mucho en reforzaros, en cuanto deje esto limpio voy con vosotros.- anunció la pelirroja, mientras una gigantesca ola de lodo se llevaba por delante a sus enemigos y formaba un inmenso golem, que con presteza se enfrentó a la nueva oleada que subía la escalinata.
Kurotsuchi, Sasuke y Naruto asintieron, entrando en el gran edificio. La joven pelinegra les fue guiando por los trémulos pasillos con destreza, no en vano ese fue su hogar muchos años, aunque ahora se hallase descuidado, completamente desvencijado. Sus orgullosas paredes de piedra marrón clara estaban agrietadas, con numerosas raíces saliendo de sus zonas desgastadas; mientras su suelo se hallaba lleno de mugre y polvo. En su misión de infiltración la kunoichi no había tenido oportunidad de apreciar esos detalles, pero ahora, a la luz del día, era plenamente consciente: de todas las naciones, la que más había sufrido con el árbol blanco era la suya, y tardaría mucho en recuperarse. Pero que nadie lo dudase: lo haría. La roca resurgiría de su caída, y lo haría más fuerte que nunca. La joven dejó de centrarse en el entorno y se preparó para la carga de varios enemigos. Despachó a un sectario de un ataque de lava, mientras un sello explosivo destrozaba a un arbóreo del fondo del pasillo. A su lado, Naruto y Sasuke despachaban enemigos uno tras otro a puro kenjutsu de armas de madera reforzadas con chakra y taijutsu, sin usar técnicas. La kunoichi tenía que admitirlo: esos dos se compenetraban a la perfección en combate: cada kata, patada o puñetazo de uno iba inmediatamente seguida por un ataque del otro que suplía sus aperturas en la defensa, creando un muro impenetrable de muerte. Ambos se miraron, y Sasuke inmediatamente fue propulsado por una cadena hasta el fondo del pasillo, tras un grupo de cinco arbóreos. Por supuesto, no aguantaron mucho antes de ser despedazados por los capitanes anbu de konoha, pero uno de los arbóreos consiguió agarrar al pelinegro y atravesaron juntos una pared, para preocupación de Kurotsuchi.
-No te preocupes, kuro chan.- la tranquilizó Naruto con una sonrisa confiada.- el teme se está divirtiendo. Sigamos, ya nos alcanzará… de mientras… ¿tienes fuego?
Al fondo del pasillo que daba a las escaleras de subida, un grupo de cinco arbóreos volvían a la carga… y en un espacio muy reducido. La nieta del anterior tsuchikage se rió y encadenó una serie de sellos para luego exclamar Katon: gokayu no jutsu, mientras Naruto exclamaba futon: idaina kaze. La inmensa bola de fuego de la nieta de Onoki brilló con un candor naranja brutal al encontrarse con el vendaval de Naruto, incinerando a todos los enemigos del pasillo, que no pudieron esquivar el golpe. Con el camino libre, el rubio y la morena siguieron andando, hasta que uno de los cadáveres parpadeo y fue sustituido por Sasuke. Estaba con la capa algo roída y una expresión de enojo, mientras Naruto le miraba con una sonrisa burlesca. Arqueó la ceja y contesto a Naruto con un simple Hmpf a su pregunta de si el arbóreo le iba a llamar al día siguiente, para luego seguir andando con el resto hacia los pisos superiores. Kurotsuchi no pudo evitar reírse al ver la forma de interactuar de los dos mejores shinobi del continente: cada uno de ellos podría haberle dado una buena batalla a su abuelo, el shinobi más poderoso de la historia a juicio de la pelinegra, pero ambos se comportaban como niños pequeños cuando estaban cerca el uno del otro. Hombres, cerebro pequeño, corazón y travesuras grandes. Por eso adoraba tanto al género opuesto la kunoichi y se había pasado toda su carrera haciendo equipo con hombres: se divertía más. Subieron las escaleras hasta el último piso, para detenerse los tres de golpe.
-Veo que tenemos nuevas presas…- comentó esa repugnante voz aguda compuesta por decenas de pequeñas voces desde la oscuridad de un pasillo cercano. Los tres shinobi se giraron para ver a un hombre mirándoles. A pesar de que sus ropas eran las de un anbu de Iwa, todos sabían que no era tal. Kurotsuchi cerró los puños con rabia contenida: urayamu. Ese maldito ser…
-Seguid los dos, yo me encargo de él.- anunció la pelinegra, mientras Sasuke y Naruto se miraban con duda. El examen que habían hecho de su chakra era claro: como mínimo, igualaba a la reina de lava. Y había que añadir de la kunoichi estaba todavía herida en las manos… la situación no era ventajosa.
-Kuro chan…- intervino Naruto con un gesto de preocupación. Kurotsuchi era su amiga, dejarla en una situación tan desfavorable no le gustaba.- ¿Por qué no mejor me encargo yo, o el teme?
-Conozco su estilo de combate, hablé largo y tendido con la hyuuga de vuestro escuadrón.- repuso la reina de lava con un gesto serio, sin apartar su vista del enjambre.- sin contar que el cuerpo que está ahora portando es el de un buen amigo mío. Tuve que mentirle a su mujer embarazada y decirle que Yoshi murió en combate, y no que murió devorado por dentro por un puto enjambre de arañas entre gritos de dolor… el ver a ese cabrón usar su cuerpo como una marioneta me cabrea… y mucho. Además, en mi estado no seré rival para Giman, es mejor que luchéis vosotros contra él. Si le matáis, se acaba todo, y cuanto antes lo hagáis menos peligro correremos todos, así que hacerlo… es una orden, uzumaki.- sentenció la joven, mientras Naruto apretaba los dientes. Kurotsuchi tenía razón, pero dejarla ahí sola era casi como condenarla a muerte…
-¿dónde está Giman?- preguntó Sasuke, mucho más pragmático que su compañero. Su gran esperanza era acabar pronto con el sectario y volver a por ella.
-Seguid hasta el final del pasillo y llegareis a una gran sala. Tener cuidado si está llena de planchas metálicas: esconden invocaciones dentro.- advirtió la joven, escarmentada de su última visita.- y en la sala contigua, estará Giman… aseguraros de que sufra…- Sasuke asintió y tomó a Naruto del hombro para señalarle que debían de irse. El uzumaki dirigió una última mirada a la pelinegra.
-Ni se te ocurra morir.- ordenó Naruto a la kunoichi.- la roca necesitará a la nieta de las dos escaleras cuando todo acabe.
-Descuida… -repuso la kunoichi con una sonrisa confiada, para luego contemplar cómo los dos ninja se dirigían a su lucha con Giman. Nada más salir los dos guerreros del lugar, la joven volvió a contemplar a su rival, que la observaba con una mueca burlona. La cabreaba aún más que ese hijo de puta estuviese destinando un esfuerzo a mover los labios de Yoshi en ese gesto.-… yo voy a desinfectar la torre…
-Veo que has vuelto… perfecto, la carne de tu amigo empieza a escasear… nos preguntamos a que sabrás tú…
-¡Ven y pruébalo!- le espetó Kurotsuchi con furia.
La pelinegra se lanzó a por su enemigo con ese grito, realizando rápidos sellos mientras acumulaba aire. Al grito de Katon: gokayu no jutsu, una inmensa bola de fuego salió de los labios de la joven en dirección a Urayamu. El sectario rodó hacia un lado y escupió dos balas de un líquido morado hacia la kunoichi. Kurotsuchi se agachó justo a tiempo, y volvió a realizar sus sellos. La kunoichi de Iwa ya había tenido en cuenta la posibilidad de enfrentarse a ese monstruo venenoso, y preparado una táctica para vencerlo. Había hablado con hanabi hyuuga, la última rival de ese monstruo y la única shinobi conocida en vencerlo, y tenía clara su estrategia. Urayamu basaba su poder en el combate cercano, en el contacto corporal, y era extraordinariamente débil contra el daño de fuego. Y, casualmente, Kurotsuchi era la mayor experta del mundo en el ninjutsu de fuego. A sus afinidades al Katon y al Doton debía de añadir su uso del Yoton o elemento lava, un elemento en ese momento determinante. E incluso contaba con algunas técnicas adicionales, como el elemento fuuton o vapor. Sólo tenía que plantear un duelo a media distancia, usando el ninjutsu. Era cierto que sus reservas de chakra estaban tocadas, y que le dolían las manos a horrores , pero podría plantear un combate serio, e incluso ganar si tenía algo de suerte. Vengaría a sus hombres, y libraría al mundo del enjambre.
Tras exclamar Youton: shakugaryundan no jutsu, una decena de proyectiles de lava se abalanzaron sobre Urayamu, que lanzó una telaraña con su mano derecha que le llevó hasta el techo. Luego, su impulso desde allí hacia la pelinegra, buscando evitar que invocase más lava y fuego y golpearla con su veneno. El sectario lo tenía claro: necesitaba ese cuerpo. Su prioridad era lograr un huésped capaz de cubrir sus carencias, que eran el fuego y el acecho de un depredador. Lo ideal sería un hyuuga afín al Katon, en un duelo de chakra, el enjambre pleno de miembros podría compensar cualquier técnica enemiga de fuego, e incluso volverla a su favor con "el contrapeso", y además era bien sabido que la piel de los usuarios de Katon era más resistente a ese elemento; pero una kunoichi capaz de invocar lava era también una opción aceptable. ¿Que mejor manera de defenderse del fuego que invocando una inmensa pared de lava?. El suiton podría parecer mejor opción, pero sólo planteaba un duelo con el elemento Katon de manera defensiva, solo para compensar. Y no, el enjambre quiere también atacar, acechar. Cuando tuviese ese cuerpo, esperaría a que el Shinju se adueñase de la tierra, y luego se haría con el byakugan, en lugar de hacerse primero con el byakugan y luego esperar. El orden de los factores no altera el producto… sobre todo si su presa había ido directa a su telaraña.
Urayamu, viendo que su combate les había llevado a una sala contigua, se mostró más agresivo, intentando evitar que la kunoichi se escapase de sus garras. Pero la pelinegra no era una candidata a tsuchikage por nada, Kurotsuchi sabía perfectamente de la distribución del lugar, y se había dejado llevar en el combate de taijutsu contra el sectario hasta ese entorno. En ese lugar más abierto, la joven podía maniobrar mejor y alejarse, y usar su lava de forma más amplia. Necesitaba espacio, y ahora lo tenía. Lanzó una doble patada en el aire al pecho del sectario, y luego intentó realizar sellos, pero Urayamu fue más rápido y consiguió hacer contacto con una parte de piel descubierta del tobillo de la joven. Urayamu sonrió, creyéndose victorioso, pero su sonrisa se deformó en una mueca de dolor cuando la joven le devolvió el gesto. El sectario emitió un grito de dolor mientras su mano literalmente se derretía entre brillantes flamas naranjas y saltó lejos de la kunoichi, mientras su rival se disolvía en una figura de lava. Urayamu tuvo que volver a saltar cuando unas flamas rojas intentaron impactarlo desde la entrada de la habitación. El enjambre maldijo por lo bajo, esa chica era muy lista… se había cambiado por un clon de lava desde el principio del asalto a Iwa, y seguido desde una distancia prudencial a su escuadrón. Y ahora le había obligado a ponerse a la defensiva.
La kunoichi realizó una sucesión rápida de sellos y exclamó Futton: Komu no jutsu (vapor: niebla corrosiva). La sala se inundó de una densa niebla, un obstáculo para la visión del sectario que además le estaba dañando la piel de su frágil cubierta. Escupió un par de telarañas más densas de lo normal al techo, viéndose entre la espada y la pared, y se preparó para el ataque por sorpresa de la reina de lava. Y la reina de lava decidió hacer honor a su apodo: Urayamu abrió los ojos con horror cuando una inmensa ola de lava se abalanzó sobre su posición. Saltó hacia el techo con una de sus telarañas, pero se vio de pronto sorprendido por su enemiga, que se había adherido a esa superficie y combatía contra él armada con una afilada lanza de Doton, con la lava bajo ellos. Normalmente habría tenido ventaja en un duelo cercano… pero ahora le faltaba una mano. Recibió un buen corte en el vientre, cayendo algunas de sus arañas a ese río de lava. Intentó contraatacar con un puñetazo al rostro con su única mano, pero la kunoichi tenía toda la ventaja. Kurotsuchi simplemente se agachó y cortó uno de los pies de su rival, cayendo Urayamu a esa trampa mortal. De milagro consiguió sujetarse con su telaraña y escapar del magma, pero no pudo evitar que sus piernas contactasen contra la roca fundida, incinerándose de inmediato. Cayó pesadamente en una zona libre del magma, con dos muñones por piernas y sin una mano, sin posibilidad de defenderse.
Kurotsuchi solidificó su lava y descendió del suelo con una mueca de determinación: su plan había resultado. Iba a poner fin a ese maldito desgraciado de una vez por todas, por Yoshi, por Anko, por todos aquellos que habían muerto en manos del enjambre. Se dispuso junto a Urayamu, preparada para lanzar su lava y no dejar rastro de él. Pero, cuando iba a realizar los sellos, sintió un fuerte pinchazo en sus gemelos. Miró con dificultad a sus pies y pudo ver una decena de arañas rondándola, con dos del tamaño de su mano mordiéndola en las piernas aprovechando los huecos en sus defensas. La kunoichi sintió sus músculos agarrotarse, aunque su entrenamiento en resistencia de venenos la permitió no caer de bruces y solo hacerlo de rodillas. En su confusión, logró entender lo que había pasado: en el techo colgaban dos bolsas hechas de telarañas, dos bolsas abiertas de dónde estaban saliendo arañas a decenas, y descendiendo por las paredes en su dirección. El enjambre había decidido dividirse en pleno combate. El cuerpo de Yoshi emitió un lamento, y su boca se abrió grotescamente cuando las arañas que en él habitaban abandonaron esa cubierta ahora inservible. La joven cayó de espaldas, incapaz de mantenerse erguida, y con repugnancia sintió como las arañas escalaban por su paralizado cuerpo, hasta que una particularmente repugnante, de ojos rojos y exoesqueleto blanco con manchas violetas y rojas, se dispuso sobre su pecho, mirándola fijamente.
-Nadie vence al enjambre chiquilla…- se burló la araña.- Aunque tú estuviste cerca de lograrlo. Serás nuestra cubierta perfecta… no te preocupes, sólo te dolerá al principio… y durante…
Kurotsuchi tembló, intentando moverse, mientras esa araña ponía sus patas sobre su barbilla, acercándose a su boca. El terror inundó los pensamientos de la joven, que veía su vida pasar ante sus ojos. Y todos ellos tenían a Shinzo… ¿Cómo asimilaría su muerte? Se las había arreglado para que no participase en el ataque, pero a cambio de prometerle volver… ¿ahora como lo cumpliría? Una lagrima cayó por su mejilla, pero no era de vergüenza. Iba a morir defendiendo Iwa, en la casa de sus padres y abuelos… todo un honor para ella. Era una lágrima de añoranza: el problema era que no quería despedirse aún. Pero, cuando la araña se dirigía a su boca, la oyó pronunciar un grito agudo de dolor, para luego deshacerse en una luz blanca y brillante. El resto de arañas emitieron el mismo sonido de terror e intentaron huir, esconderse en los recovecos del magma solidificado o en las grietas de las paredes, pero poco a poco iban cayendo, deshaciéndose en esas extrañas luces blancas, luces que de inmediato revelaron su procedencia. De todo el continente, Kurotsuchi debía de ser la única que había crecido mirando y admirado ese elemento desde su más tierna infancia. El elemento polvo, el elemento más misterioso del continente, tanto que era el único cuyo nombre no hacía referencia a su composición o naturaleza, sino a lo que dejaba tras de sí. El Jinton, la gran línea sanguínea del shinobi más fuerte del mundo a ojos de Kurotsuchi: Ryotenbin no Onoki (Onoki de las dos escaleras).
Giró el rostro hacia la entrada de la sala, y pudo ver su silueta. Siempre le hizo gracia que fuese tan bajito, superaba por muy poco el metro de estatura, aunque lo compensaba flotando gracias a su excelente dominio del Doton, el mejor de la historia del mundo shinobi, tan avanzado que le permitía literalmente reducir su peso a cero y flotar como los protagonistas de esas series de dibujos animados que le encantaban a la pelinegra, como su adorado Goku de dragon ball con esa nube. Durante su infancia la había llevado volando por las montañas de Iwa, y Kurotsuchi acostumbraba a decirle a todos que tenía un abuelo volador súper guay. Su propio súper héroe. Y el anciano de la nariz roja y bulbosa se reía como nunca cuando la oía. Onoki era muy serio y severo con todos… salvo con su nieta. Con su nieta era el abuelo que toda niña querría tener. Él fue quien se encargó de que entrenase duramente la lava y el vapor, animándola a seguir cuando la joven se deprimió al no poder usar el Jinton como su ídolo. La dijo que si no podía ser la reina del Jinton, que lo fuese del Youton. Y no paró hasta lograrlo, aunque su abuelo no lo pudiese ver. Kurotsuchi nunca lloró tanto como con la muerte de su abuelo, y lo echaba cada día de menos. Pero, contra todo pronóstico, ahora lo tenía allí, presente, y todo era gracias a Naruto.
Recordaba como literalmente se desmayó cuando, en lugar de levantarse Keinichi en esa celda, se levantó su abuelo como si nada. Cuando recobró la consciencia, se lo encontró velando su sueño con una sonrisa. Sólo los ojos negros y grises de todo revivido lo diferenciaban de su amado abuelo de toda la vida. Con tranquilidad, le explicó que Naruto lo había llamado para defender Iwa una última vez, y que el anciano, voluntariamente, había aceptado. Y orgullosamente, puesto que el rubio le había contado todo lo que estaba haciendo su nieta. Nunca un abuelo miró con esa intensidad a un descendiente como lo hizo Onoki en ese momento: su pequeña niña ahora era una mujer, la gran roca de Iwa. Cuando le mataron, temió que su pequeña se viese superada, pero al final era ella la que había superado todas las expectativas. Y la anunció que no regresaría al reino de los muertos hasta legarla una roca limpia que gobernar. Onoki de las dos escaleras era un hombre terco… y de palabra. Fuera de la torre, él había salido el primero de los túneles, liderando a una enfierecida resistencia, que veía como su gran tsuchikage literalmente volvía de entre los muertos para liderarlos. Con su Jinton y sus reservas eternas de chakra, el hombre fue destrozando cada reducto sectario, minimizando las bajas aliadas. Naruto había acertado plenamente con su aliado: ni hashirama habría resultado tan efectivo en ese entorno como Onoki.
-Kuro chan…- pronunció el anciano, mientras adoptaba su gesto de manos característico. Era irónico que la llamase igual que su primer amor y que su novio…- ¿Qué te dije de no tirar comida al suelo? Que atrae a los insectos… quédate quieta de la que limpio.- Algunas arañas, viéndose sin escapatoria, intentaron atacar al tsuchikage. Este sólo se rió al verlas cargar contra él y dibujó un cubo de Luz blanca con sus manos. El cubo se expandió por la habitación, evitando a Kurotsuchi, y destrozando a cada insecto, mueble o roca del lugar. Cuando la luz cesó, solo quedaban abuelo y nieta. El hombre se aproximó a la pelinegra con una sonrisa, y se quedó flotando mirándola.- ¿puedes moverte?
-Tardaré un poco… gracias abuelito…- agradeció la joven con una de esas sonrisas que siempre le regalaba a su ídolo.
-agradéceselo a Naruto, que me ha dado la oportunidad de cuidar de mi nieta…- comentó el anciano, mientras miraba a la pared y veía una última araña intentando escapar. Apuntó un dedo contra ella y un proyectil de luz la impactó, destrozándola junto a tres paredes mas. Y así, la última araña del enjambre de Urayamu murió, y el mundo se liberó del señor de los venenos... tan simple como aplastar un insecto.- Esa era la última… intentar comerse a mi nieta, que estúpidas… como iba diciendo, Naruto… joder, como lamento haber sido tan terco tras la tercera guerra ninja… ese chico hubiese sido tu marido perfecto, y en esa época no hubiese costado reclutarle…
-Déjalo abuelito, somos buenos amigos, y yo ya he conocido a alguien…- dejó caer la joven, aunque se maldijo a sí misma por revelar eso último…
-¿A alguien? Espero que sea alguien respetable… no me voy a volver sin conocerlo y… "hablar" con él sobre cómo se debe de tratar a mi nietecita- Kurotsuchi se compadeció del pobre Shinzo, mientras el joven, que se hallaba coordinando los equipos médicos que irían a la roca tras la batalla sintió la necesidad de huir sin saber porqué.
-¿no deberías de ir a ayudar a Naruto kun?- intentó cambiar de tema la pelinegra.- Yo estaré bien, ya puedo mover un poco las manos…
-Si necesita mi ayuda en esa pelea es que no se merece su sueldo…- se quejó el anciano con un ligero resquemor.
-¡Si no le pagamos abuelito! No me digas que todavía sigues resentido…- declaró la joven conteniendo la risa. Su abuelo era todo un caso, y ahora dibujaba un mohín de indignación en ese rostro veterano.
-Nuestro primer sennin… y es el hijo del puto relámpago amarillo de Konoha, el único shinobi que me venció en combate junto a Madara… mi versión más joven habría destruido la aldea antes que verlo…- se lamentó de forma cómica el shinobi.
Mientras la batalla de Kurotsuchi contra Urayamu acontecía, Sasuke y Naruto atravesaron ese pasillo y llegaron a la sala que les mencionó la joven. Pudieron ver que estaba completamente vacía, y la puerta del otro extremo abierta, sin esas planchas de las que les advirtió la kunoichi de Iwa. Atravesaron el lugar con precaución y se encontraron en la sala contigua con su enemigo. Rodeado de centenares de armas de metal, con esas extrañas planchas metálicas en las paredes, y sentado en un trono de piedra, un hombre enmascarado les observaba. Giman llevaba su tradicional máscara naranja de espirales, junto con esa túnica marrón roída, y la parte posterior de su cabeza se hallaba conectada a una pequeña raíz que se unía a otra mucho más grande a su espalda, del tamaño de media habitación. Definitivamente, habían encontrado la raíz principal, y al principal heraldo del Shinju. Nadie más podría conectarse a ese repugnante parásito sin ser absorbido. Ambos shinobi se miraron y asintieron, disponiéndose en posición de combate, con Naruto extendiendo sus cadenas y preparando su guadaña, y Sasuke con una espada de rayo en su mano izquierda. Pero el sectario no hizo amago de moverse, sólo los miró con un brillo de satisfacción en sus ojos, para luego hablar.
-Habéis tardado mucho, demonios…
-Giman, venimos a derrotarte y rescatar a los rehenes. Entrégate sin luchar y se te tendrá en cuenta…- anunció Naruto con serenidad, aunque ya sabía la respuesta. Tampoco es que le importase, no había perdón posible para ese psicópata.
-Interesante…- repuso Giman, levantándose con tranquilidad. Si tenía pensado atacar, su pose no lo indicaba, parecía relajado, como si todo estuviese bajo control…- Así que vuestra misión es matarme a mí y rescatar a los rehenes… incluido a yondaime tsuchikage, Sanada namiashi.
-Si.- contestó Sasuke.- Aunque si no está aquí debe de significar que lo has matado… no dejarías a un rehén de esa importancia lejos de ti.
-Te equivocas, demonio púrpura. No lo he matado, no podría… tiene un papel muy importante que cumplir… tiene que traer la paz del tsukuyomi infinito al mundo…- declaró con tono fanático bajo su máscara.
-¿Qué le has hecho?- preguntó Naruto, temiendo que lo usase como escudo humano o algo así.
-Vuestra misión es rescatar a sanada y matarme a mí, ¿no? Pues…- el sectario se quitó su máscara con tranquilidad mientras seguía hablando.- …me da que no cumpliréis una de las dos como mínimo…
Tanto Naruto como Sasuke abrieron los ojos con sorpresa al contemplar ese rostro. Ese cabello castaño con un mechón canoso, esa piel algo pálida… ya lo habían visto antes en las reuniones del consejo gokage. Ante ellos, Giman revelaba su auténtica identidad… y no era otra que la de Sanada Namiashi, Yondaime tsuchikage de Iwa. Y líder de la secta del dios árbol.
Sanada se rió internamente viendo la expresión de sorpresa de sus enemigos. Demonios, se había refugiado tras esa máscara durante años, sin mostrar su rostro al mundo, sin dar la más mínima pista de su identidad, y al parecer había acertado de lleno. Nadie en la alianza, ni tan siquiera en su propia secta, sabía de su auténtica identidad, y eso le había permitido maniobrar sin ataduras, moverse de un bando a otro sin ser detectado y provocar ese conflicto a gran escala, lo que le hacía dibujar una sonrisa perversa. Sonreía porque, en el fondo, todo lo ocurrido tenía muchísima gracia: el mundo temía a los shinobi con un gran poder, hombres como Uchiha madara, Naruto uzumaki o el gran Chikara, individuos que sólo necesitaban estornudar para provocar maremotos y devastación, hombres con un poder tan inmenso que no sabían que hacer con él más que usarlo; y resultaba que lo había puesto en jaque un hombre con sólo una extraordinaria habilidad para la política y la manipulación, si es que podían separarse ambas. Su padre se lo decía a menudo, ten cuidado con las arañas más pequeñas, son las más venenosas. Y en el caso de Sanada, su picadura había llevado el mundo al borde de una nueva era, la era del dios árbol, su dueño y señor.
-Sa… ¿Sanada san?- preguntó Naruto, estupefacto. El uzumaki había confiado mucho en ese hombre, lo había visto como una buena persona, con ideales similares a los suyos, y ahora descubría que todo era mentira, que ese individuo había estado jugando con él. Sentía en su interior ira, odio, ganas de llorar por ser tan imbécil de no verlo venir… y, como decenas de personas intentando cruzar la misma puerta al tiempo, sus emociones se bloquearon y sólo pudo hacer una pregunta.- ¿Eres tú?
-Te veo muy confuso Naruto kun. Si soy yo.- confirmó Sanada, compadeciéndose del uzumaki. Tenía que reconocer que el joven no le caía mal, en serio, era una persona fuerte que luchaba por los demás, por un ideal altruista… jamás podría no respetar a alguien así. Así que decidió ayudarle un poco a rehacerse, visto que su compañero, a pesar de su mutismo, estaba parecido a él.- ¿Sorprendido?- preguntó con algo de burla, mientras arrojaba la máscara a un lado y se levantaba de su trono con tranquilidad.
-Sasuke… ¿le controla el Shinju?- le preguntó Naruto a su amigo, mientras este negaba con la cabeza y apretaba la mandíbula. A él también le había engañado, más por dar por sentado que un kage no atentaría contra su propio pueblo que por confianza en ese hombre. Joder, ¿es que no había aprendido nada de Danzo? El hecho que se auto hiriese durante el ataque de Chikara al consejo gokage fue una distracción brillante y le restaba culpa, pero no la eliminaba. Sasuke había pecado de falta de algo que antes tenía en exceso: desconfianza.
-No, Naruto kun, no me controla la sangre de mi Dios. ¿Para qué iba a hacerlo?- preguntó el líder sectario con una sonrisa, abriendo los ojos con ansia.- Mi dios sólo ofrece la felicidad, el Bien absoluto, no necesita controlar, sólo haceros razonar.
-Maldita sea, ¿me estás diciendo que mi mujer murió… por tu culpa?- preguntó Naruto, mientras sus ojos adoptaban ese rojo tan característico. Giman arqueó una ceja con burla.
-No me metas en tus broncas de familia, Naruto, eso llevó la firma de Chikara y de esa loba que le acompañaba. Era exactamente igual que tú, derribaba la puerta de una patada sin pensar en lo que habría en la habitación, yo tengo un estilo más sutil. Sierro la base de la puerta y espero a que esta se caiga sola, así que tenlo claro: yo no tuve nada que ver en la muerte de Shion. Fue cosa del clan uzumaki.- declaró con crueldad el sectario, mientras Naruto apretaba sus puños con tal fuerza que sus garras le hicieron sangre. Tenía ganas de arrancarle la cabeza a ese desgraciado, pero debía de calmarse, tenía un plan y sería mucho más difícil de desarrollar si se dejaba llevar por la ira.
-¿Has estado tú detrás de la secta todo el tiempo?- preguntó Sasuke, viendo que su amigo estaba en ese momento demasiado furioso como para sacarle información a su enemigo.
-Si y no… ¿soy una pieza importante en el plan de mi Dios? Gracias a la suerte, si. ¿Yo he creado esta secta? Desde luego que no, por favor… los culpables habéis sido todos los demás.
-…¿Por qué?- pudo preguntar Naruto, controlando su ansia de matar por un segundo. Demonios, incluso temblaba de las ganas que tenía de matarlo, no se sentía así desde su encuentro con nagato.
-¿Por qué no? Naruto kun, recuerda con sinceridad… ¿alguna vez has deseado que todo fuese un sueño?- preguntó Giman con un semblante serio, reforzando el tono de su voz, desprendiendo convicción pura con cada palabra.-
Cuando te despertabas sólo de niño en medio de una tormenta y descubrías que algún borracho estaba intentando entrar en tu casa para matarte, cuando te despertaste tras la muerte de tu sensei, o cuando descubriste que tu mujer estaba muerta… ¿deseaste despertarte de nuevo y ver que todo era mentira? no lo niegues, he leído tanto sobre tu pasado que prácticamente lo puedo recrear ¿Cuántas veces la vida te ha mordido? ¿Puedes confiar en algo que parece querer reclamar cada gota de tu sangre? Y como tú, hay millones Naruto kun, millones de personas que han venido aquí a sufrir. ¿Qué diferencia de una pesadilla la vida de quién no tiene nada ni a nadie? La vida es sueño, Naruto, y cuando el sueño no te gusta sólo quieres hacer una cosa… despertar. Eso es lo que ofrece mi Dios, despertarte de una pesadilla y vivir la vida que te mereces. Porque, si la vida es sueño, que el sueño sea de tu agrado. Que tu mujer no muera violada, que tus hijos no lloren de desesperación por hambre, que dos padres no tengan que morir para darle a su hijo un futuro. Os habéis acostumbrado tanto a sufrir, que lo veis como algo normal. Os muerden y no huís ni os defendéis, incluso diría que os dejáis devorar por ese puto lobo que es esta pesadilla de mundo shinobi. ¿Quieres entenderme? ¿Qué pensarías tú de un caminante al que los lobos se lanzan a morderle y sólo sigue andando, sin tan siquiera defenderse? Exacto…
-No tiene sentido, sabes que eso que te da el Shinju no es real. Que realmente estás dormido en su puta raíz hasta que te absorbe.- contestó un indignado Naruto.
-¿Y quien te dice que ahora no esté durmiendo en el otro lado y la ilusión sea esta?- repuso el sectario con una mueca irónica.
¿Qué es real? Si lo defines como ver, o tocar, o sentir, te aseguro que lo que yo sentí cuando Madara y Kaguya me mostraron al Shinju fue totalmente real. Pude volver con mi mujer, que en esta ilusión me arrebató un mal parto… pude ver a mi hijo como tsuchikage, como siempre me esforcé en conseguir, y no muerto en la cuarta guerra ninja defendiendo la bandana de una alianza aún más imaginaria que el oxígeno que estamos respirando. Es curioso, ¿queréis un culpable concreto de esta guerra? Tu querida Sakura me atendió cuando me desperté del tsukuyomi, cuando vosotros, malditos demonios, me sumergisteis de nuevo en esta ilusión de mundo. Recuerdo que la pregunté por mi familia, incluso la expliqué lo que había visto… y ella solo me habló de una técnica ilusoria y de mi estado de Shock. Que, obviamente, ella no sabía lo que iba a hacer, e hizo lo que le habían enseñado, pero volvemos a lo mismo, a esa puta indefensión aprendida. La vida me arrebata a mi familia, el Shinju me la devuelve, y luego me la volvéis a arrebatar, y vuestro consejo es "descansa y acéptalo". Pues yo no lo acepto. Si no puedes realmente distinguir una realidad de la otra más que por el tiempo que llevas en uno u otro lado del espejo, es que la ilusión es real, y si lo es podemos elegir. Y yo elijo ser feliz. Y como yo millones Naruto, sólo los que estáis acostumbrados a sufrir cada día os resistís, el resto lo aceptan y sonríen. ¿Veis como sois demonios? Sólo queréis imponer una realidad, sin preocuparos por si los demás la queremos.
-Precioso discurso, pero entonces, si todos quieren el tsukuyomi, ¿Por qué necesitas de una guerra, de secuestrarlos y de inyectarlos para que alguien se una a tu puto parásito?- preguntó Sasuke con una media sonrisa irónica. Ese hombre sabía hablar, pero Sasuke sabía perfectamente cuando le mentían.
-Ya os lo he dicho: indefensión aprendida.- contraatacó Sanada con una sonrisa aún más irónica.
Estáis tan acostumbrados a sufrir, que cuando os lo quitan entráis en pánico. Es como la persona que ve la luz tras años en la oscuridad: le ciega, le quema incluso, su instinto le pide ocultarse, pero que el sol le bañe es algo bueno, y acaba acostumbrándose y agradeciéndolo. Así que le obligas a salir al sol, aunque patalee. En cuanto me arrancasteis de los brazos de mi Dios, lo busqué con desesperación, y encontré una raíz suya en la que no habíais reparado aquí, bajo Iwa. Decidme si eso no es destino… bebí su savia, y el Shinju me escogió como su heraldo. Me explicó su plan, cada pieza que necesitaba, y vi que su intención era darnos felicidad. Joder, ¿acaso eso no es bueno? Y dispuse cada gramo de mi fuerza para ayudarle. Toda mi vida he carecido de una motivación altruista, en serio. Nunca destaqué en poder, ni lo necesité, nací con la habilidad de convencer, de manipular, de crear el más poderoso genjutsu con mis labios: la mentira que parece verdad. En un principio usé ese don para mis propios fines: un ascenso a chuunin, un puesto en el consejo para garantizarme una vida tranquila, un buen pacto matrimonial que me aseguró a la mujer de mis sueños… Y, cuando vi que todo se fue como lágrimas bajo la lluvia, lo entendí: no estaba usando mi don para algo bueno. Me movía el egoísmo, y no el mejorar el mundo.
Así que comencé a usar mi poder para ayudar a mi Dios todobondadoso. Primero me quité del camino a Onoki. Si, yo planeé su asesinato, y fue realmente fácil: sólo tuve que destinar a su servicio a otros iluminados por el Shinju. El mundo quedó plagado de gente que piensa como yo tras la cuarta guerra, ¿no se os ha ocurrido pensar que tanta gente no puede estar equivocada? Después de acabar con Onoki, moví ese teatro de marionetas conocido como consejo de Iwa para lograr el puesto de tsuchikage. La pobre Kurotsuchi, humillada a ser la asistente del puesto que era suyo por justicia… la vida es muy perra a veces. Y, cansado de ese teatro, me mudé a otro más grande: el consejo gokage. En serio, ha sido mi ópera prima: me encargue de separaros, enemistaros y manipularos uno por uno. Es curioso lo fácil que resultó: como personas acostumbradas a sufrir, los kage, en lugar de disfrutar de la paz, buscaron un nuevo enemigo. Y yo se lo presente, con su pelo rubio, sus ojos azules y un corazón demasiado grande como para desconfiar y revolverse. Te compadezco en este punto Naruto kun, entiendo que no entró en tu forma de pensar que esa gente se volviese contra ti, pero en la mía estaba claro como el agua que actuarían así. Tras infiltrar a individuos imbéciles y fáciles de manejar como el otokage, o a mis propios sectarios como Urayamu, e incluso pactar con esa repugnante serpiente para que no apareciese con sus experimentos en medio de la alianza y distrajese el foco de atención de ti, sólo encontré dos escollos: Gaara y Kakashi. A Gaara lo controlé mediante su daimyo: fue mostrarle lo que el Shinju le ofrecía y cayó redondo. Y a Kakashi… lo controlé a través de ti.
Porque si, Naruto kun, tú no estás libre de pecado. No, tu pecado es ser demasiado buena persona. En serio, eso te hizo rematadamente predecible: puse a tu amigo uchiha en peligro, y tu complejo de mártir se encargó de quitar al kiuby de la ecuación; sugerí que mostrases tu poder y fuiste tan estúpido, con perdón, de obedecer y no reservarte, y el miedo creció en cada una de mis víctimas y me facilitó continuar. Tengo que admitir que no me esperé tu papel de anbu, creí que serias sensei o sennin, algo que me permitiese seguirte allá donde fueses, pero el anonimato de ese cuerpo me puso las cosas complicadas. Suerte que Yugao también vio la luz con el Shinju, eso me permitió prepararte mi trampa infalible. Infiltré a mis mejores hombres en Konoha, te puedo asegurar que Kea no tenía otra razón de vivir que vigilarte y preparar la trampa, y esperé, pero volviste a sorprenderme… resistir al Shinju… ¿Cuánto has sufrido en tu vida para que aguantases al Dios árbol? No lo quiero ni imaginar… todavía no me explico cómo sigues vivo, pero siento a mi Dios en ti, así que todavía hay esperanza. Tú eres la clave, el árbol blanco te ha escogido a ti entre todos los humanos del continente. Aunque decidiste volver a ser más inteligente de lo que creía, y desapareciste del mapa, literalmente. Pero, por suerte, contaba con un as en la manga: Chikara.
Lo solté como un perro rabioso, buscando hacerte salir. Invocar ese complejo de héroe que te hace atacar sin pensar, y capturarte. Incluso fingí mi propio secuestro para poder dedicarme en exclusiva al culto a mi Dios y a capturar a los biju para debilitarte. Pero aprendiste de tus errores, y te escondiste lejos, y encontraste la manera de defender a los biju. Cerraste los ojos e ignoraste cómo hacía sufrir a cada hombre, mujer y niño, hiciste lo mejor para todos aunque te doliese. Intenté ir a por tu punto débil de pelo rosado a espaldas del psicópata de tu hermano, pero la suerte me fue esquiva y ella desapareció del mapa también, y la alianza demostró ser más dura de lo que me esperaba al aguantar nuestro envite en la sombra de Shikamaru. Estaba estancado, pero Chikara me ofreció un desempate cuando mató a Shion. En cuanto te vi destrozando nuestras líneas como si fuesen de papel supe que ya no ibas a apartarte más, y preparé un nuevo plan. Dispuse a Chikara al frente del ejército, y ataqué Suna: si salías, el Shinju volvía a tenerte a su alcance; si no la alianza moría, el Shinju tendría el continente entero. Y cuando apareciste, casi lo consigo: Chikara te iba a vencer, era una jodida monstruosidad del chakra, y el árbol blanco tomaría tu cuerpo moribundo junto a tu conexión con cada biju cuando estuvieses indefenso. Pero esta vez decidió sorprenderme Chikara… no sé porqué no lo vi venir, sois tal para cual, y ya me has demostrado una decena de veces que eres impredecible… así que me obligaste a dar una vuelta de tuerca más, y aquí estamos tú y yo. Y el Shinju. Todo como quería. Soy muy bueno consiguiendo que la gente actúe contra sus intereses.
-Si tu plan era quedarte a solas con nosotros dos, no eres tan inteligente.- le interrumpió Sasuke, cansado de tanta explicación. Era cierto que ese desgraciado lo había pensado todo muy bien, pero estaba acabado, no podría con ambos a la vez.- Naruto y yo podemos destruirte sin esfuerzo.
-Cierto, pero creo que tu amigo no ha eliminado su complejo de héroe y le interesa una presa más grande que yo… MUCHO más grande… ¿Sientes al Leviathan acercarse Naruto kun?- preguntó con burla al uzumaki, que apretó la mandíbula con tensión. Sasuke se giró hacia su amigo, sorprendido, ¿estaba viendo… miedo? Naruto no le había hablado de eso nunca.
-Naruto, ¿a que se refiere?
-Me refiero a Apophis, al lobo fenrir, al armaggedon, al fin de todas las cosas. Mi Dios me ha hablado de él Naruto kun, es curioso que compartáis el mismo temor…- expuso con una sonrisa maniaca, girándose hacia un cuadro del cuarto, el único que decoraba el lugar de hecho. En él, una legión de ángeles descendía de los cielos entre intensas luces plateadas, armados con espadas y lanzas; y del interior de la tierra, entre magma rojo incandescente, una horda de demonios rugía armados con hachas y mazas.- Kami contra Jashin… nunca me gustó la mitología, pero he de admitir que este cuadro es hermoso, Onoki tenía buen gusto. Aunque tiene un fallo: siempre pensamos que los demonios salen del interior de la tierra, y los ángeles bajan del cielo… ¡cuando es al revés! Piénsalo: de más allá de las estrellas, llegó un demonio de cabello blanco que esclavizó a la humanidad, vuestra querida kaguya ototsuki. Y de las profundidades de la tierra nació el Shinju, que legó el chakra a hagoromo, otro hijo de la tierra, el cual derrocó al demonio y repartió el poder entre cada hombre, mujer y niño. Lástima que la semilla de kaguya fuese tan fuerte y no supieseis usarlo para el bien… Y ahora, con la humanidad al borde del caos, el ángel vuelve a surgir en forma de árbol blanco para defendernos del demonio definitivo, ¿y en serio queréis impedirle al Shinju cumplir con su deber?
-…- Sasuke iba a contestar, pero se detuvo ante un gesto de su amigo. Naruto observó en silencio al sectario, para luego hablar con voz calmada.- Dime todo lo que sepas de él, Sanada.
-Te responderé lo mismo que a Menma… también estaba obsesionado con él por cierto, no puedo ni imaginarme lo fuerte que debe de ser para vencer a Menma sin esfuerzo.- confesó Sanada, mientras Sasuke abría los ojos impactado. ¿Chikara, el shinobi que portaba las diez colas, un ninja capaz de matar a cinco bijuus en diez minutos, fue derrotado anteriormente?- Sólo sé lo que mi Dios me quiso contar, Naruto kun. Pero, si lo que quieres es información… el Shinju está dispuesto a dártela. Sólo tienes que conectarte a su raíz y… preguntarle.- ofreció Giman, mostrando una raíz cercana, cuyos zarcillos blancos flotaban en el aire como tentáculos, esperando al uzumaki. Naruto suspiró y avanzó hacia ellos con decisión, pero Sasuke lo sostuvo del brazo.
-¿Qué se supone que haces dobe?- le preguntó con consternación.- Es una puta trampa, matémosle y acabemos con esto.
-Por supuesto que es una trampa.- declaró Sanada desde su púlpito con burla.- pero tu amigo no tiene otra si quiere averiguar la verdad. Si me matáis, el Shinju simplemente cambiará de raíz, y os quedaréis sin nada. Se esconderá y acumulará arbóreos hasta que ÉL llegue a la tierra, con la esperanza de vencerlo tras dejar que os destruya. Quién sabe, a lo mejor toma a algún hijo tuyo como recipiente Naruto kun. Queda en vuestras manos: si queréis acabar aquí y ahora, será con las condiciones de mi Dios.
-Teme…- Naruto sostuvo su mano con una de esas sonrisas confiadas que siempre ponía antes de hacer una estupidez.- ¿confías en mí?
-S… si…
-Pues entretenlo hasta que vuelva.- pidió el rubio, avanzando hasta esos zarcillos y poniéndose en posición de loto.- No tardaré.- finalizó, para cerrar los ojos y dejar que esas raíces se clavasen con fuerza en él. Sasuke apretó los dientes al verlo, mientras Sanada reía con fuerza.
-Naruto kun, eres la única persona que me sorprende día si, día también…- proclamó el sectario, girándose hacia el uchiha.- Tu amigo se cree que puede matar a un Dios… y cuando vea la triste realidad, mi señor tomará su cuerpo y será invencible. Estáis perdidos.
-tú eres el único que está perdido.- repuso el pelinegro, tomando una espada de raiton en sus manos y preparándose para la batalla.
-Veremos uchiha… veremos…
Sasuke preparó su arma de rayo en su mano derecha, mientras con su rinnegan examinaba el chakra de su enemigo. Ciertamente, hasta el propio Sanada lo había confesado, su enemigo no era rival para el uchiha: su nivel de chakra a lo sumo igualaba a un jounin bajo, con una doble afinidad como le revelaba su ojo púrpura. Todo encajaba con la información que tenía de Sanada Namiashi: un chunnin de Iwa con un historial de misiones muy discreto, y con la fama de ser un excelente burócrata, no un guerrero. Ya le sorprendió que ese hombre fuese tsuchikage, no conocía de mucho a su predecesor, pero ese anciano irradiaba poder, no podía negarlo, y su nieta tampoco se quedaba muy atrás: la sentía en un nivel ligeramente inferior a la Sakura actual, y en la época en la que hizo su examen superaba a la alumna de Tsunade, lo cual la honraba enormemente, Sakura haruno era una leyenda dentro de la nueva generación shinobi. Así que, cuando vio a ese individuo con el sombrero de kage, necesitó una explicación rápida de su sensei: Sanada había sido nombrado como Yondaime tsuchikage con el objetivo de perfeccionar la preparación de Kurotsuchi, un kage de transición con una vida útil de un lustro, a lo sumo. El uchiha no pudo evitar reír: sólo en esto último habían acertado. Que importante es elegir bien a un sucesor, si alguien hubiese adivinado las intenciones de Sanada, todo esto se podría haber evitado. Tendría que enmendar él ese error…
-Me he informado sobre ti…- Sanada arqueó una ceja sin moverse de al lado de su trono.- afín al metal, puedes convertir las armas del enemigo en tus armas… no encontrarás hierro en mí si es a lo que estás esperando.
-Me honra, uchiha san, que el rey de los tres tomoes haya invertido su tiempo en conocerme. Cierto, no percibo hierro en ti…- confesó el sectario, mientras a su alrededor decenas de kunai, piezas metálicas y chorros de metal líquido comenzaron a elevarse, atravesando el suelo de madera de la sala y rodeando a Giman.- Por eso lo he traído yo.
Sasuke maldijo por lo bajo y saltó hacia atrás para esquivar dos estacas de metal que intentaron empalarle de frente. Su rinnegan se estaba prácticamente volviendo loco, recibiendo una información muy difusa de la sala. Podía ver el chakra en el aire, surgiendo de las raíces del Shinju, e impregnando a su contrincante y el entorno, alimentando sus reservas de chakra de forma continua. Era como si todo el entorno dotase de chakra a Sanada, recargando sus reservas de chakra cada vez que se agotaban y manteniéndolas en un estado pleno de manera permanente. Y no sólo eso, ahora entendía la procedencia de la afinidad al metal de su enemigo: podía percibir en él afinidad al rayo y a la tierra, y ese chakra que le proporcionaba el Shinju facilitaba su mezcla. En otras palabras, de un enemigo asequible había pasado a un rival casi a su altura, con una piscina de chakra aparentemente inagotable y una molestia afinidad a los elementos punzantes… Miró a Naruto, que ahora era solo su silueta bajo un cúmulo de raíces blancas rodeándole, y se apuntó mentalmente darle un buen escarmiento por dejarle a solas contra ese enemigo, no sería una pelea fácil.
El uchiha giró su espada en el aire horizontalmente para partir dos tentáculos de metal que intentaban aprisionarle, y se movió hacia atrás cuando una lluvia de agujas de metal cayó en su posición. Estaba retrocediendo continuamente, y eso no le gustaba, así que pasó a la ofensiva: usando su amenotejikara, se intercambió con un trozo de madera arrancado a la espalda de Giman, para atacarle por sorpresa con su espada de rayo e intentar empalarlo. Pero su arma se vio detenida por una rama del Shinju, que además le absorbió el chakra de su técnica y le obligó a moverse a un lado para evitar que le atrapase a él también. Demonios, no era sólo metal su enemigo, también lo era ese asqueroso parásito. Invocó dos cuchillas más cortas de rayo, y las usó para cercenar esa raíz tan molesta del Shinju y volver al ataque contra Sanada, que no se había movido de su posición ni un ápice todavía. Cortó otra raíz que le defendía, y se deshizo como pudo de tres kunai que se le interpusieron mientras flotaban en el aire, consiguiendo llegar a su objetivo. Sanada se movió a un lado con algo de torpeza, evitando ser decapitado de golpe, y luego una inmensa estaca de hierro surgió a un costado de Sasuke, intentando empalarlo. El uchiha dio un paso al frente, recibiendo un ligero corte en el brazo, y lanzó una nueva estocada que logró su objetivo: cortar esa raíz que unía la cabeza de Sanada con el árbol. Quizás si eliminaba el nexo, el poder de su enemigo disminuiría.
-Buen golpe uchiha.-felicitó el sectario al pelinegro, mientras Sasuke debía de alejarse de la que una fina aguja de metal se clavaba en su pantorrilla. Era demasiado pequeña para incapacitarle, pero si era dolorosa, y la tuvo que cortar con sus cuchillas para despegarla.- Es una pena que con cortar una raíz no baste… tenemos millones más.- confesó, mientras decenas de nuevas raíces se pegaban a su cuerpo, y Sasuke suspiraba con hastío. Iba a tener que hacerlo por la vía lenta…
Sasuke disparó un jibashi contra su enemigo, pero el rayo fue bloqueado por una plancha de metal bastante gruesa, que luego se licuó y formó alrededor de su señor. Sasuke ya había visto una defensa absoluta así antes, concretamente en su duelo con Gaara en los exámenes chuunin, y sabía que sólo podría vencer usando ataques muy rápidos y precisos. Optar por la explosividad, y no por un enfoque más contenido. No es que fuese un problema, pero para ello antes tenía que eliminar obstáculos. Hasta entonces se había contenido por miedo a dañar por accidente a Naruto, pero pensándolo mejor, a su enemigo le convenía mantenerlo a salvo tanto como a él por lo que le había confesado el sectario, así que estaba seguro de que lo protegería de sus ataques. Una decena de púas de metal se lanzaron a por él, a lo que Sasuke contestó simplemente extendiendo la mano y diciendo con tranquilidad Shinra Tensei. Las púas de inmediato se frenaron ante la potencia de la gravedad, saliendo despedidas hacia el sectario, que fue defendido de inmediato por esa corriente de metal fundido. Y, como Sasuke sospechaba, las raíces del Shinju formaron alrededor del cuerpo de Naruto. Bien, era hora de ponerlo más complicado. Se cruzó de brazos, y levantó un simple dedo de su mano izquierda. Un gigantesco rugido se oyó a través de la ventana, y cuando Giman se giró hacia ella, un gigantesco kirin entró en el lugar, impactando en medio de la sala. El ambiente se rodeó de electricidad estática tras una inmensa luz azul, y cuando el ambiente se dispersó, Sanada estaba cubierto por una fina capa de metal que le protegió del daño. Intentó convocar de nuevo su metal, pero sus armas se comportaron de forma errática.
-Interesante… alterar mi magnetismo con tu corriente eléctrica…- reconoció el sectario, mientras Sasuke convocaba una nueva hoja de rayo.
-Puede que tú seas el señor del metal… pero yo lo soy del rayo.- declaró con soberbia el pelinegro, a lo que Sanada respondió con una sonrisa confiada.
-Hora de subir la exigencia entonces.
De las planchas de metal de las paredes comenzaron a surgir seres antropomorfos de rostros sin rasgos y largas garras, todos hechos de metal, que se lanzaron en total silencio a por el uchiha. Contaba unos diez. Sasuke detuvo un zarpazo de uno con su arma, cortándole el brazo de paso, y se cambió con otro usando su amenotejikara, descargando un golpe horizontal sobre otro de esos seres que lo partió en dos. Otros dos intentaron apuñalarle por la espalda, pero el pelinegro los logró repeler con su Shinra tensei, aunque no pudo evitar otro arañazo, esta vez en el pecho. Los entes salieron despedidos por la ventana, y Sasuke continuó su combate contra el resto. Tras decir Basho tennin, atrajo a uno más, y lo empaló con su katana de rayo, interponiendo su cuerpo aún moviéndose entre sí y el ataque de otro. Su espada se alargó inesperadamente al imbuirla de más rayo, descabezando a ese enemigo, y destrozando además al que había empalado previamente al ser sacada. Los cinco restantes se agruparon y atacaron al unísono, dispersándose en todas direcciones para atacar al uchiha desde todos los ángulos a una velocidad endiablada. Pero Sasuke ya estaba preparado gracias a su sharingan. En su mano se firmó la técnica de su madre, el genshi, ahora mejorada por su hijo gracias al rinnegan y convertida en el raiton: genshi no ame (lluvia de átomos). Cualquiera que contemplase la esfera azul que el uchiha llevaba en la mano vería el universo: en lugar de un circuito cerrado de luz azul contenida como era el genshi, esta vez se podían vislumbrar mil diminutas estrellas girando en ese circuito perfecto, cada una con su propia intensidad, pero sirviendo a una corriente mayor y casi imperceptible. Una técnica destructiva como ninguna, que liberaba decenas de corrientes eléctricas en todas direcciones, el átomo dentro del átomo. La demostración de que el uchiha no sólo copiaba a su madre: también innovaba.
Sasuke la impactó contra el rival más cercano, y se cambió con los restos de un enemigo abatido antes de sufrir los efectos de ese golpe, aún a costa de recibir otra herida superficial. La esfera, nada más impactar a una de las figuras, comenzó a brillar, cada vez con más intensidad mientras despedía intensas corrientes eléctricas a su alrededor. De pronto, el circuito interior del genshi dejó de girar, y todas esas estrellas salieron como potentes proyectiles en todas direcciones, destrozándolo todo a su paso. Todos los entes de metal murieron, e incluso un enorme boquete se abrió en el suelo. La luz fue tan potente que Giman tuvo que cubrirse los ojos, lo que resultó ser un terrible error. Cuando el sectario los abrió, vio a Sasuke manejando otra esfera azul como la anterior en su mano, sólo que esta vez rodeada de un fino anillo blanco. Al grito de Raiton: rasen genshi (átomo en espiral), el ataque de Sasuke salió despedido hacia Sanada, que fue por poco apartado por una raíz del Shinju antes de recibir el impacto en costado derecho. Un gigantesco haz de luz surgió en la zona donde impactó el ataque del uchiha, destrozando paredes y dejándose incluso ver en el exterior. Y, cuando el humo se dispersó, Giman respiraba con dificultad, y su brazo derecho ya no estaba. Ni apartándose había evitado la onda expansiva, y si no llega a ser por su Dios habría muerto ahí mismo. El metal de los kunai de su alrededor comenzó a acumularse en el lugar que antes ocupaba su extremidad amputada, mientras el sectario se esforzaba por ignorar el dolor. Pronto, Sanada disponía de un brazo de metal negruzco, que apuntó hacia su enemigo.
Sasuke sólo pudo reaccionar a la intensa lluvia de metal que recibió activando su susanoo. Su rinnegan se lo había relevado: su enemigo estaba REALMENTE enfadado y se había empezado a tomar la lucha en serio. El torso a medio formar de su armadura púrpura bloqueó los proyectiles, y su brazo derecho, armado con su arco, lanzó varias flechas en respuesta. Sanada sólo levantó su brazo izquierdo, y una inmensa plancha de metal frenó el ataque. De pronto, Sasuke notó como las raíces del Shinju rodeaban la aparatosa figura de su susanoo, y comenzaban a drenarle el chakra. Tuvo que deshacerse de su defensa y optar por otras formas de combatir: su chakra comenzaba a resentirse, no dejaba de haber pasado una semana apenas desde ese combate que literalmente le había dejado días en cama sin moverse, y absorber el venenoso chakra del Shinju con su rinnegan no era una buena idea. Todavía recordaba lo que le ocurrió en el combate contra Naruto, y bajo ninguna circunstancia quería repetirlo con ese árbol parasitario. Todo pasaba por lograr volver a impactarle con su genshi: la anterior vez se había librado únicamente por esas raíces que le apoyaban, pero no podrían evitar el ataque del pelinegro si lo hacía más cerca. MUCHO MÁS CERCA.
Invocó un Kirin para alterar de nuevo el magnetismo de su rival, pero Giman le leyó las intenciones. Antes de que el dragón entrase por la ventana de nuevo, varias planchas de metal bloquearon cada ventanal destrozado del cuarto, parando el ataque de Sasuke en seco. Desde fuera, los combatientes sólo veían explosiones y técnicas inmensas en la torre del tsuchikage… fuese lo que fuese lo que estaba ocurriendo allí, agradecían no estar involucrados. Sasuke se habría cambiado por ellos sin dudarlo, pero estaba muy ocupado para quejarse: Sanada había enfocado su combate de una manera mucho más agresiva, y había ido al combate cercano. Normalmente Sasuke y su sharingan no habrían pasado el más mínimo apuro para pararlo, su rival no era especialmente veloz, ni tenía un chakra inmenso para compensar sus carencias físicas. Es más, si no fuese porque el Shinju le rellenaba las reservas de forma continua, Sanada ya habría quedado inconsciente por el sobreesfuerzo una decena de veces. No, el problema es que Giman no cargaba sólo: a su alrededor, flotando en el aire, decenas de armas con sus propios movimientos le intentaban cortar sin remisión, mientras más y más de esas figuras metálicas salían de las planchas de metal de las paredes. El sharingan de Sasuke no daba abasto, aún viendo todos esos ataques a cámara lenta, y, tras recibir múltiples cortes superficiales, tuvo que usar su Shinra tensei para lograr algo de espacio.
Sanada respondió invocando un dragón de metal de la que salió volando, usando el metal líquido del suelo como fuente, y lo lanzó contra Sasuke, que recibió un fuerte impacto a pesar de activar su susanoo en el último momento. Se levantó adolorido, al igual que Sanada, y decidió optar por dar ya el golpe final. El problema era que, al salir volando, había cometido el error de apoyar su brazo izquierdo en la pared de metal más cercana, y ahora el elemento se había licuado y aprisionado su extremidad. Sasuke, con un gruñido de dolor, decidió cortar por lo sano, nunca mejor dicho, y cortarse el brazo izquierdo con su mano derecha imbuida de raiton, para después impulsarse hacia su rival usando su rinnegan mientras en su mano surgía un genshi. El uchiha apuntó su técnica hacia el pecho de su rival, y preparó ese remate. Y Sanada no reaccionó a tiempo, la victoria parecía asegurada. Pero, de pronto, el pelinegro sintió un dolor inmenso invadir su cuerpo, uno tan intenso que le hizo gritar mientras notaba literalmente como su cuerpo se retorcía por dentro. Miró el frente y vio cómo se había quedado a escasos centímetros del sectario, flotando en el aire con su técnica sin impactar, mientras Sanada lo miraba con un gesto serio.
-Jaque mate, uchiha.- declaró Sanada, mientras se apartaba y una de sus armas tocaba el genshi, haciéndolo explotar en su haz de luz sin impactar a nadie. Sasuke, ignorando el dolor que le oprimía, logró esbozar una pregunta.
-Co… ¿Cómo?
-Sasuke, he de reconocerte que eres un guerrero formidable, si no fuese por Naruto kun tú serías el nuevo shinobi no Kami sin dudarlo… pero hoy no luchabas contra un guerrero, luchabas contra un jugador de Sogi.- expuso Sanada, para seguir explicando.- Yo planifico las batallas a varios movimientos vista: desde el principio de nuestro duelo, llevo metiéndote pequeñas dosis de hierro en el torrente sanguíneo, ¿Por qué te crees que sólo te hacia esas ridículas heridas? Sabía que en un duelo directo, no tendría oportunidad. Ahora, tienes tanto hierro en sangre que puedo hacerte esto. Incluso podría hacerlo atravesar tu cuerpo ahora y matarte de un golpe…- amenazó el sectario, mientras Sasuke volvía a gritar al sentir su interior desgarrarse.
-¿Y por qué no me matas de una puta vez?- espetó el pelinegro con furia entre tanto dolor.
-No sé si le puedes ser útil a mi señor, o si querrá esos ojos tuyos, así que no te voy a matar aún… pero eso no implica que no pueda divertirme un poco para pagarte el alejarte de mi familia…- dijo con crueldad el fanático, mientras manipulaba el metal en las venas del uchiha y le hacha sufrir como nunca. Sasuke no supo cuanto tiempo estuvo gritando, pero de pronto ambos sintieron una enorme sensación de poder a su alrededor. Era extraño, como si una barrera que contenía una inmensa cantidad de chakra, la mayor que había sentido desde Menma, hubiese caído, y ahora ese poder fluyese libre, siguiendo el curso que la naturaleza le marcase. Por instinto, ambos giraron el rostro hacia el único ser vivo que podría provocar una sensación así. De entre las raíces blancas del Shinju, una figura emergió. Estaba cubierto de la savia del árbol, con las ropas desgastadas y una expresión neutra en el rostro mientras mantenía sus ojos cerrados. Naruto uzumaki se había levantado, y Sanada no podía ser más feliz. Lo sentía, era palpable a kilómetros, sentía a su Dios en el uzumaki, brillando con fuerza. Su plan se había cumplido, el Shinju se había reencarnado.- Mi señor…
Naruto cerró los ojos mientras sentía los aguijones de los zarcillos clavarse en su piel e inyectarle ese veneno. Pronto, todo a su alrededor se difuminó, dando paso a un paraje completamente diferente a esa habitación oscura y fría llena de muerte. Notaba el sol bañándole la cara, una sensación agradable, sobre todo porque iba acompañada de una suave mano acariciándole el cuerpo con cuidado. Abrió los ojos con serenidad, y se encontró en su habitación del complejo uzumaki, ligeramente iluminada por la luz del amanecer que se colaba por la ventana, resaltando esas paredes naranjas. Y, junto a él, su diosa de ojos violetas… y su diosa de ojos jade. Ambas le miraban con una sonrisa sincera, una que conocía perfectamente. La de Sakura, acompañada de esas pecas en los pómulos y nariz; la de Shion, con esos hoyuelos tan bonitos en las mejillas… estaba enamorado de esas sonrisas, conocía cada detalle. Tuvo que hacer un esfuerzo para centrarse, tenía que admitir que verlas a la vez le hipnotizaba, pero debía de ocuparse de un asunto primero. Cuando se iba a levantar, ambas le pusieron la mano con suavidad en el pecho, manteniéndole en la cama.
-¿A dónde vas, Naruto kun?- preguntó con un tono feliz la rubia.- Todavía es muy pronto y hoy tengo muchas ganas de hacer ejercicio…- dejó caer de forma juguetona, a lo que Sakura respondió mordiéndose el labio.
-Aunque tendremos que hacerlo todo en silencio, si no tendrás que levantarte para cuidar de Shio y Shinachiku…- comentó con un tono travieso la ojijade, a lo que Naruto respondió con una risa contenida.
-Mis dos ángeles… debo de estar en el cielo.- comentó con nostalgia, mientras ambas enrojecían por el piropo.
-Baka…
-Hoy te has levantado de buen humor.- comentó con una sonrisa Shion.
-No sé, debe de ser que he soñado algo muy bueno, pero todavía hay una cosa que no me encaja… ¿a cuál de las dos quiero más?- preguntó Naruto con una ligera sonrisa, mientras las féminas fruncían el ceño con extrañeza.
-Naruto, eso ya lo hablamos.- repuso Sakura con un tono de más serio.- nos quieres a ambas por igual y nosotras te queremos por ello aún más.
-Cierto… suena perfecto… y, como siempre, demasiado perfecto, Shinju…- contestó Naruto con un gesto de hastío, cansado de seguirle el rollo a la deidad.
-¿Shinju? ¿A qué te refieres Naruto kun?- cuestionó Shion con duda, acariciando a Naruto en sus marcas de bigotes, como le encantaba hacer a la fémina.
-Te lo advierto Shinju, como intentes besarme vamos a tener problemas…- amenazó Naruto con una mueca de disgusto.- ya fue muy incómodo lo de la última vez que me pusiste en una de estas situaciones, y no me saco de la cabeza tu aspecto real… eres el ser más feo que he visto en mi vida…- se burló Naruto, mientras ambas féminas le miraban con seriedad, para luego proceder a hablar de forma más… mecánica.
-Parece que tener parte de mi en ti te ha dado cierta inmunidad… -dijo "Sakura"
-Con la cantidad de mi savia que te he inyectado deberías de haber caído en mi tsukuyomi fácilmente.- continuó "Shion", apartándose ligeramente ambas mujeres del uzumaki.
-No te voy a negar que el haberte vencido una vez me da cierta resistencia… el embotamiento, las venas ardiendo… reconozco esos síntomas y ya me he acostumbrado, tu otra parte se pasa todo el día intentando envenenarme sin éxito.- explicó el rubio mientras se levantaba como si nada de su cama y se dirigía al armario a por algo de ropa.- pero realmente se debe a que tus ilusiones son una basura.
-Mis ilusiones son perfectas.- contestaron ambas mujeres a la vez, defendiendo la habilidad del árbol blanco de hacer ilusiones.- hurgo en vuestros deseos más profundos y los hago realidad, si buscas un culpable de que sean demasiado fantasiosas, ese eres tú.
-Realmente tienes razón, pero tú reiteras el error. Fíjate en esta Shion y en esta Sakura, son… perfectas… y por eso es una basura de ilusión.
-Explícate…- ordenó el Shinju, claramente interesado. Naruto no dejaba de ser el único ser humano que no sólo había resistido el primer envite del tsukuyomi, sino que también había logrado vencer por si sólo a la deidad.
-Nos das lo que queremos, pero no lo que necesitamos. Y todos necesitamos imperfección en nuestras vidas. Sólo creas una copia de las personas que conocemos, y las dotas de ciertos sentimientos predefinidos, sin darles lo más importante: lo impredecible. El que ellos creen sus propios sentimientos. Por eso no podré jamás creer una de tus ilusiones.- expuso Naruto con tranquilidad, mientras se ponía unos pantalones naranjas de rebordes negros y el Shinju asentía con seriedad a través de las dos mujeres. Le parecía incomprensible ese razonamiento, ¿que los ningen querían fallos en sus ilusiones? ¿Tristeza, dolor? Aunque, pensándolo bien, no podía negar que tenía un cierto aire de verdad, un buen momento lo es más si viene precedido de uno malo… Todo era extraño. Ese ningen era extraño.
-Bueno…- repuso "Shion" con una mueca de diversión.- lo apuntaré en mi lista de ideas pendientes… si quieres algo impredecible, te crearé un mundo único… uno donde ÉL no esté en camino…- añadió el parásito con una sonrisa cruel, mientras Naruto arqueaba una ceja con interés.- Si, ya sabía que vendrías a buscar respuestas. Pero yo te ofreceré soluciones: dame tu cuerpo, y lo podré destruir. Si te tranquiliza, conectaré a tu pelirrosada y a tu hija a tu misma ilusión y estaréis juntos con Shion…- ofreció confiada la deidad. La oferta era sublime: su realidad actual sin esa espada de Damocles sobre su cabeza.
-Bah, creo que paso…- contestó Naruto con una mueca de hastío.- prefiero matarte y prepararme sólo. No es nada personal, es que ahora resulta que mi vida es mil veces mejor de lo que me puedas ofrecer…- finalizó el uzumaki, obteniendo una risa burlesca del dios.
-¿tú? ¿Matarme? Soy un dios, ningen, es imposible matarme, tengo un milenio de vida a mis espaldas. ¿Por qué te crees que te dejé entrar aquí si no?
-Cierto, matarte esta fuera de mis posibilidades… pero absorber tu fruto no.- expuso Naruto con una sonrisa cruel, mientras la mueca de burla que el Shinju dibujaba en las féminas se vino abajo de golpe.
-¿Cómo sabes eso?- preguntó con, por primera vez en mucho tiempo, miedo el Shinju.
-No eres el único que ha hecho los deberes…- repuso con serenidad Naruto, invocando sus kunai de tres puntas de madera de sus sellos y colgándolos de su cinturón. El árbol blanco apretó los dientes, sintiendo la ira acumularse. ¿Quién estaba ayudando a su futuro cuerpo? Quería saberlo, pero el rubio no se lo iba a decir.
-…Da igual, aún sin saberlo.- repuso el serio dios, mientras adoptaba una pose de combate con ambas mujeres, y del suelo comenzaban a brotar raíces. Le sacaría la respuesta una vez lo subyugase.- Para tomar mi fruto debes de vencerme, y aquí es imposible. La anterior vez lo hiciste porque, al fin y al cabo, era tu mundo. Yo no era más que un invasor. Pero ahora estamos en el mío, en mi raíz principal, tú eres el invasor. Estás acabado.
-Veremos…- contestó Naruto, mientras en su torso se comenzaban a dibujar kanji uzumaki de protección, específicamente puesto para frenar cualquier intento de influencia del dios árbol aprovechando su parte encerrada en él, y de su espalda gritaban sus cadenas y su guadaña, que formó con disciplina en sus manos.- ¿la recuerdas?- preguntó Naruto con burla.
El dios árbol rugió de rabia, recordando lo que le transmitió su parte encerrada en el uzumaki. Esa guadaña atravesándole el pecho, causándole un dolor inmenso. Contempló a ese ningen repugnante, ¿riéndose de él? ¿Y en su casa? Tal afrenta no quedaría sin castigo. El uzumaki, visto lo visto, quería sufrir, y el Shinju le concedería ese deseo. Y, cuando lo subyugase, lo sumergiría en un ciclo infinito de su infernal infancia, incluso aportaría un poco de ese toque impredecible que le había aconsejado el rubio. Un raíz blanca salió desde el suelo a intentar empalar al ojiazul, que saltó hacia atrás para esquivarla, pero no pudo evitar que otra lo golpease, mandándolo a volar a través de la pared del cuarto. Aterrizó en una plaza cercana, donde decenas de viandantes se giraron a mirarle con sus ojos púrpuras anillados, para luego lanzarse a por él con un grito de furia mientras el uzumaki se levantaba. Naruto se giró con su guadaña en su mano, y comenzó a repartir golpes de su arma con precisión. La plaza se convirtió en un escenario de muerte, donde cada miembro cercenado estallaba en un cúmulo de líquido violeta, mientras las cadenas del rubio descendían sin parar sobre sus rivales y lanzaban a volar a todo aquel demasiado cercano. Pero la savia del Shinju volvía a reunirse en el suelo y formaba nuevos cuerpos, y estos se lanzaban a atacar al ojiazul de nuevo. Como en un cuadro de batallas antiguas, pronto el guerrero uzumaki se vio rodeado de esas figuras, que cada vez estaban más cerca.
-Creo que me pasé con la provocación…- pensó el ojiazul tragando grueso mientras decapitaba a un enemigo, al que reconoció como el vendedor de máscaras que le despreció de niño.- Espero que mi plan funcione…
"Shion" apareció en la plaza, flotando y rodeada de decenas de raíces blancas, mientras "Sakura" lo hacía a puñetazo limpio desde el suelo. Y, como pudo comprobar Naruto tras ver cómo una de sus cadenas literalmente reventaba por el golpe, su fuerza debía de ser parecida. Por suerte, no tenía ningún reparo moral en contestar, no dejaba de ser el Shinju con un henge. A su alrededor aparecieron decenas de clones, que se dispusieron a darle espacio suficiente al Naruto original para encargarse de "sus dos esposas" y buscar el fruto. No tenía ni idea de dónde podía estar, ni Shinigami sabía dónde estaba, más allá de presuponer que lo podría encontrar en la raíz principal. Vista la reacción del árbol blanco a la mención de su fruto, Naruto tenía claro que había confirmado que el frito se encontraba en ese entorno, pero… ¿dónde exactamente? Su plan no era otro que debilitar al Shinju lo máximo posible, y esperar su milagro personal. Confiaba en ese milagro concreto, pero claro, kurama era más pesimista, y acumulaba toda la energía posible para ayudar a su cachorro. Realizó una secuencia rápida de sellos y exclamó futon: idaina kaze (gran vendaval), levantando una inmensa corriente de aire que se lanzó a por "Sakura". La mujer sufrió diversos cortes graves, se notaba que el Shinju no se esperaba que Naruto atacase a su representación de la pelirrosada, y eso hacía reír a Naruto: realmente, cualquier reparo en herir a una copia de un ser querido lo tenía superado desde su último combate contra el Shinju tras el atentado.
Cargó, esquivando raíces e individuos de ojos púrpuras anillados ayudado por sus clones, y saltó hacia la copia de Shion con un rasengan en mano. La fémina invocó un escudo de raíces blancas, que desde su antebrazo derecho atacaron a Naruto, obligándole a dispersar la técnica y usar sus cadenas para agarrarse a un edificio cercano y no caer. Atacó con su guadaña, y la rubia se defendió con una lanza de madera invocada desde su brazo izquierdo. Las armas chocaron, y, a pesar de que la guadaña logró partir el arma rival, Shion logró suficiente tiempo como para apartarse del ataque. Los sentidos agudizados de kurama le avisaron de que se moviese hacia la derecha, y lo hizo justo a tiempo para evitar un poderoso puñetazo de Sakura, uno tan potente que destrozó la fachada del edificio, obligando al rubio a saltar a otro cercano entre los cascotes y escombros. Exclamo Futon: ea dangan (viento: bala de aire), impactando varios proyectiles en una vulnerable Shion, que cayó hacia atrás mientras sus raíces la sujetaban, y el uzumaki empleo su guadaña para cortar un grupo de raíces que salieron del pelo de la haruno, imitando su técnica ermitaña. Iba a tener que ponerse serio, estaba a la defensiva. El manto de chakra dorado lo envolvió cuando Sakura le lanzó varios proyectiles de madera, desviando dos zarpas de chakra los proyectiles y atacando las cadenas del rubio a la kunoichi. Sakura esquivó la primera, pero la segunda logró agarrarla de la pierna y arrojarla contra Shion, que en ese momento se reponía de su caída anterior.
-Tus imitaciones son patéticas… ellas dos me habrían destrozado sin problemas en la vida real. ¿Estás perdiendo facultades, guisante albino?.- se burló Naruto, enfureciendo más al Shinju. Sus creaciones e ilusiones eran su mayor orgullo, y ese ningen se burlaba…- Eso, cabréate y comete errores-. Pensó el uzumaki mientras acumulaba chakra en su mano libre empleando sus garras de chakra como ayuda. En su mano se formó un rasen shuriken, mientras el rubio sonreía con arrogancia.- Y ahora… ¡deja de usar la puta imagen de mis esposas y lucha limpio!- le espetó, lanzando el ataque.
El proyectil de brillante chakra blanco impactó de lleno contra Shion, alcanzando la onda expansiva a Sakura de inmediato. Ambas explotaron en un cúmulo de liquido púrpura, mientras, en la plaza, los clones daban cuenta de una gran cantidad de los ciudadanos allí presentes. Kurama, a pesar de que sabía que no era real, no pudo evitar reír con ironía: él y su gaki estaban destruyendo Konoha, aunque fuese la copia de un puto parásito divino. Podía tacharlo de su lista de cosas pendientes, y con suerte aparecería una copia de Sasuke o madara cerca... Pero, de pronto, toda la savia del suelo se fue reuniendo en el cráter dónde debían de descansar los restos de Sakura y Shion, mientras el suelo temblaba y Naruto descendía hasta el pavimento. Desde las profundidades del suelo, un inmenso ser de corteza blanca lanzó un rugido, y emergió con potencia, impactando los escombros del lugar en la plaza y aplastando a numerosos clones del rubio. Naruto se tomó su tiempo para examinarlo, ignorando esas ricas que caían en su posición: debía de medir como un edificio de veinte plantas, y se asemejaba a un arbóreo, con su corteza blanca y esos ojos púrpura brillantes, pero también presentaba un rostro mucho más humanizado, con millones de raíces entrelazadas formando sus rasgos. Observó a Naruto con furia, y rugió de nuevo, debiendo el rubio clavar las cadenas en su entorno para no salir volando por la potencia del grito.
-esta debe de ser su apariencia real…- pensó el uzumaki.- pero sigo sin ver el puto fruto. A lo mejor si lo destrozo podré verlo…
Naruto exclamó al cielo, dejando salir plenamente el chakra natural y el de kurama para adoptar su forma de avatar del kitsune. Rugió de vuelta, y ambos titanes se lanzaron al combate, arrasando los edificios a su paso. Naruto lanzó un zarpazo frontal, que impactó en la pechera del ser, mientras sus colas bloqueaban el golpe de vuelta del árbol blanco. Lanzó un mordisco a la cara del dios, arrancándole medio rostro, y se alejó del mismo empleando sus patas traseras antes de que respondiese. Puede que el Shinju fuese más grande, pero Naruto era mucho más veloz, debía de atacar rápido y retirarse a tiempo. Mientras pensaba, una raíz pudo agarrar su muñeca, impidiéndole moverse de la que su rival cargaba al ataque. Maldijo por lo bajo, no había caído en que el Shinju manejaba todo el entorno, y ahora se encontraba rodeado de decenas de esos zarcillos blancos, que intentaban agarrarle para absorberle el chakra. Bloqueó el puñetazo del dios con su brazo libre, aunque la fuerza del golpe le hizo volar hacia atrás. Rodó como pudo y, nada más levantarse, lanzó una inmensa llamarada desde su boca a su alrededor, matando a todas esas raíces que intentaban inmovilizarle de nuevo. El Shinju intentó volver a cargar, pero una bijudama le impactó en el pecho, haciéndolo retroceder mientras rugía de dolor.
-Hora de hacerle daño…- pensó el rubio, viendo la apertura en la defensa que había dejado el dios. Su avatar desarrollo cuatro brazos más, y formó con rapidez un rasen shuriken de dos esferas. Ambos proyectiles agotaron gran parte de sus reservas, pero la esfera negra y la blanca en ese momento estaban plenas de poder, preparadas para el impacto.- ¡TRÁGATE ESTO!- espetó Naruto lanzando ambos proyectiles a la vez. El ataque dio de lleno en el costado vulnerable del dios, provocando una gran explosión que incluso obligó al uzumaki a adherirse al suelo para no caer. Y, por un segundo, entre el cuerpo humeante a medio destruir del Shinju, al cual se le veía regenerando el cuarto de su forma que había perdido, pudo verlo. Brillaba con un intenso fulgor dorado, y se encontraba almacenado en su pecho. Eso debía de ser el fruto. Iba a lanzarse a por él, cuando decenas de raíces lo rodearon, aprisionándolo con fuerza mientras el Shinju se giraba a verlo.
-¿Te crees que me puedes vencer, patético ningen? ESTE ES MI MUNDO, MALDITA ESCORIA- gritó con furia el dios, mientras más raíces rodeaban el avatar de kurama, absorbiendo el chakra con rapidez.- Soy el Shinju, el árbol blanco, el fruto de la creación, surgido de la marea de sangre que la propia humanidad provocó. He vivido milenios, y viviré cientos más. Ahora te absorberé todo el chakra, y cuando estés agotado no podrás evitar que tome tu cuerpo. Fuiste un estúpido al venir aquí… sólo un dios puede vencer a otro dios.- declaró con una sonrisa confiada, mientras las raíces acababan de formar un capullo alrededor del avatar de kurama, que se deshizo cuando su chakra desapareció en la oscuridad.
-Joder, tan cerca y a la vez tan lejos…- Naruto sintió como las raíces le apretaban cada vez más fuerte mientras se lamentaba, notando como su energía se iba, como le costaba cada vez más respirar… cerró los ojos con fuerza, y habló al entorno.- No me vendría mal que aparecieses…- rogó con humildad, deseando que su plan surtiese efecto… forzar una jugada, hacer girar la rueda del destino en lugar de esperar a que esta llegase.
-No te vendría mal…- oyó en su mente con un tono de voz divertido. Toda la sensación de cansancio y opresión desapareció, sustituida por una sensación cálida. Sentía de nuevo el sol sobre sus párpados cerrados, y una mano acariciarle el rostro con dulzura.
-Hikari chan…- contestó con una sonrisa el rubio, para luego abrir sus ojos. Se encontraba en su nehan, descansando a la sombra de un árbol, tumbado boca arriba con su cabeza apoyada en el regazo de la diosa del destino. Naruto tenía que admitirlo: la fémina era pura belleza. Su pelo plateado y ojos violetas ya le parecían enormemente atractivos, pero ahora presentaba una sonrisa con un brillo especial. La diosa le estaba devolviendo la sonrisa, incluso levemente sonrojada, mientras jugueteaba con un mechón de su pelo.
-Naruto kun… veo que no pierdes el tiempo: me distraigo unos segundos y estás luchando contra un dios… otra vez.- bromeó la deidad, mientras Naruto soltaba una ligera carcajada con ese comentario.
-Por eso mismo lo he hecho: estabas distraída y quería verte.- coqueteó con un gesto travieso el uzumaki, mientras la diosa enrojecía por el piropo y se mordía el labio. Cuando dejaba salir esa faceta de chico travieso la enamoraba aún más, le parecía refrescante. Todo ningen ante el que se aparecía la trataba con un respeto total, olvidándose de que también era una mujer, y sin olvidar nunca el sama por supuesto; pero Naruto la trataba como una mujer, y muy bella además, y no borraba ese chan que tanto la gustaba.
-Podrías haberme llamado y ya está… siempre tengo tiempo para ti.- dejó caer la Diosa con una sonrisa mientras paseaba sus dedos índice y corazón por el pecho del uzumaki como si estuviesen andando, siguiendo con el coqueteo.
-Me lo apuntaré para la próxima vez, no te imaginas lo que cuesta encontrar un dios con el que luchar…- comentó con una carcajada Naruto, respondiéndole la fémina con otra ante la ocurrencia.- pero, Hikari chan…
-Si, ya lo sé, ahora necesitas ayuda para consumir el fruto del Shinju ¿no?- el uzumaki asintió con un gesto serio, mientras Hikari liberaba un ligero suspiro y dibujaba una mueca incómoda.- Naruto kun, antes de seguir… ¿te acuerdas de lo que te prometí cuando te regalé el nehan?
-Si, que siempre podría elegir.
-Exacto… y para elegir necesitas saber lo que ocurrirá…- explicó la fémina, mientras Naruto la miraba con interés.- nunca antes un ningen había consumido el alma de un dios, ni yo sé lo que ocurrirá, pero debes de entender que tendrá consecuencias, consecuencias de las que mi padre no te advirtió. Los dioses somos algo diferente a vosotros, somos constructos de algo… lo llamáis chakra, mantra, fe… energía en resumen, energía de miles de años de antigüedad. Y la energía ni se crea ni se destruye… sólo se transforma.- aseveró con un gesto serio la diosa, mientras Naruto se tomaba el mentón con una mano.
-Dices que, si consumo el fruto… ¿me convertiré en un dios?
-No… supuestamente eso es imposible. Kaguya no era una diosa, por ejemplo, sólo un ser muy poderoso que acabó corrupta por su propio poder. No sé lo que te ocurrirá, pero tendrá consecuencias. Y lo que sea que persiga al Shinju, te perseguirá a ti… ¿estás preparado para ello?- preguntó con firmeza la diosa. Aunque por fuera aparentase serenidad, por dentro estaba atacada de los nervios: el mundo volvía a descansar en manos de su heraldo, de Naruto uzumaki. Y, otra vez, la decisión era entre un comprensible egoísmo, o un estúpido altruismo. Odiaba que su rubio siempre se viese en esa tesitura, pero no tenía otra… ¿Quién más podría haber sobrevivido a la infancia que tuvo Naruto sin secuelas? ¿Quién podría haber vencido a Pain si no era él? ¿Quién más podría haber convertido una masa de odio como era kurama en el aliado más fiel? Y ahora… ¿Quién podría vencer a un dios, si no el nuevo shinobi no Kami? Naruto pensó unos segundos, y luego suspiró.
-Bueno, me da que realmente no tengo muchas opciones… tendré que volver a pecar de baka y ganarme una buena bronca… eso sí, si muero espero que la celda que me asigne tu padre no esté cerca de la de orochimaru…- declaró el ojiazul, mientras la peliplateada le sonreía con dulzura. El regalo de Izanami no podía ser más obvio en ese momento: la capacidad de la humanidad de hacer el bien más puro. Por ello se había enamorado de él: porque nadie representaba mejor a lo que podía aspirar el ser humano que ese joven "bueno para nada, pero capaz de todo".- Necesitaré algo de ayuda para llegar al fruto…- comentó, mirando a esos pozos violetas con intensidad. La diosa le sonrió con fuerza, hipnotizada por esos zafiros azules. Ambos se quedaban hipnotizados al mirar a los ojos del otro, era algo automático.
-Podré ayudarte en un ataque… creo que bastará.
En el exterior, el Shinju reía con superioridad. Había vencido, el uzumaki no podía escapar de su prisión. Su plan, definitivamente, había tenido éxito. Las raíces blancas seguían moviéndose en el capullo donde el uzumaki estaba, inmovilizando al héroe cada vez más fuerte. Pero, de pronto, sintió algo extraño… una presencia que no era capaz de reconocer, una que emanaba poder… y que quemaba las raíces desde dentro. Centenares de tajos de luz blanca atravesaron el capullo de raíces como trazos de una pluma en un papel, y una inmensa onda de choque blanca lanzó los restos de esa prisión por los aires. Y en el centro de la misma, el Shinju contempló algo que le volvió a hacer sentir esa sensación de miedo. Apoyado en cuclillas sobre el resto calcinado de una raíz blanca, Naruto lo observaba. Estaba rodeado de llamas anaranjadas, del poder de kurama bullendo con violencia, mientras sus ojos brillaban con un tono azul intenso, antinatural. Y lo observaban con una mueca de determinación. El árbol blanco no lo entendía, ese ningen debía de estar agotado, sin chakra, pero ahora volvía a estar pleno de fuerza, dispuesto para la batalla, ¿Qué había pasado? Y entonces lo entendió. Con su fina mano de piel blanca y tersa, vestida con un elegante kimono del color de su pelo plateado, una bella mujer de ojos violeta le observaba con un gesto serio, abrazada al uzumaki desde su espalda. Y el Shinju la reconoció al instante.
-Hikari, Maldita hija de perra…- insultó el dios, mientras la diosa le enseñaba el dedo de en medio antes de desaparecer, y Naruto se lanzaba a la carga tras clavar un kunai de tres puntas a una distancia prudencial empleando chakra futon.
El árbol blanco intentó bloquearlo de nuevo con sus raíces, pero inmensas hebras de fina y brillante tela plateada surgieron del uzumaki, frenando los ataques del árbol blanco. Naruto saltó de raíz en raíz mientras acumulaba todo su chakra en su guadaña. Dirigió cada molécula de su energía, cada ápice de poder al arma divina de su mano derecha. El arma comenzó a parpadear con un intenso fulgor dorado mientras la energía se almacenaba en ella, esperando su momento. El ataque final de Naruto, o la respuesta del uzumaki a su propia pregunta: ¿Qué pasaría si usase toda mi energía, la de kurama, la de los biju y la del senjutsu, en un solo golpe? Sus primeros experimentos le demostraron que era un ataque devastador, un destructor de ciudades aún a pesar de estar siendo probado a una intensidad menor, pero que, al máximo de su poder, seguramente le costaría el brazo como mínimo. Le recordaba a su rasen shuriken en sus primeros momentos, cuando le destrozaba el brazo además de dañar al rival. Irónicamente, tras solventarle ese problema el dios de la muerte con la garra de Shinigami, la mayor complicación había sido ponerle un nombre. Toda gran técnica debe de tener un nombre. Kurama había sugerido decenas, todos girando en torno a su persona: el mordisco de kurama, el juicio de kurama… incluso el pene de kurama, el kitsune era muy creativo cuando se trataba de adularse. Pero Naruto había optado finalmente por uno concreto, uno que uniese lo que más le enamoraba de una mujer y homenajease a la deidad que había estado pendiente de él desde niño. Uno que evocase la fuerza que tenía en él una mirada de las mujeres de su vida.
-¡No…- gritó Naruto, mientras daba un salto y corría por el brazo del Shinju, que había intentado aplastarlo de un golpe, esquivando los cientos de zarcillos que intentaban atraparle antes de que llegase a su destino.-… insultes…- siguió, llegando hasta el codo con su arma brillando con tal potencia que incluso se escapaban de ella rayos amarillos, y emitía un sonido grave, similar al que hace la energía a punto de estallar en un recipiente sobrecargado.-… a Hikari chan!- terminó, saltando con su guadaña en forma de lanza y lanzándola hacia el pecho del dios como si fuese una jabalina, que gritó de terror al ver ese ataque aproximarse a su efigie sin poder esquivarlo.- HIKARI NO KAO (mirada de Hikari)
La lanza impactó de lleno en el pecho del gigante de madera blanca, mientras Naruto desaparecía en un relámpago amarillo y reaparecía en su kunai de tres puntas que había depositado en su lugar de origen, para luego repetir el proceso cuantas veces pudo para alejarse lo máximo. Debía de hacerlo si no quería morir por su propia técnica, y aún así tuvo que cubrirse los ojos ante la cegadora explosión. Un intenso sol dorado, que consumía todo a su paso, quemando la madera, triturando la piedra, pulverizando hasta desintegrar todo lo que tocase, surgió en el punto donde el Shinju recibió el ataque, haciéndose cada vez más grande mientras el ente estallaba en mil pedazos. Pasados unos segundos, el ataque colapsó definitivamente, destrozando el resto de la recreación de konoha en medio de un haz de luz amarilla que no dejo absolutamente nada sin destruir. Naruto se cubrió como pudo desde el exterior de la muralla, y esperó unos segundos a que todo pasase. Sólo sentía la tierra temblar, sus ojos cegarse por la luz, el olor de la tierra quemándose hasta el núcleo… la mirada de Hikari. Y la diosa, desde su nehan, sólo pudo sonrojarse ante el homenaje que acababa de prestarle su heraldo. Una muestra de poder que honraba de verdad a la diosa del destino.
Cuando Naruto volvió a mirar al lugar, un inmenso hongo atómico descansaba donde antes estaba el Shinju, siendo el resto de konoha un páramo estéril sin ningún tipo de resto en pie. La mirada de Hikari lo destruía todo a su paso, era la técnica de destrucción masiva definitiva, no dejaba ni edificios, ni supervivientes, ni tan siquiera tierra cultivable. Cuando el rubio se jactó en la reunión de la alianza de que podría destruir Iwa de un golpe, no estaba bromeando. Sólo hubiese tenido que usar la mirada de Hikari, y la roca sería sólo un recuerdo. El uzumaki tomó su kunai de tres puntas, y se aproximó al lugar del siniestro lo más rápido que le permitió su debilitado cuerpo. Todavía le quedaba algo por hacer, a pesar de que cada parte de su ser le reclamaba caer inconsciente tras el esfuerzo de realizar su ataque final: tenía que reclamar el fruto, o si no el Shinju reviviría pleno de poder. El dios árbol no estaba acabado, como deidad que era, no podía morir… sólo transformarse. Y, cuando llegó a pocos metros del lugar, pudo verlo. Una intensa luz dorada flotaba en el aire, una con forma circular, el fruto del Shinju, la fuente de su poder y conocimiento. Su alma.
Naruto se quedó contemplándolo, maravillado por su belleza… incluso irradiaba calor, era puro poder, sin paliativos, pero un sonido le llamó la atención desde un lado. De entre los restos calcinados de varias raíces, el liquido púrpura comenzó a formar una figura emergió entre lamentos. El Shinju no había muerto todavía, aunque estaba gravemente herido: medía poco más que Naruto ahora, le faltaba un brazo y partes del pecho y cabeza, y un torrente abundante de savia púrpura caía por su boca. Su técnica final, el Hikari no kao (mirada de Hikari), una técnica capaz de herir gravemente a un dios incluso. Shinigami, que contemplaba el momento desde su bola de cristal en su reino, sintió un escalofrío: no había sufrido en sus carnes esa técnica gracias a que tenía el control del sello de Naruto, y por ende podía cortar su conexión con el biju y privarle de ese poder. Si no, habría quedado parecido al dios árbol cuando el rubio comenzó a invocar su técnica en su reino. El Shinju miró a Naruto con furia, y luego a su fruto con terror. No podía permitir que ese ningen lo tocase, si lo hacía sería su fin, debía de guardarlo en su cuerpo y escapar del uzumaki hasta recuperarse. Con un aullido de pánico, la deidad corrió hacia el fruto, buscando volver a ponerlo a salvo. Era mucho más rápida que un Naruto cansado, sobre todo al estirar sus manos como raíces… pero no que el hirashin. Naruto lanzó su kunai de tres puntas hacia el fruto, y, por un instante, el arma de madera y los dedos blancos y alargados del Shinju estuvieron a centímetros del fruto. El que lo tocase primero ganaría la batalla.
En el exterior, Giman y Sasuke sintieron la oleada de poder que produjo el fin de la pelea en sus carnes de manera directa, y giraron sus miradas hacia el cuerpo del uzumaki. Entre las raíces blancas surgió Naruto, cubierto de un espeso líquido violenta que poco a poco fue evaporándose, revelando un aspecto muy cambiado: su pelo ya no era de color rubio fuerte, sino que era grisáceo claro y largo, similar al de kaguya y de un tono más oscuro que el de su piel, que ahora se hallaba surcada por decenas de kanji y símbolos de color negro que ninguno de los espectadores entendían. Su rostro estaba serio, con los ojos cerrados, aunque Giman no pudo evitar esbozar una amplia sonrisa. Sentía al Shinju en el uzumaki, y con toda su fuerza, estaba claro que había ganado el árbol blanco, y que se había reencarnado. Lo llamó con felicidad, esperando una respuesta. Pero sólo obtuvo un agujero en el pecho. La garra de Shinigami había salido del brazo del uzumaki y atravesado su cuerpo limpiamente, clavándose en una raíz a su espalda, y comenzando con ello a pudrirse cada tramo de madera del árbol blanco. Sasuke cayó al suelo, al desaparecer el poder que permitía a Sanada controlar el metal, mientras el sectario miraba al uzumaki sin comprender. ¿Por qué su dios le había matado? ¿Qué había hecho mal? Extendió su mano hacia Naruto, y entonces el jinchuriki abrió los ojos. Y eran de su tradicional color azul, no del púrpura anillado de su dios. La voz de Sanada, que aún seguía en pie como podía, tembló, incapaz de comprender lo que había ocurrido.
-No…- dijo con su último hálito de vida.- No es posible…- el cuerpo del sectario cayó muerto al suelo, poniendo fin a la vida de Sanada, yondaime tsuchikage y líder de la secta del dios árbol. Sasuke, tras ver a su enemigo caer, se levantó, sin saber bien qué pensar. ¿Ese era Naruto? Su rinnegan percibía su chakra, pero también el del Shinju, y el de los biju… su imagen brillaba con tal intensidad que le dolía mirarlo. ¿Qué había pasado en el interior de la raíz del Shinju? ¿Por qué tenía esa apariencia?
-¿Naruto?- preguntó el uchiha con temor. Pronto, las marcas en su piel desaparecieron, de la que su aspecto volvía a la normalidad, mientras el uzumaki sonreía.
-Teme… creo que se ha acabado.- anunció con seguridad el ojiazul, mientras sentía como le fallaban las piernas por el cansancio. Sasuke corrió hacia él y lo sostuvo como pudo en pie mientras Naruto le miraba sonriendo, con unas intensas ojeras. Lo veía agotado de verdad, todo el chakra que había percibido antes se había esfumado. Volvía a ser ese cabezahueca de siempre.
-Creo que si… aunque tienes muchas cosas que explicarme…- le contestó el pelinegro, mientras ayudaba a su mejor amigo a llegar a la ventana del lugar. Desde allí, ambos shinobi pudieron contemplar cómo las inmensas raíces del árbol blanco caían al suelo pudriéndose, mientras los shinobi de la alianza jaleaban y celebraban. Era el fin del árbol blanco, lo habían logrado. Aunque todavía hubiese gente conectada al Shinju, ya no había una mente colmena detrás del letargo de los afectados ni el peligro de transformarse en arbóreos, sólo un simple parásito del chakra sin conciencia para el que Sakura ya conocía una cura. El uzumaki contempló con una sonrisa el entorno, mientras en las filas de la alianza comenzaban a oírse vítores en honor a kitsune no kibo. Sonaba a libertad… sonaba a victoria. A su espalda, una voz les llamó la atención.
-Veo que lo conseguiste muchacho…- los anbu se dieron la vuelta, viendo a Onoki flotando en el aire, junto a Kurotsuchi y la reina babosa, mirándoles con una sonrisa.
-Si… su país es libre… el mundo es libre.- contestó con orgullo y cansancio a partes iguales el rubio, mientras el anciano sonreía.
-Bien. Mi pueblo, y yo mismo, siempre estaremos en deuda contigo, Naruto Uzumaki, sennin de Iwa.- declaró con formalidad el feliz anciano, mientras Kurotsuchi no podía contener las lágrimas de alegría. Habían recuperado su hogar y salvado a su gente, no podía ser más feliz. Iba a lanzarse a abrazar a Naruto cuando su abuelo continuó su discurso.- Peeeeero hay algo que debemos de solucionar tú y yo…- anunció el anciano, mientras un cubo de luz plateada del peligroso Jinton se formaba entre sus manos y dirigía una mirada sádica y cruel al uzumaki, que tragó grueso preso del terror.- y tiene que ver con desflorar a mi tierna nietecita…- Naruto entendió de inmediato que ahora sí que estaba en peligro de muerte. Sacando fuerzas de flaqueza de Kami sabe dónde, logró salir corriendo, impactando el ataque del difunto Tsuchikage en una pared y destrozándola mientras Sasuke se apartaba con su amenotejikara. El anciano recargó la técnica y salió en persecución de Naruto exclamando insultos y amenazas de castración, mientras el rubio corría asustado por su vida y Kurotsuchi perseguía a su abuelo intentando detenerle antes de que matase al héroe del mundo. Naruto había esquivado esta situación hace mucho, pero ni la muerte le iba a librar de la ira de las dos escaleras… Mientras, Sasuke y la reina babosa contemplaban el espectáculo con seriedad, ya acostumbrados a que nada de lo que hiciese Naruto fuese normal, hasta que la fémina decidió romper el hielo.
-¿No vas a defender al amor de tu vida?- preguntó con una pose natural, como si no hubiese dicho ningún disparate y la pregunta fuese obvia, mientras Sasuke apretaba los dientes con furia y negaba al aire. Definitivamente, esa mujer no le caía bien.
El sol brillaba con fuerza, inundando el lugar con una agradable luz veraniega. Y, entre esos lugares, destacaba la aldea de la hoja. La orgullosa konohagakure no sato se encontraba engalanada con elegancia, acompañando junto al clima ese día especial. Todos los astros parecían haberse alineado con un único fin: garantizar un día perfecto para la boda del año. La boda entre Naruto uzumaki y Sakura Haruno. Puede que ambos se hubiesen ya casado en la intimidad pero, para su desgracia, no dejaban de ser dos personajes públicos. La nueva Sennin de konoha, la doctora que descubrió la forma de curar a los infectados por el Shinju y que encabezó los batallones médicos tras la liberación de Iwa para liberar uno por uno a los afectados; y el héroe del mundo que, de nuevo y tras hacerlo previamente destruyendo akatsuki y a kaguya ototsuki, volvía a hacer honor a su fama y liberar al continente shinobi de una terrible amenaza, no podían casarse en una oscura habitación de Suna. Kakashi ya les había dejado caer que su matrimonio era una cuestión de estado, sobre todo ahora que la población había descubierto que Naruto uzumaki no estaba muerto y había vencido a un Dios por salvarles a ellos. Su daimyo entraría en cólera si descubría que su último uzumaki había preferido casarse en Suna, los aldeanos de la hoja creerían que su héroe prefería alejarse de ellos… esa boda, ya fuese tarde o temprano, tendría que celebrarse en la hoja y por todo lo alto. Podrían tomárselo como una disculpa formal si lo deseaban.
Y puesto que esa boda multitudinaria iba a ser innegociable, y que la haruno, ahora uzumaki, quería que sus padres estuviesen presentes en ese evento tan especial, ambos contrayentes decidieron que mejor pronto que tarde, sobre todo con el embarazo en ciernes de la kunoichi. La ocasión no podía ser mejor: tras dos años de guerra, la esperanza volvía a florecer. Kumo y Kiri estaban inmersos en una elección de nuevo kage que podría tardar meses, pero por lo demás sus mayores preocupaciones eran cazar a los grupos de bandidos que habían estado aprovechándose durante años de la guerra del árbol blanco para cometer fechorías, el ambiente en ambas aldeas era de paz a grandes rasgos; al igual que en Suna, donde ya habían enterrado a los caídos y la gran batalla contra Chikara no era más que un recuerdo. Las naciones menores recuperaban lo perdido, contaban daños y rehacían sus hogares, dispuestas a dar un paso al frente y olvidar esos últimos años. Iwa, a pesar de ser la más perjudicada por la guerra, era dura como una roca, y su población estaba reconstruyendo su hogar sin descanso, impulsados por la alegría de haber sobrevivido a tan terrible conflicto y liderados por su nueva tsuchikage, Kurotsuchi, elegida por aclamación tras la gran batalla. Y, por supuesto, agradecidos a aquel que salvó a la mayoría de la aldea de la muerte, al gran kitsune no kibo, Sennin de Iwa. Y Konoha, al igual que el resto, florecía de nuevo, sin el yugo de la guerra sobre su cuello, dedicándose únicamente a darles un futuro mejor a sus retoños. Naruto y Sakura ya habían vivido dos guerras, y sabían que estos momentos había que aprovecharlos.
En el parque situado en lo alto del monte hokage, con el altar erigido justamente a la altura de la cabeza de yondaime hokage, la hoja había adecentado el entorno para la boda del siglo, como la denominaban los aldeanos. No era para menos, el anuncio del enlace de los shinobi del equipo 7 había creado la misma expectación que un matrimonio de la realeza, obligando al hokage a habilitar ese lugar para el enlace en lugar de la Torre hokage ante la multitud de solicitudes para asistir recibidas. Ni en sueños cabrían todos los invitados allí: para empezar, ningún daimyo de ninguna nación involucrada en la guerra se quería perder ese evento, una oportunidad para exponer normalidad a la población, y con ellos iban sus inmensos séquitos. Y si iban los séquitos, los kage no iban a ser menos, y por kage también había que incluir a los líderes de ciertas naciones o entidades aliadas con la hoja, como la princesa nadhesiko o la suma sacerdotisa del país del demonio. A eso añádele una extensa lista de amigos y conocidos, compromisos políticos, clanes de invocación que no querían perderse el enlace con el clan gama a la cabeza, nueve bijus… digamos que esta boda era más para los invitados que para los novios. Que no es que a los novios les molestase, entendían que un evento así no podía celebrarse en privado y bajo sus indicaciones, que la hoja necesitaba ofrecerle al mundo algo de felicidad tras tanta muerte.
Y, sobre el altar, un apurado Naruto esperaba a la novia. Estaba vestido con un elegante traje entallado de color azul marino suministrado por su daimyo, con un chaleco del mismo color, una vestimenta moderna y muy diferente al kimono tradicional que tenía incómodo al uzumaki, que continuamente se enredaba en el cuello por culpa de la corbata. El traje era otra imposición: el héroe de la hoja debía de ir vestido con las mejores galas, el daimyo del país del fuego prácticamente le había vestido el mismo, aunque en cuanto a la corbata había sido imposible negociar con el rubio, y el color naranja se había impuesto sin remisión. Y, a pesar de la incomodidad y de ese horrible complemento, hasta Naruto tenía que admitir que esa ropa le favorecía, remarcaba mucho su fuerte constitución y su pelo y ojos. Sus nervios venían por otra fuente en realidad… Observó las filas de invitados sentados en sus sillas para tranquilizarse: pudo distinguir a iruka y Shizune en las primeras filas sonriéndole con alegría, a Hinata con un elegante vestido color morado pálido acompañada de Kiba inuzuka, a Konohamaru junto a esa pareja junto a una elegante hanabi vestida con un vestido amarillo suave, a lee al fin lejos de ese spandex verde acompañado de tenten y de gai en su silla de ruedas hecho un mar de lágrimas mientras celebraba la fuerza de la llama de la juventud, a Sai con una sincera sonrisa hablando con Gaara, Kurotsuchi acompañada de Shinzo… y, en las primeras filas, a una radiante Karin con un vestido rojo fuego como su cabello jugando con su flamante sobrina. Shio, con su chupete, reía mientras Karin la mimaba y consentía, encantada por las atenciones y arrancándole otra risa a su padre desde la distancia. El lugar estaba a rebosar, sólo se habían dejado seis sitios libres en primera fila por insistencia del ojiazul: dos para sus padres, otro para ero sannin, otro para neji hyuuga, otro para Anko mitarashi, y el último para Shion.
-He cumplido lo que te prometí, Shion chan…- declaró mentalmente mirando ese asiento vacío con una suave sonrisa, gesto que pareció ver su acompañante.
-Dobe, ¿nervioso?- preguntó Sasuke, padrino del novio, con un tono de burla camuflado en esa permanente máscara de seriedad. No lo reconocería, pero adoraba hacer sufrir al uzumaki en estos momentos, era su nuevo hobby.- a lo mejor Sakura se reservaba el plantón para ahora, con toda esta gente mirando…
-Sasuke, ¡no seas malo!- le regañó disimuladamente Ino yamanaka, dama de honor de Sakura, vestida con un impresionante vestido de color azul lavanda.- No te apures Naruto, ella estaba igual de nerviosa que tú, va a salir todo perfecto.
-Lo… lo sé, dattebayo.- contestó un atacado por los nervios Naruto, mientras Tsunade, madrina del novio a falta de Kushina, reía con suavidad viendo a su nieto putativo en ese estado, sobre todo cuando ya estaba casado y todo esto era una pantomima para que estuviesen los daimyos contentos.
-Si estaba igual de nerviosa que él habrá huido, a duras penas aguanta el uzuratoncachi.- añadió con burla el uchiha, ganándose una mirada de reprobación de ambas mujeres. Ese Sasuke bromista estaba condenado a la soledad también, visto lo visto.
-Tranquilo Naruto, ahí viene.- apuntó Kakashi, encargado de oficiar la ceremonia como hokage que era, mientras señalaba con la vista hacia la entrada del lugar.
Mientras la música nupcial sonaba con elegancia, la novia hizo acto de presencia. Por unos segundos, el uzumaki se olvidó de cómo respirar, tan impresionado que estaba: la joven llevaba un bello vestido de novia blanco, sencillo pero muy elegante, que hacía resaltar ese pelo rosado y esos ojos jade que habían enamorado al rubio. Llevaba el pelo recogido en un elegante moño, y se había maquillado ligeramente el rostro con una línea de ojos, un pintalabios suave y algo de colorete. A Sakura no la gustaba recargarse en exceso con el maquillaje, eso Naruto lo sabía bien, y tenía claro que no la era necesario: estaba arrebatadora siempre, recargarla de maquillaje sólo empeoraría lo perfecto. En serio que en esos momentos veía que tenía una suerte enorme. Sakura haruno, la mujer de sus sueños, se iba a convertir en Sakura uzumaki, la mujer de su vida. Bueno, ya lo era más bien, esta boda no era más que política, aunque, si cada vez que se casase iba a ver lo que estaba contemplando en ese instante, no tendría problema en repetirlo en cada aldea. Sakura le sonrió, agarrada al brazo de su padre, el encargado de llevarla al altar, desviando su vista de su amado rubio un segundo para sonreír a su madre. Mebuki la devolvió la sonrisa, completamente orgullosa de su hija, aunque se tomó unos segundos para mirar después a Naruto con seriedad. Por mucho que Sakura dijese que Mebuki estaba contenta con su relación, Naruto seguía atemorizado por su suegra. Aunque tenía que admitir que cocinaba de cine, eso sí. Todavía le faltaba mucho para ganarse a Mebuki haruno.
-Enhorabuena Naruto.- anunció kizashi con una gran sonrisa al llegar a la altura del altar junto a su hija. Naruto le devolvió el gesto con felicidad, si su suegra le daba miedo, su suegro era un alma afín. Tomó la mano de su esposa con cuidado, mientras kizashi asentía y se disponía en su sitio completamente enorgullecido. Ambos contrayentes se miraron sin borrar esa sonrisa: si a Naruto se le había olvidado casi como respirar al ver a Sakura, a la fémina le había ocurrido casi lo mismo al ver a Naruto en ese elegante traje. Ninguno se creía que, tras tanto tiempo, tantos obstáculos, tantas dificultades, al fin estaban juntos. Sin trabas, sin una amenaza acechando. Sólo ellos dos, para siempre.
-Menos mal que pudimos organizarlo rápido y todavía no se te nota…- dejó caer con un susurro en tono de broma el uzumaki, sonrojándose Sakura mientras reprimía una risa.
-Menos mal… mi madre te asesinaría si se enterase…- respondió, cortándose la risa de Naruto de golpe mientras se imaginaba a mebuki tronándose los nudillos antes de atacarle. Ni chikara le aterrorizó tanto como esa mujer de cabello castaño. Sakura hizo aún más esfuerzo por no reírse ante la cara de miedo de su marido, y decidió centrarlo.- Naruto… gracias… por estar a mi lado a pesar de todo, por no dejar de quererme nunca… te quiero muchísimo.- declaró con una sonrisa la pelirrosada, procurando no llorar aunque sus ojos se lo pidiesen, mientras Naruto la regalaba esa sonrisa única que tanto la gustaba.
-No, gracias a ti por no rendirte conmigo y curarme mis heridas… Si tú me quieres muchísimo, yo te quiero aún más. Desde siempre… y para siempre.- repuso el uzumaki, besando la frente de la ojijade con ternura y respondiendo ella cerrando los ojos con felicidad.
El camino hasta ese momento había sido duro. El rubio había estado toda su vida detrás de la niña que consideraba la persona más guapa del mundo, atraído por ese pelo rosa del que muchos se reían pero que a Naruto cautivó desde el primer día junto a esos ojos verdes. Luego, cuando crecieron, el chico no paró de luchar hasta que ella le reconoció, primero como compañero de equipo, luego como amigo, y, después de negárselo a pesar de lo evidente, como algo mucho más intenso. El azar los puso en aprietos: prometió al uzumaki con dos mujeres que, si bien quería, no amaba; mientras la haruno, impulsada por un sentimiento de culpa, intentó dejarle a Naruto la vía libre para ser feliz, aunque la doliese. Pero no se pueden poner diques al mar: sus caminos se separaron, pero ellos no pararon hasta volverlos a unir. La desgracia no se rindió en su empeño por evitar un final feliz, y obligó al uzumaki a abandonar al amor de su vida por su bien y huir. Y, en su propio exilio, conoció a Shion, alguien que le ayudó a seguir adelante, una mujer a la que amó tanto como a la ojijade, alguien que le hizo el regalo más bello del mundo y se sacrificó por él sin dudarlo. Y mientras, Sakura no cejó en su empeño de volverse a reunir con su gran amor, por muy improbable que fuese el encontrarle. Y, cuando todo parecía perdido tras irse la ojivioleta, el destino se encargó de reunirlos de nuevo, y la haruno volvió a curar las heridas de Naruto para no separarse de él nunca más. Una guerra, un viaje de autodescubrimiento, un sueño por cumplir… y una gran historia por contar.
La historia de un chico repudiado por todos que no se rindió hasta alcanzar todas sus metas.
La historia de una chica que se fue quitando sus inseguridades una por una hasta conocer a su príncipe azul.
La historia de alguien que se perdió en el camino hacia lo correcto, huyó y, en su huida hacia la nada, lo encontró todo.
La historia de alguien que, sin una herencia de poder magistral ni suerte, salvo de la oscuridad a su propio héroe a base de tesón y corazón.
Ambos, mirándose a los ojos a la sombra de los cerezos, con el sol poniéndose en el horizonte, llegaron a la misma conclusión. Gracias a quien fuese por permitirles estar juntos… por darles el final feliz que ambos se merecían.
Porque esta historia habla de algo más que un ninja y una kunoichi. Habla de la unión de la voluntad y del deseo. Del destino y de la ambición. De la unión de dos personas unidas por el hilo rojo. Y las dos forman el auténtico kitsune no kibo.
Y con esto terminamos el último capítulo! Ha sido largo, lo se, y veo que mi apuesta por aumentar la duración de los capítulos del último arco no ha sido muy acertada. Me lo apunto para futuros fics, por algo no he empezado el spin off ni la secuela todavía XD tranquilos, queda un epílogo corto (6000 palabras) donde os diré que ha pasado con los protagonistas principales y explicaré quién es EL. Saldrá este lunes, y con el pondré al fin la etiqueta de completo.
Sobre el capítulo, estoy muy satisfecho con este capítulo. Lo tuve que reescribir todo salvo el monologo de Sanada, que, os lo esperabais? Sanada es EL villano detrás de todo, absolutamente todo, junto a Izanagi. Manipulaciones en la alianza, los planes de la secta... todo. Os creíais que iba a dejar sin usar a ese pj desde el capítulo de Chikara? No, simplemente le hice seguir engañando hasta el final. Para que veáis que es una idea original de esta obra desde el minuto 1, leed en el prologo, el primer párrafo del quinto acto, y veréis la primera aparición de Sanada, a la que hace referencia en su monólogo. Ya lo dije: sanada no es un malo corriente. Su monólogo es mi parte favorita junto a la mirada de Hikari, las razones que aporta, en cierta manera lógicas, aunque terribles. ¿Que preferiríais: una mentira que os haga felices, o la verdad que os haga desgraciados? La ignorancia es una bendición, o una maldicion a erradicar, he ahí el debate!
La pelea entre Kurotsuchi y Urayamu... al fin muere el enjambre. Y eso que su pelea, a pesar de que estuvo totalmente a la defensiva, demostró su poder... pero nadie puede con el conovocado por Naruto del reino de Shinigami: Onoki. ¿Os le esperabais o creíais que convocaría a otro? Tuve la tentación de traer a Jiraiya, pero me ajusté a mi forma de pensar: ero sannin murió con honor, dejémosle estar. Madara lo intentó y fracaso. Minato igual. Sólo un envenenamiento traicionero pudo matar a las dos escaleras. Y ahora vuelve de entre los muertos a defender la roca. El momento final con Naruto... el hombre que se acuesta con Kurotsuchi debe de asumir las consecuencias: un abuelo sobreprotector con la habilidad de transformarte en polvo. Pobre del novio que presente Shio en casa cuando crezca...
la pelea entre Sasuke y Giman/Sanada, ya lo visteis, quise reflejar a Sasuke superior en el uno contra uno, pero en desventaja debido a la ayuda del Shinju a sanada. No dudéis de que, sin el Shinju, Sasuke habría destrozado a Sanada a simple taijutsu. Pero eso de tener chakra ilimitado es muy útil... y aún así le hizo perder un brazo. La táctica de llenar la sangre de hierro mediante pequeñas heridas la saque de magnetófono y su escape de la prision en XMen 2, siempre he querido usarla! En cuanto a la de Naruto vs Shinju... me apetecía poner a Naruto destruyendo una hipotética konoha, y ya de paso enfrentándose a la vez a las mujeres de su vida. Me pareció... irónico. No dudéis de que, en la vida real, ambas le habrían destrozado: al Naruto sin kurama le ganaría Sakura con su nuevo modo sennin, a Naruto con kurama lo destrozaría Shion con sus exorcismos. Ambas, unidas, son el arma anti Naruto perfecta.
Y al fin os pude poner la técnica final, el Hikari no kao (mirada de Hikari). Es un homenaje a las tres féminas del rubio en este fic: el nombre por la diosa, el que mate al Shinju (un Dios demonio al que Shion tenía muchas ganas) por la ojivioleta, y su forma de sol por esa forma de describir a Naruto que tiene Sakura. La respuesta a esa pregunta que me hice en cuanto vi el rasen shuriken de dos esferas en la pelea final, "joder, si ha hecho eso ya cansado... ¿que podría hacer con toda su energía a la vez?" De ahí que la fuese a usar contra Chikara, esa técnica lo habría destrozado aún con madre, y de ahí que cambiase de idea en cuanto vio que tenía el rinnegan. A Menma le habría bastado con usar el teletransporte y le habría dejado agotado e indefenso al rubio. También quise hacer un homenaje al entrenamiento del rasen shuriken, concretamente a lo de que no puede usar la técnica como un rasengan normal y tiene que lanzarla: si golpease directamente con esta técnica a su enemigo, Naruto moriría volatilizado.
Y por último... la boda boda. A ver, que la anterior me gustó más, pero hay que ser sinceros: es un matrimonio de famosos, todos querrían participar. Sin contar que Naruto debe de tener contenta a su suegra. Iban a tener que casarse con más pompa y en público si o si, y me pareció el broche perfecto para la historia. Sobre todo por ese momento con los sitios vacíos, con poder ver a un Sasuke bromista, y ese alegato final que resume todo este fic.
En fin, el lunes acabamos, allí me explayaré aportando curiosidades de la obra. Será el epílogo, disfrutad hasta entonces.
